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Clamoroso triunfo de la ganadería de Piedras Negras en la Plaza México

  • En Teziutlán, bellas faenas de Jerónimo y Federico Pizarro.

Por Leonardo Páez.

Ayer, en la decimonovena corrida de la temporada y segunda de Cuaresma, rebautizada ahora como “Sed de Triunfo” en la Plaza México, ocurrió algo verdaderamente insólito: antes de comenzar la función un monosabio levantó una pizarra con el nombre de la legendaria y relegada por la empresa anterior, ganadería tlaxcalteca de Piedras Negras, y de pie el público asistente desgranó una sonora ovación, en un gesto que intentaba reparar tantas negligencias y omisiones para en seguida dar inicio a una sucesión de bellos reyes de astas agudas que serían aplaudidos, primero al aparecer en la arena y luego al ser arrastrados por el tiro de caballos. Todos recargaron en el puyazo y mostraron las exigencias de la bravura en serio. 

Posteriormente, se solicitó un minuto de aplausos en memoria de los matadores Jesús Solórzano hijo, y Mauro Liceaga, fallecido la mañana de ayer.

En otro cartel desalmado, hicieron el paseíllo Antonio García El Chihuahua 31 años de edad, ocho de alternativa y 19 corridas en 2016–, el regiomontano Juan Fernando –30 años, ocho de matador y dos tardes el pasado año–, el hidrocálido Mario Aguilar –25, siete y cuatro– y el zacatecano Antonio Romero –29, seis y ocho–, destacando por su compromiso responsable, actitud y nivel técnico Aguilar, que perdió la oreja de Ranchero por pinchar, y Romero, que sufrió una grave cornada en el ano cuando bordaba a Caporal.

Inexplicablemente el jurado determinó que el quinto fuese toreado por El Chihuahua y no Juan Fernando, que con Artillero había realizado una digna faena por ambos lados malograda con el estoque.

El Chihuahua, luego de banderillear, le espantó las moscas al abreplaza Legendario que, como sus hermanos, exigió aguante, colocación y mando, y en el quinto escuchó sonora rechifla y gritos de ¡toro! Mario Aguilar consiguió con Ranchero una tanda de templados derechazos y otra de naturales superiores. A su segundo lo recibió con bellos lances y realizó una faena entre altibajos que acabó aburriendo al toro y al público. Y una pena que Antonio Romero, quien se perfilaba como el más destacado con el mejor toro, Caporal, luego de tres cambiados por la espalda y templadas tandas por ambos lados, fuese prendido y corneado.

A la postre el triunfador de la tarde resultó el ganadero de Piedras Negras, Marco Antonio González Villa, que fue ovacionado en el tercio al doblar el quinto y obligado a dar apoteósica vuelta al concluir el festejo. No se merecía tan prestigiado hierro un cartel como este.

El día anterior, en Teziutlán, Puebla, la ganadería de Gonzalo Iturbe, sangre pura de Piedras Negras, sirvió para comprobar la diferencia abismal entre pasar con docilidad y embestir con bravura, al grado de que el rejoneador Rodrigo Santos resultó seriamente lastimado, con fractura de costillas, al intentar matar a pie a su primero, y uno de sus peones sufrió la luxación de un hombro al ser alcanzado, en tanto que el público, que hizo tres cuartos de entrada, experimentó la emoción incomparable de atestiguar la bravura.

Federico Pizarro le tumbó una oreja a su primero, y otra más a su segundo por un trasteo derechista. Por su parte, Jerónimo, con la intensa expresión torera que posee, recibió a su primero con lucidos mandiles y estructuró en los medios una inspirada faena por ambos lados, resolviendo e improvisando con una naturalidad y una estética inigualables. Dejó una casi entera y el público, enfebrecido, exigió las dos orejas para el torero, quien recibió a su segundo con verónicas de la casa y realizó una faena no sólo solvente, sino gozosa, para llevarse otra oreja, lo que hace augurar nuevos éxito con su apoderado el MVZ Sergio Ramírez. 

¡Ah!, si la tauromafia se decidiera por la bravura y no por la comodidad.

Publicado en La Jornada.

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¿La Fiesta en Paz? Justicieros contra aficionados

  • Justicieros contra aficionados
  • Silis, ¿de qué sirve triunfar?
  • Vuelve Piedras Negras
  • Promociones Fiesta Futura

Por Leonardo Páez.

    En el medio taurino los justicieros se parecen a los mexhincados, con la diferencia de que los primeros pretenden anteponer la justicia, en abstracto, a la postración hacia lo extranjero, en concreto. Estos equitativos de ocasión hacen como que defienden los principios esenciales de la tauromaquia… a toro pasado, es decir, una vez que aprobaron todo cuanto dispuso el poder empresarial en turno, sin cuestionarlo, y aplaudieron el desfile de importados a costa de desplazados y relegados. En ambos casos se trata de entusiastas defensores del taurino, de un sistema empresarial tan poderoso como voluntarioso, de solapar las injusticias y la inequidad en nuestra fiesta de toros, pues.

    Para escándalo de los justicieros, el domingo pasado en la primera corrida de oportunidad en la Plaza México, el jurado de peñas taurinas decidió otorgarle un segundo astado al matador Antonio Mendoza, quien dejó vivo a su primero, y no a Oliver Godoy, quien mató al suyo. 

    Pero estos justicieros, que a figurines importados con 30 o 40 corridas toreadas les aplauden todo y se rasgan las vestiduras si un mexicano con apenas dos tardes deja un toro vivo, pasan por alto el criterio bien aplicado por las peñas: ver la aptitud y actitud de un joven torero que hace lucir un ejemplar con edad y trapío pero escasa transmisión. Con celo y sello, Mendoza se la jugó ante dos toros problemáticos; que no haya sabido matarlos no se justifica, pero menos que se premiara a quien sólo pudo hacer una faena adecuada a un astado débil y sin complicaciones. 

    Por lo demás, Mendoza confirmó su alternativa, aunque no haya matado a ninguno de sus toros, como ocurrió con el inolvidable Amado Ramírez El Loco.

    Juan Luis Silis, sobrado de cabeza, corazón y cojones, triunfador en esa corrida, relegado y ninguneado por las empresas no obstante sus reiterados triunfos en Pachuca, donde casi lo mata un toro en 2013 y con sólo tres tardes en 2016, pareció que trajera 30, aunque son las que ha toreado desde su alternativa el 21 de marzo de 2008. Así se hacen en México los buenos toreros sin influencias: entrenando, ejercitándose, soñando y haciendo antesalas ante desaprensivos promotores y ganaderos colonizados.

    ¿Sabe cuántas corridas le han ofrecido a Silis después de su completa faena en la México que coronó con certera estocada en la suerte de recibir cortando una oreja a ley? Acertó: ¡ni una sola! Ah, pero que no estornude o eructe uno de los diestros importados, porque oles y contratos no se hacen esperar, en esa nefasta tradición de rendimiento ante lo de fuera y menosprecio por lo nuestro. Calificar de agridulce este triunfo de Juan Luis Silis exhibe el rigorismo acomplejado de los exigentes falsos y los mexhincados de siempre. Carajo, empresarios mexicanos, ¡atrévanse a darle corridas a este torero de los pies a la cabeza!

    Hoy regresa a la Plaza México la legendaria ganadería de Piedras Negras, luego de más de 20 años en que la maternal empresa anterior no juzgó conveniente traerla y menos con los que figuran. Hacen el paseíllo Antonio García El Chihuahua, Juan Fernando, Mario Aguilar y Antonio Romero. Asista, no son toritos de la ilusión, sino reses encastadas que pondrán a prueba el nivel anímico y técnico de los alternantes. Habrá emoción, que es muy diferente de diversión y toreo de salón.

    El pasado viernes, en el bello Tepotzotlán, estado de México, fueron inauguradas las instalaciones Galería de Arte de la Tauromaquia y el Recinto del Toro y el Caballo, en Plaza Virreinal 6, gracias al entusiasmo de Promociones Fiesta Futura y de los restaurantes Correo Español y El Rancho. Un novedoso concepto del que hablaremos con más detalle.

    Publicado en La Jornada

    Plaza México: Encierro de Rancho Seco, disparejos de presentación y juego; poco lucimiento

    No nos entra en la cabeza que, antes que la nacionalidad, están la organización, los métodos de trabajo y los criterios de aprovechamiento, no de explotación insensata, de recursos humanos y naturales.

    Por Leonardo Páez.

    Agotadas las posibilidades de seguir dando una temporada grande a base de figuras extranjeras ante toritos de la ilusión, pues éstas regresan a su país de origen luego de haber hecho la América –tentar de luces a muy buen dinero–,  por eso la nueva empresa de la Plaza México decidió continuar sus esfuerzos, ahora con cuatro carteles dentro lo que piadosamente denominó Feria de la Cuaresma, donde cuatro alternantes disputan la oportunidad de matar uno de los dos toros restantes, como si de novilladas de selección se tratara. A saber lo que hará la empresa si tres o los cuatro diestros logran triunfar la misma tarde.

    En la primera de estas bien intencionadas corridas partieron plaza cuatro toreros que por injustificadas razones han sido relegados no obstante sus cualidades: Christian Ortega (36 años, 14 de matador y dos corridas toreadas el año pasado), Juan Luis Silis (36, ocho y dos), que confirmó su alternativa, Oliver Godoy (26, seis y una sola tarde) y Antonio Mendoza, quien también confirmó (23, un año y dos festejos), ante un encierro disparejo de presentación y de juego de la ganadería tlaxcalteca de Rancho Seco.

    Abrió plaza Pelotari, de 512 kilos, un bello ejemplar con edad y trapío que llegó a la muleta con calidad, transmisión y recorrido, y que afortunadamente correspondió al diestro capitalino Juan Luis Silis, quien casi pierde la vida en la Feria de Pachuca 2013 y cuyo valor sigue intacto, mientras su tauromaquia se consolida día a día.

    Saludó con templadas verónicas y media, y tras el puyazo quitó por precisas tapatías, midiendo y embarcando muy bien la embestida. A la muleta el astado acudió con emotividad y humillando, lo que permitió a Silis estructurar una faena por ambos lados, rematada con ceñidas manoletinas y coronada con una estocada recibiendo. La oreja fue cortada a ley. A su segundo lo bregó por nota, lo aguantó en riñonudas gaoneras y precioso recorte, y le sacó todo el provecho posible.

    Antonio Mendoza triunfó en la Plaza México y en los principales cosos del país, cayó de pie en Madrid y cuando se suponía que continuaría con esa racha, algo se interpuso en su ruta ascendente. Se las vio con Don Juan, de 552 kilos (¿qué necesidad?), al que recibió con suaves lances a pies juntos, quitó por ajustadas saltilleras y gaonera, y realizó una inteligente y valerosa faena a un toro deslucido, mostrándose puesto y dispuesto, como si trajera medio centenar de corridas. Se puso pesado con el acero y escuchó los tres avisos. Con su segundo, que acertadamente la empresa le cedió, volvió a hacer lucir una embestida deslucida, y de nuevo vio cómo el toro regresaba vivo al corral.

    Una entrada lamentable para la primera de la Feria de Cuaresma.

    Solventes y muy dispuestos anduvieron Ortega y Godoy; el primero lucido en banderillas y el segundo sin aprovechar del todo al ejemplar que le tocó en suerte.

    Entre los muchos problemas que hoy enfrenta la fiesta brava de México quizás el más arraigado siga siendo un alegre complejo de inferioridad que con el correr de los años se ha ido fortaleciendo y extendiendo a todos los sectores, en correspondencia con gobiernos cada vez más dependientes y a sectores más entreguistas.

    Seguimos creyendo que los de fuera son genios per se y que nosotros somos tontos porque sí, porque no tenemos historia y menos memoria para tomar lecciones de ella. No nos entra en la cabeza que, antes que la nacionalidad, están la organización, los métodos de trabajo y los criterios de aprovechamiento, no de explotación insensata, de recursos humanos y naturales.

    Publicado en La Jornada.

    ¿La Fiesta en Paz? Sólo dos mexicanos en San Isidro 2017

    José Adame.

    • Sólo dos mexicanos en San Isidro 2017
    • Lupita López, lágrimas de arena

    Por Leonardo Páez.

    Si algo debilita la fiesta de toros en el mundo es la falta de imaginación y el exceso de complicidades del empresariado taurino. Continúa la historia de admiraciones mal correspondidas entre México y España, pues mientras aquí recibimos a los españoles con las puertas abiertas, en los toros y en lo demás, allá desde siempre se la llevan con extrema precaución a la hora de importar mexicanos, sobre todo vestidos de luces.

    Botones de muestra: en la temporada grande bautizada Pasión hecha a mano, que para muchos aficionados no pasó de paja de adolescente entre mansadas y éxtasis, los encierros, en general bien presentados, apenas fueron al caballo y resultaron descastados, deslucidos o de aborregada docilidad para Morante, Castella, El Juli y Ponce; se celebraron 17 festejos; cuatro con dos extranjeros y un mexicano, violando el reglamento, con la participación de 13 matadores nacionales y 11 importados, los de siempre, y tres nuevos que nada dijeron. Estando anunciados, no vinieron Ricardo Frausto, Lomelín hijo ni Diego Sánchez.

    Por su parte, el productor –rechaza ser llamado empresario– de la Plaza de Las Ventas, el francés Simón Casas, presentó el jueves pasado 27 poco imaginativas corridas de toros, cuatro de rejones y tres novilladas para la Feria de San Isidro 2017, en las que de México únicamente están Joselito Adame dos tardes en carteles más bien modestos, el novillero hidrocálido Leo Valadez, una, y párele de contar, que el toreo podrá querese universal, pero en España es para los españoles y sigan aplaudiendo, postrados colonizados.

    Equidad de Género no es una moda, titula su texto la matadora yucateca Lupita López, valiente, pensante y bella, que por su interés transcribo: “La equidad de género no debe ser una moda; es un equilibrio total. Hoy, Día Internacional de la Mujer, levanto la mano y pido un lugar a todos los empresarios taurinos del planeta, ya que son quienes manejan este barco por designio divino en este mar tormentoso y, ¿por qué no?, pido también un poco de justicia.

    “Justicia porque he labrado mi carrera con dedicación y vocación; le voy con gusto al toro y pongo mi vida por precio. Si el toro de lidia, el animal más valiente de la creación, no distingue género, no entiendo por qué nos relegan a las mujeres en la fiesta taurina, si también nos hemos ganado un lugar de manera innegable. Basta con hacer recuento de nuestros éxitos.

    “Pareciera que es lo mismo feminismo que discriminación. ¿Por qué nos pagan menos? ¿Por qué todavía existen matadores que no quieren torear con mujeres? ¿Por qué minimizan nuestro esfuerzo y nuestros logros? Yo sé que esta profesión es muy sacrificada, que cuesta sangre, sudor y arena (lágrimas que duelen como si se llorase arena).

    “Las personas como yo, que fuimos tocadas por ese halo, tenemos que hacer a un lado el sufrimiento y las penalidades que esto conlleva en la búsqueda de objetivos muy elevados. Sin embargo, no todos lo logran, y la inmensa mayoría se conforta con el placer sublime de torear, de hacer algo que muy pocos se atreven. Es innegable el peligro latente en cada lance y la sensación de arriesgar la vida dominando el miedo, a su vez creando arte y belleza.

    Hoy, más que nunca, me pregunto: ¿por qué nosotras las triunfadoras no tenemos la oportunidad de seguir alcanzando el éxito, si en el ruedo tanto hombres como mujeres nos jugamos la vida por igual? Pido con toda mi alma al Creador que a esas personas que están en el poder, les conceda visión y valor para guiar nuestro destino y lleguemos todos a buen puerto, concluye, emotiva, la carismática torera.

    Publicado en La Jornada.

    ¿La Fiesta en Paz? Otras lecturas de la memorable tarde de Sergio Flores en la Plaza México


    Por Leonardo Páez.

    Los empresarios taurinos siguen siendo los últimos en entender que en la plaza toro y torero deben hacer que ocurra algo a cambio de lo que el público paga, por lo que su desempeño y resultados distan mucho de lo que sería una planeación, oferta y promoción verdaderamente profesionales. Persiste la petulante idea de que dinero mata todo, incluso la sensibilidad y perspectiva para sustentar y fortalecer una tradición mexicana con 480 años.

    Concluida la nefasta etapa del Cecetla o Centro de Capacitación para Empresarios Taurinos de Lento Aprendizaje, que a lo largo de 23 años al frente de la Plaza México nomás no supo cómo reposicionar el espectáculo taurino en la capital del país pero sí cómo someter autoridades, dividir gremios y estimular comunicadores, había en la afición la esperanza de que la nueva empresa corregiría el desviado rumbo, dada la experiencia de Alberto Bailleres como propietario del resto de las plazas más importantes del país, y la trayectoria ganadera de Javier Sordo, de Xajay. Pero mexhincadismo mata dinero.

    Salvo una notoria mejoría en la presentación del ganado, en general escaso de bravura –con los cecetlos la falta de respeto al toro de lidia fue indignante, a ciencia y paciencia de autoridades, gremios, crítica y el cada vez más reducido público–, en cuanto a carteles bien equilibrados y a la obligación de un mayor juego a nuestros buenos toreros frente a las figuras importadas de siempre –incluso dos por tarde, contraviniendo el reglamento– continúan el amiguismo y la comodidad para los coletas de fuera y ninguneo para los de casa, amén de la añeja práctica de premiaciones aldeanas.

    Ante este panorama de la misma gata revolcada, no fue extraño que al tlaxcalteca Sergio Flores, quien ya había triunfado en la México la temporada anterior en la penúltima corrida con un toro de Jaral de Peñas y otro de Xajay que fue indultado, y luego de cortar las orejas de Cumplido de El Vergel en la cuarta corrida, la empresa lo estimulara hasta el decimoquinto festejo, no al lado de figurines importados, sino con un bien servido encierro de Barralva, ante el que corroboró su privilegiada cabeza torera.
    Y su apoteósica tarde del domingo 19 de febrero, en la que obtuvo resonante éxito con reses de Jaral de Peñas, pasándole de noche al público la sólida labor con su deslucido primero y obteniendo a ley las orejas de Feudal por una de las faenas más inteligentes y completas que se recuerden, pues Sergio no sólo toreó con temple, emoción y lucimiento con capote y muleta, sino que ante las precauciones e ineficacia de la peonería decidió, con conocimiento, bregar-cuidar a su toro en el tercio de banderillas y estructurar en tablas un imaginativo trasteo ante una res exigente.

    En su tauromaquia, Sergio Flores añade a las clásicas tres ces: cabeza, corazón y cojones –está cocido a cornadas pero delante del toro no se acuerda–, dos más: carisma o capacidad excepcional de atraer y fascinar a las masas, así como creatividad o facultad de producir escenas bellas y emocionantes no únicamente con el toro bravo, sino con el geniudo, el deslucido o el rajado, como lo ha hecho en reiteradas ocasiones aquí, en España y en Francia desde novillero.

    Hay que repetirlo hasta el cansancio: lo que tanto se admira en diestros importados lo tienen nuestros buenos toreros; sólo les falta ponerlos a torear, a rivalizar entre sí frente al toro y estimularlos. 

    Las empresas colonizadas, más que hacer fiesta, aprovechan eventualmente comodinos toreros-marca importados que, al irse, dejan el ambiente taurino de nuestro país más triste que un velorio de mexhincados.

    Publicado en La Jornada.

    ¿La Fiesta en Paz? La Presidencia se taurinizó

    Regresa José Adame.
    • José Solé, taurófilo de altos vuelos.

    • La Presidencia se taurinizó.
    • Nueva empresa, viejas inercias.

    Por Leonardo Páez.

    El pasado miércoles falleció en la Ciudad de México el maestro José Solé, uno de esos ricos espíritus renacentistas que saben aterrizar en el gran escenario de la vida su prodigiosa vocación e inagotable talento.

    Tuve el honor y la satisfacción de ser su alumno en aquel magnífico y luego abortado Centro Universitario de Teatro, en la calle de Sullivan, al lado de maestros de la talla de Héctor Azar y Alejandro Bichir, entre otros, y de entrevistarlo posteriormente, con motivo de su estupenda puesta en escena de Un frágil equilibrio, de Edward Albee, en el teatro Orientación, con Carlos Ancira y Emma Teresa Armendáriz.

    Además de actor, director de escena, escenógrafo, diseñador de vestuario e incansable promotor cultural distinguido con innumerables premios tanto por sus actuaciones como por sus versiones del teatro clásico, tragedia, comedia musical, infantil y ópera, José Solé fue un taurófilo de sólida formación por su abuelo, su padre y su tío y padrino don Eduardo N. Iturbide –en una época propietario de la ganadería de Pastejé, precisamente la referencial tarde de Clarinero y Armillita y de Tanguito y Silverio en el Toreo de la Condesa.

    Profundo conocedor del fenómeno teatral y de una de sus manifestaciones rituales más antiguas, la tauromaquia, sin los escrúpulos hoy en boga, Solé afirmaba: La falta de estímulos hace que en México el talento se desperdicie, en el teatro, en las justas deportivas o en los toros. No se acaba de entender que son expresiones del pueblo, no de una burocracia irresponsable que debería vigilarlas y estimularlas. El teatro es como el toreo; si no hay intensidad en la expresión de los protagonistas desaparece la posibilidad de reflejar al espectador. Y sí, todo desaparece, pero cuando se ha tenido el don de una vocación sustentada en la pasión y la honestidad creadora, queda el ejemplo de la maestría a seguir y a superar. ¡Gracias, maestro Solé!

    La Presidencia de la República al fin se atrevió a mencionar, así fuera fugazmente y en unas líneas, a la fiesta taurina. Una misiva fechada el 7 de febrero de 2017, dice: “Señor Eulalio López Díaz. Presente. Le expreso mi más sincera felicitación y reconocimiento por más de 30 años de exitosa carrera, como la máxima figura de la tauromaquia mexicana. Como los grandes, culmina usted una historia de triunfos en la Monumental Plaza México, máximo recinto de la fiesta brava en nuestro país (sicazo). Los mexicanos recordaremos siempre, con gran orgullo y admiración, el arte taurino de Eulalio López el Zotoluco (sic), quien siempre (resic) supo poner en alto el nombre de México por todo el mundo. Reciba un afectuoso saludo. Atentamente” y la firma del presidente Enrique Peña Nieto. Pos algo es algo, dirán los desatendidos aficionados por más de 30 años, por parte de la autoridá o lo que se le parezca.

    Precisamente por esta desatención y deliberada omisión de las autoridades es que luego de 23 años de ensayo y error a cargo de la vieja empresa, la nueva sigue instalada en las mismas inercias que obligaron al público a alejarse del máximo recinto de la fiesta brava en nuestro país: innovaciones de oropel sin resultado, importaciones muy vistas y la antojadiza decisión de hacer una fiesta de espaldas a la afición. 

    Hoy, luego de su afanosa encerrona, segundo mano a mano de José Adame, ahora con Sergio Flores, otra figura en cierne, y a caballo Pablo Hermoso de Mendoza, en lugar de una terna de a pie que empezara a sacar chispas.

    Publicado en La Jornada.

    ¿La Fiesta en Paz? Espectáculo degradado y dependiente

    El Nuevo Progreso de Guadalajara celebró el día de ayer su 50 Aniversario.

    • Orígenes de una desviación

    Por Leonardo Páez.

    Quedó muy claro. La tradición taurina de México, con 490 años y exponentes internacionales de primer nivel a lo largo del siglo XX, luego de las apoteosis del sábado y domingo pasados, con motivo del 71 aniversario del coso de Insurgentes fue reducida a las expresiones de los diestros españoles Enrique Ponce; Morante de la Puebla; El Juli, y Pablo Hermoso de Mendoza, a caballo, frente al toro artista mexicano, ese que más que pelear sabe pasar dócil, suave y repetidor ante el torero, volviendo absolutamente prescindible la suerte de varas y convirtiéndose en dúctil cómplice del toreo bonito, no en el otro protagonista de un encuentro sacrificial menos disparejo.

    Con ser gravísimo este desplazamiento de las bases éticas del toreo a la pretensión estética frente a un toro carente de nervio y temperamento, así como de elocuente transmisión de peligro, el otro aspecto preocupante, ignorado por el coro de extasiados –empresas, ganaderos, toreros, crítica, autoridades y público– es la suerte que correrá la oferta del espectáculo en México una vez que regresen a su país los diestros-marcas referenciales del nuevochou tauromáquico, sin más emoción que el posturismo ante la toreabilidad comodona, la exaltación de la forma y disminución del fondo, con una acometividad predecible y colaboradora, no amenazante.

    Las decadencias tampoco se improvisan. Hace 23 años, en Guadalajara, Jalisco, a feliz iniciativa de la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia, presidida entonces por el ganadero Jorge de Haro, se llevó a cabo del 21 al 24 de octubre de 1993 el Primer Congreso Mundial de Ganaderos de Lidia, con la participación de todos los países taurinos, excepto Venezuela y Francia.

    Entre las ponencias, llamó la atención la del ganadero español Juan Pedro Domecq Solís (1942-2011) –a la sazón presidente de la Unión de Criadores de Toros de Lidia–, titulada El toro de lidia en su evolución, del toro de ayer al toro de hoy, por lo insólito de sus consideraciones y lo forzado de sus disyuntivas, desarrolladas desde la década de los 80.

    Estableció conceptos como toro fiero y artista, afirmando que “el primero representa el concepto torista de la fiesta o la derivación de concepto de lucha. Con él se pretende que sea difícil dominarlo y que aporte de forma fundamental emoción en la lucha… toreo que podrán hacer los distintos toreros, pero que siempre tendrá una menor composición artística de la que puede hacerse con el toro artista… el toro fiero se defiende más, y es más difícil de someter porque le faltan algunos de los componentes necesarios para hacer que el toreo se transforme casi en una danza, en una verdadera expresión artística y estética”.

    Juan Pedro Domecq definía al toro artista por tres cualidades fundamentales: fijeza, ritmo y entrega, y añadía: Necesita estar fijo ante su enemigo (sic) porque el torero tiene que abandonarse en su arte (sic) para poder dominarlo (sic); necesita tener ritmo porque el toreo se ha transformado en danza (sic); necesita tener entrega porque sin la arrancada entregada es imposible (sic) la quietud y la propia entrega del torero.

    Ignacio García Villaseñor, ganadero del hierro mexicano de San Marcos, en esa ocasión tuvo el valor civil de advertir: Ahora se ha vuelto una fiesta de toreros, pero habrá que pugnar porque vuelva a ser de toros. Trabajamos muchos años para poder llevar a las plazas una corrida digna para que malos taurinos y malos toreros la echen por la borda. No nos refugiemos en el toro artista para disfrazar la mansedumbre y diluir la casta. Los más ya se refugiaron.

    Publicado en La Jornada.

    Apoteosis de docilidad repetidora en las corridas del 71 aniversario de la Plaza México

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    A José Antonio Morante de la Puebla y El Juli les concedieron dos orejas y una vuelta al ruedo. Foto Cuartoscuro.com

    Por Leonardo Páez.

    Mientras entendemos y ponemos en práctica la alarmada recomendación presidencial de consumir lo hecho en México, ya tenemos seca la garganta de tanto gritar ole al toreo universal, es decir, a las figuras españolas que frente al toroartista mexicano nos descubren la grandeza de la tauromaquia melódica y rítmica frente al toro obediente y repetidor, que si no cumple en varas, en cambio acude a la muleta en cámara lenta y con franciscana bondad, en esa fiesta breve más que brava en la que el encuentro arriesgado entre toro y torero se ha sustituido por la estética comodona carente de dramatismo pero sobrada de posturismo. Salvo dos toros, los otros 11 apenas recibieron un pujalo puyazo fugaz en forma de ojal.

    Difícil, consumir lo hecho en México

    Para conmemorar el 71 aniversario de la Monumental Plaza de Toros México, lanueva empresa de la misma ofreció dos carteles, por lo menos desatinados: el sábado 4, la despedida de los ruedos de Eulalio López Zotoluco, mano a mano con el valenciano Enrique Ponce y toros de Fernando de la Mora; ayer domingo, saltándose de nuevo el reglamento que prohíbe exceder 50 por ciento de alternantes extranjeros, el sevillano José Antonio Morante de la Puebla y el madrileño Julián López El Juli para la confirmación de alternativa del hidrocálido Luis David Adame –19 años, cuatro meses de matador y tres corridas toreadas–, con un encierro de Teófilo Gómez. Hubo media entrada en la primera y más de media en la segunda, prueba de que en materia taurina consumir lo hecho en México es difícil, y más cuando el empresariado prefiere importar toreros con imán de taquilla que producirlos.

    Por la culata le salió a Zotoluco su despedida, ya que el mejor lote se lo llevó su alternante, consentido de la anterior empresa y de la plaza, quien bordó primero al dócil Venadito con su lucido repertorio muletero, por lo que el juez Enrique Braun le concedió dos orejas, y luego a Tumbamuros,al que el citado juez pasó con dos pares de banderillas, a petición de Ponce, que volvió a torear de salón a otra hermana de la caridad. Despliegue de tersura del diestro y de ternura del burel, sólo empañadas por cinco pinchazos y dos avisos. Afanoso, más que templado, estuvo Eulalio con su segundo, Voy y vuelvo, al que despachó de entera y le cortó la oreja. Sus otros dos fueron sosos y deslucidos. Un buen puyazo dejó Nacho Meléndez la tarde de su despedida y un gran par, otro más, clavó Christian Sánchez, citando y esperando la lenta embestida.

    Ayer, el entusiasmo alcanzó niveles delirantes y tras cantar el público el Himno Nacional, Luis David Adame, mal cerrada la cornada que recién sufrió en León, se enfrentó a Cántabro, al que recibió con suaves lances, una media de ensueño y un manguerazo, como si trajera 300 y no tres corridas. Llevó muy bien el toro al caballo y quitó por templadas zapopinas; empezó en los medios con tres cambiados por la espalda y toreó con temple y precisa colocación por ambos lados a un soso repetidor, al que se pasó en ceñidas bernadinas.

    Dejó un pinchazo hondo y un descabello, pero aquel despliegue de precoz madurez torera le pasó de noche al mitotero público. Poco juego tuvo su deslucido y débil segundo, por lo que decidió regalar un toro, ahora de Fernando de la Mora, que acabó rajándose, y al que toreó bellamente de capa y muleteó con una solvencia y un sentido de la lidia que hacen vislumbrar en Luis David a una figura a corto plazo.

    Morante y Julián López torearon de salón ante sendos toros de la ilusión, bondadosos y obedientes, por lo que el eufórico juez Jorge Ramos les otorgó dos orejas a cada uno y hasta inmerecida vuelta al ruedo, entre pitos, a los despojos del segundo de El JuliBien bonito, de veras.

    Publicado en La Jornada.