La Emoción y el Rigor – Vuelve Medina Ibarra a Contraluz y en Silencio.

Así embiste
Así embiste “Enrique” de Medina Ibarra a la muleta de Román Martínez al que desbordó en La México.

Mil veces preferimos la dificultad o la complejidad de un encierro como el de hoy en La México que aburrirnos con la sosería expresa, la mansedumbre total y casi borreguna de… todas y cada una de esas ganaderías que han echado la emoción fuera de la Plaza. Sin ser el de mejor juego, el encierro de la familia Medina Ibarra trae dos novillos imponen la dureza de la bravura y el regodeo de la nobleza imponiéndose al breve oficio de los toreros mexicanos mientras Pablo Mora es el único en salir de pie ante una novillada donde los cornúpetas salen a imponer su siempre rigurosa ley incluso mandando a la enfermería a la terna.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Se examina Carlos Domínguez III. Hijo y nieto de picadores.

Y vaya si esto tiene un efecto en la lidia.

Claro, porque los picadores, decía Don Dificultades, no están en la plaza para dar caricias, al contrario. Tal, como los toros no están sino para dar cornadas o para tumbar al montado, tal como ocurre con el examinado. El primero de la tarde, negro, sumamente fuerte y bien hecho, no sale a vacilar, el toro bravo así debe salir, a no dejarse, a que le puedan. Dejémonos ya de cuentos, de vaciladas y perogrulladas como “toreabilidad” o cuentos como “prestarse”

O inventos como la “calidad en la embestidas”. Fuera bagatelas.

No estamos buscando “algo de fierro viejo que vendan”, sino emociones. Sin gritos, solo con el silencio más torero.

La más sincera de todas, la del toro bravo.

La mala suerte del festejo es que los dos toros con posibilidades caen en malas manos, si a los toreros debemos juzgarlos en función de lo que tienen enfrente, contrario sensu, diremos que los dos primeros se enfrentan a los menos capaces y preparados de la terna. Porque de otro modo, el mexiquense De Ávila, tan andante como sus ayudantes en el callejón, no habría tenido que dar los tableros a “Nechín” como alivio sino habría echado para adelante con los lances naturales.

Recorte al paso y entrando en la suerte de varas el ibarreño hace de las suyas al tumbar al aspirante que le pica mal, a medio lomo, al primer intento y caído después. Entonces, la conserjería novilleril, por sus pistolas, ordena cambiar la posición de los montados y el novillero, complace. Necesita picar más al bravo que, claro está, con esto, se crece. Tres puyazos, ni un solo quite.

Y las de Caín. A sufrir.

Porque en banderillas, metiendo la cara con fuerza abajo a la brega y embistiendo arriba al no templarle con los palos, hace ver su suerte a las infanterías que huyendo y a como pueden dejan los palos, cómo padece el experimentado Fernando García Araujo y cómo abusa Gabriel Luna, una vez más, con el capote fatal. El desorden se acrecienta porque el intento de sometimiento de Héctor de Ávila por bajo es infructuoso. Tras los doblones, le gana la partida el novillo al que, incapaz de sujetar, ya no digamos someter, le exhibe.

Al echar para afuera desde el cite el novillero queda descolocado, enganchado y a merced. El novillo agarra aire, sumemos el viento y la lluvia, además de los nulos recursos y el cuadro del desastre se completa, De Ávila ni aliñando atina, el miedo hace de las suyas hasta matar malamente en doble intento.

Pero no para ahí la cosa.

El segundo tiene la también la mala suerte de tocar al igualmente menos preparado Román Martínez, debutante jalisciense. Que tiene valor, inventiva, pero nula técnica ni preparación. Sale de efectista y el novillo cual centella deshace el numerito. Luego horripilantes los intentos de chicuelinas, mantazos más dados y la rebolera fea como la que más. Una pena reducir a esto el toreo con un novillo que mete la cara abajo a los banderilleros.

Esto es el prólogo del momento de la tarde.

El puyazo de Carlos Domínguez III es indudablemente digno de alabar, el aguante, la rectitud de la vara, el compromiso de la reunión y además la izquierda que en todo momento busca que la jaca mantenga la posición de privilegio. Y el efecto en el novillo que se encela que aprieta desde detrás y hasta levanta el rabo al meter la cara bajo el estribo. Este es un momento de suprema torería de la máxima emoción que surge del rigor. Porque en los toros no hay derroche sin rigor.

Ese castigo, tan temido por muchos, no lo es por el toro bravo al que el picador le deja a tono. Este lustroso, largo, reunido, acucharado de cuerna, negro como la noche de blancos pitones, embiste al capote de Román en tres estáticas gaoneras, lo mejor de su actuación abrochadas con una rebolera que enciende La México.

Sería todo.

Román impulsado por unos cuantos porristas jaliscienses, no supone que el novillo, que arranca de largo al quite y que humilla de lo linda, requiere la buena brega, la que agrande y oriente su juego abajo, no la falta de sujeción que promueve el debutante desde salida. El segundo tercio es terrible por lo improvisado y mal hecho, lo efectista antes que lo efectivo y acentúa en el novillo, al recortarle tanto, al tocarlos lados horriblemente, al pasar en falso, un cambio al otro lado de su condición inicialmente brava: brinca las tablas una vez ya picado y banderilleado.

En muestra de mansedumbre, incluso le pega un reparo a la salida del último par.

No lo disculpemos.

Lo que sí decimos es que, tras brincar por el burladero de la Porra, otra vez el astado recobra a partir de la casta, la posibilidad de atacar y arremete al cite en los medios en el cambiado. Tantos medios, tanta falta de sometimiento hacen que el novillo no termine por encontrar un enemigo digno de sí, prueba que al primer intento de derechazo viene el desarme.

Y así vendría el resto de la corrida, entre los gritos distractores, incluso canticos, la falta de quietud y mando, ningún derechazo completo y apenas una tanda de tres naturales, mezclados con desarmes y volteretas ante un novillo que humilla incluso antes de tomar el engaño, hasta llegar a la cornada al entrar a matar en la parte posterior del muslo derecho. Se apuntilla indebidamente al novillo, no cae de la estocada.

La gente ni así se calla.

Al contrario. Piden la oreja y Jesús Morales pega un nuevo moralazo, otro, al soltarla.

Y luego el Ganadero, se cuelga de la coba y sale a la vuelta, media, porque entre que el herido ya no puede y que el novillo ha manseado se regresa a las calladas por el callejón.

Nos preguntamos qué habría sido si este novillo cae en manos de Pablo Mora.

No juzguemos la historia, nos habría gustado ver esa forma de mecer el capote jugando brazos y cintura, ese remate de rebolera invertida cambiándose de mano pero con el novillo que embiste. Mora se quita al manso y soso tercero no sin antes pegar los mejores naturales de la función a un astado que no vale nada.

Para bien de nosotros y mala suerte del encierro.

Luego la hecatombe, la contraluz.

Al no salir Martínez ya, De Ávila mata dos.

A ninguno vuelve a poder con el capote. El cuarto es manso pero el quinto, al que Ángel Martínez hijo coloca un gran par para cerrar tercio, tiene posibilidad al crecerse en banderillas pero es tan mala su colocación que al pegar con el ayudado en la muleta para el de pecho con la izquierda es volteado y noqueado. Mora se quita de encima a ese quinto que pudo embestir y cae en la necedad de pegarle al sexto tres faroles seguidos.

Un torero como este de rodillas nada debe de hacer, resulta vapuleado.

A punto de cancelarse el festejo, una espera de casi quince minutos somete a la asistencia a la prueba de refrigeración con la necedad de empezar a las cinco, en horario de invierno y con una Plaza pobremente iluminada.

Pero para el frío, para la sombra, para la falta de torería quedan los toros y su bravura.

Su emoción y rigor, ese que no conoce de cobas o componendas.

Esa bravura que es capaz de acallar gritones chambones de sol y hacer perder el nervio en las barreras de sombra.

La que rigurosamente pone las cosas en el sitio con la bravura y con el silencio.

Para bien nuestro hoy la hemos oido.

Twitter: @CaballoNegroII. 

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada de Novilladas 2016. Domingo, Octubre 30. Octavo festejo de Temporada Chica. Tercera novillada con picadores. Menos de un cuarto de plaza en tarde fría con lluvia al inicio del festejo y viento molesto en diversos pasajes de la lida.

6 Novillos, 6 Medina Ibarra (Divisa Rojo y Vino) Desigual de presentación, bien rematados y comidos los lidiados en primer y segundo lugares a la postre ovacionados en el arrastre, con bravura el primero y, aunque manso al grado de saltar la barrera tras banderillas, con fondo de casta el segundo que tuvo un gran pitón izquierdo. Tercero y cuarto, mansos y deslucidos, pese a sus complicaciones, el quinta muestra posibilidades al inicio de su lidia y sin emplearse el sexto mismo que al emplazarse termina condicionada su lidia. 

El ganadero Arq. Jorge Medina Rodríguez dio una exagerada e improcedente media vuelta al ruedo con el novillero a la muerte del segundo.

Héctor de Ávila (Menta y Azabache) División, Silencio tras Aviso y Palmas al retirarse a la Enfermería. Román Martínez (Grana y Oro) Oreja protestada en el único que mató.  Pablo Mora (Celeste y Oro) Palmas y Ovación tras Aviso.

Larga cambiada de Román Martínez al novillo de su debut.
Larga cambiada de Román Martínez al novillo de su debut.
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Un comentario en “La Emoción y el Rigor – Vuelve Medina Ibarra a Contraluz y en Silencio.”

  1. Pura realidad lo que bien señala el autor del artículo en cita de que la bravura primigenia del bovino de lidia, pone a cada quién en su lugar ésa cualidad natural que es la bravura, para desgracia y lección muy cara, para los novilleros del domingo pasado, sé demostró que no saben lo que es torear novillos bravos ya que la gran mayoría de las ganaderías por no decir todas, en las últimas décadas, han disminuído miserablemente la bravura que imperaba en el campo bravo mexicano.

    Es por ello que todos los novilleros con sus contadas excepciones, están acostumbrados a disque lidiar a puros “novillos” sumisos y carentes de bravura y fuerza y de ahí; que ellos y quienes los administran, se dan “coba sólos” por las monerías que les hacen a los erales que torean en las distintas plazas y, cuando les llegan a salir encierros como el del domingo pasado pues, a sifrir lo indeseable.

    Y del juescesillo ése de marras que presidió el domingo ni mencionar.

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