Archivo de la categoría: Madrid

FERIA DE OTOÑO: Toros de bella estampa y alma vacía

Decepcionante corrida de Adolfo Martín, que impidió el triunfo de Bautista y Ureña. Foto Plaza 1.

Por ANTONIO LORCA.
Fallaron los toros; esta vez, sí. Pero no por su estampa, sino por el comportamiento. Toros guapos, de esos que provocan la admiración del respetable cuando salen a la arena, pero animales sin alma, sin sangre brava, muy descastados, sosos y de mirada incierta.

Espectacular el trapío del cuarto, de nombre ‘Aviadoro’ y 515 kilos. Negro, musculado, largo, armonioso, con una cabeza coronada con dos pitones largos y astifinos como agujas, y actitud desafiante. Un tipo impresionante. Bien vestido, andares marchosos, guapo de verdad para un pase de modelos, pero no para tenerlo delante. Desde el tendido, infundía miedo. Habría que preguntarle qué sensación le produjo a Ureña, que fue el torero al que le tocó en suerte.

Presumidos también los demás, y aplaudidos todos de salida; y decepcionantes, también, a medida que transcurría la lidia. Acudieron con presteza al caballo, pero ninguno -quizá, algo mejor el sexto- hizo una pelea de bravo; todos aprendieron latín en el tercio de banderillas -algunos, con nota alta-, y en el tercio final mostraron sus muchos defectos, resumidos en falta de codicia, acometividad, fijeza, humillación y clase, y abundantes todos en sosería y dificultad. Quizá, el quinto fue el único que se movió, sin que se atisbaran en él condiciones para el aprobado.

No hubo triunfo. Ni una sola vuelta al ruedo, pero sí tres o cuatro momentos para el recuerdo.

El primero, un quite de Ureña al que abrió plaza, de dos delantales y una larga, templadísima y preñada de torería. Era un toro de escasa fortaleza y derrochadora suavidad, bien aprovechada por el torero.

Otro. En ese mismo primer toro, Juan Bautista se lo llevó al centro del ruedo y allí montó la espada. Preciosa y inhabitual estampa de un toro y un torero, en la suerte final, en la boca de riego. Una imagen torerísima, que duró lo que tardó el torero en cobrar una estocada atravesada y que el toro, acobardado, se refugiara en las tablas.

Tres. Tercio de picar en el segundo toro. Turno de Pedro Iturralde, joven y consagrado varilarguero y caballista. Hace la suerte como mandan los cánones. Mueve con soltura y precisión al caballo. El toro, en los medios, bien colocado. Fija la mirada en el señor del castoreño. Levanta Iturralde el palo y el animal acude veloz a la llamada. La puya clava en su sitio, pero el encuentro es fugaz. No hay pelea. La película se repite con idéntico argumento. La plaza hierve cuando vuelve a la vida una suerte casi perdida. No fue un tercio de toro bravo, pero quedó para el recuerdo.

Un respeto, primero, para los toreros, que tuvieron la vergüenza y la gallardía de anunciarse con esta corrida en plaza de tanto compromiso. Valientes los dos, por encima de la descastada corrida; especialmente, Ureña, muy responsabilizado toda la tarde, valentísimo, se jugó de verdad los muslos, no volvió la cara en ningún momento y dibujó muletazos muy estimables por ambos lados.

Correcto y comprometido Bautista, salió airoso del duro trance, y solo se afligió aparentemente ante el quinto, que más se movió, lo que le costó la reprimenda del público. 

MARTÍN/BAUTISTA Y UREÑA, MANO A MANO

Toros de Adolfo Martín, muy bien presentados, de bella estampa, (espectacular el trapío del cuarto), mansones, blandos, sosos y muy descastados

Juan Bautista: estocada atravesada, cinco descabellos _aviso_ y tres descabellos (silencio); dos pinchazos, media _aviso_ y dos descabellos (silencio); casi entera perpendicular y un descabello (pitos).

Paco Ureña: pinchazo _aviso_ y estocada caída (ovación); pinchazo y casi entera (silencio); estocada _aviso_ (ovación).

Plaza de Las Ventas. Séptimo y último festejo de la Feria de Otoño. 1 de octubre. Casi lleno (20.422 espectadores, según la empresa).

Publicado en El País 

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Los benhures de las mulas sacan a Perera por la Puerta Grande

Imponente escenario. Foto @LSOlmedo Twitter.

Por José Ramón Márquez.

Hoy la vuelta de los lisarnasios a Madrid. No fallan. Otro día de la marmota lisarnasia con sus pitoncitos blancos y su actitud perruna, de perro de aguas de una marquesa de Serafín. Es que no hay temporada que no nos echen este descastado ricino salmantino, calderilla ganadera que nos mandan desde el Puerto de la Calderilla de manera inmisericorde y con un empeño digno de mejor causa. 

Pasan los empresarios por Madrid, Manolo Chopera, los Lozano, los Choperón Father & Son y ahora el prestidigitador Domb y aquí no para de caer la pedrea de los lisarnasios. 

Por lo menos con Manolo Chopera, que fue su introductor, o salían mansísimos o salían dando bocados, ganadería torista podríamos decir, y hasta se esperaba con expectación la tarde de los del Puerto de San Lorenzo, que nos íbamos al Batán a mirarlos, a ver de los que habían mandado cuáles salían más en Lisiardo, cuáles más en Atanasio. Diversiones juveniles. 

Con el devenir de los años estos del Puerto se han han ido quedando como unos cacho de tontos que no se merecen casi el nombre de toros; hoy era deplorable ver a Perera andando por la Plaza a ponerse para citar y el infeliz del torejo andando tras él como un perro viejo y baqueteado detrás del amo a ver si le echa algo que llevarse a la boca. El año pasado, en otoño, saltó la sorpresa y salió una corrida dura, bronca y exigente al estilo de las de hace cerca de cuarenta años, pero por lo visto hoy las aguas sanlaurentinas ya han vuelto a su cauce y los seis infelices que mandaron a Las Ventas estaban dentro del más previsible patrón lisarnasio con sus dosis de mansedumbre de volver grupas y salir de naja, sus embestidas tontunas y sin intención y sus fuerzas tasadas en una escalera de pesos y medidas que iba desde los 493 kilos de una especie de rata negra llamada Ventanero, número 58, hasta los 633 kilos de un tren de mercancías que atendía por Malvarrosa, número 105. Al pobre de San Lorenzo le asaron los despiadados romanos en una parrilla y estos deleznables toros puestos bajo su advocación parece que demandan como fin útil de su vida no el ridículo que hacen en la Plaza sino las ardientes brasas de leña de encina. 

La madre de San Lorenzo, natural de Huesca, se llamaba Paciencia y he ahí la clave del mensaje que contiene el nombre de esta ganadería, que tanto tiempo lleva abusando de forma muy poco misericordiosa de la paciencia de los espectadores que llevamos en nuestras espaldas muchísimas más corridas de este deplorable Puerto que las que hubiésemos querido ver.

Hoy anunciaron con los del Puerto a Miguel Ángel Perera, Juan del Álamo y López Simón. Otro cartelazo made in le producteur.

Perera confirmó en Madrid en la Beneficencia de 2005 con un toro de Jandilla, qué merendilla, de manos del gran César Rincón. Con que se hubiese fijado un poco en los modos y maneras de torear de su padrino de confirmación estaríamos sin duda hablando de otro torero, pero por comodidad o adocenamiento puso su mirada en las negras aguas del toreo hacia atrás, el torero en que ni importa la posición del torero al hacer el cite, ni el viaje que lleva el toro ni nada que no sea la ligazón, el temple. Toreo de continuidad que embelesa a cierto público y que precisa de la ayuda de un toro bobo y colaboracionista. Esas circunstancias se dieron en el primero de la tarde, Caracorta, número 127, que no aparentaba los 592 kilos que le asignaba la lotería de la tablilla y que poseía una actitud absolutamente a favor de ponerse a las órdenes de Perera para secundar sus ventajistas propuestas. Perera se hincó con el toro de pegarle mantazos y como el animal era amable y repetidor la gente se fue emocionando, y lo mismo muchos pensaban que torear esa eso. Toda la labor de Perera estuvo basada en la más firme sujeción a lo antes dicho: falta de colocación, cite alevoso con el pico, descargar la suerte todo lo posible, no quebrantar al toro en modo alguno y, entre medias de todo eso, como esos relojes parados que dan bien la hora dos veces al día, un par de naturales de magnífica factura y un cambio de mano inspirado y elegante, como para decir “si quiero, puedo, lo que pasa es que no me da la gana” El toro, de condición tan bobuna, era de lío grande y a Perera se le fue sin torear en una faena larguísima en la que le tocaron un aviso. Al final el toro cantó la gallina y se desentendió del torero volviendo grupas, acaso viendo que su generosa embestida había servido para tan poco. Luego, tras una estocada atravesada y dos descabellos las gentes comenzaron a pedir la oreja, petición de poco fuste, y la cosa se incrementó algo tras la deleznable actuación de los benhures de la mula que se olían la propinilla y usaron de las consabidas cucamonas ya harto conocidas, hasta que la débil voluntad de don Justo Polo sucumbió, sacando el moquero acaso temeroso de que los portales taurinos le censurasen como suelen. A fin de cuentas, con la que hay liada en el noreste, qué más da sostener la dignidad de un palco de una Plaza de Toros, pensaría. La cosa es que Perera se fue a su rincón con una oreja que, en puridad, les debe a los benhures más que a sus méritos toreadores. Y sobre esto de la petición permítasenos una digresión sobre los pañuelos: ¿Cuánto tiempo hace ya que no se ve la Plaza como un cazo de leche hirviendo en lo que es una petición mayoritaria de verdad? Es harto triste irte a casa con una oreja que te dieron los mulilleros. 

El segundo de Perera le brindó la ocasión de juguetear con el público y tratar de afirmar este 1+1 que en Madrid abre la Puerta Grande. Comenzó la faena por pases cambiados y por tres veces se fue lejos del toro para darle fiesta y hacerle galopar. El animal, hasta que se hartó, embestía con sinceridad ausente de malicia y cuando se hartó ya no quería más que le dejasen en paz. Después de un pinchazo y una estocada el bicho se echó y la segunda oreja se fue a su esportón, cosa que le puso la mar de contento. Luego, cuando le sacaban a hombros los capitalistas, alguien le dio una bandera y enarbolándola atravesó la Puerta Grande y ahí es donde recibió los más sinceros y cálidos aplausos.
Juan del Álamo quiere practicar lo mismo que Perera, que no nos vamos a poner pesados explicando el tedioso toreo contemporáneo, lo que le pasa es que no le sale. Los mismos modos, las mismas trazas que con Perera ponen al público cachondo, con Del Álamo no son capaces de que manen los aplausos ni los ¡bieeeennn!, expresión que en estos tiempos ha sustituido al vetusto ¡ole! Ni con su primero, el único toro del encierro que mandó al tendido un cierto aire de peligro, ni con su segundo, que era el tren de mercancías Santa Fe Railroad, Juan del Álamo fue capaz de llevar el agua a su molino.

Y luego López Simón, que tiene ya casi tantas Puertas Grandes de Madrid como César Rincón de las que no se cuerda nadie, ni un muletazo en la memoria, que ya tiene mérito. No sé qué le pasó al hombre que le dio una pájara en San Isidro o cosa así, que no me voy a ir a mirarlo, pero hoy se le vio muy animoso. Ahora le lleva Curro Vázquez, ese Juan Palomo empleado de Monsieur Domb que lo mismo está en el burladero de la empresa que en de los apoderados, que en un agasajo postinero. Bueno pues López Simón, Barajitas, que ahora es Adolfo Suárez, vio como echaron al averno a su primero, que lo mismo que lo echaron lo podían haber dejado, para que saliese un sobrero cinqueño de Santiago Domecq. Ahí se puso López Simón en su registro más facilón, que es el de las cercanías, que esa es la receta que le ha ido sirviendo para sus innumerables y olvidados triunfos, pero bien sea porque el toro no transmitía sensación de peligro, bien porque esos medios pases de uno en uno y sin ligazón no sintonizaban con las gentes, su labor quedó en nada. Cuanto más se empeñaba López en lo cercano más le decía el pupilo de Santi Domecq que nanay, y así se fue pasando el rato. Su segundo llegó al último tercio con una condición huidiza y muy poco fija. López Simón lo sujetó magníficamente a base de unos doblones de gran eficacia y corrigió perfectamente el defecto del toro, luego desgranó una faena basada en lo mismo de todos, que fue calando en el público más festivalero, en la que todo se basó en la ventaja, el truco y la ausencia de verdad. Si no llega a ser por la estocada hilvanada haciendo guardia que metió hasta le habrían pedido la orejilla barata, barata.

Una vez más la torería de la tarde quedó justificada en manos de los peones de brega. Javier Ambel, de la cuadrilla de Perera dio una lección práctica de cómo se brega a un toro ahormándole, capoteando con una perfección extraordinaria de puro toreo, mano de hierro en guante de seda, y luego se gustó cuando se llevó a una mano al toro hasta el burladero del seis sin apreturas y gozando de su suficiencia y su buen hacer. Curro Javier, también de la cuadrilla de Perera, anduvo muy bien con el capote. Se merece un aplauso el extemeño por la cuadrilla que lleva.

Publicado en Salmonetes ya no nos quedan

Feria de Otoño: Un gran Miguel Ángel Perera por la puerta grande


Caracorta‘, del Puerto, un toro excepcional para una faena bordada.

Por Carlos Ilián.

Caracorta, asi se llamaba el primer toro del Puerto de San Lorenzo y seguro que Miguel Ángel Perera lo recordará el resto de su vida. Sí, lo recordará porque su infinita clase, su infinita bondad, su embestida humillada haciendo, literalmente, el avión, le sirvieron en bandeja a Perera los resortes para cuajar su más rotunda faena en Madrid desde aquel 6 de junio de 2008 cuando se encumbró con un toro excepcional de Núñez del Cuvillo.

Esta vez Perera se alejó de la trampa de la patita retrasada, la distancia abusiva y el muletazo lineal para embraguetarse de verdad y bordar con el toreo al natural, barriendo la arena con los vuelos del engaño y con el toro cosido a la panza del engaño. Fue un monumento a la suerte fundamental del toreo de muleta. Sobre la derecha templó de verdad aunque hubo algún coqueteo con la facilidad. El final entre muletazos sin solución de continuidad, una borrachera entre los pitones. Mal con la espada operdiendo las dos orejas, pero hubo un trofeo.

La segunda oreja, muy discutible, lo cortó el cuarto, otro toro de enorme fijeza, al que lució de largo con generosidad y luego ligó en un palmo de terreno. Faena exigente que rompió al del Puerto, rajado del todo.

La puerta grande se le abrió, con protestas, pero a Perera le abre a la vez una vía de cotización alta con el refrendo de Madrid.

Juan del Álamo salió noqueado ante un lote, especialmente el quinto, con mucha guasa, al que mareó sin argumento.

López Simón pudo enderezar su tarde en el sexto que metió la carea por el pitón derecho, y el torero de Barajas hasta ligó algún redondo notable, pero no redondeó, quedándose a mitad del camino.

Plaza de Madrid. Sexta corrida. Más de tres cuartos de entrara (19.455 espectadores). Toros del PUERTO DE SAN LORENZO y un sobrero de SANTIAGO DOMECQ (6), de inmensa clase el 1º, con fijeza el 4º , el resto con más movilidad que casta, todos mansearon al final.

MIGUEL ÁNGEL PERERA (7), de caldero y oro. Estocada delantera y dos descabellos. Un aviso (una oreja). Pinchazo y estocada (una oreja).

JUAN DEL ÁLAMO (4), de grana y oro. Dos pinchazos y estocada corta tendida (silencio). Estocada. Un aviso (silencio).

LÓPEZ SIMÓN (5), de marfil y oro. Pinchazo, pinchazo hondo y descabello. Un aviso (silencio: Estocada que atraviesa, pinchazo y estocada (palmas).

Publicado en Marca

FERIA DE OTOÑO: La nobleza fría, tonta y aburrida

El debutante Carlos Ochoa dibuja un buen derechazo al sexto novillo de la tarde. PLAZA1.

El festejo fue soporífero a causa de los sosos novillos y novilleros sin misterio.

Por ANTONIO LORCA.

La novillada no tuvo un solo momento de interés; seis novillos, tres novilleros (los dos primeros toman la alternativa en la inminente feria de Zaragoza) y dos horas de festejo, y no pasó nada. Ya es mala suerte…

La novillada parecía elegida a modo para tres recomendados: bonita; es decir, pequeñita, muy justa, -por ser generoso-, de presentación, sin pitones ni seriedad alguna. Tan nobilísimos los seis, que desparramaron almíbar por el ruedo, y blandos, sin fuerzas, agotados. Tanto es así que varios de ellos se derrumbaron como si acabaran de correr la maratón. Y tres novilleros con escaso misterio en las muñecas; valerosos, avispados, pundonorosos, pero faltos de inspiración y sensibilidad.

En dos palabras, no hubo conexión; nada brotó de aquellos encuentros entre novilleros con desparpajo y temperamento y novillos bonancibles, tan tontos como nobles y fríos.

Se despedía de Madrid el venezolano Colombo, que ya triunfara en esta plaza. Es un torero tan joven como seguro, firme y cuajado. Accede en unos días al escalafón de matador porque el novillo se le ha quedado chico. Más que torear parece que juega con sus oponentes; y lo hace con tal suficiencia que los novillos se tornan juguetes sin vida. Conoce la técnica, los trucos, es ventajista como casi todos los toreros modernos, y no destaca por la profundidad de su toreo. Si, además, no tuvo toro, su despedida pasó sin pena ni gloria. Tuvo la gallardía, eso sí, de no salir al tercio para saludar la ovación de los tendidos. Él sabía mejor que nadie que aquello no había sido ni un ensayo de salón.

Eso fue lo que ocurrió en su primero, el de más movilidad, quizá, de la tarde. El cuarto no dijo nada, soso y parado, y mudo también se quedó el torero. Lo citó de rodillas en el centro del anillo y resultó atropellado sin consecuencias. En fin, que con animales tan facilones no parece Colombo un torero, sino un chaval que se entretiene en su habitación con perritos de peluche.

También se despidió Leo Valadez y tampoco pudo dejar un buen recuerdo en su última comparecencia venteña. Trazó unas airosas verónicas al recibir al novillo segundo de la tarde, y hasta un natural pudo robarle. Pero este animal era, además, un inválido sin remedio que fue protestado, aunque no estimó el presidente su vuelta a los corrales. Se desplomó un par de veces y llegó sin vida al tercio final.

Otros tres naturales dibujó ante el quinto, y momentos antes había intentado el lucimiento en un quite por las vistosas zapopinas. Citó al novillo desde el centro del ruedo y consiguió un par de derechazos estimables, pero no hubo más. Bueno, sí: resbaló al entrar a matar y cobró un sartenazo (casi un espadazo entero en los costillares) antes de pinchar dos veces más. No fue esta la despedida soñada, ni mucho menos.

Dos que se iban y uno que llegaba. 

Carlos Ochoa se presentaba con picadores en Madrid, y ha dejado claro que acaba de empezar en la profesión, que no tiene mal concepto del toreo y que necesita toros con más casta que los de su debut. Recibió al tercero con una larga cambiada en el tercio, y al sexto con unos capotazos insulsos. Dibujó algún estimable pase de pecho en el tercero y dos derechazos y dos naturales en el otro. Y algo más: recetó una buena estocada a su primero. Un corto bagaje, sin duda, para quien debe guardar un baúl de aspiraciones.

Durante toda la novillada hubo un constante murmullo en la plaza, señal inequívoca de que lo que ocurría en el ruedo no era muy interesante…

EL VENTORRILLO/COLOMBO, VALADEZ, OCHOA

Novillos de El Ventorrillo, muy justos de presentación, mansones, blandos, sosos y nobles.

Jesús Enrique Colombo
: estocada (ovacion); pinchazo y estocada _aviso_ (ovación).

Leo Valadez
: pinchazo y bajonazo (silencio); sartenazo, dos pinchazos _aviso_ (silencio).

Carlos Ochoa
: buena estocada (palmas); media estocada y un descabello (silencio).

Plaza de Las Ventas
. Tercer festejo de la Feria de Otoño. 27 de septiembre. Casi tres cuartos de entrada (16.572 espectadores, según la empresa).
Publicado en El País 

Feria de Otoño 2017: Aquí y Ahora para Luis David, Ahora o Nunca para José Adame.

Pase del desdén de Luis David Adame en Madrid. Vuelve a Las Ventas a confirmar.

Con todos los radares apuntando hacia Luis David ante la oportunidad de su vida, Joselito Adame se juega la última carta cobijado, tal como ha ocurrido todo el año, por la casa de apoderamiento y de sus socios, con la cargada y el oficialismo aun de su lado pero con el enorme riesgo que implica el obligatorio salto cualitativo y no solo el numérico. Tal encrucijada, misteriosamente, no se televisa a México y deja al descubierto que el encubrimiento de la realidad taurina será, de nuevo, develado por las muy certeras redes sociales que, estridentes, muestran más pasión taurina que el oficialismo. Leo Valadez aun puede enderezar su desigual año en sus últimos minutos de novillero. Embestido los toros en los primeros días del Otoño madrileño, ¿Lo harán cuando más importa? Posible entronización de Ferrera justo al umbral de rematar por todo lo alto su gran Temporada.

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Paco Ureña y los toros de Adolfo Martín, en el cartel estrella del otoño en Las Ventas.


Una buena noticia: Será un otoño mexicano en Madrid con la presencia de los hermanos Adame y Leo Valadez.

Lo que sí será una mala noticia para la afición mexicana será tener que enterarse que el festejo de José Adame no será transmitido en México – De SOL y SOMBRA.

Por Antonio Lorca.

Antonio Ferrera, el torero revelación de la temporada, el diestro murciano Paco Ureña y los toros de la ganadería de Adolfo Martín, integrantes de uno de los carteles más interesantes del año, cerrarán el domingo 1 de octubre la Feria de Otoño que se celebra en Las Ventas. Iniciado el pasado fin de semana con un festejo de rejoneo y el tercer y último desafío ganadero, el ciclo madrileño continúa a partir del miércoles 27 de septiembre con una novillada y cuatro corridas de toros.

El pasado 17 de septiembre se cerró el plazo de venta de abonos con un total de 16.651 abonos vendidos, lo que supone un incremento de 192 respecto al mismo periodo del año anterior, que ascendió a 15.459.

Antonio Ferrera, protagonista indudable de este fin de temporada, reaparece en la plaza madrileña el viernes 29 tras la cogida en el muslo izquierdo que sufrió el pasado 14 de septiembre en la plaza de Albacete y que le ha impedido sustituir en la pasada feria de San Miguel de Sevilla al lesionado José María Manzanares. Dos días más tarde se anuncia el mano a mano con Ureña y los toros de Adolfo Martín.

Junto a ellos harán el paseíllos toreros de primer nivel como el francés Sebastián Castella, Miguel Ángel Perera, López Simón y Morenito de Aranda; Juan del Álamo, uno de los triunfadores de San Isidro, o Román, que el pasado día 15 de agosto abrió la puerta grande del coso capitalino.

El ciclo tendrá, además, un notable cariz internacional, con los toreros mexicanos Joselito y Luis David Adame (éste último confirmará alternativa), el novillero Leo Valadez y el venezolano Jesús Enrique Colombo, que se despedirá del escalafón novilleril antes de tomar la alternativa en Zaragoza.

Junto a los toros de Adolfo Martín están anunciados novillos de El Ventorrillo y las ganaderías de Fuente Ymbro, Núñez del Cuvillo y El Puerto de San Lorenzo.

Los carteles son los siguientes:

Miércoles, 27. Novillada. Jesús Enrique Colombo, Leo Valadez y Carlos Ochoa (novillos de El Ventorrillo).

Jueves, 28. Morenito de Aranda, Joselito Adame y Román (toros de Fuente Ymbro).

Viernes, 29. Paco Ureña por Antonio Ferrera, Sebastián Castella y Luis David Adame, que confirmará la alternativa (toros de Núñez del Cuvillo).

Sábado, 30. Miguel Ángel Perera, Juan del Álamo y Alberto López Simón (toros de Puerto de San Lorenzo).

Domingo, 1 de octubre. Juan Bautista por Antonio Ferrera y Paco Ureña, mano a mano (toros de Adolfo Martín).

La programación de final de temporada en Madrid contará con una novillada mixta, el día 8 de octubre, en la que se celebrará la final del certamen sin caballos Camino hacia Las Ventas, y una corrida de toros el 12 de octubre.

Publicado en El País 

Antonio Ferrera, torero de culto en Madrid


Renovado, ambicioso y ajeno a las modas, y al cabo de veinte años de alternativa, el torero extremeño se ha convertido en figura protagonista.

Por BARQUERITO.

A mediados de mayo el empresario de las Ventas, Simón Casas, anunció por sorpresa que la feria de otoño de Madrid se compondría de diez festejos de primer nivel. Iba a doblarse, por tanto, la oferta habitual de tres o cuatro corridas y una novillada de abono. Las fechas de la feria, por lo demás, se trasladarían de la primera semana de octubre a los diez últimos días de septiembre. Se apalabró en privado que Alejandro Talavante fuera el torero base de la nueva macroferia. Tanto como sobre el papel iba a serlo y lo estaba siendo de San Isidro, de cuyo primer tercio fue gran protagonista. Firmó dos faenas soberbias, distintas y personales con otros tantos toros muy relevantes de Mayalde y Cuvillo.

El tono de San Isidro estaba apagado y se sentía como una decepción cuando Casas puso sobre la mesa la carta de la revolución de otoño. Un mes después de aquel anuncio sobrevino una inesperada contingencia. Los permisos para la programación extrataurina de las Ventas, fundamentalmente conciertos, quedaron suspendidos sine die por razones de seguridad. Problemas de resistencia y evacuación del edificio, según el Ayuntamiento.

Estuvo varios días flotando la idea de cerrarse la plaza, mutilar de un tajo la temporada y replantearse de raíz la concesión de las Ventas puesto que la subasta y la solución del concurso de adjudicación tenían por base medular el negocio derivado de los conciertos. Se encendieron todas las alarmas. Una crisis de tales proporciones en Madrid podría tener efecto dominó sobre el resto de la temporada española.

No se cerró la plaza, el calendario de verano se resolvió con un concurso internacional de novilleros a caballo de julio y agosto, cinco novilladas más de aceptable nivel, los promedios de asistencia más altos de la última década, una notable corrida de toros el 15 de agosto y, en el cogollo de septiembre, una versión renovada de los festejos de hierros de encastes minoritarios reformulados como Desafíos Ganaderos. Tres desafíos, el tercero de los cuales, tras el prólogo de una de rejones en mano a mano de Galán y Leonardo Hernández, será mañana la primera de las cinco corridas de otoño en Madrid. Habrá el 12 de octubre una sexta que clausurará temporada. Procelosa, la travesía del verano taurino en Madrid habrá arribado a buen puerto dentro de veinte días.

El abono de otoño cuenta con un protagonista principal, Antonio Ferrera, que, a punto de cumplir veinte años de alternativa, ambición y pasión sin límites, ha pasado a ser torero de culto en Sevilla y Madrid. Sus dos tardes del pasado San Isidro se saldaron con otras tantas faenas de mayúsculo nivel. Una primera a un toro de Las Ramblas y una segunda a otro de Adolfo Martín. Memorables trabajos que lo convirtieron en triunfador de la feria. No por el número de orejas, sino por el fondo fortísimo del asunto.

Dos tardes de abono de Ferrera en este programa de otoño: la primera, el viernes 29, con toros de Cuvillo, la confirmación de alternativa del mexicano Adame y, de segundo espada, Castella, que, al igual que Ferrera, firmó en San Isidro dos faenas antológicas, sin remate a espada ninguna. Es el cartel de la semana, sin contar con la segunda de las apariciones de Ferrera, el domingo 1 de octubre, toros de Adolfo Martín, mano a mano con Paco Ureña, cuya faena al toro Pastelero, de Victorino, fue la de riesgos y emociones más intensos de San Isidro.

Miguel Ángel Perera, tras un verano arrollador, es el hombre fuerte de la corrida del sábado, la de lisardos de Lorenzo Fraile. La novedad más atractiva es la presencia del valenciano Román en la corrida de Fuente Ymbro del jueves 28. Román salió a hombros de las Ventas el 15 de agosto y ha toreado con destreza en Valencia y Bilbao este verano toros de Cuadri y Miura. Una cara nueva pero no novísima.

Publicado en HOY

Desafío ganadero en Madrid: Un toro de Saltillo y José Carlos Venegas, la casta y el valor

Venegas en Madrid. Foto Plaza 1. 

Por Carlos Ilián.

En la programación del final de la temporada de verano, anterior a la feria de Otoño, la empresa se ha sacado de la manga un desafío ganadero en el que compiten seis hierros de los clasificados como muy de Madrid. 

Y para empezar se enfrentaron los de Saltillo y Juan Luis Fraile, con claro triunfo saltillero, especialmente por el juego del tercer toro, de nombre Gallito, que después de mansear en cuatro puyazos, se entregó en el quinto y cambió como de la noche al día porque en la muleta humilló y embistió con casta y codicia.

En este toro José Carlos Venegas estuvo a tono con las exigencias del de Saltillo. El torero de Jaen templó y ligó, plantado con firmeza en el toreo sobre la mano derecha, sobre la que fundamentó prácticamente toda su labor, aunque en el toreo al natural dejó un par de apuntes. La gente no le tuvo en cuenta el espadazo haciendo guardia con el que culminó la faena y le pidieron con mucha fuerza una oreja, la misma que paseó con el orgullo de cortársela en Madrid a un toro de verdad encastado.

En el sexto, de Juan Luis Fraile, un torazo de bella lámina y muy mal estilo, se defendió con más agallas que técnica ante las violentas tarascadas del animal y su forma de reponer y rebañar. Pero consiguió, por lo menos, salir ileso ante aquel aluvión de gañafones. 

Como ileso salió también Octavio Chacón después de enfrentarse a un lote imposible, tanto su primero, de Saltillo, cogiendo moscas en derrotes de infarto y midiendo cada embestida, como en el cuarto de Fraile, un toro complicadísimo, con la mirada en el bulto y la cara por las nubes. En ambos toros Chacón muleteó con dignidad.

Pérez Mota del que puedo dar fe de que en alguna ocasión le aprecié condiciones de torero fino y de exquisita muleta, ayer estuvo a la deriva ante la casta del quinto, de Saltillo, un toro exigente al que no encontró nunca ni la distancia, ni el temple y menos aún poderle por bajo. La gente se metió con el chaval de Cádiz, aunque me habría gustado ver con este toro a alguno de los de arriba del escalafón. En su primero, de Fraile, un toro de cara arriba y embestida arisca y cortísima hizo un esfuerzo por correr la mano aunque apenas conseguía remedos de muletazos.

Plaza de Madrid. Desafío ganadero, primera corrida. Un cuarto de entrada. 

Toros de Saltillo (6), encastados, de mucha movilidad y de juego bravo el tercero, y de Juan Luis Fraile (3), muy serios y de complicada y mansa condición. 

Octavio Chacón (5), de nazareno y oro. Dos pinchazos, bajonazo y tres descabellos. Un aviso (silencio). Pinchazo y estocada caída (silencio). 

Pérez Mota(4), de grana y oro. Cuatro pinchazos y bajonazo. Un aviso (silencio). Cinco pinchazos y descabello (pitos). José 

Carlos Venegas (7), de turquesa y oro. Estocada que atraviesa (una oreja). Pinchazo hondo, media estocada atravesada y dos descabellos (silencio).

Publicado en MARCA