Opinión: Todo y nada que ver

Jornada de tentadero con Frascuelo en la ganadería de Conde de Mayalde.

Por Julio Cesar Sánchez.

En este medio intentamos no desdeñar ningún estilo o concepto taurino. Todos son, por supuesto, absolutamente respetables y válidos. Sin embargo, como cada hijo de vecino, tenemos nuestras preferencias, y estas vienen marcadas por el clasicismo y, siempre que sea posible, la elegancia. Y eso es, precisamente, lo que rezuma la ejecutoria taurina de algunos toreros de nuestro gusto.

Al menos desde que el arriba firmante garabatea palabras en este medio, el referente ha sido Antonio Sánchez Puerto, por motivos que ya se han expuesto en no pocas ocasiones, si bien hoy el protagonista será otro torero con quien coincidimos en la tarde de ayer durante un tentadero celebrado en la ganadería de Conde de Mayalde.

Se trata de Carlos Escolar “Frascuelo”, un torero que este septiembre cumplirá a los 70 años de edad, y que tomó la alternativa allá por el año 1974 en Barcelona. De manos de Curro Romero y junto al también toricantano aquella tarde Paco Alcalde. Ahí queda eso.

Pero pasa que cuando el toreo se siente de una manera tan especial e intensa, a pesar de no tener necesidad material de torear para ganarse la vida, algunos sí tienen necesidad, digamos, espiritual. Es lo que ocurre con el torero de Madrid, quien aún frecuenta tentaderos y, si la ocasión lo precisa, se enfunda el chispeante para intentar plasmar su sentir torero delante de un toro.

O, como en esta ocasión, delante de dos lustrosas vacas de la ganadería de Conde de Mayalde, casa en la que, desde hace muchos años, Frascuelo nunca falla a la hora de acudir a probar la bravura de sus becerras.

El proceder de Frascuelo destaca por, a la vez, tener todo y nada que ver con el toreo actual, pues, al fin y al cabo, se trata de ponerte delante y torear, con unos cánones más o menos aceptados y puestos en práctica por casi todos; aquello de parar, templar y mandar…, de arriba a abajo y de fuera a dentro.

Sin embargo, la manera de ponerlo en prática de algunos toreros como los antes citados difiere en nada y, al mismo tiempo, en todo. Es un toreo en nada deslumbrante, sino deslumbrante por sí mismo. En el caso concreto de Frascuelo, llama la atención la seriedad y sobriedad en las que envuelve sus evoluciones. La capacidad física, aunque envidiable a tal edad, ya no se exhibe en alardes juveniles, por lo que los movimientos se tornan precisos y contados. Con el capote en lances medidos y mecidos, y con la muleta jugando los brazos sin brusquedad, en una suerte de acompasado desarrollo de entronque vertical que desemboca en el vaciado del muletazo, que no es más que una especie de puerta abierta por la que las embestidas encuentran su salida.

Mentón hundido, figura natural pero elegante, dando el medio pecho, esa apostura que hoy día se vende tan cara en favor del toreo de perfil, que alarga viajes aunque resta profundidad.

Pero como dicen que una imagen vale más que mil palabras, les dejamos con algunas de las que pudimos tomar en casa de RafaelFinat, ganadero que ha puesto su vacada en un momento dulce.

Así lo desvela el juego de sus novillos y toros, y el muy alto nivel medio de las vacas que hemos visto tentar en su preciosa finca toledana de El Castañar en las últimas semanas, lo cual le hemos agradecido oralmente, y desde este momento, también por escrito.

Publicado en Lanza Digital

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