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¿La Fiesta en Paz?: ¿Qué partido es menos taurino?

  • ¿Qué partido es menos taurino?
  • México en San Isidro

Por Leonardo Páez.

Ora es cuando, aficionados, le han de dar sabor al voto, paráfrasis del popular refrán ora es cuando, yerbabuena, le has de dar sabor al caldo, para indicar que ha llegado la oportunidad largamente esperada y debemos aprovecharla. Por ejemplo, el próximo 4 de junio, cuando podremos, ya, empezar a dejar de estar hartos de tanto saqueador inepto.

¿Hace cuántos sexenios, cuántos candidatos se han referido a la tradición taurina como patrimonio cultural inmaterial de México? 

Ocasionalmente, tres: en 1997, en el Anuario taurino de México, Carlos Castillo Peraza, del PAN, y Alfredo del Mazo González, del PRI, cuando contendieron por la jefatura del Distrito Federal con Cuauhtémoc Cárdenas, del PRD, quien rehuyó el tema taurino. Y en junio de 2000, Andrés Manuel López Obrador, en memorable entrevista para el semanario Proceso, en la cual, con inteligencia, respeto y mesura se refirió a la fiesta de los toros en nuestro país. Posteriormente, algunos gobiernos estatales han blindado a esta función, al declararla patrimonio cultural inmaterial de su entidad, sin más resultados que abstenerse de meter en cintura al empresariado taurino, siquiera en cuanto a la observancia del reglamento se refiere.

Hace 34 años el neoliberalismo nos incorporó, por decreto, no por organización y oportunidades, al grupo de los países globalizonzos, en esa mundialización torpe en que todos debemos ser como iguales, pensar, gustar y hacer lo que el imperio económico global ordene, por lo que ningún mandatario priísta o panista ha osado, en público, manchar sus poco elocuentes labios con la palabra tauromaquia. En lo oscurito, Fox y Calderón reconocen su afición, aunque durante sus desaprovechadas gestiones buen cuidado tuvieron de no molestar con la menor observación a los autorregulados neoliberales que se apropiaron de la tradición taurina.

Las oportunistas, contraproducentes y demagógicas acciones del impresentable parásito del PRI, el Partido Verde Ecologista de México, son de concurso. En su animalismo a rajatabla pretende salvar de maltrato a todas las especies, independientemente de la función y misión para la que hace siglos son criados, de manera que los caballos pura sangre se vuelvan de salto, los gallos de pelea se conviertan en sementales de engorda y los toros de lidia se reduzcan a mero ganado de abasto, mientras los liberados animales de circo se mueren donde ecológicamente puedan, en una percepción miope de la milenaria relación hombre-animal, por órdenes, no olvidarlo, de los compasivos dueños del mundo.

Simonía en Madrid. Dime de qué presumes y te diré de qué careces, reza el viejo refrán. No acababa el elocuente empresario franco-español Simón Casas de dar entrevistas acerca de su luminoso concepto de productor de emociones taurinas, a diferencia del simple empresario, y tras una gala en la que nomás faltaron los Óscares a los histriones más destacados de la fiesta, arrancó con una feria de San Isidro tan ramplona como las de su antecesor.

Entre lo destacable del prolongado serial hay que mencionar la presencia de México, no de toreros mexicanos, en el mismo. Por lo menos en el boleto de la corrida del pasado miércoles se presentó en la Plaza de Las Ventas Rodolfo Rodríguez El Pana –tan bueno que era, dicen los voceritos del sistema- en un estilizado dibujo con coleta, puro y sarape de Saltillo, y en las corridas han abundado las suertes capoteras creadas en México, como gaoneras, saltilleras o zapopinas. 
Algo es algo, dirán los incorregibles mexhincados.

Publicado en La Jornada

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¿La Fiesta en Paz? Escaso pan y pobre circo es jugar con lumbre


La excepcional expresión torera de Pepe Murillo sólo es comparable con la absurda marginación de que ha sido objeto por parte de las empresas. Foto Archivo.

  • Escaso pan y pobre circo es jugar con lumbre
  • Pepe Murillo o el arte de la paciencia

Por Leonardo Páez.

Cuando hay talento político, el alimento no escasea y abunda el divertimento organizado, pero cuando se lleva décadas instalado en el amateurismo, en el aprendizaje a costa de la ciudadanía, en las complicidades abiertas o mal disimuladas, en la dependencia postrada y las corrupciones alegres, en la falta de correspondencia entre lo que se dice y lo que se logra, la olla amenaza con explotar ante la escasez de pan y reiterada mediocridad del circo.

Héctor Azar, inolvidable maestro de teatro y de vida y taurófilo pensante, afirmaba: Al público no hay que darle lo que pida, sino enseñarlo a pedir. Y sí, en la palabra enseñanza es donde los regímenes de débil democracia tuercen el rabo, pues lo último que les interesa es un pueblo instruido consciente de sus derechos y posibilidades de desarrollo. En las décadas pasadas esto se ha traducido en una paulatina degradación de la calidad de vida mexicana, incluida una mezquina oferta de espectáculos a cargo de instituciones, medios electrónicos y empresas.

El reciente bofetón a cargo de la televisión privada –sobre todo de imaginación y responsabilidad social– con motivo del publicitado combate entre un boxeador sobrevaluado y un púgil de dinastía, confirman que la corrupción permea la vida nacional y la autorregulación de los concesionarios, solapada por la autoridá, no contribuye a fortalecer espectáculos ni a atenuar el creciente descontento.

El tíololismo padecido durante 23 largos años por la anterior empresa de la plaza México y avalado por taurinos, autoridades, medios y afición, es un golpe del que la fiesta de toros en el país probablemente no se recupere. Sin embargo, la vocación taurina de México aún posee recursos humanos y animales para corregir rumbos y repuntar posicionamientos.

Los recientes seriales de Texcoco, Aguascalientes y Puebla, con carteles convencionales y ganado de escasa emoción, confirman una realidad: si no se pone el énfasis en ganado más bravo, no de falsa garantía –la tauromaquia es azar, no toreografía predecible–, que anime al público a ir a ver toros con emoción y toreros dispuestos y diferentes, entonces los escenarios se verán cada día más vacíos.

Tras sus sorprendentes actuaciones en la última etapa de la temporada 2016-2017 en la plaza México –ante reses exigentes, primero de Marco Garfias y luego de San Marcos–, el torero tapatío Pepe Murillo –30 años de edad y nueve de alternativa, que no confirmó antes por el capricho inepto de la empresa anterior– ve pasar el tiempo entrenando y practicando el arte de la paciencia o ciencia de tu paz, como dijo el gurú.

¿Por qué sorprendentes? Porque en sus dos comparecencias, Pepe Murillo, con una sola corrida el año anterior, supo decir más, bastante más, que la mayoría de los toreros que se presentaron a lo largo de la temporada. ¿Y qué es decir delante de los toros? Realizar las suertes con absoluta naturalidad y elocuente expresión, sin más propósito que sentir lo que se está haciendo y hacérselo sentir al público. Eso es privilegio de unos cuantos que suelen torear medio centenar de corridas al año. Si este Murillo, con una sola tarde en 2016, sorprendió por su quietud, juego de brazos y cadencia con capote y muleta, ¿qué no hará si torea con más frecuencia? 

Señores empresarios: en matadores como Pepe Murillo hay posibilidades reales de tauromaquia expresiva, de interés masivo y de rivalidad en serio. Sacúdanse la rutina en la conformación de sus carteles.

¿La Fiesta en Paz? Las amenazas son internas; la autocomplacencia, de la élite


Por Leonardo Páez.

No imaginan los malos taurinos cómo se parecen a los malos políticos. Orgullosos de su mediocre desempeño, satisfechos de su corta percepción de las cosas y alardeando de una excelencia que desconocen, con sombrero ajeno y complicidades importadas, saludan a una sociedad que, tras años de descalificarlos, en el fondo los detesta, aunque apenas la dejen expresarse.

Todo sistema está compuesto de subsistemas que, en mayor o menor medida, se corresponden entre sí y con el suprasistema, que impone valores y directrices al resto del sistema. Si ese sistema, que se pretende democrático, carece de métodos inteligentes para ejercer el poder en términos de las necesidades de la ciudadanía y los reduce al interés de algunos sectores, el resto de los sistemas comportan procedimientos similares, si no es que se vuelven calca del sistema que los rige.

Si no hay un liderazgo político consistente, con rumbo definido y metas comunes y comprometidas, ¿por qué habría de haberlo en materia taurina? Si el mercado internacional determina la mayor o menor productividad en el país, ¿por qué el mundo de los toros tendría intención de privilegiar la bravura, fomentar competencias y estimular a toreros con cualidades? Si los responsables de una economía con alfileres son fuerzas del exterior y el coco Trump, ¿por qué asumir la tauromafia su responsabilidad en el descenso del espectáculo?

Antes que partidos impresentables y legisladores oportunistas, antitaurinos, una posmodernidad mal entendida y peor asimilada, así como unas autoridades sometidas a lo políticamente correcto, la fiesta de los toros acusa los efectos de un sistema político-ideológico caracterizado por una democracia endeble e individualista, medios condicionados, neoliberalismo dependiente, corrupción a todos los niveles y reducción al mínimo, acorde con el modelo impuesto por el suprasistema, de exponentes genuinos de expresiones identitarias, toros y toreros incluidos.

Sevilla, entre otros rasgos, posee el de la autocomplacencia. Sus prestigiados pregoneros anuales con motivo de la feria no hacen sino amontonar alabanzas a su estatura histórico-taurina y a la grandeza, en abstracto, de la tauromaquia, al tiempo que advierten sobre las amenazas, externas, claro, que se ciernen sobre la fiesta. Ni con el pétalo de un adjetivo señalan desviaciones, mansedumbres, abusos, fraudes, imposiciones de figurines, complicidades de empresas, relevos lentísimos y alcahuetería de los medios. Como en política, los responsables son los otros.

Recién se efectuó en Sevilla una mesa de análisis con personalidades convocadas por la Fundación de Estudios Taurinos bajo el título La tauromaquia, ¿amenazada?, y entre filósofos y antropólogos franceses, tratadistas, criadores y diestros españoles –las colonias del Nuevo Mundo pagan, no opinan–, sólo dos participantes apuntaron con tino. La matadora en retiro Cristina Sánchez aseveró: “El toreo vive de espaldas a la sociedad… le ha faltado seguir el devenir de ésta; se requiere un análisis en términos empresariales que determine las debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades del sector”.

Y Victorino Martín, el prestigiado ganadero madrileño, al referirse a la reiterada y en apariencia incorregible crisis de la fiesta aludió a un proceso de sajonización, precisamente como el toro de entra y sal, repetidor pero sin emoción, exigido por los figurines españoles para pegar pases y ofrecer faenas agringadas, de supermercado, de consúmase y tírese, le faltó añadir.

Publicado en La Jornada

¿La Fiesta en Paz? ¿En qué quedamos, por fin?, ¿la quieren o no la quieren?

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Hamponce y Alevoso de Mendoza, ¿únicos responsables?

Por Leonardo Páez.

De forma parecida se titula y empieza uno de los boleros del inspirado compositor Federico Baena (Ciudad de México 1917-1996), grabada por intérpretes como las hermanas Águila, las Hernández, Celia Cruz o Virginia López e infinidad de tríos, que versos más adelante dice: ¿Por qué ocultar la verdad?, mintiendo no ganas nada.

Mientras escuchaba la canción, ésta me fue llevando al deplorable mundo de los taurinos, tan aparentemente complicado, tan negligentemente abandonado, tan torpemente aprovechado, tan superficialmente agredido y tan cínicamente defendido. Lo anterior, a cargo de unas cuantas empresas tan poderosas como dependientes, ganaderos que hallaron la veta de la docilidad a costa de la bravura, figurines que sin llenar las plazas aún son contratados, autoridades carentes de autoridad, comunicadores constructivos y un público que no se cansa de desembolsar a cambio de espejitos.

¿Sabe usted cuántas veces han toreado después de su importante desempeño en las últimas corridas de oportunidá en la Plaza México, ante encierros con edad y trapío y una embestida exigente, no de entra y sal, los matadores Juan Luis Silis, Pepe Murillo y Antonio Mendoza? Ni una. ¿O en qué ferias han sido incluidos por sus probadas cualidades toreras? En ninguna. Pero el monopolio taurino y sus ramales insisten, a costa del presente y futuro de la fiesta de México, en traer año con año a los mismos diestros importados para que hagan arte con toritos de la ilusión ante escasos e inadvertidos públicos, en vez de poner a competir a toreros mexicanos con cualidades, celo y sello. Hay incompetencia y complejos, no visión empresarial.

El problema más grave de estos seductores toreros-marca, consentidos de las empresas, de ganaderos de dócil y de ciertos públicos, es que a su ventajismo de reses y alternantes añaden un concepto tonto de tauromaquia que se ha vuelto nociva práctica: torear bonito reses pasadoras, no someter con ética y estética toros encastados, de temperamento y notoria sensación de peligro. Lo primero llega a entusiasmar; lo segundo emociona.

Ya podrá Puebla, agraviada también en lo taurino, contar con un nuevo centro de espectáculos –Acrópolis– donde realizar corridas de toros, que si éstos brillan por su ausencia la suerte taurina de esa ciudad está echada. Transcribo algunas observaciones del crítico poblano Jaime Oaxaca sobre el festejo del pasado viernes 21, obvio, con los toreros-marca Enrique Ponce y Pablo Hermoso de Mendoza y la alternativa de Héctor Gabriel, ante otra pobre entrada:

“Los animales de Marrón no fueron aceptados por chicos y la empresa se comprometió a cambiarlos. ‘Ya vienen, ya vienen’ se decía, pero nunca llegaron; lo que sí llegó fue el viernes de la corrida y los secuaces de Hermoso se aventaron la puntada de decir que la policía detuvo en la carretera el camión que traía los toros. Como lo de Fernando de la Mora estaba muy chico, creo que ni siquiera llegó a la plaza. Esos animalitos los había escogido Ponce.

La empresa entonces trajo dos de Coyotepec y dos de Los Encinos, muy chicos, elegidos también por Ponce, que no quiso sortear, y ninguno de los alternantes se opuso. Héctor Gabriel, quien tomaba la alternativa, debió conformarse con mentarle la madre mentalmente. Total, novillos de Marrón para Pablito y novillos de Los Encinos para Quique, remata Jaime Oaxaca. Eso, señores, no es hacer fiesta, es matarla con el puñal de los figurines y de empresas y autoridades balines.

Publicado en La Jornada.

¿La Fiesta en Paz? Fragmentos de un discurso al alimón de Pablo Neruda y Federico García Lorca sobre Rubén Darío

Rubén Dario.
Por Leonardo Páez

Cuando taurinos y antis se esmeran en abolir la fiesta de los toros, convirtiéndola en lastimosa pantomima para figurines a pie y a caballo, pretexto de animalistas y rehén de politicastros, vale la pena recordar a dos seres humanos inspirados y pensantes que, valiéndose de añeja suerte del toreo, bordaron este bello diálogo, en Buenos Aires en 1934, para honrar al inmenso poeta nicaragüense y universal que bautizara al toro de lidia como bello rey de astas agudas.

Neruda: Señoras…

Lorca: Y señores: Existe en la fiesta de los toros una suerte llamada toreo al alimón, en que dos toreros hurtan su cuerpo al toro cogidos de la misma capa (…).

N. Nosotros vamos a establecer entre vosotros un muerto, un comensal viudo, oscuro en las tinieblas de una muerte más grande que otras muertes, viudo de la vida, de quien fuera en su hora marido deslumbrante (…)

L. (…) lanzar un gran nombre sobre el mantel, en la seguridad de que se han de romper las copas, han de saltar los tenedores, buscando el ojo que ellos ansían, y un golpe de mar ha de manchar los manteles. Nosotros vamos a nombrar al poeta de América y de España: Rubén…

N. Darío. Porque, señoras…

L. Y señores.

N. ¿Dónde está, en Buenos Aires, la plaza Rubén Darío?

L. ¿Dónde está la estatua de Rubén Darío?

N. Él amaba los parques. ¿Dónde está el parque Rubén Darío?

L. ¿Dónde está la tienda de rosas de Rubén Darío?

N. ¿Dónde está el manzano y la manzana de Rubén Darío?

L. ¿Dónde está la mano cortada de Rubén Darío?

N. ¿Dónde está el aceite, la resina, el cisne de Rubén Darío?

L. Rubén Darío duerme en su Nicaragua natal, bajo su espantoso león de marmolina, como esos leones que los ricos ponen en los portales de sus casas.

N. Un león de botica, a él, fundador de leones, un león sin estrellas a quien dedicaba estrellas.

L. Dio el rumor de la selva con un adjetivo (…) hizo signos estelares con el limón (…) nos puso el mar con fragatas y sombras en las niñas de nuestros ojos y construyó un enorme paseo de gin sobre la tarde más gris que ha tenido el cielo (…)

N. Merece su nombre rojo recordarlo en sus direcciones esenciales con sus terribles dolores del corazón, su incertidumbre incandescente, su descenso a los hospitales del infierno, su subida a los castillos de la fama, sus atributos de poeta grande desde entonces y para siempre imprescindible.

L. Como poeta español, enseñó en España a los viejos maestros y a los niños, con un sentido de universalidad y de generosidad que hace falta en los poetas actuales. Enseñó a Valle-Inclán y a Juan Ramón Jiménez y a los hermanos Machado, y su voz fue agua y salitre en el surco del venerable idioma (…) no había tenido el español fiestas de palabras, choques de consonantes, luces y formas como en Rubén Darío (…)

N. Lo trajo a Chile una marea, el mar caliente del Norte, y lo dejó allí el mar, abandonado en esa costa dura y dentada, y el océano lo golpeaba con espumas y campanas, y el viento negro de Valparaíso lo llenaba de sal sonora. Hagamos esta noche su estatua con el aire de esta sala, atravesada por el humo y la voz y por las circunstancias y por la vida, como está su poética magnífica atravesada por sueños y sonidos.

L. Sobre esta estatua de aire yo quiero poner su sangre como un ramo de coral agitado por la marea, sus nervios idénticos a la fotografía de un grupo de rayos, su cabeza de minotauro, donde la nieve gongorina es pintada por un vuelo de colibrís, sus ojos vagos y ausentes de millonario de lágrimas (…) Fuera de normas, formas y escuelas queda en pie la fecunda sustancia de su gran poesía (…).

Clamoroso triunfo de la ganadería de Piedras Negras en la Plaza México

  • En Teziutlán, bellas faenas de Jerónimo y Federico Pizarro.

Por Leonardo Páez.

Ayer, en la decimonovena corrida de la temporada y segunda de Cuaresma, rebautizada ahora como “Sed de Triunfo” en la Plaza México, ocurrió algo verdaderamente insólito: antes de comenzar la función un monosabio levantó una pizarra con el nombre de la legendaria y relegada por la empresa anterior, ganadería tlaxcalteca de Piedras Negras, y de pie el público asistente desgranó una sonora ovación, en un gesto que intentaba reparar tantas negligencias y omisiones para en seguida dar inicio a una sucesión de bellos reyes de astas agudas que serían aplaudidos, primero al aparecer en la arena y luego al ser arrastrados por el tiro de caballos. Todos recargaron en el puyazo y mostraron las exigencias de la bravura en serio. 

Posteriormente, se solicitó un minuto de aplausos en memoria de los matadores Jesús Solórzano hijo, y Mauro Liceaga, fallecido la mañana de ayer.

En otro cartel desalmado, hicieron el paseíllo Antonio García El Chihuahua 31 años de edad, ocho de alternativa y 19 corridas en 2016–, el regiomontano Juan Fernando –30 años, ocho de matador y dos tardes el pasado año–, el hidrocálido Mario Aguilar –25, siete y cuatro– y el zacatecano Antonio Romero –29, seis y ocho–, destacando por su compromiso responsable, actitud y nivel técnico Aguilar, que perdió la oreja de Ranchero por pinchar, y Romero, que sufrió una grave cornada en el ano cuando bordaba a Caporal.

Inexplicablemente el jurado determinó que el quinto fuese toreado por El Chihuahua y no Juan Fernando, que con Artillero había realizado una digna faena por ambos lados malograda con el estoque.

El Chihuahua, luego de banderillear, le espantó las moscas al abreplaza Legendario que, como sus hermanos, exigió aguante, colocación y mando, y en el quinto escuchó sonora rechifla y gritos de ¡toro! Mario Aguilar consiguió con Ranchero una tanda de templados derechazos y otra de naturales superiores. A su segundo lo recibió con bellos lances y realizó una faena entre altibajos que acabó aburriendo al toro y al público. Y una pena que Antonio Romero, quien se perfilaba como el más destacado con el mejor toro, Caporal, luego de tres cambiados por la espalda y templadas tandas por ambos lados, fuese prendido y corneado.

A la postre el triunfador de la tarde resultó el ganadero de Piedras Negras, Marco Antonio González Villa, que fue ovacionado en el tercio al doblar el quinto y obligado a dar apoteósica vuelta al concluir el festejo. No se merecía tan prestigiado hierro un cartel como este.

El día anterior, en Teziutlán, Puebla, la ganadería de Gonzalo Iturbe, sangre pura de Piedras Negras, sirvió para comprobar la diferencia abismal entre pasar con docilidad y embestir con bravura, al grado de que el rejoneador Rodrigo Santos resultó seriamente lastimado, con fractura de costillas, al intentar matar a pie a su primero, y uno de sus peones sufrió la luxación de un hombro al ser alcanzado, en tanto que el público, que hizo tres cuartos de entrada, experimentó la emoción incomparable de atestiguar la bravura.

Federico Pizarro le tumbó una oreja a su primero, y otra más a su segundo por un trasteo derechista. Por su parte, Jerónimo, con la intensa expresión torera que posee, recibió a su primero con lucidos mandiles y estructuró en los medios una inspirada faena por ambos lados, resolviendo e improvisando con una naturalidad y una estética inigualables. Dejó una casi entera y el público, enfebrecido, exigió las dos orejas para el torero, quien recibió a su segundo con verónicas de la casa y realizó una faena no sólo solvente, sino gozosa, para llevarse otra oreja, lo que hace augurar nuevos éxito con su apoderado el MVZ Sergio Ramírez. 

¡Ah!, si la tauromafia se decidiera por la bravura y no por la comodidad.

Publicado en La Jornada.

¿La Fiesta en Paz? Justicieros contra aficionados

  • Justicieros contra aficionados
  • Silis, ¿de qué sirve triunfar?
  • Vuelve Piedras Negras
  • Promociones Fiesta Futura

Por Leonardo Páez.

    En el medio taurino los justicieros se parecen a los mexhincados, con la diferencia de que los primeros pretenden anteponer la justicia, en abstracto, a la postración hacia lo extranjero, en concreto. Estos equitativos de ocasión hacen como que defienden los principios esenciales de la tauromaquia… a toro pasado, es decir, una vez que aprobaron todo cuanto dispuso el poder empresarial en turno, sin cuestionarlo, y aplaudieron el desfile de importados a costa de desplazados y relegados. En ambos casos se trata de entusiastas defensores del taurino, de un sistema empresarial tan poderoso como voluntarioso, de solapar las injusticias y la inequidad en nuestra fiesta de toros, pues.

    Para escándalo de los justicieros, el domingo pasado en la primera corrida de oportunidad en la Plaza México, el jurado de peñas taurinas decidió otorgarle un segundo astado al matador Antonio Mendoza, quien dejó vivo a su primero, y no a Oliver Godoy, quien mató al suyo. 

    Pero estos justicieros, que a figurines importados con 30 o 40 corridas toreadas les aplauden todo y se rasgan las vestiduras si un mexicano con apenas dos tardes deja un toro vivo, pasan por alto el criterio bien aplicado por las peñas: ver la aptitud y actitud de un joven torero que hace lucir un ejemplar con edad y trapío pero escasa transmisión. Con celo y sello, Mendoza se la jugó ante dos toros problemáticos; que no haya sabido matarlos no se justifica, pero menos que se premiara a quien sólo pudo hacer una faena adecuada a un astado débil y sin complicaciones. 

    Por lo demás, Mendoza confirmó su alternativa, aunque no haya matado a ninguno de sus toros, como ocurrió con el inolvidable Amado Ramírez El Loco.

    Juan Luis Silis, sobrado de cabeza, corazón y cojones, triunfador en esa corrida, relegado y ninguneado por las empresas no obstante sus reiterados triunfos en Pachuca, donde casi lo mata un toro en 2013 y con sólo tres tardes en 2016, pareció que trajera 30, aunque son las que ha toreado desde su alternativa el 21 de marzo de 2008. Así se hacen en México los buenos toreros sin influencias: entrenando, ejercitándose, soñando y haciendo antesalas ante desaprensivos promotores y ganaderos colonizados.

    ¿Sabe cuántas corridas le han ofrecido a Silis después de su completa faena en la México que coronó con certera estocada en la suerte de recibir cortando una oreja a ley? Acertó: ¡ni una sola! Ah, pero que no estornude o eructe uno de los diestros importados, porque oles y contratos no se hacen esperar, en esa nefasta tradición de rendimiento ante lo de fuera y menosprecio por lo nuestro. Calificar de agridulce este triunfo de Juan Luis Silis exhibe el rigorismo acomplejado de los exigentes falsos y los mexhincados de siempre. Carajo, empresarios mexicanos, ¡atrévanse a darle corridas a este torero de los pies a la cabeza!

    Hoy regresa a la Plaza México la legendaria ganadería de Piedras Negras, luego de más de 20 años en que la maternal empresa anterior no juzgó conveniente traerla y menos con los que figuran. Hacen el paseíllo Antonio García El Chihuahua, Juan Fernando, Mario Aguilar y Antonio Romero. Asista, no son toritos de la ilusión, sino reses encastadas que pondrán a prueba el nivel anímico y técnico de los alternantes. Habrá emoción, que es muy diferente de diversión y toreo de salón.

    El pasado viernes, en el bello Tepotzotlán, estado de México, fueron inauguradas las instalaciones Galería de Arte de la Tauromaquia y el Recinto del Toro y el Caballo, en Plaza Virreinal 6, gracias al entusiasmo de Promociones Fiesta Futura y de los restaurantes Correo Español y El Rancho. Un novedoso concepto del que hablaremos con más detalle.

    Publicado en La Jornada

    Plaza México: Encierro de Rancho Seco, disparejos de presentación y juego; poco lucimiento

    No nos entra en la cabeza que, antes que la nacionalidad, están la organización, los métodos de trabajo y los criterios de aprovechamiento, no de explotación insensata, de recursos humanos y naturales.

    Por Leonardo Páez.

    Agotadas las posibilidades de seguir dando una temporada grande a base de figuras extranjeras ante toritos de la ilusión, pues éstas regresan a su país de origen luego de haber hecho la América –tentar de luces a muy buen dinero–,  por eso la nueva empresa de la Plaza México decidió continuar sus esfuerzos, ahora con cuatro carteles dentro lo que piadosamente denominó Feria de la Cuaresma, donde cuatro alternantes disputan la oportunidad de matar uno de los dos toros restantes, como si de novilladas de selección se tratara. A saber lo que hará la empresa si tres o los cuatro diestros logran triunfar la misma tarde.

    En la primera de estas bien intencionadas corridas partieron plaza cuatro toreros que por injustificadas razones han sido relegados no obstante sus cualidades: Christian Ortega (36 años, 14 de matador y dos corridas toreadas el año pasado), Juan Luis Silis (36, ocho y dos), que confirmó su alternativa, Oliver Godoy (26, seis y una sola tarde) y Antonio Mendoza, quien también confirmó (23, un año y dos festejos), ante un encierro disparejo de presentación y de juego de la ganadería tlaxcalteca de Rancho Seco.

    Abrió plaza Pelotari, de 512 kilos, un bello ejemplar con edad y trapío que llegó a la muleta con calidad, transmisión y recorrido, y que afortunadamente correspondió al diestro capitalino Juan Luis Silis, quien casi pierde la vida en la Feria de Pachuca 2013 y cuyo valor sigue intacto, mientras su tauromaquia se consolida día a día.

    Saludó con templadas verónicas y media, y tras el puyazo quitó por precisas tapatías, midiendo y embarcando muy bien la embestida. A la muleta el astado acudió con emotividad y humillando, lo que permitió a Silis estructurar una faena por ambos lados, rematada con ceñidas manoletinas y coronada con una estocada recibiendo. La oreja fue cortada a ley. A su segundo lo bregó por nota, lo aguantó en riñonudas gaoneras y precioso recorte, y le sacó todo el provecho posible.

    Antonio Mendoza triunfó en la Plaza México y en los principales cosos del país, cayó de pie en Madrid y cuando se suponía que continuaría con esa racha, algo se interpuso en su ruta ascendente. Se las vio con Don Juan, de 552 kilos (¿qué necesidad?), al que recibió con suaves lances a pies juntos, quitó por ajustadas saltilleras y gaonera, y realizó una inteligente y valerosa faena a un toro deslucido, mostrándose puesto y dispuesto, como si trajera medio centenar de corridas. Se puso pesado con el acero y escuchó los tres avisos. Con su segundo, que acertadamente la empresa le cedió, volvió a hacer lucir una embestida deslucida, y de nuevo vio cómo el toro regresaba vivo al corral.

    Una entrada lamentable para la primera de la Feria de Cuaresma.

    Solventes y muy dispuestos anduvieron Ortega y Godoy; el primero lucido en banderillas y el segundo sin aprovechar del todo al ejemplar que le tocó en suerte.

    Entre los muchos problemas que hoy enfrenta la fiesta brava de México quizás el más arraigado siga siendo un alegre complejo de inferioridad que con el correr de los años se ha ido fortaleciendo y extendiendo a todos los sectores, en correspondencia con gobiernos cada vez más dependientes y a sectores más entreguistas.

    Seguimos creyendo que los de fuera son genios per se y que nosotros somos tontos porque sí, porque no tenemos historia y menos memoria para tomar lecciones de ella. No nos entra en la cabeza que, antes que la nacionalidad, están la organización, los métodos de trabajo y los criterios de aprovechamiento, no de explotación insensata, de recursos humanos y naturales.

    Publicado en La Jornada.