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Ruano Llopis y “Varelito”.

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De SOL y SOMBRA.

El 2 de agosto de 1916 el entonces novillero Manuel Varé “Varelito” resultaba cogido en la corrida celebrada en Valencia. Aquella tarde se hallaba en el tendido el gran pintor taurino Ruano Llopis, que tomó los apuntes de las suertes que llegó a ejecutar el torero herido. La foto muestra a un joven pintor y al matador tras el percance.

Decía el pintor alicantino sobre su dibujo en un cuestionario autobiográfico que“ … es siempre del natural aunque, antes de poner mis modelos, trazo de memoria la composición y las figuras que la forman. Así pues los anteproyectos son inventiva, pero la realización con el natural por delante, pues aun en los toros movidos me apoyo en los breves trazos que ante el natural dibujé”.

La relación entre ambos no quedó ahí. En el año 1918 se decidió apadrinar a “Varelito” diseñando para el 17 de marzo el cartel de la novillada en la que intervinieron su ahijado junto a Nacional y Belmonte en la plaza de Valencia.

Finalmente la mala suerte hizo presa en nuestro pintor-apoderado pues el 13 de mayo de 1922 “Varelito”, tras ser corneado en la Maestranza sevillana, murió en  brazos del artista. Llevó luto por él durante un tiempo…

Vía: http://terciodepinceles.blogspot.mx/2012/12/ruano-llopis-y-varelito.html?m=1

Ruano Llopis

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La verdadera y quizá irrepetible “Edad de Oro” del cartel taurino, del cartel de la Fiesta Nacional, transcurre desde el inicio de la Dictadura de Primo de Rivera (1923) hasta la Segunda República (1931).

Recibe este nombre en función de que es en estos momentos cuando se fija y uniformiza de manera definitiva el cartel taurino, sentando las bases, las claves y características que le son propias y que perdurarán hasta la actualidad.

Y en esta “Edad de Oro” del cartel taurino, hubo muchos artistas que trabajaron y aportaron buenas cosas a este género artístico, pero entre ellos destaca como una inmensa montaña entre suaves lomas, el artista alicantino Carlos Ruano Llopis, sin duda el mas grande cartelista taurino de la historia: el mas artista, el más torero, el mas castizo de los que ha habido y habrá.
En este tiempo brilla y emula con él el pintor Roberto Domingo. Junto a ellos dos, también hay que citar al cordobés Julio Romero de Torres y al murciano Alcaraz, a J. Reus, Saavedra, a Antonio Casero, a García Campos, a Martinez de León (que ilustró el libro de Chaves Nogales sobre Juan Belmonte), Alvarez Carmena, Ballestar, Cros Estrem y otros muchos más que hay que considerarlos mas de segunda fila al lado de Ruano y de Domingo .

Dicen los entendidos que Roberto Domingo era mejor pintor que Ruano, pero por sus ascendencia francesa (nació en Francia y desde pequeño vivió en España), nunca llegó a pronunciar como Dios manda las “erres”. El genial Roberto Domingo reconoció con nobleza en 1950 (año en que murió Ruano): “…en eso del cartel, Carlos ega el númego uno”.

Dicen también que Ruano canturreaba pasodobles taurinos mientras pintaba los carteles y claro… así le salían: con una fuerza y una arte contundentes.

Carlos Ruano Llopis nació en Orba (Alicante) en 1879 y muere en México en 1950. En 1932 se marchó a México porque comprendió bien lo que se veía venir bajo los cielos de aquella España llena de nubarrones políticos: la guerra civil.

En México fue muy querido, pues le acogieron con los brazos abiertos desde su primera exposición allí en 1933, con lances de Armillita, de canario y plata, y del malogrado matador Alberto Balderas, de grosella y oro. En México se casó con una hermosa dama de Oaxaca, doña Hortensia y tuvieron una hija, Carola, que siempre le profesó un inmenso amor a sus dos patrias: España y México.

Cursó sus estudios de arte en la Academia de San Carlos de Valencia. Publicó sus primeras pinturas taurinas poco antes de 1910 en abanicos y láminas que acompañaban cajas de cerillas (el papel de fumar“Mefisto”) con lances del tiempo de la retirada de Antonio Fuentes y de los comienzos de Bombita y Machaquito. Reflejó también en estos trabajos los tiempos de José y Juan, de Rafael El Gallo y Manolo Granero, trabajos que lo elevaron a la cumbre como cartelista.

Carlos Ruano Llopis fue heredero de la sensibilidad del aragonés Marcelino de Unceta y de la fuerza de Emilio Porset. Poseía la luminosidad mediterránea de su Orba natal, en Alicante y tenía en su interior las luces de Sorolla y de los hermanos Mariano y José Benlliure.

Desde un punto de vista plástico, se puede considerar como heredero del “luminismo” plenairista –que se había desarrollado a principios del siglo XX fundamentalmente en la zona valenciana—del que se extraen sus últimas consecuencias: factura libre y autónoma, abocetamiento, paleta amplia y brillante, luminosidad, captación de la vibración y movilidad del espectáculo.

Fue testigo a través de sus carteles, de los años que enlazan los tiempos de Guerrita con los de Manolete.

Divide el cartel en dos registros: encabezamiento y centro. Incluye ya unas características definidas que serán persistentes en sus diseños durante todos estos años: el encabezamiento que contiene, además la frase “Plaza de Toros de…” en grafía decorativa, alguna escena secundaria con especial predilección por el tema femenino como protagonista de la Fiesta.

Generalmente son majas o manolas ataviadas de forma típica con el mantón de Manila, mantilla de encaje o simplemente con flores en el cabello. Al fondo de estas figuras (que suelen ser de busto o tres cuartos) introduce distintos elementos parlantes que hacen directa alusión, bien a la ciudad donde se celebra el festejo (la Giralda, la Torre del Miquelet, la Puerta de Alcalá) o bien motivos relacionados con el desarrollo de la lidia, como testas de toro y de caballo adornadas con trastos taurinos.

Un recurso muy utilizado por Ruano Llopis es el empleo de secuencias circulares, seguramente como clara alusión a la propia estructura formal del ruedo. Son panderetas, bastidores o tambores portados por figuras femeninas en cuyo interior o parche desarrolla una escena taurina.

Este recurso lo inventó él y posteriormente fue utilizado por muchos otros cartelistas. Todos estos encabezamientos actúan en realidad, como tema introductorio al principal, que es el que se desenvuelve en el centro del cartel, ocupando las tres cuartas partes del mismo.

Por lo que se refiere a la iconografía, Ruano Llopis siempre usa claramente tres temas fundamentales: la mujer –que sigue siendo protagonista en el centro del cartel—, las suertes de lidia y el toro.

Sus carteles recogen a los principales toreros de los años 30: Marcial Lalanda, de violeta y oro en el quite de mariposa; a Villalta de ceniza y oro en sus tafalleras y derechazos. Plasmó con la lealtad de una fotografía la revolera de Cagancho, de morado y oro; la media verónica de Antonio Máquez, de heliotropo y oro, con las vueltas del capote azules.

En su obra está Vicente Barrera, componiendo con serenidad la muleta con la espada frente al toro, vestido de verde botella y oro; Feliz Rodríguez, de grosella y oro dando un pase de pecho; Chicuelo, de verde esmeralda y oro, dando el pase que lleva su nombre; Victoriano de la Serna en el pase de las flores.

De su etapa mexicana, Ruano Llopis dejó geniales carteles con Manolete dando su estatuarios y manoletinas, de grana y oro. Sus apuntes a lápiz editados en 1932 se sienten como una imagen en vivo, por como captó con su lápiz el movimiento, el garbo de cada lance de capa, el aire marchoso de los banderilleros, la solemnidad de los pases de muleta y la grandeza de la suerte suprema, la estocada.

Allí están los toreros de la II República: los comienzos de Pepito Bienvenida, de Alfredo Corrochano, El Estudiante, Jesús Solórzano, y Enrique Torres y de sus ídolos en el recuerdo: Manolo Granero, Manuel García “Maera” y Gitanillo de Triana.

Ruano Llopis va evolucionando progresivamente en su concepción del cartel hacia la escena única, dejando de lado la composición en dos registros, con lo que consigue uniformar definitivamente el género.

La escena única se impone en torno a los años 1929-1932.

En estos carteles elimina ya el encabezamiento, en el que ahora únicamente es protagonista la palabra “Plaza de Toros” en grafía decorativa, y rellena todo el resto con un solo tema. Desde el punto de vista plástico, la obra de Carlos Ruano Llopis se ha relacionado con el movimiento impresionista, quizás motivado por la abusiva identificación que tradicionalmente se hacía de cualquier pintura abocetada con el ismo francés.

Ruano Llopis, como ya dije anteriormente, se debe de considerar como un cartelista heredero del “luminismo” valenciano, aunque adopta los presupuestos de éste de una forma más decidida que muchos de sus antecesores en el género.

Aunque insuficientemente estudiado, Ruano Llopis ha sido el primer cartelista taurino en lo que se refiere a cantidad de carteles y modelos realizados a lo largo de su vida. A él se le debe la fijación definitiva de las características del género, aunque también es posible criticarle la falta de técnica, así como el hecho de que se trata de un artista que practica lo que en la historia del arte contemporáneo se conoce como el “diseño industrial o gráfico” , y por tanto, repetidor de fórmulas, con temas y factura manoseada, que cae en el adocenamiento y en las soluciones de recetario.

A pesar de lo cual, para mal o para bien, los carteles de Ruano Llopis marcarán un esquema, una iconografía, una factura y un colorido que permanecerán prácticamente invariables hasta la actualidad.

En 1993 Daniel Medina de la Serna publicó en México un espléndido libro dedicado a su memoria, a su vida y a su inmenso arte, y así lo tituló: “El arte de Carlos Ruano Llopis”. Una obra que yo mismo recomiendo a quien quiera saber mas sobre la vida de este genial artista alicantino que murió en tierras mexicanas y cuyo concurso como cartelista ha sido fundamental para la concepción actual de los carteles de toros.

Vía: http://rafazubi52.blogspot.mx/2010/01/la-edad-de-oro-del-cartel-taurino.html?m=1

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