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Calasparra, un oasis torista en plena región de Murcia

Seis novilladas de distintos encastes conforman cada año la Feria del Arroz.

Septiembre, en el mundo del toro, es el mes de los novilleros. En Arnedo (La Rioja), Villaseca de la Sagra (Toledo), Arganda del Rey (Madrid) o Algemesí (Valencia), los principales integrantes del escalafón menor compiten cada año en los certámenes novilleriles más importantes. Huérfanos de oportunidades, estas localidades son su única esperanza. La meta: entrar en las escasísimas novilladas que se programan en las grandes ferias y llegar con cierto ambiente a la alternativa.

Pero en esta lista de pueblos que apuestan por los más jóvenes destaca uno muy particular: Calasparra, un municipio de poco más de 10.000 habitantes que se encuentra en el interior de la Región de Murcia. Dos son sus señas de identidad: el arroz, de los mejores del país, y los toros. O mejor dicho, sus novilladas. Desde hace casi 30 años, durante la primera semana de septiembre, en Calasparra se celebra la Feria del Arroz, un ciclo taurino compuesto por media docena de festejos menores.

El novillero francés Adrien Salenc, formado en la Escuela Taurina de El Juli, ha sido el último ganador de la Espiga de Oro, el máximo galardón de este certamen por el que compiten cada año 18 jóvenes. Los toreros son importantes, obviamente, pero en Calasparra el verdadero protagonista es el toro. Desde por la mañana, en los encierros que atraviesan el centro de la localidad, hasta bien entrada la noche, varias miles de personas participan de unas fiestas eminentemente taurinas.

Al contrario que en la mayoría de pueblos y ciudades españolas, en Calasparra no se ha roto el vínculo entre la sociedad, el pueblo, y la tauromaquia. La fiesta se vive como algo propio, una tradición sin ideología. Actualmente, en la población gobierna el PSOE. Su alcalde, José Vélez, se sube cada tarde al palco para presidir las novilladas. Y, como la mayor parte de los aficionados del lugar, es exigente.

Esa es precisamente otra de las características de esta feria. La mayoría de ejemplares que se lidian lucen un trapío espectacular que nada tiene que envidiar al de las plazas de primera categoría; en Calasparra gusta el tercio de varas y se presiona para que se ejecute en todo su esplendor; además, rara vez se concede un trofeo no merecido ni bien ganado.

De ello se ocupa el alcalde-presidente y, sobre todo, la afición. Una afición capitaneada por la Asociación El Quite, nacida en el año 2003 y de marcado acento torista. Su lema lo dice todo: “El toro-toro, base de nuestra fiesta. No al fraude”.

Aunque reconocen que no ha sido fácil, su lucha contra el sistema taurino en favor de una fiesta íntegra con el toro encastado como protagonista ha dado sus frutos. Solo hay que echar un vistazo al elenco ganadero de esta última Feria del Arroz: Miura, Adolfo Martín, Prieto de la Cal, Valdellán, Villamarta y Castillejo de Huebra. Seis novilladas, seis encastes diferentes.

Una diferencia abismal con Murcia, la capital, que también celebra estos días su feria taurina. Allí, bien escogidas para uso y disfrute de las figuras, las divisas elegidas han sido Parladé, Daniel Ruiz y Victoriano del Río. Tres corridas, misma procedencia. Eso, por no hablar de la ínfima seriedad de las reses reseñadas.

Pero es que, además, la Feria del Arroz no se reduce a lo acontecido cada tarde en la plaza de toros; durante todo el día, las distintas asociaciones y peñas organizan numerosos actos culturales con los protagonistas del festejo. Tertulias, charlas, exposiciones… Todo con el objetivo de seguir sembrando afición. Y, a tenor de la afluencia de público y de la pasión con la que viven la fiesta jóvenes y mayores, lo están consiguiendo.

Como los galos que resistían ante la dictadura romana, Calasparra resiste a contracorriente frente a un sistema poderoso y en medio de un desierto en el que reina el triunfalismo y el fraude. Por todo ello, su caso es especial. Por ello Calasparra es un oasis, un milagro.

Publicado en El País

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“El Callao” y los Miura

En muchos lugares he leído que varios de los males que actualmente padece esta fiesta ¿nuestra?, residen en el hecho de que muchas de las plazas que tradicionalmente eran el reducto en el que los novilleros terminaban de forjar su destino y determinar si estaban llamados a ser matadores de toros, hoy están cooptadas por las llamadas figuras del toreo, obstaculizando el desarrollo de los que han de ocupar el sitio que hoy ellos tienen.

Una de esas plazas, según deduzco de la imagen que me impulsa a escribir este texto, es la de de la localidad Guipuzcoana de Azpeitia, que en sus Fiestas de San Ignacio de Loyola para el año de 1952, dio dos festejos menores, ambos con novillos de Miura y en el segundo de ellos, actuó un torero mexicano, de Huamantla, Tlaxcala, Fernando de los Reyes El Callao.

Me llamó la atención ver anunciado a El Callao en esa feria y con esos toros, porque nunca se distinguió por ser un guerrero de los ruedos.

En los días de Fernando no se hablaba mucho – quizás nada – de duende o de pellizco. Él era un torero artista, profundo, de enigmático le calificaron unos y de abúlico otros. Un torero que con un par de lances o de muletazos podía poner una plaza de toros de cabeza, porque no era cosa de todos los días. Lo sé porque lo pude ver, solamente una vez, pero yo puedo testimoniar esa transfiguración que le era tan propia, cuando se encontraba a sí mismo.

El caso de El Callao es uno de esos que son insólitos en cualquier Historia del Toreo, pues actúa como novillero en la Plaza México la friolera de 32 tardes entre 1949 y 1954, con un breve intermedio como matador de toros, pues tras de la tarde que hoy me ocupa, el 6 de septiembre de 1953, ManoloVázquez lo hizo matador de toros en Segovia, ante César Girón, cediéndole al toro Cortadillo, de Felipe Bartolomé, doctorado que renunciaría unos meses después, para retomar su andar por las filas de la novillería y recibir el definitivo en 1956.

Acerca de él opina el bibliófilo Daniel Medina de la Serna:

Fue un torero del que mucho se puede escribir… un torero que, como dijo El Gallo, tenía un misterio dentro y lo decía, así haya sido esporádicamente; nunca fue regular ni constante, por eso habrá que reconocerle al Doctor Gaona la fe inquebrantable que le tuvo en sus inicios para darle toros. Muchas fueron sus temporadas novilleriles; tardó muchísimo en madurar, pero de tiempo en tiempo daba un aldabonazo a las puertas de la gloria, con lo que refrendaba y revitalizaba la fe de los que creían en él. En algún momento llegó a ser hasta un valiente, sin perder un ápice de su arte…

Hace 66 años

Decía que la Feria de Azpeitia de 1952 se compuso de dos novilladas, en la del 31 de julio actuaron Manolo Sevilla y Luis Francisco Peláez y en la del 1º de agosto, El Callao y José Navarro de Olivares. En ambos festejos los novillos fueron de Miura. La imagen que pude obtener tiene escasa resolución y no permite darle una buena lectura, lo que sumado a mi incomprensión del francés, me deja con algunos huecos de la mayor parte de lo que dice, pero la médula es el anuncio de los dos festejos taurinos y de la presencia, en la misma plaza de toros, de un circo americano.

¿Qué sucedió en el festejo? La relación que encontré es la de la Agencia Cifra, replicada en los diarios ABC, de Madrid y Nueva España, de Huesca del día siguiente al festejo y que es del siguiente tenor:

En Azpeitia se celebró la segunda novillada de feria Azpeitia, Segunda novillada de feria. Se lidian cuatro reses de Miura.

En el primero, el mejicano “El Callao” es cogido al veroniquear y resulta con rasguños en la cara. Con la muleta no puede lucirse por estropearse el animal en varas. Terminó de media estocada. (Aplausos).

En su segundo realiza buena faena de muleta y termina de gran estocada. (Oreja.)

Navarro de Olivares se luce en quites, y con la muleta da pases por alto y redondos para dos pinchazos y dos medias. (Aplausos.)

En el último es cogido sin consecuencias al torear con la muleta. Sigue valiente con pases de todas las marcas. Dos pinchazos y una estocada. (Oreja.)

Como podemos ver, El Callao no salió mal librado de esta actuación.

Algunos retales de información en esa fecha

En el ABC madrileño, aparecían además otras informaciones que resultan de interés por lo que representan. En Córdoba, se conmemoraba el LII aniversario del óbito de Lagartijo; en Cádiz, se multaba con 250 pesetas al banderillero Salvador Bellido, de la cuadrilla de Antoñete, En muchos lugares he leído que varios de los males que actualmente padece esta fiesta ¿nuestra?, residen en el hecho de que muchas de las plazas que tradicionalmente eran el reducto en el que los novilleros terminaban de forjar su destino y determinar si estaban llamados a ser matadores de toros, hoy están cooptadas por las llamadas figuras del toreo, obstaculizando el desarrollo de los que han de ocupar el sitio que hoy ellos tienen. Una de esas plazas, según deduzco de la imagen que me impulsa a escribir este texto, es la de de la localidad Guipuzcoana de Azpeitia,  que en sus Fiestas de San Ignacio de Loyola para el año de 1952, dio dos festejos menores, ambos con novillos de Miura y en el segundo de ellos, actuó un torero mexicano, de Huamantla, Tlaxcala, Fernando de los Reyes El Callao.

Me llamó la atención ver anunciado a El Callao en esa feria y con esos toros, porque nunca se distinguió por ser un guerrero de los ruedos. En los días de Fernando no se hablaba mucho – quizás nada – de duende o de pellizco. Él era un torero artista, profundo, de enigmático le calificaron unos y de abúlico otros. Un torero que con un par de lances o de muletazos podía poner una plaza de toros de cabeza, porque no era cosa de todos los días. Lo sé porque lo pude ver, solamente una vez, pero yo puedo testimoniar esa transfiguración que le era tan propia, cuando se encontraba a sí mismo.

El caso de El Callao es uno de esos que son insólitos en cualquier Historia del Toreo, pues actúa como novillero en la Plaza México la friolera de 32 tardes entre 1949 y 1954, con un breve intermedio como matador de toros, pues tras de la tarde que hoy me ocupa, el 6 de septiembre de 1953, Manolo Vázquez lo hizo matador de toros en Segovia, ante César Girón, cediéndole al toro Cortadillo, de Felipe Bartolomé, doctorado que renunciaría unos meses después, para retomar su andar por las filas de la novillería y recibir el definitivo en 1956.

Acerca de él opina el bibliófilo Daniel Medina de la Serna:

Fue un torero del que mucho se puede escribir… un torero que, como dijo El Gallo, tenía un misterio dentro y lo decía, así haya sido esporádicamente; nunca fue regular ni constante, por eso habrá que reconocerle al Doctor Gaona la fe inquebrantable que le tuvo en sus inicios para darle toros. Muchas fueron sus temporadas novilleriles; tardó muchísimo en madurar, pero de tiempo en tiempo daba un aldabonazo a las puertas de la gloria, con lo que refrendaba y revitalizaba la fe de los que creían en él. En algún momento llegó a ser hasta un valiente, sin perder un ápice de su arte…

Hace 59 años

Decía que la Feria de Azpeitia de 1952 se compuso de dos novilladas, en la del 31 de julio actuaron Manolo Sevilla y Luis Francisco Peláez y en la del 1º de agosto, El Callao y José Navarro de Olivares. En ambos festejos los toros fueron de Miura. La imagen que pude obtener tiene escasa resolución y no permite darle una buena lectura, lo que sumado a mi incomprensión del francés, me deja con algunos huecos de la mayor parte de lo que dice, pero la médula es el anuncio de los dos festejos taurinos y de la presencia, en la misma plaza de toros, de un circo americano.

¿Qué sucedió en el festejo? La relación que encontré es la de la Agencia Cifra, replicada en los diarios ABC, de Madrid y Nueva España, de Huesca del día siguiente al festejo y que es del siguiente tenor:

En Azpeitia se celebró la segunda novillada de feria

Azpeitia, 1. Segunda novillada de feria. Se lidian cuatro reses de Miura.

En el primero, el mejicano “El Callao” es cogido al veroniquear y resulta con rasguños en la cara. Con la muleta no puede lucirse por estropearse el animal en varas. Terminó de media estocada. (Aplausos). En su segundo realiza buena faena de muleta y termina de gran estocada. (Oreja.)

Navarro de Olivares se luce en quites, y con la muleta da pases por alto y redondos para dos pinchazos y dos medias. (Aplausos.) En el último es cogido sin consecuencias al torear con la muleta. Sigue valiente con pases de todas las marcas. Dos pinchazos y una estocada. (Oreja.) 

Como podemos ver, El Callao no salió mal librado de esta actuación.

Algunos retales de información en esa fecha

En el ABC madrileño, aparecían además otras informaciones que resultan de interés por lo que representan. En Córdoba, se conmemoraba el LII aniversario del óbito de Lagartijo; en Cádiz, se multaba con 250 pesetas al banderillero Salvador Bellido, de la cuadrilla de Antoñete, por cortar indebidamente una oreja y entregársela a su matador y en Barcelona había preocupación por el estado de salud del novillero Rafael Sánchez Saco, herido muy grave en Las Arenas el jueves 30 de julio.

Y termino

Espero pronto dedicar algo más que este breve recuerdo a Fernando de los Reyes El Callao, un torero muy mexicano, que como decía el Padre Samuel Bernardo Lemus:

Hay toreros que tienen perfil de santo, otros son liturgos exquisitos de la fiesta y otros como el arte románico, llenos de luz, de fiesta y esplendor como ojivas de un templo gótico donde la luz se convierte en gloria, canto y poesía…

Ojalá que como a mí, les haya resultado interesante.

Por Xavier González Fisher para La Aldea del Tauro

Opinión: ¿Qué tienen los toros de Miura para ejercer esa atracción fatal en los públicos?

La Revolera – Imposible por no ser posible:

Por Paco Mora.

Como “imposible, por no ser posible”, habría definido la “miurada” de esta tarde en Las Ventas, Pepe Conde, el mozo de espadas de Ignacio Sánchez Mejias, según su inveterada costumbre cuando trataba de excusar la presencia de su matador en cualquier acto o invitación.

Los toros del hierro de Zahariche no han sido ni buenos ni malos ni regulares; han resultado sencillamente imposibles. Verdaderas fieras corrupias ante las que Rafaelillo, Pepe Moral y Román se han jugado el tejido subcutáneo, la safena y la femoral sin la más remota posibilidad de éxito. A pesar de ello y de que los aficionados y espectadores de ocasión saben perfectamente que los Miuras son como son y que salgan de otra manera es pura casualidad, ha faltado un “tris” para que se colgara en las taquillas el cartel de “No hay billetes”.

¿Qué tienen los toros de Miura para ejercer esa atracción fatal en los públicos?

Sencillamente historia. Historia trágica pero historia al fin y al cabo. La tragedia también tiene su poesía y por ahí andan para “in saecula saeculorum” los versos y las canciones populares que recuerdan la muerte de los toreros que cayeron sitiados por un miureño, hasta llegar a la tarde de Linares en la que Manolete perdió la vida entre las astas de “Islero”, un toro que hoy no pasaría en una novillada de una plaza de tercera ni por edad, ni por peso ni por trapío.

Bueno, pues con ese material han estado realmente heroicos el murciano, el sevillano y el valenciano. Solo el segundo se ha equivocado dos o tres veces aunque siempre con violencia y por arriba y ha estado a punto de engañar a Moral, que, como le sobra valor, se la jugado a cambio de algunos muletazos de alto riesgo.

Mucho merito tiene Rafaelillo que, pese a conocer bien el material, ha probado todo lo posible con su primero y ha estado a punto pagarlo caro, pues el zaleo que le ha propinado el prenda ha sido impresionante.

Román ha intentado olvidarse donde pastaron sus dos regalitos y ha querido tratarlos como si fueran adversarios de calidad. Ha pasado las ducas, como sus dos compañeros de cartel, ante la impasividad de un público, que solo había ido a la plaza esta tarde para comprobar “in visu” la mala uva de los toros con la leyenda más negra de la ganadería brava española.

Publicado en Aplausos

Feria de San Isidro: Miura, un saldo impresentable que ofende a su historia y a Madrid

Por Carlos Ilián.

La leyenda de Miura sigue llevando la gente a la plaza como se demostró ayer. Una leyenda que se estrelló en Madrid con la inaceptable presencia de los toros enviados a San Isidro por los ganaderos del histórico hierro sevillano. Esta corrida con otro nombre, ponga usted Garcigrande, o Juan Pedro, no pasa el reconocimiento. Hasta el sector más torista y por lo tanto más cercano en su identidad con esta ganadería, protestó cinco de los seis toros que saltaron al ruedo.

Lo afirmo sin dudarlo: es la corrida de Miura peor presentada que recuerdo en plazas importantes. Un insulto a Madrid y a la propia historia de Miura por parte de los ganaderos que la enviaron y de los veterinarios que la aprobaron. De tan infame saldo se puede salvar el sexto toro, un auténtico miura por su honda caja y su expresión.

El juego de los miureños se desenvolvió con reacciones más moruchas que bravas. El primero, de aviesas intenciones, puso a Rafaelillo contra las cuerdas. Se defendió entre regates como pudo, evitando el hachazo en la embestida. Le costó un mundo el descabello. El cuarto hacia hilo con la humanidad del torero y Rafaelillo lo trasteó sin gran convicción hasta donde pudo.

El segundo toro le permitió a Pepe Moral unos momentos de indiscutible brillo, especialmente una tanda de naturales de trazo y temple impecables. Fue el minuto de oro de la tarde y de Moral porque el quinto desarrolló todo un arsenal de criminales intenciones. El tercero solo se peleó contra las tablas, de salida, porque en la muleta apenas embistió como cualquier vulgar manso.

En el sexto Román se estiró por ambos pitones hasta donde fue posible, y fue muy poco posible.

Plaza de Madrid. Vigesimoséptima corrida. Asistencia: 22.597 espectadores, casi lleno. Toros de MIURA (3), de impresentables excepto el 6º y de juego morucho excepto el 2º y 6º. RAFAELILLO (4), de azul pavo y oro. Estocada que atraviesa y once descabellos. Un aviso (silencio). Pinchazo hondo y dos descabellos (silencio). PEPE MORAL (5), de negro y plata. Pinchazo, estocada trasera y cuatro descabellos. Un aviso (saludos). Bajonazo (silencio). ROMÁN (5), de grana y oro. Cinco pinchazos, estocada atravesada y dos descabellos. Un aviso (silencio). Bajonazo y descabellos (ovación).

Publicado en Marca

Feria de San Isidro: Un ‘miura’ salta al callejón

Un ‘miura’ salta al callejón
Mal presentada, mansa, descastada y complicada corrida del legendario hierro sevillano.

Por Antonio Lorca.

La tarde había caído en picado a causa de la mansedumbre, la mala casta y la falta de calidad de la corrida de Miura cuando los clarines y timbales anunciaron la salida del sexto de la tarde.

Salió engallado el cárdeno Taponero, de 576 kilos de peso, recorrió el diámetro del ruedo, y se plantó en un periquete en el burladero del tendido 7; atisbó allí la montera de un subalterno y, en un intento de quedarse con ella, saltó limpiamente la barrera y se plantó en el callejón, donde se produjo una estampida en décimas de segundo. El de la montera buscó como pudo refugio en la arena, otros se guarecieron en los burladeros interiores y alguien tuvo tiempo de abrir la salida al ruedo situada en el camino de la puerta grande. Hasta allí llegó el toro con enorme violencia, de modo que a punto estuvo de dejarse un pitón en uno de los postes que sostienen la barrera. Pero aún tuvo tiempo el animal de ver con el ojo izquierdo las piernas de dos operarios que a duras penas trepaban por la madera para guarecerse en el callejón y hacia ellas lanzó un gañafón que no alcanzó su objetivo.

En el ruedo le esperaba ya Román, que pudo enlazar un par de estimables verónicas; manseó con descaro en el caballo, recortó peligrosamente en banderillas, y llegó al último tercio con una durísima fiereza que puso a prueba el corazón de su lidiador.

Había que tener muchas agallas para citar a ese toro a escasa distancia de los pitones. Era, quizá, un animal para jugársela a cara o cruz, un toro de Madrid, de esos que te ofrecen la posibilidad de una catapulta hacia el estrellato. No está claro. Román, valiente y entregado, consiguió embeberlo en la muleta en un par de muletazos en los que el miura metió la cara en el engaño. No rehuyó la pelea el torero, no dio un paso atrás, pero la mala casta de su oponente no parece que pudiera ofrecerle un triunfo inesperado.

Fue lo más emotivo de una tarde decepcionante en el apartado torista. En primer lugar, porque los miuras no lucieron estampas de tales. Varios de ellos fueron justamente protestados por su deficiente presentación, que es requisito imprescindible para la emoción de una ganadería que no es santo y seña de nobleza y calidad.

No se cayó ninguno, lo que es de agradecer, pero todos destacaron por su mansedumbre en los caballos, su mala casta, sosería y complicaciones en el tercio final.

Rafaelillo tuvo suerte de volver al hotel con la cabeza intacta. En la suerte suprema, su primero levantó la cara y le puso los pitones en el cuello con la clara intención de descabezarlo. Todo quedó, afortunadamente, en un roto en la taleguilla y un susto dolorido. No estuvo bien el torero ante ese toro, que no era un santurrón, corto de viaje y deslucido, con el que Rafaelillo mostró excesivas precauciones, impropias de un torero valiente y avezado en este hierro. Poco pudo hacer ante el cuarto, soso, descastado y empeñado en lanzarlo por los aires.

Los mejores muletazos de la corrida los dio Pepe Moral al segundo, el único que mostró un comportamiento noble, pero también falto de vida y codicia. Largos fueron los pases iniciales por bajo, templados algunos redondos y, en el tramo final de la faena, un templadísimo natural aislado y tres grandes ligados con el de pecho. Mató mal, pero la labor del torero no llegó a alcanzar el clímax necesario; quizá, porque la buena condición del animal exigía una movilidad de la que carecía.

Intoreable, en términos modernos, era el quinto, con el que el torero sevillano lo intentó sin posibilidad de éxito.

Y no estuvo afortunado Román ante su primero. Era como los demás, con el añadido de que en un muletazo con la zurda el toro le puso los pitones en el corbatín. Al torero se le vio afligido en la suerte suprema y se echó fuera sin pudor alguno.

En fin, mansa y dificultosa corrida de Miura -lo normal por otra parte-, pero de presentación impropia para esta plaza.

Publicada en El País

Feria de Abril: Pepe Moral tuvo a punto la Puerta del Príncipe

Escribano, con mala suerte en la dura y desigual corrida de Miura.

Por Carlos Ilián.

Plaza de la Real Maestranza. Decimotercera y última corrida. Tres cuartos de entrada. Toros de MIURA (5), muy en el tipo de la ganadería, dos, 2º y 4º se emplearon, el resto muy difíciles. MANUEL ESCRIBANO (5), de nazareno y oro. Estocada desprendida y tres descabellos (saludos). Estocada y dos descabellos (saludos). Media estocada desprendida y cuatro descabellos (saludos). PEPE MORAL (7), de negro e hilo blanco. Estocada (una oreja). Estocada desprendida (una oreja). Pinchazo y estocada corta tendida (ovación con salida en hombros por la puerta principal, no la del Príncipe).

Mano a mano de Escribano y Moral, dos triunfadores en los últimos dos años con los miuras, y ayer se encontraron de nuevo con la histórica ganadería y esta vez los miuras lo fueron a la vieja usanza, o sea agalgados y zancudos, derrotando y poniéndose por delante.

Pero dentro de la corrida miureña hubo dos toros que se dejaron, al menos para correr la mano y permitir los muletazos con temple y ligazón. Ese premio gordo en el sorteo favoreció a Pepe Moral con los lidiados en segundo y cuarto lugar. El torero de Gerena olfateó el triunfo grande porque tuvo muy cerquita la Puerta del Príncipe, casi la acarició aunque le falto la segunda oreja del cuarto toro, que fue pedida con fuerza. En este toro Pepe Moral entendió a la perfección la lidia adecuada, sin molestar al toro, con buen trato, a media altura sin dejarse tropezar la muleta.

Estuvo rotundo sobre la mano derecha y templadísimo en los naturales. Faena precisa y medida que remató de un estoconazo. Muy parecida fue su labor en el segundo de la tarde, otro toro que no humilló y al que había necesidad de trastear con mano firme sin dejarle tocar la tela. Otra gran estocada y oreja. Fue la primera de las dos que cortó para salir en hombros por la puerta principal, que es la “suplente” en esta plaza de la del Príncipe que exige tres orejas, dos de ellas a un mismo toro.

Manuel Escribano se llevó tres miuras imposibles. Todos quedándose cortos, derrotando, metiéndose por dentro. Con el mismo coraje del que hizo gala a portagayola y en las banderillas al hilo de las tablas se empleó, igualmente, con la muleta. Muy digna actuacióna las puertas de sus dos tardes en San Isidro.

Publicado en Marca

‘Limosnero’ de Miura cierra la Feria de Abril de Sevilla

Número 52. Limosnero. Negro bragado. 582 kilos.

De SOL y SOMBRA.

‘Limosnero’ de Miura cerrará la Feria de Abril esta tarde que se lidiará un encierro de la mítica ganaderia en el decimocuarto y último festejo de la Feria de Abril de Sevilla.

En el cartel se anuncian en mano a mano Manuel Escribano y Pepe Moral.

El primer reserva es del hierro anunciado y el segundo reserva será de Fuente Ymbro.

El festejo comienza a las 18.30 (11:30 am México) horas y el orden de lidia establecido es el siguiente:

ORDEN DE LIDIA

1. Número 36. Redondito. Castaño bragado. 606 kilos. 01/2014
2. Número 78. Londrito. Cárdeno oscuro. 536 kilos. 01/2014
3. Número 66. Bigote. Negro entrepelado. 579 kilos. 12/2013
4. Número 61. Limonero. Negro. 562 kilos. 12/2013
5. Número 30. Trianero. Cárdeno oscuro. 592 kilos. 02/2013
6. Número 52. Limosnero. Negro bragado. 582 kilos. 01/2014

SOBREROS

1. Número 84. Limeño. Negro bragado meano. 615 kilos. 01/2014 Miura
2. Número 182. Pardillo. Negro bragado meano. 556 kilos. 12/2013 Fuente Ymbro.

‘Gallero’ cambió la vida del torero

Por Luis Carlos Peris.

Casualidades de la vida en cualquiera de sus apartados en general y del toro en particular. Se cerraba la Feria de 1971 con la tradicional corrida de Miura y se quitaba un torero del cartel. Precisamente, el torero que había triunfado rotundamente en las tres miuradas anteriores, Pepe Limeño.

Una sucia faena en los corrales durante el sorteo de la corrida de Arranz fue el motivo. El heroico torero sanluqueño se había sentido maltratado por la prepotencia de quienes administraban a Manuel Benítez El Cordobés, denunciando públicamente que le habían hecho trampa en el sorteo para que pechase con los dos toros de más trapío y el escándalo fue de órdago.

Bajo una fuerte depresión, Limeño se recluyó en su casa de Sanlúcar de Barrameda y mandó el parte facultativo. Y las cosas que se trae la vida en sus costuras, el sustituto iba a ser agraciado con un premio gordísimo, el más gordo que se reparte en el mundo del toreo, el de cortar un rabo en la Maestranza. Vino a suplir al compañero un paisano, el isleño Francisco Ruiz Miguel, que se topó con Gallero, un toro excepcional de Eduardo Miura.

El cartel de esa corrida última de Feria lo abría Fermín Bohórquez a caballo con una terna a pie formada por Andrés Hernando, Ruiz Miguel y Florencio Casado El Hencho, que había triunfado el año anterior con la de Zahariche.

El de la Isla entró en la corrida sustituyendo a su paisano Limeño, que se quitó del cartel. Aquel enorme triunfo le sirvió al torero para darle un giro rotundo a su carrera profesional

Gallero era negro con bragas, marcado con el número 100 y 521 kilos de músculo y osamenta. Era la primera vez que Ruiz Miguel se ponía delante de un toro de Miura y bien que entendió a ese corrido en segundo lugar. El toro salió queriéndose comer todo lo que se movía, pero ya con el capote, el cañaílla dominó al animal a base de redaños y de una disposición desmedida. Entendiéndolo a la perfección y con una gallardía admirable, el torero logró que la plaza entera fuese un clamor. Redondos y naturales por doquier siempre cerrados con el de pecho interminable. Las dos orejas las tenía en su poder, pero fue tal la perfección con que ejecutó la suerte suprema, a recibir, muy despacio, dejándoselo venir con un valor desmedido mientras la espada iba entrando lentamente hasta partirle el corazón a Gallero.

La plaza parecía un manicomio nevado y Ramón Mediano, el presidente, no tuvo más remedio que sacar el tercer pañuelo. Seguidamente sacó el pañuelo azul para que el extraordinario toro de Miura se fuera al desolladero tras una lenta vuelta al ruedo. El paseo triunfal de Ruiz Miguel con el rabo de Gallero en la mano fue una ceremonia en la que se aunaron solemnidad y alborozo a partes iguales, con el torero exultante en el convencimiento de que ese toro le había cambiado la vida.

Ha sido el último torero de a pie que logró la proeza de cortar un rabo en la Maestranza. Ese toro fue el salvoconducto que encontró para una carrera muy provechosa, una carrera en la que rentablizó como nadie el amargo cáliz de matar lo más duro de la cabaña brava. El isleño Francisco Ruiz Miguel bebió de la fuente de Rafael Ortega y, como su inolvidable maestro, es de los poquísimos elegidos que saben lo que es corresponder a las ovaciones de Sevilla con un rabo en las manos, con el rabo, nada más y nada menos, de un toro de don Eduardo Miura. Ocurrió tal hecho el 25 de abril de 1971 y fue, precisamente, en la primera ocasión que Paco Ruiz Miguel se enfrentaba a un encierro de Zahariche en la Feria de Sevilla.

Aquel rabo a un toro de Miura iba a marcar la trayectoria profesional de Ruiz Miguel. Suele pasar en el toreo que cuando un torero triunfa con una corrida de Miura, el premio es matar más corridas de Miura, y de Pablo Romero, y de Victorino, y de Guardiola o Cuadri. Es como si el premio se convirtiese en castigo, pero la verdad es que nuestro hombre escribió los mejores capítulos de su biografía con los hierros calificados de duros.

Aunque toreó en Sevilla algún que otro hierro de los llamados bombones, como Lisardo, Osborne, Marqués de Domecq o Bayones, Ruiz Miguel se había especializado en corridas para héroes y hubo ferias en que mató la de Miura y Pablo Romero, la de Miura y Murteira Grave, la de Miura y la de Palha, algo que debe poner los pelos de punta desde el mismo momento en que uno se ve anunciado.

De esa forma transcurrió la vida de Ruiz Miguel no sólo en Sevilla, sino en toda España. Especialmente en Madrid, el torero de La Isla gozó de un cartel impresionante y sus salidas a hombros por la puerta grande de Las Ventas fueron bastante frecuentes. Pero volviendo a la trayectoria de Ruiz Miguel en la Feria de Sevilla hay que decir que cuando obtenía el premio de esas corridas llamadas comerciales, o bombones, como se quieran llamar, no encontraba material apto para que luciese su toreo. Y es que el toreo del isleño era de poderle mucho a los toros, eludiendo más que acompañando las embestidas. Y, claro, ese toreo sólo interesa cuando delante hay un toro con fiereza y en una corrida donde la tragedia es el primer señuelo para el aficionado. Indudablemente, Gallero le cambió la vida a Paco Ruiz Miguel.

Hitos para la Historia (VIII).

Publicado en El Diario de Sevilla