Así vio la prensa la actuación de Joselito Adame en Las Ventas de Madrid


Joselito Adame ha cortado una oreja tras una vibrante faena al sexto de la tarde, que coronó con una estocada a cuerpo limpio, como alguna vez lo hiciera el Maestro Lorenzo Garza de novillero en Las Ventas.

A continuación les presentamos la opinión de la prensa acerca de la actuación del torero hidrocálido que hoy ha reafirmado ante los micrófonos del canal @Toros su título de figura con estas palabras: “He conseguido llegar a figura en mi país, ahora quiero serlo aquí”, reconocía el hidrocálido al terminar la tarde.

Habrá que reafirmarlo nuevamente José, pero deja ya la seriedad y la rigidez, regresa al toreo alegre y vistoso que tanto gusta.

Y por favor ya definite de una vez por todas, para que puedas llegar a ser esa gran  figura del toreo que muchos esperan.

Por El Guerra – De SOL y SOMBRA.

José Antonio del Moral para Toros en Libertad: Adame anduvo como siempre muy valiente, capaz y vulgar en sus formas. No del todo a gusto con el segundo toro que resultó manejable aunque echando la cara arriba al final de sus viajes hasta que, por fin, dejó de hacerlo en una templada ronda final de la faena por el lado derecho, inmediatamente antes de que el animal se rajara.

Algo mejor fue el cuarto tras mansear en varas aunque resultó soso. Adame anduvo bien sin mayores aditamentos en una faena demasiado larga aunque tuvo un final con templados medios muletazos sobre el lado derecho tras adornarse con trincheras y desdenes con la gente cansada del ya pesado epílogo. Aviso y estocada baja con descabello y silencio en los graderíos.

Arregló su tarde en el sexto que fue el más bonancible de la corrida. Un toro muy noble por el lado izquierdo, descubierto tras un comienzo de faena por estatuarios y un pase del desdén seguido de una caída del animal, echado sobre la arena. Pero a esta momentánea decepción le siguieron dos rondas por naturales de creciente factura, aislados muletazos diestros y una estocada que recetó tras tirar la muleta estando ya perfilado, de la que resultó feamente atropellado, pisoteado y caído bajo el peso de medio toro sobre las piernas que tuvo que ser sacado por las asistencias como el corcho de una botella e imagino que sufriendo no pocos traumatismos que, de momento, no le impidieron pasear la oreja que le pidieron apasionadamente los espectadores y concedieron de inmediato. El dramático entrar a matar o a morir caló grandemente en los tendidos finalmente agarrados al espectacular incidente para compensar el decepcionante espectáculo hasta ese momento.

Vicente Zabala para El Mundo: Cuajo y hondura tenía el cuarto, uno de los tres cinqueños de la corrida de El Torero, abiertos en los lotes. Noble, humillado y gazapón. Contado el empuje para salirse de los vuelos. Por ello Joselito Adame jugó con las distancias y las inercias en la primera mitad de la faena. Y después con la muleta más retrasada. Oficio y cabeza del mexicano. El toreo hilvanado más que ligado, mucho sitio y no poco metraje. Algo premiosa finalmente su labor.

Como último saltó al ruedo un sexto con cierta armonía. Y cierta clase en su escaso poder. Joselito Adame remontó un derrumbe inicial del domecq. A base del pulso de su izquierda. Los mejores muletazos de 120 minutos. Mucho temple en la palma de la mano. La gente regresó del limbo y se metió en la faena. A más los decibelios y los oles. Y a más con los ¡ayes! de las bernadinas ajustadas. De pronto, Joselito se desentendió de la muleta cuando perfilaba el volapié. Y como un hombre bala se lanzó entre los pitones espada en ristre. La escena de escalofrío. El pitonazo en la ingle brutal. Como la voltereta. Bestial como el espadazo. Antonio José Galán en la memoria. De la escena tremenda rodó el toro muerto encima del cuerpo de Adame. Puro macho, el cabrón. No había sangre tras el boquete de la taleguilla. La raza de México enarbolada como bandera. La oreja tan de ley como la plata de su país. Qué bestia.

Carlos Ilián para Marca: El final de la corrida ha sido el más inesperado, el más estrambótico y también el más heroíco en lo que llevamos de San Isidro. Sí, es que Joselito Adame entró a matar al sexto toro sin muleta, a cuerpo limpio, jugándosela. No tenía salida. Había que encunarse entre los pitones y hundir el acero. Ejecutó la suerte a cara y cruz y salió cara. Estocada fulminante y cogida inevitable, cayendo toro y torero a la vez. Adame debajo de la mole. Conmovió a la plaza y hubo oreja. Oreja a un gesto torero. No añado más. Ah, y hubo una tanda soberbia de naturales de frente a este mismo toro.

Patricia Navarro para La Razón: Un metro tenía de pitón a pitón el segundo, que se abrió la punta de las astas enseguida, pero le faltaba remate por detrás. Tuvo movilidad y nobleza después, aunque otra cosa era empujar de verdad detrás del engaño de Joselito Adame. La faena estaba condenada. Y así fue. Voluntariosa sin más. Mucha más historia tuvo dentro el cuarto, que fue noble y de buena condición, pero a pesar de la firmeza de la faena del torero mexicano la faena no conectó con el público y comenzó a pesar la falta de transmisión, la contundencia de la labor… No rodaba la tarde ni locos. Fue con el sexto con el que vimos a Joselito más relajado, más a gusto, más desprendido de tensiones. Tuvo el toro bondad y calidad aunque con el empuje justo. Quizá al natural llegó la mejor tanda, al final. Dentro de la corrección no conquistaba grandes glorias, pero apostó fuerte Adame y a matar o morir se desprendió de la muleta al entrar en la suerte suprema, resultó cogido, rota la taleguilla, hundió el acero y en tres segundos cayó el toro de manera fulminante, atrapando sobre sus patas al propio diestro al ser derribado. Todo muy volcánico, muy arrebatado, muy loco, aquella capacidad de salirse del guión hizo posible que paseara un trofeo. Y parecía imposible tal y como iba la tarde.

Adame había estoqueado a este ejemplar en sustitución de Franciso José Espada, cogido al entrar a matar al toro de su confirmación, sufriendo traumatismo craneoencefálico y traumatismo facial. Fue una cogida espeluznante. El muchacho había arriesgado para tapar dignamente una actuación trapacera con la muleta.

Dario Juárez Por el Piton Derecho: El protagonista a partes iguales con la dueña del hierro sería el diestro hidrocálido Joselito Adame. Todo sucedería al final, en el quinto de la lidia ordinaria, lidiado en sexto lugar. Aunque la suavidad no existió cuando llegó a la muleta, hay que decir que fue el único animal que se quiso emplear metiendo la cara pero sin ninguna emoción. Serían dos tandas de naturales con sólo tres buenos llevándolo atrás. El público, aburrido testigo, jaleaba cualquier detalle que se pudiera comentar, como el coger la muleta al vuelo cuando te desarma un toro, sin que toque la arena o silbar a dos culés que salían para ver la final de la Copa del Rey. Bernadinas ceñidas y un final sin lógica. Cuadre, engaño al suelo y a volar por los aires. Dejando, eso sí, una estocada entera que haría rodar sin puntilla a este Omaní al querer seguir cebándose con su matador. El sensacionalismo volvía a aflorar para conceder una oreja al no torear sino al tremendismo.

Antonio Lorca para El País: Joselito Adame mató tres toros y dijo no estar dispuesto a marcharse de vacío. Nada interesante realizó ante su primero, enclenque y soso, al que dio muchos pases ante la indiferencia general; otro toro inservible fue el que lidió por la cogida de Espada, parado y sin carácter; y el único que demostró algunas notas de nobleza fue el sexto.

Brindó al público, comenzó con estatuarios, y el animal se derrumbó en la arena. Siguió con la mano izquierda y algún muletazo destacó sobre la sosería general. Insistió el torero mexicano y dibujo finalmente cuatro naturales muy templados, que levantaron los ánimos y envalentonaron a su protagonista. Tanto es así que vio cercana la oreja y no se le ocurrió mejor treta que tirar la muleta y lanzarse sobre el morrillo del animal a pecho descubierto. Salió trompicado y se salvó de milagro de la cornada, pero tocó el triunfo con la mano. Benditas locuras de los toreros…

Cultoro: “Omani” llevaba por nombre el sexto de la tarde, el más armónico de la tarde. Óscar Bernal se encargó del tercio de varas del animal, al que lidió Miguel Martín. El toro respondió con clase ante el inicio por estatuarios de Adame, aunque no demasiada raza.

Buenas fueron las dos siguientes series por el pitón derecho, en las que el torero hidrocálido conectó con el tendido. Por el izquierdo fue el mexicano consiguiendo conectar cruzándose y si no embestía el animal sí lo hizo Adame. Por bernadinas finiquitó faena, arriesgando una barbaridad, y la sorpresa llegó cuando se tiró a matar sin muleta, consiguiendo a sangre y fuego una oreja. En tres segundos cayó el animal, echándose justo encima de Joselito Adame. Al calor de la afición paseó el premio.

EFE: El diestro mexicano Joselito Adame acabó cortando una oreja del último toro de la corrida de hoy de la feria de San Isidro después de que sorprendiera a todos tirándose a matar sin muleta, con tanto riesgo como éxito, en una escena que logró un gran impacto en los tendidos.

Iñigo Crespo para Aplausos: Oreja para Joselito Adame que encogió el corazon de Madrid con una estocada a ley entrando a matar sin muleta, tumbando al toro como una pelota, quedándose debajo del animal. Heroicidad del mexicano en Las Ventas. Esfuerzo sin mácula y sincero. Emoción contenida en Madrid. La faena frente a un animal manejable tuvo pasajes de templada ligazón, destacando los muletazos sobre la mano izquierda de frente. Valiente a carta cabal. Épica de Adame.

Rosario Pérez para El ABC: El mexicano ganó terreno con maestría en la bienvenida al más cuajado cuarto. Se atisbaba buen son en este «Oropéndolo» y el matador hidrocálido trató de amasarlo sobre la derecha en dos tandas de cierto eco. Cuando pasó a la zurda, el viaje era más corto por ese pitón. Adame buscó la templanza, se adornó con la trincherilla y la firma. En el regreso a la mano de escribir, no acabaron de encontrarse en un punto ni toro ni torero, ni las distancias ni el acople.

Adame, figura en México, no quería marcharse en blanco de la grisácea tarde y se creció con listeza en el último, que apuntó calidad por el pitón izquierdo. Estatuarios de aperitivo del hidrocálido, que se centró al natural con dos series de suavidad y calado, exprimiendo con oficio, técnica y temple la clase de «Omaní», con una a pies juntos con sabor. Claro que a un sector lo que más le entusiasmó fue cómo recogió las telas perdidas en las bernadinas… ¡Qué cosas! La sorpresa llegó cuando se desprendió de la muleta en la suerte suprema y se tiró a matar a cuerpo limpio, con el alma y el corazón desnudos. A lo Galán y lo Fandiño, enterró un espadazo a cuerpo limpio, un cuerpo que acabó con erosiones múltiples al ser pisoteado por el toro. La entrega del torero y la emotividad de la escena desataron la pañolada y se ganó una oreja al valor, como militar mayor del ruedo en la jornada de las Fuerzas Armadas.

Juan Diego Madueño para El Español: No había mucho más tiempo. La tarde se despeñaba. Algún natural suelto de Joselito Adame al sexto la sostenía en el filo, cruzándose ahora. De repente una pitada volvió las cabezas. Por una fila del ‘2’ desfilaban despreocupadas tres personas, dos hombres y una mujer: vestían camisetas del Barça. Las rayas verticales, la horterada del azul y el rojo, hicieron de imán y el abucheo fue tomando cuerpo hasta que alcanzaron el vomitorio. Adame seguía cruzándose. Sin prisa, el trío desapareció por los interiores de la plaza, recogiendo pitidos, gustándose, saludando, toreros, en definitiva. La chispa había saltado. Adame citó. Un ole recorrió la plaza, encendida. Habían arrancado los cinco minutos más extraños de la historia del toreo.

Tres naturales más, con el palillo recto, suavidad en el toque, redondearon la embestida del sexto, apagado, noblón, que se dejaba a su altura. Adame consintió primero y ahora recogía. Una ventolera sacudió el ambiente como en Sleepy Hollow. Volaban los programas de mano cuando Adame se colocó para las bernadinas. Hurtador, enorme, paletón, pasó muy cerca. Dos veces más. A la cuarta, el matador se venció. La bestia lo encontró, rebañando la chaquetilla, hurgando en el chaleco. De un cabezazo, Hurtador elevó la muleta, impulsada por el aire. Adame, ileso y en pie, la seguía con la mirada. Vi a Isco recogiendo un balón llovido. A Comanecci completando un ejercicio de suelo: la muleta le cayó en la mano, prendida del palillo, perfecta para torear. Había algunos con las manos en la cabeza. Un desprecio completó la acrobacia. Dos en uno. En el palco de prensa casi sacamos los carteles con la puntuación. Adame había entrado en un búcle heroico. La gente entusiasmada, exclamó. Perfilado para entrar a matar, tiró la muleta al suelo. A cuerpo limpio. Giraba la moneda cuando sólo la mano marcó al ojo. Hurtador marcó la pierna, directo a la ingle. La espada se enterró antes que el pitón. La punta perfiló la vida, arrancando la taleguilla y salió despedido el mexicano. El veneno del acero hizo efecto en Hurtador el tiempo que tardó en caer el matador. Tambaleándose, la fiera lo buscó. Pasó por encima y justo se derrumbó sobre el hombre, muerto, tieso. Adame manoteaba con las piernas enterradas en 580 kilos de carne inerte. Pedía ayuda. Sobre él ya no respiraba nada. Un banderillero lo sacó arrastrado mientras apuntillaban al toro, que descubrió el vientre y al hombre, que volvío al mundo. La oreja hizo desaparecer la cojera. La vuelta al ruedo fue felicísima.

Emilio Martínez para el Diario Criticó: Lo que son las cosas al mayor de la dinastía de los Adame se le habían escapado dos toros de posible triunfo y caminaba cuesta abajo en su primer cartel isidril. Sobre todo ante su segundo, ‘Oropéndolo’ un cinqueño serio y con gran fijeza y movilidad desde que salió y le puso en apuros con el capote. Y que en la flámula derrochó fijeza, casta y nobleza a partes iguales, ofreciendo sus orejas a un coletudo inspirado, que no fue el caso del mexicano, quien para no quedar más en evidencia, limitándose a aprovechar su viaje sin mando alguno, decidió acortar las distancias, que era todo lo contrario a lo que demandaba ‘Oropéndolo’.

Tampoco Joselito Adame supo sacar partido del anterior, que dio menos juego y entraba algo rebrincado al engaño, pero el coletudo no encontró el lugar mágico de las distancias y las querencias y volvió a fracasar. Sin embargo salió a por todas ante el que debía haber correspondido a Francisco José Espada, de menor calidad en su juego que ‘Oropéndolo’, pero al que fue sobando poco a poco y con el que brilló en templados redondos y naturales unidos con la rima de la ligazón. Y para el final se jugó las femorales con unas bernadinas de escalofrío cambiando el viaje del burel.

El cotarro, que ya había perdido casi la esperanza de ver algo artístico en la tarde, se entregó al mexicano. Y éste decidió apostar el todo por el todo despreciando la muleta y echándose sobre ‘Omaní’ a cuerpo limpo-‘¡pues puro macho!’- enterró el estoque aunque se quedó colgado de un pitón y en una escena tragicómica los dos, toro y torero, rodaron por la arena. 

El público, conmocionado, solicitó mayoritariamente la oreja –excesiva por los méritos muleteros- y el usía accedió.

Twitter @Twittaurino

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