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¡Qué Tristeza, Guadalajara! – Adiós a la Seriedad de la Nuevo Progreso.

Pablo Hermoso de Mendoza. Foto Emilio Mendez.

Se fue el micro serial de corridas 2017-2018 en Guadalajara con un resultado, un año más, que poco abona al cada vez más endeble crédito de Guadalajara como la plaza “más seria de México” categoría perdida cada día más dada la vergonzosa actitud de la Autoridad y demás actores y factores del espectáculo presentado.

Por: Javier Ángeles RodríguezDe SOL Y SOMBRA. Guadalajara.

Termina el diminuto serial taurino en Guadalajara, dando tumbos.

De los encierros, siendo benévolos, justos de presencia –salvo el de Barralva-, toreros más vistos que los spots vendedores de humo de “ya sabes quien”, algunos más resistidos que la clase política nacional, ausencia de FIGURAS DEL TOREO, hierros donde la mansedumbre campea y se lleva por bandera para deleite de unos actuantes cada vez menos comprometidos con el ilusorio y lejano resurgimiento de la fiesta de toros que difícilmente emergerá del pozo donde la han metido.

De la autoridad, ¡ni hablar!, absolutamente ignorante de sus funciones y de un reglamento que una tarde si y otra también es pisoteado inmisericordemente por quienes deberían de representarla, fungiendo más como parte del espectáculo, al estilo de aquel referí, “Tirantes” de la lucha libre, alejados totalmente de la defensa del interés del pagante de una entrada con la cantaleta aquella de que “hay que apoyar a la fiesta” y sosteniendo que el reglamento taurino es una cuestión de “criterio”.

De la tarde de ayer, una vergüenza, verbenera, de rancho, poco que decir.

Una plaza donde se accede a regalar tres “toros”, TRES, donde el encierro de Marrón, justísimo de presencia, disparejo de hechuras, escaso de empuje, carente de casta, salvándose el tercero de lidia ordinaria, dio el juego esperado de este hierro: mansedumbre y docilidad a pasto para conformar un ejemplo claro de lo que tiene, en el renglón ganadero, sumida a la fiesta de toros en un estado comatoso que parece irreversible, con la complacencia de autoridades y actuantes que parecen no entender que ya ni el caballito de marras les salva la papeleta y que más que vender alcohol a manos llenas en los tendidos, la emoción es lo que traería de regreso a tantos y tantos que se han ido hartos de un espectáculo monótono y tedioso…

Y así vimos a un Jerónimo con detalles muy toreros, sin redondear nada, a un Leo Valadéz verde, intrascendente a quien se le fue el único ejemplar, el tercero, que ofreció alguna cuota de emotividad y transmisión entre enganchones e indecisiones, optando al final por irse por la vía del toreo de efecto, insisto, sin trascendencia alguna. Ni con los de regalo, dos anovilladísimos ejemplares de Javier Garfias y del ya citado Marrón, con el mismo juego insulso de “así es el toro mexicano” pudieron levantar su tarde los dos de a pie.

A caballo apareció el otrora taquillero, repetitivo, monocromático Pablo Hermoso de Mendoza, quien lleva cada vez menos gente a los tendidos, ahuyentados muchos por sus trapacerías de siempre, logrando una fabulosa entrada de menos de media plaza.

En la lidia ordinaria pechó con dos mesas pasadas a serrucho vil, sin movilidad ni casta alguna de La Estancia, pasando las de Caín para liquidar a ambos con sus ya consabidos sartenazos en cualquier sitio.

Pitos y pitos saldaron su actuación en la lidia ordinaria, pero vendría el espectáculo dantesco del séptimo cajón…

Séptimo cajón del que salió un impresentable cardenito botinero de la desacreditada divisa de Fernando de la Mora, de apariencia totalmente anovillada, carente de importancia, absolutamente ilidiable si tuviéramos una autoridad medianamente SERIA. De salida barbeando las tablas, buscando la huida por la vía de “Pajarito”, tratando de saltar, sin conseguirlo para dolerse y cocear al sentir el primer rejón de castigo.

El torete se vino arriba en el tercio de banderillas y resultó un dechado de movilidad y nobleza, de calidad y buen son, de todo lo que se quiera, se guste y se mande, de todo menos BRAVURA. Y tras las piruetas, machincuepas y todo el repertorio conocido del caballito y caballista el sector sensiblero y alcoholizado se dio a exigir el indultito.

Así el jinete se aplicaba a seguir toreando a la masa para lograr el premio fácil, para no tener que oficiar con su talón de Aquiles, el rejón de muerte, y llevarse en la espuerta un triunfo que hoy, algunos tan indocumentados como comprometidos, le dan el cariz de” histórico”.

Hasta siete veces el palco dio la indicación de que el “Fernandito” fuese pasado a rejón, sin embargo, al final, la autoridad cayó una vez más en los yerros que tarde a tarde ponen una palada más de tierra a la ya lejana “seriedad” de Guadalajara para conceder el indulto, indulto que no tiene justificación alguna porque, aquí y en cualquier plaza seria, se indulta LA BRAVURA, no la calidad.

Al final el caballista, supuesto matador, dio una vuelta al ruedo ante una marcada división de opiniones y, muchos, abandonando el tendido con el sabor amargo de ver como la seriedad que supo tener el Nuevo Progreso se va al caño en un juego de complicidades e ineptitudes que al final van en detrimento de una afición que paga hace muchos años entradas de precios excesivos para ver un espectáculo que cada vez menos responde a la contraprestación monetaria.

Qué tristeza, Guadalajara.

Twitter: @Javier0051.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Guadalajara, Jalisco. Plaza Monumental Nuevo Progreso. Última corrida del serial de aniversario. Menos de media plaza en tarde calurosa.

9 toros, 5 de Marrón (Divisa Marrón, Naranja y Verde) el séptimo como sobrero de regalo, tan justos como dispares de presencia, mansos, descastados, sosos, sin importancia, recibiendo a penas refilonazos en el caballo, salvándose por tablas el tercero que ofreció alguna posibilidad a su matador; 1 de Javier Garfias (Divisa Azul y Naranja) impresentable y 1 de Fernando de la Mora (Divisa Amarillo y Blanco) para rejones, indigno de cualquier plaza de primera categoría e indebidamente indultado dada su mansedumbre.

El Rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza: Pitos, pitos y vuelta al ruedo con protestas tras indulto, saliendo a hombros al finalizar el festejo. Jerónimo (Sangre de toro y oro): Llamado a saludar al inicio del festejo, siendo silenciado por partida triple. Leo Valadez (Blanco y plata): Silenciada su labor.

Fue llamado a saludar el banderillero Gustavo Campos tras dos buenos pares de banderillas.

Nuevo mítin de la autoridad al primero reseñar tres regalos impresentables como por otorgar el indulto a un “toro” que no ha cumplido con los mínimos de presencia para lidiarse en esta plaza ni la bravura para recibir el perdón. Y por permitir que se invirtiera el órden de lidia de los de a pié en los toros de regalo, lidiando en primer lugar el segundo espada.

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