Feria de Otoño: Un sorteo al estilo Champions League

Talavante, la única figura del escalafón que ha recogido el guante del ‘productor’ francés Simón Casas.

Por Javier López.

Dos bombos, una mano inocente y el papel indispensable del azar serán los encargados de crear los carteles de la Feria de Otoño, la primera feria taurina de la historia que se conformará a partir de un sorteo al más puro estilo Champions League, que se celebrará mañana en Las Ventas.

La suerte será la encargada de poner a cada matador delante de cada una de las cuatro ganaderías anunciadas en el ciclo (Fuente Ymbro, Adolfo Martín, Victoriano del Río y Puerto de San Lorenzo, evitando así la lucha en los despachos, las imposiciones por parte de los de luces para torear según qué corridas, qué compañeros quiere, además de eliminar los posibles vetos que pudiera haber. Un sorteo puro, que se realizará ante notario, en un acto en el que estarán también muchos de los toreros contratados, once en total: Talavante (dos tardes), Octavio Chacón, Ginés Marín, David Mora, Paco Ureña, Diego Urdiales, Emilio de Justo, Román, Fortes, Álvaro Lorenzo y el mexicano Luis David Adame.

La dinámica será la siguiente: En primer lugar se sortearán las corridas de toros a lidiar por el torero que comparecerá dos veces en el ciclo, Alejandro Talavante, para lo cual se utilizará un bombo con cuatro bolas, una por cada ganadería anunciada.

Se realizarán las dos primeras extracciones para determinar las dos ganaderías a lidiar por Talavante, quedando así ubicado en dos de los carteles del ciclo; y una vez posicionado en el cuadro se procederá a sortear al resto de los diez matadores anunciados, representados cada uno de ellos con una bola en el bombo de toreros.

Luego habrá otro bombo con las ganaderías, en el cual se introducirán un total de tres bolas por hierro, a excepción de aquellas que ya estén asignadas a Talavante, en cuyo caso se introducirán dos, quedando el bombo con diez bolas en total. Conformados los dos bombos, se procederá a realizar diez extracciones dobles. En cada una de ellas se sacará una bola del bombo de toreros y otro del bombo de ganaderías, quedándose así cerrados los carteles. Posteriormente será la empresa la que se encargue de distribuir dichas corridas (más la de rejones y la novillada) a lo largo de los seis días asignados para la celebración del serial otoñal. Lo que salga será inamovible, de ahí el mérito de los que han aceptado el reto, sobre todo Talavante, la única figura del escalafón que ha recogido el guante del ‘productor’ francés Simón Casas. El flamante triunfador de San Isidro da así un toque de atención a los de arriba, que ni se han planteado actuar, primero porque a estas alturas de temporada ya no suele interesarles pasar por la siempre exigente prueba de Madrid, y segundo porque al no poder poner sus condiciones tampoco les sale a cuenta.

Guiño al aficionado

El sorteo es también un guiño al aficionado, cansado de unas combinaciones de lo más repetitivas año tras año, además de ser una nueva forma de mover el cotarro, de cambiar un poco las reglas del juego y abrir por fin unos carteles en los que ya nada puede darse por sentado de antemano.

Pero esta nueva dinámica hace también desaparecer esa ardua lucha en los despachos, algo que puede poner en entredicho la figura del empresario, que solamente tiene que limitarse contratar a los toreros y las ganaderías para que luego sea el azar el encargado de hacer el resto.

En este sentido sería una quimera pensar que el próximo San Isidro pudiera llevarse a cabo algo similar.

Treinta y cuatro tardes son muchas para sortear, sin olvidar que, de mantenerse los bombos, las figuras difícilmente van a aceptar, lo que podría convertir al considerado mundial del toreo en una feria larguísima de perfil medio bajo, y eso ya no saldría tan rentable. Como la propia Feria de Otoño, pues, a excepción de Talavante, los toreros contratados pertenecen a ese estatus de mitad de tabla, nombres que interesan al aficionado y no tanto al gran público, que es el que al final salva al empresario, en este caso Simón Casas, creador de un sistema que, si todos aceptasen, podría ser muy interesante para el futuro de la fiesta.

Seguro que alguno habrá que no quede contento con lo que depare el sorteo. Los bromas sobre posibles ‘bolas calientes’ ya merodean en las redes. Todo se sabrá mañana cuando tome verdadero valor ese taurino refrán que dice: «La suerte está echada».

Publicado en Hoy Día

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