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De @TorosyToreros72: Las Puertas de Curro Rivera en Madrid – Julio Téllez en @DSolySombra.

Formidable muletazo del desdén de Curro Rivera en plena Plaza Monumental de Las Ventas. Desdeñosa verticalidad y superior donaire en su apoteosis isidril de 1972. Con estos recuerdos madrileños damos la bienvenida a De SOL Y SOMBRA al Lic. Julio Téllez García para seguir platicando de Toros y Toreros.

A la sombra del mes de Mayo, de tantos recuerdos de Toros y Toreros, recordamos que ayer domingo ha sido el aniversario 47 de la primer Puerta Grande de Curro Rivera en Madrid, la de Junio de 1971. Pero claro está, nuestro recuerdo siempre se centra en la tarde maravillosa ocurrida un año después y que lo confrontaría en una naciente y creciente rivalidad con Sebastián Palomo Linares en medio de la sempiterna polémica corrida de Atanasio Fernández en la Feria de San Isidro de 1972. Estuvimos ahí y hoy que partimos plaza por primera vez en De SOL Y SOMBRA, lo hacemos con este hermoso recuerdo.

Por: Julio Téllez GarcíaDe SOL Y SOMBRA.

Nos recuerdan las redes, hoy un catálogo taurino abierto también al recuerdo, que el lunes 22 de mayo de 1972 -no fue el 23- Curro Rivera salió por la Puerta Grande de las Ventas en Madrid, al cortar cuatro orejas situación que no se repetiría sino treinta y seis años después.

Los comentarios a tal hecho no tienen desperdicio.

Curro salió dos veces en hombros de Las Ventas, la primera el 3 de junio de 1971 en la extraordinaria Corrida de Beneficencia, mano a mano con el maestro Antonio Bienvenida quien fue “ahogado” por Curro, al decir la prensa. No pudo Bienvenida con un torero joven e impetuoso que estuvo sensacional en sus tres toros. Currocortó la oreja al segundo de la tarde de nombre “Grajador”, perdió las orejas del cuarto “Callejero” de nombre, por fallar con la espada y cortó la oreja del último de la tarde, “Niño”, por gran faena. Los toros fueron de Felipe Bartolomé y el maestro Bienvenida estuvo bien, a secas, en su lote.

A Curro lo pasearon en hombros por el ruedo y salió por la Puerta Grande. Curro toreó diez tardes en Las Ventas cortando nueve orejas en total, según nos cuenta el Señor Hernández Silva.

Pero grandiosa fue la corrida del 22 de mayo de 1972, Curro cortó 4 orejas alternando con Palomo Linares y Andrés Vázquez, con toros de Atanasio Fernández. Esta es la corrida que propagó uno de los mitos más extendidos en el toreo, el cuento de que le fue entregado a Palomo Linares el rabo de un toro por “un estúpido nacionalismo”, argumento que usó hace muchos años Pancho Lazo en forma equivocada, engañando a sus lectores haciéndoles creer que el rabo entregado a Palomo fue para demeritar el triunfo de Curro.

Nada más falso.

Lazo ocultó la realidad de lo sucedido esa tarde en la que Curro, después del triunfo de Palomo, le peleó en el último toro de la tarde realizando una faena del más puro clasismo y cortando dos orejas a pesar de un pinchazo, algo inusitado en Las Ventas como inusitado fue el rabo otorgado a Palomo por su extraordinaria faena.

Muy tarde tratemos de encontrar la verdad sobre las mentiras de Lazo que hicieron escuela y todavía se las creen muchos taurinos malamente, tomemos como guía la reseña y las fotos de la corrida publicadas por El Ruedo, semanario de gran prestigio y credibilidad.

Nos cuenta El Ruedo que Palomo en su primero, segundo de la tarde de nombre “Clavijero”, lo toreo por naturales y pases de trinchera ligados con molinetes. Toda la faena fue por naturales, limpios, serenos, tranquilos con el “desahogo grande del pase de pecho” rematando su faena con dos trincherazos contundentes previos a una estocada desprendida.

A petición popular le concedieron dos orejas.

Curro Rivera en el tercero de la tarde, su primer toro de nombre “Cigarrero” le da la réplica saludando al toro con cinco verónicas templadísimas sin enmendar y cierra con “media de suave armonía”. Con la muleta empieza Curro con estatutarios pases por alto. El momento sorpresivo que provocó la aclamación pública la provocaron “unos circulares sin enmendarse en que tres veces pudo sin mover los pies, constituirse en el eje de la embestida” siguió Curro con series de naturales perfectos como prólogo de media estocada de efectos culminantes, provocando la aclamación popular y la exigencia de las dos orejas.

Hasta aquí los dos toreros actuaban en igualdad de circunstancias por las orejas cortadas, no así por el impacto de las faenas. Curro había conmocionado al público con los “circulares” que por primera ocasión ejecutaba en Las Ventas. En México, estos muletazos que desataron toda clase de polémica, los conocíamos con el feo mote de “circurret”.

Sale el quinto de la tarde, segundo de Palomo de nombre “Cigarrón” y, en franca réplica a Curro, recibe a su toro toreando a la verónica con gran temple, erguida la figura,

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Curro y Palomo en 1972, gloria venteña.

toreando y caminando hacia los medios. Con la muleta, aprovechando la bravura y nobleza de “Cigarrón”, con gran decisión, lo torea de rodillas “con la misma soltura, mando y perfección que los mejores que se hayan dado de pie. La faena fue una maciza obra de arte en que el toreo más puro y más moderno se terminaron fundiendo como solamente se funden en los momentos de inspiración máxima. Una faena para guardar en el recuerdo.”

El final dramático conmocionó al público.

Palomo citó a recibir pero “Cigarrón”no acudió al cite, entonces, al encuentro, Sebastián se tiró a matar o a dejarse coger, dejó media estocada, salió prendido por el muslo y levantado en el aire.

El toro dobla y se produce una conmoción de entusiasmo de las que se ven pocas veces en la vida taurina y la plaza “exigió la rotura de normas y tabúes, obligando al Presidente a otorgar las orejas y el rabo”, aquel hombre al que se le terminaría haciéndole renunciar al día siguiente. He ahí uno de tantos hitos.

Era evidente la rivalidad y “pique” entre dos toreros jóvenes.

“Pitito”fue el último toro de la lidia y le tocaba a Curro.

¡Qué difícil remontar el rabo cortado por Sebastián!

Pero Curro tenía todas las armas para triunfar: juventud, creatividad plena con su toreo psicodélico muy a tono con la época que le tocó vivir, pero sobre todo, tenía las enseñanzas del toreo clásico que le enseñó su padre, el gran Fermín Rivera, y de esas enseñanzas hecho mano Curro para triunfar con “Pitito”, sin abandonar por momentos su toreo “psicodélico” del que era dueño y señor.

El anónimo cronista de El Ruedo, después de hacer una detallada crónica de la faena, la resume con este juicio: “… con el toro que tenía más respeto… Curro realizó la faena más clásica, más arriesgada, seguramente más maciza, dentro de la sobriedad elegante de los redondos y pases de pecho en línea, creciente de perfección. Después de un pinchazo y una estocada en buen sitio, el público embalado por el triunfo de los toreros, exige unánimemente las dos orejas para Curro.

De esta corrida, hay y habrá mucha tela para cortar; quise agregarme a la opinión muchos aficionados para aclarar algunos temas, sin descartar seguir platicando sobre esta eterna polémica.

Saludos y abrazos para toda la Afición envío desde Coeneo, Michoacán.

Twitter: @TorosyToreros72.

La Revolución Riverista entronizó, tras su paso por Madrid, a Curro Cumbre, Emperador Azteca del Toreo.
La Revolución Riverista entronizó en 1972, tras su paso por Madrid, a “Curro Cumbre, Emperador Azteca del Toreo.”
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Corrida de las seis naciones: con Luis David, gana México.

Luis David en el derechazo al toro de El Pilar.

El venezolano Colombo también da una vuelta al ruedo en un deslucido encierro de El Pilar.

Por: Andrés Amorós. Madrid. Publicado en ww.abc.es

Un nuevo invento de Simón Casas: la corrida de «las seis naciones», con un diestro de cada una. No escasean las banderas nacionales, en los tendidos. Son seis toreros en distinta situación profesional: los tres primeros, Juan Bautista, Bolívar y Álamo, ya veteranos, sobre todo, los dos primeros; los otros tres, Galdós, Luis David y Colombo, recién llegados al escalafón de matadores. Recuerdo los versos de Cervantes: «Dicen que la variedad/ hace a la naturaleza;/ colma de gusto y belleza…» Desde hace 37 años no se celebra una corrida con seis toreros, en Las Ventas. Por desgracia, las reses de El Pilar-Moisés Fraile dan mal juego; además, varios diestros pinchan, escuchamos cinco avisos. Sólo Luis David y Colombo rozan el triunfo: se quedan en petición y vuelta.

El francés Juan Bautista ha pasado ya sin relieve dos tardes por la Feria. El primero hace pobre pelea en varas, aprieta a tablas, es muy deslucido. El diestro resuelve el problema con profesionalidad, sin brillo, y mata mal, yéndose.

El colombiano Luis Bolívar, ya veterano, dejó buena impresión en la Feria de Abril. Lidia bien y se luce en verónicas en el segundo, que galopa alegre hacia el caballo pero se cierne. Luis brinda a su país. En la primera serie, lo empala por la pierna y sufre una paliza, le arranca el corbatín. Sin amilanarse, logra naturales templados y derechazos con emoción pero el toro va a peor y mata caído.

El salmantino Juan del Álamo no ha repetido, en sus dos corridas, el éxito del año anterior. Al tercero, incierto, lo mete bien en la muleta, logra algunos derechazos lucidos pero el toro va a menos y la faena no cuaja.

El peruano Joaquín Galdós, que viene de triunfar en Granada, intenta acercarse al puesto de privilegio que ocupa su compatriota Roca Rey y que tan bueno ha sido para la Fiesta, en su país. El cuarto cumple mejor en varas. Galdós tiene una estética personal atractiva pero no logra imponer su mando, en un trasteo intermitente.

El mexicano Luis David cortó una oreja y dejó gran impresión con los toros de Juan Pedro. En el quinto, veleto, está muy firme y entregado, logra buenos muletazos mientras duran las embestidas, que es poco. Se vuelca en la estocada: petición.

Pitonazo en la cara

Colombo salió algo tocado de su confirmación de alternativa, la tarde anterior. Recibe al sexto con dos largas de rodillas; quita por chicuelinas de compás abierto (la absurda moda que trajo José Tomás). Banderillea espectacular, con facultades; cierra al quiebro, caído, y pone un cuarto par. El toro pega arreones, le da un pitonazo en la cara, como el gancho de un boxeador, Se sobrepone, y se entrega, con la espada: petición. Ha de madurar pero logra remontar, con mucha casta torera.

Un vecino, aragonés, me pasa esta nota: «Los toros del Pilar dicen/ que no quieren ser franceses,/ que ellos no son colombianos,/ ni siquiera salmantinos;/ no son toros peruanos;/ sólo, en parte, mexicanos/ y algo, venezolanos./ ¿Cuál es la nación taurina/ que eligen esos astados?/ No llegarán, yo me temo,/ a la de los toros bravos».

Twitter: @Abc_es.

Postdata. El Club Taurino de Londres acaba de premiar a Enrique Ponce. En el boletín del Club Taurino de Italia, se recogen las obras taurinas de un singular artista de Toscana, el escultor Silvano. En Las Ventas admiro una exposición de un pintor de auténtica categoría, el colombiano Diego Ramos… Podría seguir con más ejemplos. Como todo arte, la Tauromaquia es universal. A la vez, es seña de identidad española, en el mundo entero. Por eso luchan contra ella los mismos que quieren romper España: ya lo estamos comprobando.

RESUMEN DEL FESTEJO.

MONUMENTAL DE LAS VENTAS. Jueves, 31 de mayo de 2018. Vigésima cuarta corrida de San Isidro. Más de 15.000 espectadores. Toros del Pilar, inciertos y deslucidos.

JUAN BAUTISTA, de rioja y oro. Dos pinchazos, media atravesada y descabello (silencio).

LUIS BOLÍVAR, de carmín y oro. Estocada caída. Aviso (silencio).

JUAN DEL ÁLAMO, de blanco y plata. Dos pinchazos y estocada. Aviso (silencio).

JOAQUÍN GALDÓS, de azul marino y oro. Cuatro pinchazos, media y tres descabellos. Dos avisos (silencio).

LUIS DAVID ADAME, de canela y oro. Estocada (petición y vuelta).

JESÚS ENRIQUE COLOMBO, de teja y oro. Estocada trasera. Aviso (petición y vuelta al ruedo). Pasó a la enfermería con una contusión facial, con herida en la región mandibular derecha, de pronóstico leve.

Feria de San Isidro: Talavante y López Simón, doble y distinta puerta grande / La plaza de Madrid ha perdido el norte

Un presidente de manga ancha exageró en las dos orejas del segundo toro.

Por Carlos Ilián.

Después del diluvio, doble puerta grande. Alejandro Talavante y Alberto López Simón lo consiguieron con distintos argumentos. Y es que a veces hay que tener arrestos y recursos para plantarse sobre el fango y jugarse el tipo como López Simón que le ha dado la vuelta a su errática carrera con un triunfo en Madrid de los que se cotizan.

El torero se encontró con un sobrero de Mayalde noble y templado aunque se quedaba cortito. Lo embarcó una y otra vez hasta que en un cambio de mano fue volteado y arrollado. Se repuso y consiguió los mejores momentos, especialmente sobre la mano derecha. Después de un pinchazo se la jugó en una estocada de la que salió otra vez empitonado. Con tantos elementos emotivos la oreja cayó por si sola.

Le faltaba otra para la puerta grande y tuvo la suerte de encontrarse con un cuvillo jabonero de mucho tranco y exigencia. Sobre un ruedo imposible se templó por ambos pitones y dejó un estoconazo mortal. Ya tenía la puerta grande.

La misma que Talavante había asegurado en su primer toro. Fue un muestrario de chispazos de la mejor tauromaquia talavantista. Especialmente en el desmayo sobre la derecha y la factura de los naturales, con algún cambio de mano, un lance que se ha convertido ahora en moda y en moda infalible. Con el público entregado aseguró con una estocada en todo lo alto. El palco se entregó como un espectador más y concedió dos orejas exageradas. Una era impecable. La segunda una propina.

En el quinto cumplió el trámite. Ya tenía la salida en hombros y el ruedo no estaba para arriesgar. Con ese buen cuvillo y en terreno seco Talavante se habría desmelenado.

Juan Bautista quiso pero no pudo aprovechar el diluvio en el cuarto toro. No pasó de un trasteo anodino con el primero, con más kilos que bravura y en ese otro se esmeró en un muleteo tan aseado como insulso.

Plaza de Madrid. Decimoctava corrida. Asistencia: 22.236 espectadores, casi lleno. Toros de NÚÑEZ DEL CUVILLO y un sobrero de MAYALDE (6), de gran movilidad y desigual juego, con notable para 2ºy 6º.

JUAN BAUTISTA (5), de azul marino y oro. Estocada corta (silencio). Pinchazo y estocada (saludos).

ALEJANDRO TALAVANTE (7), de carmelita y oro. Estocada (dos orejas). Dos pinchazos y estocada (ovación).

LÓPEZ SIMÓN (7), de azul y oro. Pinchazo y estocada (una oreja). Estocada (una oreja).

Publicado en Marca

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Talavante y López Simón, por la puerta grande: El primero triunfó con una perita en dulce y el segundo protagonizó una tarde épica.

Por Antonio Lorca.

Se acabaron las penas. La feria de San Isidro ya tiene la foto del triunfo: dos toreros por la puerta grande. ¡Viva la tauromaquia!

Y se confirma el peor pronóstico: la plaza de Madrid ha perdido el norte; inutilizada la exigencia, desaparecido el toro bravo y encastado y menospreciado el torero heroico, se imponen el público farandulero, el torete artista y el diestro de inspirada concepción.

Pero ahí queda para la historia la gesta de un Talavante embrujado y un López Simón vapuleado, en una tarde tormentosa y lluviosa, que no hizo más que aumentar la generosidad extrema de unos tendidos bondadosos.

Pero las cosas como son: Alejandro Talavante —que estuvo ausente con el capote toda la tarde— es dueño de unas muñecas prodigiosas, posee un altísimo sentido del temple, una muy notable inspiración artística y derrocha embrujo, creatividad, personalidad.

Su comienzo por bajo, al segundo de la tarde, la rodilla flexionada, arrastrando la muleta en cada encuentro, largo y templadísimo cada uno de ellos, y el toro embebido en el engaño, fue todo un monumento a la torería.

A continuación, un par de redondos y, por sorpresa, un cambio de manos sin solución de continuidad del que apareció un natural milagroso, a paso de palio, eterno, circular, sobrenatural… Y hubo dos tandas más con la zurda, una de ellas a pies juntos, de alta tensión. Mató de una estocada y el paseó las dos orejas.

El problema es que hubo un pequeño detalle que no debe pasar inadvertido: el toro era un animal justito de trapío, manso en el caballo y que desplegó en la muleta una bondad infinita, como un corderito, de docilidad perruna. No hubo sensación de riesgo en momento alguno y aún no se sabe por qué este público tan dadivoso no pidió el indulto.

En dos palabras, para que haya toreo debe haber un toro. Y la conjunción de un animal que imprima respeto y torero poderoso y artista es el germen de la emoción profunda que este viernes no ha existido. El quinto, otra pera almibarada, pero el toreo del extremeño fue de baja tensión.

López Simón llegó a su segundo compromiso en esta feria en horas bajas, y ha tenido las agallas de cambiar el curso de su carrera. A cambio se llevó dos volteretas impresionantes, pero ha recuperado la confianza.

Inseguro, precipitado y con las ideas poco claras se le vio al inicio de faena al noble sobrero del Conde de Mayalde. Un pase cambiado la plaza de Madrid ha perdido el norte; mitad de su labor fue la antesala de la mejor tanda de redondos de toda su actuación; y, a continuación, con la muleta en la izquierda, una voltereta inesperada y una tremenda paliza de la que salió conmocionado. Con el público a favor, pasional y un poco alocado el torero, aún trazó estimables redondos antes de volcarse materialmente en el morrillo del toro y conseguir una gran estocada de la que salió otra vez por los aires.

Otro torete bueno fue el sexto y López Simón vio entreabierta la puerta grande. Animoso y templado fue el inicio por bajo y aprovechó las excelentes condiciones del animal para protagonizar una irregular y deslavazada labor, quizá, con más cantidad que calidad, pero emotiva y entregada. Mató bien y paseó el pasaporte del éxito. Si al torero le sirve para encaminar el futuro, bienvenido sea, pero tampoco fue lo suyo de puerta grande.

Y Bautista interesa poco, esa es la verdad. Le sobra el oficio, pero su toreo es mudo. Cayeron las primeras gotas durante el último tercio del primer toro y la gente no le hizo ni caso. Una tromba de agua le acompañó en el cuarto, intentó captar la atención de los espectadores, pero el agua era abundante y la torería insípida.

Del Cuvillo / Bautista, Talavante, Simón.

Toros de Núñez del Cuvillo —el tercero, devuelto—, muy justos de presentación, desiguales en los caballos; el segundo, nobilísimo y dulzón; quinto y sexto, bondadosos. Sobrero del Conde de Mayalde, bien presentado, manso y noble.

Juan Bautista: casi entera (silencio); pinchazo y estocada caída (ovación).

Alejandro Talavante: estocada (dos orejas); media, pinchazo y estocada (ovación).

López Simón: gran estocada (oreja); estocada (oreja).

Plaza de Las Ventas. Décimo octavo festejo de la Feria de San Isidro. 25 de mayo. Lleno. (22.636 espectadores, según la empresa).

Publicado en El País

El cordón umbilical: El Toro en México – Por el Bardo de la Taurina.

Pase natural de Adame al jabonero de Juan Pedro.

Por: El Bardo de la Taurina.

Acto I

No triunfar con la miel es tragar con la hiel.

Aunque mucho peor hubiese sido que Luis David Adame no le hubiese podido a sus toros en su presentación en este San Isidro, lo que sucedió el jueves pasado en el que Madrid le regaló una tarde apacible en lo climático, un cartel amable, unos toros con presencia sí, pero también sin fauces tiburoneras y uno de ellos, el primero del aguascalentense que era un guardián ligero de una retacería más flojas y desprendidas que la virginidad a los treinta, le ha endilgado tandas cortas y limpias que le receto el torero a un goloso de Juan Pedro Domecq, tan colaborador y tan educado que apenas reclamaba cuando el torero lo dejaba con hambre en cada capítulo de tres y remate.

Porque no llegaba el cuarto, el quinto, el sexto, que son los más complejos, los se dan con las espuelas de la ambición, tandas que nunca terminaron de romper o de calar hasta la médula ni por la derecha, ni por la izquierda, al grado que la gente coreo con más contundencia lo alegórico en lo complementario que en lo básico de los lados sólidos.

Luis David deberá de hacer un examen en el que tome conciencia que, si en verdad quiere ser alguien en este galimatías, ha llegado el momento del corte del cordón umbilical y que empiece a depender auténticamente de lo que sea capaz de hacer por sí mismo y a volar la inclusión en los carteles bajo el sistema combo, donde la base es el hermano mayor.

La reflexión es y será piedra angular del crecimiento de los hombres que tienen con qué saber en dónde están parados y hasta donde el engranaje les puede dar pa’ rodar pa’ lante, porque también se rueda pa’ atrás y a veces hay que cuestionarse ¿si a dónde se llegó, es el techo?

Y esto lo subrayo porque aquí ya se escucha que si no llegó el triunfo grande es porque Luis David toco su real nivel, en lo personal la opinión va en el sentido de la mesura que es la contraparte a las campanas del turrón y del badajo que escurre miel, y comienzo diciendo que el torero entró a la plaza de Las Ventas siendo el primogénito de uno que nació antes que él y hoy puede anunciarse simplemente como Luis David el que no necesita ya ser el remedo ese que irrespetuosamente lanza la montera por los vientos de las tolvaneras al momento del serio ritual del brindis, hoy debió de haber aprendido que con el percal se debe de ir al centro dejando las tablas pa’ los resguardos y las comodidades, también debe de saber que en esto el son, el ritmo, la duración y las pausas, las debe de imponer el torero, pa’ evitar que el toro al tercer muletazo este preguntando ¿Dónde está la sarga?

Y de una vez decir que en esto es tan importante el cite como el telar y si estos no se dan coordinados vienen los amontones, luego tendrá que saber que después de una faena corta pero sobria no caben las valentonadas de las temerarias Bernardinas que también son copia del consanguíneo

¡Ya! ¡A cortarse el cordón umbilical!

En fin, hoy solo son sensaciones las que debieron de haber sido tres llaves peludas y una cola larga con las que se estaría abriendo las puertas de las contrataciones, mas sin embargo ahora Luis David ganó el tenernos hablando de él, por lo que es él.

Acto II
Y ahora permítaseme constatar un hecho que entró dentro de lo extraño y que se suscitó el sábado inmediato, llevando como actuante a otro de los muchos de apellido Adame que se dedican a buscar sobresalir en esto de los capotazos y los muletazos, se trata de José Guadalupe, un toreador que en esto tiene más de veinte años y que fue anunciado dentro de la Feria de San Isidro con dos fechas que ya ocurrieron con el registro de que en la primera de ellas pues dejó ir un triunfo más rotundo que una zarzuela en plena calle de Alcalá.

No obstante, eso la gente dejándose llevar por la inercia que había provocado el hermano menor y de la que ya dimos cuenta, letras arriba, pues sintonizó las pantallas y se encontró con que el segundo toro de Alcurrucén que le correspondía al torero de Aguascalientes, México, traía prendidas las orejas con saliva indicando que con ellas podría abrirse la Puerta Grande sin ningún problema, salvo pa’ el toreador que como por acá se dice se le hizo bolas el engrudo y solito enterró, una vez más, cualquier ilusión.

Ante la decepción de lo que estábamos viendo y teniendo la glamorosa oferta de ver en otro canal la boda real del príncipe Harry & Meghan Markle, no en la Plaza de las Ventas sino en la capilla de San Jorge en el Castillo de Windsor, donde el mano a mano terminó en Puerta Grande, pues en tropel abandonamos la trasmisión madrileña, ya después a través del compendio, de cómo vio la prensa madrileña a José Adame nos enteramos que al extranjero y al presidente don Jesús María Gómez Martin, les fue como piñata por una congregación de pifias las que después de una hemorragia que el espadachín le provocó al difunto vacuno, desencadenó uno de los abaratamientos más patéticos que se hayan vivido en el palco.

Moraleja.

Siempre será más sencillo ser reconocido dentro de la nobleza, que aspirar a ser una figura en el reino de los elegidos.

Twitter: @BardoTaurina.

Feria de San Isidro: Las figuras se reparten tres orejas

Por FERNANDO FERNÁNDEZ ROMÁN.

Para torear así, tal cual se muestra en el documento gráfico, el torero tiene que tener la gallardía y el chispazo de inspiración propio de una gran figura del toreo, y el toro tiene que embestir de esa manera. Si ambas cosas no se circunstancian, la belleza del arte del toreo no se produce.

Reflejada la premisa, lo emblemático de la fecha en que se produce el hecho obliga a rendir emocionado culto al Torero por antonomasia, al que fuera indiscutible Sumo Sacerdote de la Tauromaquia de su tiempo, al ídolo inmolado en la plaza de toros de un pueblo toledano, va para un siglo. Noventa y ocho años, exactamente. Noventa y ocho tardes de toros en que los toreros de última generación que se visten de luces cada 16 de mayo, se descubren e inclinan la cabeza para musitar una oración en su recuerdo. Noventa y ocho veces ya que una multitud se pone en pie y guarda un respetuoso minuto de silencio en su memoria. Y es que ayer, hizo noventa y ocho años –se dice pronto—que a Joselito el Gallo le mató un toro en Talavera. Y nos seguimos acordando de él. ¡Cómo sería de grande su arte y de fecunda su obra!

Ayer se colocó el cartel de No Hay Billetes en la fachada de la Plaza de Las Ventas, porque actuaban tres toreros considerados figuras en esta época, dos consolidados, Manzanares y Talavante y uno, Ferrera, que viene trepando por los vagones del tren del toreo y va camino de alcanzar la locomotora. Decir tres figuras del toreo y público de Madrid, equivale a escenificar un escenario de permanente beligerancia. ¿Por qué razón? Razón, ninguna. En cuestiones taurinas, esto es Madrid. La villa y corte. El centro geográfico del país y, por supuesto, el santo y seña de la Tauromaquia; dicho lo cual, conviene recordar que Joselito el Gallo no actuó hace noventa y ocho años en Madrid porque la hostilidad de su público de toros se hacía ya insoportable. Hay que irse, Juan –le dijo a Belmonte–, vayámonos por un tiempo de la Plaza de Madrid y dejemos que vengan otros toreros…; pero se fue solo él, a encontrar su muerte talaverana junto al río Tajo, pegado a la ermita de la Virgen del Prado. Y ahora Madrid, año tras año, como si de una contrición perpetua se tratara, se quita el sombrero, se pone en pie y le dedica un minuto de silencio que a mi me parece más que de rendición admirativa, de remordimiento.

Con estos antecedentes, suponíamos que la corrida de máxima expectación acabaría como el rosario de la aurora. Figuras y Madrid, igual a petardo. Así sucede casi siempre. Pero, venturosamente, no sucedió tal cosa.

Sucedió que vimos al resurgido Antonio Ferrera, ahora colocado en modo homo levitating, vestido de raso y oro, torear a un toro de Cuvillo como si fuera una becerra de tentadero, incluso sin pensar en el premio a ganar, es decir, sin ánimo de lucro. Torear sin ánimo de lucro, aunque sea una metáfora, supone que el toro tampoco ha de poner apenas dificultades, como así era. No quiere esto decir que el peligro –de muerte, también, por supuesto- no acechara al torero. Quiere decir que el toro debe poner emoción a su embestida. Si esa emoción no aparece, el arte puede llegar a convertirse en artificio. Ni ese primer toro de la corrida ni el cuarto de la tarde, segundo del lote de Ferrera, generaron la emoción que lleva implícita la casta brava, por tanto, la emoción hubo de buscarla el torero por la vía de la estética, aunque también debiera estar lejos del amaneramiento. Antonio toreó a sus dos toros despacio, despacio, despacio porque los toros acometían andando, pesadamente. Toreó a placer. Para su placer, principalmente. Dos faenas de parecido corte, con algunos chispazos de cierta genialidad, en las que intercaló muletazos de bella composición. Al primer toro lo mató de una excelente estocada y al segundo de su lote, después de una faena de espejo larguísima, con algunos muletazos que podían servir de modelo para un cartel de Ruano Llopis, de un metisaca en los bajos. Oreja y aviso fue el balance de Ferrera, pero si llega a colocar a este cuarto toro un volapié tan magnífico y tan eficaz como el que recetó al primero, en esta corrida Antonio abre la Puerta Grande de Las Ventas.

Otro tanto le ocurrió a José María Manzanares, que se enfrentó al toro de mejores hechuras del lote enviado por Núñez del Cuvillo, jugado en segundo lugar y de 555 kilos de peso. Eso es entrar en razón. Fue éste un toro algo corretón de salida, al que picó superiormente Chocolate-hijo, pero un toro al que había que someter, porque su encastada embestida generaba calamocheos y rebrincamientos difíciles de aplacar. José María cuajó muletazos excelentes, de largo recorrido y templanza evidente, a pesar de que un sector del público le recriminaba constantemente, con ese ponte aquí y quédate allá, que es el tópico preferido o el catecismo de moda en estos tiempos. Lo cierto es que la labor de Manzanares en este toro fue francamente meritoria, pero caprichosamente devaluada por una corriente empecinada en el distorsionado del sentido común. El quinto fue un jabonero sucio de bella estampa, al que el diestro alicantino toreó de capa con ampuloso juego de brazos y bamboleo suave de la tela. Se arrancó el toro de largo al caballo de picar y Manzanares le volvió a ofrecer la capa para torear por delantales, suaves, sedosos, lentísimos; tan lentos que en uno de ellos por poco se lo lleva el toro por delante. Después, el de Cuvillo presentó problemas por el pitón izquierdo, pero tomó bien –sin perder temperamento— la muleta por el derecho, donde José María encontró los momentos más inspirados. Dos series por ese lado fueron sencillamente magníficas… a pesar de los pesare de por allá arriba del graderío. Otra vez montó la espada y ejecutó el volapié con perfecta sincronía de movimientos, metiendo el acero por el hoyo de las agujas. Solo por la estocada, la oreja que paseó el torero fue un premio de máxima justicia.

Al tercer espada del cartel AlejandroTalavante, le echamos de comer aparte, que diría un castizo. Su primer toro, tercero de la corrida fue un toro enrazado, corniveleto y respondón, al que Talavante toreó por bajo con unos muletazos de inspirado concepto –me atrevería a decir que se le ocurrieron sobre la marcha–, flexionando la pierna de salida de la suerte y obligando a humillar hasta lo inverosímil al toro de Núñez del Cuvillo. Incluso se permitió el lujo de mirar al tendido.

Comienzo tan explosivo auguraba una faena de altas dimensiones, pero el temperamento del toro no permitió excesivas florituras al torero. No obstante, el Tala cuajó muletazos magníficos, sobre todo en dos series con la mano derecha y una –excelsa—de naturales. Mató de estocada casi entera y la oreja cayó, sin discrepancia alguna que tuviera base concreta y sensata. Mejoró su actuación en el sexto, sin duda el toro de la corrida. Un cuvillo castaño que derribó con estrépito al caballo y al picador, Manuel Cid; acudió de nuevo con fijeza al área de castigo y apretó de firme bajo el peto. Arreó en banderillas, pero Juan José Trujillo le ganó la cara en dos pares meritorios, que le obligaron a saludar. La faena de Talavante a este toro olía a Puerta Grande. Más aún: a triunfo grande, de dos orejas. Y a fe que a punto estuvo de conseguirlo, porque toreó de muleta con arrebatada personalidad y desbordante torería. Las series en redondo con la derecha, perfectas; las de naturales, inmaculadas. Faena de gran intensidad que no firmó su espada como merecía. Dos pinchazos y estocada. La ovación, supo a poco.

Tres orejas, tres se repartieron las figuras ayer en Las Ventas del Espíritu Santo. Los tres, tienen nuevas comparecencias contratadas. Los tres deben agradecer a Núñezdel Cuvillo la corrida que envió a Madrid: toros de razonable peso, algunos bien corpulentos, pero todos ellos armados con dos puñales puntiagudos. Corrida, pues, seria y buena en líneas generales, con los matices descritos.

Corrida en la que un año más, salió revalorizado José Gómez Ortega, Gallito, o Joselito el Gallo, como ustedes quieran. En cualquier caso, el Rey de los Toreros, antes, ahora y siempre. Un Rey que ha dejado en prenda su corona: la montera que tuve el honor, el placer y la fortuna de tener entre mis manos durante varios minutos, hace tan solo tres días. Todavía me tiemblan de emoción.

Publicado en República

Foto: NTR Toros.

Feria de San Isidro: Amar la trama

Por Juan José Cercadillo.

Amar la trama más que el desenlace, Jorge Drexler ‘dixit‘.

Amo esa definición para cualquier cosa. Para el trabajo, para la vida, para el amor, para el odio, para la familia o la pareja. Amar la trama, disfrutar el momento, sentir que lo importante no es cómo quieres estar dentro de un tiempo sino cómo estás ahora. Es más fácil cuando disfrutas, cuando eres feliz en lo que haces, cuando no estás forzando situaciones a la búsqueda de mejor posición o sensaciones. Fácil de decir, difícil de hacer… La vida misma. Mucho riesgo olvidarse del final, de la estrategia o el objetivo y entregarse a disfrutar, pase lo que Dios quiera que venga. Pero creo en firme que es la actitud buena para disfrutar de todo, y en especial de los toros, y muy en especial en Las Ventas.

Y este miércoles la trama ha sido de ensueño. Ver a toreros cuajados, sensibles, con arte y con compromiso remontar las envidias de los mediocres, solventar las deficiencias de sus toros, entregar generosos sus interiores hilvanando historias que disfrutar a cada pase, a cada cite, a cada desplante o remate es disfrutar del todo de la trama, sin importar el desenlace de las estocadas perfectas, de las orejas cortadas.

Disfrutamos este miércoles hasta la médula la trama de Antonio Ferrera, la fama de Manzanares, la calma de Talavante, el fluir de una corrida que pudo marcar historia si no caen los toros al piso y se callan los que sobran… Y si no pincha Alejandro, también es cierto. Pero, como siempre en la vida, hay quien no disfruta de nada. Da igual que vean los pases lentos y planos del Manzanares más torero, los naturales profundos, sentidos y verdaderos de un Ferrera en plenitud o la fibra, el temple y la belleza de los pases del figurón del futuro Talavante. Da igual, algunos no quieren verlo y vuelven para sus casas como si no hubiera pasado nada delante de sus narices, al final de sus tendidos y muy muy dentro de su alma.

Y se han cortado tres orejas, una por cada coleta, que decían los antiguos. Y da igual que Ferrera no pudiera rematar el cuarto, que Manzanares no reventara del todo rompiéndose con el buen quinto y sobre todo que Talavante no enterrara esa espada en el impresionante sexto que le hubiera dado una nueva puerta grande de la que contar a tus hijos.

Grandioso Alejandro de tobillos a la nuca, de cintura, de cadera, de muñecas y atributos. Entregado, sensible y templado, me ha encantado la trama de sus faenas. Bien compuestas y llevadas, bien planteadas y serias. Con historia, con su trama y con verdad de la buena.

Amar la trama del toreo, olvidar un poco el desenlace. Más allá… volver a vivir la trama y evitar el desenlace. Disfrutar de cada pase y recordarlo por siempre… Y me da igual la puerta grande.

Plaza de toros de Las Ventas, miércoles 16 de mayo de 2018.

9ª de feria. Lleno de no hay billetes en tarde primaveral y agradable. Toros de Núñez del Cuvillo de entre 533 y 585 kilos muy bien presentados y en tipo, serios y con gran tono en general, flojos algunos, lo que impidió, junto con los pinchazos de Talavante, una tarde de verdadera gloria.

Antonio Ferrera, de nazareno y oro. Oreja y silencio.

Manzanares, de azul marino y oro. Silencio y oreja.

Alejandro Talavante, de blanco y oro. Oreja y gran ovación. Pudo abrir la puerta grande de no pinchar en el sexto tras dos grandiosas faenas.

Se guardó un minuto de silencio al final del paseíllo por el aniversario de la muerte de Joselito el Gallo en Talavera.

Publicado en El Confidencial

Foto: NTR TOROS.

San Isidro 2018: La épica como recurso / Ureña, una verdad a medias

Por Paco Aguado / Foto: Teseo Comunicación.

No estaban terminando de salirle las cosas al bueno de Paco Ureña. Con el primero, que aunque cargado de carnes fue el mejor hechurado y, por tanto, también el mejor toro de la corrida, porque le pudo la ansiedad: una visible, tensa y empecinada intención de rebozarse de toro, de despatarrarse hasta lo obsceno y de pasarse muy cerca de la bragueta unas embestidas que pedían, en cambio, más sutileza formal y sobre todo menos ligereza de muñecas en los remates.

Cuando acertó a cogerle medianamente el aire, le pegó de tal guisa una serie de naturales vibrantes y bizarros, pero que, por aquello que le faltó, ya no logró volver a repetir mientras la faena se le iba cayendo hasta los cinco pinchazos que la hundieron en la nada. Y con el quinto, que se movió mucho y con recorrido sin emplearse demasiado, Ureña se tiró también un largo rato sin concretar casi nada bajo un tendido que empezaba a contagiarse del fresco de la noche y del frío del ruedo.

Así que, una vez más, en el tiempo de descuento el de Murcia apeló a la épica, al drama más buscado que encontrado, a esa impostura que sabe recurso infalible en una plaza aparentemente tan dura pero en realidad tan impresionable como la de Madrid. De nuevo vimos a Ureña en su versión “hard core”, con el arrimón desafiante entre los pitones, el ajuste amontonado de empellones, el ¡uy! por el ¡ole! Y, para redondear la escena trágica, tampoco faltaron la voltereta final, la duda de la cornada y el renacer doliente, después de caer entre las patas del toro en una estocada a cara de perro.

Cayó también así la oreja que se dejó en el otro, para repetir la que ya parece su tópica imagen de marca: aferrada la mano al trofeo, tinto en sangre el desaliñado vestido y el rostro crispado, entre lastimero y feliz. La gente le quiere por su humildad, por su constante sufrimiento, pero tiene ya ganas de verle salir a hombros con el traje impoluto y entero, salpicado si acaso de pelos del toro, y con una sonrisa de oreja a oreja después de que el toreo que busca le fluya de una vez sin tanta fatiga.

Del resto de la corrida, con el color ambiental que le dio el primer lleno pero coherente con el gris de todo lo que va de feria, quedó apenas la pasajera sensación de haber presenciado una jornada laboral más de El Fandi, con un lote vacío, y la voluntad evidente y desangelada de un López Simón que aún sigue por la tortuosa senda que le lleve hasta sí mismo.

Publicado en Cuadernos de TM

Ureña, una verdad a medias:

El torero murciano cortó una sola oreja al lote de más calidad de Puerto de San Lorenzo.

Por Antonio Lorca.

Que Paco Ureña es un gran torero es una innegable. Pero los héroes artistas no siempre tienen la inspiración a punto para culminar obras bellas.

Ayer, el torero murciano firmó una actuación valerosa, sincera, emotiva a veces, emocionante en algunos destellos, pero no arrebatadora ni conmocionante, como, quizá, exigía el lote que le tocó en suerte. Paseó una oreja a la muerte del quinto después de una faena de medianías y una voltereta en la suerte suprema que fue la que, de verdad, empujó para la concesión del premio. Una actuación a medio gas, por tanto, de un referente del mejor toreo actual al que se le debe exigir un mayor compromiso.

Todo comenzó en un quite por gaoneras ceñidísimas al primer toro de la tarde, anuncio de su plausible disposición. Recibió, después al suyo con un manojo de verónicas embraguetadas y otras tres, en el quite, de gran empaque.

Empujó el toro en el primer envite con el picador y salió suelto en el segundo; galopó en banderillas y pronto mostró su clase, hondura, prontitud y humillación en la muleta. No llegó a acoplarse Ureña con la mano derecha, y el buen toreo comenzó a surgir con unos naturales largos, templados y bien ligados, que dieron paso a una magnífica tanda por el mismo lado, con el compás abierto, en una demostración evidente del toreo auténtico. Aún hubo un gran pase de pecho, otro del desprecio monumental, una trincherilla y ayudados por alto finales. Mató mal, muy mal, pero ya antes había quedado explícito que brillaron trazos extraordinarios pero incapaces de crear una obra de arte. Fue una labor de menos a más que cayó por el precipicio de los pinchazos. Sobraron muletazos y faltó remate y conmoción. El buen toro mereció mejor suerte.

Bueno fue, otra vez, el recibo a la verónica al quinto, otro animal con movilidad y nobleza en el tercio final. Fue la de Ureña una faena larga, en la búsqueda incansable e inoperante de una emoción que no se hizo presente más que en destellos puntuales. Culminó su labor con unas anodinas manoletinas que, sorprendentemente, cerró con un remate y un pase de pecho torerísimos. El toro quedó cuadrado para la muerte, y Ureña se tiró encima del morrillo con decisión, lo que le costó una espectacular voltereta. Esta y la bella muerte del manso y noble toro propiciaron el premio de la oreja. Bien, pero puede y debe estar mejor. Es imprescindible que así sea por el bien de la tauromaquia.

El resto del festejo no tuvo color. El Fandi pechó con un lote infumable. Inválido, muy protestado, un cadáver en puertas, fue su primero, ante el que falló en un par de banderillas al violín y con el que trató de justificarse en una voluntariosa labor de brocha gorda.

No tuvo mejor fortuna con el cuarto, manso y deslucido, al que banderilleó con más fortuna, aunque desistió de hacerlo en la suerte del instrumento musical, por si acaso.

Y el madrileño López Simón confirmó la impresión que dejó en la pasada Feria de Abril: que atraviesa un bache, que no está, que da muchos pases y torea poco, que su labor no llega a los tendidos, y que, en pura lógica, aburre.

Tuvo toros de triunfo, nobles, obedientes y repetitivos los dos, pero a ninguno le cogió el aire, ni se sintió a gusto ni gustó a casi nadie. Algún muletazo largo, alguna tanda ligada, pero todo en un mar de aguas insípidas.

Cómo haría mella el aburrimiento en los tendidos que, mientras López Simón daba muletazos al sexto, se lanzaron vivas a España, a la tauromaquia y a san Isidro Labrador, motivo más que suficiente para que el buen torero reflexione sobre la crisis de identidad que, por lo visto, padece.

Otra tarde más deben subir al podio toreros de plata henchidos de gracia: Tito Sandoval por un buen puyazo al sexto, y Vicente Osuna, Yelco Álvarez y Jesús Arruga, por meritorios pares de banderillas. Los cuatro, miembros de la cuadrilla de López Simón; lo que son las cosas…

SAN LORENZO / EL FANDI, UREÑA, SIMÓN

Toros de Puerto de San Lorenzo, bien presentados; el primero, inválido; segundo, mansón y de calidad suprema en la muleta; cumplidor en varas y noble el tercero; deslucido el cuarto; manso y noble el quinto, y con movilidad el sexto.

El Fandi: casi entera (silencio); estocada caída (silencio).

Paco Ureña: dos pinchazos —aviso— tres pinchazos y un descabello (ovación); estocada (oreja).

López Simón: media estocada, un descabello —aviso— y un descabello (silencio); pinchazo —aviso— media tendida y un descabello (silencio).

Plaza de Las Ventas. Octavo festejo de la Feria de San Isidro. 15 de mayo. Lleno. (22.275 espectadores, según la empresa).

Publicado en El País

Obispo y Oro: Todo fue gris en Madrid

Por Fernando Fernández Román.

Miraras por donde miraras todo era gris, ayer en Madrid. Al menos, en su principal plaza de toros. Mirabas a la parte de sol, hacia la piedra berroqueña de los tendidos –poca se dejó al descubierto–, y la mezcla compacta de cuarzo, feldespato y mica se ofrecía gris; mirabas la seda del vestido de Juan Bautista y parecía gris –tórtola, dirían los más refinados–; mirabas al cielo y el oscuro celaje de las nubes ofrecía distintos tonos grisáceos; y, en fin, mirabas al ganado que salía por la puerta de chiqueros y era una sinfonía de grises, en la que solo desentonó el Revoltoso entrepelado que salió en quinto lugar. El gris del pelo de los toros, ya se sabe, está compuesto por una mezcla de pelos blancos y negros y tiene un nombre específico: cárdeno. Con distintos matices, pero cárdeno, por extensión. O sea, gris.

El gris, no me lo discutan, es el más mediocre de la gama del espectro cromático. No tiene personalidad. Los rosa, naranjas o morados son mezcla de dos colores, digamos, principales, con distinta intensidad o longitud de onda, y tienen entidad propia. El gris, no. El gris es un color triste, a medio camino entre la luz (el blanco) y las tinieblas (el negro). Da un poco de grima. Hasta a los miembros de la Policía Nacional delante de los cuales corrimos alguna vez, en los años de mocedad, se les conocía por un nombre antipático: los grises.

Con anterioridad a la grisura resultante, la primera corrida de la feria de San Isidro reunía varios alicientes, de ahí que la asistencia de público rondara los tres cuartos del aforo cubierto. Algunos aficionados son fervientes amantes del encaste santacoloma, y aquí el firmante su suma a la feligresía. Me gustan los santacolomas de pelo cárdeno, bajos de agujas, pezuña fina, cuerna breve y certera y carnes prietas, con el músculo resaltando sobre su piel. Esa sería la descripción tipo del encaste que creó don Enrique Queralt, undécimo (si no yerro) conde de Santa Coloma, con una refinada tropa de vacas de Eduardo Ibarra y dos machos de su ínclito hermano, el marqués de Saltillo.

Ayer, salieron a la arena de Las Ventas los lejanos descendientes de aquél experimento que proporcionó unos toros de lidia de acrisolada bravura ibarreña –vía Murube–, sazonada por el picante del alio-oli de Saltillo, ideales para que las grandes figuras de los primeros años del pasado siglo se los disputaran sin disimulo. En cierta ocasión, cuando un torero mediocre –gris—lloriqueaba porque Joselito el Gallo solo se atrevía con las brevas de Santa Coloma, el coloso de Gelves le abordó en la calle Sevilla de Madrid y le dijo: Cierto, los toros de Santa Coloma vienen mucho y bien… para los buenos toreros; y para demostrártelo los vas a torear conmigo el domingo en Madrid. Por respeto a su hoja de servicios como gran estoqueador y, sobre todo, porque fue fundador de una excelente dinastía de toreros, prefiero obviar su nombre del intefecto, pero, cuentan las crónicas de la época que José lo mandó al paro taurino para los restos.

A lo que iba: los toros que ayer se anunciaban en Madrid son representantes fieles de los mejores santacolomas, criados en la finca Bucaré por don Joaquín Buendía, tras la compra que le hizo al ya muy referenciado señor conde en 1932, un año en el que la aristocracia española no vivía sus mejores momentos, precisamente. Once lustros después, una buena parte de aquél ganado pasó a manos de Álvaro Martínez Conradi; y ahí lo tienen, herrado con el marbete de La Quinta, en el cortijo Fuen la Higuera y otras fincas andaluzas, de explotación diversa. Ahí está una buena parte de un encaste por el que se peleaban las figuras e los años 60, entre las cuales, Paco Camino era su adalid más representativo. Como decía Gallito, los toros de bravura ennoblecida, con el picantito de la buena casta, son… para los buenos toreros.

Así, pues, el aliciente de los toros era uno de los reclamos más sólidos del cartel con el que se inauguraban las corridas de toros en este sanisidro de nuestros pecados. Ante ellos –los toros—se verían las caras tres toreros de contrastada capacidad para afrontar empresas de alto bordo. Tres toreros de Madrid, que es algo así como un título honorífico al alcance de unos pocos.

Unos pocos fueron también los minutos que transcurrieron para darnos cuenta de que la grisura iba a ser la gran protagonista de la tarde. El toro que abrió Plaza era un cinqueño que pesaba cerca de seiscientos kilos. Una desmesura de toros. La antítesis del modelo anatómico del toro de santacoloma. El toro, naturalmente, fue mimado –que no medido– en varas y muy pronto apuntó una alarmante falta de casta, embistiendo a las telas de torear con una especie de resignación, como si quisiera buscar justificación a su acreditado linaje. Un mulo, fue el toro. Una lástima. Pero, ¿acaso pueden dar lástima los santacolomas?

El segundo toro fue bello de hechura y abanto de carácter. Su contextura, perfecta de formas y su capa, preciosa: cárdeno claro, coletero, alunarado y caribello. No tardó en manifestar su lamentable falta de casta, repuchándose en el caballo de picar y moviéndose orientado, mirando alternativamente al torero y rajándose al final. Lo siento, amigo Álvaro, pero esta pintura fue un mojón de toro.

El tercero –grandón, también: 575 kilos– pareció comerse el mundo en sus primeras arrancadas, pero acabó con medio viaje, topando las telas de torear y claudicando si se le obligaba a tomarlas por abajo. El cuarto fue el mejor, el que dejó hacer al torero, el más encastado del lote de don Álvaro y el que dedicó un repertorio de embestidas de auténtico toro bravo… hasta que comenzó a apagarse, a medida que la grisura iba ganado espacio al ambiente de la tarde. Cinqueños también quinto y sexto. Aquél, el menos santacoloma de tipo: paliabierto, entrepelado casi negro que embistió descompuesto, en plan lendel de una noria, en derredor del torero, pero sin entregarse jamás, y este, erigiéndose protagonista de un espectacular tercio de varas, para regocijo de la parroquia devota de esta suerte. Se fue por dos veces como una centella al caballo de picar, metiendo los riñones y alardeando de su casta brava, pero tampoco remató su plausible comportamiento, porque no ofreció más allá de una docena de embestidas. Después, atacó con la cara por las nubes, las nubes que ya estaban más negras que grises en el cielo de Madrid.

¿Y los toreros? Pues Juan Bautista mostró sus refinadas formas en bastantes pasajes de la lidia, tanto en sus dos toros como en algunos quites. Con el grandullón primero mantuvo una línea aseada, que es como calificaban los antiguos revisteros a las faenas breves y anodinas, y en el cuarto, el mejor dentro de la general mediocridad, esbozó algunos lances y muletazos de fino trazo, mientras el toro mantuvo su embestida humillada, una palmaria fijeza y siempre que el viento que se levantó en esos momentos no le estorbara demasiadopara el manejo de capotes y muletas. La estocada al primero, desprendida, fue refrendad con un golpe de verduguillo, y la del cuarto fue sencillamente, excelente, saludando al final unas pocas palmas.

Manuel Jesús El Cid se peleó bravamente con el mansote caribello, antes de que el toro se fuera de naja definitivamente, y anduvo por allí con el casi negro y feo de cuerna, sin fiarse ni un pelo el uno del otro, en una danza continua y descompuesta, gazapeando el toro y resguardándose el torero. Hábil con la espada, se va de Madrid, como vino, es decir, con la tarifa de cotización absolutamente plana.

A Morenito de Aranda le anotamos los mejores lances de capa: fueron una verónicas al tercer toro, embraguetándose con él y pasándose al animal muy ceñido y muy templado. Remató con tres medias verónicas, dos aceptables y una superior. Un matiz: aquí, al firmante, le gustaría que no tomara la capa como algunos banderilleros la toman para la brega, es decir, a puñaos. A la verónica, Jesús, se torea tomando el percal con la yema de los dedos. Usted sabe y puede, solo falta que quiera. Es, repito, solo un matiz puramente estético. Le anotamos, también los momentos muleteriles más brillantes de la tarde, con esa flamenquería sureña tan sincera, a fuer de castellana. Fue una pena que sus dos toros no le prestaran más embestidas enrazadas y de largo recorrido. Aprovechó las pocas que le facilitó el último toro y estuvo a punto de ganase a la parroquia. Para colmo estuvo fatal con las espadas, oyendo un aviso en el tercero y dos en el sexto.

Las banderillas colocadas con facilidad y precisión por Rafael González en el primer toro y los pares reunidos en el morrillo y asomándose al balcón de Curro Robles y Zamorano en el quinto y sexto toro de la corrida, alumbraron puntualmente la pesadez de la tarde. El plomo, también es gris.

Publicado en República