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RECAPITULANDO: El Apagón Bravológico – Negro Borrón para De Haro.

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Banderillas negras por tercera vez en la historia de la Plaza México y por segunda en la década. La injusta y precipitada decisión de la “autoridad” no refleja lo realmente acontecido en ese lastimosamente célebre sexto toro, sino tal vez lo ocurrido durante cinco turnos a la ganadería de De Haro: poca presencia y lastimoso, por manso, juego. Reaparecen las rebajas marca Jesús Morales, el peor Juez de Plaza que ha pasado en lo que va del siglo en la Monumental, regala la salida a hombros a José Luis Angelino y pone en entredicho no solo su capacidad taurina sino la que en lo taurino ejerce el Gobierno en esta Ciudad.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Se juntan la mansedumbre con las ganas de salir huyendo.

Aparece la cara alta, la tardanza en el cite, la falta de raza y la aburrición general. A esto sumemos que la Afición tiene la mala suerte de que el encierro de De Haro, que no corre completo, es lidiado por tres diestros con diversas y variadas limitaciones, así como el colmo de caer en las garras –manos es poco- de una autoridad encabezada por Jesús Morales y secundada por Juan Vázquez cuya incapacidad, ausencia de personalidad y minúsculo criterio tienen secuestrado todo intento de restauración taurina.

Así las cosas De Haro se derrumba superlativamente.

Falla en lo que nunca fallaba: la presencia.

Falla en lo que sospechamos en el pasado: la bravura.

Y nos pesa mucho decirlo, porque aun tenemos en los ojos y en el sentimiento la bravura inacabable de “Referente” la Temporada Chica antepasada, la emoción de “Gonzalero” hace dos Temporadas Grandes y, sobretodo, la palpable esperanza de la Afición. Todo se va por la borda empezando por lo desigual y corta de la corrida, tanto en las cabezas de los toros como el propio remate de sus carnes.

En fin, justificaciones habrá, lo cierto es que la cosa no ha comenzado del todo mal. Principalmente cuando el que abre festejo regala embestidas por bajo de salida incluso el inexplicablemente acartelado Víctor Puerto logra bajar los brazos pero al dejarse enganchar comienza a echar a perder todo. Se anima por lances al paso pero, en vez de cuidar la lidia en el segundo tercio, se preocupa menos y para cuando se anima al inicio del último tercio, el toro le aprieta y le pone en predicamento.

Aun consigue sacarlo de tablas otorgando los adentros, luce y remata con molinete pero es todo. No cabe duda que a alguien muy importante habrá metido al engaño el manchego, astuto tanto en los despachos como en el ruedo, donde hábilmente no para los pies, no le puede al cárdeno y la cosa que va para bronca acaba en solo rechifla, parece que a la Afición también le han quitado la casta.

Esto se replica en el cuarto donde sin decoro alguno Puerto es incapaz de lidiar con la mansedumbre y la falta de celo por el engaño en otro mitin que nos demuestra que un torero así claramente no está por el mérito sino por la recomendación.

La viva antítesis del mérito.

Pero así está el toreo, solo en un ambiente tan enrarecido como en el que se encuentra la Fiesta entendemos la salida a hombros de José Luis Angelino. Siempre dispuesto, cierto, aunque poco resuelto. Enfrenta a un astado sanmarqueño, hierro jalisciense que por segundo domingo seguido enmienda la corrida y que trae lo único destacable.

Pero Angelino no se entiende desde la larga cambiada de inicio.

Cita “por aquí” y el toro sale “por allá”.

Entonces todo es querer, en banderillas por ejemplo, con la cabeza arriba, consigue un buen segundo par y otro arriesgando por dentro. Pero en la muleta, pese a su trazo con temple ocasional, le engancha un toro que sale con la cara arriba pero que crea la interrogante de saber qué habría sido si el tlaxcalteca tira menos hacia fuera y lleva más en la línea en el cite, menos pendiente de salirse y mucho más comprometido de que el toro no se vaya, pena porque el de San Marcos podría haber sido mejorado por el torero.

Por eso Angelino termina increíblemente desarmado, por un toro ante el que debió estar siempre por encima pese a que parece haber estado lastimado de la pata izquierda. Afortunadamente, el monedero electrónico de Jesús Morales lo salva sin importar el espadazo tendido y trasero: viene la primera oreja.

Protestada, como iba a tener que ser.

Angelino se encuentra con el único de De Haro que sigue el engaño pero que no nos engaña. El anovillado quinto va por el trapo pero siempre con la cara arriba, doblando contrario varias veces y sin el mínimo interés de tomar la muleta repetidamente con raza, con los rasgos que hacen del toro de lidia diferenciarse del que no lo es.

José Luis Angelino lo intenta con el capote, con banderillas pese a demorar horas, cierra con un gran par al violín pero, a fin de complacer a la complaciente asistencia, se va a los medios al chocante pase cambiado que resulta movido.

Ahí entonces, en una faena con muchos muletazos, algunos moviéndose otros deslucidos por el extraño modo del toro Angelino no es capaz de tapar el ojo contrario sin que le enganchen, se queda en el intento, opta por manoletinas y pese al pinchazo viene la segunda oreja que ya no iba a dar el Juez Morales pero sabrá Dios por qué razón afloja.

En el último momento.

Jesús Morales y su incapacidad se anotan otro triunfo.

Porque lo de las banderillas negras ha sido más que un cuento.

Sobre todo teniendo en cuenta que el sainete del segundo tercio en el sexto ha tenido como resultado que el toro, gracias a los oficios y mañas de Don Carlos Domínguez Márquez casi en la Puerta de Toriles, pudiera sangrar. Claro que el astado se repucha dos veces de cada caballo pero no menos cierto es que también sangra y alcanza a ser picado en la querencia. De lo contrario las banderillas negras eran perfectamente adecuadas.

La pésima valoración del Juez pone en entredicho su criterio taurino.

Al parecer, paupérrimo.

El sexto, encuentra a las temibles cuadrillas con las viudas entre manos.

El petardo sobreviene cuando Diego Martínez, para variar, no calcula la extensión de los palitroques y se ve sorprendido por el astado que le pega tremenda voltereta y lo deja fuera de combate. Completado el tercio el condenado a dos pares de negras es tan pastueño como sus hermanos y a lo mejor hubiese podido embestir de un modo distinto de no encontrarse con Pepe López, cuya actuación ante el cuarto deja igualmente dudas.

Su trazo siempre frágil, su quietud de cristal y su aparente displicencia poco abonan para la historia del festejo. La suerte de este año taurino en La México parece cambiar realmente justo cuando se acaba.

Esa es la mejor noticia, el 2015 para la Plaza México ya acaba.

Esperemos que el año nuevo nos traiga el apagón pero de la mansedumbre, muy activa en este 2015 que no olvidaremos, que no será fácil dejar atrás y que, como casi siempre pretende la mansedumbre, trata de llegar para quedarse.

Solo una cosa la puede alejar de nuestro destino, el rigor, dentro y fuera del ruedo.

Aquello que indubitablemente encuentra su complemento en la verdad.

Que esperemos tampoco se encuentre, analógica o digitalmente, apagada.

Texto: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2015-2016. Domingo, Diciembre 27 de 2015. Décima Primera de Derecho de Apartado. Menos de Un Tercio de Plaza en tarde fresca de cielo despejado pero con viento molesto en diversos pasajes de la lidia. Fatal la Autoridad al regalar los trofeos malbaratando la categoría de la Plaza.

6 Toros, 5 de De Haro (Divisa Tabaco y Oro) Sospechosos de cornamenta. Desiguales en presencia, variopintos mansos en general y descastados, siempre con la cabeza arriba y frenando la embestida, peligroso el primero, el sexto es indebidamente condenado a banderillas negras; y 1 de San Marcos (Divisa Azul Rey, Blanco y Amarillo) lidiado en segundo lugar y aparentemente lastimado de la pata izquierda. Estrecho, destragado con recorrido por el pitón derecho, no obstante su cara arriba.

Víctor Puerto (Palo de Rosa y Oro) Pitos tras Aviso en Ambos.

José Luis Angelino (Malva y Oro) Oreja con protestas en ambos.

Pepe López (Turquesa y Oro) Silencio y Silencio tras aviso.

Fatal las cuadrillas toda la tarde. Banderilleando a la media vuelta y con ventajas, varios banderilleros caminando por dentro del callejón sin agacharse afectando la lidia. Diego Martínez, de la cuadrilla del tercer espada, resulta empitonado y con un puntazo en el tobillo y  un golpe en la rodilla al no poder banderillear con palitroques negros al sexto.

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Entre Pecadores y Bandoleros – Novillo de Campanillas de La Concepción.

Así embistió, entregado, “Cristero” no. 22 de La Concepción, de campanillas.

Las cuadrillas pegan el enésimo petardo que nos hace pensar que a cada tarde que pasa son en buena medida la causa de que la lidia hoy sea un ejercicio de casualidades y no de la causa del buen oficio torero. En medio de esta confusión de los oficiantes, los novilleros se encuentran con un forzado mano a mano ganadero donde, dentro del sello de cada encaste, los hierros de De Haro y de La Concepción brindan tarde entretenida donde, de nuevo, los intentos toreros pesan más que las realizaciones.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA.

Se acabaron las cuadrillas. Si fuera por ellos, el festejo de hoy también se habría suspendido.

Son demasiado para los subalternos contemporáneos los novillos tlaxcaltecas de De Haro. Es mucho pedir hoy una lidia ordenada, ausente de ventajas y enganchones, o la precisa y austera forma ckasica ante tanta sobre tela que parece saldos de sastrería. Y esto ocurre puesto que los de plata y pasamanería a pie brindan nueva tarde para olvidar.

Empezando desde la salida del primero.

Hay un rumor entre la asistencia que indica que “echarle ganas” o “poner actitud” explica o incluso puede perdonar las demás omisiones en la lidia. Por ello, Edgar Badillo queda más que evidenciado ante su primero. Increíble es que teniendo una sola oportunidad en este festejo, quizá una de sus últimas en la Plaza México, haya dejado prácticamente al azar su actuación ante el difícil De Haro que abre plaza.

Se va de rodillas frente a toriles por fuera de la segunda raya. Ahí, el De Haro le arrolla y le vapulea, lo deja casi noqueado y a expensas de los monosabios y de las impotentes cuadrillas, incapaces de sujetar al cárdeno que sale suelto y que como es lógico que puede irse, tal como ocurre, sobre el novillero y las asistencias. De ahí que los pocos cabales que quedan se metan y fuerte con las cuadrillas pues lo único que logran con este desorden es enseñar mañas, arañas y telarañas al cárdeno.

Por su incapacidad.

Anteriormente, un torero de plata no habría tenido la desfachatez y el descaro de reaccionar como hace el impresentable Diego Martínez callando y encarando a la gente mientras que no es capaz de poner orden alguno. Este facha y algunos otros componen una cuadrilla que tampoco es capaz de someter al de haro mientras el espada en turno se encuentra fuera de escena. Ni mejoran la embestida ni logran que se pique bien.

Ni tampoco evitan o meten el capote a tiempo para que Badillo, visiblemente a la baja, no sea vapuleado otra vez. Sabrá Dios quien le aconseja banderillear sin recobrar la compostura totalmente. O insistir por derechazos cuando el cárdeno tan solo pide un poco de pausa, muleta algo atrás al principio y arrojarle el vuelo a los belfos por dicho lado…

Demasiado para el zacatecano hecho un lío con la espada.

La breve estatura física y la lesa torería de aventar chabacanamente la montera de Lizama no son óbice para su arrojo, ganas y disposición por ir hacia el cornudo. Prueba de ello es su larga cambiada, sus mantazos con la capa, rodillazo incluido y sus banderillas, cortas el primer par, que a como Dios le da entender coloca. Luego los brindis, prohibido brindar a la Empresa, según indica el “Hombre de los Vasos Rojos” en el callejón. Al menos cambia ese brindis por uno con más sabor a los ganaderos Casillas y Franco que se presentan con un novillo esmirriado y cabezón, cariavacado y feo.

Que embiste.

Si el agua juega la mala pasada la semana pasada, el viento la juega hoy. Eso, más la clara limitación de Lizama para dejar la muleta puesta o defenderse del viento, no permite que llegue el triunfo pues solo chispazos cerca de tablas vienen de toreo bueno. Claro, pese a los dos pinchazos, el yucateco se receta la vuelta al ruedo, protestada de inicio pero la gente tan harta ya de la tropelía afloja la protesta. Lejos está el tendido de La México en hacer lo debido: regresar al rebelde a su sitio, detrás de burladero.

En cambio el tendido cálido, tan chambón y tan bolsón, aplaude al niño en la vuelta y al manso en el arrastre. Así, las cosas el de haro siguiente casi se va aplaudido. Y es una pena porque es triste que un toro tan serio, arrogante y de muy impactante presencia salga berreando tanto. Mera sospecha nuestra es decir que la posible dolencia proviene de una protuberancia en la mano izquierda.

Esperamos confirmación.

Aun así, el huamantleco Macías se queda corto en concepto e inventiva. Mejora con el capote en relación a hace ocho días y responde con chicuelinas un quite muy quieto por gaoneras, otra vez, de Juan Pablo Herrera pero no se salva de ser empitonado. Ante lo brusco y desmandado del toro de De Haro, Macías no se impone, trata de poner orden a derechazos y naturales con el toro que acaba soso y al que receta una buena estocada. Nada más.

Tras la empapada de hace ocho días Juan Pablo Herrera gana crédito.

Y ante el muy chico, la verdad impresentable novillo de La ConcepciónHerrera logra dos primeros tercios muy afortunados: primero la larga en tablas, los lances algo enganchados pero logra evocar a Valente Arellano tanto en quite combinado con “el ojalá” y la muy bonita caleserina donde luce ampliamente, como en el gran tercio de banderillas, incluido un relance tras quiebro en falso donde gana todas las palmas.

Con el ambiente a más… con el manso declarado ya como de lío embistiendo el hidrocálido se queda en la orilla con un inicio de faena con el chocante pase cambiado equívoco, que falta hacía doblarse, el inmisericorde viento y los enganchones que no perdona varias veces el castaño empitonándolo. Estocada que hace guardia es el epílogo con las cuadrillas haciendo todo para que se note menos el defectos.

Que se pintan solos.

Afortunadamente, queda el quinto, un precioso novillo, obscuro y cardenísima su pinta, de girón accidente en su cuerpo, delgada conformación, pitón blanco y punta negra, de una fijeza notable y de alteñísimo nombre: “Cristero”, el número 22 de La Concepción.

Que ni mandado a hacer.

Cómo me recuerda su pinta a “Gallero” o “Rey Moro” de Cerro Viejo, tan cercana a esta divisa lidiados hace dos décadas en esta Plaza. Así, este “Cristero” diría aquel Padre Tranquilino Ubiarco con la “gracia del martirio” a cuestas, se encuentra con los mantazos en el recibo y las gaoneras del debutante queretano Humberto Quevedo y el pésimo trato de las cuadrillas con el capote, poca donosura y aun más brusquedad.

Quevedo es aquel chaval del que recordarán los asiduos relatamos aquí en De SOL Y SOMBRA su presentación en San Juan del Río hace cinco largas primaveras. Hoy hace casi todo con temple, con cadencia y ritmo. Sin apresurarse y ha sido capaz de llevar a los medios al fino, aunque falto de fuerza, novillo que crece en el centro de las suertes.

Especialmente al natural.

Ahí Quevedo se ha gustado alivia la no sobrada fuerza del astado y le hace pasar con mucha suavidad, al menos tres tandas de mucha parsimonia gustan, la lentitud siempre gusta, los derechazos son largos pero algo hay o algo falta que no termina por arrebatar. Cierto que el viento, cierto que el astado en algún punto sosea pero un novillo de esta condición es difícil que vuelva a salir.

Increíble que un toro de esta nobleza no haya sido merecedor por parte de su matador de la suerte natural en la hora final, de ahí varios pinchazos hasta la estocada entera con voltereta. Mientras Quevedo sale con justicia al tercio, “Cristero” bien ha podido ser homenajeado, canonizado o al menos beatificado católicamente. Jorge Ramos ha dicho, también con razón, que no. Este sí ha merecido la ovación rota de la multitud y sin reserva alguna.

No olvidaremos pronto a este noble ejemplar.

Como tampoco lo hará Rafael Reynoso, al que “Cristero” le hace la guerra al ir al caballo. Claro, como los novilleros no salen a tiempo a su sitio en el primer tercio del quinto turno el novillo la agarró contra el primero que pudo. Y esto inundó de miedo al debutante hidrocálido.

Lo malo del miedo no es tenerlo, sino no poder superarlo. A Reynoso le pasa también con el serio de haro que cierra plaza, al que le falta un puyazo y una muleta que castigue y someta. Demasiado para el novillero que receta por casualidad, ya sin chaquetilla, una estocada no al encuentro sino a la chiripa alargando el brazo.

Menos mal entre tanto pecador y bandolero en las cuadrillas cuadrilla –hay que ver como se banderillera con toda ventaja al quinto- es difícil transitar inmaculado por el toreo, que pecar es demasiado fácil en un medio como este.

Gracias a Dios la alegría de la tarde, entre tanto paganismo taurino, la trae el novillo. Afortunadamente, quedan novillos que brindan la pelea, que asumen el inescrutable final, de frente afrontan cualquier ultraje.

Antes cargaban cruces y rifles.

Hoy, es un alivio, siguen ofreciendo bravura sin cargar más balas la verdad de la punta de sus astas.

Para todos los bandoleros que vengan.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada de Novilladas 2015. Domingo, Julio 26. Cuarto festejo de Temporada Chica. Menos de un cuarto de plaza en preciosa tarde de cielo soleado con blancas nubes sin amenaza de lluvia aunque terrible viento sumamente molesto principalmente en el último tercio durante los turnos tercero en adelante.

6 Novillos, 3 de De Haro (Divisa Tabaco y Oro) lidiados en primero, tercero y sexto lugar: disparejos de presencia y variados de pinta, muy serios tercero y sexto, manso el primero, berreón el tercero que dobla contrario, sospechoso de lastimadura en la mano izquierda, y sosea al final de su lidia con la cara alta, bravo y duro de condición el sexto; y 3 de La Concepción (Divisa Oro y Blanco) lidiados en segundo, cuarto y quinto lugar, chicos en lo general, destaca el precioso cárdeno obscuro y girón lidiado en quinto turno, de nombre “Cristero”, número 22 con 370 kilogramos, fijo, noble y de embestida muy humillada con son y temple aunque soso en algún momento.

El mencionado quinto pudo merecer del Arrastre Lento, a nuestra apreciación, bien negado.

Edgar Badillo (Bugambilia y Oro con Remates Negros) Silencio tras Aviso. Ángel Lizama (Obispo y Oro) Vuelta con protesta.  Emilio Macías (Grana y Azabache) Palmas. Juan Pablo Herrera (Blanco y Azabache) Saludos tras Aviso. Humberto Quevedo (Blanco y Oro) Fuerte Ovación con Saludos y Rafael Reynoso (Negro y Azabache con remates en Turquesa) Palmas.

Quinto y sexto espadas, nuevos en esta Plaza 

Tarde para el olvido, otra más, de las cuadrillas, principalmente a la salida del primero, mal colocados y con pésima actitud, incluso para con el público, principalmente el subalterno Diego Martínez.

Al Compás de la Lluvia – Puntos Suspensivos a la Novillada… No a la Bravura.

Saltillera de Juan Pablo Herrera. Foto: Humberto Cruz.

Cuando el novillo bravo segundo es arrastrado con cerradísima ovación surge el primer “moralazo” de la Temporada: Jesús Morales se sale del Palco y omite el Arrastre Lento, el azote pluvial aparece por primera vez en el presente ciclo. Una pena y desgracia no poder terminar de ver lidiar a De Haro en su presentación que no sabemos cuando podremos volver a verlos, quiera Dios sea pronto. Mejor si con novillos, aunque destragado, de la calidad y bravura del segundo. Solo una vuelta al ruedo se registra en medio del “huracán” que cae sobre la Plaza, mojando la ilusión del diletante siempre paciente por la bravura.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA.

Se ensaña la pañí con la Monumental México. Como hace un año.

Ataca y re contraataca azotando la tempestad el ruedo, los tendidos y, principalmente, la ilusión del cónclave que no falta a La México, pocos aficionados, es cierto, pero siempre fieles a la devoción taurina dominical. Y más este domingo que llega De Haro a Mixcoac, ganadería de las favoritas tanto del público como de la afición e, igualmente, de las redes que aguardan elogios para la ganadería tlaxcalteca.

Tabaco y oro por divisa.

Pero el primero es feo de cuerna y no fino en hechura, incluso lo astisucio de sus pitones permite adivinar que no llegaría a los cuatro años. Después su juego le delata. Este novillo, inexplicablemente aplaudido en el arrastre, comienza manos por delante y cabeceante, se emplea en banderillas pero muestra todo lo malo que tiene esta ganadería en la muleta: el sentido nervioso, acostarse antes de rematar la suerte, más la cara alta y la sosería al final del pase.

Claro, si enfrente tiene las dudas representadas y materializadas en Edgar Badillo, lo apuntado en el párrafo anterior se evidencia y subraya con tinta indeleble. De ahí que el zacatecano ande movido con el capote, farol y lances, pegue un tanto movidas las chicuelinas en el quite y que solo logre lucimiento en los últimos dos pares pues descuida la brega tan necesaria para un toro como este y que abonaría en un mejor juego en la muleta.

Badillo cae en la indiferencia.

Así su faena no despega, pues no despeja el gris misterio del cárdeno que demasiado pronto se queda corto y, pese a intentar con el cite retrasado, Badillo se nota rebasado demasiado a merced, recurre a desplantes y es incapaz de domeñar al manso que sale con la cara altísima, soseando e incluso doblando contrario. Pinchazo y aviso tras estocada resultan en notoria división.

El mejor novillo, quizá del ciclo, es el lidiado en segundo lugar.

En la época de Don Manuel de Haro Caso, soñar con un de haro así y encontrarse con un torero a su altura no era fácil, claro, pero tampoco imposible. Así tenemos dos faenas para el recuerdo, “El Callao” en su reaparición en Huamantla en setenta y cuatro y “Antoñete” en Caracas, de negro y oro en setenta y siete. Meter la cara es una cosa, hacerlo progresivamente con mayor casta y pujanza, apretando pero a la vez emocionando es lo que todos soñamos, lo que puede hacer.

Ayer ocurre.

Esto es lo mejor de la actual De Haro.

A pleno sol, el toro 158, nombrado “Ocho Filas”, cárdeno obscuro y capacho, sin remate en los cuartos traseros y zancudo, salta a la arena con la actitud expresa, el son por dentro y la emoción en todo su galopar, de embestir por bajo. Remata con fuerza abajo en el burladero de la Porra y de ahí en adelante toma largo y empleándose el capote de Emilio Macías, de Huamantla.

Y las verónicas ocurren, juega los brazos, avanza el torero a las rayas y se gusta en el remate que gusta, claro está, por bien logrado a la Afición. El toro crece y desmonta, con complicidad del equino con antifaz, al también tlaxcalteca Fermín Salinas Ortega. Entonces el milagro del segundo puyazo se produce y el toro lo toma peleando y atemperándose, quedando servido para los quites.

Si tan solo esto ocurriera más seguido…

Y el “Tercio de quites//De dos valientes//Como Leones//Un ¡Ay! de Muerte//Viene rondando los corazones…” que dirían Quintero y De León, se produce con retraso, Macías por navarras tras fadillas tafalleras y el debutante Herrera por ajustadas y verticales saltilleras. Es el hidrocálido el mejor librado al dejar, pese a no haberse puesto la faja, el listón arriba, borla que el tlaxcalteca no puede hacer suya al quedar, con perdón, en pleno ridículo al pisar capote, tropezarse y no poder replicar el quite.

Malamente, porque el novillo es de triunfo.

La sinceridad de su proceder, para lo bueno y para lo malo, muestra a Emilio Macías limitado en su quehacer. Bien de inicio al doblarse y en la primera tanda con la derecha en los medios, con la tarde soleada aunque con viento, que alberga esperanzas tras bien rematar con el de pecho con la izquierda.

El mando es fundamental siempre, más con un novillo que no respeta la mínima tregua y que el mínimo resquicio de complacencia la ha de aprovechar. Cuando esto puede pasar no apresurarse sino imponer látigo de seda sobre la embestida es la clave, cuando se aprietan las salidas y se complica la ligazón, la planta se apresura al no enviar al astado con la zarga hasta donde se quiere.

O requiere.

El mando ha de imponer el querer del torero, la voluntad humana al instinto de la fiera. El mando hace que los trastos dicten donde tiene que ir la embestida del toro sin que la embestida pueda más, el temple marca como y en que tiempo ha de trazarse la suerte. Solo en momentos lo consigue Macías ausentes los toques intermedios. Los naturales, dos tandas, parecen subir el tono que se diluye como se nubla el entendimiento y el propio cielo cuando perfila las manoletinas sin hilo ni ritmo.

De frente, en corto y por derecho, Emilio se tira a matar siendo rebotado y volteado en la suerte suprema. Pese a la estocada entera, con el hocico abierto, resiste “Ocho Filas” provoca el aviso y el descabello atinadamente manejado. Todo mundo en la Plaza se entera de la clase del novillo menos –para variar- Jesús Morales, ese hombre, que justo se sale del palco y “se le va” homenajear al cárdeno.

Primer “moralazo” de la Temporada.

Tal vez por ello el cielo enoja. Frunce el ceño y cruje en dos truenos que cambian la decoración de la tarde. Tanto esperar los último veinte y gloriosos minutos de la vida del toro para no poder mostrarse a pleno lienzo. El tercero, “Mil Canciones”, berrendo en cárdeno no tiene la suerte de pelear en un terreno seco, ni Juan Pablo Herrera de presentarse igual que todos los demás.

No importa ni para novillo ni para novillero.

Y así debería de ser, estoicismo, como diría Renato Leduc, “Seamos como las montañas. Acaso estas ante la tempestad, ¿Se quejan?” Como hacen varios aficionados que aguantan lo mismo que el novillero, con la música de la lluvia de fondo y la verticalidad que aparece en una tanda por derechazos de valor y mando que vislumbra el enorme esfuerzo de torear sobre el barro.

Si se le olvida la faja, dejando de lado la tradición torera, Herrera no olvida el valor y eso que hace poder torear en cualquier circunstancia, la colocación. Pena del pinchazo que deja todo en vuelta al ruedo. La lluvia acerca a la plaza de toros citadina al campo pero frustra todo intento citadino de aguante, imposible el ruedo.

Esperemos algo ocurra para ver a De Haro más seguido y poder rematar lo inconcluso… Menos mal lo único que no se suspende es la bravura.

Ni con la lluvia.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada de Novilladas 2014. Domingo, Julio 19 de 2014. Segundo festejo de Temporada Chica. Menos de un cuarto de plaza en tarde de cielo soleado durante los dos primeros turnos, aunque con viento, y de aguacero lo suficientemente fuerte que provoca la suspensión del festejo tras la lidia del tercero.

3 Novillos, 3 de De Haro (Tabaco y Oro) Disparejos en presencia, muy pobres de cabeza y de cara, destragados y estrechos en lo general. Manso y cabeceante el primero, casi siempre saliendo de las suertes con la cabeza arriba y con cierto sentido. Espléndido el segundo, número 158, “Ocho Filas” nombrado, cárdeno, zancudo y largo capacho de cuerna, bravo y noble, con poder en la embestida, derribó al caballo y desarrollo un lado izquierdo importante en el último tercio. Noble el tercero aunque no pudo verse su real dimensión al ser lidiado en medio del ruedo inundado.

 El segundo mereció los honores del Arrastre Lento.

Edgar Badillo (Obispo y Oro) Pitos tras Aviso. Emilio Macías (Palo de Rosa y Azabache) División tras Aviso. Juan Pablo Herrera, nuevo en esta Plaza (Blanco y Oro) Vuelta al ruedo.

El segundo espada fue volteado sin consecuencias tras estoquear al segundo.

La Autoridad en conjunto con los toreros determinó correctamente suspender el festejo al quedar el ruedo absolutamente inundado sin que pareciere posible la continuación por la tremenda cantidad de agua que se ha vertido sobre la Monumental. La Afición recrimina tal decisión.

Así embistió “Ocho Filas”  de dea la muleta de Emilio Macías.