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San Isidro: Como el toro no recobre su estampa…

Por Luis Carlos Peris.

Poco a poco vamos acercándonos a la recta última de ese maratón táurico que es San Isidro, esa feria kilométrica que hace bueno lo de que si lo malo es largo, dos veces malo.

Todo un mes de toros grandes, enormes, sacados de tipo para un público lleno de prejuicios que parece disfrutar reventando la tarde es insufrible.

Las cámaras se encargan de multiplicar la catástrofe y sus comentaristas te machacan una y otra vez todos los días conque Madrid es Madrid y que ahí está la primera plaza del mundo.

Así una tarde tras otra mientras salen a la arena armatostes con cara de toro que se paran tras el correteo de salida para solaz de ese tendido inquisidor que mira con lupa los pitones y la colocación del torero. Y no es que hagan mal con tamaña rigurosidad, claro que no, pero como el tipo del toro no vuelva a su ser, la corrida va al caos sin necesidad de antitaurinos.

Publicado en El Diario de Sevilla

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Última novillada de la Feria de San Isidro: Once años sin que un novillero salga a hombros

La Feria de San Isidro sigue avanzando. Este sábado se celebra la última novillada con picadores del ciclo con un cartel compuesto por Marcos, Francisco de Manuel y Alejandro Gardel, con novillos de Fuente Ymbro.

Las claves, curiosidades y récords, a continuación con la ayuda de Datoros.com:

Última novillada de la Feria de San Isidro… y última oportunidad para poner fin a una de las peores rachas históricas de la Feria. Ningún novillero ha salido a hombros en Madrid durante este ciclo desde hace 11 años: Pepe Moral (2007) fue el último en conseguirlo.

Orejas cortadas en novilladas en las últimas 4 temporadas: 2 en 2014, 3 en 2015, 2 en 2016, 1 en 2017 y 1 en 2018. Este año tan sólo Toñete ha tocado pelo.

Francisco de Manuel es uno de los novilleros que ya ha puntuado este año en Madrid. Lo hizo el 5 de mayo cortando una oreja a un novillo de López Gibaja.

Francisco de Manuel tiene una oportunidad histórica para convertirse en el único torero del escalafón en haber salido a hombros de Madrid sin picadores y con los del castoreño. Lo primero lo consiguió en la final del Camino hacia Las Ventas de 2014.

Dos novilleros hacen este sábado su debut en Madrid: Marcos y Alejandro Gardel. Gardel sí toreó como sin picadores en 2014.

Tercer encierro que Fuente Ymbro lidia este año en Madrid tras la novillada del mes de abril y la corrida de la Feria de San Isidro.

Nunca un novillero ni un matador de toros han salido a hombros con esta ganadería en Las Ventas.

Ninguno de los 3 novilleros han salido a hombros en una plaza de 1ª Categoría. Marcos es el que más orejas (2) ha cortado con los del castoreño.

Este sábado se cumplen 51 años de una corrida histórica en Madrid.

Ocurrió en 1967 cuando se vio a los tres toreros salir a hombros: Paco Camino, Diego Puerta y Curro Romero.

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Feria de San Isidro: Talavante y López Simón, doble y distinta puerta grande / La plaza de Madrid ha perdido el norte

Un presidente de manga ancha exageró en las dos orejas del segundo toro.

Por Carlos Ilián.

Después del diluvio, doble puerta grande. Alejandro Talavante y Alberto López Simón lo consiguieron con distintos argumentos. Y es que a veces hay que tener arrestos y recursos para plantarse sobre el fango y jugarse el tipo como López Simón que le ha dado la vuelta a su errática carrera con un triunfo en Madrid de los que se cotizan.

El torero se encontró con un sobrero de Mayalde noble y templado aunque se quedaba cortito. Lo embarcó una y otra vez hasta que en un cambio de mano fue volteado y arrollado. Se repuso y consiguió los mejores momentos, especialmente sobre la mano derecha. Después de un pinchazo se la jugó en una estocada de la que salió otra vez empitonado. Con tantos elementos emotivos la oreja cayó por si sola.

Le faltaba otra para la puerta grande y tuvo la suerte de encontrarse con un cuvillo jabonero de mucho tranco y exigencia. Sobre un ruedo imposible se templó por ambos pitones y dejó un estoconazo mortal. Ya tenía la puerta grande.

La misma que Talavante había asegurado en su primer toro. Fue un muestrario de chispazos de la mejor tauromaquia talavantista. Especialmente en el desmayo sobre la derecha y la factura de los naturales, con algún cambio de mano, un lance que se ha convertido ahora en moda y en moda infalible. Con el público entregado aseguró con una estocada en todo lo alto. El palco se entregó como un espectador más y concedió dos orejas exageradas. Una era impecable. La segunda una propina.

En el quinto cumplió el trámite. Ya tenía la salida en hombros y el ruedo no estaba para arriesgar. Con ese buen cuvillo y en terreno seco Talavante se habría desmelenado.

Juan Bautista quiso pero no pudo aprovechar el diluvio en el cuarto toro. No pasó de un trasteo anodino con el primero, con más kilos que bravura y en ese otro se esmeró en un muleteo tan aseado como insulso.

Plaza de Madrid. Decimoctava corrida. Asistencia: 22.236 espectadores, casi lleno. Toros de NÚÑEZ DEL CUVILLO y un sobrero de MAYALDE (6), de gran movilidad y desigual juego, con notable para 2ºy 6º.

JUAN BAUTISTA (5), de azul marino y oro. Estocada corta (silencio). Pinchazo y estocada (saludos).

ALEJANDRO TALAVANTE (7), de carmelita y oro. Estocada (dos orejas). Dos pinchazos y estocada (ovación).

LÓPEZ SIMÓN (7), de azul y oro. Pinchazo y estocada (una oreja). Estocada (una oreja).

Publicado en Marca

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Talavante y López Simón, por la puerta grande: El primero triunfó con una perita en dulce y el segundo protagonizó una tarde épica.

Por Antonio Lorca.

Se acabaron las penas. La feria de San Isidro ya tiene la foto del triunfo: dos toreros por la puerta grande. ¡Viva la tauromaquia!

Y se confirma el peor pronóstico: la plaza de Madrid ha perdido el norte; inutilizada la exigencia, desaparecido el toro bravo y encastado y menospreciado el torero heroico, se imponen el público farandulero, el torete artista y el diestro de inspirada concepción.

Pero ahí queda para la historia la gesta de un Talavante embrujado y un López Simón vapuleado, en una tarde tormentosa y lluviosa, que no hizo más que aumentar la generosidad extrema de unos tendidos bondadosos.

Pero las cosas como son: Alejandro Talavante —que estuvo ausente con el capote toda la tarde— es dueño de unas muñecas prodigiosas, posee un altísimo sentido del temple, una muy notable inspiración artística y derrocha embrujo, creatividad, personalidad.

Su comienzo por bajo, al segundo de la tarde, la rodilla flexionada, arrastrando la muleta en cada encuentro, largo y templadísimo cada uno de ellos, y el toro embebido en el engaño, fue todo un monumento a la torería.

A continuación, un par de redondos y, por sorpresa, un cambio de manos sin solución de continuidad del que apareció un natural milagroso, a paso de palio, eterno, circular, sobrenatural… Y hubo dos tandas más con la zurda, una de ellas a pies juntos, de alta tensión. Mató de una estocada y el paseó las dos orejas.

El problema es que hubo un pequeño detalle que no debe pasar inadvertido: el toro era un animal justito de trapío, manso en el caballo y que desplegó en la muleta una bondad infinita, como un corderito, de docilidad perruna. No hubo sensación de riesgo en momento alguno y aún no se sabe por qué este público tan dadivoso no pidió el indulto.

En dos palabras, para que haya toreo debe haber un toro. Y la conjunción de un animal que imprima respeto y torero poderoso y artista es el germen de la emoción profunda que este viernes no ha existido. El quinto, otra pera almibarada, pero el toreo del extremeño fue de baja tensión.

López Simón llegó a su segundo compromiso en esta feria en horas bajas, y ha tenido las agallas de cambiar el curso de su carrera. A cambio se llevó dos volteretas impresionantes, pero ha recuperado la confianza.

Inseguro, precipitado y con las ideas poco claras se le vio al inicio de faena al noble sobrero del Conde de Mayalde. Un pase cambiado la plaza de Madrid ha perdido el norte; mitad de su labor fue la antesala de la mejor tanda de redondos de toda su actuación; y, a continuación, con la muleta en la izquierda, una voltereta inesperada y una tremenda paliza de la que salió conmocionado. Con el público a favor, pasional y un poco alocado el torero, aún trazó estimables redondos antes de volcarse materialmente en el morrillo del toro y conseguir una gran estocada de la que salió otra vez por los aires.

Otro torete bueno fue el sexto y López Simón vio entreabierta la puerta grande. Animoso y templado fue el inicio por bajo y aprovechó las excelentes condiciones del animal para protagonizar una irregular y deslavazada labor, quizá, con más cantidad que calidad, pero emotiva y entregada. Mató bien y paseó el pasaporte del éxito. Si al torero le sirve para encaminar el futuro, bienvenido sea, pero tampoco fue lo suyo de puerta grande.

Y Bautista interesa poco, esa es la verdad. Le sobra el oficio, pero su toreo es mudo. Cayeron las primeras gotas durante el último tercio del primer toro y la gente no le hizo ni caso. Una tromba de agua le acompañó en el cuarto, intentó captar la atención de los espectadores, pero el agua era abundante y la torería insípida.

Del Cuvillo / Bautista, Talavante, Simón.

Toros de Núñez del Cuvillo —el tercero, devuelto—, muy justos de presentación, desiguales en los caballos; el segundo, nobilísimo y dulzón; quinto y sexto, bondadosos. Sobrero del Conde de Mayalde, bien presentado, manso y noble.

Juan Bautista: casi entera (silencio); pinchazo y estocada caída (ovación).

Alejandro Talavante: estocada (dos orejas); media, pinchazo y estocada (ovación).

López Simón: gran estocada (oreja); estocada (oreja).

Plaza de Las Ventas. Décimo octavo festejo de la Feria de San Isidro. 25 de mayo. Lleno. (22.636 espectadores, según la empresa).

Publicado en El País

San Isidro: Talavante por Paco Ureña

De SOL y SOMBRA.

Alejandro Talavante sustituirá mañana a Paco Ureña en la decimoctava corrida de la Feria de San Isidro, ha informado hoy la empresa Plaza 1 en una nota.

Talavante, que hará su tercer paseíllo en el serial y donará los honorarios a una entidad benéfica de Extremadura, compartirá cartel con el francés Juan Bautista y Alberto López Simón, con toros de la ganadería de Núñez del Cuvillo.

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San Isidro: Una tarde triste

Por Fernando Fernández Román.

Hay tardes de toros que se meten en la deriva del aburrimiento y no hay quien las pare. Puede ser cosa del cielo, porque los cielos también deben influir en todo aquél elemento viviente que se integra en la corrida. Cuando el cielo es luminoso, parece que irradia alegría, y si la cosa después se tuerce será por otra circunstancia al margen de lo etéreo, o sea, del cielo. Por el contrario, si el cielo es brumoso, anubarrado de gris marengo, transmite tristeza y se aburre hasta el apuntador. Ayer, en Las Ventas, el cielo de Madrid envolvía los caballetes esmaltados del tejadillo y nos amenazaba con su manto tormentoso, además de oscurecer la poca luz solar que se filtraba por allá arriba. Con una situación ambiental tan poco aparente, el aburrimiento campa a sus anchas. Los toros remolonean las embestidas, a los toreros se les nublan las ideas y gran parte del público echa la tarde enredando con el móvil, mientras la otra pequeña porción que no deja de avizorar las máculas que, supuestamente, se producen en el ruedo reina en la tarde triste de forma ostensible y placentera.

Ayer había encerrados en los chiqueros de la Monumental madrileña cinco toros de la ganadería titular, El Ventorrillo, y uno de Valdefresno, que se incorporó a última hora para completar el lote. Dos cuatreños (los dos primeros) y cuatro cinqueños, todos ellos de carnes abundantes y apretadas, bien surtidos de defensas y con pedigrí de acreditado abolengo. Pues bien, salió el ventorrillo que rompía Plaza y se cabreó de buenas a primeras, sin venir a cuento. Era un toro guapo, de perfiles armónicos y seriedad manifiesta, pero le negó las embestidas al torero de turno, se quiso quitar lo que le perturbaba en el ruedo, primero la vara de picar y después la bota de hierro del piquero. Se veía a las claras que su grado de malhumor iba in crescendo a medida que avanzaba la lidia, cortando el viaje a los banderilleros y pegando cabezazos a la muleta que generosamente un infante de tórtola y oro, llamado Curro Díaz, con una bronquedad y con tal mala leche, que imposibilitó el toreo estilista y sentimental que practica el Curro de Linares. Se tragaba el toro un muletazo y al siguiente le quería quitar la cartera que llevaba el diestro por entre el chaleco. Ver a un artista tan pulcro y tan elegante haciendo un encomiable esfuerzo por agradar a la gente es un contrasentido. Este tipo de toreros no pueden estar voluntariosos, con un toro. Y Curro, lo estuvo. Primera consecuencia del cuadro anubarrado que se había estancado en las alturas: un cielo así, contagia su anubarramiento hasta a Curro Díaz, y le hace estar voluntarioso. ¡Qué pena! Menos mal que le metió la espada al primer intento. Esperábamos con interés –y esperanza– el juego del cuarto, máxime cuando el ventorrillo, cinqueño y ceñudo, metió los riñones en un largo puyazo… pero, nada. Aguantó el toro otro de puro compromiso y se puso a embestir sin continuidad, amodorrado y cansino. De pronto, se abrió una clarita entre las nubes y Curro sacó una tandita con la mano derecha, en la que empleó por dos veces esa laxitud, ese grado de abandonamiento tan peculiar en este torero. Fue solo eso, un pequeño fucilazo; después se volvieron a cerrar en banda las nubes y Currito cerró también su paso por la feria con un espadazo efectivo. Se lleva para casa dos silencios. Duro balance.

También Morenito de Aranda se esforzó por animar la tarde en medio de la brumosidad y toreó primorosamente a le verónica al segundo toro. Midieron el castigo al toro en varas, pero se lucieron de lo lindo Andrés Revuelta y Pascual Mellinas colocando las banderillas con galanura, por lo que saludaron una ovación. ¿Se iría la tarde para arriba? Pues, no; arriba, lo que se dice en las alturas el firmamento, no estaban por la labor. El toro perdió el poco fuelle que tenía (¡anda que si le llegan a dar estopa en el caballo de picar!) y Morenito se quedó a verlas venir. Otro torero que tiene un excelente concepto del toreo y se ha estrellado con la tristeza mística de un lote inservible. Porque tampoco el quinto valió un pimiento. Era el remiendo de Valdefresno, también con cinco añitos, tenía dos espabiladeras sobre la testa y la verdad es que el toro, viejo y rabilargo, se fue de largo al caballo de Quinta. David Mora se ajustó por chicuelinas en su quite y que el Moreno le replicó con dos verónicas y una media que le salieron bordadas. Ahora, bien: ¿Cómo le afecta al anubarramiento a un toro de encaste atanasio? Pues, ya ven: mansurronendo con cansino viaje, bonancible, un puntito rebrincado y, en resumidas cuentas, sin nada emocionante que transmitir. Morenito de Aranda, le puso alegría a la elaboración de sus pases de muleta, y el toro le devolvió tristeza en la embestida. Larguísima faena que demoró aún más con la espada y le enviaron un aviso.

David Mora, pienso yo, tenía un objetivo prioritario: cortar una oreja como fuera. Al menos una. Después si se aumenta el botín, mucho mejor. El tercer ventorrillo podríamos decir que se dejó. Mora salió decidido a torearlo de capa, aunque el saludo a la verónica no colmó las expectativas de casi nadie. Cumplió, sin más, el toro en la suerte de varas y Carretero –¡qué contrariedad!—sufrió un tirón en el gemelo al intentar colocar un par de banderillas. La faena de David a este toro fue lo más apañadito e la tarde, porque a base de esforzarse y de no dudar ante algunas miradas y probaturas del bruto astado, consiguió un par de tandas de muletazos en redondo por el pitón derecho que fueron jaleadas, bien que discretamente. Al natural, el acoplamiento entrambos no llegó a alcanzarse y el torero le dio por aliviar las embestidas con un final de faena por alto, ceñido y arrogante. El estoconazo final propició la aparición de algunos pañuelos, insuficientes, sin duda para la concesión del trofeo y Mora dio la vuelta al ruedo. El oscuro objeto del deseo –la dichosa oreja del toro- volvió a aparecer en el sexto. Era un toro de generosa cuerna, pero un punto culo-pollo, esto es, de grupa no rematada de carnes como demanda el rigorismo de esta Plaza. Y eso que el animal lucía un rabo desproporcionado –¿le habrían puesto algunas extensiones a la cola?– motivo por el cual, supongo, fue ruidosamente protestado. La buena brega de Ángel Otero –los capotazos largos y templados muy por abajo y muy embebido el toro en la tela—fueron un espléndido lenitivo para desbrozar las rebabas de una embestida, en principio, incierta, y los dos magníficos pares de banderillas de Oscar Castellanos –que cubrió la baja forzosa de Carretero en la cuadrilla de Mora—calentaron tibiamente el ambiente. En esas condiciones, David se puso manos a la obra para encontrar el fruto deseado: la dichosa oreja que tan bien le vendría a su remate de feria. Pero, no. El toro del Ventorrillo tomaba la muleta sin poner de su parte ninguna vibración, y el diestro toreó de muleta con el mejor ánimo del mundo, pero aquello no llegaba a con fuerza al graderío. Se reconocía el buen oficio y el excelente corte de torero que atesora David, pero el toro ya se había contagiado de la abulia de la tarde y, como en el estrambote del soneto de Miguel de Cervantes, requirió la espada/miró al soslayo/fuese y no hubo nada.

Bueno, algo, hubo: dos pinchazos, una estocada y un descabello. Esto último me pilla también de soslayo y enfilando la puerta de salida. La salida de una triste tarde de toros.

Publicado en Obispo y Oro

45 años sin salir a hombros con toros de Juan Pedro en Madrid

De SOL y SOMBRA.

Un regreso, una nueva oportunidad y un debut. Así se puede definir la corrida del jueves 17 de mayo en Madrid, donde Finito, Román y Adame intentarán un triunfo con toros de Juan Pedro Domecq que se viene resistiendo desde hace 45 años. Estos son los datos, claves y curiosidades del festejo:

En todo el Siglo XXI, Finito de Córdoba nunca ha cortado una oreja en Las Ventas. A lo largo de su carrera, en la Feria de San Isidro sólo ha cortado un trofeo. Fue en la feria de 1993 a un animal de Mari Carmen Camacho. Finito es el segundo torero más veterano de la presente feria, sólo por detrás de Enrique Ponce. Su última actuación en Las Ventas fue en la feria de 2015. No abre una Puerta Grande en una plaza de 1ª Categoría desde mayo de 2009.

Segunda corrida de Román en la presente feria y segunda oportunidad de salir a hombros de Madrid por segundo año consecutivo. Sólo otros tres toreros del escalafón lo han conseguido: El Cid (2005 y 2006), Talavante (2011, 2012 y 2013) y López Simón (2015 y 2016).

Sólo hay un precedente de enfrentamientos entre Román y Luis David Adame. Fue en la pasada feria de Zaragoza. El mexicano se impuso cortando una oreja a una importante corrida de Margé mientras Román dio una vuelta al ruedo.

Luis David Adame debutará como matador de toros en la Feria de San Isidro. En 2016 impactó como novillero cortando una oreja y cayendo herido de gravedad. Confirmó la alternativa en la pasada feria de Otoño, marchándose de vacío.

Joselito Adame cortó su primera oreja como matador en Madrid en su tercer compromiso. Luis David Adame podría superar a su hermano al hacerlo en su segundo paseíllo.

Nunca un mexicano ha cortado una oreja a un toro de Juan Pedro Domecq en la feria de San Isidro. El último azteca que se enfrentó a estos toros fue Juan Pablo Sánchez en 2012.

Juan Pedro Domecq lidió en 2015 la mejor corrida de la feria de San Isidro. Nadie sale a hombros con estos toros en la feria de San Isidro desde Paco Camino en 1973.

Es la primera vez que Finito de Córdoba torea con Román y Luis David Adame. Entre Finito y Adame hay 26 años y 1 día de diferencia. De hecho, cuando el mexicano nació el diestro cordobés ya llevaba más de 6 años de alternativa. Es el segundo cartel con más diferencia de edad entre un torero y otro.

El 17 de mayo era el día de El Viti.

Hasta 3 toros desorejó Santiago Martín en esta fecha: 1965 y 1969 (Galache de Hernandinos) y 1971 (Atanasio Fernández). Ningún otro torero ha triunfado tanto en este día como “Su Majestad”.

Fuente: Datatoros

“Salvar el toreo. Esa es mi meta”: Luis David Adame

Un mexicano que frente a la elección de ser figura del toreo en su país o en España, elige España, “la madre tierra del toreo, donde se marcan más los tiempos y donde más ilusión me hace serlo”, comenta Luis David Adame.

Por Natalia Rivas.

«Salvar el toreo. Esa es la meta. Ser figura del toreo viene después» Así habla Luis David Adame, uno de esos toreros que esperan coger el relevo generacional y dar el golpe definitivo sobre la mesa.

Acompañado por Finito de Córdoba y Román, Luis David hará mañana su primer paseíllo como matador de toros en San Isidro, con un encierro de Juan Pedro Domecq y Parladé. Una fecha que, en palabras del mexicano, «marca mucho».

«Las empresas apuestan por los toreros que dan la cara y, al fin y al cabo, tienen suerte», asegura Luis David.

Y en este sentido Madrid es una plaza muy importante.

La competencia está presente día a día en la carrera por ese relevo. Por ello, es vital «mantener el paso», cuenta Luis David. «Estamos en un momento en el que los toreros tienen mucho nivel y es difícil mantener todos los días el mismo», continúa.

Luis David deja al aficionado la tarea de definir su toreo, pero se decanta por la pureza. Un mexicano que frente a la elección de ser figura del toreo en su país o en España, elige España, «la madre tierra del toreo, donde se marcan más los tiempos y donde más ilusión me hace», confiesa. Pero el diestro mexicano no sólo se enfrenta al toro. Hermano de una figura del toreo en México y máximo representante del toreo mexicano en España como es Joselito Adame, Luis David lidia la siguiente pregunta, entre risas, con un proverbio: «Las comparaciones son odiosas». Y es que, a pesar de dibujar tauromaquias completamente distintas, el hecho de tener un hermano dentro del escalafón te hace «responsabilizarte un poco más».

En activo a un lado y otro del charco, Luis David no es un torero de temporada, puesto que durante todo el año se viste de luces. Algo que él mismo clasifica como una ventaja. «Si no fuera por eso, en España me hubiera quedado parado tras tomar la alternativa. En este caso toreé en América alrededor de 15 corridas y llegué con un balance técnicamente mayor, empecé la temporada un poquito más tarde pero con más oficio», asegura.

Su próxima cita con San Isidro será el 31 de mayo en la Corrida de las Naciones. Una cita que «hace que cada país se sienta identificado con San Isidro».

Publicado en La Razón

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Feria de San Isidro: Las figuras se reparten tres orejas

Por FERNANDO FERNÁNDEZ ROMÁN.

Para torear así, tal cual se muestra en el documento gráfico, el torero tiene que tener la gallardía y el chispazo de inspiración propio de una gran figura del toreo, y el toro tiene que embestir de esa manera. Si ambas cosas no se circunstancian, la belleza del arte del toreo no se produce.

Reflejada la premisa, lo emblemático de la fecha en que se produce el hecho obliga a rendir emocionado culto al Torero por antonomasia, al que fuera indiscutible Sumo Sacerdote de la Tauromaquia de su tiempo, al ídolo inmolado en la plaza de toros de un pueblo toledano, va para un siglo. Noventa y ocho años, exactamente. Noventa y ocho tardes de toros en que los toreros de última generación que se visten de luces cada 16 de mayo, se descubren e inclinan la cabeza para musitar una oración en su recuerdo. Noventa y ocho veces ya que una multitud se pone en pie y guarda un respetuoso minuto de silencio en su memoria. Y es que ayer, hizo noventa y ocho años –se dice pronto—que a Joselito el Gallo le mató un toro en Talavera. Y nos seguimos acordando de él. ¡Cómo sería de grande su arte y de fecunda su obra!

Ayer se colocó el cartel de No Hay Billetes en la fachada de la Plaza de Las Ventas, porque actuaban tres toreros considerados figuras en esta época, dos consolidados, Manzanares y Talavante y uno, Ferrera, que viene trepando por los vagones del tren del toreo y va camino de alcanzar la locomotora. Decir tres figuras del toreo y público de Madrid, equivale a escenificar un escenario de permanente beligerancia. ¿Por qué razón? Razón, ninguna. En cuestiones taurinas, esto es Madrid. La villa y corte. El centro geográfico del país y, por supuesto, el santo y seña de la Tauromaquia; dicho lo cual, conviene recordar que Joselito el Gallo no actuó hace noventa y ocho años en Madrid porque la hostilidad de su público de toros se hacía ya insoportable. Hay que irse, Juan –le dijo a Belmonte–, vayámonos por un tiempo de la Plaza de Madrid y dejemos que vengan otros toreros…; pero se fue solo él, a encontrar su muerte talaverana junto al río Tajo, pegado a la ermita de la Virgen del Prado. Y ahora Madrid, año tras año, como si de una contrición perpetua se tratara, se quita el sombrero, se pone en pie y le dedica un minuto de silencio que a mi me parece más que de rendición admirativa, de remordimiento.

Con estos antecedentes, suponíamos que la corrida de máxima expectación acabaría como el rosario de la aurora. Figuras y Madrid, igual a petardo. Así sucede casi siempre. Pero, venturosamente, no sucedió tal cosa.

Sucedió que vimos al resurgido Antonio Ferrera, ahora colocado en modo homo levitating, vestido de raso y oro, torear a un toro de Cuvillo como si fuera una becerra de tentadero, incluso sin pensar en el premio a ganar, es decir, sin ánimo de lucro. Torear sin ánimo de lucro, aunque sea una metáfora, supone que el toro tampoco ha de poner apenas dificultades, como así era. No quiere esto decir que el peligro –de muerte, también, por supuesto- no acechara al torero. Quiere decir que el toro debe poner emoción a su embestida. Si esa emoción no aparece, el arte puede llegar a convertirse en artificio. Ni ese primer toro de la corrida ni el cuarto de la tarde, segundo del lote de Ferrera, generaron la emoción que lleva implícita la casta brava, por tanto, la emoción hubo de buscarla el torero por la vía de la estética, aunque también debiera estar lejos del amaneramiento. Antonio toreó a sus dos toros despacio, despacio, despacio porque los toros acometían andando, pesadamente. Toreó a placer. Para su placer, principalmente. Dos faenas de parecido corte, con algunos chispazos de cierta genialidad, en las que intercaló muletazos de bella composición. Al primer toro lo mató de una excelente estocada y al segundo de su lote, después de una faena de espejo larguísima, con algunos muletazos que podían servir de modelo para un cartel de Ruano Llopis, de un metisaca en los bajos. Oreja y aviso fue el balance de Ferrera, pero si llega a colocar a este cuarto toro un volapié tan magnífico y tan eficaz como el que recetó al primero, en esta corrida Antonio abre la Puerta Grande de Las Ventas.

Otro tanto le ocurrió a José María Manzanares, que se enfrentó al toro de mejores hechuras del lote enviado por Núñez del Cuvillo, jugado en segundo lugar y de 555 kilos de peso. Eso es entrar en razón. Fue éste un toro algo corretón de salida, al que picó superiormente Chocolate-hijo, pero un toro al que había que someter, porque su encastada embestida generaba calamocheos y rebrincamientos difíciles de aplacar. José María cuajó muletazos excelentes, de largo recorrido y templanza evidente, a pesar de que un sector del público le recriminaba constantemente, con ese ponte aquí y quédate allá, que es el tópico preferido o el catecismo de moda en estos tiempos. Lo cierto es que la labor de Manzanares en este toro fue francamente meritoria, pero caprichosamente devaluada por una corriente empecinada en el distorsionado del sentido común. El quinto fue un jabonero sucio de bella estampa, al que el diestro alicantino toreó de capa con ampuloso juego de brazos y bamboleo suave de la tela. Se arrancó el toro de largo al caballo de picar y Manzanares le volvió a ofrecer la capa para torear por delantales, suaves, sedosos, lentísimos; tan lentos que en uno de ellos por poco se lo lleva el toro por delante. Después, el de Cuvillo presentó problemas por el pitón izquierdo, pero tomó bien –sin perder temperamento— la muleta por el derecho, donde José María encontró los momentos más inspirados. Dos series por ese lado fueron sencillamente magníficas… a pesar de los pesare de por allá arriba del graderío. Otra vez montó la espada y ejecutó el volapié con perfecta sincronía de movimientos, metiendo el acero por el hoyo de las agujas. Solo por la estocada, la oreja que paseó el torero fue un premio de máxima justicia.

Al tercer espada del cartel AlejandroTalavante, le echamos de comer aparte, que diría un castizo. Su primer toro, tercero de la corrida fue un toro enrazado, corniveleto y respondón, al que Talavante toreó por bajo con unos muletazos de inspirado concepto –me atrevería a decir que se le ocurrieron sobre la marcha–, flexionando la pierna de salida de la suerte y obligando a humillar hasta lo inverosímil al toro de Núñez del Cuvillo. Incluso se permitió el lujo de mirar al tendido.

Comienzo tan explosivo auguraba una faena de altas dimensiones, pero el temperamento del toro no permitió excesivas florituras al torero. No obstante, el Tala cuajó muletazos magníficos, sobre todo en dos series con la mano derecha y una –excelsa—de naturales. Mató de estocada casi entera y la oreja cayó, sin discrepancia alguna que tuviera base concreta y sensata. Mejoró su actuación en el sexto, sin duda el toro de la corrida. Un cuvillo castaño que derribó con estrépito al caballo y al picador, Manuel Cid; acudió de nuevo con fijeza al área de castigo y apretó de firme bajo el peto. Arreó en banderillas, pero Juan José Trujillo le ganó la cara en dos pares meritorios, que le obligaron a saludar. La faena de Talavante a este toro olía a Puerta Grande. Más aún: a triunfo grande, de dos orejas. Y a fe que a punto estuvo de conseguirlo, porque toreó de muleta con arrebatada personalidad y desbordante torería. Las series en redondo con la derecha, perfectas; las de naturales, inmaculadas. Faena de gran intensidad que no firmó su espada como merecía. Dos pinchazos y estocada. La ovación, supo a poco.

Tres orejas, tres se repartieron las figuras ayer en Las Ventas del Espíritu Santo. Los tres, tienen nuevas comparecencias contratadas. Los tres deben agradecer a Núñezdel Cuvillo la corrida que envió a Madrid: toros de razonable peso, algunos bien corpulentos, pero todos ellos armados con dos puñales puntiagudos. Corrida, pues, seria y buena en líneas generales, con los matices descritos.

Corrida en la que un año más, salió revalorizado José Gómez Ortega, Gallito, o Joselito el Gallo, como ustedes quieran. En cualquier caso, el Rey de los Toreros, antes, ahora y siempre. Un Rey que ha dejado en prenda su corona: la montera que tuve el honor, el placer y la fortuna de tener entre mis manos durante varios minutos, hace tan solo tres días. Todavía me tiemblan de emoción.

Publicado en República

Foto: NTR Toros.