Archivo de la categoría: Antoñete

@Taurinisimos 113 – San Isidro 2017: Juan @taurinaDelAlamo, Puerta Grande. Recuerdo de Antoñete.

Programa @Taurinisimos de @RadioTVMx del viernes 9 de Junio de 2017. Conducen Miriam Cardona @MyRyCar y Luis Eduardo Maya Lora @CaballoNegroII.

Actualidad Taurina.

Madrid, Las Ventas, Feria de San Isidro 2017.

Resumen Semanal.
Triunfos de Rehuelga, mejor encierro, Alejandro Talavante con Victorino Martín y Puerta Grande de Juan del Álamo con Alcurrucen.

Enlace telefónico con Jonathan Aguilera desde Madrid.

Recuerdo, 35 Aniversario, Faena de “Antoñete” y Danzarín de Hermanos Garzón en Madrid.

Entrevista con Héctor “Nono” Cobos, picador de toros desde Aguscalientes, situación UMPB en México.

Producción: Miguel Ramos.
Operación: Abraham Romero, Staff Radio TV

La próxima emisión de #Taurinísimo será el próximo viernes 15 de Junio de 2017 a las 7 pm (Mex) a través de http://www.radiotv.mx

#EsperamosSuOpinión.

Twitter: @Taurinisimos.

Mail: taurinisimos@gmail.com

FB/Taurinísimo

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Antoñete, torero de culto y de Madrid

Antoñete, paladín del clasicismo: pecho fuera, pierna para adelante, pero toreo ligado en el sitio de Manolete. Los grandes toreros de la segunda mitad del siglo XX siempre han vuelto al mismo sitio: maneras belmontinas, pero técnica manoletista, única forma de torear admitida por todos, toreros y público.

Domingo Delgado de la Cámara, en su libro Revisión del toreo.

Un torero desaprovechado.

Frascuelo: “Mi afición es una bendita locura”
Frascuelo: “Mi afición es una bendita locura”

Las nuevas generaciones saldrían ganando si bebieran de esta fuente. Y no digamos si te hablo de Belmonte, Domingo Ortega, Curro Puya, Manolete, Pepín Martin Vázquez… Hoy se le da más importancia a la regularidad, la cantidad y la técnica, que por otra parte son fundamentales para ser alguien en esto, que a la torería y el sentimiento.

Esta es una entrevista que José Ignacio de la Serna hizo a Carlos Escolar “Frascuelo”, en 2006 y que puede leerse completa en la página las-ventas.com. 

Será que andamos todos muy sobrados de todo como para desaprovechar oportunidades de aprender lecciones de ese algo más que no se pilla ni machacándose a hacer deporte, ni entrando al carretón. Y por interne’, menos. Será eso. (Elena Perez)

Por José Ignacio de la Serna.

Asegura que vive por y para el toro, sin más pretensiones que ser y sentirse torero. Que hoy más que nunca se ha perdido la admiración y el respeto por los buenos toreros “aunque no llegaran a comprarse un cortijo”. Habla de las fuentes del toreo eterno como un referente “que se está perdiendo”. De la bohemia, el romanticismo y la falta de continuidad en los contratos “por falta de sensibilidad en aquellos que mandan en el toreo”. Y cómo no, del público y la afición de Madrid “a la que tanto quiero y tanto respeto”. Esa temporada cumplio treinta y tres años de alternativa. Una vida marcada a fuego de toreria, de entrega absoluta y de una afición desmedida.

¿Qué siente horas antes de reencontrarse con la afición de Madrid?

Como todos los toreros que venimos a Madrid siento una gran responsabilidad. Es la primera corrida de toros que mato esta temporada y mi deseo es reencontrarme con el público que tantas veces cantó mi forma de torear. Sobre todo me preocupa no defraudar a la gran afición que hay en Madrid, a la que tanto quiero y tanto respeto.

En Las Ventas se le espera con especial interés, ¿qué razones existen para que su toreo sea tan del gusto de este público?

Será porque en esta plaza siempre he intentado hacer el torero eterno, aunque no sé si en alguna ocasión lo habré conseguido. Lo que sí te puedo decir es que en Madrid siempre he salido a torear con la máxima entrega y con una enorme afición. Afición que es una bendita locura. Toda mi vida he sido fiel a mí mismo y a mi forma de sentir y de interpretar el toreo. Si algún merito ha tenido la trayectoria de Carlos Escolar “Frascuelo” ha sido la entrega absoluta a esta profesión.

La entrega desde luego, pero también ha demostrado tener una afición desmedida, a flor de piel, porque va camino de cumplir treinta y tres años de alternativa y sigue en la lucha. Entrena a diario, se prepara en el campo, mata festivales, se cuida físicamente.

Soy todo bohemia e ilusión, y no pasa un solo día en el que no sienta la necesidad de coger una muleta y torear, aunque sea un poquito de salón. Vivo para ser y sentirme torero, nada más.

A lo largo de su carrera ha habido tardes en las que ha estado a punto de pegar el aldabonazo definitivo. Recuerdo que en el duro verano de Las Ventas tenía tardes memorables, llenas de sabor y solera. Pero cuando llegaba el día clave en ferias como la de San Isidro y Otoño, no terminaban de rodar las cosas, ¿por qué?

Pues porque les ha faltado romanticismo y sensibilidad a aquellos que han mandado en el toreo. Creo que he dado la cara en esta plaza lo suficiente como para haber tenido una mayor continuidad y numero de contratos, y con otro tipo de corridas. Aquí he matado de todo y, aunque estoy agradecido, con estas corridas es muy complicado triunfar. La mayoría eran corridas a contraestilo. La falta de continuidad ha sido determinante en mi carrera.

Vivimos un momento en el que parece que no hay sitio para los más veteranos, los maestros. Y si repasamos la historia del toreo comprobamos que siempre tuvieron un hueco en los carteles. Toreros asolerados, de pocas facultades físicas y sin muchas pretensiones, pero de los que se podía aprender con solo verlos andar por la plaza.

Me alegro que me hagas esta pregunta porque estoy totalmente de acuerdo contigo. La edad para lo único que sirve es para hacer el toreo más puro. Yo he visto grandes tardes a toreros que se encontraban al final de su carrera. Los más recientes “Antoñete” y Manolo Vázquez, que regresaron a los ruedos porque todavía tenían muchas cosas que decir delante del toro. Recuerdo faenas memorables, plenas de sabor y de torería, de entrega. Algo que desgraciadamente se está perdiendo y son las fuentes del toreo, de las que hay que beber.

¿Se están perdiendo las referencias en el toreo?

Desgraciadamente, sí. En mi caso me he preocupado por conocer la historia del toreo, en conocer grandes toreros que a lo mejor no mandaron en esto pero que torearon con la palma de la mano. Grandes toreros hoy olvidados, como Luís Segura, Rafael Ortega, Antonio Bienvenida… Las nuevas generaciones saldrían ganando si bebieran de esta fuente. Y no digamos si te hablo de Belmonte, Domingo Ortega, Curro Puya, Manolete, Pepín Martin Vázquez… Hoy se le da más importancia a la regularidad, la cantidad y la técnica, que por otra parte son fundamentales para ser alguien en esto, que a la torería y el sentimiento.

Tampoco andamos muy sobrados de respeto 

El respeto y la admiración se han perdido por completo. Cuando era chaval y quería ser torero recuerdo que sólo con ver a los viejos toreros sentía una emoción muy grande, una profunda admiración hacia aquellos hombres curtidos por el toro que, aunque no se hubieran comprado un cortijo, olían a torero.

¿Volverá a sentirse torero el próximo domingo en Las Ventas?

Sentiré una gran satisfacción por estar de nuevo en esta plaza, y me liaré el capote de paseo a la cintura con la esperanza de que un toro me deje expresar lo que llevo dentro. Pero también sentiré la pena de ver como un torero como yo, por falta de oportunidades, se va perdiendo poco a poco con los años. A veces me siento un torero desaprovechado.

Foto: Juan Pelegrín.

Enlace a la entrevista:

http://asp.las-ventas.com/noticias/noticia_detalle.asp?codigo=484

VIDEO – Antoñete y “Danzarín” de Garzón. Gloria y Torería. 30 años, 30 del Faenón de Junio ´82.

Toda la fuerza del arte taurino en el doblón de Antoñete.

Un día como hoy, hace exactamente 30 años, Antonio Chenel “Antoñete” haría en Las Ventas la primera gran faena de su segunda etapa, donde la solera, la sabiduría dejarían en los nuevos aficionados la huella indeleble y en los antiguos parroquianos taurinos reivindicaría los motivos para ser aficionados. De la Videoteca de Las-Ventas.com tenemos la necesidad taurina de compartir el presente video en pequeño homenaje a un torero espléndido y a una leyenda absoluta.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA.

Son treinta años desde que el neoclasicismo taurino quedara reinstalado en Las Ventas. En buena medida, esa segunda vuelta al pasado se la debemos a Antonio Chenel “Antoñete”, el diestro madrileño por definición.

Y lo hizo una tarde de lluvia, menos de Mayo y más de Junio, como reflejo del estado de la carrera del diestro, comenzando la que sería realmente la segunda mitad de su vida taurina.

Por tal motivo, traemos a modo de homenaje la gran faena al cuarto de la tarde del 3 de junio de 1982, “Danzarín” de Garzón. Al trazo simple y  naturalísimo que se abrocha contrario y por alto, siempre en línea y barriendo por lomos se oponen las circunstancias, el terreno movedizo y, claro, las condiciones, que por bravas, difíciles del altísimo pero reunidísimo toro.

Hay veces en que hay que arrimar el alma auténticamente, por ello el drama de la voltereta por el lado izquierdo; el espanto y la emoción cuando Chenel, sobre la larga distancia, puede dando el pecho cargar toda la suerte y todo el toreo, aliviar por mmentos con la muleta retrasada, desdeñar en el de la firma o adornarse con la flor del invertido.

Y el dominio. Cuando decide Antoñete que, justo por el lado que le levantó, hay que poner la muñeca entera por el centro del palillo y vencer en la pugna con el toro a partir de la creación, Las Ventas volvió a su ser más hondo, al toreo clásico. En el Toreo es nada el dominio sobre el toro cuando éste no se ejercita en pos de la creación del arte.

Las distancias a campo abierto, la abierta y franca disputa de juntar el valor y la inteligencia traen a la mente que el toreo clásico no ha necesitado de falso accesorios de bisutería para suplantar la joya y los kilates del toreo de oro. Yo, viendo a “Antoñete”, con esos veinte metros, necesariamente recuerdo las distancias otorgadas por “Armillita” en 1946 a “Nacarillo” de Piedras Negras en la Plaza México, es decir, toda una forma de torear se renueva de una Capital a otra.

Casualmente, cuando “Armillita” reapareció en la Plaza San Marcos de Aguascalientes, alternó con el jovencísimo “Antoñete”, año 1954.

Volvamos a 1982, volvamos a “Danzarín”, al toro…

Así, tras la imposición y la milagrería del pase natural, los derechazos, en columna imperecedera, delatan una comba simplemente majestuosa, armónica y rota con la que “Danzarín” musitó el fulgor de una estela tan negra como su capa y tan blanca como sus cepas, tan impoluta como el mechón del torero.

El final por todo lo bajo, todo lo rotundo y clásico del muletazo ayudado. Todo por alto, aun trasero, de la sensacional estocada… Dos orejas, la gloria y algo más grande aun, la puerta de la leyenda abierta para “Antoñete”, justicia divina en la tierra.

Estos apuntes, un tanto sin ligazón, sirvan para dejar en medio de una época de flojedad, la firmeza inacabable del clasicismo taurino, delante del toro de verdad y el toreo eterno.

Hoy a 30 años de “Danzarín”, “Antoñete” vive y, como siempre, a hombros de la Afición.

Twitter: @CaballoNegroII.

Antoñete tomado en hombros.

El Último Héroe Literario – Paseillo Literario en Madrid.

Enrique Ponce entre letras.

Figuras del toreo inauguran un paseíllo por los principales ruedos de la palabra en plena Fiesta del Libro. Los maestros han posado para la cámara de Javier Arroyo en significativas estampas que se expondrán este lunes en Las Ventas.

Rosario PérezABC Madrid.

Tauromaquia y Literatura se tutean desde tiempo inmemorial. Alrededor de la órbita del planeta taurino ha girado un inmenso pensamiento literario, que se ha derramado por la sangre y arena de la piel de las librerías.

El arte de torear se ha moldeado en letras de oro con la palabra poética y narrativa de los grandes de las Letras, desde Bergamín a Vicente Aleixandre, de García Lorca a Vargas Llosa, de Alberti —que se fumaba las clases de estudiante para torear vaquillas por las tapias portuenses— a Gerardo Diego, de Hemingway a Neruda

En plena Fiesta del Libro en el Retiro, y con motivo del 300 cumpleaños de la Biblioteca Nacional, figuras de ayer y hoy homenajean en una exposición en Las Ventas a aquellos escritores que han cantado sus gestas.

Toreros de la talla de Paco Camino han posado para la cámara de Javier Arroyo en los principales cosos de la Literatura, desde la BNE al Instituto Cervantes. O la Biblioteca Histórica de Salamanca, donde El Viti relee «El Quijote». En la intimidad de sus anaqueles, Joselito se embelesa con «Cien años de soledad», compañera inseparable de los hombres de luces.

Arroyo, al alimón con la periodista Noelia Jiménez, han hecho un paseíllo por esas plazas literarias y han desgranado los gustos por la lectura de cada espada. Maestros como Ponce sienten debilidad por Vargas Llosa, otros como Talavante recorren la Biblioteca Nacional con «Las cenizas de Ángela» bajo el brazo; el «pirata» Padilla confiesa que ha bebido de los manuales de autoayuda para superar su dramática cornada en la cara. El Juli se planta en el platillo de la Biblioteca del Senado, mientras Cristina Sánchez hojea en el Círculo de Bellas Artes «Orgullo y prejuicio».

El «Belmonte» de Chaves Nogales aparece entre los favoritos de la mayoría.

Al contrario que aquel coronel de García Márquez, los toreros sí tienen quien les escriba (no todos) y el escalafón literario suma y sigue. El toro permanecerá en las Letras como la ceniza de Antoñete —al que se rinde tributo— en Madrid. Entre calada y calada de naturales, los héroes del toreo, riqueza poética de España, seguirán inspirando a los artistas de la palabra.

Twitter: @CharoABCToros

Via: ABC.es

Homenaje a “Antoñete”, su magisterio en el ruedo y grandeza humana.

Sepias de Chenel

La figura de Antonio Chenel “Antoñete”, el torero por excelencia de Madrid en las últimas décadas, ha sido recordada hoy en un acto en el que se ha ensalzado su magisterio en el ruedo, y su personalidad como hombre bueno y sabio que fue también en la calle.

Agencia EFEMadrid.

El acto lo moderó su amigo del alma, el periodista Manuel Molés, con quien compartió tarea en la narración de corridas por Canal+ y en el programa “Los Toros” de la Cadena Ser.

Molés ha entrevistado a otros dos personajes muy ligados a la vida de “Antoñete”, el matador de toros Curro Vázquez y el director de cine Agustín Díaz Yanes, quienes han recordado anécdotas que fueron ejemplo de torería y humanidad del maestro Chenel.

Curro Vázquez ha contado que coincidieron muchas veces en la plaza y fueron muy amigos en la calle: “Compartíamos nervios y sufrimiento en el mismo hotel donde nos alojábamos. Yo acudía a su habitación más que él a la mía, porque el que aprendía era yo”.

“El día de la despedida de ‘Antoñete’ quise estar con él todo el tiempo posible, y por la mañana le acompañé, como era costumbre en él, a visitar a la Virgen de la Paloma”, ha recordado.

Molés ha preguntado por las claves de esa tauromaquia y la capacidad que desarrolló Chenel, “sin haber matado un toro en el campo y haciendo muy pocos tentaderos, porque no le gustaba la forma de embestir de las vacas”.

“Lo fundamental de su tauromaquia ha sido la colocación. Era impresionante ver cómo le cogía el sitio enseguida a los toros. A su edad hubiera sido imposible si no es por esa percepción en la plaza”, ha respondido Curro Vázquez.

Díaz Yanes ha considerado que “fue un gran torero por todo eso que se dice de él, y también muy querido por el tendido. No se sabe cómo encontró el secreto de Madrid, de su público, al tiempo que descubría también las condiciones de los toros”.

En realidad, un experto en todo, como ha asegurado Molés: “En el toro, en la vida y en las mujeres”.

De su biografía taurina se han dado muchos datos claves, como la corrida del 8 de agosto de 1965, cuando salió por la Puerta Grande de Las Ventas.

Aquel triunfo cambió su vida, porque después toreó en Otoño, cortando una oreja, y al repetirlo al San Isidro siguiente, toreó dos corridas, una de Felipe Bartolomé con “El Cordobés”, y otra de Osborne, que teóricamente era la más dura, con Victoriano Valencia y Fermín Murillo, y aquí se enfrentó al famoso toro blanco que le encumbró a la gloria.

Se ha hablado de que su mayor espejo fue Rafael Ortega, torero de una pureza extraordinaria, aunque las hechuras y figura de Chenel distaban mucho de su maestro. “Hasta en la forma de coger las orejas para pasearlas, con firmeza pero sin apretarlas, Chenel era distinto”.

Díaz Yanes ha rememorado sus sentencias, que eran “auténticos pilares de películas”, como cuando se le preguntó lo peor que siente un torero cuando no torea, a lo que respondió: “Ver pasar los coches de cuadrillas, mientras el tuyo está en el garaje”.

“Fue un genio como torero y como persona. Hablando con él se aprendía de toros y de la vida”, ha apostillado Díaz Yanes, quien vio la primera vez a “Antoñete” cuando tenía siete años.

“Torero absolutamente reverenciado por los toreros, incluso cuando no toreaba. Fue un personaje excepcional y todo lo que se diga de él es poco”, ha añadido.

En el acto se proyectaron tres reportajes: sobre la faena al toro blanco de Osborne, de su última tarde con 67 años en Jaén, cuando le cortó dos orejas a un toro de Victoriano del Río, el 16 de octubre de 1999; y con “Romerito”, su toro confidente, con el que vivió situaciones impensables entre un animal y un hombre”.

Son muchos y entrañables los recuerdos, como dijo Molés, “de una gran persona y un inolvidable torero”.

Via: Agencia EFE.

Natural para la eternidad. Antoñete en Jaén.

Descubrir a Antoñete: Venezuela fue trascendental en su vida (Parte II)

Por Luis Cuesta

A continuación presentamos un fragmento del primer capítulo del libro PERIODISTA TAURINO escrito por Víctor José López “El Vito” titulado “El Torero de Madrid” donde nos recuerda la importancia que tuvo Venezuela en la vida del maestro Chenel, en un momento difícil de su vida del cual pudo salir adelante como el Ave Fénix que fue.

La presencia de Antoñete provoco cambios en la vida de algunos taurinos venezolanos, no hay duda; pero Venezuela fue trascendental en la vida de Antoñete. Era un rey y como tal le trataban, a pesar que sus economías no habían mejorado lo afectivo fue muy importante para el después del olvido en el que había caído en España.

La residencia de Chenel, los primeros días de su venezolanidad fue el Hotel Miami en la Candelaria, frente al restaurante de Los Cuchilleros. Era frecuente verle muy temprano en el restaurant, a media mañana, vestido de negro con camisa de mangas largas. Cuando no vestia camisa negra, llevaba azul noche o blanca, pero no vestia nunca un color distinto.

Fue así como un dia Curro Girón, enterado de lo que había logrado Chenel en los festivales con los cuales regreso a Venezuela, le propuso torear en la feria de las perlas, en la Isla Margarita. Antoñete, retirado de los ruedos se resistió, pero dejando una rendija abierta.

Sobre este instante de la decisión se han dicho muchas cosas, se han tejido muchas leyendas, se han dicho muchas mentiras. Se afirma que a Antoñete le dieron  montañas de dólares. Nada de eso es cierto.

Fue la proposición que le hicieron a Chenel una oferta normal, económica, menor que lo que cobraban las figuras españolas del momento. Su reparación se produjo el 18 de diciembre de 1977 alternando con el mexicano Curro Leal y Celestino Correa con toros de Bella Vista.

Ese dia, ¡Comenzó todo! Otra vez.

Dos faenas magistrales, pero de diferente textura, marcaron su regreso en Isla Margarita. Esa memorable tarde ejecuto un faenón al encastado  “Verde Luna” fue tal la vibrante sesión de buen torear, que la presidencia conformada  por el destacado veterinario Manuel Zafrané, le concedió el indulto al negro bragado de Bella Vista.

Eduardo Lozano quien estaba presente en el callejón, visiblemente emocionado como Tomás Terry entre otras caras conocidas, se encargaron de propagar la grandeza del faenón en toda España, hasta que Manuel Martínez  Flamerique “Chopera” le hace reaparecer en “su” plaza de “Las Ventas” madrileña el 22 de Mayo de 1981.

Twitter: @LuisCuesta_

Antoñete: El toreo en sí mismo por Julio Aparicio

Se me pidió a la hora de escribir este artículo que definiera cómo era el concepto de la lidia del maestro Chenel. Y resulta complicado desmenuzarlo, porque Antoñete era el toreo en sí mismo. En la definición de toreo, él está presente. Como se suele decir, debería salir su fotografía al lado. Por su torería y personalidad, su temple, su colocación, el conocimiento de los terrenos y los espacios que le daba a los toros, por tantas cosas… Figura de las buenas de los pies a la cabeza, porque tenía cara de torero y andaba como nadie por el ruedo.

Mi pregunta es: si se nos van los buenos, ¿de quién van a aprender ahora los que están empezando? Antonio era un maestro. Cada tarde era una tarde magistral. Mi propio hijo vivió muchas de esas lecciones viéndole torear. Era un acérrimo admirador suyo. Sé que está muy afectado, igual que yo. Por eso, después de aquella tarde suya inolvidable en el San Isidro de 1994, mi Julio tuvo bien presente a Antoñete, una de sus fuentes de inspiración. Unos años antes, yo había sido el padrino –que no maestro– suyo. Le di la alternativa en la Feria de la Magdalena de Castellón en 1953, con Pedrés como testigo y toros de Francisco «Curro» Chica. «Sólo torea como tú sabes, Antonio, que Dios te dé mucha suerte», le dije. Fueron mis únicas palabras en la ceremonia. Lo conocía y sabía que si toreaba como le había visto de novillero, tenía delante a una figura de época. El tiempo ha dado la razón.

Parece que no ha pasado el tiempo desde que nos conocimos por medio de Paco Parejo, su cuñado y mayoral de la plaza, gran amigo mío. Él nos invitaba a los dos a los tentaderos que organizaba la empresa de Madrid en las fincas de Casatejada. Allí, se juntaba lo mejor de la profesión. Toreros muy buenos. De los caros.

En esos tentaderos, se fraguó una preciosa amistad de la que me siento orgulloso. Aparte quedaba siempre la rivalidad que teníamos en el ruedo. Le vi cuajar grandes faenas. Recuerdo una extraordinaria en Burdeos con un toro de Palha  la tarde de la alternativa de Jerónimo Pimentel. Pero por encima de todo está la persona y Antoñete fue un hombre noble, nunca se metió con nadie. Un señor. (Via Larazon.es)

Julio Aparicio

Matador de toros y padrino de alternativa de Antonio Chenel «Antoñete»