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El Viti: «No mandamos ni en la vida ni en la muerte»


Serio y elegante, como era su toreo, el exmatador confiesa que siempre tuvo miedo a no digerir la fama.

Por Cesar Coca.

-En alguna de sus catorce cornadas, cuando lo llevaban en volandas a la enfermería de la plaza, ¿pensó que podía morir?

-Nunca lo pensé. Todos los que nos hemos puesto delante del toro sabemos que vamos a morir, pero no tuve ese temor en ninguna cogida.

Santiago Martín ‘El Viti’ ha respondido sin un atisbo de duda. Sus palabras resuenan en el bello patio renacentista del Palacio de Figueroa, en Salamanca, sede del casino local. Casi cuarenta años después de su retirada, sigue siendo un ídolo para sus paisanos y los aficionados a los toros de todo el mundo, pero se muestra incómodo con los elogios y esquivo ante apelativos que rechaza aunque sean muestras de admiración. «Si me llaman ‘maestro’, no me vuelvo, porque no lo soy», confiesa. Ha llegado hasta la plaza Mayor, lugar de la cita con los periodistas, atendiendo a los saludos de unos y otros, caminando pausado, como cuando citaba al toro con aquel gesto serio y una sobriedad y un temple que los cronistas de su tiempo destacaban por encima de todo. Próximo a cumplir 79 años, Santiago Martín derrocha sabiduría, recibe las preguntas a pecho descubierto y torea las cuestiones más incómodas con elegancia y sin acusar a nadie. Un caballero en un tiempo de excesos y espectáculo vacuo.

¿Un torero deja de serlo alguna vez?

Seguimos siéndolo y pensando como toreros siempre. La vida profesional de un torero es corta y luego tienes que hacer otras cosas, estar con tu familia, vivir en sociedad, pero eso sigue ahí.

¿Cuáles son esas otras cosas de las que habla? ¿Cómo llena su tiempo?

Nunca me aburro. Siempre hay tareas en el campo, con el ganado o la agricultura, atender a la familia, y además he sido muy deportista. Me gusta caminar y jugar a la pelota. He conocido a pelotaris profesionales. Una vez fui a Durango y mi padre me pidió que saludase a Atano II, que me regaló unas pelotas. Estuve jugando con ellas sin protegerme las manos y eso me costó perder dos o tres corridas. También veo muchas películas, leo sobre todo libros de Historia. Al teatro voy menos y la ópera la disfruto cuando dan alguna en TV.

SUS FRASES

En la plaza

«Yo creo que valiente es el toro; el torero debe ser inteligente»

Vocación

«Si no hubiese sido torero, podría haber sido pelotari»

Proyectos

«Mis sueños se estaban realizando y eso me daba miedo»

¿Cómo era de niño?

Fui un niño normal. En Vitigudino había un grupo de muchachos y jugábamos al fútbol y las canicas, entrábamos a algunas fincas de frutales… subíamos a los tejados a por nidos. Y también jugábamos a toreros, y nos íbamos turnando en el papel de toro.

A su madre no le gustaban los toros. ¿Qué le dijo cuando se enteró de su afición?

Durante muchos años fui como un monje. Toreábamos en los corrales, con nueve o diez años, y yo no decía nada a nadie. Aprovechando la feria semanal que había en el pueblo, a la que llevaban mucho ganado, encerrábamos una vaca y hacíamos alguna perrería. Y luego en las fiestas del pueblo se hacían cuadrillas para torear y formé una con mi hermano y un amigo. Tenía ya 16 años, y contra la costumbre de sortear quién iba a lidiar una vaca embolada, como se hacía entonces, y quiénes eran los subalternos, me adjudiqué el papel de torero.

Fue la primera vez que Santiago Martín dio unos capotazos en público. En su casa, donde vivían de un taller de fabricación y reparación de carros, se llevaron una sorpresa, y su madre y su abuelo materno le preguntaron si sabía que a ellos el toreo no les gustaba. «Pero todo quedó ahí. Nunca dijeron nada en contra y siempre me apoyaron». De su madre, recuerda que jamás fue a verlo a un tentadero. Y de su abuelo asegura que fue la persona que más cosas le ha enseñado en la vida. Así que él conoció desde muy joven los argumentos de los contrarios a los toros. «Los ha habido siempre», destaca. Nunca ha tenido demasiados problemas con los antitaurinos, aunque se detiene en el relato de un viaje en avión en el que una joven fue a increparlo y tuvo que llamar a la azafata.

De no haber sido torero, ¿a qué se habría dedicado?

Podría haberme dedicado a la pelota. Era bueno. Un amigo y yo, siendo unos chavales, ganábamos con facilidad a los mayores. Muchos años después, Retegi, Arroyo y otros pelotaris estuvieron en mi casa y jugamos en el frontón. Pero decidí ser torero, y cuando llegó el momento de contarlo a mis padres me apoyé en mi hermano mayor porque no me atrevía a decírselo.

SU TRAYECTORIA

Nació: en Vitigudino (Salamanca), el 18 de julio de 1938.
Carrera en los toros: Se vistió de luces por vez primera en 1956. Tomó la alternativa en la plaza de Las Ventas, en Madrid, el 13 de mayo de 1961. Se retiró en Valladolid, el 16 de septiembre de 1979. En total, toreó en 1.213 corridas y nunca hizo el paseíllo en solitario. Actuó en cuatro continentes. Salió a hombros de la plaza de Las Ventas en 14 ocasiones como torero y dos más como novillero, récord que nadie ha igualado.

Premios: Está en posesión de la Medalla de Oro de las Bellas Artes, el premio de las Artes de Castilla-León y el premio Tauromaquia de esa comunidad.

El balance profesional fue excelente: 1.213 corridas en 19 temporadas, 16 salidas por la puerta grande de Las Ventas, un paseíllo a hombros por todo Madrid…

Cuando era novillero, quería saber muchas cosas sobre la fiesta y preguntaba a los toreros veteranos. Era difícil acercarse a ellos y plantearles algunas cuestiones, pero varias veces lo conseguí. Me interesaba por el público y sus reacciones, por las salidas a hombros…

En una de ellas recorrió media ciudad. ¿La recuerda?

Me llevaron una vez desde la plaza de Vista Alegre a mi hotel, en la plaza de Santa Ana. Era un grupo de unas 200 personas y los guardias iban cortando el tráfico para que pudieran pasar.

¿Qué se piensa cuando se protagoniza una apoteosis así?

No piensas nada, apenas tienes oportunidad de hacerlo. Luego, cuando te quedas solo en el hotel te preguntas qué es eso.

¿Y las cornadas? ¿Tiemblan las piernas al salir al ruedo por primera vez tras una grave cogida?



Las cornadas no ablandan a los toreros. Valle Inclán y Ortega le preguntaron por eso a Belmonte y este les dijo que las de la vida son peores. Las de la vida llegan por muchas causas y hay que estar preparado: un problema económico, una enfermedad, un accidente… Las del toro son como trofeos auténticos y sin rencor.

Cuando nació su primera hija, ¿cambió algo su manera de enfrentarse a los toros?

Hay varias formas de encajar acontecimientos pero quienes nos hemos puesto delante de un toro sabemos que vamos a morir. No mandamos ni en la vida ni en la muerte. Vendrá cuando tenga que venir. Las cosas, las buenas y las malas, solo suceden a quienes están vivos. Si tuviéramos que tomar todas las precauciones por algún motivo, no saldríamos de casa.

Otras personas con profesiones peligrosas admiten que se volvieron más prudentes tras tener un hijo.

Cuando estás ante un toro no existe nada más. Hay quien dice incluso que se te olvidan hasta los dolores que puedas tener. Si no llegas a verlo así no te haces torero. A veces se dice que un torero es un valiente. Yo creo que valiente es el toro; el torero debe ser inteligente.

¿A usted la fe religiosa le ha ayudado a superar riesgos y cornadas?

Sin duda. La fe me dio mucha fuerza. Cuando me pasaron las cosas más gordas, siempre pensaba que tenía que curarme con la ayuda de Dios. Se lo decía a mi madre cuando iba a verme al sanatorio. Una vez le dije que no quería verla allí porque su sitio estaba en casa, cuidando de la familia.

Rituales

Recuerda El Viti los rituales previos a la corrida, la vez que cuando lo estaban vistiendo se rompieron los machos y el mozo de espadas se puso muy nervioso porque era la hora de salir a la plaza. «Mi mujer ocupó su lugar y resolvió el problema», explica con una sonrisa. Luego, como siempre, ella se quedó en el hotel. «Al despedirme, solo me deseaba suerte y nada más. Sabía con quién se había casado». Sus hijos, en cambio, le daban un beso. Pero eso fue cuando se acostumbraron a verlo vestido de luces porque en una ocasión, con motivo de una corrida en Benidorm, se trasladó hasta allí la familia al completo para disfrutar de unos días de vacaciones y su hijo pequeño -las dos mayores son chicas- al verlo salir de la habitación se escondió, asustado, porque no lo reconoció.

¿De qué hablaban en los largos viajes nocturnos de las cuadrillas, de una ciudad a otra?



De todo: del campo, de amigos comunes, de las familias. En mis primeros años viajaba siempre con la cuadrilla y les pedía opinión sobre la corrida. Alguno respondía sin tapujos. La opinión de profesionales con gran experiencia siempre es constructiva. He hablado más con los subalternos que con el apoderado… Luego, en los últimos años, a veces viajaba con mi mujer.

¿Por qué los toreros se retiran y vuelven? Usted también lo hizo.

Lo mío fueron más bien descansos, dos temporadas en las que toreé muy poco, algunas corridas en América. Durante diez años no había tenido ni un mes libre y el descanso me vino muy bien.

Y terminó por cortarse la coleta de manera inesperada, tras una corrida en Valladolid con muy mal resultado.

Sí (sonríe), una corrida con bronca y bronca. Yo he tenido siempre miedo a no digerir la fama, a las cosas que se sustentan alrededor. Después de un gran triunfo no dormía nunca. Estaba angustiado porque mis sueños se estaban realizado y eso me daba miedo. A los dos días de esa corrida de Valladolid llamé a Chopera y le dije que me retiraba, que ya no iba a la feria de Logroño.

¿Lo habría hecho si llega a cortar orejas en esa corrida?

Posiblemente habría sido igual, pero era una cuestión de humildad.

En una ocasión, un brindis en forma de protesta al presidente de Las Ventas, en Madrid, le costó un arresto. ¿Qué pasó?

Sucedió que mi segundo toro me dio una voltereta con el capote que me causó una lesión en una pierna. Pude seguir pero muy mermado de facultades, y el presidente cambió de tercio con solo un puyazo, cuando el reglamento fijaba tres. Eso me dejó el toro en condiciones muy difíciles para mí.

Y se quejó.

Brindé el toro haciendo una referencia al conocimiento del reglamento. Media plaza se puso de mi parte y la otra media me criticó, así que me costó mucho convencer al público pero al final corté dos orejas. Y resulta que el presidente, luego me enteré, era un admirador. No salí a hombros porque tuve que irme directo a la enfermería. Allí fueron a decirme que estaba arrestado. Me llevaron al hotel, donde estuve diez días sin salir de la habitación, con una rotura de fibras, y me pusieron un policía en la puerta de manera permanente. Ya ve, la vez que más ilusión me habría hecho salir a hombros, no pudo ser.

¿Sus hijos tienen alguna relación con el mundo taurino?

Son muy aficionados, y no porque yo les inculcara nada. Pero ahí se queda todo.

¿Cómo querría ser recordado?

Le pregunté a Domingo Ortega cómo llevaba la fama y los compromisos y me dijo: «Debes acostumbrarte». Me gustaría que me recordaran como Santiago, como una persona en la vida cotidiana, con mi familia… Si llego a medio hombre bueno, me conformo. Que me recuerden como alguien bueno. No quiero más. Mire, cuando alguien me saluda por la calle llamándome Santiago o Viti, me vuelvo y atiendo el saludo. Si me dicen ‘maestro’, no lo hago, porque yo no soy un maestro.

Publicado en. Las Provincias

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No puedo transformarme en algo que no me gusta: Joselito Adame


Joselito Adame ha sido en México objeto de multiples notas, columnas y entrevistas en los medios de comunicación tras su doceava actuación en Las Ventas, en donde se llevó una oreja de los tres toros que lidió.

En esta ocasión ha dejado en claro para aquellos antis y hasta para sus propios seguidores, que el nunca se va a transformar en algo que no quiere y que en un artista es algo muy entendible, pero nuestra pregunta es: ¿Quien es realmente Joselito Adame? ¿Como definiría el mismo su concepto del toreo? ¿A que aspira este torero en el 2017 en caso de que no llegará esa tan ansiada Puerta Grande? y ¿Porque a pesar de la máquina propagandista que lo acompaña siempre y de sus múltiples triunfos, en su propio país, todavia una gran parte de la afición aún no lo considera una figura del toreo? 

Son preguntas directas y tal vez no a modo, pero son preguntas que estamos seguros que toda la afición  mexicana quisiera conocer. 

¿Quien es realmente Joselito Adame como torero? Creemos que todavía nadie lo sabe y tal vez ni el mismo, por los constantes cambios que sufre su toreo tarde tras tarde – De SOL y SOMBRA.

Por Pablo Carrillo.

Joselito Adame tuvo un regreso a España de alarido tras conseguir su cuarta oreja en la Monumental de las Ventas de Madrid, todo esto en el marco de la Feria de San Isidro. Fue una gran actuación en la que el nacido en Aguascalientes mostró temple hacia los ejemplares de la ganadería, El Torero.

La faena por momentos tuvo pasajes importantes con muletazos por la parte izquierda, sin embargo, el torero mexicano no alcanzaba a prender al público madrileño, aunado a que los toros no embestían como se esperaba. Joselito, al final decidió tirarse a matar sin muleta, con el objetivo de dar la gran estocada emulando lo que realizó en la década de los 30’s Luis ‘El Soldado’ Castro* (sic)

Para los micrófonos de Grupo Imagen, Adame, mencionó que abrochó de manera digna su participación gracias al último toro, donde la inspiración y el arrebato jugaron un papel importante para tirar la muleta y decidirse ir contra el astado, y de esta manera quedar a mano con el público que nunca lo dejó de apoyar a pesar de que los bovinos no aportaban la ilusión.

“Los toros tuvieron dificultades en las patas delanteras y traseras, y como sabemos, al público de Madrid no le gusta eso y no lo aceptan. La corrida se volvió tensa, al final la gente se molestó y ya no le daba importancia a lo que sucedía en el ruedo. La hazaña comenzó cuando empecé con el sexto toro, le vi una calidad notable, y todo se empató cuando solté ese coraje y apasionamiento que llevaba adentro con los toros anteriores y salió de la nada frente a una de las mejores plazas del mundo”.

El mexicano triunfó de la mano de la valentía y personalidad, como ya es costumbre en él. Y eso justamente hace la diferencia en los matadores, la osadía y sentimiento hacia el toreo marcan la pauta para triunfar o fracasar.

“Somos artistas y hacemos lo que sentimos. Debes y tienes que marcar tu personalidad. No puedo evitarlo o transformarme en algo que no me gusta o quiero”.

El próximo compromiso de Joselito Adame será el 8 de junio con toros de Alcurrucén.

* Todo sucedió un julio de 1934, en la antigua plaza madrileña de Las Ventas del Espíritu Santo, el hecho fue consumado por Lorenzo Garza, que aquella tarde respondió así a la hazaña de El Soldado de entrar a matar con un pañuelo como engaño, en un festejo en el que los dos mexicanos, entonces aún novilleros, acabaron por protagonizar un emocionante mano a mano, tras salir herido Cecilio Barral. Luis Castro logró una media lagartijera a la que siguió la obtención, entre una apoteósico ambiente, de las dos orejas y el rabo; el “ave de las tempestades”, por su parte, pinchó, pero se recompuso con algunos pases y un volapié perfecto, éste ya ejecutado con muleta en la mano siniestra, que le alcanzó para cortar las dos orejas – De SOL y SOMBRA.


Publicado: Imagen

«Mi hijo se quedó con la empresa a la brava. Es una puñalada por la espalda»


Por L. Álvarez / M. Menéndez 

El pasado viernes el diario EL COMERCIO publicó que Carlos Zúñiga hijo relevaba a su padre (Carlos García Manso-Zúñiga) al frente de la empresa Circuitos Taurinos, gestora de la plaza de toros de El Bibio desde 2001, con motivo de la jubilación de su padre. Pero la versión de éste es muy diferente. Según explicó a este periódico, achaca a maniobras de su hijo en el seno de la empresa su salida de la misma. Es más, considera que se trata de «una traición» y «una puñalada por la espalda» para apartarle de una compañía que creó en 1995. El veterano empresario taurino asegura que llevará el asunto por la vía legal.

¿Ha decidido jubilarse?

No. Mi hijo se ha quedado con la empresa. Es una mentira muy gorda que me haya jubilado. Cuando me tenga que retirar ya lo sabré yo.

«Es un golpe muy bajo que no esperaba para nada. Le he dado todo y se ha vuelto contra mí»


¿Por qué ha quedado al margen de Circuitos Taurinos?

Lo decidió mi hijo. Les regalé un 30% de las acciones a dos de mis hijos (Carlos y Cristina) y yo me quedé con el 40%. Ahora, ellos se juntaron y tienen el 60%. Siempre se veía venir que mi hijo quería quedarse con la empresa, te vas dando cuenta a medida que pasan cosas. Pero esto no es una trastada, es una traición. Ahora entiendo muchas cosas.

¿El problema viene de largo?

Todo ocurrió el 8 de mayo, cuando los accionistas nos reunimos con los abogados. Ellos tenían la mayoría y anunciaron que la iban a registrar. Pero yo creé la empresa y mi hija, en lugar de devolverme las acciones o al menos darnos la mitad a cada uno, decidió dárselas a él. Tenía a mis dos hijos en mi contra.

¿Por qué?

Mi hijo nunca quiso que yo apoderara a toreros, pero es algo que siempre he hecho. Creía que era una salida de pata de banco de él, pero hasta que no ha conseguido apartarme no ha parado. No había motivos familiares ni ninguna bronca para haber hecho esto.

¿Y por qué su hijo indicó que usted se había jubilado?

Creo que no tenía otra salida. Dice que me tenía que jubilar, pero lo haré cuando yo quiera.Ahora, se ha quedado con las riendas y con el caballo… Yo siempre he apoderado a toreros, por ejemplo a Uceda Leal y esa explicación es…, no sé, como otra cualquiera. Mi hijo decía que apoderar a los toreros siempre trae complicaciones y disgustos. Pero eso no es nuevo, es una excusa y se quedó con la empresa a la brava. Es una puñalada por la espalda.

¿Por qué se ha decidido a dar explicaciones sobre lo sucedido en la empresa?

Para que la gente sepa que ya no estoy en Circuitos Taurinos, que me ha quitado mi hijo. Pero yo tengo un nombre y un prestigio, y no quiero que nadie lo enturbie. Tengo la espada muy limpia. Puedo decir claramente que no le debo nada a nadie y que el apellido Zúñiga tenga un prestigio me ha costado muchas lágrimas y sufrimiento.

Dos de sus cuatro hijos eran accionistas…

Carlos tenía 18 años y Cristina, 23 cuando se fundó la empresa familiar. Los otros dos eran muy chicos. Nunca pensé que pudiera ocurrir algo así. A mi hijo le he enseñado todo, le he metido en esto y lo ha aprendido todo conmigo sobre el mundo del toro, desde muy pequeño. Pero no estoy muerto, estoy perfectamente bien y tengo mucho cariño a la empresa. Es un golpe muy bajo que no esperaba para nada. Le he dado todo y se ha vuelto contra mi.

¿Y qué va a hacer usted?

Estoy en ello. De momento, mi abogado va a seguir el tema para ver cómo se puede solucionar.

Usted fue fundamental para relanzar la Feria de Begoña, ¿le veremos por aquí en agosto?

Gijón es el buque insignia, mi plaza estrella, mi vida y mi corazón. Son dieciséis años trabajando por una feria bonita, con contenido, hasta convertirse en una de las grandes ferias del norte de España. Y ahora no sé cuál será mi reacción. Creo que no iré a los toros.

¿Ha recibido apoyos?

He tenido muchas llamadas dándome ánimos y recordándome que Carlos Zúñiga soy yo. Él se ha puesto el apellido para hacer esta guarrada. Sí que le ha gustado el nombre, porque yo ya tenía hecho un camino. Se lo podía haber quitado y quedarse como Carlos González si tanto se quiere distanciar de mí. Pero lo que ha hecho es que me ha quitado como director de orquesta.

Fuente: El Comercio

Entrevista: “El Toro prosperará siempre.” Luis Francisco Esplá con @Carazo_TDN.

De nueva cuenta, entre el trajín isidril y el recuerdo de la torre añeja, Luis Ramón Carazo conversa con un personaje que no requiere introducción alguna, Luis Francisco Esplá habla, principalmente, de un hecho que se hizo, malamente, tópico en México: si La México es “festivalera”, todas las plazas tienen algo de ello. En una declaración, que es más que una necesaria aclaración, las cosas quedan claras 33 años después. Esplá nos regala varias perlas, con su torería y arte sin iguales en un imperdible encuentro.

Por: Luis Ramón Carazo. ENTREVISTA. De SOL Y SOMBRA. Madrid.

Son 33 años desde que Luis Francisco Esplá confirmó en la Plaza México.

Aquel día, Ricardo Sánchez cortaría un rabo a “Capitán” de De Santiago y Luis Francisco Esplá no tuvo la suerte deseada. Y peor aun, el santo de espaldas por una declaración que no explica la ausencia de 20 años de suelo mexicano (reapareció en Guadalajara en 2004) sin que hubiera vuelto a La México jamás.

Y este prejuicio dejó no a Esplá sino a La México sin ver al alicantino.

Por ello es momento de escuchar al mítico diestro al que vemos ahora en Madrid, ya retirado de las lides taurinas salvo la esporádica aparición del año pasado, siempre artista, siempre culto y siempre en torero.

Que lo disfruten.

Twitter: @Carazo_TDN.

Conchi Ríos: «Todavía me gritan: ‘¡Vete a fregar!’»


Foto Manu de alba.

Por Arantza Furundarena.

Conchi Ríos, la única mujer que hoy intenta torear en España, asegura que «dan más ‘cornás’ los machistas que los antitaurinos»

Esta murciana con hechuras de valquiria cambió la danza contemporánea por esa ancestral coreografía extrema que es el toreo. A sus 26 años, tras once cornadas y un rotundo triunfo en Las Ventas, está sin apoderado. La BBC la considera una de las cien mujeres más influyentes del mundo. Pero algunos preferirían verla fregando.

¿Cómo va la temporada?

Difícil. He roto con mi apoderado y lucho en solitario. Salir por la puerta grande en Las Ventas fue lo mejor que me pasó, y también lo peor. Me empezaron a llevar de feria en feria, pensando más en sus intereses que en mi carrera.

Debió de sentirse ‘la mujer barbuda’…

Los toreros somos un poco muñecos del ego. Nos manejan como quieren. Alberto García apostó por mí y me dio la alternativa. En dos corridas corté seis orejas y un rabo. Pero mi sorpresa fue cuando me dice que no me puede poner en ninguna plaza importante por temas que no me puede explicar… Soy la única mujer que ahora mismo intenta torear en España.

Y, según la BBC, una de las 100 más influyentes del mundo. Pero resulta que está en el paro.

Qué ironía, ¿verdad? Yo creí que esto me iba a servir para torear. Pero no. Me llaman para hacer películas alemanes, italianos, canadienses… Me invitan a dar conferencias. Ha tenido más repercusión fuera del ambiente taurino que dentro. La tauromaquia está muy anticuada. A mí todavía desde el tendido me gritan: «¡Vete a fregar platos!».

¿Dan más ‘cornás’ los machistas que los antitaurinos?

Sin duda. Los antitaurinos son algo banal. El machismo es mucho peor para el mundo del toro.

Eso y la falta de aficionados…

Las plazas se están vaciando, pero no por falta de afición sino por la mala gestión de los empresarios. Hay un monopolio y no dan opción a los jóvenes.

¿El miedo dónde lo esconde?

Yo el único miedo que tengo es a no poder torear.

¿De niña era igual de valiente?

Qué va, veía cualquier bichillo y salía corriendo.

¿Y cómo le picó el bichillo del toreo?

Con quince años, en una corrida a la que fui con mis abuelos. Indultaron dos toros a Pepín Liria y Enrique Ponce. Y pensé: «Yo quiero hacer lo que están haciendo esos hombres». Nadie me había hecho llorar de emoción de esa manera.

¿Qué le dijo su familia?

Que estaba loca. Pero mi abuelo a escondidas me llevó a una capea en una plaza portátil. Me puse delante de un novillo y, sin saber nada del toro, intuitivamente lo toreé. Hoy son mis máximos seguidores.

Y sufridores, supongo.

Sí, he tenido once cornadas. Con una de ellas creí que me moría. Fue un cornalón con cinco trayectorias. Pedí que entrara mi madre, quería ver su rostro. A mi padre es que no lo he conocido… Solo trece días después de aquella cornada toreé en Madrid y abrí la puerta grande. Y eso que llevaba 75 puntos en el muslo.

¿Le gusta que le llamen matadora?

En mi carné profesional dice matador de toros, en masculino, porque para que te pongan ‘matadora’ tienes que pagar; dicen que para actualizar el sistema.

¿Una torera liga tanto como un torero?

No. Yo les doy miedo, ja, ja, ja… En este oficio los hombres ligan más de lo normal y las mujeres bastante menos.

Fuente: Las Provincias

Finito de Córdoba: «He defendido mis oportunidades pero hay mucha falsedad en el toreo»


Asegura que pasa por un momento bajo llega con ganas de que la afición vea en Córdoba lo mejor de su arte.

ABC – Foto Roldán Serrano.

El próximo sábado 27 de mayo Finito de Córdoba actuará en su plaza, el coso de Los Califas. Ante la cita el torero se muestra ilusionado: «Confío devolver a mi gente la torería que esperan de mí en la afición. Saldré a la plaza a darlo todo. Ojalá embista la corrida».

Atrás queda la no celebración de su veinticinco aniversario de alternativa, el pasado año. El diestro asegura que el mal recuerdo quedó atrás «Sinceramente, no tengo un recuerdo amargo porque tengo una fortaleza tremenda. Si esa corrida no se celebró era por algún motivo concreto». «Es verdad que el más dañado de todo lo que ocurrió, por mucho que digan o que se enfade la gente, fui yo. Mi mente y mi corazón estaban totalmente rotos en ese momento y ante esa circunstancia».

Los aficionados se preguntan qué quedó de aquel intento de reeditar ese festejo en septiembre. Finito es claro «La empresa nunca descolgó el teléfono para torear en esa fecha».

Tiene cuatro compromisos, de momento, en esta temporada. algo que el diestro asegura no entender: «He visto lo que he sido capaz de transmitir en ferias importantes en años recientes, acciones como para volver a estar anunciado».

Este año se celebra el centenario del nacimiento del IV Califa del toreo cordobés, Manuel Rodríguez «Manolete». La presencia de Finito ha sido requerida en los diversos actos que se han organizado para celebrar la efeméride. Pero opina que no se siente capacitado para hablar sobre «El Monstruo». En esa línea, Juan Serrano sentencia que «el mejor homenaje que yo le puedo dar a ese monstruo es cuajando un toro en su tierra. Así lo pienso y lo siento.

Entrevista – Luis Ramón Carazo conversa con Simón Casas. Madrid, San Isidro 2017.

La foto que siempre buscó, persiguió y logró. Simón Casas, al frente de Las Ventas.

La cita, Madrid, el lugar, Las Ventas y el hombre: Simón Casas. En su primer San Isidro, tan soñado y perseguido habla con Luis Ramón Carazo en pleno corazón del toreo. 

Por: Luis Ramón CarazoDe SOL Y SOMBRA.  Madrid.

En una de las citas taurinas con las que abre la gestión más desafiante e innovadora en el más clásico y tradicional de los seriales taurinos, Luis Ramón Carazo ha salido al encuentro de Simón Casas, siempre polémico, innovador y esperanzado en no solo dar la batalla taurina en Madrid sino llevar al espectáculo un punto más allá del mismo.

En pleno día de San Isidro la conversación se centra con el empresario y productor francés en la internacionalización de los toreros mexicanos y el respeto que por sí misma tiene la tauromaquia y los elementos que harán de este milenario espectáculo el más vigente aun el tiempo actual.

 

Conceptos, obra, razones y motivaciones muestra Casas en la apertura de su primer San Isidro en el que parece también le ha faltado tiempo y espacio para materializar el sueño diario de manejar la Monumental de Las Ventas.

Que es manejar cada día el tiempo del toreo mismo.

Aquí dejamos el testimonio taurino recogido por Luis Ramón Carazo, columnista siempre presente en nuestro portal.

Twitter: @Twittaurino.

El extorero que fue nazi: la vida de película de Álvaro Ortega

Compartió cartel con El Juli, Morante o Ponce antes de tatuarse la esvástica en el costado. El boxeo lo sacó de los skinhead y de la soledad de quien tuvo todo y lo perdió.

Por Pepe Bahorona.

Fotos: Fernando Ruso.

Lo miro a la cara y trato de escudriñar el torero que un día fue. Mentalmente le pongo pelo, le quito los tatuajes de la cara, trato de adelgazarle el ancho cuello, corrijo su nariz chata de boxeador y le pinto un traje de luces. Pero nada en él recuerda a quien tomó la alternativa con Fran Rivera y Javier Conde delante de Naranjito, un morlaco de 575 kilos de la ganadería de Ramón Sánchez Ybargüen. Lo imagino en el patio de cuadrillas, colocándose bien el capote para iniciar el paseíllo, rozando con la punta de sus manoletinas el amarillo albero, ajustándose la montera con esa liturgia aprendida en años. Pero abro los ojos y no es eso lo que veo.

Está ahí, es él, andando despreocupado entre mancuernas, con un holgado chándal negro y un cuerpo bruto, contundente, fuerte. Intuyéndole algún que otro tatuaje neonazi en el rostro. Rodeado de púgiles, sigo sin ver a Álvaro Ortega, el matador de toros que se paseó por Las Ventas, laMaestranza, Aguascalientes, Nimes…

Conocí a Álvaro Ortega hace unos tres años, en el gimnasio de Antonio ‘El Bigotes, un entrenador de boxeo cercano a los setena años que usa el deporte para sacar a jóvenes de sus vidas turbulentas. Álvaro ya estaba ahí, como uno más, corrigiendo a los combatientes en el cuadrilátero y arengando a los nuevos valores del pugilato sevillano.

En mis breves visitas a ese templo del boxeo sevillano nunca adiviné que el gran proyecto de El Bigotes era él. Antonio llevaba ya años trabajándose a quien fue matador de toros y skinhead, por ese orden y nunca al mismo tiempo.

Porque antes de que Álvaro Ortega paseara por Madrid su cabeza calva y su estética neonazi, de meterse en mil y una peleas, de que lo encontraran con la cabeza abierta y solo en la calle, ese mismo Álvaro había pisado el ruedo de Las Ventas. Y cortado orejas. Llenando de ceros su cuenta corriente.


El torero Álvaro Ortega, de 35 años y natural del sevillano pueblo de Alcalá de Guadaíra, fraguó en su pueblo su amor por la tauromaquia. Dio los primeros capotazos en la escuela taurina local y tanteó a su primera becerrita en la antigua plaza, donde mataba Curro Romero. El diestro de Camas fue el primero que advirtió un talento destacado y pronto, a los 16 años, el niño Ortega se hizo profesional.

—¿Cuándo tuvo la certeza de que podía vivir del toro?

—En el 98 toreé 64 tardes de novillero. Muchas de ellas junto a al Juli. Para los dos fue nuestro primer año de novilleros. De hecho, en la primera corrida televisada de El Juli yo estaba con él. Fue en Pamplona, en los Sanfermines. Coincidíamos en muchos carteles. Ahí empecé a ver que se movía la cosa, que me llamaban, que salían contratos… Y supe que iba a vivir del toro. Tenía maneras y cualidades, y mi vida cogió nivel. Pero el toreo es, como cualquier profesión del mundo del arte, muy cambiante y hay que regarla con muchos triunfos…

Tomó la alternativa en 2006, en Ciudad Real, de mano de Fran Rivera y Javier Conde. “El día que sueña todo el mundo”, recuerda Álvaro a EL ESPAÑOL. “Hay mucha gente que sueña con ser torero, pero pocos consiguen ser matador de toros. Y yo lo hice”, subraya.

Ambos estamos subidos al ring. Álvaro, literalmente, próximo a las cuerdas. Y el pitido que anuncia el principio y el final de casa asalto suena puntual cada tres minutos. Sigo buscando al torero y no lo consigo.

COMPAÑERO DE MORANTE, EL JULI, EL FANDI, PADILLA…



Pero lo cierto es que lo fue. El torero Álvaro Ortega tuvo la suerte de competir durante cuatro años con los mejores matadores. Morante de la Puebla —para él es José Antonio, y todavía coinciden—, El Juli, Padilla, el Fandi o, en festivales benéficos, con Espartaco, Curro Romero, el maestro Paula o Pepe Luis Vázquez. Ha confirmado la alternativa en Madrid, en Sevilla, toreado en Pamplona, Bilbao, Tarragona, Gerona, Zaragoza, Valencia o Alicante. Y en Francia, en Arlés, Nimes, Bayona, Mont-de-Marsan… También en Latinoamérica, cuatro años de temporada, en Colombia, Bogotá; después México, en Aguascalientes, Texcoco…


De vez en cuando, muy de vez en cuando, alguno de sus antiguos compañeros de cartel lo llama en el aniversario de alguna buena corrida. “Y lo entiendo, es un modo de vida, cuando sales de ahí, sales para siempre”, advierte Ortega.

—¿Se sigue sintiendo torero?



—Sí. Porque el torero nace y después se hace. Sin la cabeza tatuada y con el pelo largo, me miro al espejo y sale ahí el personaje. Cuando tengo algún paño en la mano, o una toalla, siempre pego algún muletazo. Algo queda. Pero no es como antes, que me sentía torero las 24 horas del día. Olía torero, respiraba torero, andaba torero… hasta para tomarme un café, me lo tomaba en torero. Y algo queda.

—¿Cómo entiende el toreo?

—Muy puro, despacito, enganchando muy adelante, llevándolo muy atrás y muy toreado. Un toreo de la escuela sevillana, más artista, lo que mamamos aquí, muy distinto del toreo castellano. El sevillano tiene otra pinturería, otra forma de andar…

Y ahí sale el torero. Álvaro habla como torero y se mueve con la armonía y las formas de un matador de toros. Elegante, templando el movimiento de sus manos, corrigiendo su postura y buscando las respuestas en lo que queda del que tantas tardes de gloria dio a la afición. No hay tatuaje que emborrone su imagen de torero.

—¿Le gustan los toros?

—Me gustan. Ha sido mi vida y lo respeto. Estoy a favor de ellos. Pero pasaron a segundo plano. Por fuerza, por ley de vida. Porque mi prioridad es ahora el boxeo, mi trabajo y la casa de Antonio El Bigotes.

2010, EL AÑO DE LA RETIRADA



Su carrera como matador de toros duró cuatro temporadas. En la de su retirada, en el año 2010, participó en una treintena de corridas. Y bien elegidas. Pero sus problemas conyugales apartaron al diestro de los ruedos. Llegó el divorcio de su mujer y también del que había sido su apoderado, Luciano Núñez. Y decidió tomarse un año sabático para ordenar su vida. “No tenía la cabeza para torear y preferí parar antes que tener tres malas tardes, lo que me hubiese pasado factura profesionalmente”.

—¿No supo digerir el éxito?

—Me llegó el triunfo muy joven. Y a toro pasado, nunca mejor dicho, sí veo mis errores. Creí que los éxitos nunca se acabarían, que los amigos siempre iban a estar ahí… pero se acaba, hasta tal punto que te ves solo, solo, solo, solo. En esas tardes malas de hoteles vacíos. Cuando nadie va a verte. Y te duele esa hipocresía y te da un pellizco en el corazón. Y empiezas a crearte una coraza, y tú mismo te vas cerrando las puertas. Y no dejas que nadie entre. Desconfías. Y ahí empezó la otra vida.

—¿Y a dónde llegó esa otra vida?

—Al polo opuesto. De ser un matador de toros con una proyección envidiable, toreando en carteles buenos, a pasar a lo que no quiere nadie estar. Así de radical.

—¿Qué es ‘donde nadie quiere estar’?

—Me cogió una época dura de mi vida. No me quería nadie porque no me quería ni yo. Y llené el calor humano que iba buscando con una banda. Ellos fueron los únicos que me dieron un poco de calor. Nunca estaba solo. Siempre había 25 o 30 personas a mi alrededor. No fue lo que buscaba, pero en ese momento me sirvió. Pero lo que gané con eso fue agrandar más la bola. Y entrar en un mundo de delincuencia.

Cuando Álvaro habla de una banda se refiere a una de ideología neonazi. Y en su día, cuando ya no compraba casas y coches de lujo con el dinero de las corridas, cuando se vio en la calle solo y sin un duro, el torero Álvaro Ortega dejó de serlo para convertirse en un skinhead. De esos que van por ahí dándole palizas a la gente. Llegó a cobrar nueve millones de pesetas por una tarde en Pamplona; ahora se dedicaba a cobrar deudas por encargo.

“Si había algo que cobrar, ahí iba yo. Y pagaban. Sí o sí. Y cobraba quien me mandaba y también yo”, recuerda.

Seguimos sobre el cuadrilátero. Y Álvaro ha dejado de ser el torero y se parece al matón que fue. Ha perdido la pinturería de su mano izquierda y sus gestos son vehementes. Ahora veo sus tatuajes.

TATUARSE PARA NO VOLVER A LOS TOROS

El 88 junto a su ojo izquierdo. Ochenta y ocho, la duplicada correspondencia con la octava letra del alfabeto latino, la H. HH, o lo que es lo mismo, Heil Hitler. O, junto al derecho, el número 14, en referencia a las catorce palabras pronunciadas por David Lane, creador de los Nacionalistas Blancos: “Debemos asegurar la existencia de nuestro pueblo y un futuro para los niños blancos”. En el cuello, una runa Odal, vinculado a ejército nazi y a la grupo terrorista de supremacía blanca Boeremag de Sudáfrica. Y en el torso, una esvástica del tamaño de una mano.

Los tatuajes significaron el punto y aparte, el adiós al mundo del toro. “Necesitaba cortar de forma radical con mi vida de antes, con el toreo, y se me ocurrió la brillante idea —ironiza— de tatuarme la cara y el cuello. Y ahí ya no había marcha atrás. Siempre dejaba puertas abiertas para volver a ser matador de toros. Y con los tatuajes logré cerrarla para siempre. Porque no quería nada de mi pasado”.

“La gente dice que no se arrepiente de lo que hace en la vida. Yo sí. Y mucho. Muchísimo. He hecho mucho daño. Primero a mí, después a los míos. Ojalá pudiese echar atrás en el tiempo y cambiar las cosas”, confiesa Álvaro, que se echa a las cuerdas pidiendo un respiro. Pero al reloj todavía le quedan algunos segundos para cambiar de asalto.

—¿Le costó salir de ahí?

—Fue difícil. Porque me hice un nombre y me creé una fama. Y tuve a más de veinte personas a mi cargo. Y no me dejaban salir. Pero salí.

—¿Cómo le llamaban?

—Me llamaban ‘ Calvo o elTorero. Lo escondía, hasta que supieron de mi pasado. Renegaba de mi condición. No lograba asumir que había sido torero y que mi realidad era la que era. De verme llevando diez casas de familia adelante, la del picados, los mozos de espada, los banderilleros… que comían por mí; a verme en lo más bajo de la sociedad. Era complicado.

En sus años de oscuridad, Álvaro, el Torero, rehuía del mundo del toro. No podía ver revistas taurinas, tampoco corridas por la tele. Porque veía triunfando a quienes habían compartido cartel con él y se lo llevaban los demonios. Hoy, en pleno mes de mayo, con muchos de esos compañeros toreando en la feria de San Isidro de Madrid, a kilómetros, en el gimnasio de Antonio El Bigotes, Álvaro Ortega, ex torero y ex skinhead, se vuelve a poner la chaquetilla de uno de sus trajes de luces. No lo hacía desde que se retiró en 2010.

Álvaro ha llegado al gimnasio donde trabaja con los trastos de matar al hombro, como un simple maletilla en busca de una oportunidad. Sobre el ring, con zapatillas deportivas, duda y se grita a sí mismo para decidirse a enfundarse la chaquetilla azul marino y oro. Le cuesta. Con ella puesta, toma el capote y repasa el repertorio de lances. Una media verónica a pies juntos, una chicuelina, otra media belmontina y, de nuevo, una gallosina. Y vuelta a empezar.

Es otro. Sus ojos brillan. Hay ilusión en él.

“Esto era impensable”, reconoce el torero. “Y se lo debo a Antonio El Bigotes y a sus hijos, Marcos y Domi, y a sus mujeres”, confirma Álvaro visiblemente emocionado. “Porque me rescataron en ese momento en el que iba perdido. Y en estos seis años que llevo con ellos, he vuelto con mi mujer, he recuperado a mis hijos, a mis padres, a mis tías, a todos”.

ANTONIO, ‘EL BIGOTES’, EL SALVADOR

El responsable del cambio es un hombre enjuto de pelo y bigote cano. Fuma tabaco negro y guarda la cajetilla en el calcetín. Hace de psicólogo sin serlo, aunque tampoco lo necesita. Tiene un don cultivado en la calle, el semillero en el que germinan chavales que pegan a sus padres, adictos a la droga, cabezas rapadas, seguidores de extrema izquierda y un largo etcétera. Y a todos los entiende. También a los abogados, notarios, actores, policías, directores de cine, ingenieros, economistas y universitarios de toda calaña, que comparten espacio con una ecléctica fauna en el gimnasio de ‘El Bigotes’. Porque de puertas para adentro todos son iguales.

Allí empezó a entrenar el torero Álvaro Ortega sin que nadie le cuestionase ni le reprochase nada sobre su pasado. Y poco a poco El Bigotes lo llevó por el buen camino. Le dio afición, trabajo y familia. Y lo subió al cuadrilátero para competir en la categoría de semipesados.

Pero como boxeador nunca logró igualar a lo que cosechó como matador de toros.

—¿Qué queda en el Álvaro Ortega boxeador del Álvaro Ortega torero?

—Algo queda. La mentalización. También alguna postura torera.

Y las cicatrices de tres grandes cornadas. Una de 33 centímetros en el cuádriceps derecho, otra de 21 y 18 centímetros en el triángulo de escarpa y, por último, una de doce centímetros en el gemelo izquierdo.


“Aunque más cornadas da la vida”, le recuerda El Bigotes’ “Él sabe mejor que nadie de dónde viene y lo que ha conseguido, y él sabe que solo él puede seguir por el camino que le hemos dado en estos seis años”, apunta. “Creo que tiene ilusión y argumentos suficientes como para seguir por ahí, demostrando con su trabajo diario que es posible cambiar de vida, por muy mal que se haya estado”, zanja el entrenador.

—Álvaro, ¿cuál es la medicina de ‘El Bigotes’?

—No tiene una pastilla milagrosa. Son muchas cosas. La forma en la que te habla, cómo te mira… Te entiende porque él es de la escuela de la calle. Y sin hablarle sabe qué te ocurre. Su talante, su sabiduría, el saber estar… Yo se lo tengo que agradecer todo. Todo.

A fin de cuentas, después de conocer las tres versiones de Álvaro Ortega, la de ex torero, ex skinhead y ex boxeador, comprendo que es un joven de 35 años que se ha equivocado. Y trata de enmendar su error.

—Álvaro, ¿le gustaría volver a los ruedos?

—Sí, ojalá me diera alguien la oportunidad. Porque torero se nace, no se hace. Y yo todavía tengo mucho que ofrecer.

Publicado en El Español