Isabel Lipperheide – Ganadería de Dolores Aguirre «Hay que cambiar muchas cosas, de dentro y fuera»

Isabel Lipperheide, Rafael Iribarren y Andoni Rekagorrri, desde el ‘burladero’ instalado en los salones del hotel Carlton. / Manu Cecilio.

Por Luis Gómez.

Roca Rey, ‘número uno’ en el escalafón taurino, salió el viernes por la puerta grande de Vista Alegre, pero tampoco llenó la plaza. El coso bilbaíno congregó apenas media entrada en una feria que está registrando las taquillas más pobres de los últimos años.

Isabel Lipperheide, Rafael Iribarren y Andoni Rekagorri, los tres ganaderos vizcaínos dedicados al toro de lidia, coinciden en la necesidad de acercar «más jóvenes» a los tendidos y en promocionar «mejor» una fiesta que precisa, a su juicio, «un giro urgente. Hay que trabajarla bien desde enero». Coinciden en que Bilbao debe «abrirse» a más ganaderías -«ahora son un círculo cerrado para 5 o 6»- y censuran que las figuras viven cómodas adaptándose a los «toros de solo unos encastes. Hay que cambiar muchas cosas». Lamentan también que hay más «público que aficionados».

Isabel Lipperheide, hija de la mítica ganadera Dolores Aguirre, es especialmente crítica con el actual momento de la fiesta. Confiesa sin rubor que ella misma se aburre «mucho» actualmente en los tendidos. «Es muy previsible todo lo que va a pasar y los toros deben ser justo lo contrario: imprevisibles. Casi todos hacen lo mismo y no hay variedad», esgrime.

Pese a su desánimo, se congratula de que el lunes, con hierros de Torrestrella, asistió a un «corridón» de toros. «Muy bien presentados y tampoco muy atacados de kilos. ¡Ese es el toro de Bilbao y por eso le aplaudí tanto! Tuvo emoción y se movió muchísimo». Como espectadora, los astados «me tienen que dar miedo», razona Lipperheide, cuyo ganado pasta, como en tiempos de su madre, en la finca sevillana de Constantina.

Lamenta que la tauromaquia está siendo «muy atacada por gente de fuera», pero no escurre el bulto: «Dentro hay muchas cosas que mejorar también». A diferencia de lo que sucede en Francia, se queja de que en Bilbao ha bajado «muchísimo el número de aficionados. Hay mucho público y poco aficionado», admite. «Ahora nos movemos entre un público que evidentemente paga y tiene todo el derecho del mundo a parecerle que a un toro se le pone la puya encima y ya está pitando o que se coloca al toro como se le coloca y no dice nada. Los que saben exigen que las cosas se hagan con ortodoxia. El rito es precioso en la corrida».

Rafael Iribarren no se muerde la lengua y advierte de que no hay que «engañarse». La tauromaquia vive una «crisis muy profunda». En su opinión, la «más grave» que él ha conocido. «Peor incluso que la de los años 80», sentencia. Urge «un cambio radical» y asume que políticamente es «incorrecto» que «te vean en los toros, sobre todo en ciudades pequeñas como Bilbao. Antes de la crisis, era un acto social. Ahora la gente no está muy por la labor», reflexiona.

Pese a los «ataques de la corriente antianimalista», Iribarren destaca que la afluencia de público ha crecido esta temporada en Madrid, Sevilla y Valencia. «En todos los lugares importantes, menos en Bilbao», donde plantea un cambio de gestión. «Es una feria para trabajarla desde enero y no llegar el mes de junio y ponerte a vender los abonos. Hay que promocionarla fuera del País Vasco y no limitarse a levantar la persiana y esperar a que vaya la gente, porque no es que vayamos los mismos de hace 15 años, sino 5.000 menos».

Para Iribarren, hay otro asunto crucial. Bilbao se ha convertido en un «coto cerrado» para solo «5 o 6 ganaderías. Y luego las llamadas figuras del toreo, que para mí son los líderes del escalafón, porque no hacen lo que hacían las figuras de hace 30 años, buscan el toro que les gusta a una ganaderías. Vamos, que la tarta es la que es y se reparten cuatro».

Rekagorri es, sin duda, el más optimista de los tres ganaderos. Está convencido de que el devenir de la feria habría sido «otro» de haber dado juego los toros de Núñez del Cuvillo. «Tuvimos un poco de mala suerte el martes. Teníamos puestas muchas esperanzas, pero no salió bien la corrida y eso desanimó a mucha gente», reconoce. Aun así, destaca que 13.000 aficionados pasaron ese día por taquilla. «Es una de las entradas más importantes que he visto en los dos o tres últimos años. Eso significa que existe un público que viene a los toros y que hay que buscar fórmulas para que repita más tardes», destaca.

Pese a que los claros son más notorios que otras veces, el ganadero de Galdakao insiste en que se mantiene «la tónica» de ejercicios precedentes y que Bilbao juega en «desventaja» por el elevado aforo de su plaza. «Estábamos acostumbrados hasta hace pocos años a llenar varios días. Sin embargo, reunir a 9.000 o 10.000 personas, como ha pasado en varias ocasiones esta feria, supondría hablar de llenos en plazas tan importantes como Sevilla y Valencia. Tampoco nos ayuda el color azul de los tendidos. Es muy llamativo».

Rekagorri no pasa por alto que «grandes empresas» han dejado de comprar abonos y alega que las entradas son «muy caras» y la oferta de espectáculos «impresionante» para justificar el menor tirón en taquilla.

Publicado en El Correo Web

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