Sebastián Palomo Linares: Un “revolucionario” que pasó a la historia a golpe de raza y heterodoxia

Por Javier López.

La muerte de Sebastián Palomo Linares a los 69 años ha significado el adiós a un “revolucionario” del toreo en la década de los 70, un diestro que, bajo el paraguas de Manuel Benítez, el Cordobés, y el histórico rabo que cortó en Las Ventas en el año 72, le convirtieron en todo un fenómeno social de la época.

Curtido en más de mil batallas, sin embargo, Sebastián Palomo Martínez (Linares, Jaén, 1947) no podía imaginarse que el toro más duro de su vida se le iba a cruzar tan de repente en su camino.

Tanto era así que, justo antes de entrar en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, donde iba a someterse a una complicada operación de corazón, el de Linares trató de quitarle importancia al asunto, al asegurar a los medios: “En peores plazas he toreado y en algunas hasta he resucitado”.

Palomo hablaba con suma normalidad sobre la intervención quirúrgica y cómo iba a ser el postoperatorio, e incluso llegó a manifestar que “jamás” pensó que podía sufrir una dolencia cardiaca tan severa, hasta que llegó a pensar que lo que padecía era “una gripe de esas que te dan fuerte”.

Lo que más le fastidiaba era no poder estar presente el pasado jueves en la inauguración de la muestra de pintura “50 años de pintura 1967-2017”, aunque tenía fe en recuperarse pronto para poder “explicar” a sus amigos las nuevas piezas que había creado.

Palomo Linares no fue un torero cualquiera, siempre mantuvo un sello de distinción basado en el valor, la raza y la espectacularidad de su concepto, muy alejado de la ortodoxia y el clasicismo, pero que hizo que siempre tuviera una legión de partidarios.

Era inevitable compararle con Manuel Benítez, el Cordobés; de hecho formaron pareja artística en lo que se dio a conocer “campaña de los guerrilleros”, llegando a torear juntos en más de sesenta tardes.

Esta fórmula mediática le sirvió para, tras tomar la alternativa en 1966, convertirse en todo un fenómeno taurino y social de la época, más aún después de que el Cordobés dejara su trono en 1971.

El aficionado necesitaba un “revolucionario” de esta índole y encontró en el de Linares al heredero del V Califa del Toreo.

Tanto fue así que hasta llegó a emular también sus pasos en el mundo del cine, protagonizando dos películas: “Nuevo en esta plaza”, en 1966, y dos años después, junto a Marisol, “Solo los dos”.

Pero el hito que más marcó su carrera, y posiblemente su vida, fue el histórico y polémico rabo que cortó al toro Cigarrón, de Atanasio Fernández, el 22 de mayo de 1972 en Las Ventas, convirtiéndose en el décimo y, hasta la fecha, último diestro en lograr los máximos trofeos de un astado en Madrid.

Aquello ayudó a que su fama creciera todavía más, convirtiéndose no sólo en el líder del escalafón de toda una década, sino también en una figura público cuya imagen se extrapoló más allá de los ruedos.

Su noviazgo con la modelo colombiana Marina Danko, su posterior boda en 1977 y los nacimientos de sus tres hijos, Sebastián, Miguel y Andrés, coparon las portadas de los medios rosas de la época, como también su divorcio en 2011 y el inicio de una nueva relación sentimental con la juez Concha Azuara.

Publicado en El Periódico.com

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