Sevilla: Entre el dulzor de Ferrera y la fuerza expresiva de Roca Rey

Por Fernando Fernández Román.

Déjenme que me agarre al taraje del tópico –una vez más— para hablar de Sevilla. El tópico, cuando se utiliza como asunto recurrente venial no es nocivo, sino gratificante. Hasta en los medicamentos se recomienda el uso tópico para sanar o aliviar cualquier trastorno del organismo; por eso, echar mano del tópico de Sevilla no es nada grave, ni nada nuevo, ni lesivo, sino liviano lenitivo que nos conforta. Lo malo, lo realmente pernicioso del tópico es cuando se utiliza como dogma de fe, muchas veces promovido por venalidades interesadas; pero el tópico del cielo de Sevilla y del azahar y del encanto de su río y de Sevilla y Triana es una recurrencia benefactora, háganme caso. Sucede sin embargo, que cuando se cuentan y se cantan los encantos de una ciudad radicalmente diferente a las del mundo mundial, al profano, al desconocedor o, simplemente al no capacitado para entender de estas cosas, mundanas y etéreas a la vez, le chirrían y acaba por parecerle cansina cantinela. Le trae al pairo esta romanza de tópico, con Sevilla de fondo. Es más, le encocora. Es jujana y pamplina; pero yo, que soy pecador confeso, cada vez me empecato más con Sevilla, sencillamente porque me fascina. Y no me pidan más explicaciones.

Un Domingo de Resurrección en primavera y en Sevilla, es un regalo. Y, si encima, acudes a la Maestranza de Caballería para ver la corrida que abre temporada, hay que ser muy pobre de espíritu para no reconocer que el cuadro es de una riqueza cromática deslumbrante. Este primero de abril, el cartel también era deslumbrante, con tres toreros –¡no sevillanos!—que despiertan el interés de los aficionados. Lleno a reventar. Al final del paseíllo, minuto de silencio en memoria de los ganaderos Victorino Martín y Domingo Hernández, el puntillero Lebrija y el Delegado de la Autoridad Miguel Ángel Ocaña.

Tampoco hubiera costado nada ampliar la nómina a Luc Jalabert, que es el más reciente de todos. Nada más terminar, la primera ovación. Y la segunda, para una inmensa pancarta en los tendidos de sol, que rezaba: “Cataluña es taurina”. Tarde de templada temperatura, sol radiante y leve viento, que no estorba. Todo el mundo quería estar en la Maestranza. Vayan si no a las páginas de sociedad y verán qué cantidad de eso que llaman, de forma banal e inconcreta, caras conocidas se veían por los alrededores y dentro del coso del Baratillo.

La corrida de Victoriano del Río fue protagonista –que no víctima– de lo que también se llama incomprensiblemente baile de corrales. Algunos toros fueron rechazados en el primer reconocimiento y se trajeron más de los predios colmenareños de don Victoriano, con los dos hierros de la casa, primero –bis y quinto. Consecuencia: la corrida fue una escalera, desde el zambombo de 590 kilos que se devolvió a los chiqueros por su manifiesta invalidez, a la raspilla, respondona, fea y mala que remató el festejo. Hubo dos toros de nota: el tercero, bravo y codicioso, y el cuarto, bravo también, pero sobre todo, noble hasta decir basta. El segundo tenía jiribilla en sus arrancadas, miraba al torero, medía su emplazamiento y se metía para adentro en los embroques; el sobrero primero-bis, cortó en banderillas, también fue listillo y deslucido; el quinto se vino abajo estrepitosamente y el sexto mansurroneó y negó las embestidas. Si nos atenemos a la garantía que parecía ofrecer el gran momento de esta ganadería, habrá que culparla en gran parte del resultado de tan deslumbrante festejo.

Sin embargo, no debería fiarnos del marcador, que refleja un resultado pírrico, porque los tres toreros ofrecieron una dieron una gran medida de su capacidad artística, dentro de conceptos bien diferentes. Antonio Ferrera parece que ha decidido hacer tabla rasa de su anterior periplo por los ruedos y se ha instalado, por propia decisión, en el solio de solemnidad, apostura y galanura. No banderillea (al menos ayer en Sevilla), y se ha creado un entourage de nuevo repertorio, en el que incluye el ya comentado rescate del quite “de verdad”, entrando a por el toro cuando todavía está corneando el peto y sacándolo con suertes de variada ejecución. Al quinto, lo sacó por verónicas medio en cuclillas, que es rara forma de torear con el capote; pero lo hizo muy bien, muy templado y con un indiscutible toque de eso que llaman torería. No acabó de congeniarse con el primer toro, el sobrero de marras, al que mató de una estocada dejándose ver, y ganándose un pitonazo; pero en el cuarto, acompañado por los compases del pasodoble Dávila Miura, escenificó una faena llena de pausas, tanto toreando, como esperando a que el toro recuperara energías… y que el del solo de trompeta rematara también su faena. Fue uno de los momentos más emotivos de la corrida, porque la música sonora y bella de la Banda se paseó de bracete con la música callada de ese toreo místico en que Ferrera ha determinado practicar. Este torero es un veterano que ahora se presenta como novedad, por lo que hace y por lo bien que lo escenifica. Como si viniera pidiendo pinceles para el cartel de toros de toda la vida (toma nota, Diego Ramos). La verdad es que cuajó tandas de muletazos de temple exquisito y despaciosidad meridiana. Hubo dos series con la derecha y tres con la izquierda, realmente magníficas. Pero la verdad sería incompleta si no se valorara la exquisita dulzura de la embestida del toro de Victoriano del Río. Entre la dulzura del toro y el dulzor de Ferrera (más que inspirado, ensimismado), las torrijas de Semana Santa me parecieron amargosas. La faena tuvo un desaforado metraje, por las pausas antedichas, y sonó un aviso, antes de que el toro cayera de media estocada y descabello. Así y todo, creo que mereció sobradamente la oreja, pero al no concederla el presidente, la vuelta al ruedo fue de auténtico clamor.

José María Manzanares fue el que se llevó lo peor del lote de donVictoriano. El segundo toro de la corrida fue un toro encastado y geniudo. Con arteras intenciones. Es cierto que ofreció un tercio de varas espectacular, arrancándose de lejos al caballo montado por Paco María, y estuvo a punto de derribar en el primer encuentro, pero hay que destacar la soberbia actuación del piquero, que colocó un segundo puyazo magistral. Llegó a la muleta alertando de que no era un toro de carril. De Carril, son las almejas. Éste era un toro con su punto de fiereza, que avisaba de que podía hacerse con la presa en cualquier momento. Y ese momento llegó, en forma de volteretón tremendo, con búsqueda insistente del desarbolado torero, que fue corneado por el toro con tanta saña como, por fortuna, mala puntería. No se amilanó Manzanares, y siguió porfiando, visiblemente afectado por el palizón. Mató de pinchazo y estocada y le dedicaron una justa ovación. Peor fue el quinto, con el hierro de Toros de Cortés. Un toro que pareció desparramar la vista –habíamos entrado ya en la fase de corrida nocturna—, al colocó un buen puyazo Chocolate-hijo y un gran par de banderillas Rafael Rosa, antes de que el matador toreara por alto, ampuloso y confiado, en el comienzo de faena. Y poco más, el toro se rajó de forma vergonzante, después de tomar la muleta de José María con cabeceo molesto y nula entrega. Se le aplaudió cuando mató de media estocada delantera.

Algunas de estas cosas sucedieron antes y después de que Andrés Roca Rey llamara fuertemente con la aldaba de la Maestranza. ¿A quién o quienes llamaba?, se preguntarán. Pues a todo aquél que quiera ver lo que este mozo espigado, de cabeza fría y corazón caliente se trae entre manos. Y lo que se trae, lo que trae al toreo contemporáneo es un forma de interpretar el arte que practica realmente magnífica, sorprendente y absolutamente sincera. Sin concesiones banales. Habrá quien entienda que esos cites por la espalda o las arrucinas o cualquier recurso que se invente sobre la marcha durante sus intervenciones con capote y muleta formen parte de una performance que solo trata de desviar la atención. Mentira. Roca Rey es, ahora mismo, un chorro de agua fresca. Pero, además, ayer demostró en Sevilla que torea con una elegancia, un empaque, un temple y un mando difíciles de superar. Ayer le pegó al toro castaño de Victoriano del Rió que se jugó en tercer lugar, Jara, de nombre, media docena de series con ambas manos que dejaron boquiabierto al personal. Inició la faena por estatuarios, con pase cambiado entreverado… y la Banda de música arrancó a tocar, porque se presagiaba algo grande. Y grandeza tuvo la faena de Roca, bella, maciza, sin asomo de crispación, rematada con un volapié por lo alto, dejando llegar los pitones al bordado de la chaquetilla. Faena de dos orejas incontestables, que se quedó en una porque Jara no se quería ir de la Maestranza y se amorcillo junto a las tablas de la barrera. El aviso que sonó no es más que un recordatorio, no un castigo, y sin embargo a Roca Rey le penalizó el público, porque con el largo lapso de tiempo parte del personal ejerció de perezoso olvidadizo. Y ahora el aviso me lo doy yo, porque me olvidaba de consignar la soberbia brega de Viruta, en el tercio de banderillas. Todo suma.

Con una larga cambiada de rodillas recibió Roca Rey al sexto toro, el peor presentado de la corrida, como se ha dicho. Y el de peor juego. Mansurrón descastado, entregó la cuchara demasiado pronto. Se fue a las tablas y allí Andrés trató de sacarle los colores con un arrimón tremendo, inconsistente y absurdamente arriesgado. Nada que hacer. Se le despidió, como a sus compañeros, con una cerrada ovación. Queda mucha feria, y mucha temporada.

Así transcurrió la esperada corrida de Resurrección en Sevilla: entre el dulzor de Ferrera y la fuerza expresiva de Roca Rey . ¿Y Morante? Por allí andaba, con sus pobladas patillas, sentado en su localidad, trajeado de gris y coronado con un sombrero bombín. Como le dijeron en cierta ocasión a Curro Romero, en este mismo escenario: Ya vendrá el verano…

Publicado en República

Foto: Entre Artes Comunicación.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s