En Guadalajara: Cerrojazo de medio nivel…

José Adame.

De Los Toros con Verdad Por Francisco Baruqui.

No se movía la hoja de un árbol en una tarde diáfana de cielo y clima que invitaba a toros y…  Y la gente se metió al coso haciendo una entrada de tres cuartos, estupenda, con un público variopinto, característico cuando se amalgama el aficionado al toro por un lado, y por el otro al caballo con el rejoneo.

Y quiere que le diga una cosa, qué preciosidad la Escaramuza Charra que abrió festejo, integrada por un grupo nutrido de amazonas impecablemente vestidas a la usanza, guapas, haciendo gala de montas de lujo, que ofrecieron galopes, giros y destreza, con una sincronización magnífica, con el ritmo y la armonía que arrancaron carretadas de aplausos.  Mi enhorabuena por tan excelente espectáculo de lujo nacional.  ¡Viva la belleza jalisciense…!

Y ya para la corrida, un encierro con hierro y divisa de Los Encinos del prestigioso criador Eduardo Martínez Urquidi, estupendamente presentado con trapío, romana, cuajo y astifinas defensas, que es ejemplo de cómo debe cumplir un ganadero para una plaza de primera como es la de Guadalajara.

Predominando el pelaje cárdeno en distintas tonalidades, los ejemplares cumplieron en varas acometiendo y metiendo los riñones, para en el último tercio manifestar claridad, nobleza, fijeza y buen son, como a la vez algunos denotando cierta flojedad que se desbordó con el sexto que cerró plaza, un astado que desde salida acusó invalidez doblando los remos y desplomándose en la muleta.

Sé de la gran afición que tiene el criador y el empeño con el que lleva su ganadería, como también se estará dando cuenta que hay que buscar más casta, cuando por estilo y clase está bien cubierto, pero está faltando emotividad, ése factor indispensable que en el auténtico toro de lidia debe haber.  Con todo, la corrida tuvo movilidad; cosa será añadirle a sus ejemplares mayor transmisión, que sangre buena, no se dude, la hay.

Joselito Adame salió con ganas, se le veía en su actitud a lo largo de toda su actuación, desde lancear a la verónica cargando la suerte, como quitando por ceñidas chicuelinas que se le corearon, para con la muleta aprovechar lo noble del de Martínez que metía el morro con cadencia y recorrido, fijo en el engaño, instrumentándole el aquicalitense series de toreo por abajo al natural y ayudados con la derecha rematados con sendos de pecho.  Su faena tuvo estructura y buen ritmo, intercalando molinetes, tanto con la diestra como con la izquierda por los dos lados, ante un toro que seguía la zarga con más voluntad que brío, y que cuando le pidió la muerte a José, perfilado en corto y por derecho lo estoqueó con la suerte de recibir de impecable ejecución, cobrando entera para ganarse una merecida oreja.

Con el quinto, más voluntad que lucimiento con un astado que le regateaba la embestida y con el que estuvo perdido con la tizona, con cuatro pinchazos y descabello al segundo golpe para pitos.

Sigo creyendo que Octavio García El Payo es torero de la montera a las zapatillas, de los mexicanos que cuenta con el don del arte en su corte y expresión.  Su actuación fue entonada, haciendo gala de temple, tanto de capote como de muleta, plasmando la verónica bajas las manos y jugando los brazos para media que se le jaleó, como en una labor bien planteada que tuvo gusto en toreo por abajo con naturales y derechazos bien rematados con cambio de mano y ligando el de pecho.  Se equivocó al ordenar un segundo puyazo de más al “encino”, que poco a poco se le fue parando, para con la espada pasar las de Caín, cuando aprecio que no se pasa en el embroque, encela poco estrellando el engaño y quedándose en la cara, pinchando en varios viajes para escuchar silencio y pititos, cuando de haber estado certero, habría podido tocar pelo.

Con el sexto, auténtico inválido, voluntad, tesón y empeño que no tuvieron correspondencia dadas las condiciones del burel al que despenó de dos pinchazos y estocada entera.  Mejor suerte para la otra y a corregir tranquillo.

Y ver a Pablo Hermoso de Mendoza con su cuadra de monturas toreras hace que el aficionado al rejoneo y al caballo concurra a la plaza.  Indudablemente que su maestría alcanzada en una ya larga carrera que le da veteranía, hace que su monta de lujo y el dominio con el que maneja sus equinos, aunado a un temple que hace llevar prendidos a sus astados de los cuartos traseros y la cola, clavando rejones de castigo y cortos que le valieron las palmas.  Perdió un apéndice del que abrió plaza por andar perdido con la hoja de peral, la de muerte, pinchando en repetidos viajes para llevarse rechifla sonora.

Sonora rechifla que en el cuarto, dentro de su mismo tenor de actuación, tras de un pinchazo, hundir el rejón para llevarse un trofeo.
Por cierto, tras de doblar su primero, un “anti” semidesnudo intentó hacer el numerito con rotulito y todo, afortunadamente los policías lo pescaron luego de hacerles dos o tres quiebres que me hacen pensar…  ¿No estaría en su futuro más que “anti” ser recortador..?  Pero, claro, con un toro en puntas enfrente.

Ahh, y el reloj parado. ¿Estarán esperando que Roberto Cantoral con otra canción lo repare..?

A ver si para octubre habrán conseguido un relojero…

Publicado en El Informador.

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