¿La fiesta en paz? Mero abajo, los toros / ¿Remedios institucionales o éticos? / El Juli, agradecido

▲ “Gracias a los empresarios, que han confiado y puesto en mí tantas veces el peso de la fiesta”, señaló El Juli. Lo malo es que esa fiesta cada día pesa menos y emociona poco.Foto archivo.

Por Leonardo Páez.

Como dejó dicho el legendario filósofo de Güémez, uno de los 43 municipios del estado libre y soberano –es un decir– de Tamaulipas: Si las cosas no han cambiado es porque siguen igual.

Andamos como andamos porque somos como somos. Y si también se dice que las cosas se parecen a su dueño, ¿qué nos extraña parecernos a la mafia que permitimos que se adueñara de México? Haber reducido la fiesta de toros a algunos figurines importados, trajo consecuencias.

En el mundito taurino la grandeza de la tauromaquia se quedó en las ganaderías que no quieren ver las empresas ni los que figuran, y en la espera de los que aspiran a figurar las cosas tampoco parecen modificarse, habida cuenta de que al monopolio taurino y a sus satélites no les preocupa tanto la asistencia de público como la persistencia de sus criterios toros mansos, figurines importados, débil relevo generacional, autoridades colaboradoras y crítica alcahueta, como lo confirman San Luis y Zacatecas: mismos toreros, mismo ganado, mismas entradas.

De la época de las figuras, de toreros destacados que no sólo eran diferentes al resto, sino cuya personalidad apasionaba y generaba partidarios y adversarios que llenaban las plazas, no sólo por competitivos con celo y sello, sino porque además sabían enfrentar y triunfar con encastes diversos, se pasó al figurismo, es decir, al mangoneo sin fondo de unos cuantos que figuran con imposiciones sin categoría, ganado cómodo, faenas predecibles y rivalidades ficticias entre figurines, sin que alternantes de valía los presionen.

Han proliferado desde entonces, unas cuatro décadas, los carteles redondos, tres que figuran, y toritos de la ilusión y los cuadrados tres o cuatro que apenas torean ante reses exigentes que rechazan los figurines, gracias a la acomplejada actitud empresarial, a su menguada imaginación y estrecho concepto de tauromaquia. El público, cada vez más desinformado y agraviado, aplaude lo que hagan los toreros-marca o se conforma con dejar de ir a la plaza. No conoce otra manera de protestar ni hay quienes lo defiendan de abusos y fraudes. Como en el resto de las actividades, pues.

Entonces, no será la Unesco ni ningún otro organismo internacional filo-sajón el que reconozca y apuntale la tradición tauromáquica de México como patrimonio cultural inmaterial, si antes los adinerados taurinos del país no son capaces de honrar la dignidad animal del toro, sacudirse las inercias monopólicas y olvidarse de una vez por todas de seguir a merced de unos cuantos mandones de aquí y allá.

En una carta abierta a los medios, –deslavada, pero pretendidamente enjundiosa como su tauromaquia– el matador Julián López El Juli, ya con 20 años de alternativa y uno de los principales promotores del figurismo y sus imposiciones en el sistema taurino, agradeció a todos los que directa o indirectamente han significado algo en mi vida para que llegue a donde estoy. En su misiva, el voluntarioso diestro no se cuestiona si en dos décadas su presencia en los ruedos del mundo ha contribuido al repunte del espectáculo o a su debilitamiento; si su condición de primera figura ha propiciado la recuperación de la bravura y el surgimiento de nuevos valores o los estorba, y si el ventajismo que lo caracteriza de varios años para acá es su forma de corresponder a todo lo que la fiesta le ha dado. En la mitad de ese tiempo, las verdaderas figuras han cimbrado a la fiesta engrandeciéndola, no degradándola.

Publicado en La Jornada

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3 comentarios en “¿La fiesta en paz? Mero abajo, los toros / ¿Remedios institucionales o éticos? / El Juli, agradecido”

  1. A 20 años de su alternativa sin duda el Juli en los últimos años a contribuido a la caída del espectáculo taurino en México. Su ventajismo en los escritorios y en su toreo es evidente, aunque sus porristas no lo quieran ver, las mismas ganaderías cómodas, con faenas que aburren al aficionado por ser predecibles y porque se pierde la sensación de peligro. Como bien lo comenta el Sr Páez, al aficionado que paga su entrada y sostiene las ferias nadie lo defiende de esos fraudes y abusos, los cuales en una era de redes sociales y de celulares que son cámaras, no se pueden ocultar ya, las asquerosas manipulaciones en las astas de los toros que muchas ocasiones ni a novillos llegan. Reseñas y comentarios de pseudoperiodistas taurinos que también contribuyen a la mala información al nuevo aficionado que se acerca a la fiesta. Nadie ignora la trayectoria del Juli, ni de que todos los toreros se juegan la vida, que aún una vaquilla puede matar, pero esos argumentos no justifican que se le quite la seriedad a una corrida y se salten el reglamento.

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