Sólo para Villamelones

Victor Hugo Saugar “Pirri”, David Saugar “Pirri” y Pablo saugar “Pirri”,

Por Manuel Naredo.
La tarde del pasado domingo, sobre la arena de la monumental Plaza México y justo antes de iniciar una interesante faena de muleta, el diestro tlaxcalteca Sergio Flores llamó hasta el tercio a un torero de plata, calvo prematuro y chaparrito, al que le brindó la muerte del astado con largo y sentido monólogo, rubricado con un fraternal abrazo.

El subalterno, en esa oportunidad a las órdenes del murciano Paco Ureña, era Víctor Hugo Saugar, Pirri, perteneciente a una de las más brillantes dinastías de toreros españoles, iniciada por su abuelo Emilio, continuada por su padre y sus tíos, y actualmente por su hermano Pablo y su primo David.

El brindis de Flores tenía el fundamento del agradecimiento, pues fue precisamente Víctor Hugo uno de los que lo apoyaron cuando emprendió la dura aventura de novillero sin caballos en España, y lo asistió también, como subalterno, ya cuando la carrera de Sergio tomaba forma en el mayor de los escaparates taurinos del mundo.

El padre de Víctor Hugo, Pablo de nombre y a quien también llamaban el Pali, fue un subalterno connotado en buena parte del siglo veinte. Partió plaza infinidad de ocasiones formando parte de las cuadrillas de toreros tan prestigiados como Palomo Linares, Dámaso González, Paco Ojeda, Nimeño II, José Cubero o José María Manzanares padre, entre otros.

A Pablo Saugar, como se llama el padre de Víctor Hugo, le tocó ser testigo presencial de las cornadas mortales más significativas de su tiempo. Presenció en el propio ruedo de Barcelona, a las órdenes de Palomo Linares, la cogida a Joaquín Camino, el hermano de Paco, y también en Pozoblanco la de Paquirri, estando en la cuadrilla de José Cubero, Yiyo.

Pero sin duda, la más dolorosa e inolvidable fue aquella en la que Burlero, el último de la tarde en aquel triste festejo de Colmenar Viejo, le traspasó el corazón a José Cubero. En brazos de Pablo Saugar, Yiyo le confesó, rumbo a la enfermería, a su peón de confianza: “Pali, este toro me ha matado”.

Algo muy similar vivió apenas el año pasado su hijo Pablo, hermano de Víctor Hugo, cuando en Teruel llevó entre sus brazos a un ya moribundo Víctor Barrio, en cuya cuadrilla se desempeñaba aquella infausta tarde de julio.

Los Pirri pues son una familia de enorme tradición taurina, y también de fama bien ganada de generosidad y buen humor. Son toreros de cuerpo entero y de tiempo completo. De esos que le dan vida y sustento a la fiesta de los toros.

Uno de ellos, Víctor Hugo, en la arena de la plaza más grande del mundo, fue reconocido en un brindis por un torero mexicano en un acto que mucho lo honra. Seguramente la gran mayoría de asistentes al festejo desconocían que el subalterno desmonterado y sonriente era, orgullosamente, un Pirri.

Publicado en El Diario de Querétaro. 

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