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@Taurinisimos 96: Corridas del LXXI Aniversario en La México. Ponce, Morante y “El Juli”

Programa @Taurinisimos de @RadioTVMx del viernes 10 de Febrero de 2017. Conducen Miriam Cardona @MyRyCar, Luis Eduardo Maya Lora @CaballoNegroII. Producción: Miguel Ramos.

Invitado: Gastón Esquivel (@GastonEsquivel)

Actualidad Taurina. Plaza México Temporada Grande 2016 – 2017. LXXI Aniversario de la Monumental.

Análisis Corridas de Aniversario.

6 Fernando de la Mora, 6 para “Zotoluco”, que se despide, y Enrique Ponce en Mano a Mano.

6 Teófilo Gómez, 6 para Morante de la Puebla, “El Juli” y Luis David Adame, que confirma.

La próxima emisión de #Taurinísimo será el próximo viernes 17 de Febrero de 2017 a las 7 pm (Mex) a través de http://www.radiotv.mx

#EsperamosSuOpinión.

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La Virtud del Emperador – Concierto a Plenitud de Enrique Ponce.

El cambio de mano en plena puerta de toriles de Ponce a
El cambio de mano en plena puerta de toriles de Enrique Ponce a “Venadito”, le cortaría dos orejas. FOTO: Tadeo Alcina Rivera.

En una época de dudas, de crítica, y cómo no, a todo el establecimiento taurino, donde reina la triste desesperanza sobre el futuro, solo la cultura y el arte pueden venir a dar la “eterna primavera” que decía sobre el arte Valle Inclán. Justo cuando más se duda incluso de su gran historia en la propia Plaza México, el Emperador del toreo, Enrique Ponce Martínez, ha triunfado y dado la cara con una espléndida corrida, por su trapío y emoción, de Fernando de la Mora que se redime a sí misma, fundamentalmente, por su seriedad. He aquí pues los hechos del paso imperial de Ponce y de la despedida zotoluquista en la Plaza México.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Se crece la corrida de Fernando de la Mora y lo hace en el momento más necesario.

De su edad, algunos se anuncian con seis peligrosos años, no se duda. De su apariencia, algunos azucarados como los berrendos que abren y cierran festejo o los oscuros cárdenos que van del turno segundo al quinto, cabrá el recuerdo de algunas de nuestras mejores páginas de aficionados taurinos.

Memoria, decía Carlos Fuentes, es nuestro pasado.

Deseo es nuestro futuro, proseguiría aquel “Niño sin Fiesta”

Y lo grande de la corrida ocurre en dos turnos para la historia. Porque la despedida de “Zotoluco”, como ocurrió en Aguascalientes con la de Miguel Espinosa “Armillita” hace casi doce años, será recordada por el paso y el sometimiento que Enrique Ponce realiza, con imperio sin par, de las condiciones de su lote y de la sublimación de las emociones en el público.

La despedida ocurre en un momento bajo del diestro que se va, no nos habría gustado que fuera así.

Sin entenderse ante el zambombo berrendo en negro que abre plaza y que rebana y cabecea enganchando como no debía ser al diestro que se despide, “Zotoluco” se da a pinchar su primera intervención y, ante el muy serio y bravo tercero, alto y digno de La México, muy imponente y astifino, trata sinceramente incluso por un momento parece trazar el camino de ligar por abajo pero no hay más. No alcanza a caminar por el camino que él mismo, con los doblones, allana.

Pena grande, este tercero que ataca firme el puyazo trasero, bien citado y de despedida igualmente, de Ignacio Meléndez, que crece en banderillas, se recuesta y toma largo la embestida por el lado derecho, regodea con fuerza al natural y solo exige, el toro bravo no negocia, impone, que la muleta esté puesta. Solo está puesta la voluntad, no la realización.

Una estocada muy bien colocada pone en la mano la oreja.

Único momento taurinamente feliz para “Zotoluco

Adiós a “Zotoluco” el momento de la despedida acompañado por sus hijos. FOTO: Plaza México.

Pues la emotiva y larga despedida, tras poco entenderse con el manso quinto, ocurre posterior al colosal despliegue, casi marcial y virtuoso pronunciamiento del valenciano. Enrique Ponce enfrenta al cárdeno segundo, armónico pero serio, poderoso en su protestona embestida, dispuesto a embestir solo si es convencido en una sujeción al ritmo que palpa Enrique en las primeras verónicas que se mantiene en el verticalísimo remate y que, luego del breve puyazo, mantiene y detiene ralentizando la chicuelina.

Un canto al arte, con tal relajo que permite al toro tirar a la querencia.

Por ello, Ponce, al sentir la protesta que lastima la rebolera, no se queda con las ganas y, más importante aun, no permite que le impongan sino que dicta los términos y sobre el mismo pitón, el izquierdo, gira para hacia los medios tras el lance para, ahora sí, completo y limpio, rematar haciendo ver que el toro, teniendo posibilidades no es, ni por mucho, sencillo.

Como debe y tiene que ser la tauromaquia.

Emoción plena.

El inicio alternado y por bajo abre la primera parte de una faena de amplitud de trazo con un toro que, por su edad, reacciona pidiendo ser convencido y Ponce, de sobra inteligente, arrebatador por poderoso y soberbio como artista, extiende pese a la probatura en los derechazos y en los cambios de mano abajo el valor, la quietud son la clave para, tras derechazos, aguantar el parón, consumar el cambio de mano, sin echar abajo en ningún momento las posibilidades del toro.

Las tandas requieren ese extra del torero, toque a tiempo y correr la mano para dejar la muleta al frente con la sensación de que su ritmo y verticalidad, más que subrayada en la relajación y la posición de sus hombros, siempre hacia atrás, trazan el camino que emociona al público y que logran al toro mejorar. Porque éste, “Venadito” nombrado, tiende a la querencia y, con sus cabezazos, a estropear el toreo al natural.

Para Ponce parece no haber imposibles.

Así, tras vitolina liga, casi eslabonando una tanda donde en definitiva se impone al cárdeno, en redondo, sin la mínima duda en el torero ante las dudas propias del toro que le mira y puntea, Enrique extiende el muletazo al borde de exprimir la embestida y romper la voluntad del astado de intentar deslucir. Y si ha sido todo por el lado derecho, la pincelada de la doble poncina con dos cambios de mano, monumentales, por bajo vencen al cárdeno que ya canta al toril, por el lado izquierdo.

Y el de pecho, entero, rotundo y clásico.

El espadazo, al volapié, en la suerte contraria, sería el único al primer viaje del valenciano. Le otorgan las dos orejas a Enrique Ponce por parte de un Juez que no muestra, de forma, ser autoridad, que le gana la pasión y suelta el Arrastre Lento confundido por la movilidad. En fin, tan emocionado está que no da tiempo a que la petición se mostrara.

Es lo de menos.

Recuerdo la famosa reseña de la crítica inglesa sobre la fascinante capacidad del chileno Claudio Arrau para desplegar un amplísimo repertorio de música de cámara en el piano: “Ningún pianista viviente supera el amplio estilo de Arrau que es suficientemente flexible para acomodar los extremos musicales.” Y en el caso de Ponce, paralelismo con Arrau, ha sido capaz de entender, desplegar una tauromaquia y triunfar con los más variados encastes, tal como Arrau en lo suyo.

Así tenemos que la corrida, que según el cartelón rayan algunos en los seis años, encuentra episodios tan dispares como el cuarto de la tarde. Que tumba a la cabalgadura de la querencia tras no emplearse de salida y que ataca al caballo de la contraquerencia previa brega del propio Enrique que camina de espaldas al toro sometiéndolo, esos capotazos resultarían claves después. Tras nuevo puyazo y cambiado el tercio, Ponce ordena, manda a las infanterías que obtienen llevar largo al burel.

Y es aquí cuando todo el poderío se despliega en los doblones bajo la porra, tan claves en su paciencia, en su quietud por la probadura del astado, que le hacen andar y recibir por bajo, repitiendo con emoción, la primera tanda derechista. Sin embargo Enrique confía en el astado que orienta todo a los tableros y lentamente a la puerta de toriles.

Quizá la única mácula de todos sus planteamientos.

Pues este “Tumba Muros” en cuanto siente el toril lo busca y en tal cercanía ha estado Ponce, descifrando en aguas profundas y ultra profundas la condición mansa aunque encastada del toro y explorando dónde puede existir el fondo de bravura.

Así tenemos las dos tandas de naturales con los vuelos del engaño, abierto el compás, la ligazón total y los cambios de mano tras los derechazos y las vueltas contrarias, traen nuevos naturales tras magnífico cambio de mano por la espalda y, pese a un intento de brinco al callejón, nuevos derechazos genuflexos, en variación formidable y exquisita, que traen la locura del coro. Parece que a cada movimiento que ejecuta el solista, el coro del tendido se torna como una gran orquesta que responde a cada afirmación.

Como si de un gran concierto para piano se tratara.

Luego los doblones sensacionales, como en aquel mano a mano con Manolo Mejía al toro de Mimiahuapam en ’94, de emoción plena que a cada pase, como el cambio de mano abajo que parece no llegar, por ejemplo, pero que brinda el olé que es un canto del corazón, misterioso y claridoso, fulgurante de arte mayor. Solo el pinchazo, los avisos indiscriminados y un descabello tardío rompen la imperial fantasía.

No la entrega de un público que, si bien despediría y respetaría a “Zotoluco” en el siguiente turno, hace que Ponce dé la más sentida y entregada vuelta al ruedo que se pueda recordar. Luego, entre el viento y su propia insistencia, no alcanzaría a solventar el incómodo cabeceo y molesta tozudez del sexto, precioso berrendo sin mayor historia.

Trae la corrida emociones, pasiones y el reencuentro del diletante con su gusto taurino.

Un gusto real traído por un toro mejor, en todo sentido.

Qué importa su condición, si es lo único que no se puede controlar del todo.

Para eso está el toreo.

Decía Claudio Arrau que Beethoven escribía sus conciertos confrontando en su movimientos una serie de luchas espirituales pero, al final, la lucha resultaba en un triunfo de su espíritu. Esa majestad que siempre tiene el triunfo, el don, la virtud de, a través de su arte, descubrir las condiciones de un toro, confrontar la bravura y la mansedumbre para triunfar.

Y triunfante es para la historia “El Emperador” por Arrau.

Y para la historia, en la despedida de un torero en La México, el despliegue entronizado de otro Emperador, que soñamos con que nunca se vaya.

Por virtud artística, el privilegio imperial de Enrique Ponce y la majestad de su corte.

Que sea así por el resto de los años.

Texto: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2016-2017. Sábado, Febrero 4 de 2017. Décima Tercera de Derecho de Apartado y Primer Festejo del LXXI Aniversario de la Monumental. Dos Tercios de Plaza en tarde agradable hasta la lidia del sexto en donde sopla mucho el viento molestando el conjunto de la lidia. Mala iluminación de la Plaza pese a nuevos reflectores.

6 Toros 6 de Fernando de la Mora (Divisa Amarillo y Blanco) Seria y con edad, tercero y cuarto anunciados antirreglamentariamente con seis años; un poco menos serios los lidiados en primero y último turnos, berrendos en cárdeno ambos: muy retacado el primero aunque con voluntad para embestir y violento el sexto, protestando siempre cabeceando la muleta; muy serio el lidiado en tercer lugar el más bravo de la corrida y armónicos los lidiados en segundo y quinto turno, destaca el segundo, nombrado “Venadito” que pese a protestar termina injustamente homenajeado con el Arrastre Lento. Manso encastado el cuarto de nombre “Tumba Muros” recibe dos varas y tumba en la querencia durante la primera, en el último tercio intenta brincar al callejón.

Mal la Autoridad al ordenar el homenaje mencionado y al no expresar correctamente la premiación a los espadas.

Eulalio López “El Zotoluco” (Sangre de Toro y Oro) que se despide de la profesión, Saludos, Oreja y Vuelta tras Aviso. Enrique Ponce (Habano y Oro) Dos Orejas, Aclamadísima Vuelta tras dos Avisos y Palmas.

Ambos espadas salieron a hombros.

El primer espada se despidió en multitudinaria ceremonia tanto al inicio del festejo como al momento de retirarse el añadido, tras lidiar al cárdeno oscuro “Toda Una Historia” de la ganadería titular.

Tras picar lucidamente al tercero y ser ovacionado el picador potosino Ignacio Meléndez dijo adiós a la profesión sin dar una merecida vuelta al ruedo. Destaca a la brega Edmundo Navarro con el cuarto. Saluda tras banderillear al tercero Christian Sánchez.

img_6376La magistral cadencia del imperio de Enrique Ponce se recrea toda en este derechazo al segundo de la tarde. FOTO: Emilio Méndez. SuerteMatador.com

@Taurinisimos 95 – PREVIO Corridas Aniversario LXXI @ La México. Invitado @FiesPaz.

Programa @Taurinisimos de @RadioTVMx del viernes 3 de Febrero de 2017. Conducen Miriam Cardona (@MyRyCar) y Luis Eduardo Maya Lora (@CaballoNegroII).

Producción: Miguel Ramos
Operación: Abraham Romero

Invitado: Leonardo Páez (@FiesPaz)

Actualidad Taurina. Plaza México Temporada Grande 2016 – 2017. LXXI Aniversario de la Monumental.

Análisis Previo Corridas de Aniversario:

6 Toros, 6 de Fernando de la Mora para “Zotoluco” que se despide y Enrique Ponce.

6 Toros, 6 de Teófilo Gómez para Morante de la Puebla, “El Juli” y Luis David Adame que confirma la alternativa.

La próxima emisión de #Taurinísimo será el próximo viernes 10 de Febrero de 2017 a las 7 pm (Mex) a través de http://www.radiotv.mx

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RECAPITULANDO: La Noche Triste de José Tomás – Falla el 31-E en La México.

La Noche cae sobre José Tomás en la larga. FOTO: Emilio Mendez.

Quitemos de este relato la palabra “petardo”, que no exista. Ofrecemos no utilizarla. Lo acaecido en La México no necesita de Tesoro de Moctezuma o complejo de conquistador, ni Paso de Alvarado o de invicto Emperador para entender que hay tardes malas y también puede haberlas peores. Lo único claro ayer es que, publicidad y morbo al lado, la verdadera estatura taurina de José Tomás aflora, para mal, justo cuando se necesitaba que la leyenda empatara con la realidad. A río revuelto, ganancia de Adame, de nuevo montado en el carro de la facilidad técnica, de la bulla popular y alejado de la más mínima trascendencia taurómaca. Desfile y bronca ganadera lamentable y vergonzosa, de nuevo, en detrimento de la categoría de la Plaza.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Si hay algo en que no se puede fallar en la Plaza México, llena o vacía, en verano o invierno, con taurinismo o villamelonaje en los tendidos, con dinero o sin dinero, es en estar templado, es decir, jamás dejarse enganchar por más difícil que los astados sean.

Los de ayer, un desfile de pintas, debilidad, reacciones mansas y, principalmente, de emoción intermitente, también piden no enganchar ni estar de prisa. Esto es precisamente lo que la dupla ayer, respectivamente, no consigue.

Solo que esto no explica el grado mayúsculo de la decepción.

Debería hacerlo.

Porque es increíble que los auto denominados “Mejor torero del Mundo” y “Torero de México”, con todos perdones en segundo término para Alberto Balderas, hayan fallado con los trastos en lo que tendría que definir en toda medida ambos motes: temple y despaciosidad.

Solo así se explicaría que la decepción, pese a la fauna local y extranjera que compone la masa que llena sin apretaduras La México, no obedece a temas –lo apuntábamos antes- tan banales como la falta de orejas o la ausencia de brindis general del primer espada. La decepción es ver como un astado tan feo, tan débil y manso como el primero es capaz, con la lengua de fuera, de poner en aprietos serios a un torero como José Tomás, un mendigo de toro es capaz de hacer visitar el piso en dos ocasiones a la “realeza” del toreo.

Y esto ocurre porque José Tomás manda poco y templa aun menos.

Todo por caer en la trampa de este astiagudo y astifino, de hocico alargado, cárdeno, que, asaltilladamente, entre lo manso y lo débil, se cuela al inicio, se comienza a quedar abajo y cabecea, exigiendo de un torero empecinado a quedarse estático, ir y venir, lo que a José Tomás siempre más trabajo ha costado, andar con el toro. Por ello, sumando a esta necedad de forzar la pugna en lo corto el verse enganchado, el madrileño termina a merced.

Apenas los naturales, ante un toro que había derrumbado dos veces, alcanzan a ser largos, el toque es muy brusco, no se encela el toro y ni siquiera en el frenón de la embestida por derecho alcanza el pase a ser limpio. Conste que hasta el enganchón se le corea en una Plaza que históricamente, aun en sus peores momentos, no se traga la aspereza de pases como los que pega. Tan tosco que en el parón ha querido tocar desesperadamente al astado para salir enganchado en lo que ayer desahogaba la otrora sutileza de su muñeca.

Increíbles las volteretas.

Una por el afán de meterse entre los pitones de un toro que requiere espacio en plenos medios. La otra no obedece sino a verse la muleta alcanzada.

Y el diestro caído.

La estocada, entera trasera y algo tendida, solo es premiada por nueva graciosidad de Jesús Morales, el nefasto Juez de Plaza.

Protestada y fuerte, cual debe de ser, por la poca Afición que alcanza de milagro un boleto.

La mala noticia es que José Tomás solo mata un toro de Los Encinos para nueva caída en propia trampa. Jugar con dos barajas siempre es malo, tener las peores manos de ambas es el riesgo y la consecuencia.

De ahí que el río revuelto se lo lleve Joselito Adame, con un toro, el segundo que saca casta pese a rajarse al final que pone emoción a los lances del hidrocálido y con el que en el quite combinado, pese a desarmarle, consigue remontar y encender el ánimo en la villatina y posterior larga. Luego la faena, completamente, salvo una tanda deslucida, derechista, tiene emoción pero demasiada rapidez, Adame muestra buen toreo por momentos pero también velocidad ante el reservón pero emocionante astado.

Así como un pésimo manejo de la espada.

Nuevo chalecazo, hace guardia. Tal como la semana pasada.

Mal comienzo de la esperada cita.

Sin embargo, la cosa ha podido enmendarse con el berrendo en cárdeno tercero, precioso y veleto astado, demasiado retacado quizá y al que el José Tomás no alcanza a sujetar con lucimiento en el capote, apenas dos lances y al rematar, en síntoma de poco temple, se cuela y le pone en problemas.

Este azucarado astado –en referencia a Tequisquiapan– empuja de inicio pero se duerme luego en el peto. Alejandro Prado da una brega exacta y larga que solo la inutilidad de Sergio González, por segunda semana consecutiva, que no acierta con los garapullos hace que pase por cuarta vez, aquí el berrendo se descompone y de ahí la urgencia de José Tomás de cambiar el tercio con dos pares.

Pero está en La México, aunque por la asistencia no lo parezca.

Él mismo sabe que poco puede durar el toro y está en lo correcto. Pero también es preciso decir que a un toro débil como este, con la bravura tan corta y la casta inexistente, con sospecha de mansedumbre, puede ser aliviado por la llave que olvida José Tomás o acaso el óxido del casi retiro le hace dejar fuera de la espuerta: el temple.

Que aparece en su mejor y único momento de la corrida, tras inicio alternado a los medios, dos tandas con la derecha muy lentas y plácidas levantan esperanza e inyectan moral al torero, no obstante el toro muestra la tentación de salirse del engaño y, además, otra vez al final, engancha. Luego, cuando descuelga, José Tomás consigue estar algo más despacio, dos naturales cantados y largos pero que el enganchón siempre presente los desluce.

Por eso la cosa no enciende, no rompe.

Ni tampoco hay entrega.

Es entonces cuando el colmo de la necedad aparece. Tres intentos, tres de cambio de mano por la espalda para ligar al natural frustran todo intento de cohesión y ligazón, con la faena del torero cortada de tajo por la mansedumbre del toro que se va a las tablas. A campo abierto, José Tomás permite que el berrendo, sin subírsele a las barbas, haga la graciosa huida y deja la apasionada entrega…

En suspenso.

Años tarda en volver, en razón, a la derecha, sobre molinete y dos tandas ligadas, una donde se regodea, el momento más redondo de su actuación, donde se impone, no obstante lo cabeceante del berrendo que tiene una embestida larga y pastueña, que le deja estar y recrearse incluso en dos derechazos lucidos. Pero es todo, porque José Tomás se amontona en tablas, incluso cerca está de otro percance a la salida de otro pase enganchado.

Pinchazos y descabellos.

Aviso y división.

Así pues, el toro más hermoso de la corrida, un bordado de reunión de los pitones y rectitud del lomo, es de Los Encinos y toca a Adame. Con este el hidrocálido tarda años en centrarse, desde salida, con el capote, está sobre piernas y apenas sentir al toro echa para atrás y pide a los picadores salir. Un toro de una clase buena, no puede ser toreado con tan por fuera, tan esa así que se descompone cuando Joselito queda mal colocado.

Por ello echa el cuerpo para afuera, cosa que divide a la afición y echa mano de las cercanías, donde le enganchan y donde, aun así, el toro mete la cara.

Se aburre de tanto pasar. Y de tanto ser pinchado.

Entonces la bronca se desata cuando salta el quinto.

En el colmo de la decepción de la gente, irrisoriamente se devuelve un toro mejor presentado que otros tantos. Morales, el intento de Juez, hace lo que no otras tardes y devuelve al protestado, que por cierto era bien construido. Salta un Xajay feo y corralón que poco vale. José Tomás apenas le da un quite por chicuelinas, las buenas noches y se deshace de él, entre las protestas de un público que simplemente no lo ve.

Que ni si quiera una gran bronca pega.

Y el camino a la barrera parece la ruta a la antigua Tlacopac, con la noche a cuestas y el burladero a modo de callado ahuehuete. Entre una batalla alocada en los tendidos y las rechiflas a la decepción tomasista y la triste consecuencia de dejar en el banquillo los mejores años de la juventud torera de un diestro que dudamos, a diferencia de Cortés y de otras figuras caídas, regrese a Mixcoac.

A sacarse la espina.

Adame, el hidrocálido, con un festín de “Pelea de Gallos” incluida, se encuentra otro toro repetidor, el sexto, su segundo de Los Encinos que tiene la mala suerte de caer en sus bullangueros trastos o en el manido truco, cada ocho días es igual, de la cascada zapopina, movida y efectista.

Acaba haciéndole pasar pese a la falta de fuerza.

Los desplantes, la bagatela de las zapatillas y la estocada arriba hacen el trabajo y Morales, en otro bandazo, da las orejas, que nadie pide. Y una salida a hombros artificiosa. Al menos la cuota orejeril se cumple.

La expectación no.

Decía Bernal Díaz del Castillo, todos sabemos donde, que al escapar hacia Tacuba el Bachiller Alonso Pérez se dirigió a Cortés diciendo: “Señor capitán, no esté vuestra merced tan triste, que en las guerras estas cosas suelen acaecer.” Entonces el Hércules de Extremadura tan solo hizo notar que la tristeza iba por lo que costaría ganar, más bien enseñorear, la Gran Tenochtitlán.

Porque en tales hombres no cabía la mínima posibilidad de renunciar.

Estas cosas pasan en los toros pero ayer José Tomás renuncia sin querer al señorío y a lo que en sí es lo único en que quizá sí que ha pegado el petardo y sobre lo que sí valdría la pena estar triste.

Lo único que una figura del toreo no se puede permitir, jamás…

La medianía.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2015-2016. Domingo, Enero 31 de 2016. Décima Sexta de Derecho de Apartado. Lleno en tarde espléndida sin viento, salvo repentinamente durante el último tercio la lidia del tercero. Mucho ambiente. Se dilata la salida del primero por diversos homenajes al cuerpo médico como al aficionado Gonzalo Martínez. Fatal la Autoridad, otra vez por medio de Jesús Morales al aprobar y luego devolver al quinto y aprobar igualmente a su sobrero, así como al premiar al primer espada tras el primer turno y soltar dos inexplicables orejas tras la lidia del sexto.

7 Toros, 3 de Fernando de la Mora (Divisa Amarillo y Blanco) lidiados en segundo, tercero y quinto lugar. El quinto fue devuelto de inmediato por supuesta falta de trapío. Desiguales de presentación y vario pintos. Con emoción el segundo pese a solo verle por el pitón derecho y salir con la cara alta, noble y descastado además de débil el precioso aunque basto berrendo segundo; 1 de Xajay (Verde y Rojo) quinto bis, basto y cornalón de mal juego; y 3 de Los Encinos (Divisa Azul, Verde y Rosa) Muy feo de cara alargada, astiagudo y astifino el débil y mansurrón primero, de gran clase por pitón derecho el sexto y pese a durar menos, con lidia a más el sexto de la tarde.

José Tomás (Rosa y Oro) Oreja con fuertes Protestas, Saludos con División tras Aviso y Bronca tras aviso. Joselito Adame (Negro y Oro) Silencio tras Aviso, Leves Palmas y Dos orejas.

El segundo espada salió a hombros.

Los de plata siguen sin estar a la altura, salvo Alejandro Prado y Manuel Martín de la cuadrilla del primer espada. Saludan Héctor Rojas y Christian Sánchez en el sexto.

Radar Taurino – La México: El Toro, Verdad Revelada.

El Toro en La México trae lo imborrable: Mariano y "Marqués" de José Julián Llaguno.
El Toro en La México trae lo imborrable: Mariano Ramos y “Marqués” de José Julián Llaguno, Temporada 1992-93.

Entre tanta necedad y tanta coba, nebulosa y empalagosa, otra vez el toro y el brillo de su ausencia marcan el derrotero de una Temporada que muy temprano se duele donde más tendría que ser más fuerte: los encierros.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA.

Si de construcción se tratara solo ese edificio de la sureña Avenida Revolución, El Celanese, se “levantó” de arriba para abajo.

Y no de abajo para arriba.

La empresa en La México construye al revés, el tejado antes del cimiento. Deja la base de todo espectáculo taurino, el toro, no solo en duda sino bajo grave sospecha cada tarde. De menos, evidencia desigualdad, tedio y enojo más el desdén de la desesperanza en la Afición. Los festejos, salvo sus episodios aislados, quedan a deber.

Tres muestras van, tres, en esta Temporada.

Y el presente ciclo tiene el riesgo de reventar en trayecto y acabar debajo, que ya es decir, de la Temporada de Oro, donde el gran pecado fue justo no cimentar todas las tardes a partir de los encierros. Conste aquí que el áureo ciclo, carente de encierros como San Martín, no cayó en la tropelía de colar uno como el del pasado domingo.

Recuerdo, con casi esta misma Empresa, la corrida inaugural de la Temporada áurea, de Garfias y el triunfo rotundo, en irrenunciable rosa mexicano y oro, de César Rincón o esa astifina cornamenta del castaño segundo, portada del especial taurino que la revista “Somos” dedicó al cincuentenario, también casos como Rodrigo Aguirre, la inolvidable de rejones de Los Ébanos, Rancho Seco en el adiós de Antonio Lomelín.

Al menos en trapío, espero errar, no veremos este año toros como Giraldillo de Manolo Martínez o Media Luna de Fernando de la Mora, ganadería que lidiar un encierro serio en la apertura hace diez años, parece, le costó un veto de cinco.

Privados de ver su mejor lustro regresa al sistema y decepciona. Y para muestra está el encierro completo de la semana pasada. Nada tienen que ver estos toros, en dignidad e importancia, con aquella corrida inaugural de 2005, diez años han pasado y volviendo el recuerdo a ese encierro, escogido ni más ni menos, por la administración de Enrique Ponce, veremos que la única verdad que no se encuentra en La México es el toro que esté al nivel de la importancia de la Plaza.

No ya en kilos, no ya en tamaño, simplemente en majestad.

La Afición, por ello, en vez de analizar más el juego del toro y menos su trapío, esencia sobre apariencia, sigue atorada en luchar por un presupuesto básico, la presencia.

Hoy, responsabilidades aparte, en el toro la ley del menor esfuerzo impera en la Plaza México pues coloca al toro verdadero, que sí existe y sale en Guadalajara, salía en Mérida o Tijuana y que salió –aunque ustedes no lo crean- algún día en la Monumental, con más carga que la de la verdad en sí: para La México el toro real peca e incomoda y para su mala suerte, además, cuesta más.

Y el costo no es asumible.

Si La México, como fue de ‘89 a ‘96, a veces después, echara hoy lo indubitable del toro mexicano, su Puerta de los Sustos, con la televisión, redes sociales en puntas y el gran coso en sí como escenario, sería el cimiento para soportar la vigencia de la Fiesta y el necesario filtro que refería el viejo Don Dificultades: “Toro en Temporada Grande y novillo en Temporada Chica. Así se irán los que nada tengan que hacer.” Eso incluye a los que avalan: la “Autoridad”

Varios petardos en la presente época se han salvado de su expansión mediática porque se han dado en bajo la “conveniente” sombra de Guadalajara o por haberse dado –antes- en Tijuana o en Mérida. Donde ya también han desterrado en buena parte al toro.

En La México tal cosa se quedaría, mas que bajo la luz, a la vista de reflectores.

Porque el toro real, de lidiarse en La México, con todo lo que esto implicaría, podría en duda al propio sistema, haría mucho más evidente la falta de mérito de los que viven del cuento y ese efecto depurador resultaría insoportable para una cantidad de gente insospechada pues uno de los antídotos contra el cáncer taurino por excelencia que es la coba, está en el propio toro bravo.

Será porque pone siempre a cada quien en su lugar.

Para bien o mal, para arriba o para abajo.

Mientras tanto, justo cuando sigue en los carteles Bernaldo de Quirós, la aburrición, la poca categoría, la reducción del arte de lidiar al oficio de trastear gana e impide la catarsis añorada. Y, tristemente, evita revelar el misterio taurino y la aparición entera de su verdad eterna.

Esa que, a pesar de todo, nos mantiene vivos y perseguiremos siempre.

La irrefutable verdad del Arte.

Siempre, esperamos, con el Toro por delante.

Twitter: @CaballoNegroII.

 De arriba para abajo… “El Celanese”, arquitectura impactante: Av. Revolución y José María de Teresa, Tlacopac, San Ángel.

RECAPITULANDO. La Sonrisa de la Puebla – Desquicio y Exquisitez Morantista.

Media de Morante, Torería Total. FOTO: TAR.

Debemos y pagamos, aun con interés. Aun lejos de cualquier conexión, suspiramos por brindar al menos unas ideas sobre la socarrona propiedad torera, el donaire en la escena y el irrenunciable sabor torero de Morante de la Puebla que evidencia y deshace los tópicos más recurrentes en la actual Plaza México: la ignorancia y la desorientación de la mayoría asistente. Otrora sensible al toreo bueno, La México hoy gusta del relumbrón y no del auténtico oro. Con el peor lote (otra vez) Morante esfuerza y roza el triunfo que, de rebote, obtienen “Zotoluco” y Silveti con dos de los mejores toros de una decepcionante corrida.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA.

Salen a pie los tres espadas en el epílogo de la tarde. Bajo el escrutinio público, claro.

El más antiguo sale haciendo gestos al callejón, como el empleado que al terminar la semana en la oficina avisa “comemos en la semana” según su gesto digital. Así se ha llevado su Temporada, todo para la tarde que viene. Cuatro realmente han sido y en esta solo ha medias vemos a aquel “Zotoluco” que algún día ha tenido preeminencia.

En el aguante y en el embate.

Su actuación es vacilante por su falta de quietud, pierde pasos cada vez que tiene que ligar un muletazo ante un primer toro tan discutible como estrecho que solicita mando y quietud pero Eulalio vive de tapar la embestida de que esta frene, con toques por la espalda o retirando la muleta, para no tener solo que girar. Esto preocupa porque, otra vez, lejos de los medios el cárdeno parece tan solo pedir quietud para pasar completo.

A veces ocurre, otras no. Le enganchan unas otras también, “Zotoluco” se justifica en una gran estocada, una de las mejores en el ciclo, volapié perfecto en la suerte contraria. En otros tiempos la oreja habría llegado sin protesta. En doce turnos esta Temporada su toreo no deja dudas sino una implacable respuesta: el tiempo de su mejor y mayor expresión parece haber pasado.

Incapaz de solventar con brevedad al debilísimo cuarto, aburre y vuelve a decir nada.

La corrida, otrora importante, muestra que de Fernando de la Mora perdimos sus cinco mejores años: 2006 a 2011. La divisa amarilla y blanco tuvo un periodo de ensueño, donde el ideal del toro bravo en México se reflejaba lo mismo en su versión más seria en plazas de primera que en la más habitual del resto. Hoy no distinguimos si de lo que mandan queda algo de aquel lustro de gloria que no vimos en la Plaza México.

Solo Dios sabrá por qué.

El encierro, dispar de presencia, presenta toros tan feos como segundo y sexto, o tan armónicos como tercero y quinto. Lo que antes habría distinguido a la Afición de La México a protestar, no el tamaño sino la fealdad, hoy resulta ser que ya no existe. Hasta la toman contra Morante al ordenar sabiamente el segundo puyazo, luego del geniudo tumbo, ya le había cobrado carísima una verónica enorme por el lado izquierdo. Pena que en La México se viva del tópico de “acabar con el toro en el caballo”

Como el silencio es oro, callados quedan los desafectos al observar como el alto y estrecho segundo vuelve a derribar por geniudo y malaje. Diego Silveti perdona el quite. Ni pío en el tendido. Raro, porque a Morante no le perdonan evidenciar que el astado sirve para nada. Aun así luce en los trincherazos y logra que la aspereza del calamocheo se reduzca, corre la mano pero, podido, el astado descompone.

Queda solo la espera al quinto.

Mientras, el toro de la tarde, chico y pobre de cabeza, vuelve a tocar a Diego Silveti.

Otra vez.

Qué no habrían hecho quien sabe cuantos toreros con esta suerte proverbial del guanajuatense. Silveti intenta y se advierte mejor con el capote, a compás abierto las verónicas y carga elegante la suerte en la cordobina del quite, que muestran la nobleza del toro y también su falta de fuerza. Lucido remate con cambio de mano en la rebolera.

Y el toro de la consagración llega.

Largueza y recorrido en la embestida, nobleza y una fijeza maravillosa. Lo que se espera que llegue es que, tras el inicio arriba, Silveti logre escalar el único camino posible, el triunfo y el furor. No llega. Y esto es porque sus tandas son ligeras, inician y terminan a la misma velocidad, todo es plano en un mismo ritmo sin la cadencia que implica mandar sobre el toro.

Se pierde Diego no de tanda a tanda sino de muletazo a muletazo, principalmente con la izquierda, con ese estaquillador caído y el brazo amarrado le hacen perder casi todo. Por algo Silveti nunca sale tras cada pase al frente con la izquierda. Precipitadamente, tras vuelta a la derecha, se dobla y el toro reacciona mejor, la faena está incompleta, hueca.

Ni los buenos naturales de frente la rescatan peor aun los pinchazos.

Pero a Diego le queda la raza que saca con el espantoso sexto al que hace pasar arrimándose, a empujones y tirones, aun con la cara arriba y los cabezazos el toro toma tres dosantinas y al gente se

Así embistió el berrendo, Con él ha podio Morante en todo momento.

entrega, aun con el pinchazo le dan una oreja. Le ovacionan como al que más los mismos que ignoran la faena al quinto de Morante de la Puebla.

Parece que el relumbrón le gana al bueno torero.

El berrendo aparejado “Nueva Luna” aparece en el ruedo y las verónicas de Morante, perfectas de trazo, con los brazos al vuelo. Cada lance del sevillano produce una reacción del toro que pone a prueba su condición al siguiente. A cada verónica el berrendo reacciona frenándose perdiendo su embestida al ser exigido. De ahí que se dosifique el castigo en varas.

Mas no el arte en el quite.

Chicuelinas perfectas que hacen tomar aire al toro y a La México recordar que siempre ha tenido un sitio para los toreros de arte. A la altura perfecta el cite, cuatro y el remate. Ya en la muleta su faena es muestra de colocación perfecta. Poderoso pero sosegado inicio con la izquierda, ayudándose: firmazo y pase de pecho sobre las rayas con el toro que rebrinca y no da crédito a como está siendo toreado.

Así los derechazos, sólidos de estructura, rotundos de ejecución muestran que el toro rebrinca, se quiere quitar el engaño y pide tregua, Morante, sonrisa en los labios prosigue, no perdona ni cae en la treta, cambio de mano tras derechazos y arriba en el de pecho la muleta

Sensacional.

Luego la zurda, primero en cambio de mano por bajo y luego inaugura la tanda con afarolado. Tres series de inmenso poderío de clásico envite, al centro tomado el palillo y la altura perfecta, a tiempo arriba y a veces poderoso abajo hasta que le berrendo frente a matadores raja. Nada raro. Sin reponer casi, Morante saca el latiguillo que acaricia, verticalísimo y remata remanguillero en el invertido.

Y luego la tanda de máximo oro, de mayor brillo.

Vuelta a la derecha, vertical como columna, gracia de un pañuelo al vuelo cuatro derechazos fundidos en oro y en la cintura troquelados. Aun así le discuten.

Como la puntilla por él mismo sostenida y cara a cara, de frente, que prosigue al volapié entero apenas caído, por cierto, en la suerte natural. Le apuntilla y desata la tonta polémica, la muestra clara que la Afición se hace astillas ante los peñascos de la idiotez taurina.

Por ello Morante ríe.

Porque es de risa razonar con la idiotez, la falta de afición y de conocimiento. Y porque lidiar como lidia, torear como torea y matar, hasta el último suspiro, como a matado, dejan el alma satisfecha.

Pese a los zumbidos del tendido.

Afortunadamente, como dicen por ahí, la sonrisa de Morante es hoy el remedio infalible.

Texto: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2014-2015. Domingo, 25 de Enero de 2015. Décima Cuarta Corrida de Derecho de Apartado. Más de Un Tercio de Plaza en tarde fresca, despejada y con viento en diversos pasajes de la lidia.

6 Toros, 6 de Fernando de la Mora (Divisa Amarillo y Blanco) Desigual de presentación, terciados los lidiados en los tres primeros turnos, protestado el tercero de salida. Basto el cuarto y debilísimo, mejor hecho el berrendo quinto y muy feo el sexto. Mansos en general y faltos de fuerza, el segundo tumba dos veces al caballo por geniudo, el quinto dura un suspiro al rajar mientras que el sexto saca todos los defectos posibles en el último tercio. El tercero, negro, bajo de nombre “Anda Solo” ha tenido gran nobleza aunque poca casta; espléndido en la muleta, tuvo tremenda clase, fijeza y recorrido. Homenajeado justamente con el Arrastre Lento.

Eulalio López “El Zotoluco” (Berenjena y Oro) Oreja Protestada y División. José Antonio “Morante de la Puebla” (Verde Bandera y Oro) División y Vuelta con división tras aviso. Diego Silveti (Burdeos y Oro) Ovación con Saludos y Oreja con protestas.

Destaca en la brega a pie Gustavo Campos y César Morales a caballo.

La verónica que no perdonó el segundo. El poder de Morante con el capote es incalculable.