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¿La Fiesta en Paz? Merecido homenaje a Jorge Rosas El Tacuba por su huella en el toreo mexicano

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A la desmemoria, en México añadimos con frecuencia el desagradecimiento. Y es que al poder establecido y las tecnologías de la información y el dizque conocimiento, de pasada animan a olvidar tradiciones y trayectorias, sucesos que nos identifiquen y enorgullezcan, pues los pueblos sin memoria quedan a merced de los ineptos y listillos del desquiciado y corrupto presente.

A esta disposición al olvido no podía ser ajena nuestra manoseada, desatendida y autorregulada fiesta de los toros, que a la creciente indiferencia de unas autoridades sometidas a la modernidad de Washington, siguió el lamentable rescate de los empresarios más ricos en la historia del toreo, quienes lejos de dignificarla, engrandecerla y reposicionarla, la han reducido a chou predecible y monótono, al confundir repetitividad con bravura, amiguismo con competencia y diversión con pasión.

Por ello adquiere mayor relevancia que el grupo cultural taurino Tertulias Onces –creación y legado del inolvidable Jaime Rojas Palacios y hoy a cargo de los entusiastas José Inocencio Rodríguez y Alfredo Álvarez en la alucinante casa del matador Miguel Cepeda El Breco– haya llevado a cabo un merecido homenaje al extraordinario novillero Jorge Rosas El Tacuba (Ciudad de México, 23 de abril de 1932), que llenara de torería y de apoteosis innumerables tardes en las plazas México, El Toreo, Guadalajara, Torreón y muchas otras, por su valor, carisma y sello, saliendo en hombros de la enfebrecida multitud, no de costaleros a sueldo, hasta en tres ocasiones consecutivas en el coso de Insurgentes, con o sin corte de orejas, pues cuando un torero de verdad se entrega delante de los pitones, los públicos no dudan en corresponder.

Una lástima que el concepto entrega ya no lo valoren los neoempresarios y muy pocos toreros lo posean.

Hoy, cuando las novilladas en la capital se ofrecen sin imaginación ni juego suficiente para los triunfadores, bueno es recordar que en la temporada chica de 1958 El Tacuba actuó siete tardes en la plaza México, con la añeja y probada fórmula de repetir el domingo siguiente al que triunfa y al que interesa. Y eso que simultáneamente operaba El Toreo de Cuatro Caminos, hoy convertido en soleado centro comercial repleto de franquicias gringas. Paso al falso progreso.

Con un lleno como los que solía provocar en las plazas, hablaron de El Tacuba el empresario y en sus mocedades fino novillero Paco Calderón, el matador Guillermo Rondero, apoderado del joven ecuatoriano Julio Ricaurte, el crítico taurino Arturo Combe, el novillero Rodrigo Cepeda El Breco, que recientemente triunfara en Morelia, el maratonista internacional José Ernesto Betancourt y el aficionado Raúl Reynoso de la Torre –60 años de acudir a la México y no hay ningún estímulo a la lealtad–, entre muchos más.

La parte artística corrió a cargo de la guapa cantante de folklore Claudia Hermoso La Cigarra, con temperamento y expresión para dar y prestar, e hija por cierto de El Tacuba; de la cantautora Gaby Saló, que trabaja en el pasodoble Breco, lucero y oro, tras emocionarse con su faena valerosa y sentida, y de Javier Mendoza Garduño El caballero de la música ranchera, poseedor de magnífica voz y presencia, quien me dijo: “Toco puertas como los toreros modestos, pero sin palancas no hay posibilidades. Los concursos ya están armados y a los medios no les interesa sacar nuevos valores, privando a las nuevas generaciones de conocer e incrementar la música de su país”.

¡Salud, querido Tacuba, que el desaprovechamiento continúa!

Publicado en La Jornada.

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¿La Fiesta en Paz? Taurinos autocomplacientes, la verdadera amenaza

Por Leonardo Páez.

Otro fantasma recorre México: la autocomplacencia, acentuada en las últimas décadas por los personajes que han ocupado el cada día más desprestigiado cargo de Presidente de la República, satisfechos, todos, de su mediocre desempeño; ufanos de sus imperceptibles logros; entusiasmados con su torpe discurso de autoelogios; orgullosos de su desapego de la realidad y, lo más grave, ante la indiferencia de una sociedad a la que ya hartaron con la acumulación de ridículos, corrupciones y cinismo.

Dóciles a los lineamientos de Washington, hace más de tres décadas que ninguno de los metidos a primer mandatario se atreve a mencionar en público palabras como tauromaquia, tradición taurina del país u inobservancia de la normativa correspondiente, y orondos con su falsa modernidad prefieren dejar la fiesta de los toros en manos de poderosos amigos, partidarios de las autorregulaciones, no de apuntalar tradiciones.

El clasismo que denunció el matador Luis Conrado en este espacio la semana pasada, tomó carta de ciudadanía gracias a esta indiferencia oficial, a los promotores autorregulados y a sus voceros, que prefieren escurrir el bulto de su responsabilidad señalando a antitaurinos, animalistas y legisladores impresentables como la gran amenaza para la fiesta de toros, ocultando así las numerosas desviaciones en que han incurrido estos alegres taurinos, sin que nadie ose llamarlos a cuentas, que la transparencia es tema de discursos, no de realidades. La afición, como la ciudadanía con los gurús sexenales, sólo se encoge de hombros ante tanta ineptitud.

Además de la pobre oferta de espectáculo con toros y toreros predecibles, autoridades y comunicadores a modo, e importaciones ventajosas demasiado vistas, a los empresarios más ricos en la historia de la tauromaquia no se les ocurre nada mejor que apoyar a figuras extranjeras consagradas en lugar de apostar por la vocación de toreros mexicanos con hambre de ser y capacidad de entrega, reduciendo una tradición de 491 años en nuestro país a espectáculo monótono que día a día pierde adeptos por la falta de imaginación del empresariado para recuperar emociones y pasiones en las plazas.

Ensimismados en el mundito que crearon a la medida de su sensibilidad y de espaldas a un público siempre dispuesto a pagar por emociones a partir de la bravura de las reses y la entrega sin adjetivos de los diestros, no se les ocurre voltear los ojos hacia la sociedad e involucrarla en el rico fenómeno cultural que ha sido la tauromaquia. Como está hoy, la fiesta de los toros apenas genera noticias y opiniones relevantes dado, repito, lo predecible de los protagonistas y escasa rivalidad a partir del predecible comportamiento de las reses, pasadoras, no bravas. De ahí que cuando ocasionalmente un torero llega a ser lastimado, los comunicadores a modo se apresuren a exaltar el carácter azaroso de la lidia, aunque el drama del encuentro sacrificial se haya diluido en aras de un toreo de posturas e imposturas.

A los promotores taurinos el sentido común se les volvió ciencia y convocar periódicamente a concursos nacionales de diseño gráfico, pintura y escultura, fotografía y video, literatura, música y tesis profesionales, concebidos como atractivos factores de promoción y creación de expectativas y reforzamiento urgente de la imagen de la fiesta, les parece innecesario. Por ello prefieren recurrir al expediente de los peligrosos antis. Esta autocomplacencia de los taurinos es el verdadero enemigo de la fiesta.

Fuente: La Jornada 

¿La Fiesta en Paz? Clasismo, racismo y mediocre taurinismo predominan en México: Matador Luis Conrado

Desde mi alternativa, las empresas empezaron a verme con recelo; no sé si porque me arrimo todas las tardes o porque suponen que no parezco torero, reclama Luis Conrado. Foto archivo.
Clasismo, racismo y mediocre taurinismo predominan hoy en la fiesta brava de México: matador Luis Conrado.

Por Leonardo Páez.

El desaprovechamiento de recursos humanos y naturales en México hay que contarlo y es incontable, como nunca, dirá el optimista exitoso. 

La fiesta de los toros, tan agredida por fuera y tan agraviada por dentro, no podía ser la excepción a tan lamentable costumbre, por lo que mientras unos celebran, como pueden, los primeros 80 años de subutilizar una plaza de toros, otros ya no hayan cómo convencer al empresariado taurino de su potencial torero; por ejemplo, el matador de toros Luis Conrado, nacido hace 30 años en el taurino barrio de Mixcoac, quien luego de su vibrante faena, hace un mes, a un exigente toro de Huichapan, sigue sin ver un pitón.

“Te dicen que te van a poner –comienza Conrado– y a la mera hora ponen a otro sin mayores logros, por lo menos recientes. No soy ningún improvisado, pues llegué a la alternativa luego de 64 novilladas de éxito sostenido, empezando en Arroyo, donde incluso corté un rabo, y la gente, emocionada, además de aplaudir, me lanzaba dinero mientras recorría el ruedo. También resulté triunfador en las plazas de Morelia y Monterrey, en la que toreé cinco de las seis novilladas que se dieron; me indultaron un novillo y me llevé el Estoque de Plata. Triunfé asimismo en Aguascalientes, y en Guadalajara recibí una cornada muy fuerte. Por fin, en 2010 llegué a la plaza México, donde habiendo cortado sólo una oreja, la gente me sacó en hombros. Me dieron dos novilladas más en las que alterné, sobre todo con fuertes lluvias. En 2011 volví a la plaza México y corté otra oreja; sin embargo, el siguiente año, por razones que aun no entiendo, no volví a vestir de luces.

“Ya no vi claro como novillero y decidí tomar la alternativa. Esto fue el 18 de marzo de 2012 en la plaza de Jiquilpan, Michoacán, de manos de Alfredo Ríos El Conde, y de testigo Antonio García El Chihuahua, con toros de Maravillas, gracias a los matadores José Lorenzo Garza y José de Jesús. Desde entonces las empresas empezaron a verme como con recelo, no sé si porque me arrimo todas las tardes o porque suponen que no parezco torero. Clasismo, racismo y mediocre taurinismo predominan hoy en la fiesta brava de México.

“En cinco años de matador, apenas he toreado ocho corridas, cuando de novillero esas ocho tardes las toreaba en un mes; no por guapo, sino porque daba espectáculo arrimándome, pero no me ha valido. Sigo sin entender por qué las puertas no se abren. Pareciera que si sale uno a jugársela en serio, incomodas a algunos, no al público, claro. En relativo descargo de las empresas, en México no tenemos tradición de apoderamiento, y las pocas que hay ahora tienen los ojos puestos en diestros extranjeros que no necesitan ese apoyo o pretenden fabricar figuras al vapor. Así no se hace fiesta, y menos si no se sabe mirar al tendido, cuyas reacciones hay que observar con detenimiento. Si un torero, con su estilo y su apariencia, emociona, de seguro es un buen negocio.

“Pero el sistema taurino –concluye Luis Conrado– prefiere hacer su gusto que emocionar al público, o puede que le sobre el dinero pero le falta sensibilidad, al considerar que los toreros son productos desechables así hayan demostrado conexión con la gente. Hoy, que en México carecemos de figuras y de toreros con imán de taquilla, deberían abrir el abanico y ofrecer más variedad de expresiones y estimular la verdadera rivalidad en los ruedos y en una lucha igualitaria entre toro y torero. Me sostiene la firme convicción de que ya demostré de lo que soy capaz delante del toro y de lo que aún tengo por demostrar”.

Publicado en La Jornada.

¿La Fiesta en Paz?: ¿Qué haremos sin Morante? Por Leonardo Páez

Tras la noticia de que el diestro Morante de la Puebla decidió retirarse de los ruedos por tercera ocasión, fuertes emociones habrán padecido mexhincados, hispanópatas, ganaderos de la ilusión, poderosos empresarios-apoderados y cronistas positivos, más los conspicuos profesores de estética tauromáquica, descubridores del hilo negro del arte frente a reses discretas de trapío, mansas pero voluntariosas, que tras recibir un pujal de trámite o puyazo fugaz en forma de ojal, llegan a la muleta con pasadora y perruna docilidad para que ante ellos desplieguen su duende los comodinos diestros-marca que medio figuran y extasíen a los degustadores del toreo sin misterio pero bonito, aunque no llenen plazas porque su naturalidad depende de la docilidad, no de la intensidad de las embestidas, alejadas del dramatismo.

Sin embargo, taurinos y aficionados todavía se sorprenden de la pérdida de posicionamiento de la otrora fiesta brava y de la escasa pasión que despierta, pues insisten en olvidar que esta fiesta es de toros antes que de toreros, y que sólo frente a reses de lidia sin exceso de kilos, pero con cuatro años cumplidos y sus astas íntegras las expresiones artísticas y técnicas tienen sentido. Evitada la bravura por los taurinos y olvidada por el público, los resultados están a la vista.

Flojo el argumento de Morante en su tercera retirada: “los presidentes –jueces de plaza– y los veterinarios me han aburrido” o, si se prefiere, los que en España no sueltan orejas como confeti ni aprueban toros anovillados, me fastidian.

Desmemoriado o cínico, el exquisito diestro y deficiente estoqueador se olvida de las reses que ha toreado en México en 18 años de venir: Teófilo Gómez (en exceso), Fernando de la Mora, Julio Delgado, Bernaldo de Quirós, etcétera, sin haber querido ver ni en pintura, igual que sus colegas que figuran, hierros mexicanos cuya garantía es la emocionante exigencia de su encastado comportamiento, no la nobleza boba.

Ahora, en 20 años de alternativa un torero ya tuvo suficiente tiempo para evolucionar, madurar, exigir, decaer y aburrirse. El problema no reside en quién se va y quién llega, sino en el estancamiento de una tauromafia que hace décadas se olvidó del toro bravo y de estimular a buenos toreros que lo enfrenten.

Saludé en su casa a Huberto Batis, maestro universitario severo y magnífico de muchas generaciones de escritores, autor fecundo, investigador riguroso, bibliófilo desbocado, editor incansable, erudito columnista, gozoso director de revistas y suplementos e irredento sensualista, quien de entrada me soltó: ¿Por qué no me has entrevistado sobre el tema de los toros? Porque nunca me dijiste que te interesaban, respondí sorprendido luego de casi medio siglo de conocernos. Pues toma nota, ordenó.

“En 1946 Manolete era tema obligado en todo México. Mi padre, que no era aficionado, quiso atestiguar aquel fenómeno sociocultural, por lo que un sábado de enero decidió llevarme a la antigua plaza El Progreso, de Guadalajara, pero ¡en hombros!, ya que entre aquella multitud era la manera más segura de cuidar a un niño de 11 años. Recuerdo que también toreaba El Soldado, y quizá por eso los toreros en sus vistosos trajes se me figuraron muñequitos o soldaditos de plomo. Nunca volví a una plaza, a diferencia de Gurrola, Elizondo, Becerra o Chumacero, aunque siempre tuve la curiosidad de regresar, y eso que durante 20 años trabajé a dos cuadras de la Plaza México”, concluyó el entrañable Huberto su capítulo taurino.

Publicado en La Jornada

¿La Fiesta en Paz? “No transigir con empresarios taurinos doble PE, Poderosos y Pendejos”: Lumbrera Chico

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Tres jornaleros pensantes y taurinos durante una mesa redonda en la ciudad de Puebla: Lumbrera Chico (derecha), Horacio Reiba (centro) y Leonardo Páez. Foto archivo.

Por Leonardo Paéz.

A principios de los años 90, en su restaurante-bar cercano a la Plaza México, la inolvidable Gloria Rizo me presentó a Jaime Avilés y Ortiz, el columnista taurino Lumbrera, quien en una servilleta de tela, rodeado de mirones, daba los últimos trazos, con plumón y ceniza, al bello dibujo que recreaba un lance ejecutado en la corrida de esa tarde. A su Qué tal de trámite, respondí con un efusivo Oye, enhorabuena por tu hijo, qué bien escribe, y lo maté de emoción y orgullo, pues recién había aparecido La rebelión de los maniquíes, una selección de reportajes de gran calidad periodística y literaria.
Quien besa a mi hijo, endulza mi alma, entonó entonces Lumbrera, surgiendo una relación que al poco tiempo devendría tauromáquica amistad, pues con estos Jaimes el que no supiera lidiar se embarullaba. Cuando se enteró de que me habían despedido (1997) del Ovaciones adquirido por Televisa y que dirigía Jacobo Zabludovsky, Avilés se comunicó con su hijo, éste con Carmen Lira, directora de La Jornada, y ella, con su amplio sentido de periodismo y la pluralidad que la distinguen, aceptó al tal Páez como crítico taurino en uno de los diarios más inteligentes y cuestionadores de habla hispana.

En tiempos de cinismo informativo y parloteo disfrazado de análisis, en los toros y en lo demás, como torpe apuntalamiento de un sistema que hace décadas solito exhibe su falta de grandeza y pobre oferta de espectáculo debido a la mezquina y colonizada imaginación empresarial, a la pasividad de los gremios y a la connivencia de las autoridades, voces críticas como la de Jaime Avilés Iturbe, Lumbrera Chico, recuperan su verdadera dimensión, así como su congruencia para honrar la memoria de su padre, el talentoso Lumbrera y su insuperable columna Crónica de crónicos o a qué plaza fui, publicada semanalmente en La Jornada, donde no sólo se pitorreaba de los figurines importados y sus reiteradas ventajas llamándoles Quique Pose, Josemari Transanares o el Niño de la Batea, sino que exhibía, con sus propias palabras, la desvergüenza o postración de críticos como especializados y sus convenencieras crónicas.

La indignación de los Avilés, padre e hijo, le resultó ofensiva al aturdido e intocable operador taurino de los Alemán, agrediéndolos verbal y físicamente durante la novena corrida de la desastrosa temporada 97-98 en la Plaza México, y años después (2012) interponiendo una demanda por daño moral contra Lumbrera Chico, quien acabaría ganándola al año siguiente, no obstante la complicidad de un juez que pretendió apoyarse en leyes hacía años derogadas. Haber dañado tan nefasta empresa a la fiesta de los toros en la capital del país durante 23 autorregulados años, no ha merecido demanda alguna por parte de la indiferente afición ni de las decorativas autoridades en nuestro fallido estado de derecho.

El genial fotógrafo taurino Armando Rosales El Saltillense, cuya Tauromaquia sigue a la espera de un editor talentoso, le preguntó una ocasión a Lumbrera Chico en inolvidable charla cantinera el porqué de su crítica sistemática a la empresa de la Plaza México, a lo que Jaime Avilés respondió: porque es indigno transigir con empresarios taurinos doble pe, poderosos y pendejos. El pasado lunes, tan excepcional y apasionado periodista descansó de lidiar con éstos. Honrar su memoria nos obliga, a algunos, a continuar por esa línea de sustentada intransigencia en defensa de la dignidad humana del torero y de la dignidad animal del toro de lidia.

Publicado en La Jornada.

¿La Fiesta en Paz? En Tecozautla, Hidalgo, afloró la grandeza de una fiesta que los malos taurinos se empeñan en suprimir

  Una corrida con edad, trapío y bravura de la ganadería de Huichapan permitió que en Tecozautla surgiera, impetuosa, la magia negra de la lidia con Gerardo Adame y Luis Conrado. Foto Carlos González.
Una corrida con edad, trapío y bravura de la ganadería de Huichapan permitió que en Tecozautla surgiera, impetuosa, la magia negra de la lidia con Gerardo Adame y Luis Conrado. Foto Carlos González.

Por Leonardo Páez.

Aún quedan ganaderías y toreros que no se andan por las ramas y que a la hora de la verdad tienen palabra de honor, sin importar la plaza donde se presenten. 

Por ejemplo, los toros de Huichapan, de don Adolfo Lugo Verduzco, y los matadores Gerardo Adame y Luis Conrado, que en la corrida del pasado sábado en la emprendedora población hidalguense de Tecozautla lograron remontar la tauromaquia a insospechados niveles de grandeza a partir de la bravura de bestias y de hombres en la corrida de la Feria de la Fruta.

Huichapan envió cinco bellos ejemplares con edad y trapío que promediaron 486 kilos, recargaron en varas y dieron emocionante espectáculo, no diversión, por su encaste –sangre de Saltillo vía Jesús Cabrera y San Martín– y esmerada crianza, saltando a la arena no sólo con alegría, sino con amenazante poder, rematando en los burladeros y poniendo a prueba el nivel anímico y técnico de los alternantes. Haber reducido la bravura comprometedora a mansedumbre voluntariosa para que los que figuran toreen bonito, es lo que ha convertido a la fiesta en mera aproximación al excelso arte de lidiar reses bravas.

Frente a Compadre, un precioso castaño albardado, el hidrocálido Gerardo Adame, otro de los buenos toreros mexicanos desaprovechados no obstante las reiteradas muestras de su calidad, ejecutó templadas verónicas en los medios e inició la faena con suaves doblones a un astado que acusó fijeza y claridad al embestir, no al pasar, lo que Gerardo aprovechó cabalmente en sentidas y cadenciosas tandas por ambos lados, estructurando muy bien su faena. Dejó una estocada en todo lo alto y recibió merecida oreja, mientras un público emocionado por aquella conjunción de castas exigía la segunda.

Cubano, con 525 kilos, hondo y largo, correspondió al capitalino Luis Conrado, todo un caso de vocación torera, a pesar de un sistema cerrado a las personalidades diferentes y a los diestros que se arriman. En cinco años de alternativa y tras haber triunfado en la Plaza México, en Arroyo y otras, el hombre ha toreado la friolera de ocho corridas, más algunos festivales. Tras provocar un tumbo, el toro llegó a la muleta reservón y con sentido, lo que no impidió a Luis torearlo con quietud por el derecho e insistir sin resultados por el izquierdo, hilvanar ayudados por alto mirando al tendido y, cuando parecía que la faena ya no remontaría, ligar cuatro espeluznantes, imposibles manoletinas ¡de rodillas!, rematadas con el de pecho ante un sorprendido toro y un hechizado público que pudo atestiguar la magia negra de la lidia o el encuentro sacrificial en serio. Tras una entera en lo alto la anhelada oreja llegó a sus manos en una mezcla de tensión y algarabía, pues ya casi nadie se juega la vida como si suya no fuera. ¡Qué intensidad torera de Conrado y que cerrazón de las empresas!

Lo dicho: una plaza es importante no por su antigüedad ni su aforo, sino por la seriedad del ganado que ahí se lidie. Si a ello se añade el apoyo decidido del ayuntamiento de Tecozautla, encabezado por Víctor Cruz Soto, y la entusiasta colaboración del secretario de Turismo, Luis Pedroza, de Abelardo Reséndiz y del matador en retiro Antonio Urrutia, sin duda la tradición taurina de esa ciudad volverá por sus fueros en el corto plazo. 

¡Eso es hacer fiesta, no el ridículo!

Publicado en La Jornada 

¿La Fiesta en Paz? Acho 2017:  temporada domecqsticada

Por Leonardo Páez.

Sobre la gestión de la empresamexicana Casa Toreros, concesionaria de la Plaza de Acho, en Lima, y la próxima Feria del Señor de los Milagros, el crítico peruano Pocho Paccini señala en el portal Pureza y Emoción:

“Una vez más, lo que ofrece la empresa que regentea la Plaza de Acho no termina siendo del gusto de un importante sector de la afición peruana, en la que me incluyo y a la que llaman… amargada… antisistema, etc. Este sector considera que la Fiesta no sólo es de toreros, sino fundamentalmente de toros, y que por lo menos se deberían dar un par de corridas de encastes distintos al edulcorado y predominante Domecq. Al menos esas dos corridas de comportamiento nada predecible y, por tanto, faenas nada soporíferas, que exijan la papeleta a toreros ‘modestos’ pero con suficiente valor y recursos para enfrentarse a esta clase de encastes… que de modestos sólo tienen la maquinaria publicitaria. Si el argumento para no traer estos encastes es que el coste de transporte desde España es muy elevado, pues se puede apostar por ganaderías colombianas como Mondoñedo o mexicanas como Piedras Negras, De Haro, Jaral de Peñas*, Zacatepec, hierros que garantizan emoción y no festivales de orejas…”

Añade Pocho Paccini: “Fernando Roca Rey hace como tres años que no torea y dudamos que se ponga a punto en lo que falta para su actuación… Hubiera sido más acertado que repitiera Joaquín Galdós, que también es del gusto de cierta afición peruana que no es del todo adicta al toreo arrebatado, tremendista y mucho valor de Andrés. Joselito Adame ya no tiene más que mostrar salvo su repertorio capotero, ya que torea en línea y desperdicia embestidas y últimamente hasta tiene que apelar a la acrobacia circense como entrar a matar sin muleta para llamar la atención e implorar orejas. Su pertenencia a la FIT lo convierte en colaborador de la empresa. A Rafael Serna lo apodera la empresa y demostró en la presente temporada española que no va a nada. No se justifica su inclusión en Acho. Jesús Enrique Colombo tiene a favor el valor y la ambición por llegar a ser figura, pero está con poco rodaje para la alternativa. Ginés Marín tiene empaque y puede llegar a ser importante… José Garrido va con la hierba en la boca y le han cerrado las puertas en las grandes ferias…

“De Enrique Ponce, quien comparece por enésima vez en Acho, no podemos negar que tiene empaque y torería, pero no siempre liga sino que hilvana con su consabido tranquillo. Su toreo carece de profundidad, algo que justamente dota de grandeza al toreo. Se saca los toros por fuera, no remata detrás de la cadera, torea con el pico porque según su evangelio ‘es imposible torear con la panza de la muleta’. Con sus virtudes de enfermero soba tanto a los toros que aburridos acaban embistiendo. De los avisos, en la historia está que son sinónimo de fracaso, pero sus adulones no señalan sus defectos ni denuncian sus abusos, por contra le dan coba… Lo cierto es que vive de lo que fue y que nadie niega, pero otra cosa es lo que hace, exige y torea hoy en día. Nos referimos a ejemplos como los becerros de Adolfo (sin entrar en el tema de los pitones) que toreó en el homenaje a Víctor Barrio. De Castella no esperamos mucho, pues su toreo se reduce a ahogar a los toros encimándolos… Manzanares hijo goza de la simpatía de gran parte de la afición peruana, pero componer la figura sin hondura en el toreo es como torear de salón. Mucho empaque y poca emoción”, concluye Paccini, con un taurinismo pensante que suponíamos extinguido en la afición y crítica sudamericanas.

Publicado en La Jornada.

* De SOL y SOMBRA: Pocho Paccini menciona a de Jaral de Peñas como una de las ganaderías mexicanas que le gustaría ver en su tierra, aunque quizás por error o desconocimiento no esté informado que la línea española de esta ganaderia es precisamente del encaste Domecq

¿La Fiesta en Paz? La feria de Tecozautla, Hidalgo, recupera su tradición taurina con atractivo cartel

CORNADA EN FRANCIA. El matador Sebastien Castella es embestido por Pluma con arena durante el festival de La Madeleine, en Mont de Marsan, en el suroeste de Francia. Foto Afp
CORNADA EN FRANCIA. El matador Sebastien Castella es embestido por Pluma con arena durante el festival de La Madeleine, en Mont de Marsan, en el suroeste de Francia. Foto Afp.

Por Leonardo Páez.

Varios fantasmas recorren México, entre otros, el de la confusión, y dentro de ésta la que refleja una pobre oferta del espectáculo de toros, tanto en la capital, como en el resto del país. 

Varios factores inciden en tan lamentable situación hasta convertirla en círculo vicioso, tras décadas de protagonismo ineficaz, de ausencia de figuras, de reducir nuestra fiesta a tres o cuatro apellidos extranjeros, de escasa o nula rotación de matadores, según los méritos y potencial mostrado, de permanente alcahuetería de la crítica especializada y, lo más grave, de preferir importar, ante ganado joven y dócil, figuras con relativa capacidad de convocatoria.

El poco ambiente taurino que hoy se respira en el país no es por los ataques de parte de los antitaurinos, como repiten los voceros del sistema y críticos y aficionados dizque positivos, sino la escasa imaginación de empresas, apoderados, gremios y autoridades para hacer repuntar la tradición taurina de México. ¿Cómo?, mediante el regreso a las plazas del auténtico toro con edad y trapío y poner a alternar a los que quieren ser figuras, con buenos toreros relegados por un sistema inequitativo y excluyente, por más que los publicronistas insistan en que hay que ir a los toros, por poco atractivas que sean las combinaciones.

De pocas luces resultan, pues, los adinerados promotores actuales de un espectáculo que se debilita antes que por ser atascado, por hacer las cosas de espaldas a la tauromaquia y a los públicos, sobrados de opciones e ignorados en demasiadas ocasiones a la hora de combinar diestros y ganado, rivalidad, emociones y precios. Toda empresa que con honestidad y profesionalismo busca hacer negocio sano y con rigor de resultados, sin faltar al respeto a la fiesta y a los públicos, simplemente debe hacerse dos preguntas: una, ¿a qué va el público que asiste a las plazas?, y otra, ¿qué recibe a cambio de lo que paga?

Por eso ha sido muy satisfactorio saber que el bello Tecozautla, pueblo mágico y paraíso natural, en el estado de Hidalgo, decidió recuperar, luego de cinco años, su añeja tradición taurina durante su anual Feria de la Fruta, gracias al apoyo decidido del presidente municipal Víctor Javier Cruz Soto, del secretario de Turismo Luis Pedroza, y del secretario del ayuntamiento Adam Juárez, con una interesante corrida de toros, este sábado 29 de julio a las 16:30 horas, en el lienzo Jorge Rojo Lugo, organizada por el matador en retiro Antonio Urrutia y la entusiasta colaboración de Abelardo Reséndiz.

¿Por qué interesante corrida? Primero, porque se lidian cinco toros de la rehuida, por los figurines, ganadería de Huichapan, propiedad del escrupuloso criador don Adolfo Lugo Verduzco, y después, porque alternan diestros con celo y sello, como Gerardo Adame, Luis Conrado, Antonio Lomelín hijo, el español Paco Lama, el rejoneador Jorge Carreño y los Forcados de San Miguel de Allende. ¿Y por qué pueblo mágico? Porque Tecozautla cuenta con el único géiser en América Latina, con la zona arqueológica de El Pañhú, las pinturas rupestres de Banzhá, 14 balnearios de aguas termales, original y bella artesanía, variedad de ricos platillos y diversidad de flora y fauna, así como de hoteles y restaurantes. Todo esto a 180 kilómetros de la Ciudad de México. El centralismo taurino no ha servido de nada; hay que regionalizar una fiesta con el auténtico toro por delante y toreros bien dispuestos, como el cartel del próximo sábado en Tecozautla.

Publicado en La Jornada