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Rafael de Paula, en sí mismo

Nunca he sido aficionado a los toros (¿para qué?), pero fui aficionado al toreo de Rafael de Paula, supongo que porque este gitano de la ciudad de los gitanos representaba una anomalía mágica dentro del toreo: alguien capaz de convertir una tarde de toros en un espectáculo de indecisión y dramatismo, de misterio y desgarro, de frustración o de gloria. Siempre fue Rafael de Paula un torero imprevisible… incluso para Rafael de Paula. Una moneda lanzada al aire. Y había veces en que incluso la moneda desaparecía en el aire: nada. Porque el Paula podía ser una presencia invisible, espectro de sí mismo, perdido allá en sí mismo o de sí mismo, entre miles de espectadores vociferantes que se tomaban la molestia de abroncar a un espectro.

Hoy, el Paula es un torero retirado, motivo de fabulaciones y leyendas. En realidad, era ya leyenda cuando estaba en activo, y la plaza parecía una unánime respiración contenida cuando el jerezano se abría de capa, expectante la afición ante los designios de esos duendes que vienen a ser la metáfora de la posibilidad de lo casi imposible. A veces, esos duendes veleidosos disponían que algún que otro toro se fuese vivo al corral, pero, en el fondo, ¿quién puede tomarse en serio a esos toreros que son capaces de matar todos sus toros? La magia también debe fallar. Y son los toreros irregulares los que conceden credibilidad al toreo, que no puede aspirar a convertirse en una ciencia exacta, en un guión fijo, en una expectativa previsible: a veces hay que tocar la gloria con las manos y a veces hay que morder el polvo. El problema es que el polvo puede morderlo todo el mundo, pero la gloria pueden tocarla muy pocos. La verdadera gloria: la de lograr convertir un espectáculo canallesco y atroz en una ceremonia estremecedora. El Paula era de ésos, cuando lo era.

Decía Oscar Wilde que el público es un ente asombrosamente tolerante, capaz de perdonar todo, salvo el genio. A Rafael de Paula no le perdonaron el suyo. O mejor dicho: el público no parecía comprender que su genialidad tenía una cara y una cruz, y que ambas formaban parte de una esencia única. Sólo el genio tiene derecho a no serlo. Sólo el genio puede ser la sombra patética de sí mismo sin dejar de ser quien es, porque esa sombra patética es también protagonista principal de la trama.

En mayo de 2000 era feria en Jerez de la Frontera y el Paula compartía cartel con Curro Romero y Finito de Córdoba. Rafael se dejó vivos sus dos toros y se arrancó la coleta. Había debutado con picadores en aquella plaza en 1958. Se fue del toreo del mismo modo en que estuvo durante más de cuarenta años en el toreo: de un modo improvisado y trágico, desgarrado y pasional, con esa dignidad en carne viva de los perdedores. Se fue de los toros en medio de un arrebato, porque su vida profesional no fue otra cosa que eso: un arrebato milagroso, la extraña religión estética de un hombre aterrado del poder de los dioses y de los duendes, tanto de los malos como de los benéficos. Se fue porque se puede luchar contra los toros, pero no contra el tiempo, aunque él consiguió del tiempo una prórroga no menos inexplicable que temeraria.

Con sus rodillas rotas en pedazos, Rafael de Paula se puso durante décadas delante de los toros con la sola defensa de su anómala sabiduría, de su instinto oscuro, de sus muñecas lentas y barrocas. ¿Esos célebres miedos de Rafael de Paula? No es más valiente quien menos miedo tiene, sino aquél que, aun estando muerto de miedo, lleva a cabo faenas de valiente. Con sus piernas de trapo, con sus rodillas convertidas en una chatarrería gracias a la cirugía experimental de los años setenta, el Paula fue el torero más portentoso, más imprevisible, más excéntrico, más desvalido y más hondo de cuantos ha visto uno, y tardará mucho en nacer -si es que nace- alguien que lleve el oficio de torear adonde él lo llevó: al territorio de la pura especulación artística, al ámbito irreal de los arquetipos, al grado de la ensoñación inexplicable.

Una tarde de feria, un torero de 60 años fue vencido por el tiempo. Tenía que matar dos toros, pero comprendió que lo más lógico sería que uno de esos dos toros lo matara a él.

Rafael de Paula estaba al margen del toreo a fuerza de estar en el núcleo mismo del toreo: lo suyo era otra cosa. No rompió ningún molde: se limitó a crear un molde nuevo. Hasta que el molde se rompió por sí solo, claro está. Y el mundo sigue.

***

Felipe Benítez Reyes es poeta y narrador, ganador del último Premio Nadal con la obra Mercado de espejismos.

Publicado en El País

Fenecieron los festejos sin puyazos Por Bardo de la Taurina

Tanto en Madrid, México y Santiago Cuautlalpan, con el concurso de novilleros internacionales, entre ellos mexicanos, este fin de semana fenecieron las temporadas de novilladas sin puyazos, las cuales desde siempre se han dado con mayor o menor frecuencia en algunas plazas, así que esa hostia de querer hacernos creer en los medios que esta modalidad de dar festejos sin cuacos es de invención reciente, es tanto como pensar en que apenas el café con leche lo inventaron en los Starbucks y es que en el toreo, casi todo está inventado, incluso la prohibición de las corridas, es más en México las han suprimido temporalmente, no los masturbadores políticos del verde sino los propios presidentes de la república, como también es cierto que diversos mandatarios han ocupado las barreras. 

Lo que sí está sucediendo, hablando de los tiempos presentes, como los referidos de las novilladas sin piquetes, es que con ellas se ha desatado una nube de confusiones que van desde el no saberlas entender en su concepción medular, como sucedió en México en la plaza capitalina, donde algún sector localizado entre quienes usan cualquier evento o circunstancia para ir a la contra con el objetivo de llamar la atención o por ignorancia, trataron de desvirtuar el concepto, en la plaza de Cinco Villas los festejos fueron vistos dicotómicamente a la monumental, pues los jilgueros aventaron más incienso que el que avienta el botafumeiro de la Catedral de Santiago de Compostela, el de los 53 kilos y el 1.50 m de altura así que imaginemos todo ese incienso sobre una temporada, pues fue más lava que la que vomitó el Vesubio sobre Pompeya y Herculano, así que ¡cuidado!, tan mala es la hiel que amarga como la melcocha que ataranta, tan sencillo y tan prudente que sería decir solo ‘Ambas temporadas cumplieron’

 
Y es ahí donde la fiesta empieza a perder piso, cuando la realidad, como el hígado del borracho, se hincha o como los ojos del mariguano se nublan y ve borroso, a partir de ello todo se distorsiona, hoy se piensa o más bien se magnifica lo que en realidad es normal o estándar y lo peor es que la coba es como el juego de Juan Pirulero, que casi todos lo juegan con una excepción que lo son los empresarios, pues ellos tiene el termómetro de la taquilla el que mide el graderío, donde el volumen lo hacen los toreros extraordinarios que esos son los que interesan, que por cierto son muy pocos.

 
Los otros son a los que la cuerda les alcanza pa’ ser buenos, algunos regulares y otros solo modestos, mas todos en conjunto son los que hacen la ‘fiesta robalo’ que es la que hoy tenemos, la que se da a media agua donde el robalo navega, diciendo que no por ello deja de ser sabrosón, pero nunca será salmón.

 
En esos denominados chats, aclarando que no participo en ninguno, pero que me han incluido en varios, uno de los cuales lo apuntalan personajes cuya estatura no necesita de panegíricos como Don Luis Cuesta Perusquia, el titular de desolysombra.com quien este fin de semana bordó versículos que vienen siendo unas perlas de lo sensato y de lo claro, algunas de las cuales me atrevo a compartir porque sé que Don Luis no es un hombre envidioso, pero sí selectivo, por ello si en esta columna que es del pueblo no aparecen las citas que a continuación voy a citar, pues solo las gozaran quienes pa’ leerlas se enfundan en traje de gala, las paladean al cobijo de un Buchanan´s 12 Years Old y las meditan al arrullo de un Cohiba Behike:
 

“En el toreo hay que ser extraordinario o un fuera de serie, Paula y Curro Romero no eran Ordoñez, ni Camino, ¡no! pero eran unos fuera de serie, con una gran personalidad. Los gustos en el toreo son subjetivos afortunadamente, aunque hay cosas muy obvias, ya que en el toreo no basta con ser bueno como en algunos deportes. Los buenos toreros, son necesarios, algunos hasta son figuras pero… Yo no quiero solo figuras, quiero toreros diferentes que me apasionan, que tienen pinceladas o locuras de arte y que el toreo les sale del alma, natural. A mí los mediocres nunca me han caído bien. Apoye toreros en sus inicios por los que me han criticado, pero no estoy ciego, algunos se quedaron en el camino o por ahi siguen pero soy consiente de que no llegaran a figuras. Pero todos tenian algo que los hacia diferentes al resto”. Citas y máximas de Don Luis Cuesta Perusquia. ¡Gratitud!

 
Ante eso, solo guardar la esperanza que entre los que asomaron su aún endeble pescuecito en estas temporadas de novilladas sin caballos, tanto en la Plaza de Las Ventas, en la Monumental México y en la de Cinco Villas, ojala alguno o hasta dos con mucho optimismo sea (n) un día digno (s) de ser etiquetado (s) como figura (s) los demás serán toreadores buenos, regulares, sin olvidarnos de las comparsas y ahora que estamos a tiempo, recordar para que tengan un recuerdo, a los que se van a quedar en el camino.

*Lo del número de posibles realidades torerísticas sale presumiendo cual será la respuesta a la pregunta ¿Con cuántas figuras de la novillería se cuenta o se ha contado los últimos veinte años por temporada? Y es que seamos realistas de las recientes horneadas de los tricolores ¿Cuántos fueron contundentes para haber alcanzado la alternativa, sin mácula?, y es que pa’ romper se requiere pasarse al toro por la faja, conmocionar al tendido, derrochar personalidad, asustar de valientes, transpirar enjundia, descararse frente al toro el que trae edad, kilos, diamantes, que es el único que le da validez a lo que se hace, lo demás es artificial.

 
Y pa´ irnos con algunos de los atributos, decir que el domingo se adjudicaron peludas en Madrid, el español Francisco de Manuel y el mexicano Alejandro Adame, en México el local Tato Loaiza, con ese su carácter indomable, a mordidas les arrancó un par de orejas a bureles del Vergel, mientras el hispano Ángel Téllez se apuntó una, lo mismo que un día antes a Sebastián Ibelles le fue acreditada otra recompensa.

Rafael de Paula: “José Tomás me gusta porque es un hombre como yo, libre con mayúsculas.”

Rafal de Paula por Cristo García.

Por Luis Rivas.

“El artista tiene que llegar al alma, porque el arte es un misterio”

Un paseo por Jerez nos facilita la cercanía, y al natural, de poder dialogar con Rafael de Paula gloria del toreo y conocer su opinión sobre distintos  aspectos de su vida, su pasión por el toro y la tauromaquia. .- “Salgo poco -nos dice-, vivo por suerte  cerca de un parque, donde hay arboleda, terreno verde, respiro, paseo, veo amanecer y anochecer, que es muy bonito, leo…  Así transcurre mi vida, teniendo la conciencia tranquila, hasta que Dios lo quiera”.

¿Qué echa de menos?

—Darme una vuelta por el campo, ir algún tentadero, coger la muleta y pegarle diez o doce pases a una vaca. Las rodillas no meayudan.  Esa es mi máxima ilusión. Soy un hombre que vivo en torero, estoy al tanto de cuanto sucede en el toreo. Con eso me acuesto y con ello me levanto.

Hace unos días ha estado en Madrid y Cuenca donde ha recibido un homenaje. ¿Cómo fue ese encuentro?

—Pues bien, estuve con un grupo de amigos entre ellos el escritor y crítico teatral y taurino Javier Villan. Fue un encuentro entre el flamenco y la poesía. Me atendieron con esplendidez, encontrándome muy feliz.

¿Cómo contempla el mundo del toro en la actualidad?

—El mundo del toro no está por supuesto en su mejor momento, no de incertidumbre. Esto tiene su camino y no tiene final.  El tema político no va acabar con las corridas de toros. Lo que sí, son los elevados precios que existen para  sostener y organizar la celebración de las corridas,  la economía se resiente, digamos claramente, a los líos,  a los robos sin conciencia de los poderosos. El que tiene más , quiere tener más y obtener más. El que tiene menos, cada vez tendrá menos. El panorama  es más incierto.

Las corridas de toros, las denomina como celebración, no como Fiesta Nacional. ¿Por qué?

—Yo he leído al filósofo y escritor Ortega y Gasset, quien define escuetamente como celebración,  a las corridas de toros, nada de Fiesta Nacional, que en realidad corresponde al día de la Hispanidad que es el 12 de Octubre. Feria viene de fiesta, por tanto la corrida de toros es una celebración donde se programa su desarrollo. Así es entendible y más real.

Las campañas en contra de los espectáculos taurinos es una constante en estos tiempos. ¿Cuál es su opinión?

—Es un tremendo error, la cosa es mucho mas sencilla. La quieren fantasear y radicalizar,  es una tremenda ignorancia. La Península Ibérica que abarca hasta Gibraltar y no Ceuta ni Melilla, es la piel de toro, por excelencia. Si nos fijamos bien,  el mapa es una piel de toro exactamente. El toro bravo nace en la Península Ibérica y es una grandeza. Lo mismo que en otros países nacen otro tipo de animal. Por tanto  es una total ignorancia. Aquellos que en España van en contra de su celebración, están confundidos. A lo largo del año, hay cantidades de pueblos que en sus celebraciones y tradiciones, con siglos de antigüedad,  tienen las corridas de toros como función principal. No creo que consigan destruirlas.

Luego, su desarrollo, absolutamente nada tiene que ver con los toros por la calles.

—Así es. A ver si  son capaces de entender que las plazas construidas son para el desarrollo del espectáculo, acude un público que paga su entrada y  sale un animal criado en la dehesa, en su hábitat, desarrolla su bravura y condiciones, de tipo múltiple y variable. Ese es el toro bravo, que se enfrenta ante un hombre, un lidiador que se  llama torero de profesión y con su maestría y maneras, ofrece una serie de suertes. Tienen sus defensas integras, que puede incluso ocasionar la muerte. Ahí están la cantidad de toreros muertos a lo largo de la historia. El toro con su bravura  demuestra sus condiciones embistiendo una y otra vez,  a esas telas, que  pueden ser capote y muleta. Aquí hay una tremenda verdad y los que quieran decir otra cosa, esa banda de ignorantes, por no decir otra cosa, están equivocados.

¿Está de acuerdo con que las corridas de toros generan puestos de trabajo, benefician a empresas de servicios, apoya la economía de la ciudad, además generan  ingresos a la Hacienda pública, más que el cine que recibe subvenciones?

—Un ejemplo de lo que estamos hablando es Pamplona. Las fiestas de San Fermín y la del toro bravo, durante una semana  son universalmente conocidas. No se cometen barbaridades con los toros. A ver si se atreven con Pamplona o Madrid en San Isidro que da mucho dinero a la Comunidad madrileña. Es un espectáculo único. Viene gente de todo el mundo. Que haya empresas extranjeras que estén financiando y subvencionando a personas que se ponen a vociferar delante de las plazas e incluso se arrojan al ruedo, pues quizás sean verdad. Sin duda es un hecho que en España se debe repudiar e incluso responder con acciones legales, que amparan la Ley. Hace unos días escuchando una entrevista en una cadena de radio, un político del PSOE atendió una llamada de una oyente que le preguntó sobre si le gustaban las corridas. Como hablan los políticos, le respondió que a él nunca lo verían en un tendido de una plaza de toros, aunque no tenía nada en contra. Para mi  concepto, y le recuerdo al político de turno, que  es un espectáculo libre, totalmente democrático, al que se  acude libremente, Cada cual va donde quiere, a una ópera, a un teatro. Yo sería incapaz de decir lo que este buen señor manifestó en claro desprecio a los toros. Las cosas claras o blanco o negro.  No voy porque no me gusta.

Hay quienes se empeñan en distinguir, sobre si el toreo es de derecha o de  izquierda.¿Qué tiene que decir?

—El toreo no conoce de partidos políticos ni de ideologías. Lo que no es admisible sucedió el otro día en la cadena Antena 3, cuando la entrevistadora l  preguntó a Rivera Ordóñez si el toreo es de derecha o de izquierda. Ahí Rivera estuvo mal o no supo contestar. El espectáculo de la corrida no distingue de partidos. Politizar el toreo no es bueno. Estuvieron mal los dos, la periodista por hacer una pregunta improcedente y el torero por no saber contestar  adecuadamente.

Hace poco se han cumplido 55 años de su alternativa en Ronda, de manos de Julio Aparicio. ¿Cómo recuerda ese acontecimiento?

—Para mi fue una tarde inolvidable, permanecerá en mi recuerdo mientras viva. Fue el 9 de septiembre de 1960.  Entonces tenía 20 años.

Sobre los nuevos toreros que han surgido, por ejemplo esta última temporada. ¿Qué opinión le merecen?

—Los toreros somos según las generaciones.  En la actual no torean bien, son vulgares, se arriman, lo que se entiende por arrimarse, pegan muchísimos pases, pero sin calidad, sin ningún sentido bueno de lo que es el toreo clásico y puro. Casi un 99 % dan muchas espaldinas y muchas reolinas. Eso está verdaderamente muy lejos de lo que entendemos por el toreo clásico.

¿La suerte de varas, casi inexistente hoy, es muy distinta a la de su época?

—El toro de antes, el de los años 60 y 70, era menor en peso y trapío, se movía mucho más y entonces en plazas de primera se colocaban en  la suerte de varas tres veces como mínimo. Eso se ha perdido en belleza, riqueza, competencia, porque al ir tres veces el toro al caballo, se podían hace tres quites por parte de los toreros, había rivalidad. Eso se ha perdido. Hay un grave error por parte de los  presidentes de corrida de algunas plazas, por ejemplo Madrid. El toro debe ponerse tres veces al caballo, gana el espectáculo, el público que paga por ver una suerte de  varas  tan hermosa como importante. Tambien deben ser consecuente con que el toro que salga malo, manso, huidizo, debe ser picado. Hay que ponerlo todas las veces que haga falta, pero que salga picado, como es debido.

¿La implicación de la intelectualidad, escritores, poetas, escultores, pintores, periodistas, es necesaria en los tiempos que corren?

—Es necesario, siempre ha sido y lo será, Debe seguir existiendo, para que llegue al gran público. Así de sencillo.

Su amigo José Bergamín, escribió un 2 de octubre de 1975 un poema inédito dedicado a su tauromaquia, que dice así:  Rafael de Paula torea / con la izquierda al natural / lo mismo que Manuel Torre / cantaba la soleá. / Y cuando le da la gana / perfila con el capote la seguirílla gitana.

—Es precioso el poema de Bergamín. Me está viendo como yo soy, por dentro y por fuera.

El ser humano expresa su necesidad por algo que no es solo material. ¿Dónde lo puede encontrar?

—Yo creo que en el arte, en el toreo, como en el baile, en el cante flamenco, en la escultura, en la pintura, el artista tiene que llegar al alma. El arte es un misterio.

¿No cree que el toreo está lleno de gestas y romanticismo?

—El romanticismo y la poesía, lo engrandece.  El caso de Manuel Dominguez Desperdicio en El Puerto, que perdió un ojo y se lo arrancó para seguir toreando, eso no lo hay hoy. Sacar una bandera de pirata en la vuelta al ruedo con un niño con parche de la mano, a mi me ofende. Yo no tengo inconveniente en que se lo pongan.  Eso va contra el toreo así claramente. Escriba  usted cuanto le digo. Yo soy libre. ¡Viva la libertad!

¿Porqué cree que José Tomás  no hace temporada?

—El misterio se lo ha dado la misma gente. Tomás ha conseguido saber torear y tener un toreo personalísimo basado en un concepto de clasiscismo y pureza. Además, me gusta porque es un hombre como yo, libre con mayúsculas. Posee un patrimonio familiar, además de lo que ha ganado jugándose la vida toreando. Vamos, el de Galapagar tiene el pajar cubierto y se puede permitir ponerse delante del toro cuando lo echa de menos, porque, en el fondo, le gusta torear. No vive de cara al público. Lo único que nos diferencia es que está rico y yo soy pobre, pero el ARTE soy yo, es algo maravilloso. Le voy a contar una anécdota. Tendría 18 años cuando me presentaron a Julio Luque, químico de profesión, un trotamundos jerezano, y la persona que lo hizo le dijo “Julio fijese en este muchacho, si hubiese sido guardía, tendría arte hasta para dar una guantá”.

Las escuelas taurinas ocupan un espacio dentro de la tauromaquia, ¿ cómo la contempla?

—Creo que en la enseñanza deberían dar rienda suelta a aquellos muchachos que demuestran personalidad propia y dejarlos que caminen por su instinto y sabiduría. El que no valga que le faciliten otra formación que pueda encarar su futuro profesional. Y los enseñen a ser buenos aficionados.

Hablan que España se va transformando, ¿como definiría el actual momento político y económico?

—Pues lo veo en cierta manera con incertidumbre y confuso. El terrorismo nacional e internacional es tremendamente cruel. Pero hay  también otro terrorismo que yo así lo considero, que es la corrupción. Estos individuos que van por la vida sin piedad, son unos crueles, sanguinarios, malditos, que Dios todopoderoso les debería castigar. Viven chupando la sangre de los demás, del débil pobre, sin recursos. En España, un país europeo, hay millones de familias enteras, padres e hijos, que pasan hambre en el siglo XXI. Yo me lo guiso y me lo como. Hay políticos que son cómplice de estos indeseables auténticos y que deberían tener el máximo castigo.

Antes de concluir nuestro encuentro,  Rafael muestra su interés por dos personas queridas, por las que quiere mostrar su cariño y respeto.

—En primer lugar con profundo dolor,  pido perdón a mi hijo Jesús, por el daño que pude haberlo hecho en Ronda, con  ocasión de la presentación de su libro. No estuve bien, esa es la verdad y me arrepiento de todo corazón por mi comportamiento, ajeno a mi forma de ser. La otra  persona es Alvaro Domecq. Hice unas  declaraciones sobre su falta de sensibilidad.  Le pido disculpas. Alvarito es una persona con sensibilidad y sentimiento,  como me ha demostrado. Los dos nos hemos abrazados en circunstancias difíciles. Aunque  lo cortés no quita lo valiente, yo no podía aceptar esa fiesta gitana, esa juerga en el centro de Jerez  que pretendían organizar en  mi beneficio, ni tampoco esa película  mía, con cena incluída, en la discoteca Joy Eslava,  también en mi beneficio. Les agradecí su empeño, pero el festival lo organizaba yo  en Las Ventas como así fue. Joselito que tiene una fundación, se portó bien.

Nada más.

Fuente: http://andaluciainformacion.es/jerez/560846/el-artista-tiene-que-llegar-al-alma-porque-el-arte-es-un-misterio/#

Clasicismo y romanticismo del toreo

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Rafael de Paula parando los relojes de Las Ventas en 1987. Foto de Marisa Flórez.
“¿Soy clásico o romántico?” ? se preguntaba Antonio Machado en el franco autorretrato que compuso en cadentes alejandrinos para su libro Campos de Castilla. Y él mismo se contesta: “No sé. Dejar quisiera / mi verso, como deja el capitán su espada: / famosa por la mano viril que la blandiera, /no por el docto oficio del forjador preciada.” Igual que a un capitán, bien se pudiera haber referido a un torero.

El verano pasado escribí, a petición de mi amigo el pintor Carlos Franco, el texto de un catálogo para la exposición de sus tauromaquias. En él hube de plantearme, a raíz de su pintura taurina de su toreo pictórico una de las preguntas básicas y eternas sobre el arte, tan volátil como imperecedero, del toreo: ¿Es el toreo clásico o romántico? ¿Qué es el toreo clásico y qué es el toreo romántico? ¿Cuándo se incluye a un torero en cada uno de estos conceptos, tan aparentemente contrapuestos? No sé. Sólo hay una cosa segura: todos ellos, como el poeta sevillano, quisieran dejar la memoria de su arte como deja el matador su espada: en lo alto, en corto y por derecho: famosa por la mano viril que la blandiera. Sobran explicaciones innecesarias sobre el sentido del término “viril”. Vayamos al clasicismo y romanticismo del toreo.

Lo “clásico” en los toros escribí entonces es un concepto muy especial, de inusitada riqueza. El término tiene el doble valor de clásico y romántico. Apolo y Hermes. No hay toreo clásico si no es toreo romántico. Todo el toreo es romántico y nace, sin embargo, sujeto a unos cánones clásicos. Hermes y Apolo. En el XVIII, cuando el campesino quiere ser ciudadano (aunque los toros no dejarán nunca de ser una fiesta de campo), cuando se ventea el espíritu ilustrado que nunca dejó de ser media quimera española; cuando Goya —ilustrado— estrenó con sus trastos de pintar el único romanticismo verdadero que hubo en España, nació clásico y romántico: El toreo.

Así, cuando el torero gitano Rafael de Paula, el mito vivo más romántico de nuestros toreros clásicos, habla de toreo clásico, se está refiriendo al extremo del sentir barroco hecho arte. Y cuando Antoñete, el más clásico de nuestros románticos, habla de su toreo, de armonía extrema, de sabiduría de espacios y tiempos hasta el límite de lo posible, habla de lo mismo. Porque clásico, en el toreo, no es un concepto espacial, sino temporal; o, mejor: un espacio temporal; o más exactamente: un espacio intemporal. Clásico es el toreo de siempre hecho toreo para siempre.

Entreví la luz en Madrid, en un espacio medio, clásico, equidistante entre la sobriedad castellana, la impenetrabilidad vasconavarra, los trazos azules del Mare Nostrum y la duendería andaluza. Pero siempre con la mirada vuelta al padre mediterráneo. Caí del caballo en Jerez, confusión de mares payos y gitanos, en un hotel en el que, como en la Gaza de Saulo, se agitaban ligeramente unas palmeras. Me abrió los ojos definitivamente, el maestro Rafael de Paula.

Cada vez que rescataba del tiempo a alguno de sus toreros preferidos, me decía: “A mí me gusta el toreo como el de aquel: toreo clásico”. Naturalmente, todos los señalados eran los más románticos de los toreros.
El gran Rafael: un clásico.
Por José Suárez-Inclán. Poeta y ensayista.

#Opinión `55 años, de un milagro torero´

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Por Jesús Soto de Paula.

Contigo se fue la última luna, la que tornaba la tarde en noche. Esa caprichosa, misteriosa y enduendada epifanía al verte pisar el albero en tus sólo tuyos andares perezosos y enjundiosos, cual caballo cartujano que sobre la orilla moja sus cascos.

Contigo esa maravillosa incertidumbre del todo y la nada, moneda que en el aire vuela, con su cara y su cruz que sobre el albero espera. Contigo la canela y el clavo, cuando tus muñecas sobre el percal se esparcen, tan tuya la tela como tú de ella, capote que rosa y azul aguarda, tú corinto y azabache esperas y el toro que fiero galopa sorteando barreras buscando prender entre sus pitones a la muerte incierta.

Contigo la verónica, que duerme a Cristo muerto, cobra su real nombre, pues acaricias la tragedia sin ocultar su drama terrible. Conspicuo del milagro, dueño del terreno y albero, derramas tu duende como bota que su vino esparce, emborrachando de aromas el tendido que arde. Contigo la locura, el fuego y su compás que se yerguen en tu cintura santiaguera, soniquete de una raza que de fatigas sabe más que nadie.

Contigo la chicuelina al paso, la media y la serpentina, el acabose y el escalofrío, el cante gitano y las camisas partías. Ya el toro es cómplice, amigo más que enemigo, amor más que odio… que a tu roja muleta atiende como pozo que espera al agua, como sangre a la herida que tu cadera danza y abraza. Contigo la cintura rota, el desgarro doloroso y gozoso de un codilleo sin pecado.

Contigo la belleza última y desesperada, la de la naturaleza oculta, oscura y fatal, que seduce y cautiva como el puñal a la herida. Contigo el muletazo de frente, el trincherazo, y el molinete, sueño o desvarío de una tarde inexplicable, aquella en la que se hizo noche entre lágrimas que a la luna di y hoy o cuando ella quiere esparce en bronce y plata.

Contigo el martinete y la toná, el yunque y la fragua, seguiriya que arrebata sin necesidad ni porqué. Contigo el cielo y el infierno, la bronca o el clamor, genialidades que por genio no supo dominar su genialidad. Pues el soplo llega cuando quiere y no cuando uno desea. Pues le dio Dios tanto el milagro como la condena. Contigo la lucha y la desazón del querer y no entender que lo sublime está al filo del abismo, como la luz de su sombra.

El misterio de un milagro que aparecía sólo de cuando en cuando y de donde en donde, como astros que se alinean para crear un universo único e irrepetible. Fragilidad y arrebato en aras de la más bella tragedia, pues sólo tú supiste de tan trágica belleza. Tan venerado como criticado, pues dime quiénes son tus enemigos y sabré de tu importancia… Rafael ha padecido las críticas más feroces y envenenadas, inequívoca razón o sinrazón de lo desbocado de su pasión.

55 años de aquel 9 de septiembre cuando Ronda te vio tomar la alternativa. Descubierto por Bernardo Muñoz, “Carnicerito de Málaga”. Admirado por el mismísimo Pasmo de Triana, don Juan Belmonte. Bautizado artísticamente con el arcangélico sobrenombre “de Paula” por don José María de Cossío.

Poetizado por Bergamín, Pemán, Antonio Murciano o Benítez Reyes. Sueño de los pinceles de Ramón Gaya, Juan Lara, Paco Toro o García Campos. Contigo la espiga, el barro y el hierro. El eco de una voz desgastada y mal hería, arcángel santiaguero de la torería, tallado por los ecos de la calle Cantarería. 55 años… ya telúricos y neblinosos, y siguen temblando los versos de Montero Galvache: “Cairel del temple, Partenón gitano”.

`55 años, de un milagro torero´, por Jesús Soto de Paula
http://www.masjerez.com/jerez-es-mas/toreomania/2015/09/12/1442053956.html

Hay de espantás a espantás: De “El Gallo” a María Sharapova.

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Por Luis Cuesta – De SOL y SOMBRA.

Acapulco, Gro.- En la vida hay de espantás a espantás en todos los ambientes ya sean taurinos, políticos, deportivos o sociales por citar algunos ejemplos. En el toreo las espantás mas frecuentes por antonomasia han sido las de Rafael Gómez “El Gallo”. Luego las han practicado esporádicamente los Cagancho, Curro Romero y Rafael de Paula. 

Eran famosas las de Cagancho; incluso se le escribieron letrillas en los carnavales de Cádiz:

“y parece mentira que, pa coger a un Cagancho faltó cuatro regimientos y un batallón de guardias de asalto”. 

Celebres eran las broncas de Curro Romero que  poseía una especial cualidad para armar alborotos y polémicas. El público acudía a las plazas deseoso de abroncarle o de aclamarle según, si le daba por una de sus «faenas» en cuclillas, quitándole al toro las moscas, o le daba por quedarse quieto, la figura erguida, con singular empaque, llevando al toro, muy lento. ¿Cómo estuvo Curro? preguntaban después de cada festejo del maestro, pues estuvo en su línea era la mejor respuesta; es decir dividió al público en aclamadores y abroncadores y oiga usted ¡Es un mérito despertar estas pasiones más allá de las orejas!

En México fueron celebres las broncas del Luis Castro “El Soldado” a quien el mismísimo Rafael El Gallo, le confirmó un 12 de mayo la alternativa en la Monumental de Las Ventas de Madrid, con toros de Clairac, y como testigo Marcial Lalanda, quien en esos días ya empezaba a concebir el boicot contra los toreros mexicanos.

“El Soldado” armó broncas tremendas, entre ellas las del 11 de enero de 1942 con el toro “Corvejón” de San Diego de los Padres. Una bronca sin precedentes y uno de los líos más imponentes que se hayan registrado en la historia de la fiesta brava en la capital. Dicen los cronistas de esa época que la gente se lo quería comer vivo.

Al domingo siguiente armó la grande pidiéndole, ante el azoro generalizado, un cojín a un espectador. Uno de los muchos que le arrojaron una semana antes, y que inundaron el ruedo de El Toreo, cuando tuvo la almohadilla; “El Soldado” la colocó en la arena, se paro en ella e inició la faena con unos ayudados por alto suficientes para reconciliarse con el público.

Lorenzo Garza era otro torero célebre por su carácter explosivo que le hizo tener no únicamente grandes actuaciones, sino también protagonizar grandes broncas, lo que le valió el apodo de “El Ave de las Tempestades”.

Hoy todo ha cambiado, hasta las broncas o las espantás que ahora se dan en los escritorios. Ahí está el caso de los desertores de Sevilla que en tiempos de crisis y muy delicados para la fiesta brava, han decidido no actuar en la Maestranza, aun cuando este seria el segundo año consecutivo en el que gracias a sus rencillas, afectarían a esa pedazo grande de la historia de la tauromaquia, que es para muchos la máxima catedral del toreo y del arte.

¿Las razones? El poder y la ambición disfrazada de respeto así como el derrocamiento de la familia Canorea. Pero todo fuera del ruedo, que hoy las grandes broncas y diferencias en el toreo moderno ya no se arreglan con el toro de testigo.

Todo esto pasaba por mi cabeza mientras me encontraba sentado en mi butaca del abierto de tenis de Acapulco y me disponía a ver la final femenil, donde la ausencia de la tenista rusa Maria Sharapova era la nota del día. Al parecer a la bella tenista le dio la venganza de Moctezuma y decidió pegar la espantá unas horas antes de jugar la semifinal contra la francesa Caroline García, dejando a los organizadores del torneo y a los aficionados con un palmo de narices.

“¿Que mala onda lo de Sharapova no? Es una falta de ética al tenis y a todos los que venimos al torneo no crees” me preguntaba un aficionado que venía de Morelia con su hijo. “¿A poco no te parece una falta de respeto?” remato.

“La verdad es que no tanto, porque yo mas que aficionado al tenis soy aficionado a los toros, por eso ya estoy acostumbrado” le conteste mientras me acordaba de la espantá de Pablo Hermoso en la temporada grande, la ausencia de Manzanares, los caprichos de Castella, los bernaldos que lidio Perera en la Plaza México y así me podría seguir toda la noche.

Afortunadamente la suiza Timea Bacsinszky con un revés perfecto con slice me metió en su faena y terminamos una edición más del gran abierto mexicano de Acapulco en santa paz.

Es lo que digo yo.

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La música callada del toreo (I)

Por Jose Bergamin.

El arte mágico y prodigioso de torear tiene también su música (por dentro y por fuera) y es lo mejor que tiene. Música para los ojos del alma y para el oído del corazón: que es el tercer oído del que nos habló Nietzsche: el que escucha las armonías superiores.

Con el tercer oído (que decimos del corazón) es con el que escuchaba Carlyle su propio pensamiento cuando decía que “el pensamiento más profundo canta”. Nos parece que es esa música, ese canto, el que oímos cuando escuchamos atentamente el toreo para verlo mejor. “Oír con los ojos, ver con los oídos”, nos aconseja la Santa Escritura. Ver cómo se queda, se aposenta la música en el aire, cómo se oye su luz en el corazón.

Creo que ha sido el toreo de Rafael de Paula el primero que le ha llamado en lenguaje taurino al sentimiento del toreo, pensamiento; y pensamiento tan profundo que es canto y cante; que es musical. Música que “en el aire se aposenta”, nos dice Lope (“la música en el aire se aposenta”, reza en su verso el torerísimo poeta). Música callada, sonora soledad.

Para el vasco Unamuno, el pensamiento es el que crea el sentimiento: y no al revés, como pensaba Goethe. “Los sentimientos son pensamientos en conmoción”. El dolorido sentir de Gracilazo, ¿qué otra cosa puede ser sino pensamiento conmovido? El toreo lo es. Pero no siempre necesariamente dolorido. Aunque siempre nos conmueva por serlo. Pienso ahora, evoco, recuerdo, el toreo de Rafael el Gallo, el de su hermano Joselito, el de Belmonte… que nos hablaron de su “sentimiento del toreo”, dolorido y gozoso a la vez. Y la música callada de aquel toreo suyo nos renace a los ojos del alma y al oído del corazón como si la estuviéramos mirando y escuchando de nuevo cuando la evocamos. Como si se hubiera aposentado y quedado en el alma, en el aire, en el tiempo, para siempre. La vemos, la oímos todavía. Y es porque la sentimos aún al evocarla porque nos conmueve su pensamiento; porque nos sigue conmoviendo el pensarlo.

Muchas veces, cuando vemos torear por vez primera a un torero que con su toreo nos conmueve, como otros que vimos antes, porque llega a esas alturas sublimes de su arte que aquéllos alcanzaron, pensamos en aquellos otros. Y no porque se les parezcan o asemejen, no, sino porque han llegado a esas cumbres del arte mágico y prodigioso de torear. Porque son originales y no novedosos, como dijo Machado de los escritores, de los poetas. Y en todas las artes de la belleza es así (la música, la pintura, la poesía, la arquitectura y escultura). Como en el cante y en el baile flamencos, acompañantes invisibles, inaudibles, inseparables del arte mágico de torear.

La primera vez que vi torear, hace muchos años, en Madrid, a Curro Romero, pensé en Antonio Fuentes; con el que no tiene parecido ni semejanza alguna tal vez (o tal vez sí). Y es que Antonio Fuentes fue el primer torero cuyo toreo me conmovió por primer vez; se me reveló mágicamente con esa música callada y soledad sonora; con esa emoción conmovedora de pensamiento “que suspende y arrebata el ánimo con su maravillosa violencia”, como dijo el divino poeta sevillano. Con esa armoniosa musicalidad superior, quieta, sosegada, aposentada, que llamó Cervantes “un maravilloso silencio”. Y de este mismo modo, cuando vi torear por primera vez a Rafael de Paula, pensé en Rafael el Gallo; y tampoco por parecido o semejanza; sino por coincidencia con su profundo pensamiento musical: por la revelación maravillosa de una belleza viva, que es la del arte de torear mismo. Su “espíritu sin nombre”, su “indefinible esencia”, diría Bécquer.

Llegando a ese nivel, “alto y profundo”, de las artes de la belleza, no hay en la del toreo como no la hay en las otras de la poesía, la música, la pintura… ni un más ni menos, ni un mejor ni pero. No lo hay entre artistas a ese nivel (Velásquez, Murillo, el Greco, Goya… como Cervantes, Lope, Góngora, Quevedo, Garcián, Calderón…) si sólo de españoles hablamos. No la hay entre toreros como Fuentes, los Gallos Rafael y José, Belmonte, Gaona, Cagancho, Pepe Luis Vásquez, Bienvenida, Ordóñez, Curro Romero y Rafael de Paula… y hablo solo de los que yo he visto y oído torear.

La música callada de Bergamín

Por Enrique Vila-Matas

Decía Jules Renard que la justicia existe, pero la imparte un bromista. Viene esto a cuento al observar el tratamiento cicatero que se da a la obra de José Bergamín en España. Como escribe González Troyano, “el paso de los años no ha estabilizado la figura literaria de Bergamín, sus obras continúan desprendiendo un cierto aire de escritor incómodo y evasivo ante los intentos mejor intencionados de catalogarlo”. Mientras sus compañeros de generación han sido ya sometidos y diseccionados e incorporados al panteón nacional de los ilustres, Bergamín o, mejor dicho, su inclasificable obra presencia día tras día cómo las autoridades culturales españolas, autoridades bien bromistas, siguen sin hacerle justicia.

Tal vez sea mejor para él y para la “risa de su esqueleto”. Pero en cualquier caso no deja de ser revelador y asombroso que no se le haga ninguna justicia en lo que se refiere, por ejemplo, a su poesía, que se diría que nunca existió y, sin embargo, en cualquier país con un cierto sentido común ocuparía el lugar que merece y, es más, andaría por los cuernos de la luna.

Al destino de la obra de Bergamín en España se le podría aplicar uno de los aforismos de este escritor —”maestro del aforismo/ que gota a gota derramas”, le escribió Alfonso Reyes—, de este hombre que navegó siempre contracorriente, que nunca se asentó y fue eterno exiliado, esqueleto él mismo de todas las paradojas del mundo, siempre buscando las raíces “en una forma subterránea del aéreo irse por las ramas” o por las ventanas: “De casi todos los sitios en que se entra fácilmente por la puerta, se suele salir por la ventana”. Yo veo ecos, en este aforismo del fundador en 1939 en México de la editorial Séneca, de otro aforismo más antiguo, escrito por el mismísimo Séneca: “La cosa mejor que ha hecho la ley eterna es que, habiéndonos dado una sola entrada a la vida, nos ha procurado miles de salidas”.

Parafraseando a Lope de Vega puede decirse que el gran y frágil Bergamín las artes hizo mágicas volando. Las artes mágicas del vuelo por la ventana: el cante, el baile, las corridas de toros españolas, como el toque de improvisación que acompaña al que canta hondo, las artes mágicas del vuelo. Esas artes, decía Bergamín, “sin huella o trazo literal que señalen su ruta para repetirse”. Sólo cuando volvía a exiliarse, Bergamín se repetía. Pero su arte no participaba de la repetición, quedan de él las huellas o los trazos literales, y eso dificulta a los que intentan atraparlo. De Bergamín son estos versos inéditos que publico la revista Archipiélago: “Somos los herederos de un lenguaje,/ tan lejano en el tiempo,/ que se pierde en oscura lejanía/ como una voz sin cuerpo”.

Como una voz sin cuerpo le ve Giorgio Agamben que se pregunta cuál fue en realidad el estatuto del yo poético en el autor de La música callada del toreo. Y dice Agamben que Bergamín supo plantear alguna de las preguntas fundamentales sobre la cuestión del quién. Y que las figuras del fantasma y del esqueleto fueron las únicas respuestas que encontró aceptables. “Sólo soy una sombra”, solía decir Bergamín, que convirtió su nombre propio en un seudónimo, inventando, en palabras de Agamben, la “seudonimia al cubo, o mejor dicho, a la enésima potencia”, pues siempre quiso “sucederse a sí mismo” a lo largo de su obra aérea. Es de desear un homenaje y un reconocimiento que contribuya a mover algo en las cosas en torno a la obra de Bergamín, aunque —no nos hagamos ilusiones— la justicia literaria española van a seguir impartiéndola los bromistas. Claro que para bromistas se basta y sobra el propio Bergamín, que les decía a sus amigos: “Cuando yo me muera, no me recordéis”.

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Rafael de Paula, esa impagable alegoría del infortunio.

IMG_6481.JPG Por Antonio Lorca.

Fueron unos instantes de una emoción inenarrable. Una vez roto el paseíllo, el público, puesto en pie, rompió en una ovación unánime. Rafael de Paula, impecablemente vestido con un terno gris, camisa blanca, sin corbata y calado con un elegante sombrero de ala ancha, salió con esfuerzo del burladero, se detuvo cerca de la primera raya del tercio, alisó la arena con los zapatos e inició el paseíllo. Solemne, majestuoso, con andares dificultosos y torerísimos… Así, a paso de palio, llegó hasta el centro del ruedo, se llevó entonces las manos al sombrero, se destocó y saludó a una afición enfervorizada. Tardó un mundo en volver a cubrirse y llegar de nuevo al tercio, donde le esperaban Joselito y Morante. Ante ambos inclinó la cabeza, respetuoso y agradecido, mientras los tendidos no cesaban de aplaudir.

Era el 1 de abril del año 2006. El torero jerezano recibía en Madrid el homenaje de una afición agradecida y generosa que recordaba las contadas e inolvidables pinceladas de un artista genial y abandonaba al olvido una carrera irregular marcada por unas rodillas descangalladas y un carácter desdichadamente indolente.

Fue esa la última vez que Rafael de Paula pisó el ruedo de una plaza, que había abandonado el 18 de mayo de 2000 en Jerez, cuando, después de escuchar los tres avisos en sus dos toros, se arrancó con rabia la coleta y se encerró en el callejón con lágrimas en sus ojos. Así, de modo tan dramático y triste, quedaba atrás toda una vida de luces de un personaje extravagante, impotente, atormentado, controvertido y maniático y, también, de un torero nacido esencialmente artista, creador de instantes inefables, irrepetible, hecho de carne sensible, dotado como nadie para la emoción, dueño de un duende especialísimo, principio y fin de la belleza…

Pero Rafael ha sido, además, el primer enemigo de sí mismo. No pudo rentabilizar sus condiciones en los ruedos ni su prestigio ya fuera de ellos. Le han perseguido sus propios fantasmas, se ha colocado varias veces en el precipicio de una derrota final, y parece empeñado en acabar sus días entre los papeles timbrados de los juzgados antes que disfrutar de la gloria efímera y profunda de su toreo excelso.

Ayer ha cambiado por 1.800 euros los seis meses de cárcel que el juez le ha impuesto por amenazar con un cuchillo y una azada a su abogado, con quien, al parecer, mantenía una disputa sobre unas supuestas querellas nunca presentadas por irracionales. Pero no pudo eludir la prisión en 1995, cuando el Tribunal Supremo lo condenó a dos años y tres días por “inducción al allanamiento de morada con intimidación” tras la agresión que sufrió en 1985 el presunto amante de su esposa. Paula fue detenido tras la celebración de una corrida en la plaza del El Puerto y encarcelado durante quince días. Tras el juicio y resueltos los distintos recursos, ingresó de nuevo en la cárcel el 18 de enero de 1995, y un mes más tarde se le concedió el tercer grado. El caso tuvo una enorme repercusión social por las peculiaridades del caso —el torero fue absuelto del delito de homicidio o asesinato frustrado, y acabó separándose de su esposa, Marina Muñoz, con la que había tenido tres hijos—, por la singular personalidad del encausado, y porque Rafael de Paula estaba en activo y arrastraba una bien ganada fama de diestro tan acomodado en el escándalo como en el destello tan inesperado como irrepetible.

Había nacido Paula en Jerez de la Frontera, en febrero de 1940, en el seno de una humilde familia gitana. Se dice que con 13 años cumplidos dio sus primeros pases a una becerra sin haber visto nunca torear a nadie. Y cuando vio hacerlo a Gregorio Sánchez, nació en él una pasión irrefrenable. Hasta entonces, sus pasos parecían encaminados hacia la mecánica por su afición a la bicicleta. Alquiló un vestido —el único en toda su vida— para debutar sin caballos en la plaza de Ronda, lo que ocurrió en 1957. Volvió tres años más tarde al histórico coso para tomar la alternativa de manos de Julio Aparicio y con Antonio Ordóñez como testigo.

Para entonces, ya había comenzado la leyenda escrita y soñada de un torero diferente, majestuoso y elegante, que manejaba el capote con un duende y un compás desconocidos, y capaz de romperse la cintura en un natural eterno. Nació la religión del paulismo, fue entronizado como un dios en su tierra y fuera de ella, sus partidarios fueron legión, y comenzó una historia torera en la que salpicaron algunas gotas de torería inmensa junto a riadas de sonados fracasos.

Tardó 14 años en confirmar en Madrid —caso insólito—, y todavía quedan aficionados que recuerdan aquella tarde del 74 por un grandioso quite a la verónica; para entonces, era ya un ídolo. No en balde con 24 años se había encerrado en Jerez con seis toros a los que cortó siete orejas; el alborozo fue tal que lo llevaron a hombros hasta el santuario de la Virgen de la Merced, donde los partidarios cantaron una salve de acción de gracias por el milagro acaecido. Pero Paula nunca fue un torero previsible ni de medias tintas; en verdad, se le aguardaba siempre en la esperanza, tantas veces frustrada, de que un simple detalle le redimiera del fracaso anunciado y real.

Triunfó en Jerez, triunfó en El Puerto, en Sevilla, en Madrid —sonado fue su incontestable éxito en la plaza de Vistalegre el 5 de octubre de 1974 ante un toro de Bohórquez, y será siempre recordada su faena al toro Corchero de Martínez Benavides en Las Ventas—, pero a su carrera siempre le faltó regularidad y consistencia. Se ha dicho con razón que no fue ni el uno por ciento de lo que pudo ser; y él mismo ha reconocido que siempre quiso ser torero de época, “pero no pude”.

Ha sido el torero más literario, y ahí queda La música callada del toreo, de José Bergamín, el más fotogénico —sus instantáneas son fogonazos de sensibilidad—, y uno de los más premiados —en 2002 recibió la Medalla de las Bellas Artes—, pero, quizá, también, el más frágil, el más inconsistente y el más previsible.

Siempre tuvo un semblante triste y un aire extraño en su mirada. Sus inesperadas reacciones parecen obra de un cerebro atormentado. Ahí queda aquella tarde en que, preso de ira tras una mala faena, clavó el estoque en la madera de la barrera y alarmó con motivo a los que le rodeaban; o el espectáculo que protagonizó en 2012 en Ronda, donde acudió para recoger un premio y presentar el libro de uno de sus hijos, y desairó a la alcaldesa y pidió a los presentes que no compraran la obra del joven escritor.

En esta ocasión, Rafael de Paula se ha salvado de la cárcel; lo que no está claro es que sea capaz de salvarse de sus propios demonios.

Con motivo de su triste retirada de los ruedos, el escritor José Manuel Caballero Bonald, paisano suyo, escribió en este periódico: “Me conmovió esa impagable alegoría del infortunio”.

Vía: http://elpais.com/elpais/2014/11/14/estilo/1415990341_920152.html