Feria de San Isidro: Talavante y López Simón, doble y distinta puerta grande / La plaza de Madrid ha perdido el norte

Un presidente de manga ancha exageró en las dos orejas del segundo toro.

Por Carlos Ilián.

Después del diluvio, doble puerta grande. Alejandro Talavante y Alberto López Simón lo consiguieron con distintos argumentos. Y es que a veces hay que tener arrestos y recursos para plantarse sobre el fango y jugarse el tipo como López Simón que le ha dado la vuelta a su errática carrera con un triunfo en Madrid de los que se cotizan.

El torero se encontró con un sobrero de Mayalde noble y templado aunque se quedaba cortito. Lo embarcó una y otra vez hasta que en un cambio de mano fue volteado y arrollado. Se repuso y consiguió los mejores momentos, especialmente sobre la mano derecha. Después de un pinchazo se la jugó en una estocada de la que salió otra vez empitonado. Con tantos elementos emotivos la oreja cayó por si sola.

Le faltaba otra para la puerta grande y tuvo la suerte de encontrarse con un cuvillo jabonero de mucho tranco y exigencia. Sobre un ruedo imposible se templó por ambos pitones y dejó un estoconazo mortal. Ya tenía la puerta grande.

La misma que Talavante había asegurado en su primer toro. Fue un muestrario de chispazos de la mejor tauromaquia talavantista. Especialmente en el desmayo sobre la derecha y la factura de los naturales, con algún cambio de mano, un lance que se ha convertido ahora en moda y en moda infalible. Con el público entregado aseguró con una estocada en todo lo alto. El palco se entregó como un espectador más y concedió dos orejas exageradas. Una era impecable. La segunda una propina.

En el quinto cumplió el trámite. Ya tenía la salida en hombros y el ruedo no estaba para arriesgar. Con ese buen cuvillo y en terreno seco Talavante se habría desmelenado.

Juan Bautista quiso pero no pudo aprovechar el diluvio en el cuarto toro. No pasó de un trasteo anodino con el primero, con más kilos que bravura y en ese otro se esmeró en un muleteo tan aseado como insulso.

Plaza de Madrid. Decimoctava corrida. Asistencia: 22.236 espectadores, casi lleno. Toros de NÚÑEZ DEL CUVILLO y un sobrero de MAYALDE (6), de gran movilidad y desigual juego, con notable para 2ºy 6º.

JUAN BAUTISTA (5), de azul marino y oro. Estocada corta (silencio). Pinchazo y estocada (saludos).

ALEJANDRO TALAVANTE (7), de carmelita y oro. Estocada (dos orejas). Dos pinchazos y estocada (ovación).

LÓPEZ SIMÓN (7), de azul y oro. Pinchazo y estocada (una oreja). Estocada (una oreja).

Publicado en Marca

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Talavante y López Simón, por la puerta grande: El primero triunfó con una perita en dulce y el segundo protagonizó una tarde épica.

Por Antonio Lorca.

Se acabaron las penas. La feria de San Isidro ya tiene la foto del triunfo: dos toreros por la puerta grande. ¡Viva la tauromaquia!

Y se confirma el peor pronóstico: la plaza de Madrid ha perdido el norte; inutilizada la exigencia, desaparecido el toro bravo y encastado y menospreciado el torero heroico, se imponen el público farandulero, el torete artista y el diestro de inspirada concepción.

Pero ahí queda para la historia la gesta de un Talavante embrujado y un López Simón vapuleado, en una tarde tormentosa y lluviosa, que no hizo más que aumentar la generosidad extrema de unos tendidos bondadosos.

Pero las cosas como son: Alejandro Talavante —que estuvo ausente con el capote toda la tarde— es dueño de unas muñecas prodigiosas, posee un altísimo sentido del temple, una muy notable inspiración artística y derrocha embrujo, creatividad, personalidad.

Su comienzo por bajo, al segundo de la tarde, la rodilla flexionada, arrastrando la muleta en cada encuentro, largo y templadísimo cada uno de ellos, y el toro embebido en el engaño, fue todo un monumento a la torería.

A continuación, un par de redondos y, por sorpresa, un cambio de manos sin solución de continuidad del que apareció un natural milagroso, a paso de palio, eterno, circular, sobrenatural… Y hubo dos tandas más con la zurda, una de ellas a pies juntos, de alta tensión. Mató de una estocada y el paseó las dos orejas.

El problema es que hubo un pequeño detalle que no debe pasar inadvertido: el toro era un animal justito de trapío, manso en el caballo y que desplegó en la muleta una bondad infinita, como un corderito, de docilidad perruna. No hubo sensación de riesgo en momento alguno y aún no se sabe por qué este público tan dadivoso no pidió el indulto.

En dos palabras, para que haya toreo debe haber un toro. Y la conjunción de un animal que imprima respeto y torero poderoso y artista es el germen de la emoción profunda que este viernes no ha existido. El quinto, otra pera almibarada, pero el toreo del extremeño fue de baja tensión.

López Simón llegó a su segundo compromiso en esta feria en horas bajas, y ha tenido las agallas de cambiar el curso de su carrera. A cambio se llevó dos volteretas impresionantes, pero ha recuperado la confianza.

Inseguro, precipitado y con las ideas poco claras se le vio al inicio de faena al noble sobrero del Conde de Mayalde. Un pase cambiado la plaza de Madrid ha perdido el norte; mitad de su labor fue la antesala de la mejor tanda de redondos de toda su actuación; y, a continuación, con la muleta en la izquierda, una voltereta inesperada y una tremenda paliza de la que salió conmocionado. Con el público a favor, pasional y un poco alocado el torero, aún trazó estimables redondos antes de volcarse materialmente en el morrillo del toro y conseguir una gran estocada de la que salió otra vez por los aires.

Otro torete bueno fue el sexto y López Simón vio entreabierta la puerta grande. Animoso y templado fue el inicio por bajo y aprovechó las excelentes condiciones del animal para protagonizar una irregular y deslavazada labor, quizá, con más cantidad que calidad, pero emotiva y entregada. Mató bien y paseó el pasaporte del éxito. Si al torero le sirve para encaminar el futuro, bienvenido sea, pero tampoco fue lo suyo de puerta grande.

Y Bautista interesa poco, esa es la verdad. Le sobra el oficio, pero su toreo es mudo. Cayeron las primeras gotas durante el último tercio del primer toro y la gente no le hizo ni caso. Una tromba de agua le acompañó en el cuarto, intentó captar la atención de los espectadores, pero el agua era abundante y la torería insípida.

Del Cuvillo / Bautista, Talavante, Simón.

Toros de Núñez del Cuvillo —el tercero, devuelto—, muy justos de presentación, desiguales en los caballos; el segundo, nobilísimo y dulzón; quinto y sexto, bondadosos. Sobrero del Conde de Mayalde, bien presentado, manso y noble.

Juan Bautista: casi entera (silencio); pinchazo y estocada caída (ovación).

Alejandro Talavante: estocada (dos orejas); media, pinchazo y estocada (ovación).

López Simón: gran estocada (oreja); estocada (oreja).

Plaza de Las Ventas. Décimo octavo festejo de la Feria de San Isidro. 25 de mayo. Lleno. (22.636 espectadores, según la empresa).

Publicado en El País

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