Otra Fiesta: Azpeitia el protagonismo del toro, los toreros valientes y los más necesitados

Joxin Iriarte, empresario de Azpeitia, delante de la plaza de toros. MARIANO GARCÍA.
Joxin Iriarte, empresario de Azpeitia, delante de la plaza de toros. MARIANO GARCÍA.

Las corridas las pongo yo y no las que deciden los veedores de las figuras – Joxin Iriarte, empresario taurino (Azpeitia, 1957).

Por ANTONIO LORCA.

Dicen los propios vecinos que es difícil no ser aficionado a los toros en Azpeitia, una localidad de 15.000 habitantes situada en el corazón de la provincia de Guipúzcoa, donde la tradición taurina se remonta, como poco, al siglo XVI, y se mantiene enraizada en los festejos populares que se celebran en distintas épocas del año.

Quizá por eso, la feria taurina que se organiza a finales de julio, con motivo de la festividad de San Ignacio de Loyola, es singular y está reconocida como un referente en la tauromaquia moderna. Y la avalan distintos motivos.

El más llamativo y sobresaliente es una apuesta clara y decidida por las ganaderías toristas; el segundo, y no menos importante, es que se celebran tres corridas de toros que concitan la atención de exigentes y documentados aficionados de distintas zonas de España y Francia en torno a una remozada plaza que se inauguró en 1903 y tiene una capacidad para 3.750 espectadores.

El tercer motivo es que el Ayuntamiento de Azpeitia está gobernado con mayoría absoluta por la coalición abertzale Bildu, -formación que prohibió los toros en San Sebastián-, que respeta que una mayoría social opte por la afición a los toros y apoya y alienta la celebración de la feria.

Los sectores más débiles de la localidad reciben cada año entre 6.000 y 10.000 euros.

Y el cuarto es que la empresa que gestiona los festejos es una sociedad mercantil -comisión taurina- formada por tres vecinos azpeitiarras que manejan un presupuesto anual que ronda los 250.000 euros, y se comprometieron ante notario a asumir las pérdidas cuando las hubiere, y reparten los beneficios entre entidades benéficas de la localidad.

La cabeza visible de esa comisión es Joxin Iriarte (Azpeitia, 1957), exindustrial del sector maderero, enamorado del toro, que divide su tiempo entre la organización de la feria y la gestión de la carrera del torero Curro Díaz.

Horas después de que se cerraran las puertas de la plaza y sin tiempo aún para hacer un balance económico definitivo de las tres corridas celebradas, Iriarte afirma que aún está en una nube, que queda mucho papeleo por revisar, pero que tiene claras dos cuestiones, a su juicio fundamentales.

Por un lado, que ha habido más espectadores que en 2016, y, por tanto, un año más, la feria dará beneficios -entre 6.000 y 10.000 euros- para Cáritas, la congregación de Siervas de María de Azpeitia, que se dedica a la atención de enfermos a domicilio, y alguna otra ONG.

Y, por otro, que “Azpeitia tiene que seguir siendo diferente”, añade. “El toro es lo más importante y esa es la razón fundamental por la que los aficionados viajan hasta aquí”.

Se define como “un inconformista por naturaleza” y no le duelen prendas reconocer errores en la gestión. “Me entristece que el primer día de feria, con un cartel integrado por Curro Díaz, Perera y Roca Rey, frente a toros de Fuente Ymbro, sobraran 700 entradas”, señala, “ cuando todo el mundo me aseguraba que sería una tarde de ‘no hay billetes’. La taquilla fue muy similar a la de los dos días siguientes, con toros de encastes más duros y toreros de otro nivel. La conclusión es clara: esta feria es más torista que torerista”,

Destaca, asimismo, la positiva sorpresa del torero colombiano Sebastián Ritter, el triunfo de Perera con un ‘fuenteymbro’ de vuelta al ruedo, y el buen juego en general de los dos hierros ganaderos triunfadores del ciclo (Ana Romero y Cuadri), que ya tienen asegurada su presencia en 2018.

PUNTO CLAVE: “Las corridas que se lidian las elige la Comisión Taurina y no los veedores de los toreros”

Iriarte muestra, además, su disconformidad con la tradición del desencajonamiento, muy arraigada en su localidad, por sus peligrosos efectos sobre la integridad de los toros.

“Téngase en cuenta, -explica- que las corridas se embarcan el miércoles a las diez de la noche y llegan a la plaza a las doce de la mañana del día siguiente, tras catorce horas de viaje; el acto del desencajonamiento comienza a las siete de la tarde; el toro se calienta, sufre, sale del camión como un loco y derrota contra los burladeros y se escobilla los pitones. Las tradiciones deben ser respetadas, pero me gusta que el toro salga íntegro al ruedo, por lo que alguna solución habrá que buscar para el futuro”.

Joxin Iriarte está convencido de que la feria sería más completa si en ella se anunciaran los toreros más reconocidos, pero…

“Sería un buen aliciente, pero las figuras no quieren venir con ganaderías toristas, y yo no voy a cambiar mi trayectoria y ponerme en sus manos. La Comisión debe mantener el pulso firme para respetar la línea del toro serio y contratar a los toreros que se atrevan con esas corridas”.

Cuenta Iriarte que un apoderado le dijo en una ocasión para ser un buen empresario hay que hablar primero con los toreros, y, después, con los ganaderos. “Le contesté que ya lo hice una vez y no volveré a repetir la experiencia. Las corridas las pongo yo y no las que deciden los veedores de las figuras”.

Porque en Azpeitia el toro es lo más importante…

– Sin duda alguna.

– ¿Y la afición ha respondido como usted esperaba?

– Siempre se puede mejorar, pero el abono ha aumentado, y tenemos clientes de muy diversos puntos de España, Inglaterra y, sobre todo, de Francia, de donde vienen entre trescientos y cuatrocientos aficionados.

Asegura el empresario que las relaciones con el Ayuntamiento, propietario de la plaza, y con el alcalde, Eneko Etxeberría, de Bildu, son excelentes. Añade que “algo habrá que hacer porque la fiesta de los toros va decayendo”, y que el momento más feliz es cuando la comisión taurina entrega los beneficios a las entidades que ayudan a los más necesitados. “Para mí, es el día más bonito”, confiesa. “Podíamos guardar ese dinero, pero preferimos empezar cada año desde cero. Esto no es una cuestión de rentabilidad, sino de que seamos capaces de ofrecer un buen espectáculo”.

-¿Y usted, por qué hace esto?

-Eso mismo me preguntó el alcalde. Por afición, le respondí. Si no la tuviera, no podría andar entre tantos problemas como plantea la organización de la feria. Y por la satisfacción de que Azpeitia siga siendo un referente del toro serio y los toreros valientes.

Publicado en El País

P.D. En México tenemos todavía mucho por aprender y mejorar. Hay algunas honrosas excepciones, pero esta lo de Azpeitia es otra prueba de que se puede ofrecer una fiesta mucho más digna y de calidad para el buen aficionado – De SOL y SOMBRA.

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