Guadalajara: Accidentada la tarde; pudo acabar sin toreros…

Foto @Pelayogus / Instagram.

Por Francisco Baruqui.

Tarde soleada, azul el cielo y sin brizna de viento que invitaba a toros. Y la gente fue principalmente al tendido sombreado, sin imaginarse el accidentado festejo que presenciaría, que a punto estuvo de quedarse sin toreros.

Astados de Maravillas, con presentación digna, con romana adecuada y comodidad en las cabezas, con condiciones de lidia que les hizo verse maniobrables, yendo justos al castigo en varas en donde se les hizo sangre para descongestionar, y llegar a las muletas metiendo los morros con claridad pero mansurroneando, rascando mucho la arena, reculando, para acometer luego dejándose meter mano. Novillos que dieron interés a lo que delante de ellos consiguieron los toreros.

Arturo de Alba, con cierto rodaje de preparación en tierras ibéricas, dio cuenta de ser un joven que sabe de qué va esto. Con figura, se desenvolvió con la capa haciéndose destacar a lo más quitando por chicuelinas rematadas con revolera que se le ovacionaron.

Con la flámula sabe de distancias y colocación, acusando buenas maneras al hacer el toreo por abajo, con la derecha y al natural con la zurda, aunque en algunos toreando despegadillo llevando a sus novillos con la punta de la zarga, rematando con sendos de pecho, para reiniciar series citando por la espalda y hacer el toreo en redondo, girando, enmendando lo justo y entusiasmando al cónclave.

En ciertas pausas, baja su intensidad al serle trompicada la tela, pero cuenta con condiciones para tirar pa álante, pero asimilando aprendizaje que le permita corregir errores, como el fundamental que cometió al perfilarse a matar al quinto, sin estar fijo, moviendo la cabeza y midiendo al muchacho, que al volcarse por sobre del morrillo, fue prendido por el muslo metiéndose el pitón en la carne espectacularmente, colgando y girando, llevándose una cornada seria y grande, de la que espero y deseo salga pronto.

Las heridas son la parte dolorosa del toreo, pero son los errores que van dando experiencia y madurez para ser corregidos y evitar cometerlos de nuevo. Saludos al tercio fue su premiación.  Habrá que verle en su reaparición.

Román Martínez, un chaval originario de Yahualica y avecindado en Guadalajara, es un auténtico novillero…

Valor, actitud, entrega, deseos, entusiasmo, y con la cualidad grande de conectar con facilidad con la afición. Hizo de todo, desde recibir a porta gayola de hinojos con la capichuela a la espalda, como lancear a la verónica, quitar evocando a Pepe Ortiz, el inolvidable Orfebre tapatío, para coger garapullos cortos y aunque clavando desigual y algunos con la bisutería que son los pares a una mano “al violín” que tanto entusiasman al villamelonaje, —el mérito de cuartear o clavar al quiebro con un palo en cada mano—, como mandan los cánones es el que realmente tiene el mérito en el tercio de banderillas.

Con la muleta, sale a darlo todo, clava las zapatillas, maneja con soltura sus muñecas y se queda en el sitio para ligar. Su toreo por abajo con ayudados y naturales le valieron el batir de las palmas. No se salvó de llevarse una voltereta al torear por manoletinas recibiendo un palizón, para luego de cobrar entera, dar una merecida vuelta al ruedo.

Con el segundo que mató, estuvo en similar tenor llegándole, insisto, mucho al tendido, mirándose variado y con entrega, mucha entrega al momento de la estocada, pasándose en el embroque y haciendo la cruz sepultando el acero en lo alto para ganarse una merecida oreja que le erigió como triunfador de la tarde.

En el sexto, un morito que traía lo suyo, le puso en aprietos dejando ver su lógica novatez sufriendo hasta cuatro desarmes, desdibujándose y mostrando que hay mucho que aprender en un camino largo, muy largo qué recorrer.  Estocadas pellejeras pero saliendo por propio pie.

Lo que no pudo hacer un joven de muy buena planta enfundado en principesco terno azul añil bien recamado de oro, Alejandro Fernández al que tenía gran interés por ver dados los comentarios muy positivos que había escuchado, y a sabiendas de haber estado aprendiendo mucho en España, donde como me decía el inolvidable maestro y amigo Don Fermín Espinosa “Armillita”, está la universidad y a la que se debe de ir.

Desde la forma como cogió el capote, vi que en Alejandro hay torería, así plasmó dos lances templando y bajando las manos, pero en el tercero, fue volteado de campana cayendo de muy fea forma y lesionándose la clavícula, siendo llevado a la enfermería para no poder salir.  Ojalá que pronto se recupere y lo veamos colgado en otro cartel y con la suerte de una actuación que permita apreciar su valía en esta tan bella como única y peligrosa profesión.

Publicado en El Informador.

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