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¿La fiesta en paz? El sospechoso silencio de los taurinos // Teziutlán, capital mundial del toreo

Por Leonardo Páez.

¿A qué atribuir la añeja falta de pronunciamientos de los taurinos mexicanos ante la indiferencia o torpeza de funcionarios y los subsidiados amagos de impresentables partidos políticos? ¿No obedecerá a la prolongada impunidad de que gozan estos taurinos hace varias décadas por parte de las autoridades?

Si impune es la falta que no se castiga, ¿en este país cuándo se ha llamado a cuentas a los empresarios que han hecho lo que han querido con el pretexto de arriesgar su dinero para preservar la fiesta de toros? Durante décadas, los abusos, arbitrariedades, fraudes e irresponsabilidades de los taurinos para con el público, ¿han tenido alguna sanción o ha habido alguna consecuencia judicial? Como no sea la ridícula actuación reciente de las autoridades veracruzanas en Xico, taurinos y autoridades tienen un acuerdo de no agresión, de dejar hacer y dejar pasar, de apoyarse mutuamente para hacer como que apoyan la tradición taurina de México.

Si el próximo Presidente de México ha prometido luchar contra la corrupción, ¿no va siendo hora de que los taurinos se sumen a esta cruzada, aparentemente imposible si no se predica con el ejemplo? ¿Proseguirá por tiempo indefinido el cómplice desempeño de las autoridades taurinas en el grueso del país? Lo que va quedando de la fiesta de los toros, ¿se cuece aparte? Pronto lo sabremos.

Alma Taurina, la empresa que encabezan los hermanos Rodrigo y Javier Llarena, dio a conocer los carteles de la Feria del Toro, Teziutlán 2018, con varios meses de anticipación, como corresponde a toda empresa sustentada en el servicio y el profesionalismo. Tres corridas de toros en esa dinámica localidad poblana, famosa no sólo por ser una de las ciudades con las mujeres más guapas del país, del continente, del mundo y de otros planetas, sino con una sólida tradición taurina que se traduce en una de las plazas más funcionales de la república, El Pinal, completamente techada, para cuatro mil espectadores cómodamente sentados.

Ya son varios años que esta joven empresa lleva a cabo la organización de los festejos taurinos con motivo de la feria anual, demostrando a propios y a extraños que ofrecer corridas de toros no es ciencia, sino respeto por la dignidad animal del toro, por el valor cultural de la fiesta y por el público que, hay que repetirlo, no paga por divertirse sino por emocionarse a partir de la tauridad del toro de lidia, de una exigencia con bravura, no con bobura.

Los prestigiados hierros de Piedras Negras, Tenexac y De Haro, con el trapío que da la edad, y que desde luego no son del gusto de los comodinos importados ni de monopolios maternalistas, comparecerán en El Pinal el 5, 12 y 19 de agosto, en la también llamada Perla de la Sierra. Hoy hacen el paseíllo un renovado y enrachado Jerónimo, mano a mano con Joselito Adame, quien regresa a Teziutlán, frente a un encierro de Piedras Negras, ganadería triunfadora en la Plaza México, que la nueva empresa no ha querido volver a anunciar. El domingo 12 será la despedida de Federico Pizarro, otro triunfador relegado, la presentación de Octavio García El Payo, y el debut del joven poblano Héctor Gabriel, con reses de Tenexac. Y el 19, una corrida de De Haro para el reiterado triunfador de El Pinal, José Luis Angelino, Fabián Barba y José Mauricio. Abrirá plaza el rejoneador Luis Pimentel.

Por todo ello y por un taurinismo que no se anda con cuentos, estos tres domingos Teziutlán se convierte en la capital mundial del toreo, con perdón de los mexhincados.

Publicado en La Jornada.

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¿La fiesta en paz? La esencia de la fiesta debe ser el drama antes que la estética: pintor Antonio Rodríguez

Pintar temas taurinos es como torear: si no creas magia no vale mucho o trasciende poco lo que hagas, sostiene el artista de Saltillo.Foto Ilustración Antonio.
Pintar temas taurinos es como torear: si no creas magia no vale mucho o trasciende poco lo que hagas, sostiene el artista de Saltillo.Foto Ilustración Antonio.

Por Leonardo Páez.

Se dice que el hombre hace al nombre, y tal vez por eso José Antonio Rodríguez Fuentes, pintor de intemporales resonancias taurinas e influencias de difíciles maestros, firma sus cuadros con el torero nombre de Antonio. Nacido en la ciudad de Saltillo, Coahuila, en 1975, su obra posee un elocuente estilo impresionista, esa privilegiada percepción visual que reproduce seres, paisajes o cosas atendiendo al sentimiento personal del autor antes que a la realidad objetiva, intensificándola con atmósferas luminosas que aumentan el deleite de quien mira. Los óleos de Antonio,más quetorosmuestran torería, momentos de profundo taurinismo.

Con trazos precisos y enérgicos cuya intensidad recuerda el legado del catalán Mariano Fortuny y del valenciano Roberto Domingo, las pinturas del coahuilense Antonio reflejan no sólo una fina apreciación de suertes, anatomías y tonalidades sino, además, una ideología taurina muy clara, resumida en su frase “La esencia de la fiesta debe ser el drama antes que la estética, porque el primero es azar frente a una bravura impredecible, mientras que la segunda es creación artística a partir de la furia dominada o de la nobleza aprovechada.

“Mis escuelas son algunas clases de dibujo en el colegio, un permanente sentido de observación, el estudio de los grandes maestros y mi sentimiento. Procuro no olvidar el miedo que experimentaba cuando de niño me llevaban a los toros, la emoción que me provocaba aquel escenario polícromo, las revistas taurinas de mi abuelo y las sabrosas anécdotas de mi abuela. A nivel mundial, a la fiesta de los toros le urge recuperar verdad y competitividad.

“Me gusta representar situaciones de apuro, no sólo escenas bellas, pues la tauromaquia, como la vida, está llena de apuros, conflictos y trances que demandan ser enfrentados con valor, no sólo escurriendo el bulto. No compito con nadie, sino con lienzos, materiales y pinceles. Pintar temas taurinos es como torear: si no creas magia no vale mucho o trasciende poco lo que hagas. En la pintura el toro no es sólo negro, puede ser morado o azulado o del tono que la luz o tu ánimo te sugieran. Como toda creación, es un acto de libertad individual, el cual en las tauromaquias actuales veo reducido o, peor aún, uniformado. Toda expresión mecánica o automática es lo más opuesto al arte. De ahí mi preferencia por toreros como El Gallo, El Pana o Morante, con su desatada inspiración fuera de moldes.

“Igual pinto mulillas o monosabios o gallos de pelea que situaciones comprometidas porque, independientemente de los temas, la función del arte es expandir el espíritu de las personas, no enajenarlas con su falsificación. Me encanta el impresionismo y por ello pinto con manchas más que con detalles, concentrado en los efectos de la luz sobre la fusión de colores en los objetos pintados.

“Es una pena –remata Antonio– que en México casi haya desaparecido el cartel taurino, siendo una de las mejores maneras de promover el espectáculo, desde luego ya no con los pintores de siempre, sino con firmas de autores nuevos, tan buenos como desconocidos. Lo mismo ocurre con el resto de las artes en el país, lleno de sensibilidad y de expresiones estéticas desaprovechadas por falta de estructura y de políticas culturales incluyentes y coordinadas. En México no me han publicado ningún cartel; en España llevo tres en el último mes.

Publicado en La Jornada

¿La fiesta en paz? Taurinos rezagados, cumplan o váyanse: AMLO

Los empresarios no han sabido promover toreros mexicanos que sean negocio.

Por Leonardo Páez.

Transcribo la segunda y última parte de la entrevista al ex candidato del PRD a la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, publicada en el semanario Proceso del 25 de junio de 2000, en la que el hoy candidato electo de Morena a la Presidencia de la República vertió conceptos de indiscutible actualidad con relación al espectáculo taurino en México.

A la pregunta ¿A qué atribuir que toros y toreros mexicanos ya no sean de exportación y que la balanza comercial taurina con España sea desfavorable a México?, respondió: “…a un descuido generalizado y recurrente por parte de los particulares y de la autoridad, al aprovechamiento ventajoso y sin previsión de un espectáculo que por sus características se presta a todo tipo de enredos. Los particulares, y me refiero a empresas, ganaderos, toreros, etc., no parecen tener mucho éxito con el espectáculo que supuestamente deberían promover. Y las autoridades hasta ahora no han medido la grave consecuencia de solapar tanta irregularidad: contribuir a que otra tradición de México se pierda”.

“Toda balanza comercial es desventajosa –añadía AMLO– si se importa más de lo que se exporta.

¿Por qué los empresarios mexicanos tienen que importar toreros españoles que atraigan gente?

Porque no han sabido promover toreros mexicanos que sean negocio. ¿Por qué los toreros de aquí no interesan en España? Porque no tienen el mismo nivel de competencia y de atractivo.

¿Por qué los ganaderos mexicanos ya no exportan sus reses?

Seguramente porque otros ganaderos dan mejores productos y mejores precios. Entre unos y otros podrán echarse la pelota y eludir responsabilidades, pero a final de cuentas el resultado es el mismo”.

“…Como jefe de Gobierno me interesa sobre todo garantizar el respeto por la ciudadanía, así como apoyar una tradición popular con raíces profundas en la historia. Si la fiesta brava demuestra que vale por sí misma, es decir, si los directamente interesados la hacen valer, el apoyo residirá en hacer cumplir la reglamentación correspondiente, sin complicidades ni intromisiones innecesarias.

“Ahora, si los directamente interesados, como son empresas, ganaderos y toreros, no están dispuestos a cumplir con lo establecido en el reglamento, mientras éste no sea actualizado o ajustado por gente de reconocida solvencia y capacidad, nosotros no permitiremos más abusos e inobservancias del mismo, porque hay otro factor directamente interesado que nunca se toma en cuenta: el público. Y por el interés del público, bajo ningún pretexto vamos a continuar con una discrecionalidad que para nada ha servido al espectador, que paga, y mucho, por ver un espectáculo que dista de ser lo que se ofrece en la propaganda.

“Insisto: Si a los empresarios no les interesa o no les conviene acatar lo establecido por la ley –concluía López Obrador–, pues que cierren sus plazas y cambien de giro porque las leyes no se hacen para justificar la incompetencia de nadie… la fiesta se extinguirá si dejamos que la sigan falseando y deformando quienes tienen la obligación de respetar las leyes que fueron dictadas para protegerla… tenemos un compromiso con el público que sostiene esta tradición… Como servidor público y como mexicano comprometido con una política de principios inalterables, no tengo ningún interés en que la fiesta sea preservada a costa del fraude, el engaño, el abuso y la falsedad.”

Ahora aléguenle, taurinos importadores autorregulados.

“Refleja la situación del país”: López Obrador y la fiesta brava

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Entrevista publicada en el número 1234 del semanario Proceso, el domingo 25 de junio de 2000.

Por Leonardo Páez. 

Encubierto por los gobiernos priístas y panista y de plano ignorado por el gobierno perredista del Distrito Federal, que prefirió llevar la fiesta en paz con la empresa de la Plaza México, el espectáculo taurino en la Ciudad de México presenta los signos de una agonía lenta pero segura, debido a la desorganización de sus promotores y a la negligencia de las autoridades

“La realidad es que la falta de interés de los gobiernos por la fiesta brava se debe a que no hay mucha sensibilidad política para entender que ese espectáculo tiene que apegarse a las leyes vigentes, que para eso están. Si esas leyes son insuficientes o incompletas, justas o injustas, eso es otra cosa y puede revisarse Pero mientras no haya otras, hay que respetar las vigentes, pues de lo contrario se deteriora la calidad de la fiesta y se pierde la seriedad del espectáculo”, afirma Andrés Manuel López Obrador, candidato de la Alianza por México a la jefatura de Gobierno del Distrito Federal.

Reconoce que no es aficionado a los toros, “lo que no es sinónimo de desinterés ni mucho menos Mi escaso contacto con la fiesta brava -explica- se lo debo a mi paisano el poeta José Carlos Becerra, de quien leí una crónica de una corrida celebrada en Villahermosa a finales de los años cincuenta Ahí había una frase que me impresionó, y se refería a la falta de seriedad del ganado y al exceso de diversión del público Pero lo que más me llamó la atención fue que un hombre tan sensible como José Carlos, se sintiera atraído por algo tan sanguinario como los toros, y me hizo preguntarme si en todo eso no habría algo mucho más profundo, en cuanto a lo que tiene que ver con los misterios de la naturaleza humana”

Entre la oscuridad y la razón

-¿Cuál es su opinión de la fiesta brava?

-En primer lugar es una tradición milenaria que habla de un tema tan esencial como la relación entre el ser humano y la naturaleza Eso está en la mitología de todas las culturas antiguas En Babilonia, Egipto, Grecia, Roma, etcétera, se tiene al toro como símbolo de fecundidad, de fuerza, de fiereza Estos son los antecedentes de la fiesta taurina de España, que después, con el paso de los siglos, logra criar un toro propicio para el espectáculo Entonces lo que pasa es que la tauromaquia absorbe, digamos, lo que antes era un rito y lo convierte en espectáculo Pero la fiesta brava, nos guste o no, es resultado final de una serie de hechos históricos que llega hasta nuestros días.

-Como sociólogo, no como político, ¿qué valor le da a esta tradición?

-Indudablemente forma parte de la cultura del pueblo Eso no se puede negar Viene desde muy atrás Don Miguel Hidalgo nació en una ganadería de toros bravos y tenía fama de buen aficionado De Emiliano Zapata se dice que le gustaba torear En cambio, don Benito Juárez se oponía a las corridas, y de hecho las prohibió, igual que Carranza en la capital O sea, es algo que está metido muy adentro en la cultura popular.

-Los niveles actuales de organización, calidad y competitividad de las corridas de toros, ¿corresponden a los niveles de organización, calidad y competitividad del país o son un problema exclusivamente taurino?

-Siempre he oído que la fiesta brava es una especie de termómetro que mide la temperatura política del país Eso lo entendieron muy bien Juárez y Carranza Cuando Juárez prohíbe las corridas es porque ve la necesidad de pacificar, pero cuando siente que la invasión francesa viene en serio, vuelve a autorizarlas, porque en aquella época las plazas de toros también eran centros de agitación política Cuando termina la guerra y derrota a Maximiliano, la prohibición se restaura Es lo mismo que hace Carranza Claro que esa mentalidad ya no funciona en nuestros días, pero no deja de ser interesante subrayarlo.

Entrevistado en su departamento de Copilco el domingo 18 por la noche, después de un día más de agotadoras actividades de campaña, López Obrador descansa disfrutando al hablar de uno de los temas que más lo apasionan: la historia de México en el siglo XIX Ofrece una taza de café con leche y empanadas que un paisano le trajo de Villahermosa, y sólo interrumpe la conversación para llamar a sus hijos a cenar, mientras Rocío Beltrán, su esposa, atiende el incesante repiqueteo del teléfono

Los errores

-Volviendo a la pregunta -agrega-, creo que lo que está sucediendo con la fiesta brava en México de alguna manera refleja la situación del país Me dices que los toreros no arrastran, que no se promueve a nuevos valores, que los toros son novillos, etcétera Con toda franqueza no lo sé, no he tenido tiempo de empaparme personalmente del asunto, pero en febrero pedí a mi equipo un diagnóstico del estado actual de ese espectáculo en la Ciudad de México y en el país en general, y te quiero decir esto: lo que falta es una política que defina los intereses y objetivos comunes que deben perseguir todos los sectores del mundo taurino para evitar abusos, componendas y engaños.

-Pero a este desbarajuste taurino también han contribuido las autoridades perredistas

-Evidentemente toda administración nueva, sobre todo si es de oposición, debe establecer prioridades en la solución de los problemas que hereda ¿Qué lugar ocupa el espectáculo taurino en la lista de los innumerables problemas de la ciudad? Además, si el atractivo del espectáculo ha disminuido, eso no es culpa del gobierno de la ciudad, sino de los interesados en el negocio, porque se supone que la fuente de trabajo es de ellos, no del gobierno, y después, pero sólo después, de las autoridades responsables de cumplir y hacer cumplir el reglamento vigente.

-De acuerdo, pero el hecho es que las autoridades perredistas no han cumplido en este aspecto,

-La realidad es que la falta de interés de los gobiernos por la fiesta se debe a que no hay mucha sensibilidad política para entender que ese espectáculo tiene que apegarse a las leyes vigentes, que para eso están Si esas leyes son insuficientes o incompletas, justas o injustas, eso es otra cosa y puede revisarse Pero mientras no haya otras, hay que respetar las que están en vigor, pues de lo contrario se deteriora la calidad de la fiesta y se pierde la seriedad del espectáculo.

Para ser francos, en lo taurino este gobierno del PRD no se mostró muy legal que digamos.

-En los toros, como en cualquier otro renglón de la vida pública, es injustificable toda omisión por parte de la autoridad responsable Pero aquí no estamos hablando de taurinismo o de antitaurinismo, sino de algo muchísimo más importante para la salud de una comunidad: el compromiso con la ley Si las leyes se incumplen, no hay negocio, público o privado, que pueda tener éxito ni trascendencia social.

Taurinos rezagados

-¿A qué atribuir que toros y toreros mexicanos ya no sean de exportación y que desde hace medio siglo la balanza comercial taurina con España sea desfavorable a México?

Hombre, pues yo creo que a lo mismo que hemos estado hablando, a un descuido generalizado y recurrente por parte de los particulares y de la autoridad, al aprovechamiento ventajoso, oportunista y sin previsión de un espectáculo que por sus características se presta a todo tipo de enredos Los particulares, y me refiero a empresas, ganaderos, toreros, etcétera, no parecen tener mucho éxito con el espectáculo que supuestamente deberían promover Y las autoridades hasta ahora no han medido la grave consecuencia de solapar tanta irregularidad: contribuir a que otra tradición de México se pierda.

“Toda balanza comercial es desventajosa si se importa más de lo que se exporta ¿Por qué los empresarios mexicanos tienen que importar toreros españoles que atraigan gente? Pues porque no han sabido promover toreros mexicanos que sean negocio ¿Por qué los toreros de aquí no interesan en España? Pues porque no tienen el mismo nivel de competencia y de atractivo ¿Por qué los ganaderos mexicanos ya no exportan sus reses? Pues seguramente porque otros ganaderos dan mejores productos y mejores precios Entre unos y otros podrán echarse la pelota y eludir responsabilidades, pero a final de cuentas el resultado es el mismo.

Cumplan o váyanse

-En caso de ganar las elecciones, ¿su gobierno apoyaría la fiesta brava, la prohibiría o la dejaría como está?

López Obrador sonríe al escuchar la frase “en caso de ganar las elecciones”, y responde:
-Como jefe del Gobierno me interesa sobre todo garantizar el respeto por la ciudadanía, así como apoyar una tradición popular que tiene raíces profundas en la historia Si la fiesta brava demuestra que vale por sí misma, es decir, si los directamente interesados la hacen valer, el apoyo residirá en hacer cumplir la reglamentación correspondiente, sin complicidades ni intromisiones innecesarias.

“Ahora, si los directamente interesados, como son, repito, empresas, ganaderos y toreros, no están dispuestos a cumplir con lo establecido en el reglamento, mientras éste no sea actualizado o ajustado por gente de reconocida solvencia y capacidad, nosotros no permitiremos más abusos e inobservancias del mismo, porque hay otro factor directamente interesado que nunca se toma en cuenta: el público Y por el interés del público, bajo ningún pretexto vamos a continuar con una discrecionalidad que para nada ha servido al espectador, que paga y mucho, por ver un espectáculo que dista de ser lo que se ofrece en la propaganda.

“Insisto: Si a los empresarios no les interesa o no les conviene acatar lo establecido por ley, pues que cierren sus plazas y cambien de giro porque las leyes no se hacen para justificar la incompetencia de nadie.

-Se dice que si se cerraran las plazas, en poco tiempo se extinguiría el toro bravo como especie.

-Mira, el toro bravo muy probablemente no se extinga como especie porque se cierren las plazas Pero con toda seguridad la fiesta se extinguirá si dejamos que la sigan falseando y deformando quienes tienen la obligación de respetar las leyes que fueron dictadas para protegerla En este sentido quiero ser muy claro Nosotros hemos venido impulsando una propuesta política para que el Distrito Federal sea la capital de la democracia y de la justicia, pero también de la alegría Y nos guste o no la fiesta de los toros, tenemos un compromiso con el público que sostiene esa tradición Entonces vamos a trabajar a favor de la ley y en beneficio del público, para que, respetando a todos los sectores de la fiesta, el Distrito Federal tenga un espectáculo taurino digno de una ciudad como la que estamos soñando.

Convencido, López Obrador remata:

“Como servidor público y como mexicano comprometido con una política de principios inalterables, no tengo ningún interés en que la fiesta brava sea preservada a costa del fraude, el engaño, el abuso y la falsedad”

Twitter: @Twittaurino

¿La fiesta en paz? La fiesta de los toros y Andrés Manuel López Obrador // Vigencia de sus señalamientos

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Por Leonardo Paéz.

En el número 1234 del semanario Proceso, publicado el domingo 25 de junio de 2000, apareció una entrevista sin desperdicio titulada López Obrador y la fiesta brava: hay que recuperar la legalidad, en la que el entonces candidato a la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal hizo declaraciones por demás interesantes, algunas de las cuales transcribo para la posible reflexión de taurinos y de antis, pues a ninguno de esos sectores le sobra disposición al autoexamen:

“… la falta de interés de los gobiernos por la fiesta brava –comenzaba el hoy candidato electo a la Presidencia de la República– se debe a que no hay mucha sensibilidad política para entender que ese espectáculo tiene que apegarse a las leyes vigentes… Si éstas son insuficientes o incompletas, justas o injustas, eso es otra cosa y puede revisarse. Pero mientras no haya otras, hay que respetar las vigentes, pues de lo contrario se deteriora la calidad de la fiesta y se pierde la seriedad del espectáculo”. Casi dos décadas después, una fiesta brava mexicana a la baja, gracias a la autorregulación de poderosos promotores sin vigilancia, muestra la vigencia de esas afirmaciones.

“… la fiesta brava es una tradición milenaria –continuaba AMLO– que habla de un tema tan esencial como la relación entre el ser humano y la naturaleza. Eso está en la mitología de todas las culturas antiguas. En Babilonia, Egipto, Grecia, Roma, etc., se tiene al toro como símbolo de fecundidad, de fuerza, de fiereza. Estos son los antecedentes de la fiesta taurina de España que, con el paso de los siglos, logra criar un toro propicio para el espectáculo… la fiesta brava, nos guste o no, es resultado final de una serie de hechos históricos que llega hasta nuestros días.

“… lo que está sucediendo con la fiesta brava en México –abundaba El Peje– de alguna manera refleja la situación del país… en febrero pedí a mi equipo un diagnóstico del estado actual del espectáculo en la Ciudad de México y en el país en general, y lo que falta es una política que defina los intereses y objetivos comunes que deben perseguir todos los sectores del mundo taurino para evitar abusos, componendas y engaños… Además, si el atractivo del espectáculo ha disminuido, eso no es culpa del gobierno de la ciudad, sino de los interesados en el negocio, porque se supone que la fuente de trabajo es de ellos, no del gobierno, y después, pero sólo después, de las autoridades responsables de cumplir y hacer cumplir el reglamento vigente.

“… en los toros, como en cualquier otro reglón de la vida pública, es injustificable toda omisión por parte de la autoridad responsable. Pero aquí no estamos hablando de taurinismo o de antitaurinismo, sino de algo muchísimo más importante para la salud de una comunidad: el compromiso con la ley. Si las leyes se incumplen, no hay negocio, público o privado, que pueda tener éxito ni trascendencia social”, subrayaba Andrés Manuel. Transcurridos 18 años, los resultados obtenidos por un multimillonario duopolio taurino –los Alemán y los Bailleres–, no pudieron ser más mediocres: ausencia de bravura, de figuras nacionales, de rivalidad y de interés del público, junto a la creciente dependencia de ventajistas toreros importados más una autoridad decorativa.”

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A reserva de finalizar en la próxima entrega las reflexiones de López Obrador hace 18 años en torno a la fiesta de los toros en nuestro país, ojalá Morena, por su bien, evite parecerse a impresentables partidos verdes y no le haga el juego al pensamiento único.

Publicado en La Jornada

¿La Fiesta en Paz? La abandonada tradición de los toros puso de acuerdo a los opuestos (en apariencia)

Por Leonardo Páez.

TAL VEZ EL destino de la fiesta de los toros era, como el de los amores fallidos, conocerla pero no amarla, disfrutarla pero no conservarla, enloquecer con ella pero dejarla, más que por traidores por algo aún más increíble: por distraídos. En efecto, hemos ido perdiendo la tradición taurina de México al olvidarnos de su esencia trágico-lúdica, de su naturaleza dramático-gozosa y de su refinado primitivismo en una época caracterizada por una hipocresía sin freno y una grosera clasificación de la barbarie: sangre humana sí, sangre animal no, porque los derechos de aquéllos no importan pero los derechos de éstos deben imponerse, en un irresponsable descargo de conciencia y un dilema tan falso como anticultural pero, también lo atestiguamos, hoy las versiones de cultura las imponen los poderosos y las acatan los temerosos. La uniformidad como el futuro de la humanidad.

EN SU MISTERIO milenario el culto táurico logró lo que ninguna ideología consiguió: unificar criterios en torno a la ignorancia, los prejuicios, el falso humanismo y una posmodernidad tan utilitaria como equivocada. Con relación a la tauromaquia, hoy podemos ver lo que creíamos imposible: que gobernantes e intelectuales estén de acuerdo, que universidades y pensamiento único formen un frente común, que posmodernos animalistas y premodernos partidos políticos unan conveniencias, que anticolonialistas sirvan a colonialistas y que taurinos y antitaurinos contribuyan por igual al asesinato de la ancestral relación hombre-toro, invocando un desvergonzado concepto de civilización. Ah, y que candidatos de izquierda, centro o derecha guarden un lamentable silencio en torno al tema, como si estuvieran en Ámsterdam y no en un país con 492 años de tradición taurina.

TAURINOS Y TAURÓFILOS, los que viven del opaco e inequitativo negocio de la fiesta y los que viven de la legítima cuanto secuestrada esperanza de ver el encuentro sacrificial entre un toro y un torero, ambos en plenitud de facultades, han contribuido con sus abusos y negligencia a que la fiesta de los toros haya perdido atractivo como liturgia ancestral, pasión como espectáculo e interés como evento de masas. Media docena de toreros-marca, una docena de ganaderías al gusto de éstos y unos cuantos empresarios sin talento para hacer repuntar el arte de la lidia mediante el descubrimiento, formación y estímulo de nuevos valores que compitan con los figurines ante reses con bravura y no sólo predecibles, más unos medios de comunicaciónpositivos, una autoridad decorativa y un público ignorado, son el escenario de la etapa terminal de una fiesta que, teniéndolo todo para recuperar su grandeza, carece de la voluntad y criterios empresariales de sus adinerados promotores para hacerlo.

LOS CANDIDATOS QUE hoy resulten electos –¿o de plano impuestos?– deberán mostrar sensibilidad y talento político también en materia taurina. El inexcusable silencio, la ofensiva indiferencia y el vergonzoso acatamiento a las indicaciones gringas de lo culturalmente correcto adoptado por los últimos presidentes de México, de De la Madrid a Peña Nieto, han confirmado la dirección errónea tomada por estos gobiernos, no por proyanquis y dependientes menos contraproducentes, al favorecer la autorregulación en beneficio de algunos y darle la espalda a los derechos ciudadanos, incluidos los pasivos aficionados. Si este descuido cultural no es subsanado, será la continuación del pensamiento único impuesto por Washington y sus servidores.

Publicado en La Jornada

¿La Fiesta en Paz? Payaso, es el que se maquilla para repetir las gracejadas y gestos que le ordena el dueño del circo

Por Leonardo Páez.

Con la creciente dependencia ante su insaciable vecino, hace un siglo que el Estado mexicano decidió poner todos los huevos en la canasta de Estados Unidos, con las consecuencias no por previsibles menos desatendidas: pérdida de territorio y de soberanía, imposiciones de toda índole, una revolución traicionada, préstamos sin seguimiento, complicidades entre gobiernos, fracaso de nuestra industria petrolera, narcotráfico solapado allá y mal combatido acá, migración creciente y un debilitamiento sistemático de valores culturales de México con el pretexto de un mundo globalizado, disfraz del colonialismo neoliberal apoyado por sucesivos regímenes entreguistas.

La tradición taurina de México no pudo quedar al margen de tantas claudicaciones y tras el repunte propiciado por Martínez, Cavazos y Rivera, los gobiernos mexicanos, siguiendo las indicaciones de Washington de obtener utilidades a toda costa, decidieron desentenderse, también, de la vigilancia y fortalecimiento de la fiesta de toros y dejarla en manos de empresarios tan poderosos como autorregulados y dependientes, en este caso de España y sus figuras, iniciando una sudamericanización de la fiesta de los toros en México, reduciéndola a cuatro o cinco toreros-marca importados, ante reses descastadas y dóciles, y sin intención de fomentar el surgimiento de toreros nacionales taquilleros y de rivalidades urgentes.

Payaso, por cierto, es el que se maquilla para repetir las gracejadas y gestos que le ordena el dueño del circo. Tras décadas de postración y admiración indiscriminada y acrítica hacia figurines desvergonzados y ventajistas, a pie y a caballo, ciertos comunicadores mexhincados se acordaron de valorar lo nuestro, así fuera post mortem, y lo que antes fue un duopolio de espaldas a la afición hoy es un monopolio sin imaginación pero, eso sí, con maquillados defensores de su inexcusable y mediocre oferta de espectáculo. Síganle, conocedores.

Los candidatos holandeses nunca pronunciaron la palabra tauromaquia, si bien uno de ellos ironizó que la única plaza vendida fue la Monumental de Aguascalientes. Va un breve cuestionario sobre el evadido tema de la tradición taurina de México que, por cierto, nunca ha contestado ningún candidato: 1) Su opinión de la multicentenaria tradición taurina de México. 2) Esta tradición, ¿refleja un modo de ser y de sentir del pueblo mexicano o es mero trasplante español? 3) ¿Por qué sucesivos gobiernos se han desentendido de vigilar y estimular esta tradición? 4) ¿A qué atribuir que toros y toreros de México no sean de exportación y que la balanza comercial taurina con España siga siendo desfavorable a México? 5) ¿Cómo explicar el alejamiento de gobernados y gobernantes de las plazas? 6) En caso de ganar las elecciones, ¿su gobierno vigilaría y estimularía la fiesta de toros, la dejaría como está o la prohibiría?

Publicado en La Jornada.

¿La Fiesta en paz? Emocionante y torera fue la novillada en La Florecita

Por Leonardo Páez.

El cuarto y último festejo en la plaza La Florecita, de Naucalpan, estado de México, organizado por la empresa Feria Toro, del matador en retiro Jorge Benavides Cúchares y José Luis Alatorre, se celebró el domingo 10 de junio con la novillada de triunfadores, en la que alternaron Francisco Martínez, de San Miguel de Allende, y Héctor Gutiérrez, de Aguascalientes, que cortaran oreja en el primer festejo; el mexiquense Sebastián Ibelles, triunfador en Los Azulejos, y Roberto Román, también hidrocálido, que se llevó un apéndice en la novillada anterior, para lidiar una señora novillada de San Marcos, con edad, trapío y exigencias de edad con bravura.

Abrió plaza Soñador, con 435 kilos, al que Francisco Martínez recibió a portagayola luego de una espera de rodillas que se hizo eterna. Novillo muy fuerte, bizco del derecho (trayectoria del cuerno más baja que la del otro), cogió a Martínez al intentar el segundo farol. Sin mirarse la ropa, lanceó con calidad a la verónica. Brindó a sus alternantes y a base de colocación, aguante y temple estructuró una faena sobria de tandas por ambos lados, con valor y verdad, a un novillo con transmisión. Tras una estocada casi entera, recibió merecida oreja.
Ilusionado, de 457 kilos, otro ejemplar muy serio, tocado del derecho (una de sus astas ligeramente más baja que la otra), claro en su embestida y con recorrido, correspondió a Héctor Gutiérrez, que empezó con minitandas hasta que la calidad del burel lo animó a prodigarse en series hasta de seis muletazos. Dejó una entera desprendida y cortó oreja.

Esforzado, con 470 kilos y también bizco del derecho, fue para Sebastián Ibelles, que se ajustó en verónicas antes de que el de San Marcos se arrancara de largo y con mucha fuerza al caballo de César Morales, que prendió en lo alto pero no logró contener aquel huracán y fue desmontado. Colocó una segunda vara, en corto. Con valor y afición, este Ibelles acusó la falta de rodaje –tres tardes este año– y realizó una faena entre altibajos. Dio una vuelta y otra con el picador César Morales.

Cerró plaza Empeñoso, con 465 kilos, alto, feo de hechuras y con las peores ideas, que tras dos varas convirtió el ruedo en un herradero.

Pero Tomás Román no especula, se entrega, y fue arrollado en tablas al intentar una larga, luego en un pase y luego en otro, hasta sumar cuatro revolcones con fuertes golpes, y en el ínterin muletazos dramáticos sin pestañear a un astado geniudo que nunca humilló. Román no cortó nada, pero hecho un santocristo escuchó gritos de ¡torero!, al dar una sentida vuelta por su entrega. La empresa designó triunfador del serial a Héctor Gutiérrez y el ingeniero Alberto Narváez, propietario de La Florecita, anunció que el jurado otorgó el premio al mejor puyazo al joven Daniel Morales, el mejor par de banderillas a Fernando García hijo, y el mejor quite a Héctor Gutiérrez por garbosas saltilleras.

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