¿La Fiesta en Paz? Payaso, es el que se maquilla para repetir las gracejadas y gestos que le ordena el dueño del circo

Por Leonardo Páez.

Con la creciente dependencia ante su insaciable vecino, hace un siglo que el Estado mexicano decidió poner todos los huevos en la canasta de Estados Unidos, con las consecuencias no por previsibles menos desatendidas: pérdida de territorio y de soberanía, imposiciones de toda índole, una revolución traicionada, préstamos sin seguimiento, complicidades entre gobiernos, fracaso de nuestra industria petrolera, narcotráfico solapado allá y mal combatido acá, migración creciente y un debilitamiento sistemático de valores culturales de México con el pretexto de un mundo globalizado, disfraz del colonialismo neoliberal apoyado por sucesivos regímenes entreguistas.

La tradición taurina de México no pudo quedar al margen de tantas claudicaciones y tras el repunte propiciado por Martínez, Cavazos y Rivera, los gobiernos mexicanos, siguiendo las indicaciones de Washington de obtener utilidades a toda costa, decidieron desentenderse, también, de la vigilancia y fortalecimiento de la fiesta de toros y dejarla en manos de empresarios tan poderosos como autorregulados y dependientes, en este caso de España y sus figuras, iniciando una sudamericanización de la fiesta de los toros en México, reduciéndola a cuatro o cinco toreros-marca importados, ante reses descastadas y dóciles, y sin intención de fomentar el surgimiento de toreros nacionales taquilleros y de rivalidades urgentes.

Payaso, por cierto, es el que se maquilla para repetir las gracejadas y gestos que le ordena el dueño del circo. Tras décadas de postración y admiración indiscriminada y acrítica hacia figurines desvergonzados y ventajistas, a pie y a caballo, ciertos comunicadores mexhincados se acordaron de valorar lo nuestro, así fuera post mortem, y lo que antes fue un duopolio de espaldas a la afición hoy es un monopolio sin imaginación pero, eso sí, con maquillados defensores de su inexcusable y mediocre oferta de espectáculo. Síganle, conocedores.

Los candidatos holandeses nunca pronunciaron la palabra tauromaquia, si bien uno de ellos ironizó que la única plaza vendida fue la Monumental de Aguascalientes. Va un breve cuestionario sobre el evadido tema de la tradición taurina de México que, por cierto, nunca ha contestado ningún candidato: 1) Su opinión de la multicentenaria tradición taurina de México. 2) Esta tradición, ¿refleja un modo de ser y de sentir del pueblo mexicano o es mero trasplante español? 3) ¿Por qué sucesivos gobiernos se han desentendido de vigilar y estimular esta tradición? 4) ¿A qué atribuir que toros y toreros de México no sean de exportación y que la balanza comercial taurina con España siga siendo desfavorable a México? 5) ¿Cómo explicar el alejamiento de gobernados y gobernantes de las plazas? 6) En caso de ganar las elecciones, ¿su gobierno vigilaría y estimularía la fiesta de toros, la dejaría como está o la prohibiría?

Publicado en La Jornada.

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