Por J.A. del Moral.
Cada vez que se me ocurre escribir algún comentario sobre las habituales cogidas de Andrés Roca Rey – actualmente convaleciente de la última en Manizales y sin haber podido cumplir algunos compromisos en ruedos americanos – surgen infinidad de respuestas entre las que hay de todo tipo, en su mayoría discrepando aunque con buenos modales. También las hay mostrándose de acuerdo conmigo.
Pero, asimismo, las hay amenazantes en las que me advierten de lo que me ocurriría si persisto en el tema. Amenazas ciertamente preocupantes de gentes capaces de cometer cualquier barbaridad contra mi persona.
Estas agresiones no son propias del toreo ni de su mundo. Nunca lo fueron. En los más de 50 años que llevo ejerciendo como critico de toros, apenas recuerdo no más de tres veces que me ha sucedido algo parecido. Pero ahora, con Roca Rey como motivo, me llegan demasiadas y esto es alarmante. Y no solo para mí. También y sobre todo para el diestro limeño porque a quien más dañan es a él. Mal asunto es tener que verse rodeado de “matones” a los que quizá ni siquiera conozca el más directamente interesado.
En vista de lo cual, no he tenido más remedio que denunciarlo a las Autoridades Competentes de España con posible traslado a las Internacionales.
Advertidos quedan los amenazadores.
“No es cuestión de cebarse en la por ahora última cogida de Andrés Roca Rey. Es lamentar una vez más lo que parece acompañar, tarde tras tarde, a este torero llamado a ser muy grande. Pero tantas cogidas no es cuestión baladí, sino motivo de creciente preocupación porque si continúa arriesgando sin previo control de las embestidas de los toros ni de asegurar su firmeza para no perder el equlibrio, nos tememos lo peor”.
Tendrá que replantear su carrera Andrés Roca Rey; aun cuando pueda sonar que es inoportuno expresarlo, su tasa de percances (con ingreso a la clínica) por corrida, podría ser sin duda alguna el más alto de la historia de la Tauromaquia para toreros con un año de alternativa.
De Toros en Libertad.





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