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¿La Fiesta en Paz? La feria de Tecozautla, Hidalgo, recupera su tradición taurina con atractivo cartel

CORNADA EN FRANCIA. El matador Sebastien Castella es embestido por Pluma con arena durante el festival de La Madeleine, en Mont de Marsan, en el suroeste de Francia. Foto Afp
CORNADA EN FRANCIA. El matador Sebastien Castella es embestido por Pluma con arena durante el festival de La Madeleine, en Mont de Marsan, en el suroeste de Francia. Foto Afp.

Por Leonardo Páez.

Varios fantasmas recorren México, entre otros, el de la confusión, y dentro de ésta la que refleja una pobre oferta del espectáculo de toros, tanto en la capital, como en el resto del país. 

Varios factores inciden en tan lamentable situación hasta convertirla en círculo vicioso, tras décadas de protagonismo ineficaz, de ausencia de figuras, de reducir nuestra fiesta a tres o cuatro apellidos extranjeros, de escasa o nula rotación de matadores, según los méritos y potencial mostrado, de permanente alcahuetería de la crítica especializada y, lo más grave, de preferir importar, ante ganado joven y dócil, figuras con relativa capacidad de convocatoria.

El poco ambiente taurino que hoy se respira en el país no es por los ataques de parte de los antitaurinos, como repiten los voceros del sistema y críticos y aficionados dizque positivos, sino la escasa imaginación de empresas, apoderados, gremios y autoridades para hacer repuntar la tradición taurina de México. ¿Cómo?, mediante el regreso a las plazas del auténtico toro con edad y trapío y poner a alternar a los que quieren ser figuras, con buenos toreros relegados por un sistema inequitativo y excluyente, por más que los publicronistas insistan en que hay que ir a los toros, por poco atractivas que sean las combinaciones.

De pocas luces resultan, pues, los adinerados promotores actuales de un espectáculo que se debilita antes que por ser atascado, por hacer las cosas de espaldas a la tauromaquia y a los públicos, sobrados de opciones e ignorados en demasiadas ocasiones a la hora de combinar diestros y ganado, rivalidad, emociones y precios. Toda empresa que con honestidad y profesionalismo busca hacer negocio sano y con rigor de resultados, sin faltar al respeto a la fiesta y a los públicos, simplemente debe hacerse dos preguntas: una, ¿a qué va el público que asiste a las plazas?, y otra, ¿qué recibe a cambio de lo que paga?

Por eso ha sido muy satisfactorio saber que el bello Tecozautla, pueblo mágico y paraíso natural, en el estado de Hidalgo, decidió recuperar, luego de cinco años, su añeja tradición taurina durante su anual Feria de la Fruta, gracias al apoyo decidido del presidente municipal Víctor Javier Cruz Soto, del secretario de Turismo Luis Pedroza, y del secretario del ayuntamiento Adam Juárez, con una interesante corrida de toros, este sábado 29 de julio a las 16:30 horas, en el lienzo Jorge Rojo Lugo, organizada por el matador en retiro Antonio Urrutia y la entusiasta colaboración de Abelardo Reséndiz.

¿Por qué interesante corrida? Primero, porque se lidian cinco toros de la rehuida, por los figurines, ganadería de Huichapan, propiedad del escrupuloso criador don Adolfo Lugo Verduzco, y después, porque alternan diestros con celo y sello, como Gerardo Adame, Luis Conrado, Antonio Lomelín hijo, el español Paco Lama, el rejoneador Jorge Carreño y los Forcados de San Miguel de Allende. ¿Y por qué pueblo mágico? Porque Tecozautla cuenta con el único géiser en América Latina, con la zona arqueológica de El Pañhú, las pinturas rupestres de Banzhá, 14 balnearios de aguas termales, original y bella artesanía, variedad de ricos platillos y diversidad de flora y fauna, así como de hoteles y restaurantes. Todo esto a 180 kilómetros de la Ciudad de México. El centralismo taurino no ha servido de nada; hay que regionalizar una fiesta con el auténtico toro por delante y toreros bien dispuestos, como el cartel del próximo sábado en Tecozautla.

Publicado en La Jornada 

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¿La Fiesta en Paz? Sustituir a los inconformes y ya

Roca Rey. Foto 📸 Diario de Navarra.
  • Roca Rey, ¿sin callejón o sin criterio?
  • Madrid y Pamplona, mexicanizados.
  • Por Leonardo Páez.

    Es interesante observar las increíbles similitudes entre un sistema político y un sistema taurino, esas semejanzas entre las intenciones de uno y otro, tan aparentemente distintos, aunque al final ambos arrojen parecidos resultados bastante opuestos a lo que preten- dían: unos, el socorrido bien común; otros, el engrandecimiento de la fiesta de los toros.

    Políticos y taurinos parecen entonces ponerse de acuerdo a la hora de intentar ser congruentes entre lo que pretenden y lo que logran, desde luego a años luz de lo que deseaban o decían desear, trátese de partidos o de empresas. Y a la incondicionalidad o alcahuetería del grueso de los medios de comunicación ante sus pobres resultados hay que añadir su acentuada sordera, por lo menos desde los tiempos del gurucito sexenal que ni veía ni oía a quienes osaran criticarlo.

    Hace unos días un joven torero mexicano, Ricardo Frausto, tuvo el valor civil de anunciar públicamente su retiro de la profesión, por falta de juego limpio de las empresas hacia toreros con méritos, pero los promotores tampoco vieron ni oyeron y, en vez de manifestar propósitos de enmienda, buscaron sustitutos para los inconformes. Quizá por eso la empresa mexicana Casa Toreros, que desde el año pasado ofrece la feria anual en la plaza de Acho, de Lima, en lugar de constituirse en pivote de una integración taurina latinoamericana, como regla, no como excepción, continúa con los criterios colonizados de siempre. En seis tardes –cinco corridas y una novillada–, nueve toreros españoles, uno francés, tres peruanos, dos mexicanos y un venezolano.

    En el argot taurino se dice que un torero tiene callejón si cuenta con un apoderado, mozo de espadas o asesor con conocimientos, influencia y asesoría oportuna desde el callejón. En el caso del pundonoroso diestro peruano Andrés Roca Rey (Lima, 21 de octubre de 1996), puede aventurarse que carece de callejón o que le falta criterio torero, dada la frecuencia con que cae herido.

    Cabeza, corazón, cojones y un gusto casi infantil por estar en la cara del toro, le sobran; discernimiento en el ruedo, no, por lo menos hasta ahora. Una cosa es andar cerca de la lumbre y otra, muy diferente, quemarse cada vez que se pretende hornear. Cocido a cornadas en apenas año 10 meses de alternativa, el hombre o ya le perdió el respeto a los toros con edad, lo cual es antitauromaquia, o su afán de triunfo le impide exponerse con más criterio, confundiendo aguante con quietismo e improvisando imprudencias, como citar en los medios para una arrucina ¡de rodillas! Roca Rey, figura en cierne, y su apoderado, el matador José Antonio Campuzano, tienen mucho que hablar y bastante que corregir.

    España sigue mexicanizándose en lo taurino, fomentando la trivialización del espectáculo, el abaratamiento de los premios y lo antojadizo de los públicos, que en años recientes acusan una deformación preocupante, en tanto que los diestros que figuran sacan el mayor partido posible y la crítica especializada, con alguna excepción, se somete. Primero Madrid, con la salida en hombros más pueblerina que se recuerde, a cargo de Enrique Ponce, y ahora Pamplona, que se caracterizaba por una presidencia rigorista, soltando orejas a tutiplén, salvo la enésima gesta de Rafael Rubio Rafaelillo –38 años y 20 de matador–, que le tumbó sendas orejas a demonios de Miura en la última corrida del serial.

    Publicado en La Jornada

    ¿La Fiesta en Paz? El yo acuso de Ricardo Frausto al sistema mexicano

     

    • El yo acuso de Ricardo Frausto al sistema mexicano
    • Antonio Mendoza, más paciencia y fe en sí mismo

    Por Leonardo Páez.


    El espectáculo taurino se promueve de una manera tan torpe y descoordinada –¿desde siempre, hace décadas?– que los jóvenes metidos a toreros, además de afición, valor, inteligencia, personalidad y otras características, deben poseer toneladas de paciencia y de espera, aunque las oportunidades se nieguen, no obstante las reiteradas aptitudes que algunos de ellos demuestran frente al toro.

    El empresariado taurino, algo menos en España, opera por capricho, amiguismo, mangoneos e intereses extrataurinos más que por rigor de resultados, nivel de desempeño, imán de taquilla y oferta de espectáculo, trátese de figuras o de modestos. Rabia y resentimiento ocupan entonces el lugar que correspondería a la competencia equitativa y a un trato elementalmente justo acorde con las cualidades mostradas. A los públicos no les queda más opción que dejar de ir a las plazas, mientras gremios, crítica y autoridades se someten al poderoso en turno.
    Lo he meditado desde hace algunos meses; ha sido difícil, pero he tomado la decisión: me voy del toreo, no por falta de afición, de valor o de facultades; me voy porque las grandes empresas no me dejan entrar, señaló en un comunicado insólito el matador de Aguascalientes Ricardo Frausto, con 26 años de edad y tres años siete meses de alternativa.

    “…las principales empresas taurinas del país –agregó Frausto–, a pesar de mis constantes triunfos como novillero y después como matador, no han querido tomarme en cuenta: desconozco la razón. Lo que sí veo es que en prácticamente todas las ferias del país se repiten los mismos carteles, con los mismos toreros, y lo único que me dice eso es que si no le caigo bien al que decide, me tapan en las demás empresas. Incluso, estando anunciado el año pasado para confirmar alternativa en la México, después me bajaron, ya con contrato de actuación firmado.”

    Haber actuado los últimos 20 meses en 13 corridas, cortado 12 orejas, obtenido cinco puertas grandes, una vuelta al ruedo y siete salidas al tercio alternando con figuras no fueron argumentos suficientes para que las empresas dieran más juego a Frausto, cuyo error no han sido sus cualidades toreras, sino ¡su falta de paciencia! Pero, ah, cómo le hacen daño a la fiesta los antitaurinos, mientras los taurinos, con sus caprichosos criterios, se encargan de hundirla.

    Platiqué con el matador capitalino Antonio Mendoza –24 años de edad y 20 meses de alternativa–, quien en la corrida 18 de la temporada pasada dejó vivos a sus dos toros al tiempo que reiteraba su expresión y cabeza con capote y muleta ante un complicado encierro de Rancho Seco, y me decía: Pasé unos días muy difíciles pensando en torno a mi carrera, después de que he matado muy bien muchos toros. Al final me sirvió para reafirmar mis ánimos como torero. Esta falta de oportunidades ha contribuido a motivarme. De tanto no torear te vuelves más expresivo frente al toro. En la vida, las contrariedades sirven para animarnos o desanimarnos. Después de esa corrida en la México parece como si no trajera una destacada trayectoria previa.

    “Es muy desgastante –añadió Mendoza– estar esperando y esperando, así como intentar romper un círculo muy cerrado. Pero no pierdo la fe en mí mismo. Sé que siento y hago sentir al tendido. Antes de llegar a la México toreé una sola tarde en 2016, por lo que fue un doble gran reto: por un lado la falta de rodaje, y por el otro, esconderla y echar pa’lante”. Por cierto, Mendoza, como Silis y Pepe Murillo, que tan bien estuvieron en la México, no han vuelto a ver un pitón.

    Publicado en La Jornada

    ¿La Fiesta en Paz? Lupe Sino, pareja de Manolete, y su fugaz retorno a México


    Por Leonardo Páez.

    Con motivo del centenario del nacimiento de Manuel Rodríguez Sánchez Manolete –Córdoba, España, 4 de julio de 1917– volverán a correr ríos de tinta en torno al legendario diestro, cuya muerte, acaecida en Linares, provincia de Jaén, el 29 de agosto de 1947, no ha sido suficientemente aclarada al quedar en el aire demasiadas sospechas en torno a las verdaderas causas de su fallecimiento, más allá de la cornada que le diera Islero, de Miura, la tarde anterior.

    Sin embargo, al utilizado, exaltado, descalificado y enamorado Manolo le habría gustado que se disiparan las dudas en torno a su amada Lupe Sino y su breve retorno a México, país donde la pareja, una vez casados, pensaba radicar la mitad del año. Pero las ambiciones de algunos, el ingenuo sentido de libertad del diestro y su inoportuno anuncio de que en octubre de ese año, una vez retirado de los ruedos, contraería matrimonio, pusieron sobre aviso a su apoderado, a sus amigos de confianza, a los cancerberos de las buenas costumbres, a los taurinos fundamentalistas y a todo el régimen de Franco, preocupado porque el torero que habían utilizado para olvidar una guerra se saltaba las trancas de la decencia y se dejaba ver con su amante por los países taurinos del orbe.

    Antonia Bronchalo Lopesino, que en el medio artístico sería conocida como Lupe Sino,  nació en Sayatón, pequeño pueblo de la provincia de Guadalajara, España, el 6 de marzo de 1917.

    Fue la segunda de nueve hijos y a lo largo de su vida tendría que aguantar no sólo las embestidas que toda mujer bella y con personalidad aguanta, sino que además fue objeto de un extraño encarnizamiento de prejuicios, calumnias y rechazos varios de taurinos, funcionarios, periodistas, familiares del diestro y la clerigalla en turno, pues en la España franquista no era bien visto que el portaestandarte de las virtudes de todo un pueblo y figura internacional de los ruedos anduviera luciéndose con esa mujer que, para colmo, ya había estado casada por lo civil –en 1937 con Antonio Verardini, un militar del IV Ejército Republicano, unión que terminó al concluir la Guerra Civil–, no podía tener hijos y se le calificaba, entre otras lindezas, de caza fortunas.

    A Manuel Rodríguez, tan dueño de sí y de su determinación delante de los toros, poco o nada le importó el juicio condenatorio de que Lupe era objeto y, enamorado como estaba, no midió las consecuencias de desafiar a todo el sistema ideológico que desaprobaba tan escandalizante, para los buenos, relación, al grado de que mientras Manolete expiraba luego de que se le administró, por órdenes del doctor Luis Jiménez Guinea, médico de la plaza de Las Ventas, un plasma noruego en mal estado que días antes ya había cobrado centenares de víctimas en el puerto de Cádiz, tras la explosión de un polvorín, en el cuarto contiguo Lupe Sino rogaba infructuosamente verlo ante la negativa terminante de José Flores Camará, apoderado del torero, y de Álvaro Domecq y Díez, amigo de confianza y quien había traído el plasma.

    Al doble duelo de Lupe Sino –haber perdido a su famosa pareja y quedarse sin nada, pues que le gustaran las joyas y las pieles no la convertía en cazafortunas, no obstante que Manolete, sobre todo en México, ofreció comprarle una casa en varias ocasiones–, se añadió una serie de denuestos, responsabilizándola indirectamente de la muerte del diestro y cerrándosele las puertas en el medio cinematográfico, donde entre 1942 y 1948 había intervenido en tres películas –La famosa Luz María, de Fernando Mignoni; El testamento del virrey, de Ladislao Vajda, y El marqués de Salamanca, que dirigió Édgar Neville. Por ello, cuando su paisano, el director de cine radicado en México, Miguel Morayta, le ofreció un papel en La dama torera, Lupe no dudó en volver a México en 1949.

    Hasta acá la perseguirían los inventos de una prensa amarillista e incondicional del régimen que ahora inventó que Lupe se había casado con un Manuel Rodríguez mexicano.

    La realidad es que a sus 32 años Lupe Sino seguía siendo una bella y graciosa mujer con unos ojazos verdes y una sonrisa luminosa, de la que se enamoró a primera vista un simpático y próspero abogado, exitoso empresario del negocio inmobiliario, José Rodríguez Aguado El Chípiro, nada de Manuel, con quien se casó por el civil y la Iglesia en 1950. Sin embargo, no obstante la disposición de la pareja de apostar por una relación prolongada y la cálida acogida que tuvo Lupe de los familiares de El Chípiro Rodríguez, el matrimonio duró poco más de un año, en una lujosa residencia de la calle de Camelia, en la colonia Florida.

    Una vez más el chismorreo y la maledicencia, ahora de periodistas de la Ciudad de México, acompañaron la decisión de la pareja, para incluso aventurar que Lupe se quedaría con tres casas que su esposo poseía en las Lomas de Chapultepec. De nuevo el sambenito de cazafortunas le fue colgado a Lupe, que sin casas a su nombre ni fortunas de que disponer, regresó a España en 1951, a su modesto piso del paseo Rosales, en Madrid, donde sola, rodeada de recuerdos y algunas fotografías, falleció el 13 de septiembre de 1959 a causa de un derrame cerebral, luego de 42 años de decir sí a la vida.

    Fuente: La Jornada

    ¿La Fiesta en Paz? Iván Fandiño: legado torero y denuncia post mortem


    Por Leonardo Páez.

    La muerte ha sido y sigue siendo el gran tabú de la humanidad, no obstante los esfuerzos de falsos demócratas, delincuencia organizada, narcos y autoridá para familiarizarnos con aquella, en forma real o en transmisión diferida. El propósito es el mismo: alimentar el miedo a la muerte, es decir, a la vida, para que deambulen, autorregulados, los vivillos y se estorbe a los valientes. 

    La puntual no conoce suertes, embestidas, terrenos ni plazas. Llega y ya, cuando tiene que llegar, no cuando una lógica amedrentada supone que sea oportuno. Que los enfermos mentales –animalistas justicieros que se alegran por la muerte de un torero– sigan ladrando junto con los dueños del pandero taurino. A unos y a otros les falta conciencia de humanidad, comprensión de lo sacrificial, de volver sagrado lo ordinario y de llevar a cabo ofrendas apasionadas en afán de trascender. A taurinos y a antis les falta, sobre todo, grandeza de espíritu. 

    Iván Fandiño, fallecido el sábado 17 de junio, tras perforarle el hígado un bravo bello rey de astas agudas, de nombre Provechito, del hierro de Baltasar Ibán, poseía una tauromaquia contraria al espíritu comodón de la época, empeñado en sustentar el arte de la lidia en una falacia: disminuir la casta y la tauridad del toro para que los toreros, artistas o no, toreen bonito, como si en ello pudiera sostenerse la emoción y el dramatismo del espectáculo. A Fandiño no le interesaba –y ese es su legado– torear bonito, sino enfrentar al toro sin adjetivos –como el codicioso que lo mató, como el lleno en su ejemplar encerrona en Madrid en 2015 con toros para toreros no para posturas–, por ello gustaba de fundirse con los astados y ofrecer una tauromaquia trascendente por comprometida. La estética de la ética, hoy postergada por casi todos en aras del toro bobo y repetidor. 

    Por eso a Fandiño, sobrio y cabal en el trazo, lo relegó la tauromafia que detenta el dañino circuito del figurismo globalizonzo, el taurineo abusivo de los neoconquistadores del continente inventado, que se apropió del toreo para beneficio exclusivo de algunos, siendo frenado por figuras y empresas que hoy externan sentidos pensamientos. El desfile de pésames y esquelas tras la muerte del torero tiene un tufo de oportunismo, demagogia, cinismo o todo junto. Enrique Ponce, por ejemplo, escribió en Twitter: Ayer, hoy y siempre contigo, torero grande. 

    Llenaste de orgullo y grandeza el toreo con tu pureza y verdad. Se oye bien, aunque en la realidad haya sido diferente. Matador de toros desde agosto de 2005, Fandiño confirmó en Madrid casi cuatro años después, en mayo de 2009. 

    Triunfó en las principales ferias de España, en las plazas francesas, donde el exigente público torista lo tenía entre sus favoritos, y se presentó con éxito en cosos de Ecuador, Colombia y México. En nuestro país, donde somos hospitalarios pero malos aficionados, incluidos empresarios, ganaderos y comunicadores, a Iván Fandiño le sirvieron en Huamantla y Pachuca encierros tan terciados, que no faltó el indignado que lo tachara de Fraudiño, como si él hubiera escogido ese infamante ganado y no sus anfitriones. Pero en años recientes así semos: entreguistas con los de fuera y rigurosos con los de casa. Sin embargo, ¿sabe cuándo confirmó Iván su alternativa en la plaza México? Acertó: nunca. No era de la tauromafia. Entonces dejémonos de reproches a destiempo entre nosotros mismos, como ha sugerido un positivo.

    Publicado en La Jornada.

    ¿La Fiesta en Paz? Ivan Fandiño, ¡hasta siempre! 

    Ivan Fandiño. Foto APF.
    • Ecuador taurino, presente
    • En Venezuela, el toreo ausente

    Por Leonardo Páez.

    Daos prisa porque me estoy muriendo, fueron las últimas palabras del torero vasco.

    Falleció ayer el encastado matador vasco Iván Fandiño Barros (Orduña, Vizcaya, 29 de septiembre de 1980) –único diestro al que nunca le interesó brindarle al monarca Juan Carlos– en el Hospital de Mont de Marsan, Francia, tras la cornada en el costado derecho que le propinó el toro Provechito, de la ganadería española de Baltasar Ibán, cuando intentaba un quite en el primer toro de Juan del Álamo; cayó y fue corneado en el suelo, durante la corrida celebrada en la población de Aire Sur L’Adour, en el suroeste francés. Fandiño había cortado la oreja de su primero. Completaba el cartel Thomas Duffau.



    Es el destino pero, también, el gusto de la afición francesa por la bravura sin adjetivos, no por el tonelaje, y por los toros en puntas, más esos aciagos 30 o 40 kilómetros que separan una población sin servicios médicos especializados de otra que cuenta con éstos. Ahora vendrá la sucesión de justificaciones de esa tauromaquia ventajista y comodona, tan cara a los que figuran y quienes, por lo mismo, seguramente morirán en su cama y sin zapatos. Daos prisa porque me estoy muriendo, fueron las últimas palabras de Fandiño.

    Comentaba un académico venezolano que así como Adriano, quien no obstante haber sido emperador no se le subió el cargo a la cabeza y se permitió cuestionar, nunca prohibir, el circo romano y sus espectáculos antes que por sanguinarios por monótonos, al presidente venezolano Hugo Chávez le entró la ventolera de prohibir, en 2009, la función taurina en el coso Nuevo Circo de Caracas, no por animalista, sino por nacionalista, luego de ser informado de que el único diestro venezolano de nivel internacional que queda es Leonardo Benítez.

    ¿Para qué sirve, entonces, esa plaza, si propietario y concesionarios no pueden sacar nuevas figuras venezolanas?, cuenta el académico que preguntó Chávez indignado. Pues para que cada año vengan toreros europeos a triunfar y a ganar dinero. ¿Qué acá no hay toreros?, replicó. Sí, pero no son figuras, presidente. Fue entonces que éste, sin sopesar las posibilidades de reglamentar y reactivar la mejor tradición taurina de Venezuela en favor de los diestros nacionales, del público y de la economía, ordenó remozar y destinar el Nuevo Circo de Caracas como espacio exclusivo del pueblo y excluir la función taurina, cancelando así la posibilidad de sanear la colonizada tradición taurina de Venezuela. A toro pasado, los imprevisores taurinos locales y europeos lamentaron tan autoritaria cuanto explicable medida.

    Por ello alegra que dos diestros ecuatorianos, el matador Mariano Cruz Ordóñez y el novillero Julio Ricaurte, ambos de Riobamba, se encuentren en México, dándole curso a sus respectivas carreras; el primero, retomando sitio tras interrumpir el paso fino que mostrara desde novillero en ruedos sudamericanos y españoles, y el segundo, avecindado en Aguascalientes y acumulando fechas y triunfos en plazas de su país y de México, como recientemente en Huamantla y Ambato.

    ¿Por qué urge que las empresas apoyen a los buenos toreros latinoamericanos? Para tener más y mejores argumentos cuando despistados pero influenciables gobernantes prestan oídos a promotores internacionales del animalismo utilitario y las compasiones falsas o identifican prohibiciones con soluciones. La tradición taurina de los países de la región requiere de una meditada revisión y valoración de sus respectivas ofertas de espectáculo para que, unidos, inicien el repunte definitivo de una fiesta de toros latinoamericana profesional y competitiva.

    Publicado en La Jornada

    ¿La Fiesta en Paz? Políticos y taurinos, similitudes – El Pana, tan bueno que era


    Por Leonardo Paez.

    Los aficionados, como el resto de la ciudadanía, hace décadas estamos a merced de unas cúpulas de poder a las que sólo se accede a partir de una probada lealtad a él. Se puede jugar a cuestionarlo, pero sin pasarse de la raya y responsabilizando siempre a otros: antitaurinos, resentidos o a las redes sociales, porque la realidad inventada por el poder es narcisista y autocomplaciente, positiva y optimista, aunque la otra realidad lo desmienta a diario. “Vamos ganando la guerra contra el narco… La crisis sólo está en la mente de algunos… La corrupción en México es un asunto de percepción… El futuro de la fiesta está garantizado”, son frases para la historia… del cinismo cómplice.

    Por lo menos en México, taurinos –los que viven del público– y políticos –los que viven de la ciudadanía– se parecen en varios rasgos, como: sumas millonarias para hacer campañas o ferias anuales que no provienen de un eficaz desempeño político o taurino propiamente; opacidad y moches en el manejo de esas sumas; oportunismo y especulación, en vez de planeación con un seguimiento responsable y profesional; preferencia a depender e importar que a producir y aprovechar el rico potencial humano del país; manipulación de los medios, que se traduce en lugares comunes y falta de credibilidad; indiferencia ante las promesas a la ciudadanía y las expectativas de la afición; funcionarios y figuras de bajo perfil, pues se apuesta por el acatamiento al sistema no por el talento y la personalidad.

    Otras similitudes penosas entre organizadores políticos y promotores taurinos son: incapacidad de un liderazgo ético que mueva a otros a imitarlos; inmovilismo o pobre selección, estímulos y rotación de sus respectivos cuadros; renuencia a unir esfuerzos para alcanzar metas que beneficien a la sociedad y a la fiesta; enriquecimiento sin relación con la satisfacción de ciudadanos y públicos; inexistentes encuestas para conocer preferencias y rechazos; desinterés en hacerse de nuevos simpatizantes y de conocer debilidades y fortalezas de la tradición política y taurina de México, así como líderes de opinión incondicionales o acríticos. Así que hoy tiene más elementos para saber por quién votar.

    Suenan casi a mentadas las alabanzas, homenajes y procesión de admiradores que la necrofilia, no una afición consciente y exigente, ha desatado con motivo del primer aniversario luctuoso del inolvidable diestro de Apizaco, Rodolfo Rodríguez El Pana, fallecido el 2 de junio del año pasado en Guadalajara, luego de 32 días en que se hicieron todos los esfuerzos médicos para mantenerlo con vida, a sabiendas de que los daños eran irreversibles. A saber si Rodolfo, ese huracán de expresiones, condenado a sobrevivir paralizado del cuello para abajo y sin poder hablar, haya externado con párpados y cejas su voluntad de acabar de una vez por todas, pues una cosa es vivir y otra, muy diferente, durar en condiciones de total dependencia.

    En Tlaxcala y el resto del mundo taurino marginaron a El Pana durante sus mejores años, una vez probadas las grandes cualidades toreras y enorme capacidad de convocatoria que poseía, no sus declaraciones estridentes y su afición al neutle, sino la mediocridad y mezquindad de empresas, figuras, crítica especializada –la misma que hoy lo alaba– y una afición que olvidó defender una tradición y exigir toreros con personalidad y toros con tauridad. Un Pana oportunamente aprovechado habría contribuido a que la fiesta tomara derroteros más competitivos y menos predecibles.

    Fuente: La Jornada

    ¿La Fiesta en Paz?: ¿Qué partido es menos taurino?

    • ¿Qué partido es menos taurino?
    • México en San Isidro

    Por Leonardo Páez.

    Ora es cuando, aficionados, le han de dar sabor al voto, paráfrasis del popular refrán ora es cuando, yerbabuena, le has de dar sabor al caldo, para indicar que ha llegado la oportunidad largamente esperada y debemos aprovecharla. Por ejemplo, el próximo 4 de junio, cuando podremos, ya, empezar a dejar de estar hartos de tanto saqueador inepto.

    ¿Hace cuántos sexenios, cuántos candidatos se han referido a la tradición taurina como patrimonio cultural inmaterial de México? 

    Ocasionalmente, tres: en 1997, en el Anuario taurino de México, Carlos Castillo Peraza, del PAN, y Alfredo del Mazo González, del PRI, cuando contendieron por la jefatura del Distrito Federal con Cuauhtémoc Cárdenas, del PRD, quien rehuyó el tema taurino. Y en junio de 2000, Andrés Manuel López Obrador, en memorable entrevista para el semanario Proceso, en la cual, con inteligencia, respeto y mesura se refirió a la fiesta de los toros en nuestro país. Posteriormente, algunos gobiernos estatales han blindado a esta función, al declararla patrimonio cultural inmaterial de su entidad, sin más resultados que abstenerse de meter en cintura al empresariado taurino, siquiera en cuanto a la observancia del reglamento se refiere.

    Hace 34 años el neoliberalismo nos incorporó, por decreto, no por organización y oportunidades, al grupo de los países globalizonzos, en esa mundialización torpe en que todos debemos ser como iguales, pensar, gustar y hacer lo que el imperio económico global ordene, por lo que ningún mandatario priísta o panista ha osado, en público, manchar sus poco elocuentes labios con la palabra tauromaquia. En lo oscurito, Fox y Calderón reconocen su afición, aunque durante sus desaprovechadas gestiones buen cuidado tuvieron de no molestar con la menor observación a los autorregulados neoliberales que se apropiaron de la tradición taurina.

    Las oportunistas, contraproducentes y demagógicas acciones del impresentable parásito del PRI, el Partido Verde Ecologista de México, son de concurso. En su animalismo a rajatabla pretende salvar de maltrato a todas las especies, independientemente de la función y misión para la que hace siglos son criados, de manera que los caballos pura sangre se vuelvan de salto, los gallos de pelea se conviertan en sementales de engorda y los toros de lidia se reduzcan a mero ganado de abasto, mientras los liberados animales de circo se mueren donde ecológicamente puedan, en una percepción miope de la milenaria relación hombre-animal, por órdenes, no olvidarlo, de los compasivos dueños del mundo.

    Simonía en Madrid. Dime de qué presumes y te diré de qué careces, reza el viejo refrán. No acababa el elocuente empresario franco-español Simón Casas de dar entrevistas acerca de su luminoso concepto de productor de emociones taurinas, a diferencia del simple empresario, y tras una gala en la que nomás faltaron los Óscares a los histriones más destacados de la fiesta, arrancó con una feria de San Isidro tan ramplona como las de su antecesor.

    Entre lo destacable del prolongado serial hay que mencionar la presencia de México, no de toreros mexicanos, en el mismo. Por lo menos en el boleto de la corrida del pasado miércoles se presentó en la Plaza de Las Ventas Rodolfo Rodríguez El Pana –tan bueno que era, dicen los voceritos del sistema- en un estilizado dibujo con coleta, puro y sarape de Saltillo, y en las corridas han abundado las suertes capoteras creadas en México, como gaoneras, saltilleras o zapopinas. 
    Algo es algo, dirán los incorregibles mexhincados.

    Publicado en La Jornada