Guadalajara – Vergeleños para triunfos: tres noveles con futuro…

Foto: Twitter Nuevo Progreso.

De los Toros con Verdad Por  Francisco Baruqui.

Cuando se disfruta de lidias en las que se conjuntan el buen estilo, la nobleza, el son y, atención, LA FIJEZA, empujando en el castigo con enjundia y poder, la manifestación que da la bravura en la buena casta, permite que el criador sienta la satisfacción por sus ejemplares.

Así debe sentirse el ganadero de El Vergel, con el juego que sus novillos dieron en una plaza de primera categoría como lo es la de Guadalajara, cuando del sexteto corrido, cinco debieron de irse al desolladero sin orejas, destacando por sobre de todos, el extraordinario cuarto que mereció los honores muy bien ganados de la vuelta al ruedo.

Terciados de presencia, cómodos de cabezas y muy justos de romana, los astados fueron, a no dudar, para triunfos grandes, empero, las fallas con los aceros hicieron que sólo dos, segundo y tercero, se fueran sin un apéndice, lo que no refleja, ni con poco, las soberbias condiciones que ofrecieron a los novilleros para éxitos que les podrían proyectar, máxime cuando, insisto y repito, sus actuaciones fueron en el coso tapatío.

Mi enhorabuena al propietario del hierro y divisa vergeleña, quien tuvo todos los merecimientos para haber salido a dar la vuelta al redondel por el superior juego de sus pupilos, y que incomprensiblemente, no lo hizo aún con la petición por parte de la afición.

Tres noveles, pues, encontrándose con auténticos colaboradores, —vaya manera de meter los morros, de seguir los engaños, de repetir con recorrido, mucho desplazamiento, embistiendo como de carretilla—, que poniendo todo de sí, brindaron una tarde lucida y esperanzadora.

Gerardo Rivera, con mayor rodaje, incluyendo tierras ibéricas, deja constancia de torería y gusto, de conocimientos y recursos que van, desde ponerse en el sitio, hasta saber ligar, tanto de capa como de muleta, siendo ovacionado toda la tarde.

Lancea a la verónica cargando la suerte, y quita alternando chicuelinas con tafalleras, rematando con revoleras y recorte que se le aplaudieron, para con la flámula, expresando sus buenas maneras y, fundamental, sintiéndose mucho, plantear sus faenas con buen trazo haciendo el toreo derechista preferentemente, pero sabiendo manejar la izquierda, midiendo sus series, embraguetándose, clavando los riñones y jugando las muñecas para lucir en ayudados por abajo y al natural con la zurda, cerrando con bernardinas que se le jalearon. Así en sus dos, llevándose el premio gordo del cuarto, al que lamentablemente no estoqueó con eficacia fallando con la corta de descabellar y escuchando dos avisos del palco, cuando alargó su labor por la leve petición de indulto, que atinadamente no escuchó la autoridad, quedando en vueltas para ejemplar y torero que se habría ganado las dos orejas de haber matado bien.

Estupenda actuación, aún habiendo perdido los trofeos, que motiva para verle de nuevo. En Rivera hay torero con mucho porvenir.

El aquicalitense José María Hermosillo, salió entusiasta y bullidor, con la entrega y el ánimo que los novilleros deben tener. Variado con el percal, dibujó la verónica mirándose variado en quites al instrumentar tafalleras y saltilleras rematando con revoleras que se le ovacionaron.

Con la zarga, imprime largueza a su toreo un tanto cuanto despatarrado y ejerciendo buen temple, pero con el defecto notorio de torear con la punta del engaño, resultándole los pases despegadillos, dejando sobrado espacio entre el muchacho y la tela. Tiene ritmo y remata con soltura en pases más de costadillo, —casi no vacía a la hombrera contraria—, que de pecho.

Al intentar la dosantlna fue prendido llevándose la voltereta sin cosa mayor que el susto, despenando de entera que bastó para ganarse una oreja.

Con el quinto, otro de El Vergel para haber triunfado, estuvo con sobrada voluntad pero con menor intensidad en una labor larga, ante un novillo que respondía entre gritos de ¡toro! y con el que terminó de entera para ovación. A corregir lo despegado, que valor y empeño lo tiene.

Como empeño y valor, a más de una buena escuela que manifiesta en sus procedimientos, es la expresión del novel hispano Miguel Ángel Pacheco, joven con buena planta, empaque y muy bien vestido en terno sangre de toro y oro, que dibujó la verónica con cadencia, bajando las manos y abriendo el compás y rematando con revolera para escuchar palmas. Espectacular tumbo al piquero cayéndole la montura encima saliendo maltrecho, —deseo y espero que sin lesión mayor que la paliza—, para con la muleta…

Con la muleta acusa el español elegancia en su corte, valor y colocación para, poniéndose en el sitio, hilvanar series de toreo por abajo por los dos lados y con ambas manos, en las que la ligazón y el temple, quebrando la cintura y girando lo justo, rematar con sendos pases de pecho. Ha gustado al público que no le regateó ovaciones y supo premiarle con la oreja del tercero tras de cobrar estocada entera en sitio que bastó.

Con el sexto, el menos propicio del encierro, dejó ver que se trata de lo que es, un novillero, desdibujándose un poco tras de ser prendido peligrosamente, dando la impresión de que llevaba el cate, sacando por fortuna, solo el sofocón, cometiendo el error de no rodar por sobre de la arena y levantándose en la cara misma del astado, salvándose providencialmente de ser cogido de nuevo. Breve con la espada, muy buena tarjeta de presentación deja Miguel Ángel, con méritos para más delante verse encartelado de nueva vez.

La entrada en el mismo tono de tardes anteriores, sin salvarnos del chubasco propiciado por angelitos tomando diuréticos…

Fuente: El Informador

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