Esperanza y Oro de Miguel Aguilar – Ópera Prima, Autocomplacencia Capitalina.

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Trincherazo soberbio y rotundo, el pase contrario y por bajo de Miguel Aguilar en su debut en la Plaza México. FOTO: Ángel Bernal.

La nueva era de La México inicia con sobradas omisiones: formales, de estructura y fondo, entre otras. Ausente un mayor y crítico taurinismo, la Monumental va a la autocomplacencia con una Empresa que deja las cosas sueltas, principalmente lo taurino. El mérito en lo absoluto es de los actuantes que, pese a lluvia, mansedumbre e inexperiencia, rescatan el festejo, primordialmente, el hidrocálido Miguel Aguilar quien trae el siempre necesario orden torero que casi abandona a este extraño festejo o, más bien, a este raro y lluvioso experimento.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA. Plaza México. FOTO: Ángel Bernal.

Sucede al llegar que La México tiene otra cara.

Pero no la luminosa aquella de Mayo de 1989. La de la Reinauguración que abrió una época cerrada este año en el Aniversario LXX. Al contrario, resulta una cara más sombría y opaca, empezando por las taquillas, prosiguiendo por la arena de la Plaza, la pintura del callejón, la remoción de los techos de las contrabarreras, el Reloj…

E, inexplicablemente, su propia tipografía.

El óvalo rojo y la letra cursiva con la inscripción “Plaza México” no forman parte de esta nueva época. Afortunadamente, son, esperemos san siempre, parte de la Monumental y su historia. No olvidemos, en esto la forma es fondo, el toreo grandeza y el rigor, contrapunto del derroche o de ese “apoyo” y “unión” que “por el bien común” urge la Empresa con lógico eco en el servilismo de la taurinería militante.

Eso no va a cambiar, claro.

Esto es autocomplacencia. Y no traguemos tal muletazo, solo sospechemos que por ahorro hoy no parten Plaza los picadores y los novillos son más chicos. La Plaza México no está para experimentar ni recibir un cartel formado por el azar, tan fundamental durante el acto de la corrida pero accesorio al conformar la misma.

Por eso, casi todo el mérito de la confección del cartel se lo debemos a la suerte.

Y menos mal es sin caballos, dando oportunidad al encierro de Los García de tener esa disculpa, pues los lidiados en segundo y cuarto lugar pasan apenas, incluso en este tipo de festejos. En antaño no se habrían lidiado. Igualmente, gracias al azar, tenemos la mala suerte de ver dos toreros españoles que apenas y a aspirantes llegan, Calerito y Francisco de Manuel.

Ambos malamente lancean con la pierna de recibo atrás. El primero, pese a una verónica buena, con poco temple y despaciosidad en la muleta ante un novillo débil al que baja demás la mano y derrumba, que requiere el alivio que el propio novillero se otorga al perder pasos y apenas ligar muletazos en insípido debut. Y el segundo, un torero alto que no para nunca, siempre sobre pies en plena lluvia, banderillea pasado y muletea echando para afuera, mucho más acostumbrado al becerro que al novillo.

Mata fatal y con justicia se le recrimina.

Dos avisos y el tercero perdonado por esa magnánima “autoridad” de Jorge Ramos, en nueva y bondadosa complacencia. Eso sí que tampoco cambia. Como Jesús Morales, feliz aguardando en el Callejón su esperado debut en este año. Ya viene.

Entonces, toca el turno de los dos novilleros mexicanos, Llaguno y Aguilar, a la postre, cosas de la nueva ola, los acreedores a lidiar el cuarto y quinto turno.

Y lo hacen en dos posiciones contrapuestas.

Llaguno no es ningún novato.

Ha participado en todas las becerradas y certámenes de escuelas taurinas que podamos imaginar solo que ya este año en Aguascalientes habíamos notado su tendencia al golpe de efecto.

Que intenta replicar ante su primero, desde el arabesco de recibo, el quite a la trágala y en banderillas mucho más pendiente del tendido que de su enemigo, desigual y muy pasado el violín. En un festejo sin picadores banderillear bien es más que fundamental, poder con el novillo no solo al clavar sino durante todo el tercio lo es todo.

Juan Pedro, deja las cosas solo en efectismo y el novillo queda suelto.

Dado el cabeceo y falta de raza del astado, Llaguno trata de estar templado pero se atropella hasta perder la muleta y, salvo, algún momento suelto, un natural cuando comienza la lluvia no termina de solventar, molinetes mal dados y rebuscados le hacen ver vulgar, mata mal y algunas palmas llegan.

Sin embargo en ese segundo, la capa de Miguel Aguilar hace su aparición y, si Llaguno se ve eléctrico con la chicuelina, Aguilar se muestra con ritmo y sello en la navarra. Tras ese episodio, el novillo berrea y rebrinca con los palos, el torero entonces aplica atinadamente los doblones donde luce y se hace del novillo, quita un tanto el cabeceo e impone su dictado en un trincherazo de buen trazo y ritmo que logra, aun berreando, que el novillo apacigüe un momento su huida.

Y que Aguilar calme su ansia.

Sentir que se puede al toro reafirma el valor y, por ello, pese al desarme dada la falta de oficio y el exceso de confianza, Aguilar promete al torear largo y hacer sentir su buena planta con la zurda donde paciente espera la arrancada del novillo que lleva largo. A pesar de que viene a menos y las tandas son breves con la derecha, salvo el feo gesto de descalzarse, la oreja llega por el estoconazo entero, aunque contrario, vislumbrando que, aunque verdes terno y oficio del torero, el esperanza de su tono, puede traer la maestría y la solvencia.

Y, después, quizá, ojalá, la gloria y el oro.

Llaguno se pica tras la oreja de Aguilar y, con la ambición y afición que le caracterizan, se encuentra a un novillo de mucha nobleza y mucho son, de regodeo y paladeo en su embestida. Innecesario invitar al cuarto espada, lo único que produce es el cínico espectáculo de Diego Martínez que corre como desesperado a no poner el par excusándose que el espada en turno banderillea.

Pero lo importante es que el novillo, pastueño y de entregada embestida, hace que Llaguno se temple, desde los doblones que remata con firmazo frente a Cuadrillas, como en los primeros derechazos, muy sentidos. Incluso al natural donde gira para ligar y dejar la muleta puesta en varias ocasiones, coreado y alentado por el público. Pena grande es que, sabrá Dios quién le aconseja, tire por dos infames derechazos que traen desarme y derrumbe de la faena.

Como el novillo se aburre de no tener la muleta puesta escurre, que no ha sido tan bravo como se cree, pero la coba brota y trae un Arrastre Lento tan discutible como la discutida bravura de un novillo que, como el mismo novillero, empieza bien y no acaba a tal altura. Todo se diluye en el pinchazo.

Pero quien, aun sin tocar pelo, reafirma su condición es Aguilar con menos nervios en el sexto, con más soltura y con un novillo que en nuestro criterio, pese a su protesta y cabeceo, brinda mayor emoción. Este es el novillo ejemplar para este tipo de festejos en esta Plaza.

Que no se les olvide, a pesar de todo, es la Plaza México y su jerarquía.

Y mayormente pueda haber jerarquía en el toreo de Miguel Aguilar, de nuevo al quite con mucha quietud, el inicio muleteril por bajo, otro trincherazo superior y cuya gráfica ilustra esta crónica. Su rudimento es muy tierno, como la raíz recién plantada pero echa la muleta con gusto, siempre puesta y dispuesta a ligar, procura torear largo e, inicialmente, con la mano baja, somete al novillo que se va muy largo.

Intercala nuevo trincherazo de asombro y el olé es pleno.

Lástima, se explica la bisoñez, no haya logrado alternar los lados correctamente en las tandas o utilizar la media altura al natural que habría evitado el enganchón o el desarme. O también el calar al novillo.

Lo importante hecho está.

Como la suerte dicto, pensemos que fue la suerte, que el que triunfa no repita sino hasta tiempo después, no podremos ver a Llaguno y Aguilar, más a este último, pronto.

No, esas épocas de la Plaza México están olvidadas.

Hasta ahora.

Solo confiemos que no sea para siempre, ni la forma ni la estructura de este raro caso que solo resuelve la buena hechura de la eterna, aunque algunos lo duden, ansia torera.

Toca exigir que pronto, el orden taurino y la jerarquía, se impongan. Tal como ocurre, al imponerse la tradición, y volver a la usanza charra y española en los alguaciles.

Que esperemos siga.

Como está en los escritos.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada de Novilladas 2016. Domingo, Septiembre 11. Primer festejo de Temporada. Novillada sin picadores. Menos de un cuarto de plaza en tarde nublada y ventosa, con lluvia a partir del segundo. Público variopinto y distraído principalmente durante la lidia del sexto dada un conato de bronca en el primer tendido de Sol cerca de la alambrada por el lado de Toriles.

6 Novillos, 6 de Los García (Divisa Verde, Amarillo y Morado) vario pinta y dispareja de presencia. Muy chicos los lidiados en primero y cuarto lugares. Débil el primero. Segundo y Cuarto duraron poco, además de mansos. El tercero dio opciones no obstante no sacó su raza en la última parte de su lidia. El quinto, número 305 nombrado “Ganador” con 378 kgs. fue generosamente homenajeado en el Arrastre Lento no obstante un gran inicio en la muleta acabó aburrido y doblando en el toril. Pese a su protesta y constante cabeceo emocionante ha sido el sexto, el mejor hecho y más rematado de todos, con viajes largos en la muleta y a más, ovacionado en el arrastre. 

Juan García “Calerito” (Corinto y Oro) Silencio. Juan Pedro Llaguno (Rosa y Oro) Leves palmas y Saludos tras Aviso.  Miguel Aguilar (Esperanza y Oro) Oreja y Saludos tras aviso. Francisco de Manuel (Azul Rey y Oro) Pitos tras Dos Avisos.

Todos los espadas, nuevos en esta Plaza.

El segundo y tercer espada fueron designados como triunfadores por lo que mataron los lidiados en quinto y sexto lugar. 

Fatal, de nuevo, Diego Martínez que hace del tercio de banderillas del quinto un relajo con tal de no poner el par, pasando en falso descaradamente sin que la Autoridad haga algo.

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