José Mari Manzanares: «Me siento feliz cuando toreo en Castellón, por eso voy dos tardes»

En esta plaza inicia una temporada ambiciosa en los grandes escenarios, que es donde quiere estar. El alicantino, que reaparece tras una lesión, afirma que los parones siempre han enriquecido su arte.

Por JORGE CASALS.

Cuando uno habla de Manzanares es fácil que brote la inspiración. Un canto a la belleza del toreo. La elegancia, la naturalidad del sentimiento a flor de piel, la cadencia de un verso que encadena los muletazos con la rima templada de su muleta.

La belleza del arte mediterráneo que tanto ha enamorado al aficionado de Castellón, tierra en la que ha puesto sus ojos y todo su esfuerzo para la puesta de largo de esta temporada. Es la figura principal de la Magdalena con dos tardes en la feria. Castellón le espera con los brazos abiertos, con la expectación que suscita siempre esta gran figura del toreo, que levanta pasiones dentro y fuera de la plaza.

«Es una afición a la cual le tengo mucho aprecio. Mi padre ya le tenía cariño a Castellón y a mí también me gusta mucho Me siento muy feliz toreando en esta plaza, por eso decidí estar dos tardes», explica José Mari Manzanares.

La tarde del 9 de marzo supondrá su reaparición en España. El año pasado una lesión medular le obligó a cortar la temporada; este invierno reapareció en Cali y un toro a punto estuvo de partirle el ligamento izquierdo de la rodilla. Se sucedieron los infortunios, pero ya está recuperado tras una preparación física de élite. La semana que viene toca campo y, después, dos tardes en Castellón compitiendo con las figuras.

«No me gusta la palabra competir, pero sí es verdad que son dos combinaciones rematadas, tanto el primer día con Juli y Talavante, como el segundo con Ponce y Roca Rey. Sendos carteles que para el aficionado, y el que no lo es tanto, tienen bastante atractivo, y solo espero que los toros nos ayuden y que la gente que vaya a vernos pueda disfrutar de cada una de las tauromaquias que nos definen a cada uno de nosotros».

Lejos de cualquier incertidumbre a causa de la inactividad, asegura que «los parones me han venido siempre muy bien y son necesarios. El toreo tiene que nacer y, por eso, cuando se torea tan seguido, te vuelves vulgar. Me gusta parar, enfriar mis emociones y volver sintiendo más el toreo».

Una de sus tardes más significativas en Castellón fue en 2011, actuación que recuerda el diestro como un punto de inflexión: «Los toreros, según cumplen años, van evolucionando en su tauromaquia. Ese fue un año en el que hubo muchas alegrías y muchos cambios en el sentido artístico. Ahora mismo, desde que falleció mi padre estoy metido en un proceso de evolución de un toreo más reposado, más natural y asentado, que es lo que voy buscando; y, sobre todo, intentar sentirme cada vez más. Sé que es difícil, por eso hay que trabajar todo mucho, tanto la estética como la técnica, para que la técnica que apliques en la plaza para sacarle al toro todo su fondo sea casi inapreciable. Luego, cuando sale el toro extraordinario te olvidas de ella y dejas que brote el sentimiento. Es, por ejemplo, lo que me ocurrió aquel 2016 en Madrid con la faena al toro Dalia».

Una obra histórica de la tauromaquia.

De imborrable recuerdo y que reunió tres matices que, para el alicantino, son vitales para alcanzar tal grado de magnitud: «Una es la entrega del torero, que es indispensable pero no la más importante; la profundidad con la que uno torea, que sí es imprescindible, y por último la estética. Cuando se juntan estos tres elementos en una faena, esta pasa a la historia, permanece siempre en la memoria».

Entra de lleno a desgranar su concepto. A corazón abierto. Una tauromaquia fundada con las bases que le inculcaron su padre y su abuelo y que bebe de las fuentes de Ordóñez. «Siempre me han transmitido esa pureza, ese asentamiento de clavar los talones en la arena, ese juego de cintura, que sea de una manera natural… y algo fundamental: que cuanto más suave torea uno, más suave te responde el toro. Lo bonito es torear con esa pureza y ser capaz de reducir su acometividad, que el toro embista a la velocidad que tú quieres que lo haga», detalla.

Su palabra tiene la cadencia de su toreo, el poso de los años y la seguridad de estar paladeando un momento muy dulce. Lo transmite en esta temporada ambiciosa que le espera en esos grandes escenarios. «Es donde me gusta torear, donde más torero me siento».

No duda en confirmar que atraviesa «un momento bueno y feliz porque poco a poco me voy acercando a ese toreo que me transmitieron mi padre y mi abuelo, y que es el que siento».

Publicado en El Mediterráneo

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