Tendido 7: Por una simple analogía 

Pedro Romero. Matador de toros.Por Xavier Toscano G. de Quevedo

Ya hemos vivido los primeros festejos de “Fallas” sin que hasta el momento hayamos disfrutado de algo más o menos significativo. Por ello, parafraseando las palabras que utilizaba un grande amigo y excelente aficionado, apuntaré: “¡nada importante para llevar a casa!” Triste sí, pero todavía con la esperanza de ver algo importante en el resto de los festejos anunciados, aunque habrá que señalar que la culpa ha caído en la ¡ya angustiante mansedumbre del ganado que han presentado!. Y de los toreros, digamos que cada uno, en su muy particular forma de interpretar su torero ¡pues, aceptables!, sin embargo les falta algo, creo que SÍ, les falta algo que es indispensable.

El ser torero va más allá de ejercer un trabajo —cada quien en sus conceptos— dentro de una plaza, y aunque es obvio que debe manifestarse en los ruedos y frente a un TORO, tendrá que hacerse patente de igual forma en la vida diaria.

La profesión de matador de toros —léase bien, “toros”— tiene mucha semejanza con otras actividades dentro de la sociedad, en los cuales el carisma y la personalidad son factores determinantes. Los toreros se deben ante todo, e indudablemente, a los aficionados que los admiran y aplauden, y no están únicamente obligados a responder en el ruedo y ante los astados, sino que de igual forma a comportarse con categoría fuera de la plaza, para que en cualquier lugar que se les encuentre se les pueda reconocer y decir con certeza: “ahí va un torero”. Sí, ese es el personaje que enfundado en el terno de luces, “oficia el rito de lidiar reses bravas”.

Ser y sentirse torero ha sido a través de los siglos algo muy respetable dentro de los pueblos que viven esta hermosa y mágica fiesta. Nunca deberemos olvidarnos que el origen noble donde se inicia el Espectáculo Taurino fue protagonizado por los caballeros de alto linaje, y que ha tenido que ver durante su ya dilatada historia en la transmisión de un formidable señorío y autoestima que deberían llevar siempre aquellos que anhelan se respetados y asimismo respetarse como toreros.

El ilustre y célebre torero Pedro Romero —nacido en Ronda en 1754— además de ser uno de los precursores de nuestra fiesta, hizo del trabajo de matador de toros algo muy significativo y de distinción. Su vida fuera de los ruedos, transcurría entre el Rey de España, los personajes de la corte, los hombres de la alta sociedad, la admiración del pueblo y el respeto absoluto de sus compañeros de profesión. Ahí está la clave de la torería en la figura de Pedro Romero. Y es justamente de lo que actualmente es carente en muchos, manifestándose definitivamente en sus actuaciones dentro de los ruedos.

Hoy es una simple analogía de Pedro Romero, y varios “toreros” más, que como él, han sido grandes exponentes de lo que significa una auténtica vocación por El Toro y la entrega sin cortapisas al Espectáculo Taurino. Personajes como él, han vivido siempre con verdad en la fiesta, y así lo mostraron “dentro y fuera” del ruedo; pensando, expresando y acatando incondicionalmente que, la única legitimidad en nuestra mágica fiesta, la ostenta su Majestad El Toro Bravo.

Publicidado en El Informador 

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