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Toros 92: memoria de un año nefasto


Por Alvaro R. del Moral.

La programación taurina de la Exposición Universal de 1992 no comenzó con buen pie. Ni mucho menos… Pero hay que retrasar el calendario hasta el 4 de octubre de 1991, fecha en la que se programó una corrida extraordinaria que pretendía ser preludio y homenaje de la inminente muestra. En el cartel figuraban las tres máximas figuras de aquel momento –Ortega Cano, Espartaco y César Rincón– para estoquear una corrida de Torrealta. Pero las cosas se empeñaron en torcerse. Una cogida inoportuna apeó a Ortega de la terna. Su hueco lo ocupó el incombustible Curro Romero. Pero el baile de corrales y el inicial rechazo del encierro reseñado, que finalmente fue remendado con un ejemplar de Fermín Bohórquez, fueron la excusa esgrimida por Rincón y Espartaco para caerse del cartel y enseñar la trastienda podrida que precedió al festejo. La suspensión se decidió a las tres de la tarde y la mayor parte de los espectadores, en un mundo sin móviles ni redes sociales, se enteró al llegar a la plaza. La corrida estaba promovida por la propia Sociedad Estatal para la Exposición Universal y se iba a televisar para América Latina, Europa y España. El escándalo aún resuena…

Pero llegó el año de todos los fastos y la empresa Pagés, con don Diodoro a la cabeza, se lió la manta a la cabeza programando una temporada desmesurada en las cifras en la que nada salió como se había planeado. Se llegaron a programar 29 corridas de toros; doce novilladas picadas y un espectáculo de rejones a los que hay que sumar el habitual ciclo veraniego de noveles. Pero los resultados, ay, no fueron los esperados. Ortega, Rincón y Aparicio fueron los encargados de abrir fuego en la tarde del Domingo de Resurrección. La inauguración de la propia Expo había desplazado a Curro Romero de su fecha habitual al lunes 20 de abril junto a Ojeda y Espartaco. A partir de ahí, sin solución de continuidad, se celebraron otras diez corridas de toros por las que desfilaron, con tibios resultados, matadores como Mendes, Ponce, Manzanares, Emilio Muñoz, Cepeda, Litri, Campuzano, Ruiz Miguel…

El 1 de mayo se había celebrado una novillada matinal en la que Chiquilín cortó dos orejas que iban a caer en el olvido. Por la tarde se aunciaba uno de los festejos estrella del ciclo, restransmitido por Televisión Española en directo. Los toros de Atanasio Fernández tenían que ser estoqueados por Manzanares, El Capea y Ortega Cano. El primero, de nombre Cubatisto, alcanzó al banderillero Manolo Montoliú atravesándole el pecho de un costado a otro. Le partió el corazón y murió en el acto. Se lidió un toro más mascando lo irremediable pero el arriado del estandarte de la Maestranza delató la tragedia. Había muerto un torero; pero no sería el único que caería en ese año infausto.

El día 2 de mayo se habían programado dos corridas en sesión matinal y vespertina. Ambas quedaron suspendidas. Pero la función debía continuar y la plaza, sobrecogida aún, volvió a abrir sus puertas en la mañana del domingo de farolillos para acoger la corrida coral de rejones. Por la tarde hay que anotar que Pepe Luis Vázquez, que se había apuntado a la de Miura, se dejó un toro vivo. La habitual corrida del llamado Lunes de Resaca dio carpetazo a aquella Feria triste pero la plaza mantuvo su febril actividad. Sólo tres días después de finalizar el ciclo abrileño se volvía a anunciar una nueva corrida de toros en la que Joselito cortó una oreja gracias al estoconazo antológico que recetó a un torrestrella descarado de pitones. El domingo siguiente volvieron los carteles de campanillas: Curro, Litri y Aparicio se aunciaron con un encierro de Juan Pedro sin dejar nada para el recuerdo. El jueves siguiente se lidió una del Conde de la Maza y el domingo, día 17 de mayo, fue el turno de los antiguos y decadentes pablorromeros, remendados con sendos ejemplares de Núñez y Diego Garrido para ser estoqueados por una terna de banderilleros. Las corridas se reanudaron el 11 de junio. Los diestros castellanos Capea, Roberto Domínguez y Luguillano despacharon un desmesurado encierro de Los Bayones en un festejo desolador organizado para el pabellón de Castilla y León. Pero Canorea iba a echar el resto acartelando a Curro, Muñoz y Aparicio para la tarde del Corpus. El festejo fue patrocinado por el Ayuntamiento, la comisaría de la Ciudad y la propia Maestranza sin que la plaza alcanzara el lleno esperado.

La Asociación de la Prensa también organizó su corrida una semana después juntando a Parada, Jesulín y Pareja Obregón para estoquear un encierro de la Viuda de Diego Garrido. Fue el de Ubrique, que cortó una oreja, el más destacado del festejo que le sirvió para tomar impulso después del largo bache que vivió a raíz de la cornada de Zaragoza. Pero el verano taurino aún iba a anotar una corrida homenaje a Francia y la estéril encerrona de Martín Pareja Obregón -que se hizo un traje estrafalario- en la víspera del día de la Virgen.

Entre la Feria y los festejos de promoción hubo lugar para las habituales novilladas picadas, desdoblabas entre los jueves y los domingos de las dos últimas semanas de junio y extendidas al mes de agosto. Se pueden recordar los nombres de Manuel Díaz El Cordobés, Cuqui, Umbreteño, Pauloba, Chamaco, Manolo Sánchez, Santi Acevedo, Valderrama, Manuel Amador… De las becerradas de julio hay que recordar las dos orejas que cortó Vilches.

Pero la muerte se había quedado sentada en los tendidos. El 13 de septiembre, con la Expo de vuelta, se anunciaba una nueva novillada dominguera que acartelaba a tres nombres olvidados: El Vinagre, Juan de Félix y Leocadio Domínguez. En los chiqueros se había encerrado una novillada del Conde de la Maza. El tercero, llamado Avioncito, arrolló al subalterno camero Ramón Soto Vargas a la salida de un par de banderillas. Se levantó por su pie; parecía una voltereta más pero el pitón había alcanzado el corazón. En la enfermería se luchó por su vida mientras continuaba aquel festejo intrascendente. A las once se supo el fatal desenlace. Había vuelto a morir otro torero…

Quedaba San Miguel, con la triple comparecencia de Romero, la alternativa de Sánchez Mejías y el doblete del rey Juan Carlos en el palco del Príncipe. Finito cortó una oreja y Jesulín -que confirmó su resurrección taurina- otra. Pero aún quedaba la corrida de la Cruz Roja. El monarca volvió a presidir el festejo acompañado del príncipe. Era el noveno que cumplía el Faraón de Camas -que no tuvo su año- acompañado esta vez de Ponce y Aparicio el mismo día que se clausuraba la muestra de la Isla de la Cartuja. Habría un décimo, vestido de corto: fue en el festival organizado para homenajear al infortunado Soto Vargas. Terminaba así un año para olvidar.

Publicado en El Correo Web

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@Taurinisimos 110 – Feria de San Isidro 2017. Talavante Triunfador. Leo Valadez en Sevilla.

Programa @Taurinisimos de @RadioTVMx del viernes 19 de Mayo de 2017. Conducen Miriam Cardona @MyRyCar y Luis Eduardo Maya Lora @CaballoNegroII.

Producción: Miguel Ramos. Operación: Abraham Romero.

Actualidad Taurina.
Maestranza de Sevilla
Novillos de Guadaira: J.E. Colombo, Leo Valadez y Toñete.

Entrevista: Simón Casas por Luis Ramón Carazo.

Feria de San Isidro.

Faenas de Morenito, Talavante, Curro Díaz, Castella y David Mora. José Garrido y Jiménez Fortes.

Recuerdo de Don Paco Baruqui.

Galería de Jorge Cuesta, Apoderado.

La próxima emisión de #Taurinísimo será el próximo viernes 26 de Mayo de 2017 a las 7 pm (Mex) a través de http://www.radiotv.mx

#EsperamosSuOpinión.

Twitter: @Taurinisimos.

Mail: taurinisimos@gmail.com

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LA MAESTRANZA | DECIMOQUINTA DE ABONO EN SEVILLA: Buena imagen de Leo Valadez


Por Luis Nieto.

Preciosa tarde para ver toros: soleada y sin un ápice de viento. La Maestranza registraba casi media entrada en la primera novillada de la temporada que deparó una notable actuación del mexicano Leo Valadez, quien dio una vuelta al ruedo tras lidiar a cada uno de sus novillos. El torero hidrocálido mostró como principales armas en su presentación en la plaza de Sevilla una gran soltura y variedad con el capote, temple e inteligencia en las faenas de muleta, y seguridad y acierto en la suerte suprema. Si la primera petición de oreja fue minoritaria, en la segunda, tras una estocada arriba y una faena completa, hubo fuerte petición y parecía que el presidente concedería el trofeo, pero todo quedó en vuelta al ruedo.

La novillada de Guadaira, interesante por las muchas transformaciones de los novillos a lo largo de sus lidias, estuvo en conjunto bien presentada y tuvo un comportamiento variado. Por supuesto, en manos expertas hubiera dado mucho más de si.

El castaño segundo, bien encornado, largo, empujó con bravura en varas y acudió a la muleta de Valadez con movilidad y nobleza. Fue el mejor del encierro. El diestro azteca ganó terreno a la verónica. Tras un comienzo muy torero, con bellos doblones, planteó una faena inteligente. Dio distancia al novillo y de largo extrajo sendas tandas diestras ovacionadas, destacando la segunda, en las rayas, con toques leves para alargar los viajes del animal. Saltó la música. Con la izquierda consiguió también algunos naturales largos. Mató con decisión, en una estocada al encuentro y dio una vuelta al ruedo tras leve petición.

Con el quinto, otro novillo bien armado y largo, con tendencia a irse, volvió a dejar claro su capacidad. Se marcó un quite por lopecinas francamente bueno, que fue muy ovacionado. En esta ocasión, el comienzo de faena de rodillas, con la diestra, y un pase del desprecio mirando al tendido, impactaron. En las afueras, fue tirando del novillo por el pitón derecho. Cuando manejaba la zurda se quedó al descubierto y el astado lo cazó, afortunadamente sin mayores consecuencias. El animal se fue orientando en un final de trasteo con garra, que remató de una gran estocada arriba que por si sola valía el premio de una oreja.

El que abrió plaza, un novillo negro, cornidelantero, aceptablemente presentado, que de salida se volvió en busca del toril, tuvo movilidad. El venezolano Jesús Enrique Colombo toreó con buen aire a la verónica, prendió banderillas con facilidad y en la muleta logró tandas cortas entonadas, que bajaron de intensidad a medida que el novillo fue a menos. Mató de estocada.

El cuarto, un castaño muy bien presentado, enmorrillado, resultó mansísimo y mugidor. En la muleta fue a su aire. Colombo, que lo recibió con una larga cambiada de rodillas junto a tablas, se mostró voluntarioso, logrando los mejores pasajes con la diestra. De nuevo, certera estocada.

Toñete, el menos placeado, tiene carencias con el capote y se intuye que es torero de valor. Con el tercero, con tendencia a irse, al que le costaba mucho embestir y que acabó defendiéndose, se mostró porfión. Resultó cogido, sin mayores consecuencias, cuando, a topacarnero, enterró la mitad de la espada.

Con el negro y cornidelantero sexto, un astado manso y con movilidad, Toñete aportó como mayor virtud la quietud en una labor desigual, con un mal manejo de la espada.

El espectáculo en la plaza de toros de Sevilla, entretenido, con una interesante novillada de Guadaira, deparó la buena imagen de un torero mexicano: Leo Valadez.

Publicado en Diario de Sevilla

La torería de Antonio Ferrera

Antonio Ferrera. Foto Arjona.
Ferrera. Foto Arjona.

Por Luis Nieto.

La Feria de Abril 2017 ha deparado como gran triunfador al veterano Antonio Ferrera, que dictó lección de torero lidiador y también de diestro con gusto, que además toreó de manera deliciosa con el capote. Únicamente la espada le privó de llevarse al esportón algunos trofeos más que la única oreja que consiguió. Pero en el ruedo de la Maestranza quedó grabada a fuego la torería plena de un torero en sazón, que retornaba a Sevilla -no lo olvidemos- tras haber realizado las mejores faenas en las temporadas 2014 y 2015. Un diestro que además volvía a la plaza de Sevilla tras superar una grave lesión del brazo derecho, con fractura del radio, que sufrió cuando toreaba en el coso balear de Muro el 21 de junio de 2015.

En el análisis que realizamos de 13 corridas de toros -incluida la del Domingo de Resurrección- y una de rejones, ningún torero alcanzó la salida a hombros por la Puerta del Príncipe -se precisa cortar tres orejas-. Andrés Roca Rey ha sido el único que desorejó a un toro -viernes 5 de mayo- de Toros de Cortés. En total, se cortaron 17 orejas. Los matadores que han conseguido trofeos son El Cid, Joselito Adame, José Garrido, El Juli, José María Manzanares -dos-, Antonio Ferrera, Paco Ureña, Rivera Ordóñez, Cayetano, Alejandro Talavante, Roca Rey -dos- y Pepe Moral -dos-. De los rejoneadores, Ventura y Galán cortaron sendas orejas.

Importante actuación del palaciego Pepe Moral, que cortó dos orejas en la de Miura

Ferrera, que hizo doblete, luchó lo indecible con Platino, de Victorino Martín, al que consiguió dominar y al que cortó una oreja. El 6 de mayo, en la corrida de El Pilar, cuajó a su segundo toro la mejor faena de la Feria, pero no remató con la espada.

Además de Antonio Ferrera, también hay otros dos toreros que dieron la talla y ocupan lugar destacado: Roca Rey y Pepe Moral. Roca, de vacío el Domingo de Resurrección, impactó en la faena al sobrero de Toros de Cortés, un manso al que se impuso con decisión. Dejó el poso de un torero con máxima proyección.

Pepe Moral volvió a demostrar que cuenta con un toreo al natural de primera calidad y lo hizo, además, ante toros de Miura, especialmente con el notable Amapolo. Con su actuación, ha ganado crédito para que cuenten con él en otras plazas.

Sebastián Castella cuajó una de las mejores faenas del ciclo al cuarto toro de Victoriano del Río -premiado exageradamente con una vuelta al ruedo en el arrastre-.

El peso del abono recaía en Morante de la Puebla, quien en sus cuatro tardes no consiguió el éxito. Voluntarioso, no se le fue ningún toro. Brilló en su tercera actuación, en la que realizó una faena de alto voltaje artístico marcada por la naturalidad y en la que falló con la espada. Manzanares, que contaba con tres tardes, cortó dos orejas. Su mayor aval en este ciclo sucedió en la corrida de Juan Pedro Domecq, donde fue decisiva su faceta como excelente estoqueador, cobrando una oreja de cada uno de sus astados.

El Juli cumplió sin más en esta feria. A Talavante le faltó más decisión. Perera, en su única tarde, se entregó sin frutos.

A Padilla, el triunfador del año pasado, el palco no le concedió un trofeo pedido mayoritariamente, al igual que sucedió con El Fandi, quien completó una gran actuación y que fue herido menos grave en el muslo derecho. Padilla, en su segunda tarde concretó una actuación de bajo relieve.

Dentro del ciclo se despidió Francisco Rivera Ordóñez Paquirri, que consiguió un trofeo de su último toro en una tarde en la que destacó su hermano Cayetano, que también cortó otra.

Otros diestros que consiguieron un trofeo fueron El Cid, por una faena arrebatada y desigual a un toro noble de Fuente Ymbro; Joselito Adame, por una labor pulcra; Paco Ureña, buscando la pureza ante un difícil victorino; y José Garrido; éste último deslumbró con un ramillete de verónicas y una media fenomenal.

Escribano se marchó de vacío tras fallar con la espada en la de Victorino; Javier Jiménez, con entrega. Tanto Esaú Fernández, a punto de cortar una oreja, como Nazaré, cumplieron ante miuras. David Mora, que dio una vuelta al ruedo, no redondeó. Ponce pasó inadvertido; Urdiales, con un mal lote, quedó inédito; Álvaro Lorenzo y Ginés Marín no consiguieron apurar las condiciones de sus oponentes. Y López Simón, uno de los más esperados, se marchó de vacío, sin dejar buena imagen en su segunda tarde, en la que contó con un toro nobilísimo de El Pilar.

En la tarde de rejones, Ventura logró lo mejor y cortó una merecida oreja; Galán fue premiada con otra y Lea Vicens se marchó de vacío.

En el aspecto ganadero ninguno de los encierros lidiados fue de nota alta en su conjunto. La ganadería más destacada fue Jandilla. También Torrestrella y Victorino Martín tuvieron un buen nivel. Núñez del Cuvillo, en doblete, falló el Domingo de Resurrección y lidió otro encierro de juego desigual; Garcigrande, excesivo peso y escasa casta; Juan Pedro Domecq, noble y floja; y Bohórquez, Daniel Ruiz, García Jiménez, Victoriano del Río, El Pilar y Miura, desigual.

De los toros sueltos que dieron un juego importante dejaron huella, entre otros, Derramado, de Victoriano del Río; Ruidoso, de Torrestrella; Medicillo, de El Pilar; Platino, de Victorino Martín; Enemigo, de Daniel Ruiz; Bellito, de El Pilar y Amapolo, de Miura.

De las cuadrillas, en cuanto a los picadores, han sido pocos los que se han podido lucir, entre otras cosas porque el tercio de varas ha quedado en muchas ocasiones en puro simulacro, debido a la flojedad de muchos toros y por otro lado, no se coloca a los astados como mandan los cánones. Entre los varilargueros destacados, Manuel Jesús Ruiz Román o Paco María. En cuanto a banderilleros, entre otros muchos, Fernando Sánchez, Iván García y José Chacón con los palos o el propio Chacón, Rosa, Curro Javier y Daniel Duarte en la brega.

La Feria contó con un buen nivel de público, con cuatro festejos en los que se colocó el No hay billetes, tras un ligerísimo aumento de abonados -alrededor de 2.500-, en clara minoría con la masa, quien ha solicitado en numerosas ocasiones trofeos que son impropios de una plaza de máxima categoría, como se presupone que es la Maestranza. Otro de los males de la Fiesta, que se reflejaron en esta última edición abrileña, es la desgracia que atraviesa la suerte de varas. Y en cuanto a la autoridad sería bueno que unificaran los criterios, especialmente en la valoración de la concesión de trofeos.

Todo esto sucedió en una Feria de Abril que será recordada por la torería de Antonio Ferrera.



Fuente Diario de Sevilla

Los Miuras

Pepe Moral ante un Miura la pasada feria de Sevilla.

Por Antonio Burgos.

Ojalá todas las esencias y tradiciones de España se hubieran conservado con la fidelidad y el rito de la Casa Miura

ANTES de que estuviera de moda todo lo alimentariamente «sin», en Sevilla ya lo inventamos en taurina materia: las corridas de Feria «sin» Feria. El empresario Diodoro Canorea inventó las corridas de Feria «sin farolillos», cuando todavía no había empezado el festejo de abril.

Y quien cuando ya la Feria había terminado, en domingo, y había un día de fiesta local mal llamado «Lunes de Resaca», se inventó «el Lunes de Guardiola». Ese día de fiesta tradicionalmente se corrían toros de esa casa, que en su encaste Pedrajas se arrancaban al caballo casi desde la boca de riego. Era un espectáculo la suerte de varas.

Y salieron en esos Lunes de Guardiola toros tan bravos como «Comando Gris», que como su matador, Curro Camacho, no lo supo ver ni entender, no salió por la Puerta del Príncipe, sino que entró por la de un gimnasio con el que hubo de ganarse la vida tras pegar aquel petardo. Lo que le deseaba Juan Belmonte a un novillerete: «Hijo, pide a Dios que no te salga un toro bravo».

El día anterior al lunes «sin» de Guardiola que evoco era el «domingo de los Miuras». De siempre, la Feria taurina de Sevilla ha terminado con un encierro de los toros que los Miuras crían en Zahariche por el plan antiguo: todo tradicional, clásico, nada de moderneces; ritos y liturgia del campo bravo andaluz.

Como si todavía reinara Isabel II, que es cuando la ganadería se fundó, y no Don Felipe VI, el hijo del Rey Don Juan Carlos, que quedó encantado de asistir a las faenas camperas en la finca de estos toros de leyenda.

Ganadería que en esta Feria de Sevilla y en este San Isidro cumple 175 años en las mismas manos familiares, sin que la haya comprado un nuevo rico de la burbuja inmobiliaria. En manos siempre de la familia, los toros de Miura han visto pasar a España de los reales al euro, de las guerras carlistas a los atentados de la ETA, de la diligencia al Airbus, del correo de postas a los WhatsApp.

Y sin cambiar nada. Sintiéndose símbolo de la nación antes del invento de la «Marca España». Antes que Manolo Prieto diseñara el toro de Osborne, ya estaba un miura encampanado en la poesía, la leyenda, el romancero, la copla:

«Los toritos de Miura/no le tienen miedo a nada,/porque ha muerto El Espartero/el mejor que los mataba».

«Malhaya sea “Perdigón”», dijo después Fernando Villalón en su romance, como ampliación de sevillana tan hermosa, coetánea de la tragedia. Y luego vino «Islero» y lo de Manolete en Linares: más mito, más coplas, más leyenda; del «Capote de grana y oro» que Rafael de León le escribió a Juanita Reina a las campanas de Linares que Rafael Farina hizo doblar a duelo.

Hoy, en esos «sin» taurinos que inventó Canorea y continúa su yerno Ramón Valencia, es el «domingo de los Miura»… cuando ya no hay Feria. Ha terminado una desaforada Feria más larga que un Ave en doble composición.

Y en un Domingo de los Miuras, yo quiero rendir homenaje a esa familia que ha mantenido la rosa de la leyenda sin tocarla. Ojalá todas las esencias y tradiciones de España, empezando por la Corona, se hubieran conservado con la fidelidad y el rito de la Casa Miura.

Para la que igual que otros reclaman un «lenguaje no sexista» en el DRAE, pido una depuración de todo lo antiandaluz del Diccionario. Dice el DRAE de «miura»: «Toro de la ganadería de Miura, formada en 1848 por Eduardo Miura, famosa por la bravura e intención atribuida a sus reses». Pues miren, señores de la RAE: no. La formó en 1842 don Juan Miura.

Y su bravura e intención no es atribuida, sino probada: ya sólo saben latín los toros de Miura. Y quiten también, señores académicos, la segunda infamante acepción: «Persona aviesa, de malas intenciones».

A leguas se ve que los académicos de la Española no han estado nunca en Sevilla en esta gloria histórica del Domingo de los Miuras, ¿verdad, Andrés Amorós?

Publicado en Periodista Digital

Acabó la Feria de los reenganches


Por Luis Carlos Peris.

Tras los fuegos artificiales que cerraron la Feria, una sinfonía al natural le daba el pase de la firma a la Feria taurina. Pepe Moral lograba coger un nuevo tren con la esperanza de que no lo descabalguen de nuevo y lo hacía mediante el recurso mejor, con un ramillete de naturales excelsos que fueron los mejores muletazos del serial. Un serial que ha visto con alegría cómo un torero de raza se ha convertido en enciclopédico lleno de buen gusto. 

La Feria que ha cuajado Antonio Ferrera quedará para el recuerdo a la par de que ha de servir para que el pacense logre billete para el vagón locomotor del toreo. Con muleta y, sorprendentemente, con el capote, su paso por la Feria ha sido excepcional. 

La eclosión de Roca Rey, los capotes de Garrido y de Morante, la estocada de Manzanares o la rabieta de Cayetano le añadieron brillo a la Feria de dos grandes reenganches.

Publicado en: Diario de Sevilla

Feria de Abril: Triunfo legítimo de Pepe Moral

El diestro Esaú Fernández, durante el tercer toro de la tarde en Sevilla.. Paco Puentes.

Por Antonio Lorca.

MIURA / NAZARÉ, MORAL, FERNÁNDEZ



Toros de Miura, bien presentados, muy blandos y descastados. Segundo, cuarto, quinto y sexto cumplieron en el caballo.

Antonio Nazaré: media estocada muy tendida, seis descabellos -aviso- y dos descabellos (silencio); estocada trasera y cuatro descabellos (ovación).

Pepe Moral: estocada (oreja); estocada caída (oreja y dos vueltas).

Esaú Fernández: estocada delantera (ovación); pinchazo y estocada baja (palmas).

Plaza de La Maestranza. Decimocuarta y última corrida de feria. 7 de mayo. Casi tres cuartos de entrada.

El público abucheó enérgicamente a la presidenta porque no concedió la segunda oreja del quinto toro a Pepe Moral. Injustísima protesta de unos tendidos invadidos por espectadores festivos y alborotadores que carecen de la mínima exigencia que debe presidir la concesión de trofeos en este templo de la tauromaquia.

Pepe Moral escaló ayer muchos peldaños y ojalá este triunfo legítimo y cabal le sirva para romper de una vez por todas en figura; pero su actuación no fue, ni por asomo, para dos orejas, pues si bien aprovechó al máximo la templada y noble embestida del miura y dibujó dos tandas de extraordinarios y bellísimos naturales, la faena no fue redonda, y, además, la culminó con una estocada caída, razón suficiente para que el premio quedara en un solitario y muy merecido trofeo.

Ya había cortado otra oreja a su primero, un toro sin fijeza ni recorrido en la primera parte de la faena de muleta, hasta que la buena mano del torero y la calidad misteriosa del animal se fusionaron en dos tandas de redondos muy templados y otra final con la mano zurda, cerrada con un caro trincherazo. Fue una labor de menos a más, premiada con un trofeo que, quizá, fue excesivo, pero reconoció el buen momento de un torero que merece mejor futuro.

Un buen susto se llevó Esaú Fernández cuando recibió a su primero de rodillas en los medios. El toro lo divisó en la lejanía, se acercó al trote, detuvo la marcha a la altura del torero, y, aunque aceptó el engaño del capote, se revolvió en un ápice de terreno, impidió que el torero recuperara la verticalidad, y lo zarandeó y pisoteó en el suelo. Quedó conmocionado el joven torero y así lo trasladaron a la enfermería, aunque no existía constancia aparente de cornada. Tanto es así que, momentos después, en el inicio del tercio de banderillas, salió Esaú de la enfermería y corrió veloz por el callejón para asumir la lidia del toro, que no fue posible porque carecía de clase y transmisión, y, además, se lastimó una mano. Tuvo mejor suerte con el sexto, que cumplió en el tercio de varas, y tuvo fortaleza para embestir con cierta calidad en la muleta. Anduvo afanoso y entregado Fernández, aunque sin alcanzar el clímax necesario para que la plaza se decidiera a blandear los pañuelos.

El lote más insulso le tocó a Antonio Nazaré; inválido total el primero, falto de vida, inservible, que se desplomó en varias ocasiones; y desfondado y descastado el cuarto, con el que se mostró firme con la muleta después de un más que titubeante recibimiento con el capote.

¿Y los toros? Blandos todos; aceptables en el caballo cuatro de ellos; nobles el lote de Moral y el sexto, pero no hubo un toro de la leyenda de Miura.

Publicado en El País 

El vendaval peruano 

Por Álvaro Acevedo / Foto: Carlos Núñez.

Soplaba el viento pero se calmó cuando otro vendaval, de casta y de toreo, compareció en la Maestranza bajo el nombre de Andrés Roca Rey. El chaval estuvo enorme, y no sólo fue una cuestión de valor y entrega.  El sobrero con el que protagonizó la gran faena de la tarde huyó a su querencia tras los primeros estatuarios, y el torero fue a buscarlo a su terreno para plantarle batalla. El de Victoriano atacó con fuerza pero descolgado, apuntando un fondo de clase que acabaría descubriendo el torero.

Y repitió con brío, y Roca le bajó la mano de forma soberbia,  y lo llevó con mando y poderío,  con limpieza a pesar de la brusquedad de su enemigo. Hay que ser muy buen torero para dominar esa embestida de manera tan rotunda, para atemperarla, ralentizarla, someterla. ¿Y el toro?  ¿Fue manso porque huyó hasta el tercio más próximo a chiqueros?  ¿Fue bravo porque embistió al galope, comiéndose los engaños con nervio y entrega sin volver a mirar a toriles en toda la faena? A mí, de pequeño, me enseñaron que a ese tipo de toro se le llamaba manso en bravo.

El caso es que propició una lidia llena de matices y de sorpresas. Huyó primero, atacó más tarde y se entregó al final.  Y tuvo suerte: cayó en manos de un futuro gran torero.

¿Podemos decir lo mismo del cuarto de la tarde?  Yo, particularmente, creo que el toro fue magnífico por su fijeza y obediencia a los cites y a los toques ; por su recorrido y temple; por su nobleza y ritmo.  Creo, además, que fue mucho más fácil de torear que el sobrero al que le formó el taco Roca Rey.

Y también creo que Sebastián Castella no estuvo a su altura. La faena tuvo absoluta ligazón y muletazos largos, un sinfín de derechazos y poquitos naturales, algo incomprensible pues en los cambios de mano, lo mejor de su aseado trasteo, el toro cantó que por el lado izquierdo era también de lío.  En realidad pasó lo de tantas veces: que el toro con calidad tiene bastante peligro si su lidiador carece de sello, por mucho que este público despistado aplauda ya hasta cuando los toreros piden permiso al presidente. Falló Castella con el descabello y perdió las orejas y también las formas, al no disimular su enfado cuando al animal le dieron la vuelta al ruedo en el arrastre. Por lo visto no la merecía…

Estos dos ejemplares no nos deben hacer olvidar el mal juego de los otros: bruto el primero de Castella; manso y con genio el sexto; y también manso y violento el lote de Manzanares.

José Mari les sacó más pases de lo que hubiera imaginado en una tarde en la que la fortuna le volvió la cara. Sin una vuelta al ruedo debió salir de la plaza más satisfecho que el día de las dos orejas a la corrida de Juan Pedro.

Publicado en Cuadernos del Tauromaquia