Archivo de la categoría: Sevilla

Feria de Abril: lo malo, si breve…


El presidente niega una oreja a El Juli en una deslucida corrida de Jandilla.

Por Andrés Amorós.

Si el cartel, en sí, era muy bueno, después del indulto de «Orgullito», se convierte en óptimo. El ambiente es extraordinario: una gran fiesta social. Luego, como tantas veces, llega la decepción. El toro lo decide todo. Recuerdo un viejo refrán: «Tres cosas hay que nadie sabe cómo van a ser: el melón, el toro y la mujer».

Más chocante resulta porque Jandilla lleva dos temporadas muy buenas pero, esta tarde, las reses han fallado estrepitosamente: flojos, descastados, huídos, sin emoción, rajados… Ese es el enigma básico de este arte, siempre imprevisible. Y los ánimos del público, exaltados al comienzo, se han ido desinflando, como un gigantesco «soufflé»…

Al comienzo, se ha hecho saludar a El Juli, en recuerdo de la gran faena al toro indultado. (Me dice una elegante vecina: «En Las Ventas, lo van a esperar»). Se emociona el público con una pancarta: «Cataluña, taurina». Todos aplauden. Y uno apostilla: «Y el Barsa, Subcampeón de la Copa del Rey…». La guasa de esta tierra.

Raíces clásicas

Antonio Ferrera ha conseguido que muchos esperemos con ilusión su nuevo estilo, de raíces tan clásicas. El gran público, en cambio, sigue pitándole, cuando no coge las banderillas. La gente no lee y tardará tiempo en enterarse de que ésa es su decisión para esta temporada. El primer toro flaquea, se queda corto. (Tendré que repetir esto con casi todos sus hermanos). Además, no repite y pega derrotes . Antonio, en seguida, lo lleva al centro – a pesar del viento – y muletea, muy asentado y sereno. De pronto, el toro decide echarse en el dorado albero. ¡Vaya decepción! Le piden que corte y lo hace. Después de un pinchazo, logra una buena estocada. Recibe al cuarto con buenos lances, en su estilo propio, bajando la cabeza, acompañando la embestida. Se luce poniéndolo en suerte. El toro tardea, echa el freno ante el caballo, sale de la suerte cayéndose. Ferrera muletea con oficio y buenas maneras pero las caídas deslucen el trasteo. Con valor y mérito, todavía le roba pases en tablas, que son insuficientemente valorados. (La efervescencia emocional del comienzo ya se ha diluido). Mata bien, entrando despacio.

Resume certero Fran: «En esta Feria, de seis toros, sólo le ha embestido uno». Veremos si en Las Ventas tiene más suerte.

Idilio con Sevilla

El Juli vive su momento de idilio con el público sevillano, que lo apoya y empuja. El segundo toro es noble pero flojo. Lo recibe con buenos lances, cargando la suerte y a pies juntos. Roca Rey aprovecha la bondad de la res para su quite barroco. Julián replica con chicuelinas de mano baja (como Manzanares padre) y compás abierto (como José Tomás). La gente ruge: ¡dos gallos de pelea! Es lo que han venido a ver. Brinda Julián al público; anda fácil con el toro pero molesto por las ráfagas de viento. Torea con mando, algo encorvado. Los naturales desmayados hacen sonar la música: escuchar a esta Banda «Suspiros de España» es una maravilla. Al final, desata el entusiasmo con un circular. Mata mal, con el habitual salto; además, caído y perpendicular. La petición de oreja es mayoritaria pero el Presidente no la concede. Sentencia un vecino: «Ha sido sólo medio toro; por eso, la faena ha ido a menos». Y no está bien que, en esta Plaza, como ahora en casi todas, se valore sólo lo rápido que caiga el toro, no el lugar de la estocada. Da la vuelta al ruedo. El quinto sale con genio, embiste de largo al caballo, pica bien Barroso. Después de los doblones iniciales, el toro se queda corto, se para y se cae. Una vez más, vivimos la desesperante situación de un diestro que ha de gritar cinco o seis veces «¡Je!» para que el toro embista un poquito. Le piden que abrevie y lo hace. Mata mal, con derrame.

Un manso manejable

Todos esperan que Roca Rey se enfrente con todas sus armas al diestro triunfador: lo intenta pero no logra rematar el triunfo. El tercero se llama «Jumbrío» (supongo que es «Umbrío», con la hache aspirada, como «cante hondo» da lugar a «jondo») pero se queda en muy oscuro. Apenas lo pican; se mueve, en banderillas, pero renquea de atrás; quiere embestir pero… Comienza Andrés con cinco muletazos de rodillas: uno de ellos, por la espalda. («El pase del runrún», lo bautiza un vecino). Liga muletazos mandones, de mano baja, pero la flojedad del toro frena el estallido. Aunque la res saca genio, le arranca muletazos. Mata con decisión pero mal. El último es un manso manejable que huye continuamente hacia chiqueros. El quite por gaoneras c y una larga sube un poco la emoción, muy caída. Saluda en banderillas Juan José Domínguez. En los terrenos que va buscando el toro huído, intenta sujetarlo, manda y aguanta; todavía consigue naturales de mucho mérito, en tablas, pero pierde la oreja, al pinchar. Una vez más, ha demostrado que, además del evidente valor, posee una notable capacidad y una claridad de cabeza poco frecuente. Con esas calidades, va a llegar muy lejos.

Única noticia buena, la corrida ha durado poco más de dos horas, algo increíble, hoy en día. Lo malo, si es breve, sigue siendo malo, pero se soporta mejor.

FICHA

REAL MAESTRANZA DE SEVILLA. Jueves, 19 de abril de 2018. Décima corrida. Lleno de «No hay billetes». Toros de Jandilla y Vegahermosa (4º), de muy pobre juego, todos flojos y deslucidos.

ANTONIO FERRERA, de azul marino y oro. Pinchazo y estocada (silencio). En el cuarto, buena estocada (silencio).

EL JULI, de tabaco y oro. Estocada caída perpendicular (petición y vuelta al ruedo con bronca al presidente). En el quinto, media caída con derrame (silencio).

ANDRÉS ROCA REY, de barquillo y oro. Estocada rinconera (saludos). En el sexto, pinchazo y estocada. Aviso (ovación de despedida.

Publicado en ABC

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Feria de Sevilla: Diego Ventura triunfa en su ausencia

Por Carlos Ilián.

La ausencia de Diego Ventura en la tarde de rejones se notó, y mucho, en los tendidos. Apenas media entrada mientras nos cuentan que en Espartinas donde si que actuaba Ventura se puso el “no hay billetes”.

No se entiende que la tarde del toreo a caballo, ya en plenos días grandes de la feria el cartel sea tan pobre. Solo la presencia de Sergio Galán representaba al top 5 del rejoneo actual.

Por supuesto el rejoneador madrileño fue de largo el que hizo lo más ortodoxo y lo más serio. Con mucho oficio liquidó al paradísimo toro que abrió plaza, el menos propicio de la noble corrida de Bohórquez. A propósito, no es de extrañar que Diego Ventura se harte ya de este tipo de toro y busque más emoción y menos facilidades que estos de Bohórquez.

Lo cierto es que en el cuarto Galán hizo el toreo fundamental clavando muy al estribo y con gran limpieza. Hubo un par a dos manos magistral, en un palmo de terreno entre toro y caballo. La oreja fue de ley

Sin embargo las dos que cortó Romero, una por toro, ha sido el resultado de dos rejonazos mortales y el entusiasmo consiguiente en los tendidos, donde había numerosos paisanos de su pueblo, el onubense Escacena del Campo. Con el mejor lote de la corrida Romero clavó descaradamente a la grupa y en los quiebros se abría dejando un océano de por medio.

La francesa Lea Vicens brindó la lidia de s primer toro a la memoria de don Ángel Peralta quien fue su mentor maestreo. La rejoneadora, sin estridencias ni grandes alardes cumple muy dignamente y confirma que puede andar por las ferias. Estuvo desdibujada en el tercero pero muy certera y medida, ciñéndose en los encuentros con el toro y clavando certeramente. Un pinchazo y un rejón trasero, pero en lo alto, le permitieron cortar una oreja.

Plaza de la Real Maestranza. Sexta corrida. Media entrada. Toros de Fermín Bohórquez (6) nobles y de gran fijeza.

Sergio Galán (6). Pinchazo y rejón (silencio). Rejón (una oreja).

Andrés Romero (5). Rejón (una oreja). Rejón caído (una oreja).

Lea Vicens (5). Dos pinchazos y dos rejones (silencio). Pinchazo y rejón (una oreja).

Publicado en Marca

FERIA DE ABRIL: ¡Qué bien se torea un carretón!

La Maestranza en pie, y a los sones de la música, homenajea a Curro Javier tras un par de banderillas arriesgadísimo.

Por Antonio Lorca.

El momento más emocionante de la tarde lo protagonizó un gran torero de plata, Curro Javier, que colocó dos excelentes pares de banderillas al cuarto de la tarde. Tras el segundo, arriesgadísimo y asomándose literalmente al balcón en un palmo de terreno, salió trastabillado y enganchado, después, por el toro que le rajó la taleguilla y le propinó un varetazo en la región lumbar izquierda. La plaza, puesta en pie, estalló en una atronadora ovación al tiempo que sonó la música para homenajear al valiente torero. Fue un instante, pero solo por vivir momentos así merece la pena ser aficionado.

Las dos horas y tres cuartos
restantes fueron otro cantar.

¡Qué bien, con qué gusto y tranquilidad se torea un carretón! ¡Qué bonitos, qué fáciles y qué sosos resultan los muletazos! Pero la gente los aplaude, señal de que les satisface. Pero eso no es el toreo. El toreo exige, en primer lugar, un toro, y lo que se ha lidiado este viernes en La Maestranza han sido novilletes sin presencia, sin fortaleza, sin bravura y con exceso de sosa nobleza. Una burla, vamos..

Y por allí andaban tres figuras de hoy, de las que exigen estos animales con alma de borregos, haciendo de tripas corazón para salvar los muebles de un desastre anunciado para todos menos para ellos, por lo visto.

Talavante cortó una oreja al quinto de la tarde, un torete dulzón al que muleteó como si estuviera en el salón de su casa. Algunos compases por ambas manos fueron estéticamente vistosos, pero vacíos de emoción. Y la plaza aplaudía como si estuviera presenciando la faena del año.

Y se acabó. Otro toro tonto le tocó en segundo lugar, otro carretón, una perita en dulce, y lo muleteó sin gracia ni convencimiento en la búsqueda constante del pase bonito en vez de torear.

Perera no tuvo su tarde. Un muerto en vida, chiquitín, sin clase, amorfo y tullido, lidió en primer lugar, y otro novillete blandurrón en cuarto, y con ninguno dijo nada.

Roca Rey venía con ganas, pero ninguna tenía el rajado sobrero que hizo tercero, el mejor presentado de la tarde, pero el más cobarde. Y otro del mismo tenor el sexto.

En fin, que no se quejen ni Perera, ni Talavante ni Roca. Estos son los toros que eligen ellos, con los que se engañan a sí mismos y a los demás. Claro, que si el público aplaude los pases a un carretón…

Y cuatro notas finales:

1.- Si a Javier Ambel, Guillermo Barbero, Juan José Domínguez y Paco Algaba los hacen saludar tras correctos pares de banderillas, a Curro Javier habría que sacarlo por la Puerta del Príncipe.

2.- ¿Por qué el torilero espera la señal del jefe de los areneros y del matador de turno para abrir la puerta? ¿El que manda no es el presidente?

3.- Perera brindó al público el inválido primero. ¿Qué le vio?

4.- Tres figuras y no se colgó el ‘no hay billetes’. ¡Peligro!

Publicado en El País

Foto: Miguel Ángel Perera Twitter.

Sevilla: 4ª de abono – Tres de La Palmosilla para el triunfo

Por Carlos Crivell.

Si en una corrida de toros saltan a ruedo tres toros con movilidad y nobleza, alguno de ellos encastado, y con un toro cuarto bravo, noble y repetidor, el ganadero que los presenta se puede dar por satisfecho.

Los propietarios de La Palmosilla presentaron un lote de toros bien hechos, salvo el culipollo que abrió plaza, un toro que desentonó del conjunto. Tres toros para el triunfo suponen algo más que el aprobado.

Más si de los restantes, el tercero tenía nobleza aunque sin fuerzas. Ese toro se mantuvo en el ruedo y debió volver a los corrales. Se derrumbó en los primeros tercios y no aguantó la faena de muleta. Bajaron la nota el descastado primero y el manso sexto. Es decir, que hubo toros y solo una oreja.

Se la llevó Luis Bolívar de un toro que le puso en bandeja el doble trofeo. A su cantada bravura en los dos puyazos, el llamado Destilado puso sobre el albero movilidad con alegre prontitud y nobleza. Bolívar le dio siete tandas, cinco con la derecha y dos con la izquierda. El de La Palmosilla embistió tan bien por un lado como por el otro. El torero colombiano estuvo sobrio, templado, tal vez poco arrebatado para la calidad del animal que tenía delante, pero su labor ganó consistencia en la primera tanda con la zurda, más reunida y maciza.

La música puso su granito de arena hasta el final de la faena, porque ya aquí no cesa la banda de sonar cuando la faena baja de intensidad. La estocada cayó baja. La oreja de un toro que regaló las dos, fue un premio de mediano valor. Cierto que el torero tiene gusto, que hubo reposo, todo es verdad, pero qué toro más bueno fue Destilado.

Todo había comenzado con lluvia en la lidia del primero, toro sin trapío, muy feo, blando y carente de clase. Afanoso en todo momento, Bolívar solventó con desahogo la papeleta.

Joselito Adame sorteó dos buenos toros, tal vez mejor en conjunto el segundo de la tarde, ambos encastados. Adame anduvo bullidor con el capote en los lances de saludo y el algunos quites, tal como unas caleserinas al cuarto. La extensa faena al segundo fue mecánica y carente de alma. Los muletazos surgía como latigazos con un golpe final de muñeca violento. No se pueden dar más pases y torear menos. Aburrió al toro, al público y creo que se aburrió el torero. Sonó un aviso antes de perfilarse en la suerte suprema. La ovación en el arrastre al de La Palmosilla lo dijo todo.

El quinto fue menos toro. Tenía casta, embistió por el derecho y no quiso hacerlo por el izquierdo. De nuevo fue un torero con prisas, mecánico, desplazando al toro afuera con un toque excesivo, en fin, que Adame no tuvo su mejor tarde en Sevilla.

A Rafael Serna le tocó lo más ingrato de la tarde. El tercero era noble, embestía con clase, pero no podía con su esqueleto. El palco lo mantuvo. De nada sirve poder darle algunos muletazos bonitos a un animal tambaleante. Se lo había brindado a los médicos, que en San Miguel lo curaron de una cornada en la axila.

Y cuando el torero sevillano tenía todas sus ilusiones puestas en el sexto, todos los hados se volvieron en su contra. El cielo rompió a llorar con furia, la gente se tapó como pudo o salió huyendo, lo mismo que el toro, que buscó con ahínco la puerta de salida añorante de los campos tarifeños. Manso y complicado. Una papeleta para un joven toda vía inexperto.

Plaza de toros de Sevilla, 12 de abril de 2108. Menos de media plaza. Tarde con lluvia en 1º y 6º toros. Seis toros de La Palmosilla, bien presentados excepto el 1º, de juego variado. Bravo en varas el 4º, que fue bueno en la muleta. Encastados, 2º y 5º; sin celo, 1º; flojo y noble el 3º; manso, el 6º.

Saludaron en banderilleas Tomás López y Fernando Sánchez.

Luis Bolívar, de sangre de toro y oro. Pinchazo y estocada delantera (silencio). En el cuarto, estocada caída (una oreja).

Joselito Adame, de caldera y oro. Pinchazo, estocada delantera y baja y tres descabellos (silencio tras dos avisos). En el quinto, pinchazo y estocada trasera y tendida (silencio).

Rafael Serna, de azul pavo y oro. Estocada (saludos). En el sexto, pinchazo, estocada tendida y descabello (silencio).

Publicado: Sevillatoro

Foto: Arjona para toro media.

Desde el Tendido Dos: La Palmosilla justifica su inclusión bajo la lluvia

La Palmosilla justifica su inclusión bajo la lluvia.

Por Ignacio SM / @isanchezmejias

Sevilla.- Cuando allá por el mes de enero nos enteramos de que la única ganadería novedad del abono 2018 iba a ser La Palmosilla, muchos juramos en arameo, quizás tanto por ser esta ganadería como por ser la única. Pero hoy ha echado una interesante corrida de toros, con clase, nobleza y recorrido. Ha bajado la nota el primero, de nulas fuerzas, el tercero que claudicaba dentro de su nobleza, siendo el sexto el único que desarrolló dificultades.

La tarde no estaba hoy de toros. Con vientos huracanados en Sevilla, que han hecho más por quitar los veladores de la Avenida que nuestro señor alcalde, y lluvia cerrada, prefería uno quedarse a cubierto más que ir a los incomodos tendidos de la Maestranza a calarse hasta los huesos. Pero los aficionados se han visto recompensados una interesante corrida de toros.

Luis Bolívar que en su flojo primero poco pudo hacer, se encontró con un cuarto noble, con recorrido y duración. Pudo con él de principio a fin, con un toreo clásico y pulcro, quizás demasiado pulcro como para poner Sevilla a revienta calderas, pero una faena de mucho calado. La estocada cayó baja y, a pesar de ello, cortó una oreja que deseamos le sirva para hacer más contratos.

Joselito Adame ha sorteado el mejor lote. Su primero era pronto, pero la faena no tomó vuelos suficientes. Su segundo fue un gran toro, muy aplaudido en el arrastre, encastado, lo que significa que no era tonto, pero que metía la cabeza y embestía de largo. Pero no lo entendió, o no le pudo, o no le quiso poder. Por el pitón izquierdo era para jugársela y reventarlo, pero le enganchó los trapos las primeras veces el torero tiró por la calle de en medio. Una pena.

Rafael Serna es el que peor suerte tuvo en el sorteo. Su primero, de mucha clase, en cuanto le exigía, perdía las manos. De forma que le compuso una faena a favor del toro, y aun así, sacó cuatro o cinco naturales de mucha calidad. El sexto, ya bajo el diluvio universal, desarrolló peligro. Otra vez será.

Publicado en blogs.sevilla.abc.es

Foto NTR Toros – Twitter

“La Fiesta no se ha adaptado a los tiempos modernos”: Ramón Valencia, empresario de Sevilla.

Por Carlos Crivell.

El empresario de la plaza de la Maestranza analiza las perspectivas y expectativas del ciclo abrileño que arranca este miércoles y defiende la visita de los veterinarios al campo.

Ramón Valencia mira al cielo y frunce el ceño. Las nubes han tomado la primavera sevillana y en la tarde anterior al comienzo del ciclo seguido de la Feria de Abril llueve sobre Sevilla sin descanso. Ante la extrañeza por esa preocupación, el gerente de la empresa Pagés lo explica con claridad. “Todo influye para que la gente acuda a la plaza. Los carteles, el ambiente, la economía y el clima. Si llueve los día antes de los toros algunos puede frenar sus ganas de ir a la plaza. La esperanza es que en los días de la Feria parece que el tiempo será más estable”.

A falta de 24 horas ya tiene en los corrales la corrida de Torrestrella aprobada y espera que no haya muchos problemas con las que deben seguir hasta el día 22 de abril con la de Miura. Sin embargo, en la corrida de apertura del Domingo de Resurrección hubo baile de toros en los corrales y salió por los chiqueros un lote muy desigual. Se ha cuestionado si la visita de la autoridad beneficia al festejo. “No tengo ninguna duda sobre la conveniencia de estas visitas a las ganaderías. Nos costó mucho trabajo conseguir que se hiciera un examen que no es vinculante en el campo y el cambio ha sido notable. Antes, se rechazaban en los corrales alrededor del 35 % de los toros presentados. Ahora, apenas llegan al 4 por ciento. Es todo un éxito y en muchas otras plazas nos tienen una envidia sana porque tenemos implantada esta norma. Evita problemas en los corrales”. La corrida de Resurrección tiene su lectura. “El toro puede cambiar si lo ves en el campo o en los corrales, más en este invierno tan crudo que hemos padecido. Algunos toros que vimos en noviembre estaban hace un mes muy disminuidos por culpa de la lluvia y, en algunos casos, de la nieve. Lo ocurrido en Resurrección es algo poco habitual”.

“Todo influye -sigue su discurso Valencia-, hasta el número de orejas que se cortan. En esa corrida de Resurrección se podían haber cortado una o dos más, y lo digo desde el mayor respeto por los presidentes, de forma que sería una forma de ambientar a todos para intentar acudir a las corridas que esos mismo toreros tienen en la Feria”.

Los carteles están en la calle hace tiempo. Se ha hecho una publicidad novedosa, se han organizado encuentros con algunos matadores que participan en el ciclo, se han abierto las puertas de la plaza de toros a todo el público. Ahora solo falta conocer la respuesta en las taquillas. “Para esta empresa es fundamental el abono, que es el que sustenta el resto de la temporada. Sevilla tiene que dar novilladas con picadores y sin picadores. Y se dan gracias al abono. Es algo que otras plazas con abonos fuertes, caso de Pamplona o Bilbao, no hacen. Acaba la feria y cierran las puertas”.

El abono bajó de la época dorada del año 2007 con unos seis mil vendidos a los algo más de 2.000 de la actualidad. “Siempre he dicho que la crisis nos castigó a todo el sector de forma muy dura. Es el único espectáculo que se mantiene de la taquilla, porque no hay subvenciones, la publicidad se resiente y se retira, solo nos queda la taquilla. El año pasado apenas subimos los abonados. Este año nos hemos mantenido. No son buenas noticias y el futuro se antoja complicado”.

Con pocos abonados, está seguro que la plaza se llenará hasta la bandera cinco o seis tardes. “Creo que hay carteles para vender todas las entradas”.

Se queja de la nueva estructura de la Feria, que ahora empieza un sábado y acaba otro sábado. “Me he quejado al Ayuntamiento, pero no sirve de nada. Esto de comenzar un sábado era bueno para la hostelería, sobre todo en los años en los que hay un festivo nacional como el del 1 de mayo. Para nosotros es un desastre. De modo provisional hemos mantenido la corrida de Miura en el domingo clásico, pero estamos a la espera de cómo van las cosas. Si no funcionan será preciso cambiar la corrida a otra fecha”.

De los carteles lo ha explicado casi todo. “Todo lo que se ha hecho tiene su explicación. Siento lo de Ventura, pero sabe que la corrida de Bohórquez funciona bien en Sevilla y no tenía motivos para cambiarla. Paco Ureña podía haber elegido la que le gustara de cinco corridas, pero me pidió lo que no podía darle. ¿Otros toreros? Siempre falta alguno, pero si entra alguno que no está, debe salir otro”. ¿Y Morante? ¿Hubiera ayudado el de La Puebla al abono? “Seguro que en abril habría ayudado más que en septiembre. José Antonio decidió comenzar más tarde, quizás sea porque no quiere televisión, en fin, que no pude convencerlo, pero su presencia en dos corridas en San Miguel tiene mucha fuerza”.

En los tiempos del tándem con Eduardo Canorea, Ramón Valencia era el hombre de la economía. Y ahora sigue dominando el tema. “La Feria es cara, muy cara, porque los toreros ganan su dinero, muy justo, y las corridas tienen un precio muy elevado. Es una plaza muy costosa. Solo abrir sus puertas ya tiene un precio muy alto. Tenemos que pagarlos impuestos, el canon a la propiedad, todo se dispara. Ya me gustaría bajar los precios. El abono tiene un 10 por ciento de descuento; varias corridas también tienen un descuento del 10 por ciento. Está todo muy ajustado y se pierde dinero en las corridas más rematadas”.

En su análisis final se extiende en algunas consideraciones. “Espero poder mantener el mismo esquema de la Feria. No pretendo, ni me gustaría, bajar el número de festejos”. Y habla de la renovación del escalafón. “Ponemos a los que están triunfando. Ahí está el caso de Roca Rey. Es verdad que hay cierto estancamiento en el escalafón, porque son los nombres de siempre quienes ocupan los mejores puestos, pero no es culpa del empresario que no aparezcan nombres nuevos”.

Le pregunto al final por la necesidad de algún torero revolucionario. “En otro tiempo un torero de masas era bien recibido. No sé si ahora pasaría lo mismo”. Pone un ejemplo. “Hace cuarenta años El Cordobés ganaba posiblemente más dinero que el mejor de los futbolistas; ahora, cualquier futbolista mediano gana más que muchas figuras juntas. Ahí entran en juego factores que nos han perjudicado. La Fiesta no se ha adaptado a los tiempos modernos, el futbol vive de ingresos ajenos a la taquilla, el toreo no ha captado, quizás porque no sea posible, esos mercados y así estamos. En esta tesitura actual casi es imposible que surja un torero revolucionario que cambie las cosas”.

Publicado en El Mundo

@Taurinisimos 157 – Semana Mayor @ Sevilla, Madrid y Tlaxcala. Recuerdo de Paco Ojeda, 1988.

Ojeda en la línea de fuego, quieto y al frente, cita para el de pecho a “Dédalo” de Juan Pedro Domecq. La faena en su 30 Aniversario en este episodio de @Taurinisimos. FOTO: Arjona.

Programa @Taurinisimos de @RadioTVMx del viernes 6 de Abril de 2018. Conducen Miriam Cardona @MyRyCar y Luis Eduardo Maya Lora @CaballoNegroII.

Actualidad Taurina. Feria de Abril, Domingo de Resurrección en Sevilla y Madrid. Triunfos de Roca Rey y Puerta Grande de Álvaro Lorenzo en Las Ventas.

Retrospectiva: Faena de Paco Ojeda a “Dédalo” de Juan Pedro Domecq 30 años después, 15 de Abril de 1988.

Toros en Tlaxcala, Sábado de Gloria: 6 Felipe González, 6 para Miguel Villanueva, Raul Ponce de León y Rafaeillo, a hombros.

Indulto de Héctor Gutiérrez a “Izquierda de Oro” de D’Guadiana en la Plaza México.

La próxima emisión de @Taurinisimos será el próximo viernes 13 de Abril de 2018 a las 7 pm (Mex) a través de http://www.radiotv.mx

#EsperamosSuOpinión.

Twitter: @Taurinisimos.

Mail: taurinisimos@gmail.com

FB/Taurinísimo

Sevilla: Entre el dulzor de Ferrera y la fuerza expresiva de Roca Rey

Por Fernando Fernández Román.

Déjenme que me agarre al taraje del tópico –una vez más— para hablar de Sevilla. El tópico, cuando se utiliza como asunto recurrente venial no es nocivo, sino gratificante. Hasta en los medicamentos se recomienda el uso tópico para sanar o aliviar cualquier trastorno del organismo; por eso, echar mano del tópico de Sevilla no es nada grave, ni nada nuevo, ni lesivo, sino liviano lenitivo que nos conforta. Lo malo, lo realmente pernicioso del tópico es cuando se utiliza como dogma de fe, muchas veces promovido por venalidades interesadas; pero el tópico del cielo de Sevilla y del azahar y del encanto de su río y de Sevilla y Triana es una recurrencia benefactora, háganme caso. Sucede sin embargo, que cuando se cuentan y se cantan los encantos de una ciudad radicalmente diferente a las del mundo mundial, al profano, al desconocedor o, simplemente al no capacitado para entender de estas cosas, mundanas y etéreas a la vez, le chirrían y acaba por parecerle cansina cantinela. Le trae al pairo esta romanza de tópico, con Sevilla de fondo. Es más, le encocora. Es jujana y pamplina; pero yo, que soy pecador confeso, cada vez me empecato más con Sevilla, sencillamente porque me fascina. Y no me pidan más explicaciones.

Un Domingo de Resurrección en primavera y en Sevilla, es un regalo. Y, si encima, acudes a la Maestranza de Caballería para ver la corrida que abre temporada, hay que ser muy pobre de espíritu para no reconocer que el cuadro es de una riqueza cromática deslumbrante. Este primero de abril, el cartel también era deslumbrante, con tres toreros –¡no sevillanos!—que despiertan el interés de los aficionados. Lleno a reventar. Al final del paseíllo, minuto de silencio en memoria de los ganaderos Victorino Martín y Domingo Hernández, el puntillero Lebrija y el Delegado de la Autoridad Miguel Ángel Ocaña.

Tampoco hubiera costado nada ampliar la nómina a Luc Jalabert, que es el más reciente de todos. Nada más terminar, la primera ovación. Y la segunda, para una inmensa pancarta en los tendidos de sol, que rezaba: “Cataluña es taurina”. Tarde de templada temperatura, sol radiante y leve viento, que no estorba. Todo el mundo quería estar en la Maestranza. Vayan si no a las páginas de sociedad y verán qué cantidad de eso que llaman, de forma banal e inconcreta, caras conocidas se veían por los alrededores y dentro del coso del Baratillo.

La corrida de Victoriano del Río fue protagonista –que no víctima– de lo que también se llama incomprensiblemente baile de corrales. Algunos toros fueron rechazados en el primer reconocimiento y se trajeron más de los predios colmenareños de don Victoriano, con los dos hierros de la casa, primero –bis y quinto. Consecuencia: la corrida fue una escalera, desde el zambombo de 590 kilos que se devolvió a los chiqueros por su manifiesta invalidez, a la raspilla, respondona, fea y mala que remató el festejo. Hubo dos toros de nota: el tercero, bravo y codicioso, y el cuarto, bravo también, pero sobre todo, noble hasta decir basta. El segundo tenía jiribilla en sus arrancadas, miraba al torero, medía su emplazamiento y se metía para adentro en los embroques; el sobrero primero-bis, cortó en banderillas, también fue listillo y deslucido; el quinto se vino abajo estrepitosamente y el sexto mansurroneó y negó las embestidas. Si nos atenemos a la garantía que parecía ofrecer el gran momento de esta ganadería, habrá que culparla en gran parte del resultado de tan deslumbrante festejo.

Sin embargo, no debería fiarnos del marcador, que refleja un resultado pírrico, porque los tres toreros ofrecieron una dieron una gran medida de su capacidad artística, dentro de conceptos bien diferentes. Antonio Ferrera parece que ha decidido hacer tabla rasa de su anterior periplo por los ruedos y se ha instalado, por propia decisión, en el solio de solemnidad, apostura y galanura. No banderillea (al menos ayer en Sevilla), y se ha creado un entourage de nuevo repertorio, en el que incluye el ya comentado rescate del quite “de verdad”, entrando a por el toro cuando todavía está corneando el peto y sacándolo con suertes de variada ejecución. Al quinto, lo sacó por verónicas medio en cuclillas, que es rara forma de torear con el capote; pero lo hizo muy bien, muy templado y con un indiscutible toque de eso que llaman torería. No acabó de congeniarse con el primer toro, el sobrero de marras, al que mató de una estocada dejándose ver, y ganándose un pitonazo; pero en el cuarto, acompañado por los compases del pasodoble Dávila Miura, escenificó una faena llena de pausas, tanto toreando, como esperando a que el toro recuperara energías… y que el del solo de trompeta rematara también su faena. Fue uno de los momentos más emotivos de la corrida, porque la música sonora y bella de la Banda se paseó de bracete con la música callada de ese toreo místico en que Ferrera ha determinado practicar. Este torero es un veterano que ahora se presenta como novedad, por lo que hace y por lo bien que lo escenifica. Como si viniera pidiendo pinceles para el cartel de toros de toda la vida (toma nota, Diego Ramos). La verdad es que cuajó tandas de muletazos de temple exquisito y despaciosidad meridiana. Hubo dos series con la derecha y tres con la izquierda, realmente magníficas. Pero la verdad sería incompleta si no se valorara la exquisita dulzura de la embestida del toro de Victoriano del Río. Entre la dulzura del toro y el dulzor de Ferrera (más que inspirado, ensimismado), las torrijas de Semana Santa me parecieron amargosas. La faena tuvo un desaforado metraje, por las pausas antedichas, y sonó un aviso, antes de que el toro cayera de media estocada y descabello. Así y todo, creo que mereció sobradamente la oreja, pero al no concederla el presidente, la vuelta al ruedo fue de auténtico clamor.

José María Manzanares fue el que se llevó lo peor del lote de donVictoriano. El segundo toro de la corrida fue un toro encastado y geniudo. Con arteras intenciones. Es cierto que ofreció un tercio de varas espectacular, arrancándose de lejos al caballo montado por Paco María, y estuvo a punto de derribar en el primer encuentro, pero hay que destacar la soberbia actuación del piquero, que colocó un segundo puyazo magistral. Llegó a la muleta alertando de que no era un toro de carril. De Carril, son las almejas. Éste era un toro con su punto de fiereza, que avisaba de que podía hacerse con la presa en cualquier momento. Y ese momento llegó, en forma de volteretón tremendo, con búsqueda insistente del desarbolado torero, que fue corneado por el toro con tanta saña como, por fortuna, mala puntería. No se amilanó Manzanares, y siguió porfiando, visiblemente afectado por el palizón. Mató de pinchazo y estocada y le dedicaron una justa ovación. Peor fue el quinto, con el hierro de Toros de Cortés. Un toro que pareció desparramar la vista –habíamos entrado ya en la fase de corrida nocturna—, al colocó un buen puyazo Chocolate-hijo y un gran par de banderillas Rafael Rosa, antes de que el matador toreara por alto, ampuloso y confiado, en el comienzo de faena. Y poco más, el toro se rajó de forma vergonzante, después de tomar la muleta de José María con cabeceo molesto y nula entrega. Se le aplaudió cuando mató de media estocada delantera.

Algunas de estas cosas sucedieron antes y después de que Andrés Roca Rey llamara fuertemente con la aldaba de la Maestranza. ¿A quién o quienes llamaba?, se preguntarán. Pues a todo aquél que quiera ver lo que este mozo espigado, de cabeza fría y corazón caliente se trae entre manos. Y lo que se trae, lo que trae al toreo contemporáneo es un forma de interpretar el arte que practica realmente magnífica, sorprendente y absolutamente sincera. Sin concesiones banales. Habrá quien entienda que esos cites por la espalda o las arrucinas o cualquier recurso que se invente sobre la marcha durante sus intervenciones con capote y muleta formen parte de una performance que solo trata de desviar la atención. Mentira. Roca Rey es, ahora mismo, un chorro de agua fresca. Pero, además, ayer demostró en Sevilla que torea con una elegancia, un empaque, un temple y un mando difíciles de superar. Ayer le pegó al toro castaño de Victoriano del Rió que se jugó en tercer lugar, Jara, de nombre, media docena de series con ambas manos que dejaron boquiabierto al personal. Inició la faena por estatuarios, con pase cambiado entreverado… y la Banda de música arrancó a tocar, porque se presagiaba algo grande. Y grandeza tuvo la faena de Roca, bella, maciza, sin asomo de crispación, rematada con un volapié por lo alto, dejando llegar los pitones al bordado de la chaquetilla. Faena de dos orejas incontestables, que se quedó en una porque Jara no se quería ir de la Maestranza y se amorcillo junto a las tablas de la barrera. El aviso que sonó no es más que un recordatorio, no un castigo, y sin embargo a Roca Rey le penalizó el público, porque con el largo lapso de tiempo parte del personal ejerció de perezoso olvidadizo. Y ahora el aviso me lo doy yo, porque me olvidaba de consignar la soberbia brega de Viruta, en el tercio de banderillas. Todo suma.

Con una larga cambiada de rodillas recibió Roca Rey al sexto toro, el peor presentado de la corrida, como se ha dicho. Y el de peor juego. Mansurrón descastado, entregó la cuchara demasiado pronto. Se fue a las tablas y allí Andrés trató de sacarle los colores con un arrimón tremendo, inconsistente y absurdamente arriesgado. Nada que hacer. Se le despidió, como a sus compañeros, con una cerrada ovación. Queda mucha feria, y mucha temporada.

Así transcurrió la esperada corrida de Resurrección en Sevilla: entre el dulzor de Ferrera y la fuerza expresiva de Roca Rey . ¿Y Morante? Por allí andaba, con sus pobladas patillas, sentado en su localidad, trajeado de gris y coronado con un sombrero bombín. Como le dijeron en cierta ocasión a Curro Romero, en este mismo escenario: Ya vendrá el verano…

Publicado en República

Foto: Entre Artes Comunicación.