La prestigiosa ganadería vuelve a La Misericordia tras una década y media sin lidiar una corrida completa aquí. El cartel de diestros lo componen Escribano, Esaú Fernández y Colombo.
¿Cómo se fraguó el regreso a Zaragoza?
Hablé con Carlos Zúñiga en el inicio de temporada. Me preguntó si había posibilidad de traer una corrida en octubre y le dije que confiaba en que sí. Después, en junio, le confirmé que iba a ser posible darla en el Pilar.
¿En qué momento está la ganadería?
En general, este año las cosas están saliendo bien. No nos podemos quejar, pero eso no quiere decir que vaya a seguir siendo así. Aquí nunca se sabe… cada corrida de toro es un mundo.
¿Cómo es la que trae?
La veo una corrida buena para Zaragoza. Seria y con trapío. Las fotos que han ido saliendo han gustado a los aficionados. Embarcamos siete toros para que, si para algo, no haya que correr en busca de alguno. Son variados de pelaje, y lo que lleven dentro pues lo veremos este sábado.
¿Cuánto tiempo hace que no lidian una corrida completa en La Misericordia?
Con Carlos Zúñiga hijo trajimos un toro a la concurso de 2019, pero una corrida completa hace ya más de quince años.
Concretamente, en 2009. Rafaelillo cortó una oreja que le valió el trofeo ‘el Valor’ que concedía la peña Gitanillo de Ricla.
No recordaba con exactitud. También me vienen a la cabeza corridas de la época de José Antonio Chopera como empresario.
Este sábado no torea Rafaelillo pero sí Manuel Escribano, otro de los que conocen bien su hierro.
Ha toreado muchos toros de Miura e indudablemente nos da confianza, pero esto no es cuestión de entender. Es cuestión de tener cabeza durante la tarde, y de saber lo que hay que hacerle al animal en todo momento. Escribano, cuando sale el toro ve mejor que otros cómo puede ser, pero los nuestros son muy cambiantes después. Por eso cuando vemos que mata nuestra corrida un torero que está poco rodado nos preocupa que le salga el complicado.
¿Qué toreros ve mejor capacitados para lidiar una de Miura actualmente?
Todo aquel que esté en activo debería estar capacitado para matar una corrida de toros nuestra. Después, depende de si el toro quiere embestir. Si no, lo mejor que hay que hacer es matarlo. No tengo preferencias, y en este cartel hay tres toreros que han matado varias de Miura. Saben lo que les puede salir…
¿Qué se esconde tras el mito de Miura? ¿Qué esperan los aficionados de sus toros?
La personalidad. Evidentemente, ahora no puede salir el mismo toro que en los años 20 o 30 porque era un espectáculo distinto, pero hay que mantener la personalidad. Cuando alguien va a la plaza a ver una de Miura, se tiene que notar que es así. Después será malo, bueno, flojo, soso… pero tiene que tener una identidad porque hay muchos aficionados que quieren ver ese toro nuestro complicado. Por eso cuando embarcamos una corrida deseamos que sea como una botica: que haya de todo, para todos los gustos, porque todos pagan su entrada.
¿Y cómo se están adaptando a los nuevos tiempos?
Esto viene de lejos. Mi abuelo y mi tío ya empezaron a darle otro sello. En el año 70, en Sevilla, Pepe Limeño, Palomo Linares y El Hencho salieron por la Puerta del Príncipe con una corrida nuestra. La ganadería saca toros de triunfo desde hace más de 50 años. Siempre con una genética que, por mucho que lo intentemos, no se puede manejar al cien por cien.
Sin duda, uno de los distintivos de su casa es la intriga. ¿Qué otras ganaderías cree que la mantienen?
Todas tienen su sello y capacidad sorpresiva a la vez. Igual que entre las comerciales -aunque a mí no me gusta llamarlas así- salen toros que emocionan y transmiten, también hay ganaderías que están llamadas a sacar el toro que emociona y luego sale el bobalicón. Como decía antes, esto es cuestión de genética.
¿Va a las corridas como aficionado?
A las de Sevilla sí suelo ir a todas. Por fuera me desplazo poco. Me cuesta trabajo coger el coche; prefiero ver los festejos que echan por la tele, que son muchos a través de Canal Sur.
Al norte, a Zaragoza, da más pereza venir.
Tengo muy buena relación con la ciudad. Mi padre fue hermano mayor de la Macarena, que está muy vinculada a la Virgen del Pilar, pero la verdad es que no he visitado mucho la ciudad.
¿La última fue para esa corrida concurso de 2019?
No, a esa no fui. Sí que he estado varias veces para ver torear a mi sobrino (Eduardo Dávila Miura), pero hace mucho tiempo que no estoy. Me hace mucha ilusión la tarde de este sábado y nos encomendamos a la Pilarica para que nos eche un capote; para que la gente salga satisfecha de la plaza y con ganas de volver, que para algo paga.
¿Qué le pareció el público de La Misericordia, es muy distinto al de La Maestranza?
Pues me parece una afición maravillosa. No es por hacer la pelota, pero siempre he disfrutado mucho en Zaragoza, de una afición respetuosa. Ninguna de las corridas que hemos lidiado han salido superiores, pero eso son cosas del toro.
¿Espera que hoy se abra una nueva etapa de Miura en esta plaza?
Veremos. Vamos a ver cómo sale y después hablamos. Quitando Sevilla y Pamplona, que son fijas en nuestra casa, no damos nada por seguro.
¿Qué tendría que pasar para volver?
Que el público salga de la plaza encantado, emocionado, y el año que viene se acuerde de lo que ocurrió el año anterior.
Publicado en El Heraldo Por Javier Clavero.




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