70 sustituciones en el 2017 y ninguna fue para Pepe Moral, triunfador de Sevilla

Pepe Moral, un torero disfrazado de indio por el olvido de los empresarios.
Triunfador en Sevilla y Pamplona, solo se ha vestido de luces nueve tardes en 2017.

Por ANTONIO LORCA.

El caso del torero Pepe Moral (Los Palacios, Sevilla, 1987), quizá, no sea único, pero sí es extraño, inaudito, increíble, y referente, sin duda, de la pestilente situación que se vive en las bambalinas de la fiesta de los toros.

Protagonizó una esperanzadora carrera novilleril, que culminó con una triunfal salida a hombros por la puerta grande de Las Ventas en mayo de 2007. Ya entonces se atisbaron en él actitud y condiciones para alcanzar un puesto de privilegio como artista heroico delante del toro.

Sin embargo, aquel éxito ralentizó inexplicablemente sus ilusiones, de modo que no recibió la alternativa hasta junio de 2009 en La Maestranza. Una solitaria vuelta al ruedo se erigió en un negro presentimiento que lo mantuvo en el paro absoluto durante dos años y medio. Tanto es así, que las circunstancias le obligaron a ejercer como jornalero y camarero, y a disfrazarse de indio en un espectáculo teatral para seguir viviendo.

Cuando un golpe de suerte lo colocó en el cartel del Corpus sevillano de 2014 se había vestido de luces solo en nueve ocasiones. Decidido a cambiar de profesión esa misma tarde si ‘las cosas no rodaban’, salió en sexto lugar un sobrero del Conde de la Maza, al que cortó las dos orejas tras una actuación presidida por una desbordante torería. Ese triunfo inapelable solo le sirvió para torear seis corridas más ese año.

Olvidado por las empresas en las dos temporadas siguientes, a pesar de que nunca ha pasado desapercibido por Las Ventas como torero de alternativa, su nombre apareció en el cartel de los miuras de la pasada Feria de Abril. La sorpresa surgió otra vez en el sexto de la tarde, y la crónica de este periódico contó entonces que “nadie podía imaginar que el torero, ayuno de contratos, se transfiguraría a la vista de todos para convertirse en un mago y torear como los ángeles. Pepe Moral se olvidó de su cuerpo y toreó con lo más íntimo de su ser”. El premio fue una tarde de dos orejas y el reconocimiento unánime como uno de los triunfadores del ciclo sevillano.

Pero tampoco en esta ocasión pudo recoger las mieles de su éxito. Solo la Casa de Misericordia de Pamplona lo contrató para San Fermín; ni Madrid -en San Isidro o la Feria de Otoño-, ni ninguna feria importante, y, lo que es peor, ni la propia Sevilla en el ciclo de San Miguel contaron con él. De hecho, solo se ha vestido de luces nueve tardes en 2017, y todas ellas, a excepción de Sevilla y la capital navarra, en plazas de tercera: Bélmez (Córdoba), Valverde del Camino (Huelva), Navaluenga (Ávila), Roa de Duero (Burgos), Riaza (Segovia), Illescas (Toledo) y la localidad francesa de Ceret. Otra tarde más participó en un festival y su balance final de este año ha sido de 18 orejas y dos rabos, siete salidas a hombros y un toro indultado.

Inexplicable y misterioso el escenario de este torero, que, como él mismo asegura, ha convencido a los aficionados, pero no a los empresarios. Y lo más grave es que nadie es capaz de ofrecer una versión coherente que justifique su situación. Ni siquiera, el propio Pepe Moral.

“Yo tampoco sé a qué se debe este olvido, y lo único que tengo claro es que los empresarios no han contado conmigo; quizá, en algún momento de mi vida he tomado alguna decisión equivocada sobre mi carrera, pero considero que se me ha presentado una dura prueba que debo superar para seguir adelante”, afirma el torero. “Ha sido esta una temporada difícil porque he toreado poco”, añade, “pero a la vez muy intensa porque cada tarde he ratificado el triunfo de la pasada feria de Sevilla”.

¿No ha tenido la oportunidad de preguntar a ningún empresario?

– No he podido porque no he coincidido con ninguno. Imagino que habrá otros intereses, y toreros mejor relacionados que yo. Eso es lo que supongo, porque no sé lo que pasa.

Se sonríe Moral cuando se le pregunta si la razón será que es un torero exigente en los despachos.

-¿Exigente yo? Hasta el día de hoy no he pedido nada, ni en el terreno económico ni en la elección de ganaderías. Prueba de lo que digo es que este año he lidiado dos corridas de Miura, dos de José Escolar, dos de Victorino Martín y una de Cebada Gago.

Un año más, sin embargo, el torero sueña que en la temporada próxima se produzca un giro en su vida profesional que le permita iniciar el camino de su sueño. Reconoce que varios apoderados se han puesto en contacto con él, los ha escuchado, y ahora reflexiona con serenidad para no errar en su decisión final.

Parece que está usted de enhorabuena…

– No sé. Solo le puedo decir que hay ofertas interesantes, y espero que la temporada de 2018 sea diferente.

A pesar de esas esperanzadoras perspectivas, el torero se muestra comedido y temeroso de que sus palabras puedan pasarle factura. No olvida, lógicamente, los malos ratos padecidos.

-Cuando comienzas, sabes que esta profesión es dura, pero nunca imaginé que estaría cinco años olvidado por casi todo el mundo. Hasta que no lo sufres en tus carnes no eres consciente de lo difícil que puede resultar la profesión de torero.

Durante el largo periodo de descanso forzoso, Pepe Moral probó fortuna pasajera en otros oficios para ganarse la vida.

“Estuve trabajando como camarero, en tareas agrícolas y disfrazado de indio en un espectáculo teatral, pero nunca abandoné el toro, entrenaba todos los días y no perdí la confianza en mis posibilidades”.

-¿Pero alguna vez estuvo tentado de tirar la toalla?

– Claro que sí. En 2014 no entré en los carteles de la Feria de Abril, y cuando a última hora me vi anunciado en la corrida del Corpus, hablé con Manolo Cortés, que era mi apoderado, y le dije: ‘Si hoy no pasa nada, no tengo ánimo para esperar otros cinco años’. Afortunadamente, salió el toro ‘Facurroso’ y me permitió resurgir. Si no hubiera sido así, hoy estaría dedicado a otros menesteres, lejos del toro.

Mientras piensa en el inmediato futuro, no olvida al maestro Manolo Cortés, ya fallecido, “quien tuvo mucha influencia en mi forma de sentir el toreo; aprendí mucho de él y lo recuerdo con mucha frecuencia porque me doy cuenta de que todo lo que me decía es la verdad”.

“Me gustaría torear mejor con el capote”, continua el torero; “me queda mucho para alcanzar la perfección a la que aspiro en el primer tercio, sueño con torear largo y despacio con la muleta, y lograr una mayor contundencia con el estoque”. “Me queda mucho por aprender para que cada muletazo sea único y emocionante”, concluye.

¿Tiene ya algún contrato en firme para 2018?

– No. Me han hablado sobre alguna feria en Francia, pero, en firme, nada.

Y termina la charla Pepe Moral con una confidencia:

“Un periodista me ha dicho que este año se han producido 70 sustituciones en los carteles; ¿querrá usted saber que yo no he cogido ninguna?”

Publicado en El País 

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