Cuánta prisa tenía Rafael de Paula.

Por Luis Carlos Peris.

Vivíamos el año 92 con sus fastos de Expo y aquel largo serial de corridas que ideó Diodoro Canorea pensando que llegaría al toreo esa euforia económica. Era un lluvioso día laborable y veía la corrida junto a Curro Romero y Antonio Torres en la última fila de una grada.

La corrida no dio mucho de sí en calidad, pero sí en extensión, pues devolvieron a los corrales un par de toros. Un servidor tenía una obligación concertada a hora fija y cuando vi que llegaría tarde quise irme. Entonces, Curro me dijo que eso no estaba bien y que mientras hubiera un toro y un torero en el ruedo era una falta de respeto al toreo abandonar.

¿Y a qué viene esto?

Pues a que la recomendación del Faraón eterno le hubiera venido muy bien a Rafael de Paula, que las dos tardes que ha estado en la Maestranza se fue de la plaza en cuanto Morante liquidó su lote. Qué distintas las formas.

Publicado en El Diario de Sevilla

Deja un comentario