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Lo que siempre has querido saber de un torero en el siglo XXI

Lo que siempre has querido saber de un torero.

Por Guille Álvarez.

Juan José Padilla, el “Ciclón de Jerez”, lleva casi un cuarto de siglo viviendo de su pasión de infancia. Es uno de los rostros más conocidos de la tauromaquia en España, sobre todo tras sufrir una grave cornada en 2011 por la que perdió el ojo izquierdo. Desde entonces lleva parche. Al “Pirata” Padilla le molesta y le parece una falta de respeto que le llamen asesino por la calle, y más cuando va acompañado de su familia. “Es una provocación”, dice el jerezano de 43 años, que asegura que tiene amigos y familiares a los que no les gustan los toros y no van a sus espectáculos, pero una cosa es que no te gusten y la otra es que seas antitaurino, matiza.

Siendo uno de los toreros más reconocidos del mundo, quisimos hacerle diez preguntas sobre su profesión, una de las que más polvareda levanta en pleno siglo 21.

VICE: ¿Por qué eres torero?

Juan José: Probablemente sea culpa de mi padre. En mi casa siempre se ha respirado ambiente taurino. Mi padre quiso ser torero, tuvo una gran vocación y una afición tremenda. Mis tres hermanos también intentaron ser toreros, y de hecho han sido banderilleros. Recuerdo la primera vez que me puse delante de una becerra. Tenía siete años. Aquí en la provincia de Cádiz hay muchas ganaderías, así que mi papá me llevaba y yo toreaba en ellas, me ponía delante de las becerras ya de pequeño.

¿Sabes a cuántos toros has matado?

Pues lo que son toros, podríamos calcular que alrededor de 5,000. Entre España y América he participado en unas 1,500 corridas, y contando lo que se mata practicando en el campo…

¿Nunca has sentido pena por el hecho de matar a un animal?

Bueno, nuestra cultura nos hace entender que el toro nace para morir en la plaza. Quizás puedo sentir una voluntad de no matarlo cuando el toro se ha ganado la vida por su comportamiento, y eso sucede en muchas ocasiones, que el toro tiene un comportamiento bravo y es digno de que vuelva al campo. Entonces, cuando hay que matarlo porque el presidente [de la corrida] te obliga, sientes frustración en ese momento. Pero en definitiva, en nuestra cultura creemos que el final del toro es la muerte en la plaza.

¿Te gustan los animales?

Sí, y de hecho tengo animales en casa. Al toro lo veo como un colaborador, como un animal especial, lo admiro y respeto. Mi vida es el toro, mi mundo es el toro. Me apasiona su bravura y su comportamiento, es una raza única y exclusiva para este espectáculo, la raza no existiría si no existiera el espectáculo.

¿Cuando estás delante del toro, sientes miedo?

El torero siempre tiene miedo, antes y después de la corrida. Primero sabes que te juegas la vida delante de un toro y luego, también, que tienes que crear un arte y una faena con un colaborador que se llama toro.

Has sufrido varias cornadas graves en tu trayectoria —19 intervenciones quirúrgicas en total—, y en una perdiste un ojo.

¿Qué sientes cuando el toro te embiste y te desgarra?

Comprensión. La verdad es que no le guardo rencor al toro, que solo está cumpliendo con su cometido. El toro sale a arremeter y su defensa es esa, por lo tanto, el tributo que pagamos los toreros es la cornada, algunas veces con la vida.

¿Y qué sientes cuando eres tú el que le atraviesa?

No hay ninguna sensación ni de placer ni de disgusto, siento que cumplo con mi cometido y obligación, que es matar al toro.

¿Qué haces con las orejas, el rabo y esas cosas?

Hay algunos trofeos que te llevas a casa, los disecas y los tienes como recuerdo o los regalamos a admiradores, amigos, la familia… Son motivo de orgullo e ilusión, porque quieren decir que has alcanzado algo durante tu carrera, es algo muy personal.

¿Cuánto ganas por una corrida?

No puedo hacer público lo que me llevo por una corrida, pero sí te puedo decir que, desgraciadamente, la crisis también se ha notado en el mundo de la tauromaquia y no pasamos por buenos momentos. Está costando mucho trabajo llevar al público a las plazas, y esto afecta al colectivo taurino en general.

¿Te tomarías un trago con un antitaurino?

Sí, ¿por qué no? Hay que ser educado. Yo respeto sus ideales y que él respete los míos. Yo entiendo su posición siempre que tengan un argumento, me parece perfecto. Yo también tengo los míos: el espectáculo se defiende por sí solo, es un espectáculo vivo y de verdad. Se siente de verdad, se vive de verdad y se muere de verdad.

Fuente: VICE

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“Refleja la situación del país”: López Obrador y la fiesta brava

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Entrevista publicada en el número 1234 del semanario Proceso, el domingo 25 de junio de 2000.

Por Leonardo Páez. 

Encubierto por los gobiernos priístas y panista y de plano ignorado por el gobierno perredista del Distrito Federal, que prefirió llevar la fiesta en paz con la empresa de la Plaza México, el espectáculo taurino en la Ciudad de México presenta los signos de una agonía lenta pero segura, debido a la desorganización de sus promotores y a la negligencia de las autoridades

“La realidad es que la falta de interés de los gobiernos por la fiesta brava se debe a que no hay mucha sensibilidad política para entender que ese espectáculo tiene que apegarse a las leyes vigentes, que para eso están. Si esas leyes son insuficientes o incompletas, justas o injustas, eso es otra cosa y puede revisarse Pero mientras no haya otras, hay que respetar las vigentes, pues de lo contrario se deteriora la calidad de la fiesta y se pierde la seriedad del espectáculo”, afirma Andrés Manuel López Obrador, candidato de la Alianza por México a la jefatura de Gobierno del Distrito Federal.

Reconoce que no es aficionado a los toros, “lo que no es sinónimo de desinterés ni mucho menos Mi escaso contacto con la fiesta brava -explica- se lo debo a mi paisano el poeta José Carlos Becerra, de quien leí una crónica de una corrida celebrada en Villahermosa a finales de los años cincuenta Ahí había una frase que me impresionó, y se refería a la falta de seriedad del ganado y al exceso de diversión del público Pero lo que más me llamó la atención fue que un hombre tan sensible como José Carlos, se sintiera atraído por algo tan sanguinario como los toros, y me hizo preguntarme si en todo eso no habría algo mucho más profundo, en cuanto a lo que tiene que ver con los misterios de la naturaleza humana”

Entre la oscuridad y la razón

-¿Cuál es su opinión de la fiesta brava?

-En primer lugar es una tradición milenaria que habla de un tema tan esencial como la relación entre el ser humano y la naturaleza Eso está en la mitología de todas las culturas antiguas En Babilonia, Egipto, Grecia, Roma, etcétera, se tiene al toro como símbolo de fecundidad, de fuerza, de fiereza Estos son los antecedentes de la fiesta taurina de España, que después, con el paso de los siglos, logra criar un toro propicio para el espectáculo Entonces lo que pasa es que la tauromaquia absorbe, digamos, lo que antes era un rito y lo convierte en espectáculo Pero la fiesta brava, nos guste o no, es resultado final de una serie de hechos históricos que llega hasta nuestros días.

-Como sociólogo, no como político, ¿qué valor le da a esta tradición?

-Indudablemente forma parte de la cultura del pueblo Eso no se puede negar Viene desde muy atrás Don Miguel Hidalgo nació en una ganadería de toros bravos y tenía fama de buen aficionado De Emiliano Zapata se dice que le gustaba torear En cambio, don Benito Juárez se oponía a las corridas, y de hecho las prohibió, igual que Carranza en la capital O sea, es algo que está metido muy adentro en la cultura popular.

-Los niveles actuales de organización, calidad y competitividad de las corridas de toros, ¿corresponden a los niveles de organización, calidad y competitividad del país o son un problema exclusivamente taurino?

-Siempre he oído que la fiesta brava es una especie de termómetro que mide la temperatura política del país Eso lo entendieron muy bien Juárez y Carranza Cuando Juárez prohíbe las corridas es porque ve la necesidad de pacificar, pero cuando siente que la invasión francesa viene en serio, vuelve a autorizarlas, porque en aquella época las plazas de toros también eran centros de agitación política Cuando termina la guerra y derrota a Maximiliano, la prohibición se restaura Es lo mismo que hace Carranza Claro que esa mentalidad ya no funciona en nuestros días, pero no deja de ser interesante subrayarlo.

Entrevistado en su departamento de Copilco el domingo 18 por la noche, después de un día más de agotadoras actividades de campaña, López Obrador descansa disfrutando al hablar de uno de los temas que más lo apasionan: la historia de México en el siglo XIX Ofrece una taza de café con leche y empanadas que un paisano le trajo de Villahermosa, y sólo interrumpe la conversación para llamar a sus hijos a cenar, mientras Rocío Beltrán, su esposa, atiende el incesante repiqueteo del teléfono

Los errores

-Volviendo a la pregunta -agrega-, creo que lo que está sucediendo con la fiesta brava en México de alguna manera refleja la situación del país Me dices que los toreros no arrastran, que no se promueve a nuevos valores, que los toros son novillos, etcétera Con toda franqueza no lo sé, no he tenido tiempo de empaparme personalmente del asunto, pero en febrero pedí a mi equipo un diagnóstico del estado actual de ese espectáculo en la Ciudad de México y en el país en general, y te quiero decir esto: lo que falta es una política que defina los intereses y objetivos comunes que deben perseguir todos los sectores del mundo taurino para evitar abusos, componendas y engaños.

-Pero a este desbarajuste taurino también han contribuido las autoridades perredistas

-Evidentemente toda administración nueva, sobre todo si es de oposición, debe establecer prioridades en la solución de los problemas que hereda ¿Qué lugar ocupa el espectáculo taurino en la lista de los innumerables problemas de la ciudad? Además, si el atractivo del espectáculo ha disminuido, eso no es culpa del gobierno de la ciudad, sino de los interesados en el negocio, porque se supone que la fuente de trabajo es de ellos, no del gobierno, y después, pero sólo después, de las autoridades responsables de cumplir y hacer cumplir el reglamento vigente.

-De acuerdo, pero el hecho es que las autoridades perredistas no han cumplido en este aspecto,

-La realidad es que la falta de interés de los gobiernos por la fiesta se debe a que no hay mucha sensibilidad política para entender que ese espectáculo tiene que apegarse a las leyes vigentes, que para eso están Si esas leyes son insuficientes o incompletas, justas o injustas, eso es otra cosa y puede revisarse Pero mientras no haya otras, hay que respetar las que están en vigor, pues de lo contrario se deteriora la calidad de la fiesta y se pierde la seriedad del espectáculo.

Para ser francos, en lo taurino este gobierno del PRD no se mostró muy legal que digamos.

-En los toros, como en cualquier otro renglón de la vida pública, es injustificable toda omisión por parte de la autoridad responsable Pero aquí no estamos hablando de taurinismo o de antitaurinismo, sino de algo muchísimo más importante para la salud de una comunidad: el compromiso con la ley Si las leyes se incumplen, no hay negocio, público o privado, que pueda tener éxito ni trascendencia social.

Taurinos rezagados

-¿A qué atribuir que toros y toreros mexicanos ya no sean de exportación y que desde hace medio siglo la balanza comercial taurina con España sea desfavorable a México?

Hombre, pues yo creo que a lo mismo que hemos estado hablando, a un descuido generalizado y recurrente por parte de los particulares y de la autoridad, al aprovechamiento ventajoso, oportunista y sin previsión de un espectáculo que por sus características se presta a todo tipo de enredos Los particulares, y me refiero a empresas, ganaderos, toreros, etcétera, no parecen tener mucho éxito con el espectáculo que supuestamente deberían promover Y las autoridades hasta ahora no han medido la grave consecuencia de solapar tanta irregularidad: contribuir a que otra tradición de México se pierda.

“Toda balanza comercial es desventajosa si se importa más de lo que se exporta ¿Por qué los empresarios mexicanos tienen que importar toreros españoles que atraigan gente? Pues porque no han sabido promover toreros mexicanos que sean negocio ¿Por qué los toreros de aquí no interesan en España? Pues porque no tienen el mismo nivel de competencia y de atractivo ¿Por qué los ganaderos mexicanos ya no exportan sus reses? Pues seguramente porque otros ganaderos dan mejores productos y mejores precios Entre unos y otros podrán echarse la pelota y eludir responsabilidades, pero a final de cuentas el resultado es el mismo.

Cumplan o váyanse

-En caso de ganar las elecciones, ¿su gobierno apoyaría la fiesta brava, la prohibiría o la dejaría como está?

López Obrador sonríe al escuchar la frase “en caso de ganar las elecciones”, y responde:
-Como jefe del Gobierno me interesa sobre todo garantizar el respeto por la ciudadanía, así como apoyar una tradición popular que tiene raíces profundas en la historia Si la fiesta brava demuestra que vale por sí misma, es decir, si los directamente interesados la hacen valer, el apoyo residirá en hacer cumplir la reglamentación correspondiente, sin complicidades ni intromisiones innecesarias.

“Ahora, si los directamente interesados, como son, repito, empresas, ganaderos y toreros, no están dispuestos a cumplir con lo establecido en el reglamento, mientras éste no sea actualizado o ajustado por gente de reconocida solvencia y capacidad, nosotros no permitiremos más abusos e inobservancias del mismo, porque hay otro factor directamente interesado que nunca se toma en cuenta: el público Y por el interés del público, bajo ningún pretexto vamos a continuar con una discrecionalidad que para nada ha servido al espectador, que paga y mucho, por ver un espectáculo que dista de ser lo que se ofrece en la propaganda.

“Insisto: Si a los empresarios no les interesa o no les conviene acatar lo establecido por ley, pues que cierren sus plazas y cambien de giro porque las leyes no se hacen para justificar la incompetencia de nadie.

-Se dice que si se cerraran las plazas, en poco tiempo se extinguiría el toro bravo como especie.

-Mira, el toro bravo muy probablemente no se extinga como especie porque se cierren las plazas Pero con toda seguridad la fiesta se extinguirá si dejamos que la sigan falseando y deformando quienes tienen la obligación de respetar las leyes que fueron dictadas para protegerla En este sentido quiero ser muy claro Nosotros hemos venido impulsando una propuesta política para que el Distrito Federal sea la capital de la democracia y de la justicia, pero también de la alegría Y nos guste o no la fiesta de los toros, tenemos un compromiso con el público que sostiene esa tradición Entonces vamos a trabajar a favor de la ley y en beneficio del público, para que, respetando a todos los sectores de la fiesta, el Distrito Federal tenga un espectáculo taurino digno de una ciudad como la que estamos soñando.

Convencido, López Obrador remata:

“Como servidor público y como mexicano comprometido con una política de principios inalterables, no tengo ningún interés en que la fiesta brava sea preservada a costa del fraude, el engaño, el abuso y la falsedad”

Twitter: @Twittaurino

El Juli, valor de ley

Por Rubén Amón.

El niño que se lanzó a los ruedos es hoy un maestro del toreo con 20 años de alternativa. Tras su celebrado indulto del toro ‘Orgullito’ en La Maestranza de Sevilla, mañana disputa un mano a mano en la plaza de Las Ventas. Hoy asegura sentirse más vulnerable que nunca.

EL SILENCIO de la dehesa en una tarde templada de primavera se interrumpe por la algarabía entusiasta de los hijos de El Juli. Dos mellizos de siete años, Fernando y Rosario, y una niña de cuatro, Isabel, cuya devoción al padre alcanza a imitarlo con un capotillo de juguete mientras los caballos se secan al sol y el viento mece las encinas. Es una escena cotidiana en la exuberante finca extremeña del matador. Tan cotidiana que los niños y su madre, Rosario Domecq, son los únicos que se relacionan con Julián López (Madrid, 1982) como lo hacían antes del 16 de abril. Es la fecha del trance y del éxtasis. El día en que El Juli indultó en La Maestranza un ejemplar de Garcigrande. Acaso la mejor faena de su vida. Y la jornada más dichosa de los aficionados que abarrotaron la plaza de Sevilla, estupefactos por la emoción y la conmoción que procuró el torero madrileño en la lidia a cámara lenta de Orgullito. Así se llamaba el toro y el protagonista del indulto excepcional, aunque el diminutivo no contradice el diagnóstico de una experiencia superlativa.

Los hijos de El Juli no han observado transformaciones evidentes, pero los taurinos, los críticos y hasta los vecinos de Olivenza (Badajoz) se relacionan con el ­matador como si hubiera regresado de un acontecimiento sublime. Ya no puede desayunar con la tranquilidad de antaño en los bares del pueblo que siempre frecuentaba. Se le acercan. Le tocan. Y lo zarandean con preguntas e inquietudes a semejanza de una aparición. Como si El Juli levitara. O procediera de una aventura extrasensorial. “Lo que viví es muy difícil de contar. Cada vez que lo intento me doy cuenta de que la descripción limita lo que realmente sentí. Sentí que me abandonaba. Desaparecieron el miedo, la sensación de peligro, la técnica, el control. Era como si la muleta llevara mi cuerpo. Sentía que me rompía por dentro. No hay nada parecido a esa sensación de plenitud. Te dejas ir. Trasciendes. Y estableces con el toro una relación de intimidad. También desaparece su ferocidad y su peligro. Lo percibes no como un antagonista, sino como un cómplice. Sabía que no iba a matarlo”.

Hacerlo hubiera sido como dañarse a sí mismo. El Juli hubiera querido abrazar al toro. Y hubiera querido curarle las heridas, como luego hicieron los veterinarios. El Juli se despojaba del vestido de luces y se vestía de fraile franciscano. Más que jalear a Orgullito, lo arrullaba con la voz. Susurraba al hermano toro. “Amaba a ese animal. Y me conmovió cuando regresó vivo a los corrales. Llegué a sentir que la faena no iba a terminar nunca. Que estábamos en la eternidad”.

Impresiona el relato del indulto por la experiencia en sí y por los antecedentes. Julián conocía al padre de Orgullito. Que se llama Cazador. Y al que ha visto encampanarse en la finca salmantina de Garcigrande. Habla de él como si fuera un familiar. Y como si la simiente del torazo estuviera predispuesta a su tarde de gloria. El Juli había visto a Orgullito en el campo. Lo reconoció como a un amigo en cuanto apareció entre las sombras del toril de La Maestranza. “Son experiencias que suceden muy pocas veces. Que te abruman. Que te sobrepasan. Y me acordé del primer novillo que indulté en mi vida. Tenía 14 años. Ocurrió en México. Y cuando le perdonaron la vida me puse a llorar y no podía controlar las lágrimas. Me desbordaba la experiencia. Ahora ha sido distinto. Muy intenso, pero no hacia fuera, sino hacia dentro. Como si me descoyuntara y me partiera por la mitad”.

El Juli habla con más pudor que timidez. Una mirada profunda y expresiva que se acomoda a un rostro todavía adolescente, aunque las cicatrices que amenazan la boca retratan las costuras de una vida al límite. Niño prodigio fue Julián. Tan precoz que no podía torear en España. Y en hombre prodigio se ha convertido cuando cumple 20 años de alternativa. Sevilla ha capitulado a su maestría en una tarde de euforia. Madrid lo hará el 24 de mayo. Se anuncia mano a mano con Ginés Marín en la Feria de San Isidro. La plaza más difícil. La más hostil. Y la que más estimula su camino de superación, aunque El Juli se reconoce “más frágil y vulnerable que nunca” ahora que ya tiene 35 años y que le acechan unas sombras inquietantes. “Me impresionaron mucho las muertes de Víctor Barrio (2016) y de Iván Fandiño (2017). Me conmovieron. Y me hicieron adquirir conciencia de los peligros. He tenido cornadas fuertes, momentos de mucho riesgo, pero nunca crees realmente que puedes morir en una plaza. Hablamos de jugarnos la vida sin reparar en lo que estamos diciendo. Y te das cuenta de que puedes morirte de verdad. Y empiezas a convivir con esas sombras. No se marchan nunca, pero tratas de alejarlas. Y entonces te das cuenta de tu vulnerabilidad y de tu fragilidad. Se te presupone un torero poderoso, valiente, técnico, muy capacitado, pero en realidad eres frágil. Y esa conciencia de la fragilidad te abre a incertidumbres, a dudas, a preocupaciones. Y entonces rezas”.

Habla Julián como si las palabras pesaran. Y como si le costara confiar su intimidad. Coopera en la confesión la serenidad de una sobremesa de primavera en el porche de su finca. Portugal está al alcance de la vista. Las reses bravas transitan con antigua parsimonia. Y el torero apura un café de verdad y un cigarrillo de mentira, estimulantes de una conversación metafísica. “No soy practicante, pero sí creyente. Hablo con Dios, tengo conversaciones. Me conforta la conciencia de algo superior. Que no acierto a definir, pero sí a sentir. Y que me sirve de ayuda cuando vienen momentos de preocupación. La paternidad ha sido una experiencia maravillosa, pero también es una responsabilidad enorme. Y siendo torero, contraes unos riesgos que multiplican esa responsabilidad. Sabes que tienes una familia. Que tienes que velar por ella. No quiero decir que haya dejado de correr riesgos, pero no es lo mismo torear cuando estas solo que cuando tienes tres niños esperándote”.

El primogénito le ha salido del Real Madrid. Un contratiempo a la tradición atlética de la familia que El Juli observa con más ternura que indignación. Se emocionó y lloró cuando el chaval apareció de la mano de Sergio Ramos en el partido de Champions que enfrentó a los blancos contra la Juventus. “No me gustaría que mi hijo fuera torero. Sufriría yo más que él. Y lo haría él también porque esta profesión es muy dura, muy exigente. Si le va tan bien como a mí, lo va a pasar muy mal. Y si le va peor, va a sufrir muchísimo. Claro que no me arrepiento de haber sido torero. Esta profesión no es una profesión, sino una manera de vivir. He tenido experiencias increíbles. Grandes sacrificios. Ha sido mi vida, pero preferiría que mi hijo eligiera otra profesión”. El cortijo de El Juli parece el de un torero decimonónico. Un caserón de techos altos cuyas paredes están recubiertas de carteles antiguos. Y los sofás del porche trasero predisponen a la contemplación y a la sinceridad. “¿Que si he pensado en retirarme? Claro. Hay veces que te sientes frustrado y otras en las que crees haber hecho todo lo que tenías que hacer. Empecé de muy niño. Llevo 20 años. Y me he exigido mucho. Incluso ahora, que me importan muy poco las estadísticas, me preparo más que nunca. Y lo hago corrida a corrida, como el cholismo. Me reconozco bastante en esa idiosincrasia de luchar, de sufrir, de ganar, de perder. He procurado ser íntegro. Defender mi forma de torear y de vivir. Y hay ocasiones en las que sí me planteo dejarlo. Esas sombras que he mencionado tienen que ver. A veces incluso se me aparece una cornada muy fuerte que un toro me pegó en Sevilla. Estoy toreando y se me viene el recuerdo porque el toro que tengo delante me la recuerda. Y entonces dudo. Creo que hay un equívoco conmigo. Se me considera un torero técnico, a veces frío, pero yo me reconozco como un torero y un hombre pasional y apasionado. Me entrego mucho”.

Los niños reanudan el acoso al padre. Interrumpen la conversación. O más bien la derivan al debate del animalismo. “¿Tú crees que están traumatizados?”, nos pregunta el joven patriarca. “Estos niños viven en la naturaleza. Conocen los animales, los árboles. Están en contacto con la vida, y viven con naturalidad la muerte. Porque la muerte es parte de la vida, aunque pretendamos esconderla. Me da rabia el malentendido de los toros. Al toro no se le maltrata, se le respeta. Yo crío toros, los cuido en el campo. Y son los antitaurinos quienes parecen querer exterminarlos, incluso a costa de dañar los ecosistemas. El mundo taurino tiene que explicarse mejor. Hacer pedagogía. Hemos pecado de pasividad, de división”.

El Juli considera prioritario desvincular la tauromaquia de la ideología. Rescatarla de la refriega política. “La bestia se despertó en Cataluña. La decisión de prohibir los toros y de cerrar la plaza de Barcelona trasladó el mensaje de que los toros eran una españolada. Y a partir de ahí empezó a relacionarse la fiesta con lo conservador y el antitaurinismo con lo progre. Es un despropósito. Los toros son un fenómeno universal. Y su perversión política es solo una manera de utilizarlos como arma arrojadiza. Este malentendido me obliga a mí mismo no a votar según mis ideas políticas —siempre he votado—, sino a diferenciar entre los partidos que los atacan y los que los protegen. Es un gran sinsentido”.

Publicado en El País

“Salvar el toreo. Esa es mi meta”: Luis David Adame

Un mexicano que frente a la elección de ser figura del toreo en su país o en España, elige España, “la madre tierra del toreo, donde se marcan más los tiempos y donde más ilusión me hace serlo”, comenta Luis David Adame.

Por Natalia Rivas.

«Salvar el toreo. Esa es la meta. Ser figura del toreo viene después» Así habla Luis David Adame, uno de esos toreros que esperan coger el relevo generacional y dar el golpe definitivo sobre la mesa.

Acompañado por Finito de Córdoba y Román, Luis David hará mañana su primer paseíllo como matador de toros en San Isidro, con un encierro de Juan Pedro Domecq y Parladé. Una fecha que, en palabras del mexicano, «marca mucho».

«Las empresas apuestan por los toreros que dan la cara y, al fin y al cabo, tienen suerte», asegura Luis David.

Y en este sentido Madrid es una plaza muy importante.

La competencia está presente día a día en la carrera por ese relevo. Por ello, es vital «mantener el paso», cuenta Luis David. «Estamos en un momento en el que los toreros tienen mucho nivel y es difícil mantener todos los días el mismo», continúa.

Luis David deja al aficionado la tarea de definir su toreo, pero se decanta por la pureza. Un mexicano que frente a la elección de ser figura del toreo en su país o en España, elige España, «la madre tierra del toreo, donde se marcan más los tiempos y donde más ilusión me hace», confiesa. Pero el diestro mexicano no sólo se enfrenta al toro. Hermano de una figura del toreo en México y máximo representante del toreo mexicano en España como es Joselito Adame, Luis David lidia la siguiente pregunta, entre risas, con un proverbio: «Las comparaciones son odiosas». Y es que, a pesar de dibujar tauromaquias completamente distintas, el hecho de tener un hermano dentro del escalafón te hace «responsabilizarte un poco más».

En activo a un lado y otro del charco, Luis David no es un torero de temporada, puesto que durante todo el año se viste de luces. Algo que él mismo clasifica como una ventaja. «Si no fuera por eso, en España me hubiera quedado parado tras tomar la alternativa. En este caso toreé en América alrededor de 15 corridas y llegué con un balance técnicamente mayor, empecé la temporada un poquito más tarde pero con más oficio», asegura.

Su próxima cita con San Isidro será el 31 de mayo en la Corrida de las Naciones. Una cita que «hace que cada país se sienta identificado con San Isidro».

Publicado en La Razón

Twitter @Twittaurino

Álvaro Lorenzo: “En el toreo la vida te puede cambiar en diez minutos”

Por Javier López.

Foto: ‪@ErustesCesar‬ / Twitter.

Madrid, 5 abril .- “La grandeza de esta profesión es que te puede cambiar la vida en diez minutos”, dice el torero Álvaro Lorenzo, que ha pasado de promesa a firme realidad gracias al triunfo del pasado domingo en Madrid, cuando consiguió abrir la Puerta Grande de Las Ventas tras cortar tres orejas.

Lorenzo nació en el barrio toledano de Santa Teresa el 2 de agosto de 1995. Sin antecedentes taurinos en la familia, se formó como torero en la escuela taurina de su Toledo natal, donde empezó ya a despuntar por sus extraordinarias maneras.

Considerado una de las “figuras” de los novilleros de los últimos tiempos, su incipiente carrera como matador de toros -tomó la alternativa en 2016, en Nimes (Francia) de manos del Juli- necesitaba de un golpe en la mesa como el que dio el pasado 1 de abril en la primera plaza del mundo para despegar definitivamente.

Pregunta: Una tarde que jamás podrá olvidar…

Respuesta: Es lo que siempre he soñado desde que empecé y lo que me hacía falta para empezar a abrirme paso en esta profesión tan difícil. Por fin, todo el trabajo y el sacrificio de este tiempo atrás tiene su recompensa. Ahora, a seguir y a mantener este nivel.

P: Más importante, si cabe, por el hecho de lograr tres orejas en su segunda tarde como matador de toros en Las Ventas y por lograr poner a todo el mundo de acuerdo.

R: Sin duda. Cortar tres orejas en una plaza como Madrid es algo muy difícil, deben darse muchas cosas para que esto ocurra: tener la suerte de que los dos toros embistan, que los cuajes, los mates bien, no moleste el viento y que el presidente esté de acuerdo con la petición. El domingo, gracias a Dios, se dieron todas.

P: ¿Qué es lo primero que se le viene a la cabeza al rememorar su actuación?

R: Sinceramente, lo tengo todo muy difuso. Me entregué tanto que, la verdad, hay momentos que te olvidas de todo y te dedicas únicamente a disfrutar el momento y saborearlo. Recuerdo que disfruté mucho toda la tarde, desde el paseíllo hasta que llegué al hotel.

P: Y qué gran lote de El Torero el que le cupo en suerte.

R: Sí, fueron dos toros magníficos. El primero fue más exigente y pedía más concentración y precisión en todo lo que se le hacía; pero el sexto fue un torrente de bravura que me permitió abandonarme, sacar el toreo que llevo dentro y disfrutarlo muchísimo.

Y, claro, cuando un torero disfruta tanto en la cara de un toro, Madrid lo capta enseguida y se entrega como ninguna otra plaza lo hace.

P: ¿A qué suenan los olés de Madrid?

R: Notar a las cerca de 10.000 personas que hubo aquella tarde es algo muy grande. Ese calor, esos olés tan profundos…, una auténtica maravilla. Ya estoy deseando volver a notarlos otra vez.

P: ¿De quién se acordó cuando enterró la espada en lo alto del toro Viscoso?

R: En ese momento lo único que quería es que el toro cayera rápido y no se levantara. Pero la muerte de bravo que tuvo también ayudó a que la gente se calentara todavía más.

Luego es verdad que, cuando cogí las dos orejas, me acordé de todos los que han confiado en mí desde el principio, los que me han ayudado y han estado conmigo en las buenas y en las malas: mis padres, mi apoderado, mi cuadrilla, don Pablo -Lozano- (su mentor desde que toreaba sin caballos), de mi gente en definitiva.

P: ¿Qué se siente al cruzar el umbral de la Puerta Grande de la primera plaza del mundo?

R: La verdad es que pasó todo muy rápido. Pero es algo indescriptible. Ver a tanta gente esperándote, gritando “¡Torero, torero!”: no quería llegar nunca a la furgoneta, me hubiera gustado paralizar el tiempo justo en ese momento.

P: Con este triunfo se une a la nutrida nómina de toreros jóvenes llamados a renovar al escalafón. ¿Cómo afronta esa responsabilidad?

R: Con mucha ilusión. Me siento muy capacitado para entrar en esa baraja. Ya me sentía antes, aunque necesitaba un toque de atención así para dar motivos a los empresarios para que cuenten también conmigo.

P: Ya no tendrán excusas para no incluirle en las ferias.

R: Pienso que este triunfo ha llegado en un momento muy bueno de la temporada, cuando las ferias están aún sin cerrar. Ojalá sea así y pueda estar en todas esas ferias donde hasta ahora, por unas cosas o por otras, me estaba costando mucho entrar.

P: Sabe que lo difícil de esto no es llegar, sino mantenerse.

R: La grandeza del toreo es tal que te puede cambiar la vida en diez minutos. Como en mi caso. He pasado de ser prácticamente un desconocido a que me conozca todo el mundo.

Pero ahora hay que seguir. No conformarse ni creérselo. Esto no es una meta, sino el principio del camino. Soy todavía muy joven y debo mantener los pies en la tierra. Esta profesión no es abrir la Puerta Grande de Madrid y ya está. Hay que seguir con la misma humildad y espíritu de sacrificio. Así, y solo así, lograré el objetivo e llegar a lo más alto.

P: En San Isidro le van a esperar y a medir con más exigencia. ¿Preparado para notar al Madrid más estricto?

R: Por supuesto. Es más, lo estoy deseando.

Publicado en La Vanguardia

«Cuando fui novillero el torero se comió a la persona»: Lama de Góngora

Paco Lama posa en los salones del hotel Vincci antes de volver a hacer el paseo en Sevilla. / Foto: Jesús Barrera .

Entrevista al matador de toros Lama de Góngora. Voló a México buscándose a sí mismo. Había sido coronado como paladín del toreo según Sevilla, pero el hombre aún no había encontrado su propia forja. El diestro del Arenal vuelve a estar anunciado en Sevilla después de dos años de ausencia

Por ÁLVARO R. DEL MORAL.

Lama de Góngora, de alguna manera, ya está en capilla. Su nombre figura, con dos toreros jóvenes y sevillanos, en el cartel que iniciará el ciclo continuado de festejos de la Feria de Abril. Es su vuelta a Sevilla…

A Paco Lama no se le puede entender hoy sin ese viaje iniciático a México…

–Así es. A nivel personal sobre todo. México me ha dado mucho. Me fui siendo un niño rodeado de fantasmas y de un ambiente que no me favorecía demasiado. Siempre me había preocupado de entrenar y vivir en el campo pero se trataba de madurar y asimilar las cosas que me iban llegando.

–¿Qué ha cambiado después de ese viaje de ida y vuelta?

–Mi forma de ser. Ahora me conozco mejor a mí mismo y sé cuales son mis bases. Ha sido como una terapia. Me marché solo; con una mano delante y otra detrás a vivir a un modesto apartamento que me ofreció un señor.

Esa marcha se produce en un momento complicado en lo profesional. Después de su alternativa sevillana, sólo toreó una corrida más. ¿Qué estaba pasando?

–Además tenía deudas y me habían dejado mis apoderados. Quizá me dejaron en el momento en el que más los necesitaba. Es natural que un torero sufra un parón y ellos los saben pero dejé de sentir el arropo que sí había tenido como novillero. Me había quedado solo en otras vertientes personales y decidí irme. Hay quién podía pensar que yo era un niño bonito pero no lo he sido. Vengo de una familia normal y trabajadora y todo lo que he conseguido en el toro lo he conseguido yo.

-Entonces… ¿Qué buscaba?

–Necesitaba mirarme al espejo y preguntarme si realmente quería ser torero. Ser figura es muy difícil. Yo había leído una frase de Ignacio Sánchez Mejías antes de irme a México: «Ser torero es tener una historia y poder contarla». Esa fue la pregunta que me hice: ¿Qué historia podía contar? No tenía aún ninguna.

¿Le pudo perjudicar el exceso de expectación prematura? ¿Pensó que el camino ya estaba hecho?

–No, no me vino mal esa Puerta del Príncipe ni mis triunfos de novillero pero sí me perjudicó la forma y el lugar en los que triunfé. Soy de Sevilla y mi sueño es torear según Sevilla. Quizá no fui capaz de asimilar la presión y administrar mis emociones. Hice una primera temporada con caballos en figura sin haber estado rodado. Eso sí me vino mal.

El final de esa trayectoria de novillero fue una encerrona en solitario en Sevilla.

–Creo que me gané el crédito para tomar la alternativa. En el quinto y el sexto levanté la tarde con dos novillos de Algarra y no era fácil. ¿Qué pasó después? Pasaron seis meses desde octubre hasta abril sin vestirme de luces. Y de la alternativa a septiembre pasaron otros seis meses. Me llevé prácticamente sin torear un año entero…

Pero vuelve a estar anunciado en Sevilla…

–Era mi sueño. Ahora sé quién soy. Cuando era novillero el torero se comió a la persona. Soy muy sensible y necesito estar bien emocionalmente para que el torero y la persona vayan a la par. En aquella época estaba baja la persona. México ha calibrado ambas caras.

–¿Cómo fue la vida allá?

–Los comienzos fueron duros. Tenía que viajar solo y en autobús con mi traje de luces y mis trastos por un circuito y unas ganaderías difíciles. Pero tuve la suerte de que embistieron muchos toros. Me sentí arropado por los toreros que se movían por aquella zona y, sobre todo, pude torear. Tampoco puedo olvidar a una persona, Lolo de Camas, que me acompañó desinteresadamente. Le debo mucho.

Era una historia de novela.

–Llegué a enamorarme de esa vida. Me leí el libro de Luis Spota –Más cornadas da el hambre– y quería parecerme a él. Fueron muchos viajes, muchas vacas, todo con un barniz romántico. Era una novela pero real. He conocido otra fiesta más humilde pero más pasional. Ha sido un viaje al pasado que se conecta mucho con mi forma de entender el toreo. Fueron tiempos duros pero me sentía muy feliz.

Vuelve a sonar el clarín…

–Sólo pienso en Sevilla. En realidad es mi reaparición. Le debo mucho a mi ciudad y ojalá volvamos a recuperar ese diálogo que teníamos. Ahora sí tengo una historia que contar.

Publicando en El Correo Web

Morante: “La afición debe estar agradecida porque no me haya ido”

Morante: “La afición debe estar agradecida porque no me haya ido del todo”

El genio de La Puebla se sincera: dice no tener ningún trauma por no estar anunciado el Domingo de Resurrección en Sevilla y se reafirma en su circuito de 30 tardes sin televisión para la temporada 2018.

Por CARLOS CRIVELL.

Acude a una entrega de premios vestido de forma casi convencional. Chaqueta gris azulada, corbata naranja y pantalones rojos. Tan convencional que ahora solo luce unas enormes patillas, casi barbas, pero que respetan la barbilla. Le acompaña Pepe Luis. Atiende a todos; más que a nadie a un grupo de chavales de la Escuela Taurina de Sevilla que buscan la foto con el maestro. José Antonio Morante Camacho, Morante de la Puebla, abrió el fuego de su palabra en el agradecimiento. Habían leído los motivos por los que recibía el trofeo ‘a la mejor lección taurina’ de la pasada Feria de Abril. “Os lo agradezco. Habéis entendido bien mi mensaje y mi manera de estar en la plaza”. Y habló de torería, “que es lo que distingue al toreo de cualquier otro arte”.

En la conversación posterior se le preguntó por este tiempo sin torear en público; por una primavera sin Sevilla en el horizonte. “Este tiempo sin torear, ahora cuando se acerca el Domingo de Resurrección, es para pensar y me hace dudar mucho de mí y de hasta dónde quiero llegar. Estoy pendiente de lo que pasa en la Fiesta, de las corridas de las primeras ferias. Todo ello me ofrece una perspectiva sobre cómo están las cosas y sobre lo que yo quiero hacer. En el plano físico, está claro que estoy más tranquilo que otros años”.

¿Nota que la afición le reclama en las plazas?

Sí, sí; noto que hay aficionados que me están esperando. Y lo llevo bien, al menos no me hace doblegarme. Entiendo que es una responsabilidad grande, pero por otro lado la Fiesta necesita de la torería y del misterio, y creo que soy un representante adecuado para llevarlo a cabo.Sin embargo, muchos le acusan de abandonar a la Fiesta en estos momentos.No es fácil. El toro es muy duro. Yo tengo ya un recorrido y aunque ahora los toreros duran mucho más que antes, no es agradable estar continuamente jugándote la vida ante los toros y ante un público que, a veces, hace mucho daño con sus exigencias. Eso hay que superarlo, pero no es fácil. La afición debe estar agradecida porque no me he ido del todo.¿Es definitiva la fecha del 12 de mayo para la vuelta?El regreso será en Jerez el 12 de mayo. Y después hay más corridas en Valladolid, Brihuega, Santander, Sanlúcar de Barrameda, las de Sevilla en septiembre. Como vuelvo después de Sevilla y no voy a Madrid, todo está más relajado.

¿Era preciso cambiar de apoderado?

Soy culo de mal asiento. Me motiva a veces cambiar de apoderado. Era el momento de cambiar. Lo mismo que llegará el momento de cerrar una página y dejarlo todo en suspense.

¿Qué temporada quiere hacer en 2018?

Quiero torear unas 30 corridas de toros este año. Son las que hay, porque si toreo más me tendría que meter en muchos berenjenales¿Por qué no quiere televisión en sus corridas?Lo he pensado durante mucho tiempo. Entre los beneficios y los perjuicios de la televisión, ganan los segundos. El toreo es misterio. Con la actual forma de retransmitir, tan dicharachera, con gente tan experta que están todo el tiempo queriendo descifrarlo todo, yendo muchas veces por delante de lo que ocurre, creo que todo eso no es bueno porque no se mantiene ese misterio que siempre he apreciado en lo que yo veía de joven en la televisión. Se ha desvirtuado mucho. Los comentarios se quieren equiparar a los de los partidos de fútbol, y eso no tiene sentido porque acaba con la intimidad que necesita quien está viendo la corrida en su casa. Curro Romero decía que le gustaba el público del tenis. A mí me gustan los comentaristas del tenis. Cuando saca un jugador, silencio. Cuando acaba la jugada, se habla. Se ha querido magnificar una alegría popular en los comentarios y el toreo es mucho más serio que toda esa farándula. No estoy a favor de la farándula.Pero la televisión es necesaria. En una gran servicio para la afición.Me gustaría que la televisión se acomodara más a la realidad. No me gusta que se televisen feria completas muy largas. Hay que crear acontecimientos y hacerlo con corridas muy especiales, como se hizo siempre. Y que conste que el canal Toros es para aficionados que pagan para verlo, que hacen una labor conjunta muy buena, pero aprecio que se manosea mucho el festejo. Es mi opinión.

¿Hacia dónde va su tauromaquia?

Me gustaría captar a Joselito El Gallo. Pero lo más difícil es seguir a Joselito El Gallo. Mi meta sería parecerme a José cuando salía a torear. El toreo pasa por unos momentos demasiado estáticos, preconcebidos y aburridos. Me gustaría darle la vuelta a todo aquello que se puede intuir. Es un misterio y una maravilla que se debe observar y sentir, no descifrar.¿Siente no torear en Resurrección en Sevilla?No estoy en Resurrección, pero no estoy por ello muy apenado. El torero sale a jugarse la vida y repito que no es fácil torear. Decía Belmonte que si los contratos tuvieran que hacerse en un patio de cuadrillas no se firmaría ninguna. Después de una tarde de triunfo se firma lo que te pongan por delante. En mi caso el año pasado no hubo un triunfo grande en Sevilla, así que no soy el más oportuno para firmar ese tipo de corridas. Veo la dificultad. Que no se piense que estoy abrumado por no torear en Sevilla el Domingo de Resurrección. Prefiero disfrutar como aficionado y seguir con mis pensamientos sobre lo que quiero hacer en las plazas. Ya en septiembre, con el rodaje de la temporada, será otra cosa.

¿Habrá este año corridas junto a José Tomás?

Se habla mucho, pero la realidad es que no hay nada ahora mismo. De José Tomás no tengo ninguna noticia. Eso me dice Manolo Lozano. Hubo comentarios sobre corridas con José Tomás y Pepe Luis, pero fueron simples especulaciones.Me dijo en cierta ocasión que no quería irse del toro sin matar seis toros en Sevilla. ¿Cuándo será el momento?Paula me dijo a mí que no se quería ir de los toros sin matar uno bien. Lo de los seis toros se queda, de momento, en la intención. No me he sentido bien nunca al matar seis toros. Es difícil que los toros que ayuden en esas corridas. No sé, no son corridas de mi agrado ahora mismo.¿Qué quiere aportar en su vuelta este año?El deseo es abstracto en mi mente, pero me hace falta la ayuda del toro. Mi intención es darle un aire más fresco al toreo, con movilidad alegre y lejos del tancredismo que ahora domina en la Fiesta.

Y se acaba la charla realizada en el marco solemne del Salón de Carteles de la Maestranza, rodeado de las pinturas que han anunciado las ferias, tan modernas, tan contestadas, pero que son el marco para la charla con el de La Puebla. Antes de marcharse, otra vez los chavales vuelven a pedirle fotos. Nadie se quedó sin ella. Morante, relajado, al alcance de todos.

Publicado en El Mundo

ENTREVISTA – Rafaelillo y Bala: duelo insólito entre un torero y un ciclista

Rafael Rubio Luján, ‘Rafaelillo’ y Alejandro Valverde, ‘Bala’. TIMM KÖLLN.

Por Carlos Arribas.

En esta charla improbable, un torero y un ciclista comparten confesiones sobre su oficio y, sobre todo, acerca de la valentía y del miedo, de los miedos. Rafael Rubio Luján, ‘Rafaelillo’, es uno de los matadores que más y con más arrojo se enfrentan en el ruedo a los legendarios ‘miuras’. Alejandro Valverde, ‘Bala’, sigue quemando etapas y subiendo cumbres a lomos de su bicicleta y de sus 200 pulsaciones por minuto. Dos cuerpos y dos mentes obsesionados por una meta: el triunfo.

DURANTE LOS años del hambre solo había dos oficios que sacaban adelante al obrero sin más talentos que su capacidad infinita de sufrimiento y el desprecio a la muerte. “Más cornás da el hambre”, proclamó El Espartero, un torero del siglo XIX, pobre pobre, que murió de una cornada de Perdigón, un miura, en el ruedo de Madrid. “Más se sufre en el andamio”, decían los ciclistas de hace 50 o 60 años. Algunas de las figuras más populares en la España de posguerra eran toreros millonarios, como Manolete o El Cordobés, o ciclistas que triunfaban, como Bernardo Ruiz o Bahamontes. Pero bien entrado el siglo XXI, los chavales ya no se hacen ni toreros ni ciclistas para huir del hambre. Pedalean y torean por pasión y por deseo y se dicen artistas. Se preparan físicamente siguiendo los planes de especialistas, cuidan la nutrición y todos los detalles. Están más cerca unos de otros de lo que en un principio pudiera pensarse. “Nos une nuestro poder para emocionar a la gente con lo que hacemos, y eso se llama arte”, coinciden Alejandro Valverde, Bala, y Rafael Rubio Luján, Rafaelillo: uno de los mejores ciclistas del momento y un matador que no teme a los miuras. Los dos nacieron apenas a unos kilómetros de distancia, en Murcia. Los dos se sientan frente a frente para hablar de su soledad ante los grandes desafíos, de su preparación, de su arte, del miedo.

Rafaelillo: “No es más valiente el que no pasa miedo, sino el que es consciente del peligro”

RAFAELILLO. Yo supe que sería torero a los ocho años, cuando me puse por primera vez solo delante de un becerro. Lo que entonces sentí que me pasaba por dentro fue algo que querría poder sentir siempre. Es una adicción.

VALVERDE. Cuando eres joven te sientes imbatible. Yo ya era campeón de niño, pero cuando eres pequeño y ganas aún te tomas el ciclismo como un hobby. No lo ves como un trabajo. Luego, cuando llegas a profesionales y estás corriendo con Bettini o con Armstrong, con monstruos que están ganando de todo, te sientes inferior. Y alguna vez les ganaba, pero era difícil. Y si te sientes inferior es difícil ganarles. Yo ya tenía trato de figura y quería ser figura, y ahí seguimos…

RAFAELILLO. En el toreo compites más contigo ­mismo. Te haces figura tú solo con tu espada, con tu muleta y con tus triunfos. Lo que pasa es que vosotros competís entre vosotros, entre equipos… Lo nuestro es distinto. Cuando tienes un festejo con dos compañeros, intentas triunfar y no dejarte ganar la pelea, pero al final lo más importante es competir contigo mismo, ganarte y mejorarte. Tienes que crecer en tu tauromaquia, crecer como persona, y cuando coges esa mentalidad es cuando tu carrera va a más. Esa es la mejor filosofía. Cuando te obsesionas con otro y no contigo mismo, te estás quitando tiempo de tu vida y de tu profesión. Lo mejor es siempre concentrarte en ti mismo para mejorar.

VALVERDE. Con Alberto sí que me he obsesionado un poco. Con Contador. Hemos tenido los dos mucha rivalidad deportiva, pero en lo personal, ningún problema. Y mira, lo que yo quería en el Tour, él sí lo pudo hacer. Creo que nunca lo ganaré.

RAFAELILLO. Por lo que entiendo, si eres ciclista y ganas una vez el Tour, ya tienes toda la vida resuelta, pero en los toros puedes abrir una vez la puerta grande de Las Ventas, que es el triunfo máximo, y a los dos días tener que seguir peleando, y si a la siguiente corrida en Madrid no estás bien y te pitan, no vale de nada lo del día anterior. Aquí es día a día. A vosotros os dura más la renta de un título. Lo nuestro es tarde tras tarde.

VALVERDE. Eso es España, ¿no? Eso pasa solo en España. Aquí se olvidan enseguida de los éxitos de sus figuras.

RAFAELILLO. No sé en tu mundo cómo es, pero en el nuestro es muy ingrato, muy ingrato.

VALVERDE. En el ciclismo es igual, pero a lo mejor no tan pronto. La rentabilidad de un título puede que dure más, pero también se acaba. Claro, nuestras victorias se ven. Es el cronómetro o el esprín, pero el valor de vuestras faenas depende de lo que piense el presidente o la prensa…

RAFAELILLO. El público, el público. El público es tu juez. Los medios también influyen, claro, para ganar popularidad. Antes los toreros pagaban a los periodistas para que les trataran bien. Aún te llegan recados de revistas para que pagues una publicidad, o una manera de colaborar con los medios… Yo nunca me he acercado a ese mundo. Y he sufrido corridas en las que he cortado orejas, he hecho buenas faenas, y hay cabrones que no me han puesto bien. ¿Por qué? Pues a lo mejor tienen otro tipo de interés, porque son amigos del otro torero o porque no le has dado lo que querían… Con el paso del tiempo he visto que esto es un sistema, un sistema en el que todo el mundo quiere comer y vivir, y todo el mundo come y vive de la profesión. Pero cuando eres joven dudas, porque invertir en ello es una forma de abrirte camino. Cuando ya llevas 21 años de alternativa y estás ya en la recta final de tu carrera, la manera de pensar es otra. Lo principal es el respeto profesional. ¿Y tú? Parece que siempre has confiado en ti, ¿no? ¿No te has sentido inseguro nunca?

VALVERDE. Pues muchísimo, siempre… Yo la inseguridad siempre la he sufrido mucho.

RAFAELILLO. Pero tiene que ser hasta bueno vivir esa inseguridad, porque te hace crecerte en momentos determinados. Ahí es donde se marca la diferencia. Todo el mundo pasamos miedo en la vida, todos somos personas. El que es capaz de superar esa incertidumbre, dominar ese miedo, superar ese dolor, ahí es donde está la capacidad de esa persona. Ese es el mérito…

Las piernas de Valverde con las cicatrices de la caída que sufrió en el Tour de 2017. TIMM KÖLLN.

VALVERDE. Y cuanto más esperan de mí, más miedo tengo. Es lo que decía de ahora y antes. Ahora ya lo tengo casi todo hecho en el ciclismo y estoy casi terminando. Y entonces corro sin miedo, sin presión, sin tener miedo a fallar, disfrutando… Como estoy bien de forma físicamente y no tengo miedo a fallar, hago movimientos arriesgados que antes no me atrevía y me la juego muchas veces y me sale bien. Y antes siempre pensaba: “A ver si me voy a quedar, a ver si tal…”. Y aquello me atenazaba.

RAFAELILLO. Se trata siempre de afrontar el desafío, ese momento de soledad y grandeza…

VALVERDE. Sí, sí… Pero yo en ese momento no lo pienso. Yo pienso en lo que quiero hacer…

RAFAELILLO. Te dejas llevar por tu pasión, por lo que te dice tu corazón.

VALVERDE. Exactamente…

RAFAELILLO. Te aíslas de todo. Si no te aíslas, no eres capaz de hacer estas cosas. Si piensas, te bloqueas. Esa es otra de las capacidades. Yo, por ejemplo, cuando estoy en un patio de caballos en Madrid antes de una corrida, si empiezo a pensar que me están viendo miles y miles de personas y que puedo fallar… Si empiezo a pensar en eso, se me paran las piernas y la mente me dice…

VALVERDE. No, no. Tú vas a lo tuyo. No piensas…

RAFAELILLO. Te dejas llevar por tu cuerpo, por tu mente, por tus condiciones innatas. Si te pones a pensar en el patio de caballos en que hay 24.000 personas en la plaza, y que tienes un toro que no sabes cómo va a salir, que lo tienes que intentar dominar, que te puede quitar la vida, y que entre esas 24.000 personas hay muchas que no te pueden ni ver… Como en todo, tienes gente a favor y gente en contra a la que no le interesa que triunfes porque eso perjudica a otros toreros que le gustan más… Y tienes que poner de acuerdo a 24.000 personas con un animal que no sabes lo que te va a hacer de un muletazo para otro… Milésimas, milésimas… Y dominar esa presión y todo el mundo enjuiciándote… te pones a pensar así y dices…

VALVERDE. Sí, sí, sí… Es que entonces te vienes abajo… Es el momento del campeón, el ataque en montaña, pero en ese instante no piensas qué significa lo que estás haciendo. Yo pienso en lo que quiero hacer. No me veo a mí mismo haciéndolo. Tú estás a lo tuyo. Si piensas en lo que te rodea, te vienes abajo.

RAFAELILLO. Eres consciente de ello, de todo eso, pero intentas aislarte. Y eso es también lo que te engancha, es lo adictivo, lo que cuando tienes ocho años te domina… Es el morbo. No es más valiente el que menos miedo pasa… El más valiente es el que es más consciente del peligro. Si no, seríamos todos como niños pequeños. Pero cuando creces y afrontas el miedo…, ese es el hombre valiente. Aunque pases más miedo que los ­inconscientes…

VALVERDE. Yo, el mayor momento de riesgo, quizá bajando un puerto, nunca pienso en nada. No piensas, eres una máquina.

RAFAELILLO. Yo ahí tuve un cambio cuando fui padre por primera vez. Me afectó. Me pudo, por mi hija, el instinto de protección. Y luego, fíjate, han sido ellas, mis hijas, las que me dan la fuerza para superarme en todo, como persona y como torero.

VALVERDE. A mí me pasó lo segundo. Por ellos, pum, pum, me motivé. Ahora, cuando vuelva a competir después de la caída que tuve en Düsseldorf, un poco de miedo voy a pasar. Pero bueno, tiene que ser así.

RAFAELILLO. Cuando vuelves al ruedo después de una cogida pasa igual. Siempre te acuerdas. La mente es débil, se va antes a lo fácil que a lo complicado. Para borrar el recuerdo, intento ponerme el mismo traje, las mismas circunstancias y superar ese fantasma…

VALVERDE. Ese miedo…

RAFAELILLO. ¿Cómo se superan los miedos? Afrontándolos lo antes posible. A veces lo consigo antes, otras tardo más. Y siempre llevo en el cuello la cruz de Caravaca. Me la dejó mi hermano, que falleció de cáncer, y me da fuerza.

VALVERDE. Yo también llevaba una cruz de Caravaca, pero ya no. Yo solo tengo manías en el tema de la bici. Digamos que son mis rituales, como abrir y cerrar los cierres de las ruedas antes de las etapas, ponerme la zapatilla izquierda antes que la derecha…

RAFAELILLO. Yo trato de no dejarme llevar, pero tengo dos o tres rituales. Me gusta poner y quitar mi capilla, a la hora de vestirme me gusta empezar todo por el pie derecho, cuando voy a la plaza me pongo siempre en el lado derecho antes de salir al patio de caballos, y siempre doy un puñetazo a la puerta de madera… Oye, y tú, ¿qué edad tienes, Alejandro?

VALVERDE. Yo, 37. Más o menos como tú, ¿no?

RAFAELILLO. Sí, te saco unos meses solo. Soy carmelitano, nací en Murcia-Murcia, en el barrio del Carmen, murciano por los cuatro costados. Murcianico, como se dice…

VALVERDE. Mis padres siguen viviendo en Las Lumbreras, donde nací; vivo a seis o siete kilómetros de ellos, en una urbanización…

RAFAELILLO. Pero estarás poco en casa, ¿no? No digo por las carreras solo. ¿Los ciclistas os vais a Colombia a entrenar en altura o a sitios de esos?

VALVERDE. Yo voy a Sierra Nevada, al CAR (centro de alto rendimiento), a 2.300 metros. Necesito estar mínimo un par de semanas allí para notar y asimilar la altura. Los glóbulos rojos, los hematíes, la hemoglobina, todo eso, pero más que subirlos muchas veces la altura te los fortalece. Luego, cuando haces ejercicio, no se rompen tan pronto. Ganan consistencia.

RAFAELILLO. Yo, en Perú o en Ecuador, he toreado a más de 3.000 metros. Llego dos días antes y ni me aclimato ni nada. Noto los cambios de ritmo. Cuando hago algo explosivo aquí abajo, como estoy bien preparado, ni me suben las pulsaciones; allí, un movimiento rápido me deja sin aliento… Y los toros están criados en altura y no paran de moverse.

VALVERDE. Estarás mareado todo el día a esa altura… Menuda… Yo noté la altura para mal en el Giro del año pasado: en una etapa por los Dolomitas teníamos cuatro puertos por encima de 2.000 metros todo el rato… Y tirarte casi cuatro horas por encima de 2.000 metros y caña y caña… Al final me atacaron y los miraba y no podía nada, arrancad lo que queráis, si yo voy a seguir a mi ritmo… Ni respondía, ni podía.

RAFAELILLO. Y mis movimientos son lentos, es como si estuviera en una nube, pero con dolor de cabeza… Tiene su peligro, pierdes reflejos y movilidad. Para evitarlo, lo que voy a hacer para preparar mis próximas corridas allí con mi entrenador personal es ponerme un chaleco de cinco kilos de peso, y también me voy a comprar una máscara…

VALVERDE. Ah, eso lo tengo yo. Las venden por Internet. A mí me la puso el entrenador del equipo. Te quita oxígeno y te cuesta más trabajo respirar. Tienes una válvula para regularlo. La uso una vez a la semana o así en la bici, y todos los días 15-20 minutos, cuando estoy moviéndome por casa. Fortalece todo.

RAFAELILLO. Oye, una pregunta, ¿qué media de pulsaciones tienes?

VALVERDE. En reposo tengo 32, 33…

RAFAELILLO. ¿32, 33? Si parece que estás muerto…

VALVERDE. Todas las mañanas nos tomamos las pulsaciones en carrera. Esas me salen un rato después de levantarme e ir a orinar y beberme un vaso de agua. Si me las tomo nada más despertarme, las tengo más altas. Recién despierto, como que te sobresaltas un poco, pero cuando pasan 8, 10 minutos…

RAFAELILLO. Yo tengo poco más de 50 en reposo. ¿Adónde voy a compararme contigo? Eso es inhumano.

VALVERDE. La media en una carrera dura son 145-150… Máxima, en torno a 200, 198… Y cuando era más joven llegaba a 203.

RAFAELILLO. ¿Cómo, cómo dices? 200 pulsaciones… pero si eso es el 100%, si eso no puede ser…

VALVERDE. Es el tope, claro… En una etapa dura, lo cojo tres o cuatro veces, pero poco tiempo, claro…, pero ha habido puertos que me he tirado por encima de 185-190 casi 25 minutos…

RAFAELILLO. Qué disparate, qué fondo, qué bestialidad… Yo cuando hago series y estoy en esas pulsaciones unos minutos acabo mareado, con ganas de vomitar… Cuando más me suben, que me lo midieron una vez que toreé una corrida con un pulsómetro, es a la hora de entrar a matar, que me llegan a 180… Pero solo unos segundos, 5 o 10… Y es por la adrenalina, porque estoy parado.

VALVERDE. Eso es como en las cronos. Estás parado en la rampa de salida y tienes como 35-40 pulsaciones más de lo normal. La adrenalina, la tensión… Pero ¿en la montaña? Por encima todo el rato. Y luego baja, y otra vez vuelve a subir en el siguiente puerto… Y con esas pulsaciones asimilas muy bien el ácido láctico. A nivel pulmonar a lo mejor puedes soportarlo, pero las piernas, como empiece a acumular ácido láctico, luego no lo sueltas…

RAFAELILLO. No sé en ciclismo, pero los corredores de maratón alcanzan su máxima capacidad pasados los 30 años…

VALVERDE. Y en el ciclismo también. A los 34-35 ya eres…

RAFAELILLO. Eso pensaba yo, tu cuerpo tiene que estar mucho más hecho al sufrimiento que uno de veintitantos años…
Valverde. Yo, en mi caso, ahora mismo, sí. En las vueltas grandes, cuando era más joven, terminaba muerto; terminaba que me tiraba una semana que no me movía.

RAFAELILLO. En el toreo no hay edad, mientras torees bien y el público quiera verte… Hay gente con 20 años que no torea y hay tíos con 45 años que siguen toreando porque la gente quiere verlos…

VALVERDE. Porque pueden, porque son buenos…

RAFAELILLO. Y porque cogen solera, salen a disfrutar, como tú dices, les sale todo… Y al final es como los buenos vinos, van cogiendo aroma.

VALVERDE. Antes realmente bajaba el rendimiento mucho con la edad, pero hoy día no baja tanto. El ciclismo de ahora no es el de antes, es totalmente diferente, no tiene nada que ver, el cuerpo aguanta mucho más. No se va a la velocidad de antes. Se corre diferente. Todo es mucho más medido. Los entrenamientos, todo. Todos estamos muy igualados. ¿Haces pesas?

RAFAELILLO. Sí, claro, es que para coger y manejar la muleta con la muñeca…

VALVERDE. Sí, sí, ya la he cogido y he visto que pesa un rato.

RAFAELILLO. Pesa mucho, mucho. Un traje de luces en tu cuerpo pesa entre cuatro y seis kilos… Luego, la muleta, otros tantos, la espada, el movimiento, el estrés… El capote pesa de cuatro a seis también, y lo tienes que sostener a pulso. O sea, que tienes que tener muy fuertes los hombros, los rotadores, los antebrazos, la muñeca… Tienes que tener fuerza-resistencia. Yo podría hacer como tú, perder masa muscular para ganar en ligereza y en velocidad, pero entonces la muleta se me cae, la tengo tres minutos y me pesa. Es un cuerpo distinto al tuyo. Tengo que tener fondo y fuerza, porque si no, no puedes con los trastos. Trabajo todo el cuerpo, piernas, corazón, lumbares…

VALVERDE. Tienes que ser uniforme, sí…

RAFAELILLO. Uniforme, pero sin pasarte de volumen, por cuestión estética. Yo soy bajo y con mucho múscu­lo y tengo que cuidar eso. La estética Manolete, alto y muy delgado, como un soplo, pero él nació con ese cuerpo… Como tú con el tuyo. Oye, y otra curiosidad, ¿a ti te pagan en bruto o en neto?

VALVERDE. En otros países puedes negociar un contrato neto, pero aquí todo es legal y se hace en bruto, en bruto, y casi la mitad lo pago en impuestos… He estado mirando ir a Andorra para pagar menos impuestos, pero es que al final es todo muy complicado. Prefiero estar dos años más corriendo, pero no irme de aquí, seguir en Murcia. Lo pago todo. Es una barbaridad, el cuarenta y tantos por ciento, pero lo acepto.

RAFAELILLO. Olé tú… Que todo se quede para tu país, así me gusta. Y la conciencia tranquila.

VALVERDE. Yo lo veo así, la mitad de mi carrera para mí y la mitad para Hacienda.

RAFAELILLO. Y yo digo un toro para mí y otro para ellos. Y del toro para mí, yo me tengo que pagar capote, muleta, traje…, aparte de que tú tienes contrato de trabajador y si tienes una lesión o algo te siguen pagando. Y yo, corrida que no toreas, corrida que no cobras. Por eso a veces hacemos cosas sobrehumanas. Tienes una cogida y toreas poco después aún con los puntos de la herida, con la cornada medio abierta y cojo pero infiltrado para aguantar el dolor. Y toreas, porque si no, no cobras…

VALVERDE. Y nosotros tenemos contrato, y luego primas por ganar y los premios de la carrera…

RAFAELILLO. Antes, en mi mundo, se decía que para ser rico había que ser torero, en los años cincuenta y sesenta. Ahora, los futbolistas, los ciclistas, todos podridos. Ganan tres veces más que cualquier torero de primerísima línea. Es la realidad.

VALVERDE. A nosotros nos ha venido bien la llegada del ciclismo a Inglaterra, han hecho que se revalorizara…

RAFAELILLO. Habéis sabido modernizaros, pero mi mundo no. Mi mundo es un mundo muy clasista, muy cerrado, muy antiguo. No lo han hecho crecer, no lo han vendido, y entonces ha pasado lo que ha pasado. No hay renovación ninguna. Todo va para el bolsillo de los empresarios, que no tienen más interés que seguir ganando su dinero. Pero le interesamos al Estado por la cantidad de impuestos que pagamos y no creo que permita que nos extingamos… Claro, hay un cambio sociológico porque los medios lo hacen ver de una forma… Cuando eras pequeño podías verlo y sencillamente tenías la opción de que te gustara o no te gustara. Ahora, apenas hay en televisión… Y acabas viéndolo como algo extraño, pero el toreo es como la vida. En la vida se vive y se muere. Aquí estamos de paso… El toreo es un reflejo de lo que es la vida, la vida y la muerte… Lo más feo que me pueden decir es cuando me llaman asesino, porque asesino es el que mata a traición. Y yo no lo soy, porque expongo mi vida ante un animal. Y luego veo a esos animalistas, que están enfermos, que prefieren la vida de un animal a la de un ser humano.

VALVERDE. Eso es verdad…

RAFAELILLO. Y hablo de un animal salvaje, no de un perrito. Hablo de un animal de 500 o 600 kilos, y yo para él soy como una servilleta de papel, que le haces así y la atraviesas con nada. Y yo, con mi valor, mi capacidad, mi fuerza mental, mi arte, soy capaz de dominar a esa bestia que no sé lo que me va a hacer en cualquier momento. Y encima, si soy capaz de emocionar al público porque lo ve bonito, pues eso es un arte. ¿Qué es el arte? Emocionar, crear…, y el que no lo vea así, que lo respete. Yo me juego mi vida, y no ante un perro o un gato, sino delante de un animal hecho para eso. Esa es la realidad y las redes sociales la deforman…

VALVERDE. Las redes sociales hacen mucho daño…

RAFAELILLO. Solo buscan el morbo.

Publicado en El País