Morante: “Jesucristo fue el mejor torero”

Por Carlos Navarro Antolín.

Llegó con una cuadrilla muy particular en esta ocasión, regaló un traje para la Virgen de la Caridad, encandiló a los costaleros con una charla entrañable y anunció que se hará cargo de la restauración del altar de San José. José Antonio Morante Camacho, Morante de la Puebla, vivió el miércoles una noche muy baratillera. Tan baratillera que las agujas del reloj superaron las doce de la noche y, como toda noche buena de Miércoles Santo, la cosa se metió en los inicios del jueves. El diestro de La Puebla acudió acompañado por su abogado, Joaquín Moeckel, y por Ramón Valencia, máximo responsable de la empresa Pagés que regenta la Plaza de Toros de la Real Maestranza. Morante quiso dejar un vestido de torear a los pies de la Virgen de la Caridad. Con el terno se hará una saya para la Dolorosa. Regaló hasta la silla de enea donde estaba colocado el traje verde y oro que estrenó en Sevilla la pasada temporada la tarde en que cortó dos orejas a un toro de Núñez del Cuvillo, una temporada en la que se anunció en cinco festejos. Si la próxima temporada vuelve a estar otras cinco tardes en los carteles sevillanos se consolidará en una posición en la que hasta ahora sólo a estado Curro Romero, que de la mano de Canorea fue el gran protagonista durante años en Sevilla sumando cinco comparecencias cada temporada: Domingo de Resurrección, tres tardes en el ciclo continuado (como lo llamaba siempre el inolvidable Fernando Carrasco) y una en San Miguel. Si se repitieran de nuevo otras cinco tardes en 2017, estaríamos quizás ante la reedición de una collera clave para muchos años: Morante-Ramón Valencia, Ramón Valencia-Morante.

El diestro oyó misa sentado en el banco de hermandad, una eucaristía presidida por el sacerdote Andrés Ybarra. Morante anunció que sufragará la restauración del altar de San José, titular de la hermandad. La imagen del santo fue un regalo del torero Pepe Hillo a la cofradía.

Morante quiso estar después con los costaleros, a los que impartió una charla que muchos calificaron de inolvidable: “Jesucristo fue el mejor torero. Resistió el miedo en Getsemaní y se enfrentó a la muerte, una muerte en la cruz”. El torero es hermano del Baratillo desde hace dieciséis años. “De novillero salía en el Gran Poder”. El pasado Miércoles Santo salió con una vara muy cerquita de la Piedad. Le encanta la túnica azul con la botonadura roja porque tienen el valor añadido de ser los colores de La Puebla del Río. “Estoy muy a gusto aquí porque me siento tratado como uno más”. A Morante se le nota que encaja más con la alegría de barrio que con la severidad del ruan. Tan bonito fue el ambiente de la noche que Morante invitó a todos los miembros de la cuadrilla a asistir a un tentadero este sábado en su finca: “En el Baratillo hay arte”. Por eso siempre reza en la capilla antes de cada corrida. Habló también de los antitaurinos y de otros asuntos de actualidad.

Pasó la medianoche. Morante disfrutó como un hermano de base que, por cierto, paga religiosamente sus cuotas. Se refirió a su abogado, Joaquín Moeckel, como su “cicerone en el Baratillo”. Catavinos de manzanilla y botellines. Y esa convivencia que en las noches del Arenal terminan con ese olor a Baratillo que asciende hasta la cúpula de la capilla y marca el ambiente. 

Quien lo probó lo sabe.

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