Los aficionados a los toros seguramente son los clientes peor tratados por las empresas…

Bregando: Siempre llevan la de perder.

Por Jaime Oaxaca.

Los aficionados a los toros seguramente son los clientes peor tratados por las empresas.

Los incumplimientos de los que son víctimas no son consecuencia de algún error, así se plantean las corridas, el engaño es parte de la estrategia. Nunca, o casi nunca, el objetivo de los empresarios es cumplir lo que ofrecen en los carteles publicitarios.

Todas las compañías tratan de complacer a sus consumidores, planean nueva presentación de los productos, conceden ofertas, premios, lo que sea para agradar.

Si de espectáculos o deportes se trata, hacen innovaciones, mejoran para complacer a su público y, lo más importante, cumplen puntualmente lo que ofrecen.

En cambio, los empresarios taurinos ni se afligen ni renuevan para agradar a sus parroquianos, los tratan mal, no les cumplen lo anunciado. Para colmo, los sufridos taurinos no tienen forma de defenderse.

La única forma de protegerse de los derrotes y cornadas de las empresas es quitándose del camino, por eso algunos aficionados dejaron de asistir a las plazas.

El engaño básico consiste en la materia prima. Ofrecen toros, lo que equivale a animales con mínimo cuatro años de edad, con el desarrollo corporal propio del crecimiento. Resulta que presentan animales entre dos y tres años, engordados para que den el gatazo.

El asunto va más allá de la ética taurina y la tradición taurómaca, alcanza categoría de fraude.

Tal como se le nombra al abarrotero vendedor de kilos que no llegan a los mil gramos, o al

gasolinero que vende litros incompletos o le echa agua al combustible.

¡Ladrón! ¡Estafador! Así debe decírsele a cualquiera que no cumpla lo que ofrezca, con ese calificativo se debe catalogar a la persona que engaña a su clientela, que no le tienen respeto ni consideración.

En el caso de la tauromaquia ya no hay forma de comprobar las fechorías, al término de la corrida nada queda por hacer. Están bien protegidos los empresarios, por supuesto que no actúan solos, lo hacen en contubernio con toreros, ganaderos y jueces de plaza.

En el colmo de la tiranía empresarial, ni siquiera se permite al aficionado ver los toros en los corrales antes de comprar el boleto de acceso a la corrida. Cuando bien le va, sólo pueden ver fotografías generalmente tomadas en forma estratégica para que los animales luzcan sin defectos visibles.

En Apizaco se anunció una corrida de toros a efectuarse el próximo domingo 1 de octubre: seis toros de Enrique Fraga, dos para el rejoneador español Andy Cartagena, cuatro para Rafael Ortega y Arturo Macías.

Asimismo, se dijo que los toros llegarían con una semana de anticipación, pero no sólo eso. Como algo novedoso se mencionó que el ganado a lidiarse no se iba a bajar directamente a los corrales del coso, sino que bajarían en el ruedo del albero para que los aficionados pudieran ver los toros. El acceso a la plaza para presenciar el desencajonamiento sería gratuito y abierto a todo el que quisiera asistir.

El desembarque se efectuó el pasado sábado. Se bajaron cinco toros de la ganadería de Enrique Fraga y dos de Guanamé.

El historiador y periodista Jaime Silva Gutiérrez me dijo que en el viejo Toreo de Puebla se hizo varias veces el desencajonamiento, así como en El Paseo, en un coso anterior; inclusive, en la Monumental de Apizaco, donde se efectuará la corrida, un empresario lo realizó en los años ochenta.

Probablemente en algunas ciudades mexicanas y en ciertas plazas de España suele hacerse ese tipo de desembarque.

Quizá una forma para que los aficionados vuelvan a confiar en los empresarios, será desencajonar en el ruedo los encierros que vayan a lidiarse. Así no hay engaño. El hecho tendría otro benefició: el toro volvería a ser el protagonista de la fiesta.

El desencajonamiento de Apizaco ha causado algunas polémicas, no gustó a varios profesionales. Los empresarios incómodos son mal vistos por el sistema, por la tauromafia. Ya echaron fuera a Marco Sirvent el empresario de Cinco Villas, ¿echaran a Rubén Ortega, el empresario de Apizaco?

Ojalá se generalice el desencajonamiento público en todas las plazas del país en beneficio de los aficionados taurinos, pobrecillos, siempre llevan la de perder.

Publicado en El Popular 

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