
Por: Lumbrera Chico.
Dos periódicos —el deportivo Record y el punitivo El Universal— informaron que el Estadio Azul, contiguo a la Plaza México, será demolido para ceder su espacio a un cine con molito (léase, mall pequeño) y a un gran estacionamiento. La razón de ser de este cambio de uso de suelo (y de subsuelo) es que el Cruz Azul regresará al Estadio Azteca porque don Antonio Cosío, dueño de la cancha, le quiso subir “muchísimo” la renta.
Esta columna divulgó, en su primera entrega (hace ya dos o tres remotas semanas) que al finalizar la temporada 2015-2016 en la Plaza México, el accionista mayoritario de Interjet, Miguel Alemán Magnani, se “peleó” con su socio, el gerente antitaurino por excelencia, Rafael Herrerías Olea, cuando éste, el sepulturero de la fiesta, “humilló” al octogenario y tenebroso don Antonio Cosío, debido a la misma razón: le quiso subir “muchísimo” la renta.
¿Demasiadas coincidencias? Para nada. Faltan muchas más. Alemán Magnani filtró que el puesto de Herrerías recaería en el ganadero taurino, Javier Sordo Madaleno, que sobre todo es el arquitecto favorito de la caquistocracia mexicana: él construyó, para Alemán Magnani, la plaza Antara en Polanco.
Alemán Magnani, por su parte, es asesor de Miguel Ángel Mancera Espinosa en materia de turismo. Mancera Espinosa, por la suya, está apoyando con toda la fuerza de su gobierno, de sus jueces, de sus abogados y de sus empresarios… ¿a quién creen ustedes? Al octogenario y tenebroso don Antonio Cosío, que desde hace veinte años no puede abrir su otro gran negocio: el Frontón México.
La Plaza México, desde febrero, está cerrada. Alemán Magnani despidió al personal de confianza, seguramente se desentendió de los pequeños sindicatos charros que hay en el embudo —taquilleros, torileros, acomodadores, caballerangos, porteros, albañiles, carpinteros, areneros, revendedores y un muy breve etc— y perdió su licencia para dar espectáculos en el pozo de Insurgentes, al violar sus compromisos jurídicos con el gobierno de Mancera (¡no quisiera estar en sus zapatos!)
Aquí hay una trama, como dicen en España. Un plot, como dicen los gringos. Un compló, como dice la RAE expropiadora de francisimos. Don Antonio Cosío, heredero de Moisés Cosío, el magnate que le compró la México y el ahora Estadio Azul, en 1947, a don Neguib Simón, ex secretario particular del gobernador socialista de Yucatán, Felipe Carrillo Puerto, no es el único propietario de la plaza. Miles de personas poseen tarjetas de derecho de apartado por las que, generación tras generación, han desembolsado una fortuna. Hoy esos títulos tienen un precio.
¿Quién está dispuesto a pagar el costo político del despojo?
Publicado en El Polemon.mx



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