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DESAFÍO GANADERO EN LAS VENTAS: Protagonista, el toro

Cristian Escribano sorprendió con una estocada de perfecta ejecución. PLAZA1.

Cristian Escribano cobró una de las estocadas de la temporada en un soberbio volapié.

Por Antonio Lorca.

El primer desafío entre los toros de Saltillo y Valdellán fue emocionante por diferente; porque, por una vez, se le concedía protagonismo al toro y los tendidos tuvieron la oportunidad de estar más pendiente del comportamiento de los de cuatro patas que de las flamenquerías de los de luces.

La corrida, ciertamente, no fue un gran espectáculo porque los toros no fueron un dechado de bravura y casta, y porque los toreros y picadores han perdido la práctica sobre el tercio de varas; los primeros no saben colocar los toros ante el caballo, y los del castoreño, con raras excepciones, no saben medir el castigo, de modo que el animal se va sin picar o resulta masacrado e inválido para la lidia posterior. Eso le ocurrió, por ejemplo, al tercero de la tarde, primero de Venegas; al toro de más calidad en la muleta lo castigaron con saña en el primer tercio, de modo que el público se molestó con razón, impidió que el torero brindara la faena y escuchó pitos al final por permitir tal desafuero.

Todos los toros acudieron a los caballos con mayor o menor codicia, y si bien obedecieron con prontitud al cite, solo el primero, el de la confirmación de Escribano, empujó de verdad en el peto. Después, tuvieron un desigual juego en el último tercio, y todos, a excepción del tercero, pecaron de sosería y falta de casta y ofrecieron dificultades varias para el ejercicio del toreo actual.

Así, Escribano, poco placeado, y que ha confirmado una alternativa que tomó en 2011, ha dejado una buena impresión en Las Ventas; especialmente, ante su primero, al que banderillearon con brillantez Ángel Otero e Ignacio Martín. Recibió al toro con un par de vistosas verónicas, y se asentó, después, muleta en mano, ante un animal exigente, nada bobalicón, que exigía un torero con oficio y sentido del temple. Cruzado en todo momento, en el terreno preciso, dibujó largos muletazos con la mano derecha, en tres tandas que rubricó con el obligado pase de pecho. Más corto el toro por el lado izquierdo, no impidió que Escribano destacara por su solvencia y torería. Y la obra la corroboró de la mejor manera posible: montó la espada, se cuadró en la cara de toro y se tiró sobre el morrillo en un perfecto volapié que dejó el estoque hundido en el hoyo de las agujas. A los pocos segundos, el animal estaba patas arriba sin puntilla. Sin duda alguna, una de las estocadas de la temporada y que por sí sola merecía la oreja que paseó. Nada fue igual ante el sexto, correoso e incómodo, con el que tuvo detalles de torería y falló con el estoque. Lo que son las cosas…

Otro trofeo paseó Robleño del cuarto, un toro exigente y duro, con el que tardó en acoplarse, y aunque el final del trasteo dibujó algunos muletazos templados, quedó la impresión de que el toro había ganado la pelea. Dispuesto y entregado se mostró ante su descastado primero.

Y Venegas fue el torero más incoloro. Permitió que ‘mataran’ a su primero en varas y no se lo perdonaron, de modo que a pesar de su buenas maneras con la muleta ante el toro de más calidad, el público le expresó su descontento; y poco pudo hacer ante el dificultoso quinto.

SALTILLO, VALDELLÁN/ROBLEÑO, VENEGAS, ESCRIBANO

Tres toros de Saltillo -los tres primeros- y tres de Valdellán, bien presentados; fiero y soso el primero, descastado el segundo, masacrado en varas y con clase el tercero, bravo, encastado y exigente el cuarto, correoso el quinto y bravo e incómodo el sexto.

Fernando Robleño: pinchazo y estocada (palmas); pinchazo y estocada (oreja).

José Carlos Venegas: estocada trasera _aviso_ (algunos pitos); dos pinchazos, media tendida _aviso_ (silencio).

Cristian Escribano, que confirmó la alternativa: gran estocada (oreja); dos pinchazos _aviso_ dos pinchazos y dos descabellos (silencio).

Los mayorales de las dos ganaderías saludaron al final del festejo.

Plaza de toros de Las Ventas. 9 de septiembre. Primer desafío ganadero. Un tercio de entrada (7.044 espectadores, según la empresa).

Publicado en El País

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Feria de Otoño 2018 – Carteles: La fiesta de los toros adopta las prácticas del fútbol

Alejandro Talavante lidiará los toros de Victoriano del Río y Adolfo Martín.

Por Antonio Lorca.

Alejandro Talavante, el torero olvidado por las empresas tras su ruptura con su apoderado Antonio Matilla, y gran protagonista de la Feria de Otoño, lidiará las corridas de Victoriano del Río, el viernes 28 de septiembre, y la de Adolfo Martín, el 5 de octubre.

Esta es la nota más sobresaliente del sorteo celebrado en el patio de caballos de la plaza de Las Ventas para decidir los carteles del próximo ciclo taurino madrileño.

Con un lleno de ‘no hay billetes’, olor a equino y molestas moscas, la fiesta de los toros adoptó una práctica habitual en el mundo del fútbol y la ha convertido en una iniciativa novedosa, innovadora y hasta ‘revolucionaria’, en palabras del presentador del acto, el periodista deportivo -también es casualidad- Roberto Gómez.

En una sesión ‘solemne’, en presencia del notario José Enrique García, una notable representación de toreros, ganaderos y apoderados y muchos aficionados, dos bombos guardaron bolas rojas, blancas y azules, “idénticas en composición y textura”, según explicó el fedatario público.

Las bolas rojas decidieron en primer lugar las dos ganaderías correspondientes a Talavante, y, posteriormente, diez bolas blancas, que guardaban los nombres de los demás toreros, y nueve azules para los toros compusieron el resto de los carteles.

Previamente, la empresa de Madrid, dirigida por Simón Casas, autor de la idea, había contratado cuatro hierros ganaderos y once toreros. Cedió el protagonismo a Talavante, triunfador de la pasada Feria de San Isidro, y eligió a otros triunfadores en esta plaza.

La idea del empresario francés es nueva en el mundo del toro, y aunque los toros y toreros elegidos puedan dar lugar a opiniones contrarias por presencias poco argumentadas y ausencias incomprensibles, es cierto que la idea ha concitado la atención de los aficionados.

El propio Casas, visiblemente emocionado, dijo al final del acto que “la tauromaquia es una liturgia porque manda el misterio, y este es el que hace grande a los toreros”. “Quiero agradecerles a ellos -enfatizó- que tengan los c… de dejar su vida en manos del misterio”, y recibió una sonora ovación, como mandan los cánones.

Los carteles son los siguientes:

Viernes, 28 de septiembre: Alejandro Talavante, Paco Ureña y Fortes (toros de Victoriano del Río).

Sábado, 29. Novillada. Juanito, Pablo Mora y Francisco de Manuel (novillos de Fuente Ymbro).

Domingo, 30. Emilio de Justo, Ginés Marín y Román (toros de Puerto de San Lorenzo).

Viernes, 5 de octubre. Alejandro Talavante, Álvaro Lorenzo y Luis David Adame (toros de Adolfo Martín).

Sábado, 6. Espectáculo de rejoneo. Diego Ventura, en solitario ante toros de seis ganaderías.

Domingo, 7. Diego Urdiales, Octavio Chacón y David Mora (toros de Fuente Ymbro).

Publicado en El País

Cuatro festejos toristas + el regreso de Arturo Macías y de Luis David Adame en Las Ventas

Tres desafíos ganaderos -seis encastes distintos- y una novillada componen el ciclo en el que comparecerá el mexicano Arturo Macías.

Listos los nombres de los matadores de toros para la Feria de Otoño, con Luis David Adame en el sorteo.

De SOL y SOMBRA.

Tres desafíos ganaderos, en modalidad de corridas de toros, y una novillada torista componen la programación taurina del mes de septiembre en la plaza de toros de Las Ventas. Madrid apuesta por un año más por esta modalidad de enfrentar a dos ganaderías en cada tarde, hierros de encastes diversos y del gusto de la afición madrileña. Como la propia novillada que abrirá el mes, el domingo 2 de septiembre, en la que se lidiarán utreros de Saltillo.

Estos son las combinaciones de los cuatro carteles programados para el mes de septiembre en Las Ventas:

Domingo, 2. Novillada. Alberto Pozo, Manuel Ponce y Jesús Díez (novillos de Saltillo).

Domingo, 9. Primer desafío ganadero. Fernando Robleño, José Carlos Venegas y Cristian Escribano (toros de Saltillo y Valdellán).

Domingo, 16. Segundo desafío ganadero. Javier Castaño, Ricardo Torres y Arturo Macías (toros de José Escolar y San Martín).

Domingo, 23. Tercer desafío ganadero. Sánchez Vara, Javier Cortés y Thomas Dufau (toros de Palha y Pallarés).

En los tres festejos de los desafíos se dará protagonismo al tercio de varas, y para ello se marcará en el ruedo la zona del caballo, delimitada entre el tendido 7 y el tendido 8; otras tres rayas hasta el centro del ruedo señalarán la distancia a la que se arranca al toro.

Luis David Adame en la Feria de Otoño

Las doce bolas del sorteo de la Feria de Otoño ya tienen nombre. Según lo ha dado a conocer el semanario Aplausos, y a falta de confirmación oficial, Simón Casas tiene cerrados, salvo cambios de última hora, los once toreros que cubrirán los doce puestos para las cuatro corridas de toros que se celebrarán en el serial venteño.

El único doblete lo hará Alejandro Talavante, último triunfador de la Feria de San Isidro, que ha aceptado el reto de anunciarse dos tardes en el nuevo formato de sorteo con el que se elaborará la Feria de Otoño. El extremeño, rebelado por causas de fuerza mayor contra el sistema al que alguna vez perteneció, pretende reivindicar su categoría de figura que considera menoscabada.

También estarán los triunfadores de San Isidro 2017 y 2016, Ginés Marín y David Mora, aunque el caso de Mora no se entiende del todo. A ellos hay que sumar a Diego Urdiales, ausente en el ciclo isidril de este año y de todas la ferias importantes con la excepción de Bilbao; Román, que hará su cuarto paseíllo en Las Ventas esta temporada; Paco Ureña y Álvaro Lorenzo, que ya sabe lo que es abrir la puerta grande de Las Ventas esta campaña; Octavio Chacón y Emilio de Justo, dos toreros revelación de la temporada; Luis David Adame, que cortó una oreja en San Isidro y hace unos días en Bilbao; y Fortes, que tan grata impresión ha dejado en sus dos actuaciones este año en Las Ventas.

Además de una tercia de novilleros, se anunciará una encerrona de Diego Ventura dentro del ciclo de otoño.

Fuente: El Pais

De @TorosyToreros72: Las Puertas de Curro Rivera en Madrid – Julio Téllez en @DSolySombra.

Formidable muletazo del desdén de Curro Rivera en plena Plaza Monumental de Las Ventas. Desdeñosa verticalidad y superior donaire en su apoteosis isidril de 1972. Con estos recuerdos madrileños damos la bienvenida a De SOL Y SOMBRA al Lic. Julio Téllez García para seguir platicando de Toros y Toreros.

A la sombra del mes de Mayo, de tantos recuerdos de Toros y Toreros, recordamos que ayer domingo ha sido el aniversario 47 de la primer Puerta Grande de Curro Rivera en Madrid, la de Junio de 1971. Pero claro está, nuestro recuerdo siempre se centra en la tarde maravillosa ocurrida un año después y que lo confrontaría en una naciente y creciente rivalidad con Sebastián Palomo Linares en medio de la sempiterna polémica corrida de Atanasio Fernández en la Feria de San Isidro de 1972. Estuvimos ahí y hoy que partimos plaza por primera vez en De SOL Y SOMBRA, lo hacemos con este hermoso recuerdo.

Por: Julio Téllez GarcíaDe SOL Y SOMBRA.

Nos recuerdan las redes, hoy un catálogo taurino abierto también al recuerdo, que el lunes 22 de mayo de 1972 -no fue el 23- Curro Rivera salió por la Puerta Grande de las Ventas en Madrid, al cortar cuatro orejas situación que no se repetiría sino treinta y seis años después.

Los comentarios a tal hecho no tienen desperdicio.

Curro salió dos veces en hombros de Las Ventas, la primera el 3 de junio de 1971 en la extraordinaria Corrida de Beneficencia, mano a mano con el maestro Antonio Bienvenida quien fue “ahogado” por Curro, al decir la prensa. No pudo Bienvenida con un torero joven e impetuoso que estuvo sensacional en sus tres toros. Currocortó la oreja al segundo de la tarde de nombre “Grajador”, perdió las orejas del cuarto “Callejero” de nombre, por fallar con la espada y cortó la oreja del último de la tarde, “Niño”, por gran faena. Los toros fueron de Felipe Bartolomé y el maestro Bienvenida estuvo bien, a secas, en su lote.

A Curro lo pasearon en hombros por el ruedo y salió por la Puerta Grande. Curro toreó diez tardes en Las Ventas cortando nueve orejas en total, según nos cuenta el Señor Hernández Silva.

Pero grandiosa fue la corrida del 22 de mayo de 1972, Curro cortó 4 orejas alternando con Palomo Linares y Andrés Vázquez, con toros de Atanasio Fernández. Esta es la corrida que propagó uno de los mitos más extendidos en el toreo, el cuento de que le fue entregado a Palomo Linares el rabo de un toro por “un estúpido nacionalismo”, argumento que usó hace muchos años Pancho Lazo en forma equivocada, engañando a sus lectores haciéndoles creer que el rabo entregado a Palomo fue para demeritar el triunfo de Curro.

Nada más falso.

Lazo ocultó la realidad de lo sucedido esa tarde en la que Curro, después del triunfo de Palomo, le peleó en el último toro de la tarde realizando una faena del más puro clasismo y cortando dos orejas a pesar de un pinchazo, algo inusitado en Las Ventas como inusitado fue el rabo otorgado a Palomo por su extraordinaria faena.

Muy tarde tratemos de encontrar la verdad sobre las mentiras de Lazo que hicieron escuela y todavía se las creen muchos taurinos malamente, tomemos como guía la reseña y las fotos de la corrida publicadas por El Ruedo, semanario de gran prestigio y credibilidad.

Nos cuenta El Ruedo que Palomo en su primero, segundo de la tarde de nombre “Clavijero”, lo toreo por naturales y pases de trinchera ligados con molinetes. Toda la faena fue por naturales, limpios, serenos, tranquilos con el “desahogo grande del pase de pecho” rematando su faena con dos trincherazos contundentes previos a una estocada desprendida.

A petición popular le concedieron dos orejas.

Curro Rivera en el tercero de la tarde, su primer toro de nombre “Cigarrero” le da la réplica saludando al toro con cinco verónicas templadísimas sin enmendar y cierra con “media de suave armonía”. Con la muleta empieza Curro con estatutarios pases por alto. El momento sorpresivo que provocó la aclamación pública la provocaron “unos circulares sin enmendarse en que tres veces pudo sin mover los pies, constituirse en el eje de la embestida” siguió Curro con series de naturales perfectos como prólogo de media estocada de efectos culminantes, provocando la aclamación popular y la exigencia de las dos orejas.

Hasta aquí los dos toreros actuaban en igualdad de circunstancias por las orejas cortadas, no así por el impacto de las faenas. Curro había conmocionado al público con los “circulares” que por primera ocasión ejecutaba en Las Ventas. En México, estos muletazos que desataron toda clase de polémica, los conocíamos con el feo mote de “circurret”.

Sale el quinto de la tarde, segundo de Palomo de nombre “Cigarrón” y, en franca réplica a Curro, recibe a su toro toreando a la verónica con gran temple, erguida la figura,

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Curro y Palomo en 1972, gloria venteña.

toreando y caminando hacia los medios. Con la muleta, aprovechando la bravura y nobleza de “Cigarrón”, con gran decisión, lo torea de rodillas “con la misma soltura, mando y perfección que los mejores que se hayan dado de pie. La faena fue una maciza obra de arte en que el toreo más puro y más moderno se terminaron fundiendo como solamente se funden en los momentos de inspiración máxima. Una faena para guardar en el recuerdo.”

El final dramático conmocionó al público.

Palomo citó a recibir pero “Cigarrón”no acudió al cite, entonces, al encuentro, Sebastián se tiró a matar o a dejarse coger, dejó media estocada, salió prendido por el muslo y levantado en el aire.

El toro dobla y se produce una conmoción de entusiasmo de las que se ven pocas veces en la vida taurina y la plaza “exigió la rotura de normas y tabúes, obligando al Presidente a otorgar las orejas y el rabo”, aquel hombre al que se le terminaría haciéndole renunciar al día siguiente. He ahí uno de tantos hitos.

Era evidente la rivalidad y “pique” entre dos toreros jóvenes.

“Pitito”fue el último toro de la lidia y le tocaba a Curro.

¡Qué difícil remontar el rabo cortado por Sebastián!

Pero Curro tenía todas las armas para triunfar: juventud, creatividad plena con su toreo psicodélico muy a tono con la época que le tocó vivir, pero sobre todo, tenía las enseñanzas del toreo clásico que le enseñó su padre, el gran Fermín Rivera, y de esas enseñanzas hecho mano Curro para triunfar con “Pitito”, sin abandonar por momentos su toreo “psicodélico” del que era dueño y señor.

El anónimo cronista de El Ruedo, después de hacer una detallada crónica de la faena, la resume con este juicio: “… con el toro que tenía más respeto… Curro realizó la faena más clásica, más arriesgada, seguramente más maciza, dentro de la sobriedad elegante de los redondos y pases de pecho en línea, creciente de perfección. Después de un pinchazo y una estocada en buen sitio, el público embalado por el triunfo de los toreros, exige unánimemente las dos orejas para Curro.

De esta corrida, hay y habrá mucha tela para cortar; quise agregarme a la opinión muchos aficionados para aclarar algunos temas, sin descartar seguir platicando sobre esta eterna polémica.

Saludos y abrazos para toda la Afición envío desde Coeneo, Michoacán.

Twitter: @TorosyToreros72.

La Revolución Riverista entronizó, tras su paso por Madrid, a Curro Cumbre, Emperador Azteca del Toreo.
La Revolución Riverista entronizó en 1972, tras su paso por Madrid, a “Curro Cumbre, Emperador Azteca del Toreo.”

Feria de San Isidro: Las figuras se reparten tres orejas

Por FERNANDO FERNÁNDEZ ROMÁN.

Para torear así, tal cual se muestra en el documento gráfico, el torero tiene que tener la gallardía y el chispazo de inspiración propio de una gran figura del toreo, y el toro tiene que embestir de esa manera. Si ambas cosas no se circunstancian, la belleza del arte del toreo no se produce.

Reflejada la premisa, lo emblemático de la fecha en que se produce el hecho obliga a rendir emocionado culto al Torero por antonomasia, al que fuera indiscutible Sumo Sacerdote de la Tauromaquia de su tiempo, al ídolo inmolado en la plaza de toros de un pueblo toledano, va para un siglo. Noventa y ocho años, exactamente. Noventa y ocho tardes de toros en que los toreros de última generación que se visten de luces cada 16 de mayo, se descubren e inclinan la cabeza para musitar una oración en su recuerdo. Noventa y ocho veces ya que una multitud se pone en pie y guarda un respetuoso minuto de silencio en su memoria. Y es que ayer, hizo noventa y ocho años –se dice pronto—que a Joselito el Gallo le mató un toro en Talavera. Y nos seguimos acordando de él. ¡Cómo sería de grande su arte y de fecunda su obra!

Ayer se colocó el cartel de No Hay Billetes en la fachada de la Plaza de Las Ventas, porque actuaban tres toreros considerados figuras en esta época, dos consolidados, Manzanares y Talavante y uno, Ferrera, que viene trepando por los vagones del tren del toreo y va camino de alcanzar la locomotora. Decir tres figuras del toreo y público de Madrid, equivale a escenificar un escenario de permanente beligerancia. ¿Por qué razón? Razón, ninguna. En cuestiones taurinas, esto es Madrid. La villa y corte. El centro geográfico del país y, por supuesto, el santo y seña de la Tauromaquia; dicho lo cual, conviene recordar que Joselito el Gallo no actuó hace noventa y ocho años en Madrid porque la hostilidad de su público de toros se hacía ya insoportable. Hay que irse, Juan –le dijo a Belmonte–, vayámonos por un tiempo de la Plaza de Madrid y dejemos que vengan otros toreros…; pero se fue solo él, a encontrar su muerte talaverana junto al río Tajo, pegado a la ermita de la Virgen del Prado. Y ahora Madrid, año tras año, como si de una contrición perpetua se tratara, se quita el sombrero, se pone en pie y le dedica un minuto de silencio que a mi me parece más que de rendición admirativa, de remordimiento.

Con estos antecedentes, suponíamos que la corrida de máxima expectación acabaría como el rosario de la aurora. Figuras y Madrid, igual a petardo. Así sucede casi siempre. Pero, venturosamente, no sucedió tal cosa.

Sucedió que vimos al resurgido Antonio Ferrera, ahora colocado en modo homo levitating, vestido de raso y oro, torear a un toro de Cuvillo como si fuera una becerra de tentadero, incluso sin pensar en el premio a ganar, es decir, sin ánimo de lucro. Torear sin ánimo de lucro, aunque sea una metáfora, supone que el toro tampoco ha de poner apenas dificultades, como así era. No quiere esto decir que el peligro –de muerte, también, por supuesto- no acechara al torero. Quiere decir que el toro debe poner emoción a su embestida. Si esa emoción no aparece, el arte puede llegar a convertirse en artificio. Ni ese primer toro de la corrida ni el cuarto de la tarde, segundo del lote de Ferrera, generaron la emoción que lleva implícita la casta brava, por tanto, la emoción hubo de buscarla el torero por la vía de la estética, aunque también debiera estar lejos del amaneramiento. Antonio toreó a sus dos toros despacio, despacio, despacio porque los toros acometían andando, pesadamente. Toreó a placer. Para su placer, principalmente. Dos faenas de parecido corte, con algunos chispazos de cierta genialidad, en las que intercaló muletazos de bella composición. Al primer toro lo mató de una excelente estocada y al segundo de su lote, después de una faena de espejo larguísima, con algunos muletazos que podían servir de modelo para un cartel de Ruano Llopis, de un metisaca en los bajos. Oreja y aviso fue el balance de Ferrera, pero si llega a colocar a este cuarto toro un volapié tan magnífico y tan eficaz como el que recetó al primero, en esta corrida Antonio abre la Puerta Grande de Las Ventas.

Otro tanto le ocurrió a José María Manzanares, que se enfrentó al toro de mejores hechuras del lote enviado por Núñez del Cuvillo, jugado en segundo lugar y de 555 kilos de peso. Eso es entrar en razón. Fue éste un toro algo corretón de salida, al que picó superiormente Chocolate-hijo, pero un toro al que había que someter, porque su encastada embestida generaba calamocheos y rebrincamientos difíciles de aplacar. José María cuajó muletazos excelentes, de largo recorrido y templanza evidente, a pesar de que un sector del público le recriminaba constantemente, con ese ponte aquí y quédate allá, que es el tópico preferido o el catecismo de moda en estos tiempos. Lo cierto es que la labor de Manzanares en este toro fue francamente meritoria, pero caprichosamente devaluada por una corriente empecinada en el distorsionado del sentido común. El quinto fue un jabonero sucio de bella estampa, al que el diestro alicantino toreó de capa con ampuloso juego de brazos y bamboleo suave de la tela. Se arrancó el toro de largo al caballo de picar y Manzanares le volvió a ofrecer la capa para torear por delantales, suaves, sedosos, lentísimos; tan lentos que en uno de ellos por poco se lo lleva el toro por delante. Después, el de Cuvillo presentó problemas por el pitón izquierdo, pero tomó bien –sin perder temperamento— la muleta por el derecho, donde José María encontró los momentos más inspirados. Dos series por ese lado fueron sencillamente magníficas… a pesar de los pesare de por allá arriba del graderío. Otra vez montó la espada y ejecutó el volapié con perfecta sincronía de movimientos, metiendo el acero por el hoyo de las agujas. Solo por la estocada, la oreja que paseó el torero fue un premio de máxima justicia.

Al tercer espada del cartel AlejandroTalavante, le echamos de comer aparte, que diría un castizo. Su primer toro, tercero de la corrida fue un toro enrazado, corniveleto y respondón, al que Talavante toreó por bajo con unos muletazos de inspirado concepto –me atrevería a decir que se le ocurrieron sobre la marcha–, flexionando la pierna de salida de la suerte y obligando a humillar hasta lo inverosímil al toro de Núñez del Cuvillo. Incluso se permitió el lujo de mirar al tendido.

Comienzo tan explosivo auguraba una faena de altas dimensiones, pero el temperamento del toro no permitió excesivas florituras al torero. No obstante, el Tala cuajó muletazos magníficos, sobre todo en dos series con la mano derecha y una –excelsa—de naturales. Mató de estocada casi entera y la oreja cayó, sin discrepancia alguna que tuviera base concreta y sensata. Mejoró su actuación en el sexto, sin duda el toro de la corrida. Un cuvillo castaño que derribó con estrépito al caballo y al picador, Manuel Cid; acudió de nuevo con fijeza al área de castigo y apretó de firme bajo el peto. Arreó en banderillas, pero Juan José Trujillo le ganó la cara en dos pares meritorios, que le obligaron a saludar. La faena de Talavante a este toro olía a Puerta Grande. Más aún: a triunfo grande, de dos orejas. Y a fe que a punto estuvo de conseguirlo, porque toreó de muleta con arrebatada personalidad y desbordante torería. Las series en redondo con la derecha, perfectas; las de naturales, inmaculadas. Faena de gran intensidad que no firmó su espada como merecía. Dos pinchazos y estocada. La ovación, supo a poco.

Tres orejas, tres se repartieron las figuras ayer en Las Ventas del Espíritu Santo. Los tres, tienen nuevas comparecencias contratadas. Los tres deben agradecer a Núñezdel Cuvillo la corrida que envió a Madrid: toros de razonable peso, algunos bien corpulentos, pero todos ellos armados con dos puñales puntiagudos. Corrida, pues, seria y buena en líneas generales, con los matices descritos.

Corrida en la que un año más, salió revalorizado José Gómez Ortega, Gallito, o Joselito el Gallo, como ustedes quieran. En cualquier caso, el Rey de los Toreros, antes, ahora y siempre. Un Rey que ha dejado en prenda su corona: la montera que tuve el honor, el placer y la fortuna de tener entre mis manos durante varios minutos, hace tan solo tres días. Todavía me tiemblan de emoción.

Publicado en República

Foto: NTR Toros.

Feria de San Isidro: Amar la trama

Por Juan José Cercadillo.

Amar la trama más que el desenlace, Jorge Drexler ‘dixit‘.

Amo esa definición para cualquier cosa. Para el trabajo, para la vida, para el amor, para el odio, para la familia o la pareja. Amar la trama, disfrutar el momento, sentir que lo importante no es cómo quieres estar dentro de un tiempo sino cómo estás ahora. Es más fácil cuando disfrutas, cuando eres feliz en lo que haces, cuando no estás forzando situaciones a la búsqueda de mejor posición o sensaciones. Fácil de decir, difícil de hacer… La vida misma. Mucho riesgo olvidarse del final, de la estrategia o el objetivo y entregarse a disfrutar, pase lo que Dios quiera que venga. Pero creo en firme que es la actitud buena para disfrutar de todo, y en especial de los toros, y muy en especial en Las Ventas.

Y este miércoles la trama ha sido de ensueño. Ver a toreros cuajados, sensibles, con arte y con compromiso remontar las envidias de los mediocres, solventar las deficiencias de sus toros, entregar generosos sus interiores hilvanando historias que disfrutar a cada pase, a cada cite, a cada desplante o remate es disfrutar del todo de la trama, sin importar el desenlace de las estocadas perfectas, de las orejas cortadas.

Disfrutamos este miércoles hasta la médula la trama de Antonio Ferrera, la fama de Manzanares, la calma de Talavante, el fluir de una corrida que pudo marcar historia si no caen los toros al piso y se callan los que sobran… Y si no pincha Alejandro, también es cierto. Pero, como siempre en la vida, hay quien no disfruta de nada. Da igual que vean los pases lentos y planos del Manzanares más torero, los naturales profundos, sentidos y verdaderos de un Ferrera en plenitud o la fibra, el temple y la belleza de los pases del figurón del futuro Talavante. Da igual, algunos no quieren verlo y vuelven para sus casas como si no hubiera pasado nada delante de sus narices, al final de sus tendidos y muy muy dentro de su alma.

Y se han cortado tres orejas, una por cada coleta, que decían los antiguos. Y da igual que Ferrera no pudiera rematar el cuarto, que Manzanares no reventara del todo rompiéndose con el buen quinto y sobre todo que Talavante no enterrara esa espada en el impresionante sexto que le hubiera dado una nueva puerta grande de la que contar a tus hijos.

Grandioso Alejandro de tobillos a la nuca, de cintura, de cadera, de muñecas y atributos. Entregado, sensible y templado, me ha encantado la trama de sus faenas. Bien compuestas y llevadas, bien planteadas y serias. Con historia, con su trama y con verdad de la buena.

Amar la trama del toreo, olvidar un poco el desenlace. Más allá… volver a vivir la trama y evitar el desenlace. Disfrutar de cada pase y recordarlo por siempre… Y me da igual la puerta grande.

Plaza de toros de Las Ventas, miércoles 16 de mayo de 2018.

9ª de feria. Lleno de no hay billetes en tarde primaveral y agradable. Toros de Núñez del Cuvillo de entre 533 y 585 kilos muy bien presentados y en tipo, serios y con gran tono en general, flojos algunos, lo que impidió, junto con los pinchazos de Talavante, una tarde de verdadera gloria.

Antonio Ferrera, de nazareno y oro. Oreja y silencio.

Manzanares, de azul marino y oro. Silencio y oreja.

Alejandro Talavante, de blanco y oro. Oreja y gran ovación. Pudo abrir la puerta grande de no pinchar en el sexto tras dos grandiosas faenas.

Se guardó un minuto de silencio al final del paseíllo por el aniversario de la muerte de Joselito el Gallo en Talavera.

Publicado en El Confidencial

Foto: NTR TOROS.

San Isidro 2018: La épica como recurso / Ureña, una verdad a medias

Por Paco Aguado / Foto: Teseo Comunicación.

No estaban terminando de salirle las cosas al bueno de Paco Ureña. Con el primero, que aunque cargado de carnes fue el mejor hechurado y, por tanto, también el mejor toro de la corrida, porque le pudo la ansiedad: una visible, tensa y empecinada intención de rebozarse de toro, de despatarrarse hasta lo obsceno y de pasarse muy cerca de la bragueta unas embestidas que pedían, en cambio, más sutileza formal y sobre todo menos ligereza de muñecas en los remates.

Cuando acertó a cogerle medianamente el aire, le pegó de tal guisa una serie de naturales vibrantes y bizarros, pero que, por aquello que le faltó, ya no logró volver a repetir mientras la faena se le iba cayendo hasta los cinco pinchazos que la hundieron en la nada. Y con el quinto, que se movió mucho y con recorrido sin emplearse demasiado, Ureña se tiró también un largo rato sin concretar casi nada bajo un tendido que empezaba a contagiarse del fresco de la noche y del frío del ruedo.

Así que, una vez más, en el tiempo de descuento el de Murcia apeló a la épica, al drama más buscado que encontrado, a esa impostura que sabe recurso infalible en una plaza aparentemente tan dura pero en realidad tan impresionable como la de Madrid. De nuevo vimos a Ureña en su versión “hard core”, con el arrimón desafiante entre los pitones, el ajuste amontonado de empellones, el ¡uy! por el ¡ole! Y, para redondear la escena trágica, tampoco faltaron la voltereta final, la duda de la cornada y el renacer doliente, después de caer entre las patas del toro en una estocada a cara de perro.

Cayó también así la oreja que se dejó en el otro, para repetir la que ya parece su tópica imagen de marca: aferrada la mano al trofeo, tinto en sangre el desaliñado vestido y el rostro crispado, entre lastimero y feliz. La gente le quiere por su humildad, por su constante sufrimiento, pero tiene ya ganas de verle salir a hombros con el traje impoluto y entero, salpicado si acaso de pelos del toro, y con una sonrisa de oreja a oreja después de que el toreo que busca le fluya de una vez sin tanta fatiga.

Del resto de la corrida, con el color ambiental que le dio el primer lleno pero coherente con el gris de todo lo que va de feria, quedó apenas la pasajera sensación de haber presenciado una jornada laboral más de El Fandi, con un lote vacío, y la voluntad evidente y desangelada de un López Simón que aún sigue por la tortuosa senda que le lleve hasta sí mismo.

Publicado en Cuadernos de TM

Ureña, una verdad a medias:

El torero murciano cortó una sola oreja al lote de más calidad de Puerto de San Lorenzo.

Por Antonio Lorca.

Que Paco Ureña es un gran torero es una innegable. Pero los héroes artistas no siempre tienen la inspiración a punto para culminar obras bellas.

Ayer, el torero murciano firmó una actuación valerosa, sincera, emotiva a veces, emocionante en algunos destellos, pero no arrebatadora ni conmocionante, como, quizá, exigía el lote que le tocó en suerte. Paseó una oreja a la muerte del quinto después de una faena de medianías y una voltereta en la suerte suprema que fue la que, de verdad, empujó para la concesión del premio. Una actuación a medio gas, por tanto, de un referente del mejor toreo actual al que se le debe exigir un mayor compromiso.

Todo comenzó en un quite por gaoneras ceñidísimas al primer toro de la tarde, anuncio de su plausible disposición. Recibió, después al suyo con un manojo de verónicas embraguetadas y otras tres, en el quite, de gran empaque.

Empujó el toro en el primer envite con el picador y salió suelto en el segundo; galopó en banderillas y pronto mostró su clase, hondura, prontitud y humillación en la muleta. No llegó a acoplarse Ureña con la mano derecha, y el buen toreo comenzó a surgir con unos naturales largos, templados y bien ligados, que dieron paso a una magnífica tanda por el mismo lado, con el compás abierto, en una demostración evidente del toreo auténtico. Aún hubo un gran pase de pecho, otro del desprecio monumental, una trincherilla y ayudados por alto finales. Mató mal, muy mal, pero ya antes había quedado explícito que brillaron trazos extraordinarios pero incapaces de crear una obra de arte. Fue una labor de menos a más que cayó por el precipicio de los pinchazos. Sobraron muletazos y faltó remate y conmoción. El buen toro mereció mejor suerte.

Bueno fue, otra vez, el recibo a la verónica al quinto, otro animal con movilidad y nobleza en el tercio final. Fue la de Ureña una faena larga, en la búsqueda incansable e inoperante de una emoción que no se hizo presente más que en destellos puntuales. Culminó su labor con unas anodinas manoletinas que, sorprendentemente, cerró con un remate y un pase de pecho torerísimos. El toro quedó cuadrado para la muerte, y Ureña se tiró encima del morrillo con decisión, lo que le costó una espectacular voltereta. Esta y la bella muerte del manso y noble toro propiciaron el premio de la oreja. Bien, pero puede y debe estar mejor. Es imprescindible que así sea por el bien de la tauromaquia.

El resto del festejo no tuvo color. El Fandi pechó con un lote infumable. Inválido, muy protestado, un cadáver en puertas, fue su primero, ante el que falló en un par de banderillas al violín y con el que trató de justificarse en una voluntariosa labor de brocha gorda.

No tuvo mejor fortuna con el cuarto, manso y deslucido, al que banderilleó con más fortuna, aunque desistió de hacerlo en la suerte del instrumento musical, por si acaso.

Y el madrileño López Simón confirmó la impresión que dejó en la pasada Feria de Abril: que atraviesa un bache, que no está, que da muchos pases y torea poco, que su labor no llega a los tendidos, y que, en pura lógica, aburre.

Tuvo toros de triunfo, nobles, obedientes y repetitivos los dos, pero a ninguno le cogió el aire, ni se sintió a gusto ni gustó a casi nadie. Algún muletazo largo, alguna tanda ligada, pero todo en un mar de aguas insípidas.

Cómo haría mella el aburrimiento en los tendidos que, mientras López Simón daba muletazos al sexto, se lanzaron vivas a España, a la tauromaquia y a san Isidro Labrador, motivo más que suficiente para que el buen torero reflexione sobre la crisis de identidad que, por lo visto, padece.

Otra tarde más deben subir al podio toreros de plata henchidos de gracia: Tito Sandoval por un buen puyazo al sexto, y Vicente Osuna, Yelco Álvarez y Jesús Arruga, por meritorios pares de banderillas. Los cuatro, miembros de la cuadrilla de López Simón; lo que son las cosas…

SAN LORENZO / EL FANDI, UREÑA, SIMÓN

Toros de Puerto de San Lorenzo, bien presentados; el primero, inválido; segundo, mansón y de calidad suprema en la muleta; cumplidor en varas y noble el tercero; deslucido el cuarto; manso y noble el quinto, y con movilidad el sexto.

El Fandi: casi entera (silencio); estocada caída (silencio).

Paco Ureña: dos pinchazos —aviso— tres pinchazos y un descabello (ovación); estocada (oreja).

López Simón: media estocada, un descabello —aviso— y un descabello (silencio); pinchazo —aviso— media tendida y un descabello (silencio).

Plaza de Las Ventas. Octavo festejo de la Feria de San Isidro. 15 de mayo. Lleno. (22.275 espectadores, según la empresa).

Publicado en El País

San Isidro 2018: La Quinta, tan bellos por fuera y tan feos por dentro

Plaza de Las Ventas de Madrid. Segunda corrida. Casi tres cuartos de entrada. Toros de LA QUINTA ( (3), de bella lámina y feísimo comportamiento, muy descastados.

JUAN BAUTISTA (5), de aguamarina y oro. Bajonazo y descabello (silencio). Estocada desprendida (saludos con protestas).

EL CID (4), de azul pavo y azabache. Estocada trasera y descabello (silencio). Estocada corta atravesada (silencio).

MORENITO DE ARANDA (5), de negro y plata. Pinchazo hondo y cinco descabellos. Un aviso (silencio). Dos pinchazos, pinchazo hondo y tres descabellos. Dos avisos (silencio).

Por Carlos Ilián.

La segunda en la frente. Otro tarde sombría y sin el más mínimo brillo, nada de que acordarse el aficionado, como no sean unas verónicas de Morenito de Aranda a su primer toro y el buen tono en los naturales de Juan Bautista al cuarto el toro, el de mejor comportamiento de la descastadísima corrida de La Quinta. Por supuesto que en el haber del ganadero hay que abonarle la gran presentación de la corrida, muy seria y astifina, tal vez pasada de kilos para su morfología.

Poco, pues, poquísimo, en el balance de esta segunda de San Isidro con muchos claros, casi desnudos los tendidos 5 y 6, aunque el abono salva la cara del aspecto de los tendidos de sombra y sol y sombra. Seguramente está será la tónica del serial, con llenos en las tardes del clavel y alguna otra, pero con batacazo para la reventa el resto de los días.

Se esperaba con cierta ilusión a los toros de La Quinta por su procedencia Santa Coloma, tan venerada aquí en Madrid, pero solo vimos embestidas al paso, sosería desesperante y alguna que otra fea tarascada como las del quinto que desbordó a El Cid. Lo bueno, aunque escaso, la noble y templada embestida del cuarto y ya queda dicho que Juan Bautista, un muletero de raza, lo templó y se gustó. Fue escaso, pero al menos nos alivió de la rutina, de los pases por docenas para olvidar.

Morenito de Aranda cuajó esos lances de primor al tercero y se esforzó sin resultado con la muleta en ambos toros.

El Cid bregó con el segundo y no pudo con la arisca embestida del quinto.

El cartel de hoy

Toros de Fuente Ymbro para Joselito Adame. Román y José Garrido.