Archivo de la categoría: Sevilla 2018

‘Limosnero’ de Miura cierra la Feria de Abril de Sevilla

Número 52. Limosnero. Negro bragado. 582 kilos.

De SOL y SOMBRA.

‘Limosnero’ de Miura cerrará la Feria de Abril esta tarde que se lidiará un encierro de la mítica ganaderia en el decimocuarto y último festejo de la Feria de Abril de Sevilla.

En el cartel se anuncian en mano a mano Manuel Escribano y Pepe Moral.

El primer reserva es del hierro anunciado y el segundo reserva será de Fuente Ymbro.

El festejo comienza a las 18.30 (11:30 am México) horas y el orden de lidia establecido es el siguiente:

ORDEN DE LIDIA

1. Número 36. Redondito. Castaño bragado. 606 kilos. 01/2014
2. Número 78. Londrito. Cárdeno oscuro. 536 kilos. 01/2014
3. Número 66. Bigote. Negro entrepelado. 579 kilos. 12/2013
4. Número 61. Limonero. Negro. 562 kilos. 12/2013
5. Número 30. Trianero. Cárdeno oscuro. 592 kilos. 02/2013
6. Número 52. Limosnero. Negro bragado. 582 kilos. 01/2014

SOBREROS

1. Número 84. Limeño. Negro bragado meano. 615 kilos. 01/2014 Miura
2. Número 182. Pardillo. Negro bragado meano. 556 kilos. 12/2013 Fuente Ymbro.

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Feria de Abril: lo malo, si breve…


El presidente niega una oreja a El Juli en una deslucida corrida de Jandilla.

Por Andrés Amorós.

Si el cartel, en sí, era muy bueno, después del indulto de «Orgullito», se convierte en óptimo. El ambiente es extraordinario: una gran fiesta social. Luego, como tantas veces, llega la decepción. El toro lo decide todo. Recuerdo un viejo refrán: «Tres cosas hay que nadie sabe cómo van a ser: el melón, el toro y la mujer».

Más chocante resulta porque Jandilla lleva dos temporadas muy buenas pero, esta tarde, las reses han fallado estrepitosamente: flojos, descastados, huídos, sin emoción, rajados… Ese es el enigma básico de este arte, siempre imprevisible. Y los ánimos del público, exaltados al comienzo, se han ido desinflando, como un gigantesco «soufflé»…

Al comienzo, se ha hecho saludar a El Juli, en recuerdo de la gran faena al toro indultado. (Me dice una elegante vecina: «En Las Ventas, lo van a esperar»). Se emociona el público con una pancarta: «Cataluña, taurina». Todos aplauden. Y uno apostilla: «Y el Barsa, Subcampeón de la Copa del Rey…». La guasa de esta tierra.

Raíces clásicas

Antonio Ferrera ha conseguido que muchos esperemos con ilusión su nuevo estilo, de raíces tan clásicas. El gran público, en cambio, sigue pitándole, cuando no coge las banderillas. La gente no lee y tardará tiempo en enterarse de que ésa es su decisión para esta temporada. El primer toro flaquea, se queda corto. (Tendré que repetir esto con casi todos sus hermanos). Además, no repite y pega derrotes . Antonio, en seguida, lo lleva al centro – a pesar del viento – y muletea, muy asentado y sereno. De pronto, el toro decide echarse en el dorado albero. ¡Vaya decepción! Le piden que corte y lo hace. Después de un pinchazo, logra una buena estocada. Recibe al cuarto con buenos lances, en su estilo propio, bajando la cabeza, acompañando la embestida. Se luce poniéndolo en suerte. El toro tardea, echa el freno ante el caballo, sale de la suerte cayéndose. Ferrera muletea con oficio y buenas maneras pero las caídas deslucen el trasteo. Con valor y mérito, todavía le roba pases en tablas, que son insuficientemente valorados. (La efervescencia emocional del comienzo ya se ha diluido). Mata bien, entrando despacio.

Resume certero Fran: «En esta Feria, de seis toros, sólo le ha embestido uno». Veremos si en Las Ventas tiene más suerte.

Idilio con Sevilla

El Juli vive su momento de idilio con el público sevillano, que lo apoya y empuja. El segundo toro es noble pero flojo. Lo recibe con buenos lances, cargando la suerte y a pies juntos. Roca Rey aprovecha la bondad de la res para su quite barroco. Julián replica con chicuelinas de mano baja (como Manzanares padre) y compás abierto (como José Tomás). La gente ruge: ¡dos gallos de pelea! Es lo que han venido a ver. Brinda Julián al público; anda fácil con el toro pero molesto por las ráfagas de viento. Torea con mando, algo encorvado. Los naturales desmayados hacen sonar la música: escuchar a esta Banda «Suspiros de España» es una maravilla. Al final, desata el entusiasmo con un circular. Mata mal, con el habitual salto; además, caído y perpendicular. La petición de oreja es mayoritaria pero el Presidente no la concede. Sentencia un vecino: «Ha sido sólo medio toro; por eso, la faena ha ido a menos». Y no está bien que, en esta Plaza, como ahora en casi todas, se valore sólo lo rápido que caiga el toro, no el lugar de la estocada. Da la vuelta al ruedo. El quinto sale con genio, embiste de largo al caballo, pica bien Barroso. Después de los doblones iniciales, el toro se queda corto, se para y se cae. Una vez más, vivimos la desesperante situación de un diestro que ha de gritar cinco o seis veces «¡Je!» para que el toro embista un poquito. Le piden que abrevie y lo hace. Mata mal, con derrame.

Un manso manejable

Todos esperan que Roca Rey se enfrente con todas sus armas al diestro triunfador: lo intenta pero no logra rematar el triunfo. El tercero se llama «Jumbrío» (supongo que es «Umbrío», con la hache aspirada, como «cante hondo» da lugar a «jondo») pero se queda en muy oscuro. Apenas lo pican; se mueve, en banderillas, pero renquea de atrás; quiere embestir pero… Comienza Andrés con cinco muletazos de rodillas: uno de ellos, por la espalda. («El pase del runrún», lo bautiza un vecino). Liga muletazos mandones, de mano baja, pero la flojedad del toro frena el estallido. Aunque la res saca genio, le arranca muletazos. Mata con decisión pero mal. El último es un manso manejable que huye continuamente hacia chiqueros. El quite por gaoneras c y una larga sube un poco la emoción, muy caída. Saluda en banderillas Juan José Domínguez. En los terrenos que va buscando el toro huído, intenta sujetarlo, manda y aguanta; todavía consigue naturales de mucho mérito, en tablas, pero pierde la oreja, al pinchar. Una vez más, ha demostrado que, además del evidente valor, posee una notable capacidad y una claridad de cabeza poco frecuente. Con esas calidades, va a llegar muy lejos.

Única noticia buena, la corrida ha durado poco más de dos horas, algo increíble, hoy en día. Lo malo, si es breve, sigue siendo malo, pero se soporta mejor.

FICHA

REAL MAESTRANZA DE SEVILLA. Jueves, 19 de abril de 2018. Décima corrida. Lleno de «No hay billetes». Toros de Jandilla y Vegahermosa (4º), de muy pobre juego, todos flojos y deslucidos.

ANTONIO FERRERA, de azul marino y oro. Pinchazo y estocada (silencio). En el cuarto, buena estocada (silencio).

EL JULI, de tabaco y oro. Estocada caída perpendicular (petición y vuelta al ruedo con bronca al presidente). En el quinto, media caída con derrame (silencio).

ANDRÉS ROCA REY, de barquillo y oro. Estocada rinconera (saludos). En el sexto, pinchazo y estocada. Aviso (ovación de despedida.

Publicado en ABC

Feria de Sevilla: Diego Ventura triunfa en su ausencia

Por Carlos Ilián.

La ausencia de Diego Ventura en la tarde de rejones se notó, y mucho, en los tendidos. Apenas media entrada mientras nos cuentan que en Espartinas donde si que actuaba Ventura se puso el “no hay billetes”.

No se entiende que la tarde del toreo a caballo, ya en plenos días grandes de la feria el cartel sea tan pobre. Solo la presencia de Sergio Galán representaba al top 5 del rejoneo actual.

Por supuesto el rejoneador madrileño fue de largo el que hizo lo más ortodoxo y lo más serio. Con mucho oficio liquidó al paradísimo toro que abrió plaza, el menos propicio de la noble corrida de Bohórquez. A propósito, no es de extrañar que Diego Ventura se harte ya de este tipo de toro y busque más emoción y menos facilidades que estos de Bohórquez.

Lo cierto es que en el cuarto Galán hizo el toreo fundamental clavando muy al estribo y con gran limpieza. Hubo un par a dos manos magistral, en un palmo de terreno entre toro y caballo. La oreja fue de ley

Sin embargo las dos que cortó Romero, una por toro, ha sido el resultado de dos rejonazos mortales y el entusiasmo consiguiente en los tendidos, donde había numerosos paisanos de su pueblo, el onubense Escacena del Campo. Con el mejor lote de la corrida Romero clavó descaradamente a la grupa y en los quiebros se abría dejando un océano de por medio.

La francesa Lea Vicens brindó la lidia de s primer toro a la memoria de don Ángel Peralta quien fue su mentor maestreo. La rejoneadora, sin estridencias ni grandes alardes cumple muy dignamente y confirma que puede andar por las ferias. Estuvo desdibujada en el tercero pero muy certera y medida, ciñéndose en los encuentros con el toro y clavando certeramente. Un pinchazo y un rejón trasero, pero en lo alto, le permitieron cortar una oreja.

Plaza de la Real Maestranza. Sexta corrida. Media entrada. Toros de Fermín Bohórquez (6) nobles y de gran fijeza.

Sergio Galán (6). Pinchazo y rejón (silencio). Rejón (una oreja).

Andrés Romero (5). Rejón (una oreja). Rejón caído (una oreja).

Lea Vicens (5). Dos pinchazos y dos rejones (silencio). Pinchazo y rejón (una oreja).

Publicado en Marca

FERIA DE ABRIL: ¡Qué bien se torea un carretón!

La Maestranza en pie, y a los sones de la música, homenajea a Curro Javier tras un par de banderillas arriesgadísimo.

Por Antonio Lorca.

El momento más emocionante de la tarde lo protagonizó un gran torero de plata, Curro Javier, que colocó dos excelentes pares de banderillas al cuarto de la tarde. Tras el segundo, arriesgadísimo y asomándose literalmente al balcón en un palmo de terreno, salió trastabillado y enganchado, después, por el toro que le rajó la taleguilla y le propinó un varetazo en la región lumbar izquierda. La plaza, puesta en pie, estalló en una atronadora ovación al tiempo que sonó la música para homenajear al valiente torero. Fue un instante, pero solo por vivir momentos así merece la pena ser aficionado.

Las dos horas y tres cuartos
restantes fueron otro cantar.

¡Qué bien, con qué gusto y tranquilidad se torea un carretón! ¡Qué bonitos, qué fáciles y qué sosos resultan los muletazos! Pero la gente los aplaude, señal de que les satisface. Pero eso no es el toreo. El toreo exige, en primer lugar, un toro, y lo que se ha lidiado este viernes en La Maestranza han sido novilletes sin presencia, sin fortaleza, sin bravura y con exceso de sosa nobleza. Una burla, vamos..

Y por allí andaban tres figuras de hoy, de las que exigen estos animales con alma de borregos, haciendo de tripas corazón para salvar los muebles de un desastre anunciado para todos menos para ellos, por lo visto.

Talavante cortó una oreja al quinto de la tarde, un torete dulzón al que muleteó como si estuviera en el salón de su casa. Algunos compases por ambas manos fueron estéticamente vistosos, pero vacíos de emoción. Y la plaza aplaudía como si estuviera presenciando la faena del año.

Y se acabó. Otro toro tonto le tocó en segundo lugar, otro carretón, una perita en dulce, y lo muleteó sin gracia ni convencimiento en la búsqueda constante del pase bonito en vez de torear.

Perera no tuvo su tarde. Un muerto en vida, chiquitín, sin clase, amorfo y tullido, lidió en primer lugar, y otro novillete blandurrón en cuarto, y con ninguno dijo nada.

Roca Rey venía con ganas, pero ninguna tenía el rajado sobrero que hizo tercero, el mejor presentado de la tarde, pero el más cobarde. Y otro del mismo tenor el sexto.

En fin, que no se quejen ni Perera, ni Talavante ni Roca. Estos son los toros que eligen ellos, con los que se engañan a sí mismos y a los demás. Claro, que si el público aplaude los pases a un carretón…

Y cuatro notas finales:

1.- Si a Javier Ambel, Guillermo Barbero, Juan José Domínguez y Paco Algaba los hacen saludar tras correctos pares de banderillas, a Curro Javier habría que sacarlo por la Puerta del Príncipe.

2.- ¿Por qué el torilero espera la señal del jefe de los areneros y del matador de turno para abrir la puerta? ¿El que manda no es el presidente?

3.- Perera brindó al público el inválido primero. ¿Qué le vio?

4.- Tres figuras y no se colgó el ‘no hay billetes’. ¡Peligro!

Publicado en El País

Foto: Miguel Ángel Perera Twitter.

Desde el Tendido Dos: La Palmosilla justifica su inclusión bajo la lluvia

La Palmosilla justifica su inclusión bajo la lluvia.

Por Ignacio SM / @isanchezmejias

Sevilla.- Cuando allá por el mes de enero nos enteramos de que la única ganadería novedad del abono 2018 iba a ser La Palmosilla, muchos juramos en arameo, quizás tanto por ser esta ganadería como por ser la única. Pero hoy ha echado una interesante corrida de toros, con clase, nobleza y recorrido. Ha bajado la nota el primero, de nulas fuerzas, el tercero que claudicaba dentro de su nobleza, siendo el sexto el único que desarrolló dificultades.

La tarde no estaba hoy de toros. Con vientos huracanados en Sevilla, que han hecho más por quitar los veladores de la Avenida que nuestro señor alcalde, y lluvia cerrada, prefería uno quedarse a cubierto más que ir a los incomodos tendidos de la Maestranza a calarse hasta los huesos. Pero los aficionados se han visto recompensados una interesante corrida de toros.

Luis Bolívar que en su flojo primero poco pudo hacer, se encontró con un cuarto noble, con recorrido y duración. Pudo con él de principio a fin, con un toreo clásico y pulcro, quizás demasiado pulcro como para poner Sevilla a revienta calderas, pero una faena de mucho calado. La estocada cayó baja y, a pesar de ello, cortó una oreja que deseamos le sirva para hacer más contratos.

Joselito Adame ha sorteado el mejor lote. Su primero era pronto, pero la faena no tomó vuelos suficientes. Su segundo fue un gran toro, muy aplaudido en el arrastre, encastado, lo que significa que no era tonto, pero que metía la cabeza y embestía de largo. Pero no lo entendió, o no le pudo, o no le quiso poder. Por el pitón izquierdo era para jugársela y reventarlo, pero le enganchó los trapos las primeras veces el torero tiró por la calle de en medio. Una pena.

Rafael Serna es el que peor suerte tuvo en el sorteo. Su primero, de mucha clase, en cuanto le exigía, perdía las manos. De forma que le compuso una faena a favor del toro, y aun así, sacó cuatro o cinco naturales de mucha calidad. El sexto, ya bajo el diluvio universal, desarrolló peligro. Otra vez será.

Publicado en blogs.sevilla.abc.es

Foto NTR Toros – Twitter

Feria de Sevilla: Una oreja mayoritaria para Pablo Aguado con un buen Torrestrella

Detalles de Lama de Góngora y esfuerzo sin resultado de Javier Jiménez.

Plaza de la Real Maestranza. Segunda corrida. Media entrada. Toros de TORRESTRELLA (5), muy desiguales sobresaliendo el 6º. JAVIER JIMÉNEZ (5), de azul y oro. Pinchazo y estocada. Un aviso (silencio). Pinchazo y media estocada. Un aviso (silencio). LAMA DE GÓNGORA (5), de azul noche y oro. Pinchazo y estocada desprendida (saludos). Estocada (silencio). PABLO AGUADO (6), de verde botella y oro. Dos pinchazos y estocada desprendida (saludos). Pinchazo y estocada (una oreja).

Por Carlos Ilián.

Con frío siberiano y un aire que cortaba como un cuchillo afilado se aguantó como se pudo la segunda corrida de la feria sevillana. El frío inmisericorde fue determinante para maltratar lo que se cocía en el ruedo, se cocía bajó mínimos de temperatura, claro está.

Y no fueron los toros de Torrestrella los que esta vez, como el año pasado, encendieran algo de calor con su casta. La corrida, seria sin exageraciones, tuvo poquita casta aunque al final el sexto toro, un buen torrestrella, muy codicioso y que embistió con largura y gran fijeza permitió la faena de la tarde.

Su autor Pablo Aguado que ya en el tercero, toro noblote, se empeñó en torear despacito y eso se agradece enb estos tiempos de tanto trallazo. Una faena con detalles y buen gusto. Claro que lo del sexto subió de tono porque el toro transmitía mucho más. Aguado se ajustó a las normas clásicas y en el toreo por derechazos y especialmente por naturales brilló por el temple, la buena y ortodoxa colocación, alejado del ventajismo. La faena se tejió sobre el reposo y la ligazón. Muy cruzado en los de pecho de pitón a rabo y con torería como en los muletazos con los que inició su labor. Después de un pinchazo arriba dejó la estocada que le permitió cortar una oreja y dar un buen paso en su carrera.

Javier Jiménez se esmeró sin resultado ante un lote descastado y Lama de Góngora dejó algún pellizco de buen gusto en el segundo y dejó la estocada de la tarde en el quinto. Estocada de premio.

Publicado Marca

Sevilla: Entre el dulzor de Ferrera y la fuerza expresiva de Roca Rey

Por Fernando Fernández Román.

Déjenme que me agarre al taraje del tópico –una vez más— para hablar de Sevilla. El tópico, cuando se utiliza como asunto recurrente venial no es nocivo, sino gratificante. Hasta en los medicamentos se recomienda el uso tópico para sanar o aliviar cualquier trastorno del organismo; por eso, echar mano del tópico de Sevilla no es nada grave, ni nada nuevo, ni lesivo, sino liviano lenitivo que nos conforta. Lo malo, lo realmente pernicioso del tópico es cuando se utiliza como dogma de fe, muchas veces promovido por venalidades interesadas; pero el tópico del cielo de Sevilla y del azahar y del encanto de su río y de Sevilla y Triana es una recurrencia benefactora, háganme caso. Sucede sin embargo, que cuando se cuentan y se cantan los encantos de una ciudad radicalmente diferente a las del mundo mundial, al profano, al desconocedor o, simplemente al no capacitado para entender de estas cosas, mundanas y etéreas a la vez, le chirrían y acaba por parecerle cansina cantinela. Le trae al pairo esta romanza de tópico, con Sevilla de fondo. Es más, le encocora. Es jujana y pamplina; pero yo, que soy pecador confeso, cada vez me empecato más con Sevilla, sencillamente porque me fascina. Y no me pidan más explicaciones.

Un Domingo de Resurrección en primavera y en Sevilla, es un regalo. Y, si encima, acudes a la Maestranza de Caballería para ver la corrida que abre temporada, hay que ser muy pobre de espíritu para no reconocer que el cuadro es de una riqueza cromática deslumbrante. Este primero de abril, el cartel también era deslumbrante, con tres toreros –¡no sevillanos!—que despiertan el interés de los aficionados. Lleno a reventar. Al final del paseíllo, minuto de silencio en memoria de los ganaderos Victorino Martín y Domingo Hernández, el puntillero Lebrija y el Delegado de la Autoridad Miguel Ángel Ocaña.

Tampoco hubiera costado nada ampliar la nómina a Luc Jalabert, que es el más reciente de todos. Nada más terminar, la primera ovación. Y la segunda, para una inmensa pancarta en los tendidos de sol, que rezaba: “Cataluña es taurina”. Tarde de templada temperatura, sol radiante y leve viento, que no estorba. Todo el mundo quería estar en la Maestranza. Vayan si no a las páginas de sociedad y verán qué cantidad de eso que llaman, de forma banal e inconcreta, caras conocidas se veían por los alrededores y dentro del coso del Baratillo.

La corrida de Victoriano del Río fue protagonista –que no víctima– de lo que también se llama incomprensiblemente baile de corrales. Algunos toros fueron rechazados en el primer reconocimiento y se trajeron más de los predios colmenareños de don Victoriano, con los dos hierros de la casa, primero –bis y quinto. Consecuencia: la corrida fue una escalera, desde el zambombo de 590 kilos que se devolvió a los chiqueros por su manifiesta invalidez, a la raspilla, respondona, fea y mala que remató el festejo. Hubo dos toros de nota: el tercero, bravo y codicioso, y el cuarto, bravo también, pero sobre todo, noble hasta decir basta. El segundo tenía jiribilla en sus arrancadas, miraba al torero, medía su emplazamiento y se metía para adentro en los embroques; el sobrero primero-bis, cortó en banderillas, también fue listillo y deslucido; el quinto se vino abajo estrepitosamente y el sexto mansurroneó y negó las embestidas. Si nos atenemos a la garantía que parecía ofrecer el gran momento de esta ganadería, habrá que culparla en gran parte del resultado de tan deslumbrante festejo.

Sin embargo, no debería fiarnos del marcador, que refleja un resultado pírrico, porque los tres toreros ofrecieron una dieron una gran medida de su capacidad artística, dentro de conceptos bien diferentes. Antonio Ferrera parece que ha decidido hacer tabla rasa de su anterior periplo por los ruedos y se ha instalado, por propia decisión, en el solio de solemnidad, apostura y galanura. No banderillea (al menos ayer en Sevilla), y se ha creado un entourage de nuevo repertorio, en el que incluye el ya comentado rescate del quite “de verdad”, entrando a por el toro cuando todavía está corneando el peto y sacándolo con suertes de variada ejecución. Al quinto, lo sacó por verónicas medio en cuclillas, que es rara forma de torear con el capote; pero lo hizo muy bien, muy templado y con un indiscutible toque de eso que llaman torería. No acabó de congeniarse con el primer toro, el sobrero de marras, al que mató de una estocada dejándose ver, y ganándose un pitonazo; pero en el cuarto, acompañado por los compases del pasodoble Dávila Miura, escenificó una faena llena de pausas, tanto toreando, como esperando a que el toro recuperara energías… y que el del solo de trompeta rematara también su faena. Fue uno de los momentos más emotivos de la corrida, porque la música sonora y bella de la Banda se paseó de bracete con la música callada de ese toreo místico en que Ferrera ha determinado practicar. Este torero es un veterano que ahora se presenta como novedad, por lo que hace y por lo bien que lo escenifica. Como si viniera pidiendo pinceles para el cartel de toros de toda la vida (toma nota, Diego Ramos). La verdad es que cuajó tandas de muletazos de temple exquisito y despaciosidad meridiana. Hubo dos series con la derecha y tres con la izquierda, realmente magníficas. Pero la verdad sería incompleta si no se valorara la exquisita dulzura de la embestida del toro de Victoriano del Río. Entre la dulzura del toro y el dulzor de Ferrera (más que inspirado, ensimismado), las torrijas de Semana Santa me parecieron amargosas. La faena tuvo un desaforado metraje, por las pausas antedichas, y sonó un aviso, antes de que el toro cayera de media estocada y descabello. Así y todo, creo que mereció sobradamente la oreja, pero al no concederla el presidente, la vuelta al ruedo fue de auténtico clamor.

José María Manzanares fue el que se llevó lo peor del lote de donVictoriano. El segundo toro de la corrida fue un toro encastado y geniudo. Con arteras intenciones. Es cierto que ofreció un tercio de varas espectacular, arrancándose de lejos al caballo montado por Paco María, y estuvo a punto de derribar en el primer encuentro, pero hay que destacar la soberbia actuación del piquero, que colocó un segundo puyazo magistral. Llegó a la muleta alertando de que no era un toro de carril. De Carril, son las almejas. Éste era un toro con su punto de fiereza, que avisaba de que podía hacerse con la presa en cualquier momento. Y ese momento llegó, en forma de volteretón tremendo, con búsqueda insistente del desarbolado torero, que fue corneado por el toro con tanta saña como, por fortuna, mala puntería. No se amilanó Manzanares, y siguió porfiando, visiblemente afectado por el palizón. Mató de pinchazo y estocada y le dedicaron una justa ovación. Peor fue el quinto, con el hierro de Toros de Cortés. Un toro que pareció desparramar la vista –habíamos entrado ya en la fase de corrida nocturna—, al colocó un buen puyazo Chocolate-hijo y un gran par de banderillas Rafael Rosa, antes de que el matador toreara por alto, ampuloso y confiado, en el comienzo de faena. Y poco más, el toro se rajó de forma vergonzante, después de tomar la muleta de José María con cabeceo molesto y nula entrega. Se le aplaudió cuando mató de media estocada delantera.

Algunas de estas cosas sucedieron antes y después de que Andrés Roca Rey llamara fuertemente con la aldaba de la Maestranza. ¿A quién o quienes llamaba?, se preguntarán. Pues a todo aquél que quiera ver lo que este mozo espigado, de cabeza fría y corazón caliente se trae entre manos. Y lo que se trae, lo que trae al toreo contemporáneo es un forma de interpretar el arte que practica realmente magnífica, sorprendente y absolutamente sincera. Sin concesiones banales. Habrá quien entienda que esos cites por la espalda o las arrucinas o cualquier recurso que se invente sobre la marcha durante sus intervenciones con capote y muleta formen parte de una performance que solo trata de desviar la atención. Mentira. Roca Rey es, ahora mismo, un chorro de agua fresca. Pero, además, ayer demostró en Sevilla que torea con una elegancia, un empaque, un temple y un mando difíciles de superar. Ayer le pegó al toro castaño de Victoriano del Rió que se jugó en tercer lugar, Jara, de nombre, media docena de series con ambas manos que dejaron boquiabierto al personal. Inició la faena por estatuarios, con pase cambiado entreverado… y la Banda de música arrancó a tocar, porque se presagiaba algo grande. Y grandeza tuvo la faena de Roca, bella, maciza, sin asomo de crispación, rematada con un volapié por lo alto, dejando llegar los pitones al bordado de la chaquetilla. Faena de dos orejas incontestables, que se quedó en una porque Jara no se quería ir de la Maestranza y se amorcillo junto a las tablas de la barrera. El aviso que sonó no es más que un recordatorio, no un castigo, y sin embargo a Roca Rey le penalizó el público, porque con el largo lapso de tiempo parte del personal ejerció de perezoso olvidadizo. Y ahora el aviso me lo doy yo, porque me olvidaba de consignar la soberbia brega de Viruta, en el tercio de banderillas. Todo suma.

Con una larga cambiada de rodillas recibió Roca Rey al sexto toro, el peor presentado de la corrida, como se ha dicho. Y el de peor juego. Mansurrón descastado, entregó la cuchara demasiado pronto. Se fue a las tablas y allí Andrés trató de sacarle los colores con un arrimón tremendo, inconsistente y absurdamente arriesgado. Nada que hacer. Se le despidió, como a sus compañeros, con una cerrada ovación. Queda mucha feria, y mucha temporada.

Así transcurrió la esperada corrida de Resurrección en Sevilla: entre el dulzor de Ferrera y la fuerza expresiva de Roca Rey . ¿Y Morante? Por allí andaba, con sus pobladas patillas, sentado en su localidad, trajeado de gris y coronado con un sombrero bombín. Como le dijeron en cierta ocasión a Curro Romero, en este mismo escenario: Ya vendrá el verano…

Publicado en República

Foto: Entre Artes Comunicación.

Sevilla: Historia taurina del Domingo de Resurrección

Historia taurina del Domingo de Pascua.

Resurrección en Sevilla. Convertida en una de las citas más lujosas de la temporada, la corrida del Domingo de Resurrección no siempre fue el acontecimiento glamuroso que hoy conocemos. Esta es su historia…

Por ÁLVARO R. DEL MORAL.

El brillo de la corrida del Domingo de Resurrección no siempre fue tan rutilante. Un vistazo al último siglo del hoy lujoso festejo pascual revela distintas épocas y orientaciones hasta que la cita se convierte en el meeting glamuroso que hoy conocemos. Para ello, tuvo mucho que ver la definitiva forja de lo que hoy entendemos por currismo, perfectamente enhebrada con la visión de Diodoro Canorea, que transformó un festejo de circunstancias en un escaparate de lujo.

La Edad de Oro del toreo dejó su impronta el Domingo de Resurrección. Marcaremos el inicio en 1913, primer año completo de matador de Joselito y temporada de la alternativa de Belmonte. Pero es El Gallo, mano a mano con Bombita, el que actúa en Pascua. Juan Belmonte se asoma al cartel en 1914 y repite en 1916, mano a mano con Joselito. Volverían a actuar juntos de nuevo en 1920 para despachar ocho toros de González Nandín en unión de Ignacio Sánchez Mejías y Chicuelo. Mes y medio más tarde –fue un 4 de abril– se cerraba toda una época del toreo con la muerte de José en Talavera de la Reina…

La caída del coloso nos adentra en la Edad de Plata. Chicuelo actúa como único espada en 1921. El diestro de la Alameda de Hércules es habitual en estos años junto a toreros como Varelito, Marcial Lalanda, Litri, Algabeño, Posada, el Niño de la Palma… Ese tono medio se mantiene en la década siguiente aunque hay que anotar –además de alguna novillada– el rabo que corta Pepe Bienvenida en 1939 alternando con Cagancho y el infortunado Pascual Márquez, que tiene revolucionado el cotarro en esos años

Los primeros cuarenta son los años de Manolete que, aunque se prodiga en la plaza de la Maestranza, no aparece en los carteles pascuales –tampoco Pepe Luis– que mantienen el pulso gracias a toreros como Pepe Bienvenida o el propio Pascual Márquez, que otorgan la alternativa a José Ignacio Sánchez Mejías el Domingo de Resurrección de 1941. En el terreno anecdótico podemos reseñar la corrida de 1944: El Estudiante y Mario Cabré caen heridos y dejan a Cagancho, el gitano de los ojos verdes, con cuatro toros para él solito. Podemos anotar a toreros como Manuel Martín Vázquez, Gallito, El Calesero, Albaicín, la alternativa de El Yoni… la década no da para más.

Se llora a Manolete, caído en Linares en 1947, y llegan los 50. Pero el lujo de hoy sigue quedando muy lejos. Ángel Peralta comienza a asomarse a unos carteles en los que se puede destacar la presencia de toreros como el viejo Chicuelo, Gitanillo de Triana, Rafael Ortega, Cagancho, Cayetano Ordóñez, Antonio BienvenidaGregorio Sánchez, que cae herido, toma la alternativa en 1956 y un juvenil Antonio Ordóñez se anuncia junto a Manolo Vázquez en 1958 para darle la alternativa a Rafaelito Chicuelo. El mismo tándem repite en el 59 para doctorar a Mondeño.

La década prodigiosa, los felices 60 de la Edad de Platino del toreo, no se refleja en la programación del Domingo de Resurrección. Es frecuente la presencia de los hermanos Peralta a caballo para abrir un cartel en el que desfilan toreros de segunda fila. José Julio, Dámaso Gómez, Corpas, Limeño, Oliva, Zurito o Palmeño, entre otros, marcan el tono discreto de esta década. Ni rastro de Camino, Puerta, El Viti, Ordóñez, El Cordobés…

Curro Romero se anuncia por primera vez en Resurrección en 1969. Lo volvería a a hacer cuatro años más en ese período pero la corrida es aún un festejo de circunstancias en el que no aparecen las figuras del momento. En esos años podemos recordar los nombres de Pepe Limeño, Barea, Riverita, Rafael Torres, Palmeño, Marismeño, José Antonio Campuzano, Currillo… No faltan las alternativas. Son las de Marcelino en 1971, la de Antonio Alfonso Martín en el 78 y la de Pepe Luis Vargas, que llega en 1979. En 1980, con Ostos, Ángel Teruel y Manolo Cortés se eleva el tono y se da cierre a una época.

Pero es, definitivamente, la reaparición de Manolo Vázquez la que abre un nuevo tiempo que no se puede entender sin la presencia, prácticamente ininterrumpida, de Curro Romero en perfecta simbiosis con Diodoro Canorea. Los dos viejos amigos terminan de dar carácter al festejo pascual pero la fecha de partida es 1981: Manolo Vázquez le da la alternativa a su sobrino Pepe Luis en presencia de Romero, que alterna con Paula y Manzanares al año siguiente, el de los Mundiales de Fútbol. En 1983 reaparece el nombre de Manolo Vázquez, que se retiraría triunfalmente en otoño alternando con Antoñete. Su compañero en Resurrección fue Curro. Y el tercero, otro toricantano, Juan Mora.

Paquirri se anuncia en Resurrección por única vez en 1984. Algunos meses más tarde pasaría a la inmortalidad en Pozoblanco. Curro y Galloso completan la terna. Pero es que Curro no se apea ya del cartel hasta 1992 aunque ese año –el de las desmesuras de la Expo– sí se anunció en el lujoso festejo del Lunes de Pascua.

El camero alterna con Paula en 1985 para darle la alternativa a Lucio Sandín. En 1986 aparecen Rafael de Paula y Espartaco, que en esa misma feria forjaría su propio despegue hacia la cima del toreo con el célebre toro Facultades de Manolo González. El camero precede a José Antonio Campuzano y Pepe Luis Vázquez en 1987. Ese bajón argumental se recupera en el 88, con Paula y Espartaco de nuevo en un cartel en el que también será fijo hasta 1995, año de la lesión que le apartó del toreo. Curro y Espartaco alternan con Joselito en el 89. En el 90 le dan la alternativa a Julio Aparicio y en el 91, a Martín Pareja Obregón. En el 92 ceden la fecha a Ortega Cano, César Rincón y el propio Aparicio para retomar su sitio natural en 1993, fecha de la alternativa de Manuel Díaz El Cordobés, que hizo el paseíllo embutido en capote de paseo con el escudo de la Legión. Finito debuta en Pascua junto al equipo habitual en el 94 y en el 95, lo hace Pedrito de Portugal, que vive sus mejores años.

En el 96 hay un nuevo cambio de rumbo. Emilio Muñoz, Rivera Ordóñez, Enrique Ponce, Joselito y hasta José Tomás –que actúa en 1999– serán los nuevos compañeros del camero, que vuelve a alternar con Espartaco en 1999, año de su reaparición. En el 2000 cumpliría su último Domingo de Resurrección acartelado con Ponce y Morante, que debutaba en una fecha que, a partir de ese momento variará por completo su argumento.

La primera década del siglo XXI, en cualquier caso, consagra al Domingo de Resurrección como acontecimiento de la temporada. En 2001 –con el rey Juan Carlos en el Palco– se abre la Puerta del Príncipe para sacar a hombros a José Tomás. En 2002 reapareció Paco Ojeda y el resto es historia reciente.

Publicado en El Correo Web