TAUROMAQUIA: Otra vez la burra al trigo o ¿los politicastros a la carga? 

Diputados del Partido Verde.

Por Alcalino.

O los politicastros a la carga. O a la cargada. Está de moda, al socaire de la horrorizada condena de todo “maltrato” animal, insultar a toreros, taurinos y taurófilos, y denostar al toreo como pervertidor de menores, destructor de conciencias, vergüenza de la humanidad. Sólo que la tal cruzada –que ya conoció, el lunes 19, una primera sesión pública en el Congreso de la Unión, la encabeza un partido político, presuntamente ecologista, que no ha mucho solicitaba la legalización de la pena de muerte –para los seres humanos, claro–, mientras sus corruptas dirigencias hacen la vista gorda ante la multiplicación criminal de la minería a cielo abierto, la destrucción de manglares, arrecifes coralíferos y diversos ecosistemas en peligro de ser arrasados por el “progreso” y la “modernidad” que pregonan, al tiempo que aplauden el otorgamiento de preseas y reconocimientos como estadista del año y gran defensor del medio ambiente a su verdadero jefe, el presidente de esta sufrida república nuestra, la cual, a las afrentas recientes y penurias permanentes, agrega ahora la reanudación, con ímpetu renovado, del ataque a ese preciado bien del patrimonio cultural de México que es la tauromaquia.

Reparos. No se me oculta la dificultad de defender un fenómeno social y cultural tan entrañable mientras se dedican a atentar de manera sistemática contra el mismo los propios taurinos, que suelen ser los primeros en saltarse a la torera reglamentos y preceptivas en complicidad con autoridades desaprensivas y omisas. Una defensa honesta de la corrida de toros debe incluir, por supuesto, la vuelta irrestricta del equilibrio de fuerzas que está en la base artística y moral de la lidia –equilibrio no equivale a igualdad, inviable entre dos adversarios tan disímbolos como son toro y torero–. Sin esa equidad indispensable no hay defensa que valga. Y si tal anomalía no se resuelve, cobra pleno sentido la afirmación, nada novedosa, de que el principal enemigo de la fiesta lo tenemos dentro, entre la gente del toro, y no fuera, en el abolicionismo falaz y feroz.

No obstante lo anterior, a nuestra lucha de siempre por la presencia, la esencia y la potencia del toro íntegro nos vemos obligados a añadir, lo reitero, una oposición vigorosa, inteligente y bien documentada a la oleada directamente antitaurina, reflejada en el documento que dicha Comisión ad hoc, liderada por diputados del Partido Verde (pseudo) Ecologista, acaba de someter a la consideración de la Cámara baja. Su texto, sesgado y farragoso, mediante argumentos tan mendaces como recurrentes –no en balde andaban por ahí representantes de la fundación Max Weber, con intereses en la producción de comida y aditamentos para mascotas–, solicita la supresión de las corridas de toros en la capital del país, arguyendo que no es posible que no exista en México ningún municipio que se haya declarado explícitamente antitaurino (otra falacia), ni es concebible un “deporte” –como según el texto de marras llamaríamos nosotros a la Fiesta– basado en una lucha esencialmente desigual, en el cual una cuadrilla de sádicos se dedica a torturar a un animal indefenso hasta causarle la muerte. Así, entre lugares comunes y embustes impropios de la seriedad que se le supone a la primera tribuna del país, discurre el escrito de referencia. Nada nuevo en realidad, simple repetición del consabido credo abolicionista, aunque esta vez con la pretensión de persuadir a los diputados de la conveniencia de suprimir las corridas de toros. O, si pensásemos en términos de oportunismo político, de influir en el grupo de políticos que discute el clausulado de la constitución de la Ciudad de México que ahora mismo se está cocinando.

Desde luego, la razón ética y legal –que abarca preferencias estéticas y libertad para elegir, pero también la conservación de la familia toro de lidia y su ecosistema vital–, nos asiste a quienes amamos la Fiesta porque encontramos en ella una escuela de vida y una alta manifestación artística. Pero habrá que repensar y organizar debidamente su defensa ante la intolerancia y las sibilinas intenciones de los que medran con nuestros impuestos, a sabiendas del apoyo que encuentra cualquier propuesta de abolición y censura en las dichosas redes sociales. Y por descontado en los medios, que están cubriendo de la manera más sesgada y desinformada posible las sesiones antitaurinas del Congreso, que no han hecho más que empezar y, por lo pronto, les garantizan a gobierno y partidos un distractor a modo con qué disimular su insolvencia moral y su incompetencia política.

Qué diferencia. En Francia, el taurinismo en pleno se alista para librar la misma batalla, pero con armas y bajo circunstancias muy diferentes. Como se sabe, el Senado de la V República desconoció hace poco a la tauromaquia como patrimonio cultural inmaterial de aquella nación. Esto no significa declarar antitaurina a Francia, simplemente que la Fiesta deja de gozar allá de la protección oficial y pasa a ser un espectáculo más. Pero, naturalmente, la pensante afición gala no se iba a quedar de brazos cruzados. Y un grupo de políticos de la región sur, que abarcan todo el espectro ideológico –desde el alcalde de Arles, perteneciente al Partido Comunista, al de Béziers, del Frente Nacional– están convocando a un coloquio en el Senado para el día 4 del inminente mes de octubre, con la participación de intelectuales de fuste y representantes del mundo rural. El evento será presentado y presidido por el propio presidente del Senado, Gerárd Larcher.

Por lo pronto, nada tiene que ver su convocatoria con el texto interminable y falaz que la comisión encabezada por el Partido Verde Ecologista de México hizo circular entre nuestros diputados: el francés ocupa apenas dos cuartillas, bajo el título El hombre y los animales ¿Hacia un conflicto de civilizaciones? Y, en seguida, la nómina de ponentes, que van a desplegar ante los senadores un argumentario muy bien estructurado. Veamos.

Sobre “El animal con respecto a la ética y el derecho” disertarán:
André Viard, presidente de l’Observatorie National des Cultures Taurines (jurista, autor, editor y matador de toros), su ponencia: El origen del conflicto; Jean–Pierre Digard (etnólogo y antropólogo, director emérito en el CNRS, especialista de la domesticación de animales y miembro de la Academia de la Agricultura), hablará de Los animales en el código civil, entre muebles y personas; Francis Wolff (filósofo, profesor emérito de la Escuela Normal Superior de la rue d’Ulm): El animal no existe ¿Qué consecuencias para los hombres?; Reynald Ottenhof (jurista, profesor emérito de la Universidad de Nantes): El derecho de las minorías culturales en el marco europeo; Bernard Traimond (profesor emérito de antropología de la Universidad Víctor Segalen Bordeaux 2, y miembro corresponsal de la Real Academia de Ciencias Políticas y Morales de Madrid): La cultura de las relaciones con los animales en las Landas: las alondras y las vacas.

Los encargados de tratar asuntos relacionados con el tema “Animales, ruralidad y tradiciones culturales” serán: Fréderic Saumade (profesor de antropologóa social en la Universidad de Provence, miembro del Instituto de etnología mediterránea, europea y comparativa (IDEMEC) de Aix–en–Provence): Del biòu camargués al bucking bull americano, o identificación recíproca entre el hombre y el animal en las ganaderías para los juegos de plazas; Etienne Gangneron (vicepresidente de la Federación nacional de los Sindicatos de Explotaciones Agrícolas y criador de bovinos de carne biológica en le Cher): Evolución de las relaciones Hombre–animales: los criadores comprometidos; Henri Sabarot (presidente de la Federación departamental de los cazadores de Gironde; presidente del Consejo de Administración de la Agencia de la Caza y la Fauna Salvaje, vicepresidente de la Région Grande Aquitaine): la cultura de la caza y la ruralidad; Francois Zumbiehl, Exconsejero cultural de la Embajada de Francia en Madrid. Ex director cultural de la Unión latina (agregado de letras clásicas, doctor en antropología cultural, autor literario): El torero y el toro: el amor por el adversario; Joël Pon (Psiquiatra, autor): la instrumentalización de los menores en la ideología animalista, y el papel formativo de la violencia canalizada en los Cuentos y en la vida.

Finalmente se abordará el tema “Vida y muerte ética de los animales en las sociedades modernas” por representantes de los sectores de la crianza, de la industria alimenticia, de la caza, pesca, de los circos, de los espectáculos y culturas taurinas, los cuales aportarán testimonios sobre la ética realmente prevaleciente en su relación con los animales.

Las Conclusiones estarán a cargo del senador de las Landas Jean–Louis Carrére.
Y como broche, un toque de humor francés: para el convivio final se anuncia un buffet no vegano. Las inscripciones al coloquio –ojo, interesados– se cierran el 30 de septiembre.

Fuente: La Jornada

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