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Valores del Toreo por Antonio Burgos

Curro y Rafael. Maestros de los ruedos y de la vida.

Para Andrés Amorós.

Salíamos de almorzar en un restaurante de Sevilla, cuando un muchacho muy bien trajeado, de las mejores maneras posibles se acercó a Curro Romero y con todo respeto le dijo: Maestro: me llamo Gonzalo Caballero, soy novillero, aún no he debutado aquí en Sevilla, y lo que más ilusión me haría es que usted quisiera hacerse una foto conmigo. ¿Me da su permiso para que mi novia nos tome una foto con el teléfono? 

El Faraón se prestó gustoso a la foto, en la que el novillero se puso como en un segundo plano, dando su sitio al maestro. Pero aquella misma tarde, metros más allá de donde Caballero había hecho honor a su apellido y pedido tan ceremoniosamente la foto a quien es Historia del Toreo, nos cruzamos con algo tan terrible como unos excursionistas de la tercera edad procedentes de algún pueblo de la España profunda, que al punto reconocieron al torero. Y empezó el manoseo:¡Ven, Carmela, corre, que está aquí Currito y nos vamos a echar todos una foto con él! Ni permiso, ni de usted, ni nada. A pelo de mala educación. La que se está apoderando de España. En la que, por eso, cada vez me sorprenden más las maneras y modos no sólo de los toreros, sino especialmente de los alumnos de las Escuelas de Tauromaquia. 

En esta España donde a los maestros se les habla de tú en una enseñanza degradada, los alumnos de esas escuelas son un prodigio de educación, de urbanidad, de respeto. Siempre con el usted por delante, con el “maestro” como tratamiento de veneración a los que han sido o son en el oficio que quieren aprender. 

¿Un resto de la España gremial? 

Pues sí: ya no hay aprendices que valoren a sus maestros…más que en las Escuelas de Tauromaquia.Como un argumento más, y no menor, en defensa de la amenazada y denostada Fiesta Nacional yo diría que el Toreo es un conservatorio de valores que se han perdido en nuestra sociedad: el culto por las buenas formas, el respeto, el deseo de excelencia. Y un compañerismo entendido hasta el borde de la muerte, con renuncia a uno mismo. Impresiona el valor de los toreros, pero más cómo conservan sus valores morales y estéticos. 

Lo vi la otra tarde en Illescas. Ya retirado, volvía al toreo por una sola tarde quien fue “El Niño de Pepe Luis”, en quien Sevilla tuvo puestas todas sus complacencias y esperanzas: José Luis Vázquez Silva. Morante y Manzanares lo acompañaban en el cartel que encabezaba. Entusiasmó Pepe Luis con la resurrección de la Gracia marca de la casa de su inolvidable padre, pero no cortó oreja. Mientras que Morante y Manzanares, con sus triunfos, tuvieron todas las necesarias para salir por la puerta grande. 

¿Y qué ocurrió al final del festejo illescano? 

Que si hubiera sido en el competitivo mundo de los ejecutivos y con su código de valores de triunfar aunque haya que cortar cien cabezas, Morante y Manzanares hubieran salido por la puerta grande, como se ganaron con sus peludas, y Pepe Luis, en solitario, en el caballito de San Fernando, un ratito a pie atravesando el ruedo y otro andando al salir por la puerta de cuadrillas, más solo que la una. No pasó tal. Funcionó el Conservatorio de Valores que es el toreo, y Morante y Manzanares renunciaron a salir a hombros para no dejar que Pepe Luis que se fuera en solitario andando del ruedo. Grandeza se llama la palabra. Grandeza perdida, que hallas en el Toreo. Y que no es nueva. 

Una tarde, en Jerez, Curro Romero cortó dos orejas de ensueño y Rafael de Paula armó tal mitin que hasta, enrabietado, se arrancó la castañeta como quien se corta la coleta. Curro no quiso salir a hombros por la puerta grande. Al final, se acerco a Paula y le dijo: “Rafael, si a ti no te importa, yo no voy a salir a hombros para poder acompañarte a ti a pie en la salida, que sé las fatiguitas negras que estás pasando.” 

Óle el Conservatorio de Valores del Toreo.

Publicado en ABC.

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Rafael de Paula: “España no sería España sin las corridas de toros. Y punto.”

La sede central de Caja Rural, en la Plaza de la Magdalena, ha acogido este martes a dos maestros del Toreo de la talla de Curro Romero y Rafael de Paula, quienes con su presencia han dado lustre a la presentación del libro ‘Torerías y diabluras’, cuarta obra deJesús Soto de Paula, hijo del torero jerezano.

De S y S.

El acto, al que han asistido entre otros el consejero de Economía y Conocimiento de la Junta de Andalucía, Antonio Ramírez de Arellano, o el diestro Juan Antonio Ruiz ‘Espartaco’, ha sido conducido por el periodista de ABC Alberto García Reyes, quien comenzó dando lectura al prólogo del libro, escrito por el propio Curro Romero. 

Después y tras el amplio discurso del autor de la obra, tomaron la palabra los dos veteranos toreros, primero Paula con su genialidad de costumbre -empezó diciendo que “si Obama fuera español, yo votaría a Obama- y para finalizar Curro Romero, quien tuvo sinceras palabras de agradecimiento hacia el hijo escritos de su compañero.

Paula señaló la diferencia entre «la literatura y la crítica taurina», y citó a Ortega y Gasset para arrancar una sonora ovación. «España no sería España sin las corridas de toros. Y punto. Las corridas son un acontecimiento, eso de espectáculo es una cosa chabacana. El toreo es gloria, así que Dios bendiga al toreo», dijo.

“¿Tú quieres seguir hablando?”, le preguntó Romero. “Con tu permiso, Curro”, le dijo Rafael. “Nada, tú remata”, sentenció el Faraón de Camas para que pudiera mostrar su alegría porque “Curro haya hecho un prólogo hermoso y salido del corazón en el que ha echado el alma, porque me consta el afecto y el cariño que le tiene a mi hijo, y viceversa”.

Así lo confirmó el maestro para abrochar la faena. Y como siempre, se mostró agradecido. “Gracias, Jesús, por el espacio que me dedicas como torero en el libro. Me hago cargo de lo que has sufrido para decir estos lances de lamento sufridores, amorosos y acariciadores”.

El maestro de Camas tiró de memoria: “Me acordaré mientras viva de cuando toreaba con tu padre y de pequeño te metías en mi habitación. Eres un hombre muy bueno y te lo mereces”, sentenció. 

La vuelta al ruedo del acto fue con el eco de Jerez en el cante de Agujetas.

Con información de ABC.ES y EFE.

El apoderado de Curro

Por Antonio Burgos.
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COMO me gusta ir siempre a contraflecha, cuando todo el mundo habla del empoderamiento yo voy a escribir hoy del apoderamiento. De un apoderamiento de arte.

De un apoderado insólito. Verán: el 3 es un número mágico en el toreo. En los festejos actúan tres diestros; cada uno lleva en su cuadrilla tres banderilleros; la lidia tiene tres tercios; se ponen tres pares de banderillas; suenan tres avisos para echar a un toro al corral.

Pues hubo una vez en Sevilla una de estas triadas capitolinas del toreo, de las que surgió un mito legendario. Coincidieron un empresario único, altruista, incluso aficionado a perder el dinero con tal de cumplir sueños de carteles. Se llamaba Diodoro Canorea.

Encontró la horma de su zapatilla torera en un diestro de arte, un sueño de Sevilla hecho breve capote y dominadora muleta planchada en una figura erguida, como de bronce. Se llamaba (y se sigue llamando, y por muchos años) Curro Romero. Quien, a su vez, halló las dimensiones exactas de su breve capotillo en un apoderado excepcional, atípico, que no tenía al dinero, sino arte.

Se llamaba Manuel Cisneros este apoderado aragonés, taurino de paladar, que mandó en el Toreo cuanto se podía y un poquito más. Si a esa triada capitolina de Canorea, Romero y Cisneros le sumamos Sevilla, tendremos la mágica razón de la creación de un mito, una filosofía, una estética, cual el currismo.

Nos ha dejado Cisneros y de aquella triada ya sólo queda Curro… y Sevilla. En la soledad de los héroes y los mitos, Romero ha sentido como pocos la muerte de su Manuel Cisneros.

Era Cisneros un aragonés serio y recto donde los hubiera, que había querido ser torero. El único que podía estar junto a Curro. El que le encontró su sitio exacto, después de haber sido el Faraón poderdante de tantos taurinos que nunca llegaron a comprender su arte. Lector fecundo, muy entendido en pintura, Cisneros conocía como pocos las miserias y grandezas del Toreo.

Y le tenía un respeto impresionante a esta Sevilla en la que, como legacía de Balañá sobre Canorea, ejerció de sacerdote en las nupcias civiles entre la simbología de la ciudad y el mito del Faraón.

Era una insólita excepción de señorío en un mundo de chuflones como es el planeta de los toros. Lo veías y Cisneros parecía un catedrático de instituto de alguna ciudad de su Aragón más que el clásico apoderado al uso de puro, guayabera, jipijapa, tumbaga, comilona, querindonga y poca vergüenza.

Buen conversador, tolerante, Cisneros era de la respetable estirpe de los españoles que crecieron en familias republicanas. Sufrió la amargura de la derrota de muchas ilusiones tras el Desfile de la Victoria.

Y permaneció por libre fiel a esas ideas, defraudado como muchos españoles por la esperanza en la izquierda tras la recuperación de la democracia. Harto de coles como muchos rojos por el plan antiguo, como lo era también el republicano Canorea.

En los 80, Cisneros llegó a mandar en el Toreo más que nadie; yo creo que más que Camará en los 40. Pero en silencio, cuando Barcelona era Barcelona y Balañá era Balañá. Como a Balañá las que le interesaban eran las salas de cine, dejó sus plazas en manos de Cisneros.

Que, apunten, llegó a llevar la contratación de toreros y compra de toros de Barcelona, Palma de Mallorca, Barbastro, Huesca, Calatayud, Medina del Campo, Almagro, Manzanares, Guadalajara, Linares, Jerez, El Puerto y Huelva, además de una especie de comisariado vigilante sobre la empresa Pagés en Sevilla, ante la asfixia económica de Canorea.

Y aunque tuviera Cisneros todas estas bazas del toreo en su mano, con su modestia, nunca desafió a nadie como su cardenal colombroño: «Estos son mis poderes». Cuando su poder mágico supremo fue la acuñación y perpetuación, con Canorea, de Curro Romero como mito de Sevilla.

Fuente: Periodista Digital

Curro, es la vida.

Curro Romero.
 

Por Fausto Romero-Miura Giménez.

El domingo, a las cuatro y veintiocho minutos de la tarde, mientras hablaba por teléfono con Fausto, mi nieto, oí una voz que no era la suya, más adulta y grave, que decía “¿Fausto?” Esa voz, personalísima, me sonó a sueño pero ¡no podía ser, era imposible que fuese la soñada! Pregunté: “¿quién es?” Y la voz, amable, sonriente y sabedora de la incredulidad que había de producirme, dijo: “Soy Curro”. 

¡Curro Romero, el ídolo de mi vida, la pasión que aún me abraza ! Y hablamos mucho y recordamos y reímos. Y me explicó que habían coincidido en el mismo restaurante y que Fausto, mi nieto, con la complicidad de Carmen, su mujer apiadada, le hicieron comprender lo feliz que me haría oírlo. 

Y el Maestro – ¡con qué señorío tan sencillo puede hacerse feliz a un niño y a un viejo seguidor!- me habló.


¿Lo haría Ronaldo, Messi o cualquiera de estos divitos?¿Penélope y Bardem, o su madre, ceja incluida? 


Curro, sigue siendo el Mito eterno, querido, cálido y tímido, con el señorío y la caballerosidad humilde de quien, en la vida civil, es Excelentísimo señor, Hijo Predilecto de Andalucía, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, Académico de la Real Academia de Bellas Artes de Sevilla. Y, en la Torería, el dios, El Faraón.
El Toreo es grandeza. Y se es torero siempre y para siempre, dentro y fuera de la Plaza. Lo definió, como nadie, Fernando Cepeda, cuya madre, doña Leonor, una señora literalmente excepcional, me contaba que sólo iba a La Maestranza cuando toreaba Curro

Soy currista desde la primera vez que lo sentí torear -porque yo, en lo toros, no veo: siento; no soy espectador, sino sentidor-  en Almería, el 28 de agosto de 1959, la tarde de mi bautizo en una religión mágica que él me hizo profesar con creciente devoción, fidelidad y entusiasmo: el currismo, reconocido judicialmente, en sentencia del T.S.J.A. de 22 de enero de 1999: “sentimiento arraigado y profundo como el que más, creador de una ilusión permanente, de una esperanza incondicional y de una forma de entender la vida”  ¡De qué poca gente habrán dicho los jueces que su personalidad imprime carácter! 

¡Qué bendita locura, que, desde entonces, no me ha abandonado! El mismo Curro ha podido comprobarlo en alguna de las escasas conversaciones -es afable y cordial, pero poco hablador en palabras; habla con su toreo, que sigue vivo en nuestra memoria- que hemos tenido, como una a solas, en el Hotel Torreluz, cuando aparecí en su habitación, en la que estaba solo, cargado con mis avíos: dos grandes cuadros de López Canito con él de protagonista; varios tauromaquias y biografías; su disco de villancicos con Antoñete y Gitanillo de Triana, y varias fotografías en las que estamos juntos… con un intervalo de cuarenta años. Se sorprendió ante tanta devoción mía y, más, cuando entendió que yo le decía que sentirlo torear era como dar a luz. Carlitos -más bien Carlote- Núñez me llamó para contarme que Amós Serra, un amigo de los tres, le había contado que al Torero le pareció una comparación hermosa: que su toreo era como alumbrar una vida. De verdad, lo es. Y, seguro, si él entendió eso, es que eso era lo que yo quería decirle… Y otro día, en Aguadulce,  me ofrecí a hacerle de toro para que no se retirase sin haber toreado, aunque fuese de salón, un Miura… 

Se cumplen hoy 57 años, 3 meses y 13 días desde que lo sentí  por primera vez, y la pasión no hace sino crecer: como Machado decía “de toda la memoria, sólo vale / el don preclaro de evocar los sueños”, sustituyo sueños por recuerdos y re-vivo en presente, ahora, cada uno de los momentos mágicos que Curro Romero me hizo vivir entonces. ¡Y fueron tantos! La tarde, en 1967, en que se negó a matar un toro en Madrid, pasó la noche detenido en la temible Dirección General de Seguridad de entonces -en la que se coló el periodista Julián García Candau vestido de camarero- y al día siguiente salió a hombres con Diego Puerta y Paco Camino; los célebres siete toros con el vestido de terciopelo rojo que me costaron acabar la carrera de Derecho en octubre, pues coincidía la corrida con el último examen, en mayo: mis padres -también curristas- no sólo lo entendieron, sino que me animaron; la apoteosis de Granada; las tardes triunfales y sangrientas de Almería, incluida pañoleta roja perdida en la enfermería… y hallada… y escondida. Y es que tiene un record en nuestra hermosísima Plaza: el delirio de nueve orejas y un rabo… y siete tardes de bronca, en las que decía, porque sabía de nuestra locura/devoción: “no me duele que me tiren almohadillas, porque no tiran a darme”. Y más: la apoteosis de Antequera, cuando cruzó el ruedo ganándole terreno al toro en cada una de sus verónicas arrebatadas; su último Festival en La Algaba… horas antes de anunciar esa noche su retirada, sin alharacas y por sorpresa, y no como El Guerra quien, cuando le preguntaron “Maestro, ¿va a sentir nostalgia o pena cuando se retire?”,  respondió: “¿Pena yo? Eso, ustedes” 

Curro se retiró con su discreta modestia pero nos dejó con la pena de que habló Guerrita. Claro que, a los sesenta y seis años, y cuarenta y uno de Arte, tenía todo el derecho a pensar en él. Mi desconsuelo sólo podría consolarlo el pasado, recordándolo –a él solo en el cráter dorado del volcán escenario de la fiesta lúcica, de tantas luces; la fiesta coral de toro, torero y público- creando mariposas rojigualdas de percal en forma de verónica, y sus naturales tan naturales -“yo invito al toro a pasar, pero si no quiere, no le voy a insistir, sería una indelicadeza”,  decía- esculturas etéreas e irrepetibles que duraban, en la realidad, apenas décimas de segundo pero en la memoria de mi sentimiento toda mi vida.

Porque el currismo es devoción. Tanta que he seguido a su sobrino nieto, José Ruiz Muñoz, guiado también por Gonzalito,  la persona a quien más envidio en España, pues durante treinta y dos años fue el Mozo de Espadas, confesor y consejero de Curro, con quien establecí una relación muy cordial y quien, por cierto, no me desmintió que aquella noche de Feria comprase todas las hamburguesas a Uranga para que el Torero, que toreaba al día siguiente, pudiese descansar, cuando la Feria se celebraba en el Parque, al que afachaba el Gran Hotel. Y, ya de despedida, me cantó este fandango: “¡Romero! / y en el camino un Romero / que más allá tiene un camino / con l’ aroma del romero / se está alegrando el camino / de camino y de Romero”. 

¡Quién me iba a decir que, en el otoño de mi vida, mi nieto y mi Mito iban a alargar ese camino feliz!

Nada de Curro me es ajeno. Es un referente y modelo de vida. Curro, es la vida.


 Fuente La Voz de Almeria

Los ‘urquijos’ del día de la Ascensión

Los ‘urquijos’ del día de la Ascensión

La leyenda del currismo se cimentó el 19 de mayo de 1966, hoy hace medio siglo.

Por Alvaro R. del Moral para elcorreoweb.es

Sevilla, 1966: «Lo más trascendental de este año aconteció la tarde del 19 de mayo», escribía el recordado periodista sevillano Filiberto Mira en su recurrente Cien años de toreo en Sevilla. «Fue en este día cuando nació el mito, comenzó la leyenda y se dilató la exageración hasta superar todo lo imaginable», evocaba el veterano informador añadiendo que aquel Jueves de la Ascensión «se alumbró cuanto de hipérbole tiene el currismo». José Carlos Arévalo y José Antonio del Moral hablan de «desquite inenarrable» apuntando a los discretos resultados de su paso por la Feria de Abril de aquel año pero… ¿qué sucedió aquella tarde de mayo de hace medio siglo exacto?

Las cosas no le habían rodado a Curro Romero en la Feria. Había resultado triunfador otro camero, el gran Paco Camino, que no prodigó demasiado su magisterio en la plaza de su tierra. Pero, ojo, 1966 también fue el año de la famosa faena de El Viti al toro de Samuel Flores y hasta de la presentación como novillero y matador –en mayo y octubre– de un jovencísimo Paquirri que abrió su primera Puerta del Príncipe. Pero el futuro Faraón, que había tomado la alternativa siete años antes en la plaza de Valencia, pasó con más pena que gloria por los festejos de farolillos. Curro había contratado tres tardes en el ciclo: el 16 de abril con Ostos y El Cordobés para estoquear un encierro de Benítez Cubero; el 20, con Victoriano Valencia y El Viti para despachar los samueles y, finalmente, de nuevo con Jaime Ostos y su vecino Paco Camino con toros de Alipio Pérez Tabernero. El camero pasó en blanco por las tres y en la tercera tarde, aciaga, se produjo aquel célebre grito de un aficionado del tendido: «¡Curro, ya llegará el verano!». Había que hacer algo.

En esas circunstancias se forja la organización de la corrida con una fecha que entonces era festiva –el jueves de la Ascensión– y un destino muy concreto: la Cruz Roja Española. Cuenta Antonio Petit que la idea de afrontar ese reto fue de José Ignacio Sánchez Mejías, hijo del recordado diestro y apoderado del camero que sabía bien lo que se jugaba. Se trataba de poner el ansiado no hay billetes fuera del abono y restañar los platos que se habían roto en la Feria. Diodoro Canorea, que se apuntaba a un bombardeo, sumó su entusiasmo a la idea y el acuerdo final se cerró en 600.000 pesetas de entonces -3.600 euros de hoy- no sabemos si con la condición de dejar las taquillas sin un solo papel.

La valiosa hemeroteca de El Correo de Andalucía rescata la crónica de Delavega, veteranísimo crítico titular del decano de la prensa sevillana en aquella década prodigiosa. Con el epígrafe habitual de Torerías, Delavega describe el acontecimiento bajo el titular de La tarde inolvidable de Curro Romero: «Escríbase esta fecha con letras de oro en los anales de la plaza de la Real Maestranza de Sevilla. Curro Romero ha matado él solo seis toros. Seis toros de seis estocadas. Un curso completo de arte del toreo. Ocho orejas cortadas. La Puerta del Príncipe que se abre de par en par para que por ella salga el TORERO, así con mayúsculas».

A Curro le bastaron una hora y tres cuartos -la duración habitual de las corridas de entonces- para salir a hombros por el Paseo de Colón y llegar al hotel con el traje destrozado por los aficionados. «Ha toreado con el capote en los seis toros; le ha hecho faena de muleta a los seis; siempre a dos dedos de los pitones; siempre rebosando arte en lo que hacía…». Delavega narra faenas de muleta «en las que el toreo en redondo encontraba la más maravillosa explicación que pueda darse, y los pases ayudados por alto eran arcos de triunfos bajo los que pasaba el toro noble…”.El veterano cronista va más allá y habla de un toreo «que huele a retama, a tomillo, a romero… porque para escribir lo que hizo Curro ayer no tenemos que recurrir a la cursilería del frasquito de esencia ni se puede escribir de rosas, de claveles o de nardos».

Tampoco hay que olvidar que el milagro currista fue posible gracias a la colaboración de un encierro de Carlos Urquijo -la actual ganadería de la familia Murube– que envió a los corrales de la Maestranza seis excelentes ejemplares desde la mítica finca de Juan Gómez, en los campos de Los Palacios. Delavega alude a una corrida «superior, preciosa de lámina, alegre en la embestida» y, finalmente, traza un paralelismo con la festividad de la Ascensión: «Ese día Curro ascendió a la cima del arte del toreo; de ahí no habrá quien lo mueva». Había nacido una religión.

Twitter @Twittaurino

Se agotaron en un día las localidades para el homenaje a Curro Romero

Por Beatriz Cortázar.

Como era de imaginar, en menos de un día se agotaron las localidades para acudir al homenaje que se le va a rendir a Curro Romero en el teatro de la Maestranza, el próximo 1 de marzo. Junto a la plaza de toros sevillana que tantas tardes de gloria protagonizó el Faraón de Camas en Sevilla no se habla de otra cosa que de este espectáculo de los flamencos a su adorado Curro y que servirá para recaudar fondos a beneficio de la acción social de la Hermandad de los Gitanos.

Se da la circunstancia de que el homenaje estaba programado hace año y medio, pero la muerte de la duquesa de Alba, gran amiga de Romero y su esposa Carmen Tello, hizo que se suspendieran los preparativos. Cayetana estaba muy ilusionada, puesto que conocía los planes desde meses antes pero su debilitada salud impidió que se cumpliera su deseo de acompañar a su torero favorito en un día tan especial. Por eso durante el homenaje habrá un recordatorio para la duquesa quien hubiera disfrutado como pocas con las actuaciones de los artistas que van a participar en este homenaje y entre los que figuran desde Miguel Poveda a El Lebrijano pasando por Aurora Vargas, Eva Yerbabuena, Jose de la Tomasa, Pansequito, Marina Heredia, Cepero, Rancapino Chico y Paco Suárez. Sin duda un cartel único y de ahí la desesperación de muchísimas personas que no han podido conseguir una entrada para la que será una noche irrepetible con un escenario cuajado de romero y un sinfín de emociones y palabras de agradecimiento hacia el gran Curro, el hombre que siempre cuenta que no es gitano pero «hace trescientos o cuatrocientos años tuve que serlo».

Al frente de todo y cuidando hasta el ultimo detalle su mujer Carmen Tello es quien se está dejando el alma para que todo salga a la perfección. Esa noche se rodearán de sus íntimos amigos de Sevilla y de muchos rincones de España que tienen pensado viajar para acompañarles. Se da por descontado que uno de los seguros es Alfonso Diez, el duque viudo de Alba, quien mantiene un contacto continuo y estrecho con los amigos que hizo durante sus años de unión con la duquesa y especialmente con Curro y Carmen a los que quiere de manera especial y de ahí las visitas que de manera regular hace a Sevilla, la ciudad que siempre le recordará los años más especiales de su vida.

Fuente: http://www.abc.es/estilo/gente/abci-toreros-y-famosos-arroparan-curro-romero-201602180327_noticia.html

Diálogo entre Curro y ‘Flautino’

  

Se lidiaron toros de Gabriel Rojas para Curro Romero, Rafael de Paula y Paco Ojeda Llegaba Romero con el crédito a la baja, pero Sevilla seguía esperándolo y se reencontró con él cuando abril moría.

Por Luis Carlos Peris.

BISIESTO año de 1984 y nada hace presagiar lo que va a suceder en esta tarde de lunes del alumbrado en la del amarillo albero. La Feria va discurriendo sin grandes sucesos, se pueden contar con los dedos de la mano los detalles a tener en cuenta y en éstas que amanece 30 de abril en todos los almanaques de Occidente. Y en esta despedida del mes de abril se anuncia el cartel que más expectación ha levantado desde que dos meses antes viera la luz con la puesta en escena que cada año hacía Diodoro Canorea en Río Grande. 

Hasta llegar a ese día grandioso del último de cuantos conforman el mes de abril, Curro Romero llegaba tras un Domingo de Resurrección compartido con Paquirri y Galloso en el que estuvo por debajo de sus compañeros de cartel, mató el sábado de preferia la de Manolo González en compañía de Antoñete y de Tomás Campuzano sin que pasase nada para la posteridad y llegaba a este lunes del alumbrado ferial con el personal esperándole sin demasiada confianza en el milagro.  

Se anuncian seis toros de Gabriel Rojas para Curro Romero, Rafael de Paula y Paco Ojeda. El gitano de Jerez sólo viene a esta corrida y tanto Curro como Ojeda han pasado de puntillas por sus compromisos anteriores, dos el camero y uno el marismeño, que había matado el día antes la de Juan Pedro en compañía de Paquirri y de Curro Durán. Se coloca el cartel anhelado de que no quedan entradas y la expectación se desbordacuando aparecen en la puerta de cuadrillas Curro vestido de grana y azabache en una época donde se prodigaba bastante con esos bordados negros, Paula de nazareno y oro y Ojeda de gris plomo y oro. 

Y pasará que la corrida no va saliendo a gusto de los toreros. No puede decirse que no pongan de su parte, pues hasta Romero y Paula se afanan con sus primeros mientras que Ojeda busca y rebusca para encontrar una distancia y un acoplamiento que se le niega por culpa de un lote muy a contraestilo. Además, tanto el jerezano como el sanluqueño se eternizan con la espada y suena un aviso para cada uno. Decididamente la tarde no daría más de sí para ambos. 

Sí que dio para Romero, que iba a cuajaren el sexto una de las faenas más macizas de su vida. Le tocó en suerte Flautino y aunque en el capote no pasó nada digno de mención, sólo ver la decisión con que Curro tomó estoque y muleta ya hizo presagiar el suceso que iban a contemplar estos ojos que ha de comerse la tierra. Todo lo que se diga, todos los adjetivos que se viertan en negro sobre blanco serán insignificantes y sin que puedan dar una remota idea de loque le bajó al Faraón directamente del corazón a sus muñecas de privilegio. 

Sin probarlo y muy fuera de las rayas de picar, Romero bordó el toreo en redondos para ir cerrando paulatinamente el círculo y rematar con el de pecho por la hombrera contraria. Con eso se aclara que lo que estaba haciendo era, llana y simplemente, el toreo de siempre. Tres series de redondos sobrenaturales para que el público se pusiera en pie al verlo torear con la muleta en la izquierda en unos naturales plenos de pureza y naturalidad en los que Flautino, que quería comerse el engaño, llegaba hasta más allá de la cadera. Un kikirikí para el recuerdo, más naturales y el desplante que ilustra esta entrega periodística. Lo mató muy de verdad y Romero dio una parsimoniosa vuelta al ruedo, una de esas vueltas al ruedo que el irrepetible camero daba como nadie nunca jamás supo darla, circunvalando una plaza entregada y enamorada como jamás se enamoró de nadie más. 

Sevilla, en esa despedida del mes de abril, inauguraba esa noche su Feria y nada mejor para abrir la fiesta que irse a ella con el regusto de una faena de su torero del alma. Hay que insistir en que la faena, o el diálogo de Curro con Flautino fue una de las obras más brillantes que el torero cuajó en su dilatada vida de torero mágico. Quizá parecida a sus faenas del debut de novillero, quizá a la del sobrero de Tassara en aquel Corpus de un cuarto de siglo antes, o a la del toro sexto de Benítez Cubero la lluviosa tarde en que reapareció Antonio Ordóñez en Sevilla. Para mi recuerdo, comparable con la de una tarde de lluvia en San Miguel en que, sustituyendo al Cordobés, bordó el toreo cuajando un toro de Manolo Camacho alternando con Pedrés y el mexicano Gabino Aguilar, quizá…  

Pero es que la conjunción que se produjo entre Curro y Flautino fue tan memorable que cuando muchos años después y con el torero ya retirado tras aquella despedida tan íntima en una plaza de carros, ese momento en que Curro se aflamenca en el desplante va a ser el elegido para que un artista de la gubia como Sebastián Santos lo inmortalice para siempre. Aunque en la comisión que propulsó ese monumento había quien prefería otro tipo más progresista, la insistencia de algunos miembros de esa comisión no cejó hasta lograr que saliese adelante la opción del inconfundible desplante. 

Y ahí, en los jardines que fueron la casa del doctor Alemán, se encuentra inmortalizada la figura personalísima de Curro Romero desplantado y ya sin Flautino, que Flautino se fue al desolladero sin las orejas mientras Sevilla se entregaba sin condiciones a su torero eterno. Aquello fue más diálogo que faena torera, pues la compenetración de toro y torero fue tan perfecta y tan rematada que se quedó en nuestras retinas para siempre. Faenas de Romero hubo muchas grandiosas, pero ese diálogo con el toro de Gabriel Rojas dio para tanto…

Vía:http://www.diariodesevilla.es/article/toros/2013767/dialogo/entre/curro/y/flautino.html

Opinión: `Pues por este no´ La polémica de #Sevilla

MORANTE.

Por Antonio Burgos.

Pues por este no he oído yo a nadie decir: “Yo me conformo nada más que con verlo hacer el paseíllo; aunque luego no haga nada, ya doy por bien empleado el dinero de la entrada”.

Pues por este cuando preguntan por un cartel en el que figura nadie dice que torean él y dos más.

Pues por este no fue creado el Domingo de Resurrección como fiesta mayor del toreo según Sevilla, con misa grande de tres capas en forma de tres capotes de paseo y el recuerdo del incienso del Baratillo y de la Carretería aún por la Puerta del Arenal cuando se va camino de la plaza.

Pues por este nunca se abrió el palco del Príncipe para que viniera a verlo su máxima y más egregia partidaria: S.A.R. Doña María de las Mercedes de Borbón y Orleáns, Condesa de Barcelona, esposa de Rey y madre y abuela de Rey.

Pues por este no se hartan las gitanas de vender ramitas de romero para que se las ponga la gente en el ojal de la solapa con esa alegría de ir a la plaza con la esperanza de ver algo grande.

Pues por este no se compran sus detractores rollos de papel higiénico para tirárselos en la plaza, que ya hay que odiar a un torero para ir a la droguería o al Mercadona, comprar un paquete de rollos de papel higiénicos, guardarlos hasta el domingo, cogerlos el domingo, meterlos en una bolsa, llevarlos en el autobús o en el coche, sacarlos del autobús o del coche e ir cargando con ellos hasta la plaza, y entrarlos sin que te digan nada los porteros, y tenerlos allí entre las piernas, con lo estrechos que son los asientos de los tendidos de sol, y al final, ¡zas!, lanzarlos, pero no desenrollados como si estuvieras en el Gol Sol cuando los goles, sino enteritos, y si le pegas con el rollo de papel hiogiénico en toda la cabeza, mejor, más contento que te pones, so mamón.

Pues por este nunca he visto yo que se haya llenado de almohadillas el ruedo de la plaza de los toros de Sevilla, con el trabajo que le da luego a los areneros recogerlas y ponerlas en su sitio, sucias además del pisoplaza si ha llovido y están todas enguarradas del barro de albero, que hay que limpiarlas una por una, ¿no, Ventura?, un lío…

Pues por este no le he oído yo a nadie gritar desde un tendido de sol: “Mañana va a venir a verte tu puta mare…¡y yo!”.

Pues por este nunca he escuchado yo tampoco gritar: “Te odio”.

Pues por este, en una tarde de las malas, malas, tampoco he oído yo que le dijera un conformista, resignado: “¡Ya vendrá el verano…!

Pues por este no he visto yo a la gente que saliera por el Paseo Colón pegando lambreazos por verónicas o ayudados por bajo.

Pues por este no he visto yo que hayan despedido, por defenderlo frente a un cliente, a un dependiente de Arance, ni que luego hayan tenido que readmitirlo porque un juez haya dicho en una sentencia que seguirlo y admirarlo debe tener el mismo respeto que una religión, pues las creencias profundas de fe y arte están protegidas por la Constitución.

Pues por este no he visto yo que hayan abierto cinco veces la Puerta del Príncipe de Sevilla.

Pues por este no he visto yo que hayan abierto siete veces la Puerta Grande de Madrid.

Pues por este no he visto yo que ningún cronista taurino haya dicho: “Viene pidiendo poetas”.

Pues por este nunca repicó con las noticias del arte el teletipo de las amapolas.

Pues por este no he visto yo que despacharan en ninguna Perfumería de las Bellas Artes el tarro de las esencias.

Pues por este no he escuchado yo a Camarón cantándole que es la esencia de los toreros.

¿Y este quiere ser como aquel y mandar en Sevilla como aquel mandaba? ¿Y eso es lo que respeta este a la afición de Sevilla? Este es un niñato. Aquel era un señor. En una palabra: era Sevilla. El señorío de Sevilla. Cuando mandaban los señores y no querían mandar los niñatos, en el toreo no pasaban estas cosas.

 

Fuente: http://www.antonioburgos.com/abc/2015/02/re022415.html