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CRÓNICA CADEREYTA (MÉX) / SILENCIO… TOREA PONCE

Por Paco Tijerina.

En tarde de clima agradable y ante casi un lleno, se lidiaron cinco toros de Carranco (uno devuelto al despitorrarse), tres buenos y uno (2°) manso; y dos de “La Playa” (5° y 6°), buenos los dos.

Enrique Ponce: oreja y oreja.
Juan Antonio Adame: palmas y oreja.
Fermín Rivera: oreja y oreja.

El picador Eduardo Reyna Rivera fue ovacionado por un soberbio puyazo en el 6° y en el mismo toro se desmonteró Felipe Kingston.

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Enrique Ponce logró este sábado en Cadereyta lo que en siglo y medio que tiene de existencia el coso, nunca nadie había conseguido: el silencio absoluto de las más de dos mil almas que estaban en sus tendidos para disfrutar de su toreo.

Y lo hizo en dos ocasiones, en sus dos faenas, la segunda que intentó ser acompañada de la Banda de Música Juvenil, pero con cortesía el valenciano solicitó detener los primeros compases de “En er mundo”, que empezaban a sonar para ejecutar un concierto con “La música callada del toreo”, aquella del maestro José Bergamín.

Y ese silencio sólo era roto por los olés que brotaban de las gargantas de los aficionados que, como hipnotizados seguían la cátedra del maestro de Chiva.

A su primer enemigo lo consintió, le enseñó el camino, le insistió para realizar un larguísimo trasteo dejando en claro que todos los toros tienen una faena, pero es que Ponce se inventó tres en un solo trasteo. Como si se tratase de un chaval sediento de un pitón, Enrique exprimió al de Carranco; otro cualquiera con una parte de su labor se hubiese ido por la espada, pero él no y así, sin prisas, fue extrayendo pases de enorme ejecución. Pinchó en el primer viaje y logró un estupendo estoconazo en el segundo para recibir un apéndice.

Y con su segundo repitió la dosis, con una faena de menor duración pero de la misma intensidad. Ponce le puede a todos los toros y le saca pases a una mesa. Brujo, mago, Midas, es un genio del toreo que, además, se deleita con su profesión por igual en las grandes plazas y en los pequeños poblados, lo suyo es una entrega absoluta, sin cortapisas, al toreo, al público, a su propio concepto, a todo. ¿De qué vale reseñar derechazos y naturales, sus personalísimas “chivanas” o los pases de pecho más largos de la historia si no se es capaz de establecer medidas? Todo es simplemente perfecto. Y de nuevo la espada, un pinchazo y otra estocada, esta desprendida, pero que le valió por igual un auricular.

Tras la vuelta al ruedo y con un Enrique Ponce emocionado en el centro del albero, el público que antes guardó silencio estalló en una catarsis colectiva con una sola voz: “¡Torero, torero!”.

El regiomontano Juan Antonio Adame tuvo la cara y cruz en el lote que le tocó lidiar. Su primero, de Carranco, fue el malo del encierro, manso y rajado, no dio opción alguna de lucimiento. Pero el desquite vino con el quinto de la tarde, un astado de La Playa que tuvo recorrido, son y transmisión y al que Adame, como lo hizo en su anterior actuación en Monterrey, lo toreó por nota, corriendo la mano en larguísimos trazos que le fueron jaleados con muchísima fuerza en un trasteo que no pudo tener extensión porque el burel, al sentirse podido, buscó el cobijo de las tablas. La espada le jugó una mala pasada a Adame en su primer viaje, pero al segundo viaje sepultó la toledana entera echando patas arriba a su enemigo para recibir una oreja.

Fermín Rivera cortó una oreja en cada turno más producto de su eficiente manejo de los aceros que por las faenas desplegadas. A su primero, procedente de Carranco, que tenía profundidad y que exigía darle distancia, así como salir a su encuentro al final de cada muletazo, se empeñó en quedarse en la línea y torearlo “de uno en uno”, por lo que careció de ligazón y el público no acabó de romper.

El cierraplaza, de La Playa, dio un gran espectáculo en varas al acometer de largo al caballo de Lalo Rivera quien, como los buenos, aguantó la reunión cuajando un soberbio puyazo. Con las banderillas Felipe Kingston se lució en un gran par al cuarteo y fue ovacionado.

Con la sarga, Fermín estuvo digno ante un burel que en un inicio iba largo, pero que pronto se apagó, desentendiéndose de su lidiador. Mató otra vez de estocada al primer viaje y recibió un apéndice que tuvo, seamos claros, una escasa petición.

Al final Ponce y Rivera salieron a hombros.

Fuente: Burladerodos

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@Taurinisimos 146 – Rafael Loret de Mola y Leonardo Páez mano a mano

CARTELES: Plaza México, Temporada Grande 2017 – 2018, Segunda Parte – La Práctica Reincidente.

La oferta taurina en la Plaza México, ya instalada en la comodísima y reiterada programación, muestra la gestión como falta, ya no solo de taurinismo, sino de imaginación y, sobre todo, de categoría pues la actual administración está cerca de una gestión de Feria pero no de la altura de la historia e importancia de la Monumental México. Como dicen los americanos todo está hecho “in house” y cuidado de estar lejos del manto protector porque, como dijo el político aquel, es vivir en el error. Y en tal error, de no levantar este vuelo tan peligrosamente manejado, puede quedar la Afición por enésima vez.

Por: Luis Eduardo Maya Lora De SOL Y SOMBRA. Especial.

Sin Enrique Ponce. Sin José Tomás. Sin Manzanares.

Sí, con Juli y todo su andamiaje incluyendo a Su (lesa) Majestad, el Julipié.

El fierro viejo que tarde a tarde en La México consigue vender gracias a una Empresa que deja hacer y deja pasar, ya no digamos la combinación sino la confabulación del madrileño con Teófilo Gómez esa que de dos encierros a los que el madrileño enfrenta solo ha traído un toro bravo, “Abuelo” lidiado el 5 de febrero pasado al que no terminó de entender ni de cuajar.

Teniendo a Juli como base, arrastrando a Sergio Flores, quitando todo el sitio al toro, la segunda parte de la Temporada tiene como principio no mantener a la gente en la Plaza sino apostar a un muy relativo interés que no da seguimiento al mérito sino a la recomendación, al padrinazgo y, tristemente, al cacicazgo.

Por ello, los carteles son “in house”, anticipando disculpas por el chocante anglicismo.

Es decir, se vive dentro de la empresa o sus aliados, o se está en el error.

Por eso, tanta monotonía por eso tanta falta de imaginación, no puede haber inventiva donde de hay plantilla, troquel y plano. Si no, cuál es la razón de traer a Llaguno después del petardo del año pasado, lo mismo que a Garrido, Marín y Valadez. Tres nombres que dicen mucho menos que, por ejemplo, Urdiales, Ferrera, o Talavante.

Para ya no repetir los mencionados al principio.

Claro, al no encontrarse estos nombres, dijera Bardo de la Taurina, bajo el manto protector empresarial es impensable que la empresa logre innovar y, su conflicto de interés, dicta solo utilizar los recursos de casa, pagar sueldos de empleados en lugar de honorarios de profesionales taurinos. Es triste como hoy ver que la empresa no es creadora de ilusiones y concreciones taurinas, sino maquiladora de una muy simple puesta en escena.

Por ello sorprende como la omisión de no traer a Roca Rey ahora se intenta subsanar con dos corridas que son las dos más importantes, La Joya y Jaral de Peñas forzando la máquina por tercera ocasión en un mismo año. Qué habría sido de esta Temporada de haber tenido a Roca Rey en la parte anterior. Y qué será de Arturo Saldívar quien puede traer la respuesta y la válida oposición de un toreo de mayor imposición en todo aspecto.

No, se trajo a Valadez con Jaral. Ahora se le repite con Las Huertas.

Y una pena que la triunfadora de este año, Piedras Negras, sufra de nuevo la corta visión empresarial, claro, a cuenta de la Afición que esperaba la vuelta de la ganadería triunfadora.

Imposible.

Vivimos la época de una empresa baratera, de una empresa a la que no le alcanza, ya no solo lo presupuestario sino la cualidad de todo empresario taurino en la Plaza México: la creatividad, no mal entendida como la Corrida Guadalupana sino en el fundamento taurino.

Que de Algara a Herrerías (aunque Usted no lo crea) de Gaona a Curro Leal siempre ha marcado los mejores momentos de su administración. Vaya, ni el mínimo anuncio de algún homenaje a Juan Silveti Reynoso luego de su partida. No, no cabe el mínimo gesto de torería.

Y esto es lo que más nos preocupa

Esta administración no hace ningún esfuerzo por ofrecer lo que siempre ha sido la Temporada Grande, el muestrario mayor de lo más granado del toreo, eso que no es ni Garibay, ni José Adame (otra vez) ni Andy Cartagena y, mucho menos, Teófilo Gómez.

No obstante la aparición de Jerónimo de, mucha atención, Diego Sánchez no puede dejarse de lado que los dos triunfadores de la Temporada primaveral del año pasado, Barba y Silis no tienen cabida en carteles donde un torero como Luis David, en pleno tropezón, sin ya no digamos oreja, sin un paso firme y contundente en todo el año anterior en La México. O de Diego Silveti en la enésima oportunidad y de Macías de forma forzada, a cambio de no ver ya a “El Payo” sumido en una contrariedad alarmante.

Pesa la recomendación, no el mérito. De nuevo.

Y lo más grave. La omisión de las formas en la nueva empresa llega al extremo, tristemente reiterado, de borrar el cartel taurino, sepultar su tradición pictórica, su tradición artística y colocar en cambio la villamelona y simplona impresión de la foto, cuando la ilusión que encadena el arte pictórico respecto del espectáculo que se anuncia. Eliminar esto es mutilar una tradición.

Así las cosas.

El toro será el único que pueda poner el orden en un ambiente entreguista y poco reflexivo, un ambiente que no caminará si los encierros no se encuentran en la proporción de la categoría Plaza esa misma que ha sido mutilada por la agachona actitud de gente como Jesús Morales, el nombrado Juez, al que ya le preparemos el expediente administrativo correspondiente.

Las empresas taurinas en México bien pueden presumir de controlar autoridades a fin de no cumplir la mínima forma de tradición y de dominar voluntades que terminan en comparsa de la medianía.

Realmente esperamos, tal como su magnífica respuesta en años pasados y anteriormente esta misma Temporada (https://desolysombra.com/2017/12/26/comunicado-plaza-mexico-carteles-temporada-grande-2017-2018-segunda-parte/) sus comentarios a los carteles a continuación listados:

  1. DOMINGO 7de Enero: 6 Caparica, 6 para Jerónimo, Juan Pablo Llaguno y Antonio Lomelín hijo, que confirma alternativa;
  2. DOMINGO 14 de Enero: 6 Arroyo Zarco, 6 para Ignacio Garibay, José Garrido y Diego Sánchez, que confirma alternativa;
  3. DOMINGO 21 de Enero: 6 La Joya, 6 para Diego Silveti, Andrés Roca Rey y Luis David Adame;
  4. DOMINGO 28 de enero.- Toros de Fernando de la Mora para Juan Pablo Sánchez, Arturo Saldívar y Ginés Marín.
  5. DOMINGO 4 de Febrero, Primera Corrida del LXXII Aniversario: 6 Teófilo Gómez, 6 para Julián López “El Juli” y Sergio Flores, en Mano a Mano;
  6. LUNES 5 de Febrero: Corrida del LXXII Aniversario. 8 Jaral de Peñas, 8 para Sebastián Castella, Joselito Adame, Andrés Roca Rey y un triunfador (sic) y
  7. DOMINGO 11 de Febrero: Dos toros para rejones por designar para Andy Cartagena y 4 Jaral de Peñas, 4 para Arturo Macías y Leo Valadez.

Seguiremos atendiendo todos sus comentarios, con respeto y taurinismo, ya que solo la

Como lo dijimos hace un año, justamente, solo la Afición taurina puede devolver al espectáculo sus mejores virtudes.

Suerte para todos.

Twitter: @CaballoNegroII.

RECAPITULANDO: Amargo Dulzor de Enrique Ponce – Tobogán Teófilo Gómez.

Doblón de Enrique Ponce a “Vivaracho” para quitar el freno de mano inicial.

Francamente poco podíamos esperar de Teófilo Gómez. Peor aun luego de la danza de corrales semanal. Enrique Ponce no necesita de estas maniobras sino alejarse de sospechas y de un gesto mayor: enfrentar a un toro mexicano de más cartel que las birrias queretanas con la que ya lo hemos visto hasta saciar. No importa el desastre de Teófilo para que un nuevo milagro se teja a partir de los mínimos exigidos en el toro para que Ponce trace una nueva lección, esta ocasión, de precisión de altura y donosura, de clase y arte para hacer embestir a un torito sardo al que, matando fatal, corta dos orejas en plena entrega de La México, severa con Adame y “El Payo” con dos actuaciones que nacen parecidas pero que al final la clase del último marca diferencia.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Se le abre plaza a Enrique Ponce con un rejoneador. ¿Necesita de ello? No.

Se le trae con Teófilo Gómez, sí, otra vez. Y con Barralva. ¿Necesita de ello? No.

Por ello la tarde, que comienza con ovación de auténtico lujo para el valenciano, pasa al aburrimiento con Jorge Hernández Gárate, acartonado al grado de entablerarse y fallar con el rejón de muerte. A la doble frustración de ver al primero saltar despavoridamente y atorarse en la tronera de picadores.

El Juez, Braun, destemplado como siempre, lejos de la acción, toma la pésima decisión de no devolver y el marfileño terno en oro bordado, deslumbrante de Ponce, tan recordado porque con tal combinación desde 1995 ha bordado diversas tardes para la historia en esta plaza, desde el toro de Mimiahuapam en dicha Temporada, la corrida de Los Encinos en Diciembre de 2000 o el faenón a “Llanero” (sí) de Bernaldo en el Aniversario de 2005.

Blanco y Oro, hoy marfil, que se convierte en filipina de enfermero.

O de terapeuta.

Solo así entendemos que, con todo y lo lastimado, lleguen chicuelinas, derechazos de mano alta y templada, despaciosas pero carentes de mayor emoción. Mata mal y solo hay ovación.

Pero la cosa no para ahí. Tenemos que el sospechoso de cuerna segundo se encuentra con la peor versión posible de torero alguno. Atacado de atacar, de zapatillear, de echar afuera y sin temple, de verse desarmado y, claro, exigido, José Adame se achica con el único toro de lidia ordinaria que toma la muleta largo y repetido. Tan poco tiene de toreo que se acerca a donde Manolo Rodríguez, que no ha echado el famoso sombrero, para mendingarle el tan mexicano tocado y hacer de la lidia un simple numerito.

Tras arrimón con un toro que pide espacio hace la gracia de tirarse con sombrero en mano en gesto artificial y forzado.

Como su actitud y pésima manera de estar en la Plaza.

Pincha claro, porque para matar bien, salvo casualidades, hay que haber toreado a tal nivel, más a un toro que le ha exigido someter. No pasa. Como tampoco pasa nada con el barralva quinto, otro torete soso que le levanta los pies al hidrocálido que ya se olvidó que para banderillear, como para todo en el torear, hay que estar bien colocado. Como gusta de pasarse de la cara, al segundo par, desentrenado, se pasa tanto que queda a contraquerencia y claro, el jarabe que le baila el barralveño apenas es la medida del terrible nivel de Adame.

Peor quedaría al matar mal y llegar ya no al enojo sino a la indiferencia de la gente.

Como uno más.

Así pudo quedar el “Payo” insípido y notablemente frustrado ante el tercero con el que, además de verse sin tino, se nota sin actitud. Afortunadamente, luego de intentar Ponce con el manso y débil cuarto, segundo teófilo, en una faena demasiado insistente, sobre piernas para tratar de que el manso avanzar y con dos cambios de mano por bajo de cartel, “El Payo”, por fin, para despertar de todos, se da a torear a la verónica.

Y de qué manera, el toreo como nunca debería de variar.

Cuando piramidalmente el compás que sostiene la suerte hace que el tronco gire y los brazos desahoguen la embestida hacia las muñecas, la plaza rompe y el toro, manso y desesperantemente soso, incluso mejora. Y esto ocurre en doble aspecto, “Payo” no

“El Payo” a la verónica, a pie firme, compás de pirámide y mano templada. FOTO: Edmundo Toca.

afloja, se templa en el nuevo quite y al cerrar la media verónica, vertical y torera, el ambiente se va para arriba y se dispara cuando la gente abruma como nunca a Ponce y este regala un toro.

A partir de entonces, con el efecto que genera esto, la faena del queretano, crece, desde el péndulo inicial hasta los derechazos redondos, los naturales de pleno empaque y los cambios de mano que no hicieron sino acentuar la mansedumbre y la necesidad, como hizo, de que “El Payo” se impusiera de nuevo y con la derecha abrochara la faena que…

Echa a perder con la espada… otra vez. ¿Por qué? Solo Dios…

Y como hubo protestas, con razón, “El Payo” estaba por taparse, menos mal Enrique Ponce no le deja y así se desahoga y purga la mala suerte de la tarde para dar paso a la capa roja, negra y blanca de “Vivaracho” el sardo y precioso astado, aunque destragado y chico, regalo de Teófilo Gómez que mete el freno de mano de la sosería, esa palabreja donde comienza la nobleza a mostrar los síntomas de su verdadera condición.

Ponce la siente en el capote, como en el lance por pitón derecho, hay salidas que muestran al sardo pajarear. Pero tras breve puyazo, lo realmente “Vivaracho” cobra vida gracias a la magistral y torera, de ritmo teñida, de temple creada y aunque de plata bordada, brega de Mariano de la Viña que dio a Enrique Ponce el milagro en oro centenario de lograr que el de Teófilo por lo menos no detuviera su embestida.

La México casi ni lo nota, de otro modo, lo habría sacado al tercio.

Ponce lo sabe. Brinda a todos y los doblones, constantes y sonantes, rematados algunos a la media altura, brindan el alivio y el amparo pero también son los cimientos a partir de los cuales los derechazos de las dos primeras tandas hacen que el toro tome el engaño al natural pero frene en el remate contrario, más si ve las tablas. Entonces la mano izquierda se rompe, previo aleteo en el cite, que traza un natural de estaquillados en horizontal perfecta en un ejercicio de colocación de encelamiento y de sometimiento de ese opaco deseo de no embestir hacia el pleno e iluminado camino del convencimiento de tomar el engaño.

Y al natural, el cite insiste  a la tardanza que convence y prepara los pases genuflexos y pese a no ser, primeramente lo rotundos como después, ajusta cuando el toro protesta al sentir los adentros, regresa con derechazo cumbre y nuevo cambio de mano de gloria revestido.

Previo al cierre y al remate por bajo.

Que mientras otros juegan al poste y al arrimón, Ponce echa mano de la personalísima dosantina genuflexa, luego de haber repasado todo el toreo natural al extremo, en triple poncina que termina, con La México rota y Ponce en torero desplante marcando en la arena, con el ayudado su pisada en la plaza de su máximo cartel.

Solo que la espada cae en pésimo sitio: baja y perpendicular.

Se esfuma cualquier trofeo, La México dio dos y, algunos pidieron el rabo. Mal otorgadas las primeras, bien negado el segundo. Ese fue el acíbar entre tanto almíbar, entre tanto, impensable dulzor que parecía no llegar ante lo manso y descastado del encierro.

Que solo las virtudes más finas de Enrique Ponce podían obtener.

¿Qué será el día que escape de el “Síndrome de Teófilo”?

Que nuestros ojos, igualmente triunfal, lo vean.

Texto: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2017-2018. Domingo, Diciembre 3 de 2017. Tercera de Derecho de Apartado. Menos de Media Plaza en tarde fría con viento intermitente. Palco equivoca, para variar, el Arrastre Lento al sobrero de regalo dada su falta de fuerza, tardanza y sosería, así como la premiación de la segunda oreja al primer espada. De igual manera, terrible error no devolver, tras lastimarse luego de brinco al callejón y quedar atorado en la tronera de picadores, al primero. Público consentidor con el toro y severo con el toreo (remitirse a la crónica)

8 Toros, 1 para rejones de El Vergel (Amarillo, Obispo y Verde) Anovillado con cierta casta entre el tercio y las tablas funcionó en el último tercio. Y 7, el séptimo como sobrero, 3 de Barralva (Divisa Azul Pastel, Amarillo y Rosa) los lidiados en primero, segundo y quinto turnos; sospechosos de pitones, acochinado el primero que salta la barrera y luego de quedarse atorado con una cuerda en el pitón derecho, se astilla y aun así no es devuelto. Mansos el resto y descastados; 4 de Teófilo Gómez (Divisa Azul Celeste, Blanco y Plomo) Chicos, mansos y sospechosos de pitones. Bonito de hechuras aunque chico el sardo lidiado como primero, con fijeza y nobleza en las telas pero tardanza en decidir la arrancada y sosería tras el remate de las suertes, homenajeado exageradamente con el Arrastre Lento.

El Rejoneador Jorge Hernández Gárate, Silencio. Enrique Ponce (Marfil y Oro) Ovación con Saludos y Vuelta tras Aviso y Dos Orejas en el de Regalo tras petición de rabo. Salió a Hombros. Joselito Adame (Azul Rey y Oro) División y Silencio. Octavio García “El Payo” (Obispo y Oro) División tras Dos Avisos y Oreja con Protestas.

Simplemente genial, templado, largo y con donosura la brega de Mariano de la Viña al sobrero, ya había lidiado a una mano al cuarto. Al de regalo en el segundo tercio le empapa de tela, sin enganchar, le descubre el temple y le hace tomar el engaño largo, situación fundamental para el resultado de dicho turno. El resto como siempre, a media o mala agua.

Fotograma de la faena de Ponce a “Vivaracho” de un lado a otro encela al sardo astado.

Paella Valenciana con sazón Villamillennial 

Ponce entre la multitud. Foto Plaza México.


Orígenes de la paella: Surge en las zonas rurales de Valencia entre los siglos XV y XVI, por la necesidad de los campesinos y pastores de una comida fácil de preparar y con los ingredientes que tenían a mano en el campo. Siempre la comían por la tarde.

Orígenes de los Villamelones (padres de los Villamillennials): “Hay en España un pueblo verdaderamente notable, cuyos habitantes forman, a manera de los bohemios, tribus nómadas que se desparraman por toda la Tierra…”. Luego, justificando la abundancia de tales especímenes, en otra parte dice: “Lo más asombroso de Villamelón, es la extraordinaria fecundidad de sus mujeres…”, y también aclara: “El rasgo característico de los de Villamelón, es querer hablar de todo y entender todo, sin haber estudiado nada”.

En la edición del 10 de abril de 1887, Don Jerónimo contó que el periódico mexicano La Sombra de Pepe Hillo, en la edición del 30 de enero de 1887, reprodujo su artículo «Los Aficionados de Villamelón» donde el Villamelón se estableció de lleno en las plazas de México a sus anchas.

Por Juan Carlos Valadez De SOL y SOMBRA.

La tercera corrida de la Temporada Grande de la Plaza México fue en mi opinión por mucho un atentado contra la Fiesta Brava y el triunfo de los nuevos Villamillennials (hijos de los Villamelones) que encumbraron nuevamente al gran triunfador del año Taurino  2017: Enrique Ponce.

Lo sucedido el pasado domingo en la México no es algo nuevo ni sorprendente con el torero valenciano, porque también sucedió este año en Madrid y casi nadie dijo ni pío.

Lo sucedido en Madrid y la Mexico podría asimilarse citando al cronista Taurino Antonio Lorca y hasta podríamos adecuarlo a lo sucedido en la Plaza México: “La plaza de Madrid (o en este caso la México) se convirtió en una portátil. Enrique Ponce salió a hombros por la puerta grande  con un toro al que mató muy mal. Pero el público, borracho de generosidad, sacó los pañuelos y el presidente no tuvo más remedio que mostrar el suyo.

Así quedó consumado unos de los más grandes bajonazos a la grandeza, pureza e integridad de la fiesta en la que llaman primera plaza del mundo.

Si había alguna duda sobre la decadencia del espectáculo taurino, y si la había sobre la peligrosa y degradante evolución del público de Madrid (México) -desde la exigencia al derroche-, ayer quedaron suficientemente disipadas. Es verdad que Enrique Ponce es un hombre que cae bien, con cara de buena persona, y es, además, un grandísimo torero con una brillante hoja de servicios. Le adornan unas condiciones excepcionales como figura, y, en especial, una inteligencia fuera de lo común. Pero es, también, el más conspicuo representante del toreo moderno, consistente, fundamentalmente, en la ausencia de toro bravo, en la capacidad para templar la dulce embestida un animal bonancible y la presencia alborotada de unos tendidos generosos. Y ese tipo de toro y de toreo, además, es el que gusta a los públicos que acuden hoy a las plazas. Pues, muy bien.

Esas tres condiciones se hicieron presentes en Las Ventas (Plaza México) y propiciaron el triunfo de Enrique Ponce.

La plaza de Madrid fue poncista de principio a fin. Jaleó desmesuradamente cualquier detalle del valenciano desde que se abrió la puerta de cuadrillas, se emocionó con pasajes sin contenido, creyó ver una faena de época y pidió las orejas con pasión. Increíble, pero cierto” señalaba Lorca.

Y así fue en mi opinión lo sucedido en la Plaza México, aunque hay que decirlo la faena al toro de regalo (otra práctica que se había eliminado de la México y que regresó con Ponce) fue por momentos de un altísimo nivel, ante un toro que rompió a “bravo” de la ganadería de Teófilo Gómez.

Y remato la actuación de Ponce citando nuevamente las letras de Lorca: “Una faena bonita, sí señor, muy bien vendida, además, por el maestro, pero el toreo es algo más -debe ser algo más- y comienza por la presencia de un toro con todas las de la ley. Los tendidos, enardecidos como pocas veces se ha visto en esta plaza, pidieron las orejas, y Ponce las paseó con la satisfacción de gran triunfador. Se lo llevaron a hombros y la gente contaba maravillas nunca vistas, mientras Las Ventas quedaba herida para los restos. Pero así está el toreo de hoy, enfermo, gravemente enfermo” asi finalizó su crónica de la actuación de Enrique Ponce el periodista del diario El País el pasado 2 de junio.

¿Extrañas coincidencias?

Por su parte los toreros mexicanos hicieron lo que pudieron, saliendo mejor librado un inspirado Octavio García El Payo que por momentos bordo el toreo ante un toro de Teófilo en una faena muy inspirada, pero mal rentada con el acero, dejandonos nuevamente con la miel en la boca.

¿Y Joselito Adame?

José Adame lo intento todo nuevamente pero no le salió nada, otra vez anduvo irreconocible especialmente con el segundo de su lote.

A José ya le peso como una loza el título de figura del toreo y ha caído nuevamente al piso después de que algunos lo marearon al grado de intoxicarlo de vanidad.

En la segunda de su tercera comparecencia de la temporada, Adame intento convencer a la México en base a un toreo bullanguero, pirotécnico y efectivista que poco le redituo en esta ocasión.

Agradecido estará de haber salido de la plaza de pie tras la cogida que recibio en su segundo al intentar cubrir con decoró el tercio de banderillas y de la que escapó milagrosamente.

¿Y el encierro?

Lo mismo que venimos consignado desde el primer festejo de la temporada: Un encierro terciado y manso compuesto en esta ocasion por las ganaderías de Barralva y Teófilo Gómez, de donde sólo se salvó de la quema el toro de regalo de Enrique Ponce que recibió el arrastre lento.

Al final nos fuimos de la plaza con un sabor semi amargo y con los gritos de ¡Rabo, rabo! que coreaban los Villamillennials a todo pulmón retumbandonos en los oídos hasta altas horas de la madrugada.

Twitter @Twittaurino

Lunes de @Taurinisimos 139 – Enrique Ponce a Hombros en la Plaza México. Análisis Completo.

Rebolera de Enrique Ponce ante el Barralva que abrió Plaza. Hoy en @Taurinisimos. FOTO: Toca,

Programa @Taurinisimos de @RadioTVMx del lunes 4 de Diciembre de 2017. Conducen Miriam Cardona @MyRyCar y Luis Eduardo Maya Lora @CaballoNegroII.

Actualidad Taurina. Plaza México Temporada Grande 2017-2018. Tercera Corrida del Derecho de Apartado.

Análisis Corrida, Toros de El Vergel para rejones y 3 de Teófilo Gómez y 3 de Barralva para Enrique Ponce, Joselito Adame y “El Payo”.

Triunfo de Enrique Ponce con “Vivaracho” de Teófilo Gómez.

Faenas de “El Payo” y Joselito Adame.

Recuerdo de la Confirmación de Alternativa de Enrique Ponce, XXV Aniversario.

La próxima emisión de @Taurinisimos será el próximo viernes 5 de Diciembre de 2017 a las 7 pm (Mex) a través de http://www.radiotv.mx

#EsperamosSuOpinión.

Twitter: @Taurinisimos.

Mail: taurinisimos@gmail.com

FB/Taurinísimo

Ocho con Ocho: ¡Ponce! Por Luis Ramón Carazo


Entendiendo que exista animadversión cuando en los carteles se anuncia la lidia de los astados de Teófilo Gómez, pues muchos desconfían de la acometividad de sus toros, que sabido es, se crían más para la plasticidad que para la batalla y se completó el encierro con toros de Barralva de origen San Mateo. 

Es cierto también que el concepto de la tauromaquia de Enrique Ponce por algunos, es poco apreciada y sin embargo  visto lo visto el domingo 3 de diciembre de 2017 y solo a diez días de celebrar los veinticinco años de su confirmación de alternativa en La México,  a gran parte del público capitalino rotundamente se le puede calificar de Poncista.

Muchos pidieron del astado de regalo de Teófilo Gómez el rabo para el valenciano, a pesar del defecto de la colocación de la espada que en justicia fue lo que le privó del máximo trofeo, después de haber realizado una faena preciosa en su ejecución, ritmo y estilo, al final,  se fue en hombros con dos orejas y con los aires del pasodoble dedicado a Valencia.

Esos mismos poncistas, habían exigido el astado de regalo, en actuación en la que era sabido el que sus honorarios,  habían sido destinados a los damnificados del terremoto vía la fundación de Carlos Slim.

La torería de Ponce es inmensa, es una figura fraguada en más de 27 años de vida activa de matador, indudablemente en la historia del toreo es quién a un mayor número de astados extrae lo bueno que en el fondo de su instinto tienen y que muchas veces para los que estamos de testigos, es poco o nada visible.

Así sucedió con los tres ejemplares que le correspondieron en suerte el domingo referido, el primero de Barralva parecía de campeonato,  pero por desgracia saltó al callejón y se lesionó al caer al burladero, que ocupan los picadores cercano a la puerta por la que salen al ruedo para cumplir con el primer tercio, la caída menguo su fuerza para acometer a la muleta.

El celo que tiene Enrique por seguir ocupando un lugar de privilegio 27 años después de su alternativa, llama la atención, lo vemos destilando plasticidad, estética con la presencia de la motivación de aquel que va labrando su vida momento a momento y no quiere apearse de figura del toreo.

Enrique es uno de los toreros con mayor cerebro privilegiado para lidiar astados en la historia y de esos muy, pero muy pocos. 

Si a eso le aunamos que está motivado a seguir en las alturas, me parece que habría que verlo tardes futuras pues cada una, es lección de lo que constituye entender las embestidas de un toro y canalizarlas a favor. En longevidad en la cumbre ninguna figura del toreo se le puede comparar y lo demostró en La México.

El Payo ha tenido con su segundo astado de Teófilo Gómez momentos imborrables con el capote y con la muleta en especial dos medias para cartel y luego unos naturales de campeonato, que le valieron para una oreja un poco protestada por el defecto de la colocación pero cada vez más se percibe que algún día, no lejano, vendrá un faenón inolvidable.

Joselito Adame hizo un esfuerzo importante por retomar el sendero del reconocimiento del público sin lograrlo del todo es difícil de entender en dónde nace la dureza hacia quién se entrega a carta cabal en cada actuación.

Abrió Jorge Hernández Garate a caballo y se le vio maduro pero la falla en la suerte suprema con el buen toro de El Vergel le privó de un trofeo.

En fin viene la cuarta corrida que ojale nos deparé nuevas emociones como la tercera en la que Enrique Ponce brilló en su magisterio.

Peccata minuta en la Plaza México

Enrique Ponce con el ingeniero Carlos Slim, quien quintuplicará los honorarios íntegros que donará Poce para los damnificados del terremoto.
Enrique Ponce con el ingeniero Carlos Slim, quien quintuplicará los honorarios íntegros que donará Ponce para los damnificados del terremoto.

Por José Antonio Luna.

¡Orale!, miren ustedes que a tiempo. Resulta que hubo algún error, pero nada como percatarse con oportunidad y corregir. Un traspié de lo más tonto.

Resulta que hubo algún error, pero nada como percatarse con oportunidad y corregir. Un traspié de lo más tonto. Resulta que los vendedores de Enrique Ponce junto con los de la empresa, se habían equivocado al escoger los toros de Julio Delgado. Metimos las cuatro patas hasta las ingles, pensarán las administraciones poncista y la de Tauroplaza México y por ello, enmiendan la suerte.

Digo, será cosa del torero valenciano, porque Joselito Adame está para que lo manden las figuras españolas y El Payo… también. ¡Hombre!, por favor, lo que usted ordene es perfecto, maestro, que no está el horno para bollos ni la magdalena para tafetanes.

Nadie lo expresa abiertamente, pero se entiende que reconocen que con los flojos camotitos corniausentes presentados en las dos corridas pasadas, se les había ido un poquito la mano y han mandado por las cocas a don Julio Delgado, para sustituir lo suyo con tres toros de Barralva. La duda es si serán del encaste del Saltillo. Supongo que sí. Una cosa es querer enmendar y otra, liarse con los “atanasios”.

¿Y los “teofilitos”?. Esos sí se quedan.

Así, la torería irá más cómoda y el público saldrá toreando desde los mismos túneles del coso y todavía el lunes, en cueros, con la toalla seguirán pegando chicuelinas. ¡Que felicidad inmensa!.

Cambian sólo la mitad de la corrida, que tampoco es para tanto. Al fin y al cabo, los bichos de la ganadería de Teófilo Gómez se dejaron bien, hubo faenas muy bonitas. Insulsas, intrascendentes y desabridas, pero muy bonitas. Arte y sensaciones placenteras es lo que se busca, cosas, modas y procederes de la posmodernidad. ¡Madre mía!, pero si tenemos el gozo estético que produce el descubrimiento de la bravura “detenida” -o sea, ¡el verdadero milagro mexicano!- sería absurdo cambiar el comportamiento borreguil y dulzón de la teofilada por algo más bravo, ¿y cómo para qué, oiga?. Se trata de cortar orejas.

Al fin y al cabo, los aficionados que no tragan son unos cuantos, los otros, se conforman con más docilidad, flojedad y nobleza que la de los novillines que están aplaudiendo.

Son peculiares los arreglos de la empresa de la Plaza México. Todo lo hace tarde. Arma los carteles bajo la premisa del “a ver si es chicle y pega”. Sin embargo, ¡qué carajo!, parece que este año no está pegando. A cambiar las cosas de último momento, porque las vueltas de la reata se están acabando y no da para más. Estos serán días de hablar de bondades en el servicio al cliente: estamos para complacer al público, queremos garantizar el espectáculo y la madre que los parió.

A mí, sinceramente, que cambien los toros de Julio Delgado por Barralvas me da igual. Lo que me pregunto es cuándo el señor juez, sus asesores y veterinarios pensarán en la dignidad de los espectadores, para evitar que sigan siendo pisoteados por toreros, empresarios y apoderados. Si nadie lo va a hacer, ya es tiempo de que nosotros los aficionados velemos por la integridad del toro y que empiecen las lidias leales.

¡Basta de becerretes débiles aprobados como toros!, basta de pitones serruchados y de tontines con pequeños cuernos.

El asunto es muy sencillo, la casta torera se demuestra toreando toros bravos, adultos y bien armados. Lo demás, es rollo sandunguero. Así que nada, esta es nuestra fiesta mexicana, es decir, es como hemos querido hacerla nosotros los espectadores.

¡Ah! y se me olvidaba, el domingo, en primer turno, habrá que soplarse el número del caballito. Sólo una cosa, señores rejoneadores, el principal atributo de un toro son los pitones, no sé si captan lo que entre renglones les estoy diciendo.

Fuente: Intolerancia