Un Rolling de los Ruedos

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Manuel Benítez, El Cordobés, ha resultado un pirómano del plan, y un trapecista del toro, y de los toros biográficos que vengan. Estamos ante un rolling de los ruedos, pero de los ruedos propiamente dichos, y también de los otros, los de la vida alegre, desmesurada y de novela. 

Fueron suyos los sesenta, aquí y fuera de aquí, y a un soplo estuvo de hacer película con los Beatles, pero no cuajó el proyecto, a última hora, porque Manuel pretendió una parte de la billetería a repartir, para su cuadrilla. Y los Beatles por ahí no pasaban. 

Viene de la escuela del hambre, con una madre jornalera, que murió de anemia, y un padre camarero que dio el suspiro último en las cárceles franquistas. Le aplicaron, algún día, aquella ley de “vagos y maleantes”, según avala la leyenda no disparatada. 

Ensayaba en los campos, bajo la luna, ante cualquier toro de abordaje, y se ganaba un alivio a la orfandad, entre cuatro hermanos, con los oficios duros de albañil. 

Se vino a la conquista de Madrid, saltó de espontáneo a Las Ventas, y casi lo mata el toro. Se hizo archifamoso, ya de novillero, y sus hazañas las aupaba “El Pipo”, apodo de su apoderado, un genio de las picarescas que decoraba la Gran Vía con fotos de Manuel, o bien lo sacaba a hombros aunque la faena esa tarde no hubiera sido excelsa. Le hicieron un márketing de rebelde, que es lo que siempre ha sido.

La confirmación de su alternativa fue en 1964, y resultó la primera corrida que dio en directo Televisión Española. También ese día le cogió el toro. 

Todos sus alardes eran un colapso insólito, en la afición, y ante las televisiones de los escaparates hacía cola bullente el peatonaje, para verle hacer el salto de la rana. A veces, hasta se vendía el sitio preferente, guardado durante varias horas previas, como en los conciertos. 

Tenía una avioneta con lo que a veces iba a torear, de piloto él mismo. Hizo tres portadas de la revista “Life”, como un Jagger de lo suyo, como un quinto Beatle del estoque. Con María Martina Fraysse Urruty, nueve años más joven que él, se casó en 1975, y tuvo cinco hijos, María Isabel, Manuel María, Rafael, Martina y Julio

Ahora se ha cumplido la separación, en coincidencia azarosa con la demanda de paternidad del torero Manuel Díaz, que está a la espera de fallo definitivo, y previsible. Estamos ante la nueva e inesperada época última, o penúltima, de un tipo grandioso, Manuel Benítez,  siempre bajo aquel lema de Picasso: “nací joven para toda la vida”. 

Administra un patrimonio millonario, pero ante todo ha sido “rico de aventura”, siguiendo el verso de un poeta que acaso no ha leído. Tiene la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes, concedida en 2014. A su hermana mayor le dijo, cuando se decidió torero: “O te compro una casa, o te visto de luto”. Y le compró la casa. 

Ahora se ha vuelto a enamorar.

Publicado en ABC

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