Archivo de la categoría: Andres Roca Rey

San Sebastián: Apabullante poderío de Roca Rey

El torero peruano cortó tres orejas y Ponce una a nobilísimos toros de Victoriano del Río.

Por Antonio Lorca.

Quizás, a estas alturas, no sea noticia pero reconocido debe ser que Roca Rey es punto y aparte en la torería actual. Su poderío es apabullante, deslumbrante su entrega, heroico su valor y, aunque su sentido artístico aún esté en los albores de su carrera, es el toreo de más interés de la actualidad.

El joven peruano y el veterano Ponce ofrecieron en San Sebastián un recital de torería añeja y juvenil fortaleza en un competido mano a mano en ausencia de Cayetano, que tres horas antes del inicio del festejo presentó un parte médico por un traumatismo costal que se produjo el pasado domingo en la plaza de Pontevedra.

Por vez primera en mucho tiempo se vieron quites en cuatro de los seis toros, y los dos espadas se esforzaron de veras para alcanzar un triunfo que facilitaron los muy nobles toros de Victoriano del Río, de bella estampa, nobilísima condición y justos de fuerzas, de modo de que su paso por los caballos fue una caricatura de la suerte de varas. Pero embistieron con dulzura, en líneas generales, y permitieron a sus matadores sacar a la luz sus respectivas, y discutibles, tauromaquias.

El triunfador absoluto fue Roca Rey, y a hombros de los mozos salió de la plaza después de una actuación muy completa en compromiso y con cabos sueltos en los aspectos estéticos.

No le adorna solo la fortaleza de la juventud; es arrollador de principio a fin, se juega el tipo sin cuento, y asustó con sus muslos a su complicado primero, al que recibió de muleta con dos pases cambiados por la espalda, derecho como una vela, y sorteó las dificultades con una sorprendente seguridad y aprendido oficio. Calidad desbordante mostró su segundo y Roca se plantó de rodillas en el inicio del tercio final y, así, de hinojos, inicio su labor con otro pase cambiado ceñidísimo y varios derechazos que derrocharon perfección por su largura y templanza. Menos profundidad, después, en una variada faena por ambas manos, y un estoconazo final que corroboró su dominio absoluto de la situación. Noble, también, el sexto, que se rajó antes de que el torero, más comedido ya, pudiera componer su traca final.

Y no se fue de vacío un enciclopédico Enrique Ponce, pleno de conocimiento en la cara de los toros, incansable (de ahí, que sea, quizás, el torero más pesado del escalafón) y muy comprometido con la búsqueda del triunfo. Larguísima, interminable e irregular fue su faena al bondadoso primero; técnico y valeroso se le vio ante el deslucido tercero, y más inspirado ante el noble quinto, con el que se lució en un excelente inicio de muleta por bajo, y destacó en un par de tandas de largos y sentidos naturales. No fue una labor sobresaliente, pero hubiera paseado las dos orejas si no falla con la espada.

Y hubo buen toreo de capa -verónicas, delantales y chicuelinas de Ponce, y tafalleras, caleserinas y chicuelinas de Roca-, lo que no deja de ser noticia en los tiempos de tan grande sequía capotera.

Y presidió, otra tarde más, el color azul de las butacas vacías. Mala cosa…

DEL RÍO/PONCE, ROCA REY

Cuatro toros de Victoriano del Río, -el segundo, devuelto al lesionarse la mano derecha en el caballo- y dos -primero y tercero- de Toros de Cortés, bien presentados y muy nobles (el tercio de varas fue simulado); destacaron primero, cuarto, quinto y sexto; deslucidos segundo y tercero.

Enrique Ponce: casi entera baja _aviso_ y un descabello (ovación tras petición); estocada baja trasera (ovación); pinchazo, estocada _aviso_ y un descabello (oreja).

Roca Rey: estocada baja _aviso_ (oreja); gran estocada (dos orejas); casi entera tendida y un descabello (ovación). Salió a hombros.

Plaza de San Sebastián. Cuarta corrida de feria. 14 de agosto. Tres cuartos de entrada. Asistieron el Rey Don Juan Carlos, y la Infanta Elena desde un burladero del callejón.

Publicado en El País

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La esperada reaparición de Roca Rey en Morelia

La empresa Casa Toreros anunció para la Plaza Monumental de Morelia, dos carteles, uno para el 30 de septiembre y el tradicional del 2 de noviembre.

En la corrida del 30 de septiembre están programados los toreros locales Isaac Chacón, Pepe López y Antonio Mendoza, con toros de la ganadería de Iturbe, anunció Pablo Moreno, Director de Casa Toreros.

El cartel de postín se dará el 2 de noviembre, con la despedida de Juan José Padilla, Jerónimo y la figura mundial del momento: Andrés Roca Rey..

Los precios serán accesibles para el público, pues irán desde los $150 pesos. Además Moreno anunció que desde el 18 de agosto hasta el 22 de septiembre habrá vacadas de oportunidad con el fin de buscar talentos del interior de la República, comenzando a las 4 pm y sin costo alguno, de los ganadores saldrá la novillada de triunfadores el 22 de septiembre, será un mano a mano sin picadores que tendrá un costo general de 100 pesos.

Twitter @Twittaurino

“No soy caprichoso. Pienso poco en el dinero”: Roca Rey

Roca Rey: “A veces la vocecita más baja de la plaza te acompaña”. Sergio González Valero.

La cita llega una semana después de su apoteosis pamplonesa (siete orejas y dos puertas grandes). Así que él viene exultante, además de alto y buen mozo, como dirían en las novelas de Miraflores, su barrio de Lima. Ojo: es menos inocente de lo que pueda parecer su mirada.

Por Luis Alemany.

En las corridas buenas, como las de Pamplona, ¿en qué momento sabe que va a pasar algo?

Nunca llegas a estar seguro de lo que pasa. Te desenvuelves, improvisas, haces lo que sientes. Hasta que no pasa todo no te das cuenta del triunfo.

Algo se intuirá.

Vas dispuesto, sabes que estás preparado para lo que venga.

Y cuando sabe que el toro es bueno, ¿da más miedo no estar a la altura que los pitones?

El miedo siempre está. El miedo a perder la vida y también el miedo escénico. La clave es convertir eso en una motivación que te haga disfrutar, que no te paralice.

¿Y el día que todo sale mal?

A pasar página.

Ésa es la teoría. En la práctica, ¿cuánto dura el enfado o la tristeza?

No es tristeza, es impotencia. Y dura… Dura hasta que toreas bien.

Cuando torea, ¿la cabeza piensa y toma decisiones racionales o se deja llevar?

Hay que pensar, saber lo que se hace y por qué se hace. Pero también hay que tener corazón. Si no, es todo muy mecánico.

Luego, cuando termina, ¿sabe cuál es el valor de lo que ha hecho? ¿O es de los que creen que van a sacar un 9 y luego sacan un 6,5?

Pero es que los toros no son un examen del instituto, dos más dos pueden no ser cuatro. Funcionas más por las sensaciones que has tenido. Y ahí, el que mejor sabe si uno ha estado bien o mal es uno mismo.

¿Se oye al público? Me refiero a las voces singulares, no al tumulto.

Se oye todo. A veces, una vocecita que ha sido la más baja de toda la plaza te llega en la soledad que sientes en la arena.

Cuando alguien le grita una impertinencia, ¿le perturba?

Puede afectar. Pero en eso también trabajamos, en hacer fuerte la mente, en estar concentrado en lo que hago, que no es una broma.

¿Qué tal duerme la noche antes y la noche después?

La noche antes duermo bien. La noche después de un día bueno me cuesta más, le doy muchas vueltas a lo que he hecho. En cambio, la noche de un día malo, quiero olvidar y duermo pronto.

¿Qué come los días de corrida?

Desayuno muy fuerte y no almuerzo. Me lo dijo un nutricionista.

¿Y al terminar tiene hambre?

Muchísima hambre.

¿Compite con sus colegas?

Siento respeto y admiración. La motivación y la competitividad están en mí, dentro, en mis ganas de ser mejor cada día.

¿Tiene amigos toreros?

Con los que toreo más a menudo tengo amistad.

¿Amistad o un trato cordial?

Amistad… Bueno, no es la relación que tengo con mis amigos, son compañeros con los que me llevo bien.

¿A qué se dedican sus amigos?

Mi mejor amigo se llama Mendel. Estudia Economía en Lima y trabaja. De vez en cuando me lo traigo.

Tiene que ser difícil tener 21 años y que tu mejor amigo sea un torero famoso y con dinero.

Un poco. Me dicen que siempre estoy rodeado de gente mayor.

¿En qué se le va el dinero?

No soy caprichoso. Alguna camisa… Pero pienso poco en dinero.

¿Suele llevar dinero encima?

Se me olvida sacar dinero. Pero sí que tengo mi tarjeta de crédito.

¿Cuánto estudió?

Todo el instituto. El último año lo hice por internet. Estoy preparado para entrar en una universidad.

¿Qué asignatura le gustaba?

Pues…

Bueno, ¿qué se le daba mal?

Las Ciencias. En Matemáticas no, en Matemáticas me iba bien. Y en Educación Física, también.

¡Ajá!

Y la Historia me gustaba. Leo Historia. Me gusta mucho leer.

¿Qué lee?

Me gusta leer biografías. Me impactó El más grande, de Muham-mad Ali, y el libro de Juan Belmonte.

¿El de Chaves Nogales?

Ése mismo. Me gustan esas historias de gente que consigue cosas importantes en su profesión. Yo también estoy en eso.

¿Ha salido ya en el ¡Hola!?

No lo sé. Creo que no.

Y el día que salga, ¿se enfadará mucho?

El día que ocurra, eso será algo que yo no pueda controlar. Si un fotógrafo me siguiese cuando doy un paseo, no dependerá de mí que me haga la foto o no. Así que espero no enfadarme

¿Le puedo preguntar por la casa en la que vive?

Vivo solo. De momento, me gusta, aunque tiene truco: paso muchos meses fuera. Pero me gusta tener ese espacio de soledad.

Publicado en El Mundo

Temporada 2018: Roca quiere ser rey

Por Álvaro R. del Moral.

La pregunta ya la lanzábamos en el último Observatorio Taurino: ¿Quién manda aquí? ¿Es el joven matador peruano el auténtico sucesor del trono? Han tenido que pasar dos décadas para que se empiece a pensar en un relevo solvente. Morante, El Juli y Manzanares llevan varios lustros instalados en la crema de las ferias sin que ningún pretendiente les mueva la silla. Todo parece ahora distinto… Roca pasó por Pamplona cortando seis orejas; cuatro fueron en Santander y dos, en Valencia….

El Juli, al que le espolea la competencia juvenil, no se lo pondrá fácil: reventó cualquier previsión cuajando e indultando a un gran ejemplar de Garcigrande en Sevilla antes de rendir la plaza de Las Ventas en la Corrida de la Cultura. El cotizado maestro madrileño sigue detentando con fuerza un cetro que ya podría tener heredero. El calendario manda y don Julián, que nunca se ha apeado de la cima, no tendrá siempre el acelerador a tope…

Hay más: Morante ha logrado instalarse en la excepcionalidad de sus espaciados recitales. Los fracasos no afectan en nada al aura del diestro cigarrero que, por encima del bien y del mal, ha labrado su propia leyenda. El tercer tenor, Manzanares, tampoco está cumpliendo un año de esplendores, suplido con sentido de la profesionalidad pero lejos de su calidad. No podemos cerrar la nómina senatorial sin nombrar a Ponce, que navega a toda vela compitiendo consigo mismo y encaramado al tercer puesto del escalafón con 29 temporadas, sí 29, de diestro de alternativa.

Mención particular merece el extraño caso de Talavante, buen torero irregular para algunos; genio de época para otros. No es ni una cosa ni la otra aunque, eso sí, su ruptura con los fontaneros del toreo –la casa Matilla– le ha sacado del parchís. Volverá. No nos olvidamos de Perera que, fiel a sí mismo, se calienta a la vez que el verano y marcó su propia cumbre en el apoteósico bolo algecireño de José Tomás.

Hacemos un inciso para reseñar algunos nombres del grupo joven que, por unas cosas u otras, no acaban de romper el cerco. Es el caso de Ginés Marín, ya instalado en las ferias. Pero también de Román, Garrido, Lorenzo o Juan del Álamo. El más esperado, varado en su casa, es Pablo Aguado. A partir de ahí consignamos un variopinto pelotón que sirve para montar las ferias con mayor o menor fortuna. Padilla tiene sitio en todas ellas, logrando los favores e indulgencias de los públicos –sin renunciar a otro tributo de sangre– amparado por el anuncio de su retirada. ¿Y qué pasa con Ferrera? El mejor intérprete de 2017 bascula entre la profundidad y el manierismo. Su mejor versión es otra. No, no nos olvidamos de Ureña, Javier Cortés, Octavio Chacón, Emilio de Justo, y Fortes. Merecen más cancha…

La feria de Colombinas, puerto amable en espera de los riscos de Bilbao, está a la vuelta de la esquina pero será en la arena negruzca de Vistalegre donde se sentenciará esta campaña que puede dirimir el cetro. Después llegarán los meandros de septiembre. Para entonces el toreo habrá coronado Rey.

Publicado en El Correo Web

Roca Rey vuelve a tronar en Valencia

El peruano corta dos orejas y abre la puerta grande en el último suspiro de la feria. Josemari Manzanares interpretó dos sinfonías inacabadas ante la pasión de su público y frente a dos toros de muy diferente condición.

Por JOSÉ LUIS BENLLOCHL.

Cualquiera que se hubiese asomado a la plaza arrastrado el último toro podría pensar que la tarde había sido un paseo en lancha, un desfile triunfal en loor de multitudes, y nada más lejos de la realidad. Fue una tarde extraña, complicada, apartada del guion que había convocado en la plaza la mejor entrada con diferencia de la feria, pero aquella vuelta al ruedo del toro, sorprendente, y los clamores con los que el público despedía a Roca disimulaban la auténtica realidad. Nada que contradiga la legitimidad del triunfo del peruano, que estuvo una vez más contundente y valeroso, con la fe del catecúmeno para perseguir la gloria final hasta allá donde no parecía haber posibilidades.

Antes de ese clímax, la tarde había pasado por los momentos más extraños. Hubo motivos para abjurar de los toros a la moderna, ¡vaya con los cuvillos esta vez!, el primero y el cuarto, mismamente, estuvieron absolutamente vacíos de fuerza y de casta, y ninguno remató en lo que siempre se espera de esta ganadería. Hubo pasajes extrañísimos también, de pura contradicción, como que el toro más protestado por chico, el coloradito tercero, fue el más complicado de la tarde, lo que viene a demostrar que no hace falta ser grande para ser un cabrón. El pájaro embestía rebrincado, pegando tornillazos, a dos velocidades, y acabó con la moral del propio Roca.

Curiosamente, ante la dificultad, los que lo habían protestado de salida ya no dijeron ni mu. Claro que también protestaron al sexto y acabaron premiándolo con la vuelta al ruedo para redondear el más absurdo de los círculos.

Luego, hubo pasajes en los que Manzanares dibujó el toreo.

Fueron dos sinfonías que cabría calificar de inacabadas, que permitieron, una vez más, escenificar el manzanarismo de Valencia, que naturalmente no es mancha sino recordatorio del buen gusto de una afición a la que no siempre se le reconoce. Y hubo, lo dicho, el momento crucial de esa última faena de Roca, de pies muy firmes, la muleta puesta, en una comunión absoluta con un público que si era manzanarista está claro que también idolatra a Roca. La vuelta al ruedo del último toro entra en el capítulo de lo anecdótico, ni una tarde sin una ocurrencia presidencial.

Era la tarde de las figuras. Eso se apreciaba claramente en la afluencia de público. No me cansaré de recordar que históricamente, no me hablen de modas, Valencia es una plaza de carteles cerrados, con todo lo bueno y de malo que tiene el asunto. Con la referencia de las dos tardes que la precedieron hay que convenir que estos carteles generan otro toreo, es otra fiesta, otro mundo. Sucede ahora y sucedió siempre, no cabe rasgarse las vestiduras. Ayer pesó durante mucho tiempo como una losa el nivel de tensión, también de emociones, de la tarde anterior. El libreto en ambos casos lo marcaron los toros. Los de Cuvillo no tuvieron nada que ver con los que le han convertido en predilectos de las figuras.

A estas alturas con los dos toros, muy bonitos por cierto, pero absolutamente muermos y vacíos que le correspondieron a Castella, no creo que al francés le queden muchas ganas de repetir con la divisa de El Grullo.

También hubo toros de alta complicación, el tercero que les he contado, que se llevó Roca. Fue menudo, áspero, con dos velocidades, sin ritmo, y el mismo toro segundo de la tarde se vino arriba en el último tercio y no se entregó en ningún momento, dificultades, por cierto, que siendo de quien eran, no se acabaron de valorar en su justa medida por los tendidos.

Después hubo dos toros con más toreabilidad, caso del quinto, al que Manzanares le tuvo que dar tiempos y tiempos hasta rayar en la pasividad para que no se viniese abajo, y hubo un toro sexto, el de la vuelta al ruedo, inédito en varas y obediente en el tramo final, cuya principal virtud fue la suerte, la suerte de caer en manos de un tipo ambicioso e inasequible al desaliento. En resumen, hubo toros para enfadarse, toros para la esperanza, toros para cuidar mucho y toros para cuidarse de ellos.

El protagonista de la tarde, es evidente, fue el peruano, que se topó con el incómodo tercero, el toro de las dos velocidades, una primera por dentro y medio obediente, y una segunda hasta el final del muletazo, agresiva y descompuesta. Y ante semejante prenda, lo que no puede ser no puede ser y hubo que esperar al sexto. Y como los grandes no se rinden, Roca le salió al jabonero sexto con absoluta decisión. Toro bruscote que apareció sin prometer nada, bruto y desclasado, pero que acabó sometido al mando de RR. Las rogerinas con las que lo puso en suerte fueron el parteaguas de su actuación, el trueno de aviso que despertó al público. La faena fue de mano baja y de plantas firmes, con la muleta siempre adelante en busca de la ligazón que tanto cala en los tendidos. ¡Y vaya si caló! Con la izquierda y con la derecha, aderezados con pellizcos del uy y del ay en las espaldinas. Lo amarró todo con una estocada de efectos espectaculares y el presidente, con buen criterio, le concedió las dos orejas de golpe. Lo del pañuelo azul, a lo peor fue un golpe de ese viento que tanto molestó a los lidiadores a lo largo de la tarde.

La corrida de Núñez del Cuvillo, de muy discreta presentación y desigual juego, apenas dio opción

Las dos primeras partes de las faenas de Josemari fueron de altos vuelos. Hubo muletazos de trazo largo, deslumbrante estética y sobrada torería. Curiosamente, en los dos trasteos, hubo un punto fatídico: dos desarmes de lo más inoportunos. A partir de ahí su primero se vino arriba y su segundo se aplomó hasta hacer imposible la ligazón. Los pasajes más hermosos, una trinchera a su primero, pura inspiración, y una trincherilla sobrada de improvisación y buen gusto, sin olvidar un quite por chicuelinas al quinto, puro manzanarismo, el giro y la mano baja fue un homenaje a su señor padre.

Castella, buena técnica, mucha templanza y pocas opciones ante un lote muy vacío.

Y con esto acabó la feria, que un julio más ha sido la feria de Paco Ureña.

Publicado en Las Provincias

Diego Herrero diseña la nueva imagen corporativa de Roca Rey

La nueva marca gráfica aúna en un moderno trazo de manera conjunta las dos iniciales de su primer apellido, Roca Rey, con sus letras iniciales y las representación gráfica de los dos elementos de su nombre artístico. El nuevo logo reúne la elegancia propia de Roca Rey en una simbología que trata de representar el carácter y la personalidad única del torero.

El diseño ha sido realizado por Diego Herrero, director de arte del gabinete de comunicación de Roca Rey, y que acumula premios en los festivales de publicidad de Cannes, Sol o San Sebastián.

Publicado en COPE

Feria de Hogueras: Roca Rey, ídolo de masas, arrebata al público alicantino y sale a hombros

Por Vicente Sobrino.

Roca Rey, Andrés de nombre de pila, es el nuevo ídolo de masas. La masa de público está con el torero pase lo que pase. De forma incondicional. Para lo bueno, para lo regular y para lo menos bueno. En Roca Rey -Andrés– todo vale, que vale todo. En esta tercera de abono, el público alicantino enloqueció primero con el torero y cogió un monumental cabreo con el presidente, después, al negarle la segunda oreja del tercero de la tarde, pedida con clamor en el tendido.

Ese tercero, colorado ojo de perdiz, un dibujo de toro, tuvo salida fulgurante y respuesta de espectáculo por parte de Roca: una larga de rodillas y un racimo de lances, no todos limpios ni quietos, pero que ya pusieron la plaza al rojo más vivo. Apenas picado, solo un picotazo señalado con mucho cuidado, el toro desarrolló bondad en combinación con sus justas fuerzas. Antes de banderillas, el quite de Roca: chicuelinas, tafalleras, farol invertido y revolera.

La plaza no era una plaza; era un manicomio. Aunque al toro le costó un pelo tomar la muleta, la faena no tuvo desperdicio para el gran público. De toreo fundamental, pases sueltos, de buen concepto, pero de uno en uno porque el toro no tenía fuelle para aguantar las series encadenadas. Con todos los poderes en sus manos, Roca puso la faena en el escaparate final con circulares en todos los sentidos y direcciones, parones cerca de los pitones y demás envoltorio. La plaza en pie. Y más aún cuando dejó una excelente estocada, que resultó fulminante. Tantas orejas de regalo que se dan, resultó extraño que solo le premiaran con una.

Al sexto titular, inválido y devuelto, le suplió otro del mismo hierro. Menos toro, muy estrecho de sienes, y manejable sin más. Más asentado Roca, con menos arrebato, la faena fue de versos sueltos. Poca ligazón, pero salteada de muletazos de mérito. Más de toreo hacia adentro que hacia afuera. Con el toro a menos, Roca se echó encima de él y vino la galería de marras. Cercanías, derroche de aguante ilimitado con el toro rendido a sus pies. Hubo pinchazo antes de otra buena estocada, y la oreja reclamada le sirvió para abrir la puerta grande.

Al salpicado toro que abrió la corrida, un cromo de astado, le hizo Sebastián Castella una faena de esas que se venden al por mayor. Muchos pases. Mecánico siempre, al aire del toro y con la muleta a media altura, sobre todo cuando lo pasó de izquierdas. El de Cuvillo, sin rechistar, seguía la muleta con obediencia franciscana y con una clara virtud: movilidad. Un dulce, vamos, que dejó a Castella campar a sus anchas, aunque con poca alma en todo. Le costó cuadrar y la cosa se enfrió tanto, que la gente no reaccionó cuando entregó toro tan bombón a las mulillas.

El cuarto tuvo las fuerzas muy ajustadas y, cansado de ir de aquí para allá, salió del armario de la mansedumbre y acabó por buscar las tablas. Castella pareció centrarse más en principio, pero luego todo desembocó en otra faena de pases acumulados y de escaso lucimiento. Se le espesaron otra vez las ideas a la hora de cuadrar y la cosa acabó en ni fu ni fa.

Con tanta viveza saltó el segundo de la tarde, que enseguida le bajaron los humos. Fue el picador que hacía puerta -el de tanda ni lo olió-, quien tras un derribo meritorio del toro vengó trance tan apurado con un segundo puyazo sin misericordia. Para los restos acusó el “cuvillo” tan tremendo castigo. El toro, bajo, largo, de preciosa armonía física por los cuatro puntos cardinales, claudicó más veces de las deseadas en la muleta a pesar de su incondicional vocación por embestir. Talavante le anduvo cómodo, sobrado, sin gran compromiso porque no había lugar ni ocasión, sin que la faena cogiera vuelo de verdad. Al final, labor de casi un sinsentido ante enemigo tan amigo.

Otra cosa fue el quinto. Toro largo, de buena presencia, de gran movilidad en todos los tercios, incansable en la muleta y de son excelente. También con las fuerzas justas, pero, en este caso, mal menor. Con él, un Talavante pletórico y comprometido con la causa. Centrado desde los primeros muletazos, en redondo y sin preparación alguna. La personalidad por bandera, junto con el temple. De toda una labor sin fisuras, lo de vuelo más alto fueron dos series con la mano izquierda: monumentales. Versátil labor, a la que no faltaron los fuegos de artificio finales: arrucina, manoletinas, afarolados y circulares.

CUVILLO / CASTELLA, TALAVANTE, ROCA REY

Toros de Núñez del Cuvillo, el sexto lidiado como sobrero en sustitución del titular, de muy correcta presentación, nobles con las fuerzas justas, no plantearon problemas. Discretos en varas.

Sebastián Castella: pinchazo, estocada trasera _aviso_ y descabello (silencio); estocada pasada echando la muleta _aviso_ y tres descabellos (silencio).

Alejandro Talavante: estocada pasada y echando la muleta, y descabello (saludos); pinchazo y estocada (oreja).

Roca Rey: estocada sin puntilla (oreja, gran petición de la segunda y dos vueltas); pinchazo y estocada (oreja)

Plaza de Alicante. Tercera corrida de Hogueras. 22 de junio. Tres cuartos de entrada.

Publicado en El País.

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Nace un Consejo Internacional de la Tauromaquia:

España, Francia y Portugal han constituido el Consejo Internacional de la Tauromaquia (CIT), una herramienta en defensa de la libertad cultural frente al acecho de los animalistas que apela a la involucración de los aficionados y que nace con vocación de crecer hacia América.

Su primer paso ha sido la firma de la Carta de las Libertades y Diversidad de las Culturas a cargo de VictorinoMartín en nombre de la Fundación del Toro de Lidia (España), AndréViard por el Observatoire National des Cultures Taurines (Francia) y Paulo Carvalho por ProToiro (Portugal), que recuerda todo el corpus legal nacional e internacional que defiende la tauromaquia.

Se trata de disposiciones de Naciones Unidas, la Conferencia Mundial sobre los Derechos Humanos, la Unesco, el Parlamento Europeo y los tres países firmantes, entre otras, sobre el derecho a participar libremente en la vida cultural, la protección de los particularismos nacionales y regionales o las protecciones como patrimonio cultural. El Consejo Internacional de la Tauromaquia pretende incorporar en breve a otros países taurinos como México, Colombia y Ecuador, entre otros.

Twitter @Twittaurino

Roca Rey revoluciona Bilbao

Dos orejas para Roca Rey y una gran entrada en el festival del Club Taurino de Bilbao.

De SOL y SOMBRA.

Bilbao, 9 jun (EFE).- Tres cuartos largos de entrada registró hoy la plaza de toros de Bilbao en la LXV edición del festival a beneficio de la Casa de la Misericordia, histórica institución de la capital vizcaína destinada a la ayuda de los más necesitados, y todo al reclamo de las figuras, de entre las que sobresalió Roca Rey.

El peruano cortó las dos orejas del sexto utrero, el mejor de un blando y desrazado envío del Parralejo, al que formó un lío de principio a fin. Hubo variedad con el capote, y mucha emoción en el último tercio, donde Roca Rey hizo las delicias del respetable con una actuación que aunó valor, firmeza y mucha entrega.

También toreo de altura, en lo fundamental, y una gran estocada, que dio paso a la petición unánime del doble trofeo, que el usía concedió sin pensárselo.

Abrió la corrida el jinete Pablo Hermoso de Mendoza y saludó una ovación.

Enrique Ponce anduvo técnico y en labores de enfermero con un segundo de función blando y desrazado, al que extrajo muletazos sueltos de notable plasticidad dentro de un conjunto que no llegó a calentar lo suficiente, sobre todo por la falta de fondo del de El Parralejo.

Algo parecido le ocurrió al Juli, pero la eficacia del acero fue clave para la concesión de una oreja.

Otra trofeo paseó José María Manzanares del tercero bis y Cayetano fue ovacionado tras una certera estocada.

El broche a la tarde lo puso el novillero Toñete, que fue silenciado.

FICHA DEL FESTEJO.- Un novillo para rejones, el primero, de los herederos de Ángel Sánchez y Sánchez, noble; y seis en lidia ordinaria de El Parralejo, el cuarto como sobrero, aceptablemente presentados, noblotes, blandos y bajos de raza. El mejor, el sexto.

El rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza, ovación.

Enrique Ponce, ovación.

Julián López “El Juli”, oreja.

José María Manzanares, oreja.

Cayetano Rivera, ovación.

Andrés Roca Rey, dos orejas.

El novillero Antonio Catalán “Toñete”, silencio.

La plaza registró más de tres cuartos de entrada en los tendidos.