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FERIA DE SAN ISIDRO: Ginés Marín, por la puerta grande 


Por Antonio Lorca.

Salir a hombros por la puerta grande el día de la confirmación de alternativa es el premio gordo con el que sueña todo el que se viste de luces. Y se lo ha llevado el joven Ginés Marín no porque jugara a la lotería, sino porque se encontró con un toro —el sexto de la tarde— excepcional para la muleta, y se entretuvo en realizar una faena primorosa de principio a fin, preñada de ritmo, compás, armonía, largura, profundidad y elegancia. Un compendio, en fin, de torería. La plaza vibró, rugió y se conmocionó ante el derroche de belleza que brotó de la pronta embestida, profunda, desbordante de clase y transmisión de un toro incansable a la hora de perseguir la muleta con fijeza y humillación. Un toro para la triunfal consagración o la derrota definitiva de un torero.

Por fortuna, la ilusión y la fortaleza de Marín, torero de la nueva hornada, se encontraron con la inspiración artística, y entre todas dibujaron una obra de arte que ha devuelto la alegría a los entristecidos tendidos de Las Ventas.

Recibió Marín al toro con unas aseadas verónicas; derribó en el primer puyazo y no confirmó su supuesta bravura en el segundo, fue pronto en banderillas y ofreció un derroche de calidad en el tercio final. La primera tanda con la mano izquierda hizo presagiar lo mejor: magníficos naturales, largos, bellísimos, coronados con una preciosa trincherilla y un pase del desprecio. Un natural grande —sobrenatural—, en la siguiente, cuando ya el toro, Barberillo de nombre, de 528 kilos de peso, había desnudado sus cualidades delante de todos. Templadísimo resultaron los redondos posteriores, nacidos de una total simbiosis entre toro y torero.

La plaza disfrutaba como casi nunca, después de tanto hastío continuado, y aún quedaban destellos de toreo excelso, otro natural inmenso, un molinete, un largo pase de pecho… Y el toro que se siente agotado, exprimido, y se quiere marchar de la pelea.

Una estocada casi en el hoyo de las agujas, pero de efectos fulminantes, hizo que los tendidos se poblaran de pañuelos y Marín paseara merecidamente dos orejas que lo aúpan al podio de los grandes triunfadores.

Pero pasaron más cosas. El propio Marín realizó una faena de menos a más, plena de disposición y entrega, a un toro aplomado, noble y blando que se lidió en tercer lugar.

Y algo mejor: El Juli a punto estuvo de acompañar a Marín en la salida a hombros si mata a la primera a su segundo toro. No le sobra exquisitez a este torero, pero es una enciclopedia de conocimiento, en la que destacan el oficio y la experiencia. Le falta misterio y sensibilidad, pero es un derroche de técnica y poderío. Así lo demostró en sus dos toros. Le cortó la oreja al primero, un animal exigente, al que superó en todos los terrenos; y volvió a dictar otra lección de maestro ante el cuarto. Absolutamente parado en el tercio de banderillas, se transfiguró ante el imán de la muleta de El Juli, que se lo llevó al centro del ruedo y allí le mostró los secretos de la lidia.

Lo enseñó a embestir, la muleta siempre en la cara, y dibujó redondos enjundiosos y un manojo de naturales largos y hondos. No tenía más fondo el animal, que, incluso, llegó a derrumbarse en la arena, pero el torero exprimió las pocas gotas de casta restante con un arrimón final y un par de adornos muy bien vendidos al respetable, que estalló en una ovación clamorosa. Si mata a la primera, que no fue así, hace acto de presencia la polémica, porque El Juli hubiera salido a hombros tras una doble actuación poderosa, aunque no redonda ni completa.

Si alguna objeción se le puede poner a Álvaro Lorenzo es su pesadez. La cantidad nunca es sinónimo de calidad ni el cansancio de alegría. Se le vio suelto, firme, con gracia, con sentido estético y empaque. Se le vio que atesora maneras que pueden dar que hablar. Decepcionante y de corta embestida fue su primero, al que no encontraba el momento para la suerte final; y dejó la impronta de su buen gusto ante el sexto, al que muleteó con prestancia y temple sin que el asunto llegara a más.

Alcurrucén/El Juli, Lorenzo, Marín

Toros de Alcurrucén, bien presentados, mansos y muy nobles. Sobresalió el sexto por su movilidad, clase y transmisión.

El Juli: estocada caída (oreja); pinchazo, casi entera baja y un descabello (ovación).

Álvaro Lorenzo, que confirmó la alternativa: estocada caída (ovación); estocada —aviso— (ovación).

Ginés Marín, que confirmó la alternativa: tres pinchazos —aviso— y un descabello (ovación); estocada (dos orejas). Salió a hombros por la puerta grande.

Plaza de Las Ventas. Decimoquinta corrida de feria. 25 de mayo. Lleno (23.007 espectadores).

Fuente: El País

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Feria de San Isidro: ¡Borrachos…!


Daniel Luque contempla a uno de sus toros derrumbado en la arena. Foto Bernardo Pérez.

Por Antonio Lorca.

Salió en cuarto lugar Vaporito,un sobrero de Adelaida Rodríguez, todo ufano y altivo. Así recorrió parte del ruedo, no hizo caso al capote de Daniel Luque, y acudió al caballo con enorme desgana. 

Apenas recibió castigo, pero cuando salió del encuentro se le notaron unos gestos raros, se le aflojaron las manos, parecía que perdía el equilibrio, y la sensación que dio es que tenía los ojos vidriosos y la lengua trapajosa. Dicho en cristiano: que estaba borracho. El presidente lo mandó a los corrales a que durmiera la mona eterna y ahí acabó la efímera vida taurina del muchacho.

Pero el primero de la tarde demostró los mismos síntomas. Una salida con la mirada arrogante y una invalidez manifiesta en pocos segundos.

Y así toda la corrida, en mayor o menor nivel etílico. Unos aguantaron con más pena que gloria, pero a todos se les veía a leguas que venían de parranda, de modo que ninguno de los toros actuantes pudo cumplir con la obligación que les permitió vivir durante cuatro años en la dehesa.

En fin, que el tema no es nada nuevo, pero la ganadería brava padece un serio problema. Quizá, esta corrida de Valdefresno sea la peor de lo que llevamos de feria y de muchas ferias. Pero la enfermedad no es de este hierro, sino que está contagiada por los cuatro puntos cardinales del campo taurino. Con varias corridas como la de ayer, tan inválida, mansa, descastada y birriosa, se acaba la fiesta; y se acabará porque no habrá alma humana que aguante tamaña decepción y tan profundo aburrimiento.

Lo curioso es que nadie investigue la causa del mal. Ni la autoridad, ni la Unión de Criadores, ni el ganadero afectado. Ni siquiera hay lamento. Ha salido mala y esperamos que la siguiente sea mejor. Y ahí finaliza la investigación.

Pero quedan muchas preguntas. ¿Estaba la corrida enferma? ¿Alguna comida o bebida le habría sentado mal? ¿Es un problema de selección?

Una ganadería es un coto cerrado y los manejos del ganadero son piezas secretas de la tauromaquia. ¿Cuáles son los métodos de selección de este ganadero y de este otro? ¿Por qué no existe un organismo que los supervise? ¿Por qué no hay unas normas precisas para el sector? ¿Por qué el presente y el futuro de un tesoro de la zootecnia de este país como es el toro está en manos exclusivamente privadas en un momento en que sufre un grave peligro de extinción?

No se entiende casi nada de esta fiesta; y, mientras tanto, continúa cayendo por el precipicio de la degeneración entre el silencio cómplice de todos los responsables y la desesperación de quienes pasan por la taquilla.

La corrida en la que participaron Luque, Fortes y Leal fue insufrible; y bien es cierto que no por responsabilidad de los toreros, que poco tuvieron que ver, con toda seguridad, en la elección de los toros. Pero a los tres, —los toreros— los llevaron al matadero y los despachos les pasarán factura por la tarde en blanco que dejaron pasar en San Isidro.
Luque está en horas bajas profesionales. Nadie cuenta la verdad, pero parece que son múltiples las causas que han llevado a este torero de tocar la cima con la yema de los dedos a enfangarse en el olvido. No tuvo toros para demostrar nada —y cuánto tenía que demostrar para volver a empezar— y su expediente no cuenta con ningún apunte positivo y no por su culpa.

Fortes venía a corroborar la buena impresión que dejó el pasado día 16, lo intentó de veras, se arrimó, se cruzó, trazó algún muletazo más que estimable, pero no pudo ahormar faena. Lo mejor, en su primero, tres naturales de rodillas, una tanda de aceptables redondos y mucho valor frente a un toro inservible. El quinto no tenía un pase.

Juan Leal no tenía más remedio que jugársela, y demostró valor ante un primer toro incierto y brusco. Se dio un arrimón junto a las tablas, se empeñó en dar circulares entre las protestas de parte del público y su intención no resultó meritoria. Una birria resultó ser el sexto, quiso torearlo sin éxito y a poco se lleva una cornada.

VALDEFRESNO / LUQUE, FORTES, LEAL

Toros de Valdefresno-Fraile Mazas, —el primero, devuelto—, justos de presentación, mansos, sosos y descastados. El sobrero, de Adelaida Rodríguez, lidiado en cuarto lugar, devuelto; segundo sobrero, de Carriquiri, muy manso y descastado.

Daniel Luque: estocada (silencio); dos pinchazos, estocada —aviso— y dos descabellos (silencio).

Fortes: estocada —aviso— y dos descabellos (palmas); casi entera caída, un descabello y el toro se echa (silencio).

Juan Leal: media atravesada —aviso— y un descabello (ovación); pinchazo y estocada (silencio).

Plaza de Las Ventas. Decimotercera corrida de feria. 23 de mayo. Más de media entrada. Se guardó un minuto de silencio en memoria de las víctimas del atentado de Mánchester.

Publicado en El País 

Antonio Banderas, Sergio Ramos y Antonio Ferrera

Por Fernando Bermejo.

El artículo iba también de un trío, parecido pero diferente: de fútbol, toros y política. A menudo me pasa en mayo, el mes más ocupado del año de largo. Los que vivan en Madrid, les interese el fútbol, se asomen algo a los toros (o a los bares cercanos) y ejerzan como ciudadanos sabrán de lo que les hablo, esas superposiciones del Real Madrid en ebullición y a punto de rematar coincidente con un cartel de San Isidro casi nunca rematado pero siempre con algo para ver y, de postre, unas generales, autonómicas, municipales o estas últimas primarias del terremoto.

Era un gran artículo. Cuando el Madrid se juega la Liga o la Champions, sabemos que hay noches de mayo señaladas, o tardes de domingo luminosas, con el retrovisor en Santa Cruz, como tanto se han esforzado en rememorar entre Vigo y Málaga, las dos últimas estaciones de una Liga inolvidable con el mejor juego visto en años, de éste y del resto de equipos.

A las 7 empiezan los toros en Las Ventas, con lo que es muy probable que corridas de toros y partidos cruciales se entremezclen, y uno ya no sabe dónde mirar. La política y sus elecciones quedan destinadas a esos domingos inolvidables, como aquél en que Finito de Córdoba se destapó en Madrid y mi amigo Julián Campo, procedente de Burgos, intentó votar en vano en mi colegio electoral de Conde de Peñalver tras pasar por la barra de La Cruz Blanca. De aquello no queda ni Julián, ni la cervecería. Finito resiste, pero casi nadie se acuerda de él.

Vivir en Madrid, ser del Real Madrid, que te gusten los toros, que seas abonado de ese club, de esa plaza, y que no seas abstencionista depara casi siempre un mayo de esplendor, gane Pedro, pierda Susana -jamás el periodismo se ha referido con tamaña familiaridad a los políticos-, gane Cristiano, galope desde atrás el tapado Mateo, triunfe Talavante o no toree Morante hasta casi en verano, qué lejos queda. Se entrecruzan los nombres, las citas, las entradas, los abonos, las urnas, las reservas, aunque casi siempre acabemos en Costa Leandro en cursiva (calle Londres) o en la humeante de habano terraza de Richelieu (paseo de Eduardo Dato).

Pero la viralidad ha azotado la idea primigenia y la terna es otra: Banderas, Ramos y Ferrera. El actor aprovecha un desfile benéfico de Naomi Campbell en Cannes para, con las yemitas de los dedos, desplegar la verónica con la chaqueta. Mucho arte, sin ser tópico. Y sale de la suerte rimbombante, ahí queda eso.

La verónica de Ramos es más esperada, por habitual, por que el Madrid suele ganar mucho en mayo. Lo hace con la bandera, en la que los colores de España se comen al escudo blanco, para azuzar más a los críticos. Saca Sergio poco los brazos, por lo que el presunto toro se le echaría encima. Y el remate se lo tiene más que currado: una revolera efectista antes de saludar a las cámaras acabado el repertorio. Toreo de llegar al tendido y cortar las orejas. Fijo.

Ramos, entre Vigo y Málaga, se pasó por el callejón de Las Ventas para deleitarse, justo enfrente de donde estaba, con su amigo Talavante. Suele hacerlo siempre que el estresante, como habrán comprobado, mayo se lo permite.

Estos lances de Banderas y Ramos los habrán podido ver en telediarios, espacios de antes y de después de comer, en la media tarde o antes de cenar. Multiplicados en las redes y en whatsapps. Verónicas en Cannes y en La Rosaleda.

En el limbo mediático, este domingo, mientras Keylor hacía la cuarta de sus paradas trascendentales de los últimos partidos y los recuentos de Cangas de Onís, Benavente y Pozuelo empezaban a dibujar el rostro de ganador puño en alto y sin cazadora de Pedro Sánchez, el triunfador de la Feria de Sevilla, que se llama Antonio Ferrera, que cumple este año como matador 20 de sus casi 40 años de edad, que está maravillando con el mejor toreo de la temporada, cuajó una elegantísima faena a media altura, pletórica, a un toro de Las Ramblas dulce pero sin humillar.

Tendrán, eso sí, que buscar para verla. Merece la pena.

Ah, y el próximo 9 de junio -al menos- repite en Las Ventas. En sazón, como el central y el actor.

Publicado en El Independiente

Feria de San Isidro: Antonio Ferrera dictó una lección de torería

Foto NTR Toros Twitter.

Por Antonio Lorca.

Cuando Antonio Ferrera finalizó la vuelta al ruedo tras la muerte del quinto toro, el público la tomó con el presidente y le dedicó una sonora bronca. El motivo fue la negativa del usía a concederle al torero la segunda oreja. Injusta fue la protesta y acertada la decisión del señor del palco porque si bien Ferrera se entretuvo en dictar toda una lección de sobresaliente torería, no fue el suyo un examen de matrícula de honor, pues su imprescindible colaborador, el toro, no encerraba en sus entrañas las condiciones necesarias para que la obra resultante hubiera sido conmocionante y arrebatadora.

Pero dejó a la plaza entera, eso sí, con la boca abierta. Bueno, lo cierto es que desde el inicio del festejo se mostró Ferrera como un torero nuevo, clásico y macerado por el tiempo. No había más que ver su forma de andar por el ruedo, salir de la cara del toro, las pausas… Allí había un maestro, un diestro transfigurado; y eso se nota y se siente por la megafonía del sentimiento.

Lo que dictó ayer Ferrera fue su magisterio, expresado en la seguridad, la confianza, la naturalidad, la hondura, la elegancia y la búsqueda constante de la pureza.

Su primer anuncio fue con el capote ante su primero, al que recibió con un par de excelentes verónicas rematadas con dos medias sencillamente extraordinarias. Esa tarjeta de presentación dio paso a la faena de muleta al quinto, que comenzó con pases por alto, ganando terreno, y coronados en el centro del ruedo.

Allí, asentó las zapatillas, se ajustó la chaquetilla y dijo sin hablar que prestaran atención. Y lo que siguió fue la lección de un torero en plena madurez, ni más ni menos, con exacto sentido de los terrenos, las distancias y la colocación. El animal era noble y sosón, con la cara siempre a media altura, pero mejoró, ¡qué remedio!, ante la insistencia inteligente del torero. Surgieron, primero, hondos redondos; después, dos elegantísimos cambios de manos, y una tanda de naturales, a continuación, bellísima y desbordante de plasticidad. Otra más citando de frente, y unos ayudados finales antes de volcarse sobre el morrillo del animal y cobrar una estocada que fue suficiente.

Sin algarabía, sin arrebato y sin la conmoción de las grandes tardes, Ferrera acababa así su clase de tauromaquia para paladares exquisitos. Su primero había sido una mole de carne que se paró pronto.

Bueno, lo de los toros da para una tesis. ¿Quién los habrá elegido? ¿Y quién los aprobó? Veamos: salieron tres abueletes —cumplían seis años en 2017—; a continuación, dos yogurines, —cuatro años desde enero y febrero pasados—, y el quinto, un hombre hecho y derecho. 

Los tres primeros feos y con las fuerzas justísimas. Imagínese a un señor —salvando las distancias— de la tercera edad al que preparan para participar en los Juegos Olímpicos. Pues, eso. Mucho interés, pero no acaba la carrera. Ninguno de tres la acabó, dieron todo lo que tenían en el tercio de banderillas y en el de muleta pedían a gritos una bombona de oxígeno. 

Después, resultó que ni los niños ni el hombretón tampoco derrocharon energía, lo que vino a demostrar que el problema fundamental no era la edad, sino la sangre. Que no valían como toros bravos, vamos… El único que mantuvo el tipo fue el quinto, y más bien por la pericia de su matador que por sus propias condiciones.

A pesar de todo, no se le puede poner un pero a la terna actuante. Los tres merecían toros con más riñones, con más codicia y picante (¿quién eligió esta corrida y quién la aprobó?), pero Padilla, Escribano y el ya citado Ferrera estuvieron muy por encima de sus toros.

Los tres compartieron banderillas en sus primeros toros y protagonizaron un tercio irregular y lucido; mejoraron, después, en los tres restantes (muy serio Padilla, magnífico Ferrera en un par al quiebro en tablas, y temerario y espectacular Escribano en otro quiebro sentado en el estribo).

Padilla (un perfecto director de lidia toda la tarde) nada pudo hacer ante su primero, agotado y sin fondo; recibió al cuarto, de rodillas en el tercio, con una larga cambiada, y así repitió la suerte cuatro veces más, avanzando hacia el centro hasta acabar casi en la misma boca de riego. Lo intento de veras, pero al toro mozuelo le faltaba vida. Mató con dignidad a su lote y pasó como un torero serio y comprometido, aunque falto de lucimiento por el mal juego de sus toros.

Tampoco le faltó entrega a Escribano; parado y vacío fue su primero, y algo más de vida mostró el sexto. Se fue a recibirlo a porta gayola, el toro se le paró a metro y medio, y tuvo la inspiración de resolver la papeleta con eficacia, pero el susto fue de muerte. Lo muleteó con escaso lucimiento por la sosería de su compañero y lo mató mal.

LAS RAMBLAS / PADILLA, FERRERA, ESCRIBANO



Toros de Las Ramblas, mal presentados, de feas hechuras, mansos, blandos y descastados. Noble el quinto.

Juan José Padilla: estocada trasera (silencio); estocada trasera y un descabello (ovación).

Antonio Ferrera: estocada baja (silencio); estocada (oreja y petición de la segunda).

Manuel Escribano: estocada baja (silencio); metisaca (palmas).

Plaza de Las Ventas. Undécima corrida de feria. 21 de mayo. Casi lleno. 

Publicado en El País 

Opinión: Corrida de la Prensa

Por Jorge F. Hernández.

Supongo que a S.M. el Rey Emérito, y a sus majestades Emilio Muñoz, César Rincón, Curro Vázquez, Luis Francisco Esplá, Espartaco, así como a su Alteza Democrática, el Respetable Público de Las Ventas; además de los gloriosos gladiadores blancos, Sergio Ramos y Lucas Vázquez, no les causa más que aburrido asombro la tarde en que Florito tiene que salir de toriles con su cuadra de cabestros capirotes para llevarse prácticamente en andas a no uno, ni dos, sino tres toros por incurable debilidad.

En realidad, fue inadmisible y muy lamentable ver que los bovinos del hierro del Puerto de San Lorenzo empañaban la tradicional Corrida de la Prensa con una blandura de ocho columnas y ante eso, es de nota reconocer no pocos méritos en la labor de Sebastián Castella sobre el ruedo durante toda la tarde y aislados detalles de variada torería, efímeros brochazos al óleo de banderilleros varios… pero como todo lo que va a la prensa, no olvidemos que la impredecible trama de los hechos provoca sorpresas quizá no en la primera plana, pero sí en la quinta página o quinta bis o doble bis y en el sexto como suplemento.

El primer quinto toro se llamó Cubanoso del mencionado Puerto y fue devuelto por blandengue, el segundo quinto fue Opalino de la misma ganadería y se fue por lo mismo y quizá también porque los gritones del Tendido 7 coreaban cada una de sus embestidas con el ¡Miau! propio de los gatos y así salió Buzanero del hierro del Conde de Mayalde, un castaño oscuro con melena en el lomo de sus 577 kilos que terminó siendo hormado por Alejandro Talavante con deliciosos muletazos con la mano baja, cargando la suerte y parándose como debe de ser ante el galimatías animal que poco a poco fue cuajando en coreografía de importantes ovaciones hasta que se sembró el silencio y allí mismo, ante el Tendido 7 donde había realizado su faena, Talavante se tiró a matar ralentizando la suerte suprema para un triunfo con corte de oreja y clamorosa vuelta al ruedo. 

Luego, así como todo periódico no sabe de antemano cómo ha de cerrar la edición de todos los días, la Corrida de la Prensa vivió un instante lamentable con la cornada que sufrió el joven Javier Jiménez en la lidia del viento y del sexto, llamado Billetito de San Lorenzo, que confirmó la dualidad latente de la tauromaquia: una cara es de belleza inasible y fugaz, mientras la otra es de sangre instantánea; vida y muerte que a veces huele al aroma de los periódicos viejos, ésos que envejecen al día siguiente para llegue la novedad de otros hechos con su encabezado imprevisible.

CONTRAQUERENCIA | SEXTO DE FERIA DE SAN ISIDRO 2017: Enormes minucias


Por Jorge F. Hernández.

Debemos a Alfonso Reyes el título de Enormes minucias con el que tradujo una breve reunión de breves ensayos de G.K. Chesterton como un ejemplo más de la elevada calidad con la que el autor inglés practicaba el pensamiento andante, la reflexión sobre el instante efímero y la ponderación precisa del peso variable de las cosas. Nada mejor para contextualizar la digestión de una corrida de Lagunajanda que lidiaron con dignidad Juan del Álamo, Fortes y Román, más sus respectivas cuadrillas. No tengo más que decir, salvo que cada vez que se lidia una corrida de toros el aficionado de veras ha de reconocer que son muchos los detalles que justifican la irracional pasión inquebrantable de su afición. Minucias enormes como la del hombre que traza las rayas de ese polvo llamado Blanco de España—que no cal viva ni anilina—sobre la arena –que no albero—faltando pocos minutos para el paseíllo, confirmación que se dilata más de un minuto en cada vuelta blanca, andando contra las manecillas del reloj que corona Las Ventas o la distraída dama que asiste todos los días para moverse ligeramente al compás de cada uno de los pasodobles que interpreta la banda del maestro D. Francisco García.

Previo a la labor de los areneros y monosabios, hay quienes se hipnotizan con la cartografía callada que dejan sobre la arena las pisadas de las modernas zapatillas con suela acanalada y las pezuñas a veces ensangrentadas de los toros de media tonelada que imprimen con su peso un breve libro de arena en el palmo de terreno donde viven su lidia al filo de la muerte. Otros se fijan en los rayones que dejan los pitones en los burladeros como cicatrices con astillas del efímero encontronazo de un minotauro con el límite de su laberinto o las rayas que se imprimen sobre el percal de ciertos capotes que no lograron templar las primeras embestidas de un volcán en erupción.

Enormes minucias la colocación exacta de los puyazos de los picadores, los pares de banderillas y la curva metálica de los estoques en la suerte suprema que determinan el aplauso, la consagración, la denostación o el derrumbe de un torero y también minucias enormes los insultos a rienda suelta que lanzan desde el tendido o en las redes sociales quienes se sienten ofendidos por la opinión del Otro, sabios por gracia de la estulticia y eternamente resentidos por razones ajenas a la corrida o la crónica.

FuenteEl País

Entrevista – Luis Ramón Carazo conversa con Simón Casas. Madrid, San Isidro 2017.

La foto que siempre buscó, persiguió y logró. Simón Casas, al frente de Las Ventas.

La cita, Madrid, el lugar, Las Ventas y el hombre: Simón Casas. En su primer San Isidro, tan soñado y perseguido habla con Luis Ramón Carazo en pleno corazón del toreo. 

Por: Luis Ramón CarazoDe SOL Y SOMBRA.  Madrid.

En una de las citas taurinas con las que abre la gestión más desafiante e innovadora en el más clásico y tradicional de los seriales taurinos, Luis Ramón Carazo ha salido al encuentro de Simón Casas, siempre polémico, innovador y esperanzado en no solo dar la batalla taurina en Madrid sino llevar al espectáculo un punto más allá del mismo.

En pleno día de San Isidro la conversación se centra con el empresario y productor francés en la internacionalización de los toreros mexicanos y el respeto que por sí misma tiene la tauromaquia y los elementos que harán de este milenario espectáculo el más vigente aun el tiempo actual.

 

Conceptos, obra, razones y motivaciones muestra Casas en la apertura de su primer San Isidro en el que parece también le ha faltado tiempo y espacio para materializar el sueño diario de manejar la Monumental de Las Ventas.

Que es manejar cada día el tiempo del toreo mismo.

Aquí dejamos el testimonio taurino recogido por Luis Ramón Carazo, columnista siempre presente en nuestro portal.

Twitter: @Twittaurino.

San Isidro 2017: Curro Díaz, a usted se le fue un toro de lío


Por Carlos Ilían.

El saldo que envió Montalvo a Madrid retrata a la perfección el estado general del campo bravo, en el que apenas quedan rescoldos en el gran incendio de la bravura y la casta. Pero dentro de ese saldo infumable hay un toro, la excepción, el cuarto, que a su vez ha retratado los defectos, la endeblez y la exagerada valoración de que goza en esta plaza alguno, llamado, por ejemplo, de Curro Díaz.

Nadie, ni seré yo quien lo haga, le niega a este torero su disposición hacia una tauromaquia de aroma y buen gusto; pero es que de buenas intenciones no se vive, y menos en esto del toreo. 

Torear no es ponerse bonito, intentar chispazos de aroma en trincheras o pases de la firma. Eso está bien como un añadido periférico. 

Torear es plantarse, templar y mandar dentro de un conjunto en el que el torero ejerce su autoridad. La faena de Curro Díaz al toro Escandaloso, de clase soberana por el pitón izquierdo, fue un conjunto de muletazos hacia fuera, condimentados con un postureo sin fondo. 

Faena mentirosa y barata a un toro, que hasta que se fue rajando, había regalado todo un caudal de embestidas para montar un lio muy gordo.

El primer toro de Curro Díaz cogió de mala manera al subalterno Manuel Muñoz que sufre una cornada grave en el muslo izquierdo. En ese toro Curro dejó un exquisito galleo por chicuelinas para llevar el toro al caballo. En la muleta el de Montalvo claudicó por inválido. 

Paco Ureña, que pasó un trance de infarto contra las tablas en el quinto toro, se empeñó hasta el aburrimiento ante dos mulos.

López Simón en un recital de vulgaridad, toreó al contrapaso ante el borrego lidiado en tercer lugar y en el morucho que cerró plaza se esforzó otra vez entre trallazos. A este torero lo están sacrificando a punta de exigirle por encima de sus posibilidades.

Plaza de Madrid. Quinta corrida. lleno. Toros de MONTALVO (3), un saldo de mansos descastados, con la excepción del cuarto toro que tuvo calidad. 

CURRO DÍAZ (3), de celeste y oro. Bajonazo que atraviesa, bajonazo y dos descabellos (silencio). Bajonazo (pitos y algunas palmas).

PACO UREÑA (5), de azul y oro. Estocada que atraviesa y descabello (silencio). Pinchazo y estocada que atraviesa (silencio). 

LÓPEZ SIMÓN (4), de tabaco y oro. Estocada caída. Un aviso (silencio). Estocada (silencio)

Publicado en Marca