Tendido 7: Enormes absurdos y sólo penurias

Por Xavier Toscano G. de Quevedo

Se fue como una frágil hoja arrastrada por un fuerte viento el segundo mes del año, y hoy iniciamos ya marzo, es miércoles primero, miércoles “de ceniza” que nos marca el inicio de un periodo de preparación que los católicos llamamos “la Cuaresma”. Pero además, con la llegada de este tercer mes se da la apertura a las principales Ferias Taurinas, que irán marcando el rumbo de la temporada en España, como lo son “Las Fallas en Valencia” y “La Magdalena en Castellón”.

Pero en tanto se van a ir dando día a día estos acontecimientos —de los cuales estaremos muy atentos— retrocedamos en el tiempo y demos un brevísimo repaso a los lánguidos, intrascendentes y anémicos festejos que se programaron para “¡homenajear!” las Bodas de Oro de “La Monumental de Jalisco”.

¿Qué recuerdas?, ¿con cuál te quedas? Creo que no hay mucho que pensar, ¡definitivamente con ninguno!, y seguramente de los primeros ya ni siquiera se acuerdan. Quizás, algo dejaría la voluntad y el oficio mostrado por Miguel Ángel Perera.

La presentación en la plaza de Luis David Adame y el domingo anterior la asistencia de público en los tendidos. Pero en el recuerdo, únicamente desatinos, absurdos y penurias, para ser más precisos; sólo tristes miserias.

Y retomando el “festejito” del domingo, qué anodino y largo se vivió, originado por la carencia absoluta de casta y bravura de los animales, y si agregamos la vergonzosa, total y absoluta falta de presencia de los que lidió el jinete navarro, que fueron justificadamente protestados por un sector del público, pero como es ya una constante, con la tolerancia de una autoridad, que hace caso omiso —ignorando— a los legítimos reclamos. Pero, ¡así fue la voluntad del jinete, y punto!

Una vez más, todo fue un esbozo de atroz artificio, una falta de respeto y burla para quien con buena voluntad paga su boleto. Así, por lo acontecido me viene a la memoria una fábula muy acorde e ilustrativa: “En cierta ocasión, un joven enamorado llegó a una tienda a comprar un diamante para regalarlo a su prometida, el comerciante en joyas que tenía fama y prestigio a través de los años, contaba entre sus principales clientes a reyes, príncipes, damas de la realeza e importantes hombres de negocios. Al ver la sencillez del joven y percatarse que no era uno de sus clientes preferidos, el comerciante insolente, se olvidó de su rectitud y honorabilidad que lo había llevado a un lugar de privilegio entre los joyeros, y le ofreció al joven cliente una piedra que solamente daba la apariencia de ser un diamante”. ¿Por qué engañarlo? Si este joven había ingresado a la tienda confiado y con sus mejores intenciones, así que fue únicamente el comerciante quien perdió en ese instante todo respeto y credibilidad.

El fundamento que distingue a nuestro Espectáculo Taurino, tiene su magia en la emoción que produce, cuando un toro y el torero son capaces de absorber la completa atención de los aficionados y del público. Es esta la única verdad que rige en la fiesta, pero, ¿cómo se obtendrá? Cuando se entienda —sin jactancia, prepotencia y menos soberbia— que la razón y la autenticidad únicamente se conseguirá, el día que de nuevo aparezca en los ruedos de nuestro país: su Majestad, El Toro Bravo.

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