Recordando al joven maestro

Por Juan Carlos Salomón.

A dos años del fallecimiento del maestro Jesús Córdoba Ramírez, lo recordamos como ese torero sereno con una gran capacidad y que en 1947 y 1948 formó parte de un selecto grupo de novilleros, ‘Los Tres Mosqueteros’. Junto con Rafael Rodríguez y Manuel Capetillo escribieron páginas de gloria en el toreo mexicano, sin olvidar, claro, al hidalguense ‘Paco’ Ortiz, quien sería bautizado como ‘el D’Artagnan’.

Por consecuencias de la Revolución Mexicana, en 1920 sus padres deciden buscar mejor suerte en los Estados Unidos, específicamente en Winfield, estado de Kansas. Su trayectoria taurina inicia como muchos toreros de esa época, con base en el hambre de triunfo.

Como maletilla fue adquiriendo conocimientos tanto en festivales, tientas y capeas, hasta poder llegar a vestirse de luces por primera vez. Su trayectoria novilleril inició en la ciudad de León, Gto., y esta estuvo a punto de ser truncada, producto de la fuerte cornada recibida en la ciudad de La Piedad, Michoacán.

A mediados de abril de 1948 le llega la oportunidad de presentarse en el coso más importante del país, la Plaza México, donde dejó una grata imagen, lo que le valió para convertirse en uno de los novilleros punteros de la temporada, hasta llegar, en ese mismo año, en diciembre, a la ansiada alternativa, que recibió en la ciudad de Celaya, Gto., de manos del ‘figurón’ del toreo Fermín Espinosa ‘Armillita’.

Confirma su doctorado en La Ventas de Madrid, el 21 de mayo de 1952, de manos de ‘Pepín Martín Vázquez’, dejando una excelente impresión. Obtuvo tardes importantes en la Maestranza de Sevilla y dejó honda huella en Madrid, cuando al recibir una cornada de gravedad volvió a pisar dicho coso dos días después.

Sus éxitos se acrecentaron en los años del 55 al 57; sin embargo, fue un torero muy castigado por los toros. Muletero de gran elegancia, de corte clásico, toreaba con la muleta con gran sobriedad y firmeza. Discreto con el capote, elegante, calculador, gran amigo, se caracterizó por llevar su profesión con disciplina, tanto en ruedos nacionales como extranjeros.

No cabe duda que “se torea como se es”, y así fue el maestro Córdoba dentro y fuera del ruedo, un hombre que tuve el gusto de conocer y platicar en algunas ocasiones con él, siempre con una amabilidad y respeto digno de su personalidad.

Publicando en A.M

Twitter @Twittaurino

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