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ANÁLISIS DE LA FERIA DEL TORO DE PAMPLONA: Generosos trofeos y poco toreo fundamental

Foto Antonio Ferrera (Twitter)

Por Luis Nieto.

La Feria del Toro de Pamplona ha quedado marcada por el bajo nivel de los toreros en su conjunto, un buen tono ganadero, varias cornadas -la más desagradable, la del banderillero Pablo Saugar>Pirri y premios de escaso valor en labores en las que prevalecieron el toreo accesorio sobre el fundamental.

En el ciclo se cortaron hasta 27 orejas, con seis salidas a hombros, que hubieran sido siete si Roca Rey no hubiera caído herido. Si separamos la paja del grano, nos encontramos que quien redondeó la actuación más importante fue Antonio Ferrera y que Pepe Moral, Talavante y Ginés Marín también dejaron huella.Así, lo más sólido fue la faena de Ferrera el día 13 a su segundo toro, sin trofeos en un ciclo de premios de escaso valor. El pacense, en estado de gracia, volvió a deleitar a los aficionados con una tauromaquia clásica y añeja. Pepe Moral, por su parte, fue el torero que con mayor solidez toreó al natural, recibiendo una oreja a ley. Talavante se distinguió por su temple y cobró otro trofeo. Y Marín, que salió a hombros en la corrida de Victoriano del Río y ganó la sustitución de Roca Rey que cayó herido y no pudo hacer doblete.

El madrileño López Simón logró una de las puertas grandes generosas del ciclo, como lo fue también la de Cayetano. También salieron a hombros Rafaelillo, el novillero Jesús Enrique Colombo y el rejoneador local Roberto Armendáriz en actuaciones con algunos trofeos concedidos con suma generosidad.

El aspecto ganadero tuvo un buen tono en su conjunto. Aunque abundaron los toros enormes, muchos de ellos fuera de tipo, embistieron un número considerable; no siempre aprovechados. La corrida más completa fue la de Jandilla y destacaron toros sueltos de José Escolar, La Ventana del Puerto, Fuente Ymbro y Victoriano del Río, éste último de nombre Forajido, premiado con el trofeo Carriquiri.

Los heridos en el ruedo, desplazados por los encierros

Dentro de una feria en la que la plaza de Pamplona ha ofrecido una cara de escasa seriedad -se han intensificado los rodillazos en detrimento del toreo ortodoxo- gravita algo tremendo y es que hubo varias cornadas a matadores de toros y a un banderillero que en los medios de comunicación generalistas no han tenido cobertura, salvo excepciones; entre tanto, los encierros han estado presentes en telediarios y portadas, aunque no haya heridos. 

A estas alturas, todos hablan del norteamericano tal o del inglés cual que fueron enganchados y sufrieron alguna lesión leve como si fueran héroes, pero muy pocos conocen que el banderillero Pablo Saugar Pirri sufrió disección de la uretra y rotura completa de la pared abdominal, y estuvo a punto de morir en el ruedo de Pamplona por una cornada terrible, por la que todavía continúa hospitalizado y sufrirá secuelas de por vida.

Publicado en El Diario de Sevilla 

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@Taurinisimos 119 – Cierre Pamplona, San Fermín 2017. Entrevista @LamaDeGongora. Recuerdo Joselito Huerta.

Miuras por Telefónica. Foto El Diario de Navarra.

Programa @Taurinisimos de @RadioTVMx del viernes 14 de Julio de 2017. Conducen Miriam Cardona @MyRyCar y Luis Eduardo Maya Lora @CaballoNegroII.

Actualidad Taurina. Cerrojazo, Encierros, San Fermín, Pamplona 2017.

Cierre de Feria, análisis semanal. Faenas de Sebastián Castella, López Simón, Roca Rey, Cayetano, Ginés Marín, Antonio Ferrera, Paco Ureña, Pepe Moral, Rafaelillo, entre otros.

Encierro Puerto de San Lorenzo, toro “Huracán” corrido el 9 de Julio.

Entrevista al Matador sevillano Francisco Lama de Góngora previo a su presentación en Jesús María, Aguascalientes. Faenas del torero en 2016 en Jesús María y San Juan Solís, Hidalgo.

Recuerdo de Joselito Huerta. Faena al toro “Soldado” de Valparaiso en el Toreo de Cuatro Caminos en 1960, orejas. y rabo.

Producción Miguel Ramos – Staff RadioTV.

La próxima emisión de #Taurinísimo será el próximo viernes 21 de Julio de 2017 a las 7 pm (Mex) a través de http://www.radiotv.mx

#EsperamosSuOpinión.

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Obispo y Oro: Torear para uno mismo 

​Por Fernando Fernández Román.

Lo escribía Muñoz Seca en su Venganza de don Mendo, cuando trataba de explicar, con singular gracejo, Las Siete y Media, ese juego de naipes tan popular y tan simplón  que solía citarse con los hogares españoles, con moderada guita de por medio, en las noches frías de la Nochebuena: …El no llegar da dolor/pues indica que mal tasas/ Mas, ¡ay de ti, si te pasas!/ Si te pasas, es peor

Pues eso mismo fue lo que les ocurrió ayer a las buenas gentes que ocupan el palco presidencial de la plaza de toros de Pamplona (un surtido de ediles de variado color político, sin exclusiones sexistas). Habían recibido tantos palos sus negligentes antecesores, pasándose siete pueblos en la concesión de trofeos,  que ayer, que no llegaron a entender la razonable petición de oreja para premiar una de las labores de lidia más completas, más inspiradas, más bellas y más meritorias de cuantas se han realizado en la candente arena de esta Plaza. Y se cerraron en banda, por aquello del qué dirán.

Ocurrió tras la muerte el cuarto toro, un cuvillo bravo y noble al que Antonio Ferrera toreo de capa con desparpajo y banderilleado con precisión y ajuste, especialmente en un riesgoso  par al quiebro en los umbríos terrenos de tablas.Después, fue construyendo una faena plagada de innovaciones, como el cite a distancia con la tela roja sobre el hombro, para desplegarla en el momento del embroque y trazar el pase natural. Al cabo, una variante del celebrado cite con el cartucho de pescao. El toro castaño debió tragarse aquella novedad con la misma perplejidad que la contemplamos los pocos espectadores que estuvimos pendientes de lo que ocurría en el ruedo, porque ya está repetido hasta la hartura que en las tardes de toros pamplonicas (no confundir con las pamplonesas de antaño) llegada la presencia  del cuarto toro del orden de lidia, también se salen de la corrida –físicamente, incluso—una abrumadora masa de gentes, con lo cual, al toro y al torero no se les hace ni puñetero caso, ni en el sol… ni en la sombra.

Y fue una pena, porque en ese momento de deglución de magras con tomate y otras delicias culinarias de esta tierra, hay veces, como ayer tarde, que se pueden disfrutar de otras delicias que no entran por la boca, sino por la vista. Ahí estaba Antonio Ferrera, pletórico, ampuloso, convencido de haber llegado a la sazón de su magisterio, toreando en redondo y al natural a un bravo toro, al que había que pasar de muleta con un código estricto de terrenos, espacios y métrica en el contenido de las series de pases, sin perder la cabeza jamás, sin hacer concesiones de ningún tipo. ¡Qué distinto este Ferrera de aquél arriscado y temerario que le cortó el rabo a un toro de Victorino en este mismo escenario, un toro fiero que le atravesó los dos muslos y le obligó a vestir de cintura para abajo un pantalón vaquero, teñido de sangre! ¡Qué faena más bella, la realizada ayer por Antonio, esta de ayer; una faena larga, andándole al toro con una torería desbordante y plagada de muletazos literalmente bordados! Como la inspiración no tiene mensuración posible, no pormenorizaré las tandas, ni los remates de tal o cual guisa. Fue todo armonioso, meditado sobre la marcha, toreando el torero para sí mismo, que debe ser un placer privativo de héroes y dioses. Ferrera está sembrado. Rezuma madurez. Obra sobre la marcha, sin pauta previa. Por eso, después de que sonara un aviso –¡ay, los avisos!–  citó a recibir en la suerte suprema de la estocada, pero el cuvillo se puso mohíno y el torero solo pudo enterrar en el morrillo del animal algo menos de la mitad del estoque. El verduguillo no cumplió su cometido en el primer intento y Antonio se empeñó en no soltar la empuñadura y el toro le propinó un volteretón espeluznante, del que se levantó maltrecho. Acertó en seguida, despertó gran parte del personal del letargo culinario y flamearon los pañuelos en abundancia. Nada. No hay oreja para una  obra de arte. Qué pena. No obstante, en la vuelta al ruedo clamorosa, el personal se le entregó sin reservas. Fue un paseo triunfal, como el de un emperador al frente de sus legiones romanas. Un dios pagano que había toreado para sí mismo.

Antes de todo eso, Antonio Ferrera había lidiado un toro de Núñez del Cuvillo que salió como aireado de cuello y descaderado de atrás. Uno de los tres cinqueños que entraron en la corrida, cornalona y atablada de carnes toda ella, solo que este fue material inservible para el toreo, aunque pareció tomar mejor los engaños por el pitón izquierdo. Solvente, seguro y sobrado de técnica, Ferrera solventó la contingencia sin aparente esfuerzo.

Alejandro Talavante se las vio con los otros dos cinqueños. Al primero de ellos, cornalón y de suave acometida, lo toreó de capa con cierta compostura, y de muleta con reposo y temple, especialmente en dos series de naturales. El resto de la faena fue más ligerito de lo que en este torero es habitual, pero como lo mató de un estoconazo que tiró sin puntilla, cortó una oreja. Fue el único trofeo de la corrida, porque en el otro cinqueño, que fue bravo y enrazado, a pesar de que también lució toreando de muleta, especialmente con su primorosa mano izquierda, se le hizo de noche con la espada y escuchó, por toda manifestación, los dos avisos que le enviaron desde el palco presidencial.

Tampoco Ginés Marín, que ocupó el puesto del herido Roca Rey, pudo revalidar su triunfo de anteayer. El tercer toro manseó en varas, pero hizo concebir ciertas esperanzas por su galopona mansurronería. Fue a menos el toro, soltando la cara y arruinando el conato de faena. Y en el sexto, más de lo mismo. Otro toro cornalón y desrazado, que pasaba por allí medio sonámbulo. En el resumen de las crónicas que ustedes podrán leer que tras sus actuaciones hubo silencio para justipreciar la labor de este joven torero, pero ya saben que en Pamplona es un eufemismo. Menos mal que non la espada, Marín estuvo expeditivo, aunque le propinó un bajonazo al su primer toro. Si lo sé no vengo, debió pensar el joven torero jerezano.

Hoy, se cierra la feria taurina de San Fermín con la clásica de la de Miura. A ver qué pasa.


Publicado en República.com 

Encierros San Fermín: Los Núñez del Cuvillo, unos toros con dos caras, en el penúltimo encierro

APERTURA AL PUBLICO DE LOS CORRALES DEL GAS

Si eres una persona supersticiosa y no te va el número 13 tienen que saber que los encierros celebrados en 13 de julio son los que más heridos por traumatismo dejan, unos 4,45 por encierro. Los toros de Núñez del Cuvillo han participado hasta el momento en siete encierros y han dejado 8 corneados (1,14 cornadas por encierro) aunque realmente se registraron cornadas solo en 4 de las siete carreras. El año pasado el encierro de los buereles de Núñez del Cuvillo dejó una sola cornada espectacularmente recogida por Javier Martínez de la Puente.

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En cuanto a la rapidez de estos toros os tenemos que contar que en sus encierros se mueven entre los 2´20″ y 4´40″ con una velocidad máxima de 22,50 km/h. Se mueve igual de rápido con el suelo mojado, ya que en 2016 marcaron el segundo mejor tiempo de la historia moderna de los encierros sobre piso mojado con dos minutos y treinta y dos segundos.

Según los datos el tramo donde no debemos encontrarnos con estos toros de Núñez del Cuvillo es el de Santo Domingo ya que es el tramo donde más corneados han dejado con 4 en sus 7 encierros.

De SOL y SOMBRA.

Los Núñez del Cuvillo son unos toros con dos caras. O más. En las plazas de toros despliegan su nobleza, su clase. En el encierro, sin embargo, muestran otras facetas.

En sus tres primeras intervenciones, tras debutar en 1995, dejaron siete cornadas y cientos de estampas de terror. En 2008 y 2010, en cambio, galoparon vertiginosos por el recorrido sin muchos momentos peligrosos. Una actuación que volvió a repetirse el pasado año.

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Este año está por ver el rostro que lucirán los toros de esta ganadería gaditana en el penúltimo encierro de las fiestas que se corre en jueves.

Por la tarde, turno de los diestros Ferrera, Talavante y Ginés Marín por Roca Rey.

Publicado en Diario de Navarra

Los toros de Núñez del Cuvillo vuelven tras 5 años de ausencia

Tendido 7: San Fermín, su historia

Pablo Lasaosa

Por Xavier Toscano G. de Quevedo.

Hemos llegado ya —así de rápido avanza el tiempo— al meridiano de las festividades taurinas en Pamplona, y en este año han ido celebrándose los festejos con más pena que gloria, y para ser más puntuales, con inúmera  pesadumbre. Sí, en primera instancia, con la cuantiosísima pena y máxima preocupación por el infausto e inquietante percance del torero de plata, Pablo Saugar Pirri, en el primer toro de la tarde del día 9, que correspondió a Curro Díaz, después del amargo trance, el festejo ya no fue lo mismo. Sí, la corrida tenía que seguir su curso —dicta una vieja sentencia: “el espectáculo debe continuar”—, pero ya no fue igual, la preocupación e intranquilidad cayó como un tenue velo durante la tarde.

Pero en las calles de Pamplona los visitantes venidos de todos los puntos cardinales de España y de los lugares más recónditos de nuestro plantea que acuden cada año atraídos e intrigados por lo que para ellos estas fiestas suponen, y en los que también encontramos un número importante de lectores que comparecen y acuden para corroborar lo que el importante escritor estadounidense Ernest Miller Hemingway —Premio Novel de Literatura de 1954— encontró en la enigmática Fiesta Brava, y más particularmente en las tradiciones taurinas de los pamploneses, que conoció por primera vez en el año de 1923.

Es incuestionable que los aficionados pamploneses han sido, son y seguramente continuarán por muchas décadas más siendo fieles guardianes que velan y se entregan con pasión y entusiasmo a una tradición enraizada como ninguna otra de sus costumbres, y que se llama “Los Sanfermines”. Y, que, como todo el mundo conoce —gracias a la determinante colaboración de Hemingway— da paso al más exaltado estallido de un pueblo cautivado por el culto a su Majestad el Toro Bravo, que es el eje central de estas impares fiestas, que nacieron en honor al santo patrono de los habitantes de Pamplona, San Fermín de Amiens.

El Santo Fermín, protector de estas fiestas —así lo suplican en sus cantos los corredores cada mañana—, nació en la ciudad de “Pompaelo” (hoy Pamplona) en el año de 272 de nuestra era, siendo hijo de un senador romano de nombre Firmo, importante oficial de la administración romana en el siglo III. El joven Fermín pronto se convirtió al Cristianismo y es bautizado junto con sus padres por el Obispo Saturnino de Toulouse, y con apenas 18 años de edad fue ordenado sacerdote, viajando pronto a la ciudad francesa de Amiens, en donde es nombrado Obispo con tan sólo 24 años de edad.

Fue un gran predicador y eavangelizador de su tiempo, pero dadas las circunstancias de ese período de nuestra historia —escenario muy recurrente a través de los tiempos para nuestra religión— es aprendido por las autoridades que se oponían a la divulgación de la doctrina de Nuestro Señor Jesucristo, y se ordena su decapitación, muriendo en su martirio el “25 de septiembre del año 303”. Fue hasta el año de 1186 (nueve siglos después de su fallecimiento) cuando el Obispo Pedro de París traslada de la ciudad de Amiens a Pamplona una reliquia de San Fermín, convirtiéndose a partir de ese momento —como ya lo habíamos mencionado— en el patrono de los pamploneses.

Así, estas fiestas que originalmente celebraban los pamploneses en el mes de septiembre, fueron trasladas a julio, y la fervorosa solemnidad religiosa —¿hoy realmente continuará esta esencia?— en honor a San Fermín, se amalgamó junto con la tradición lúdica del Espectáculo Taurino. En el cual, lo más vital e importante ha sido y siempre será lo que acontezca en el ruedo, obviamente siendo sin la más mínima querella ni cuestionamiento, el Eje Central y Único de está enigmática e incomparable Fiesta, su Majestad El Toro Bravo.

 

Publicado en El Informador

FERIA DE SAN FERMÍN: Pamplona, una plaza de verbena

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Por Antonio Lorca.

La salida a hombros por la puerta grande de López Simón y Ginés Marín es la gota que colma el vaso. Decididamente, Pamplona es una plaza de verbena; será de primera categoría, pero está muy lejos de la mínima exigencia que debe presidir un festejo en coso de tal prestigio. Sale el toro bien presentado, se paga bien a los toreros, pero la actitud festivalera del público y la generosidad escandalosa de la presidencia es tan sorprendente como decepcionante.

Un toro de triunfo gordo fue el segundo, -que no fue picado como toda la corrida-, que mantuvo una nobleza encastada en el último tercio, con chispa y vibración en la embestida, pero no fueron razones suficientes para que López Simón se entretuviera en torear de verdad. Se limitó a dar pases, muchos pases insulsos y vacíos, y toda la faena fue muy irregular y con muy escaso fundamento. A la hora de matar sufrió un espantoso volteretón del que salió milagrosamente ileso. Consciente, quizá, de su deficiente actuación, se tiró a matar o morir, encima del morrillo, salió violentamente trastabillado y, una vez en el suelo, el toro lo empaló, lo levantó y lo lanzó contra la arena. Lógicamente, cortó otra oreja.

De tristona embestida y soso comportamiento fue el quinto, lo que justificó, a la postre, la labor insulsa y nada destacada de López Simón, que trata de salir con dificultades del bache en el que se ha visto inmerso desde los inicios de temporada. En esta ocasión, no se tiró sobre el morrillo en la suerte suprema y prefirió un bajonazo, lo que no impidió que saliera por la puerta grande. Un premio para quedarse boquiabierto por erróneo e injustificado.

Lo más emotivo de la labor de Castella al primero de la tarde fue el brindis. Despacio, se dirigió el torero al centro del ruedo; allí, asentado en la arena, levantó al cielo la montera y se santiguó después entre el silencio respetuoso de la plaza. El destinatario quedó en la intimidad del torero y lo único que se pudo degustar fue la solemnidad del acto.

Lo que vino después ya fue muy distinto. El toro, de casi seis años, serio y con cuajo, blando en el caballo, llegó a la muleta con bondad, nobleza, humillación y recorrido; no destacó por casta, pero sí por su comportamiento de buena gente. Y Castella se limitó a darle pases, correctos, sí, pero fríos, de esos que no dicen nada. Toreó como quien conduce por una autovía, aburrido, con aire cansino y sin pasión. En otras palabras, fue la suya una faena aseada, cuando el toro pedía algo muy distinto. Mató mal, pero paseó la primera oreja, para confirmar, una vez más, que esta plaza es una verbena popular.

Un rictus sonriente Castella esbozó al brindar el cuarto al público, ante el que se le vio más entregado y dispuesto a pesar de que, hasta el momento, era el toro más brusco y áspero de la tarde. Descarado de pitones y de enorme presencia, muy deslucido, no permitió confianza ni mostró nobleza alguna; empeñado, tal vez, en cortar la segunda oreja, el torero se pasó de faena, sonó un aviso antes de montar la espada, el segundo después de dos pinchazos, y solo la fortuna le libró del deshonor en el último instante. Su labor no fue un ejemplo de inteligencia torera, precisamente.

Muleteaba Ginés Marín con la mano derecha a su primero -un modelo de calidad excelsa en la embestida-, se cambió el engaño de mano y diseñó, dibujó y bordó un sobrenatural larguísimo, eterno, casi un circular, hondísimo y desbordante de hermosura; y lo abrochó con un pase de pecho de pitón a rabo. Lo mejor de la feria, sin ninguna duda. El único problemilla es que el joven torero no fue capaz de armar faena de triunfo ni de estar a la altura del grandísimo toro, noble y con clase para dar y regalar. Hubo muletazos de postín, pero ni una sola tanda redonda, y toda la faena no fue más que un aperitivo de buen toreo. Además, lo mató muy mal, y aún así dio la vuelta al ruedo.

Descastado fue el sexto, y Marín se cansó de dar pases de variada factura, pocos buenos, pero mucha fue la entrega del torero; mató bien y le concedieron nada menos que las dos orejas. Pues mire usted…

DEL RÍO/CASTELLA, L. SIMÓN, MARÍN

Cuatro toros de Victoriano del Río y dos -cuarto y sexto- de Toros de Cortés, bien presentados, blandos, -no existió en la práctica el tercio de varas-, muy nobles y con calidad los tres primeros; deslucido el cuarto, soso el quinto y descastado el sexto.

Sebastián Castella: estocada trasera y baja (oreja); _aviso_ dos pinchazos, _segundo aviso_ media estocada y cuatro descabellos (silencio).

López Simón: estocada (oreja); bajonazo (oreja). Salió a hombros por la puerta grande.

Ginés Marín: tres pinchazos y estocada (vuelta); estocada (dos orejas). Salió a hombros por la puerta grande.

Plaza de Pamplona. Sexta corrida de feria. 12 de julio. Lleno.

Publicado en El País.

#Sanfermines: El mal fario de un pitón partido 

El diestro Juan José Padilla en la faena a su segundo toro. Javier Lizón EFE

Por ​Antonio Lorca.

No hubo espectáculo porque los toros lo impidieron. Ni Padilla consiguió refrendar su condición de ídolo, ni El Fandi ni Escribano pudieron contentar a las peñas. El festejo transcurrió entre silencios a pesar de la algarabía reinante.

La verdad es que la corrida comenzó con mal fario. El primer toro, de seria y preciosa estampa, y unos astifinos e interminables pitones, se partió el izquierdo en su primer encontronazo con la dura madera de un burladero. Quedó el animal noqueado, y fue sustituido por otro del mismo hierro, pero no de igual belleza. 

Nunca se supo cuál pudo ser el juego del colorado ‘Soplón’, pero su hermano no dejó alto el pabellón de Fuente Ymbro. No fue, para empezar, un toro guapo, más cómodo de cara que el anterior -pitones más cortos, quiere decirse-, agrio y basto era su semblante, manso se declaró en el caballo, acudió alegre en el tercio de banderillas y se negó a embestir en la muleta de Juan José Padilla. No se entretuvo el torero en justificaciones innecesarias y montó la espada tras unas pocas probaturas de escasas exigencias. No acertó el matador, pues el estoque cayó atravesado, y la muerte del toro fue tan fea como su comportamiento. Honor para el ya fallecido ‘Soplón’, un guapo sin suerte, pues sus cinco años de vida y preparación quedaron hechos añicos contra un duro madero.

Tampoco tuvo suerte Padilla con el cuarto, otro manso sin clase ni casta, al que no banderilleó, y probó sin más ante su muy sosa embestida.

No mejoró el segundo en la muleta, que hizo pasar un mal rato a El Fandi, quien lo recibió con una larga cambiada de rodillas en el tercio y alguna verónica de buen estilo. Manseó el animal en el picador, y, aunque acudió con celo en el segundo tercio, no estuvieron finos los matadores banderilleros: ni Escribano ni el propio Fandi acertaron con sus pares. El toro mostró un rosario de defectos al final y su matador abrevió, que es lo correcto en estos casos, y también lo más agradecido.

Hizo un esfuerzo sobrehumano ante el quinto: lo recibió con cuatro largas cambiadas en el tercio, se salvó de una voltereta al quitar por zapopinas, banderilleó con facilidad y espectacularidad, y se hincó de rodillas muleta en mano; sucedió, sin embargo, que cuando él se levantó fue el toro el que dobló sus manos y, a partir de entonces, todo sucedió con escasa brillantez.

A la puerta de toriles se marchó Escribano para recibir a su primero. Allí se hincó de rodillas, se santiguó dos veces y esperó impávido que saliera un tren vestido de negro. Apareció por el oscuro túnel un toro de impresionante seriedad, vio un bulto a lo lejos, no lo tuvo claro y dio un peligroso quiebro antes de que el torero tuviera tiempo de engañarlo con el capote. Momentos después, en un galleo por gaoneras para llevar el toro al caballo, Escribano se enredó los pies con la tela y cayó en la misma cara de los pitones de su oponente. No pasó nada porque el animal fijó su mirada en los vistosos colores del capote y olvidó por un momento a su lidiador, que volvió a perder pie cuando intentó recuperar la verticalidad.

Se lució Escribano en un par de banderillas desde el estribo, y decidió hacer una faena para ganar el favor de las peñas. La inició con tres pases cambiados por la espalda que despertaron a los tendidos por vez primera desde que comenzó el festejo. El toro dijo ser noble, pero su fondo y su casta eran muy cortos. Escribano alcanzó a dibujar tres naturales de alta escuela, la muleta barriendo la arena, hondos y hermoso, y ahí acabó todo. Acabó, sobre todo, el ánimo del toro, y a pesar de un desplante y las ajustadas manoletinas de su lidiador, la faena no fue tan exitosa como se preveía. Para mayor abundamiento, dos pinchazos desinflaron la fiesta y Escribano, con cara de enfado, se conformó con unas palmas.

Otra vez de rodillas en toriles ante al sexto y otro susto, salvado porque el torero tiró el capote y se hizo el quite milagroso. Banderilleó con eficacia, pero no pudo construir faena ante otro animal inservible.
Una buena noticia: el banderillero Pablo Saugar Pirri, que fue intervenido de serios destrozos intestinales tras ser corneado el domingo en esta plaza, pasó ayer a planta, aún en estado grave pero consciente, hemodinámicamente estable y sin riesgo vital, según el último parte médico.


Fuente Ymbro/Padilla, El Fandi, Escribano

Toros de Fuente Ymbro, -el primero, sobrero-, muy bien presentados, mansos, blandos, desfondados, descastados y deslucidos.


Juan José Padilla: media atravesada, un descabello y el toro se echa (silencio); pinchazo y casi entera (silencio).


El Fandi: media estocada baja (silencio); pinchazo hondo _aviso_ y tres descabellos (silencio).

Manuel Escribano: _aviso_ dos pinchazos y el toro se echa (ovación); dos pinchazos y estocada baja (silencio).

Plaza de Pamplona. Cuarta corrida de feria. 10 de julio. Lleno.

La corrida de hoy:

Toros de Jandilla, para Miguel Ángel Perera, Cayetano y Roca Rey.

@Taurinisimos 118 – Encierros San Fermín, Pamplona 2017. @ElPayo_ en Pamplona.

Programa @Taurinisimos de @RadioTVMx del viernes 7 de Julio de 2017. Conducen Miriam Cardona (@MyRyCar) y Luis Eduardo Maya Lora (@CaballoNegroII)

Actualidad Taurina. Feria del Toro, San Fermín, Pamplona 2017.

Encierros, resumen novillada y primera corrida. Triunfos de Jesús Enrique Colombo, novillero venezolano y Román.

Recuerdo de “El Payo” triunfador en Pamplona 2008, novillada.

Faenas de Jesús Enrique Colombo en Cinco Villas, novillo de La Guadalupana, faena de Ricardo Frausto en la Plaza México, novillo de Barralva.

Producción: Miguel Ramos.

La próxima emisión de #Taurinísimo será el próximo viernes 14 de julio de 2017 a las 7 pm (Mex) a través de http://www.radiotv.mx

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