Ocho con Ocho: Veinte Años Por Luis Ramón Carazo

Hace 16 años, la salud de Manolo Martínez era deplorable, su hígado era inservible y la esperanza de vida pendiendo de un hilo, era un probable trasplante para paliar la delicada situación. Desafortunadamente Manolo ya no pudo salir adelante, el 16 de agosto en la Joya en California, Estados Unidos, falleció el torero mexicano con mayor poderío fuera y dentro del ruedo por largos años en nuestro país.

La afición mexicana no lo olvida, Manolo es de esos toreros que marcan época y difícilmente escapan a la memoria, todavía en novilladas y corridas de toros se escucha el grito  desde los tendidos recordando en la Plaza México las inolvidables faenas del diestro regiomontano. Con mirada penetrante y una mueca de satisfacción cuando el público capitalino lo veía camino del triunfo.

A muchos no se nos borra de la memoria un quite por chicuelinas, la tarde del mano a mano con Antonio Lomelin en La México, con toros de Xajay el 30 de mayo de 1980, esa tarde, Antonio se impuso en cuanto a trofeos, pues obtuvo su primer rabo de su carrera en el coso capitalino, del toro Luna Roja. Sin embargo el momento mágico, el del recuerdo imperecedero fue cuando Manolo se fue al centro del ruedo para ejecutar su versión del lance inventado por Manuel Jiménez Chicuelo.

Acudimos a la memoria y vemos los vuelos del capote de Manolo, vestido en un terno verde y oro toreando con suavidad, encauzando la embestida del de Xajay, con gran temple y el público en cada olé rayando en el paroxismo. Así fueron muchas tardes inolvidables, por dar una perla, la faena de Amoroso de San Miguel de Mimiahuápam en La México.

Al día siguiente, la prensa desde luego destacó la salida en hombros, del torero nacido en Jalapa pero considerado acapulqueño, sin embargo los lances del regiomontano quedaron para la posteridad. En una entrevista en la que tuve el gusto de participar junto con Julio Téllez a Paco Camino, hace ya algunos años en Toros y Toreros de Canal 11, le pregunté que era su opinaba respecto a que Manolo la tarde tan recordada de Navideño en Querétaro en 1977, había tomado el aire del lance ejecutado por el sevillano y le había dado sello propio, al igual que la manera de interpretar, el cambio de muleta de mano.

Paco con la gracia sevillana que le brota por los poros y con una chispa en la mirada, contestó: “hombre, los buenos toreros nos parecemos, a mi varias de las cosas que hago me decían que les recordaban a Ordoñez, Manolo era un gran torero” De un genio al otro el reconocimiento, al saber que trascender es sólo para los privilegiados.

Manuel Martínez Ancira nació en Monterrey el 10 de enero de 1946, su presentación como novillero es en la plaza de toros la Aurora, el 1 de noviembre de 1964 en dónde alternó con el gran actor Gonzalo Vega hoy en día ganadero de toros de lidia. Desde aquella fecha, muchos presagiaron que en Manolo había materia prima para figura grande, no se equivocaron.

Desde que tomó la alternativa de manos de Lorenzo Garza (QEPD) y de ahí para adelante se convirtió en el eje principal de nuestra fiesta. En él se conjugaban lo pro y los anti, alguna vez le pregunté a Manolo qué opinión le merecían sus anti y me contestó; ”pos al final todos pagan boleto y cuando triunfo, los escuchó y les veo regocijarse con mis faenas”.

Manolo detenta el mayor número de corridas de toros de matador alguno en la historia de la México con 91 corridas y es el de mayor número de rabos como matador de toros, con 10 en su trayectoria que se cerró en una mano a mano con Jorge Gutiérrez el 4 de marzo de 1990.

Su primera despedida fue el 30 de mayo de 1982 con 6 toros, 3 de San Miguel de Mimihuápam de don Alberto Baillères y 3 de San Martín de Marcelino Miaja y Chafic Handam su apoderado por muchos años, al toro de San Martín, toda una época que cerró plaza, Manolo lo lidió con gran parte del público llorando al compás de la emotiva faena, acompasada por las Golondrinas, que bucólicamente interpretó la banda de música.

Regresó en 1987 en Querétaro y reapareció en La México con gran faena el 26 de abril, a un toro de Begoña que no culminó con la suerte suprema, en la tarde en la que concedió la alternativa a Curro Cruz y alternaron ambos con Jorge Gutiérrez.

También siendo ganadero tuvo muchos éxitos en la capital, en corridas de toros, Manolo Mejía hizo faena, indultó al toro Zalamero y recibió el rabo al toro “Desvelado” en el año de 1994 y Jorge Gutiérrez indultó al toro Giraldillo el 27 de marzo de 1996, ahí con vida dio por última vez la vuelta al ruedo en la Plaza México, a su muerte sus restos fueron paseados en hombros al grito de ¡Torero, torero y Manolo y ya!

Lo recordamos hoy y lo recordaran siempre los aficionados taurinos, Manolo y su época representan un período muy extenso del toreo de México, del cual se pueden extraer pasajes para el análisis a favor y en contra, pero hoy no será el día, hoy recordamos al gran torero del cual extrañamos su presencia física.

Como también que desde que se fue y hasta mediados de los noventa del siglo pasado, los toreros mexicanos,  han pasado de sustento a complemento de los carteles en nuestro  país, sirva el recuerdo de Manolo para motivarlos a recuperar el tiempo perdido y el sitio que nunca debieron ceder a los toreros extranjeros.

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