‘¿Sabes cuánto vale un toro?’ “Menos que un hombre, le respondí”

¡Olé, Carnal!

Por JESÚS RODRÍGUEZ GURROLA.

El lunes primero de enero del año que comienza, en la plaza de Santa María de Querétaro se llevó a cabo la tradicional corrida de Año Nuevo, en la que se lidiaron toros de la ganadería de El Garambullo de origen español, según los carteles; torearon André Lagravere el Galo, Juan Pedro Llaguno y Francisco Martínez, éste último fue alcanzado en su quinto novillo de la tarde, al caer de cabeza por el impulso del astado perdió el conocimiento, su hermano Felipe Martínez, que ahí se encontraba, brincó la valla del callejón y sin pensarlo se arrojó sobre el cuerpo de su hermano inerte para protegerlo, pues el burel volvía para acabarlo.

Como sucede en todas las plazas cuando un torero es cogido, el público se sumerge en una angustia muy tensa, por lo incierto de los traumas que puede sufrir el caído, en este caso la expectación se multiplica, pues aunado al sinsabor del percance que vivía el novillero, la afición de la plaza recordará por mucho tiempo la heroicidad de su hermano, quien exponiendo su vida vivió iguales momentos de angustia al ser embestido también por el bravo novillo y arrojado varios metros en la arena.

Es lamentable que los “animalistas”, así llamados por ellos mismos, depongan sus altas dosis de odio y rencor acumulado, manifestándose en los medios contra el hombre que ha caído en el infortunio de una tarde torera, que si bien es para ellos ofensiva y de mal gusto, para miles en este México nuestro y en otras partes del mundo es un acto festivo y de inigualable apego a las tradiciones nacionales.

Es igualmente triste que los enemigos de la fiesta brava, en su mayoría ajenos a nuestra cultura, expresen una serie de conceptos ofensivos y carentes de conocimiento y de sentido y no se acuerden de subrayar la acción de un héroe que ha mostrado su solidaridad fraternal, que sin importar los riesgos ha cubierto con su cuerpo el de su hermano yacente en la arena, expuesto a ser rematado por el aludido toro, estos actos ya no se ven seguido en lugar alguno de nuestra animalista patria.

La fiesta de los toros por otra parte no se da por una acción esporádica, sino que se reproduce en casi todas las comunidades del territorio mexicano, los supuestos defensores del toro manifiestan en sus textos que la fiesta brava es una barbarie, que debiera clausurarse para siempre y en algunos casos seguidores de esta corriente entran a las plazas para gritar sin más: “¡Porra del toro”! y hacerse presentes, o se tienden en el piso aledaño a las cosos y cubren su cuerpo con tina roja, para simular la sangre de los animales.

Sin embargo, estos conmovedores simulacros no se ven por ninguna parte para protestar por la muerte de miles de connacionales que caen abatidos por el crimen organizado, que son secuestrados, extorsionados, mutilados y arrojados de sus tierras, en las más recientes noticias de los medios; se dice que este fin de semana en los balnearios de Acapulco y Los Cabos hubo 18 muertos y en la frontera de Chihuahua una docena se sumaba a estas fatídicas cifras.

Manuel Benítez el Cordobés, torero de renombre, manifestaba en sus escritos: “Se nos encontró lidiando clandestinamente un semental en los linderos del hacendado del pueblo. Armados de fusil junto con sus secuaces me preguntó: ‘¿Sabes cuánto vale un toro?’ Menos que un hombre, le respondí”.

 Publicado en El Occidental 

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