Emilio de Justo o la habilidad para no rendirse nunca ante el fracaso

El diestro reflexiona sobre la temporada de su resurrección para la fiesta de los toros.

Por ANTONIO LORCA.

Emilio Elías Serrano Justo —Emilio de Justo vestido de luces— (Torrejoncillo, Cáceres, 1983) ha finalizado su exitosa temporada de 23 corridas y se dispone a disfrutar. Le ha costado alcanzar el triunfo. Nada menos que once años de lucha, esfuerzo, sacrificio, y también de fracasos y muchos sinsabores. Y dice que ahora puede sentirse feliz, muy feliz, porque nunca ha perdido la fe en sí mismo, porque su vocación ha sido y es su pasión, y la ha antepuesto a todo en la vida.

El pasado 30 de septiembre, en plena Feria de Otoño, salió a hombros por la puerta grande de la plaza de Las Ventas y puso el colofón soñado a un año en el que ha resucitado como torero y ha alcanzado el unánime reconocimiento de la afición. Desde entonces, y con toda razón, es uno de los toreros de moda.

—“Ha sido un año muy bonito, sí. Y ahora empiezo a disfrutarlo mentalmente, porque los toreros vivimos muy deprisa y no tenemos tiempo de gozar de los triunfos difíciles”.

Se define como “un chico humilde, de barrio”: “Somos cinco hermanos, mi padre era albañil, pero de los buenos, y mi madre es ama de casa”. Asegura que la afición a los toros es algo personal que nació con él. “No hay ningún ascendiente taurino en mi familia; veía las corridas en la tele y me enamoré, y lo hice con tanta pasión que decidí intentarlo”.

Se presentó en público en 1998, vistió por primera vez el traje de luces en Cáceres en el año 2000, y ese fue el comienzo de una muy larga travesía del desierto. Tomó la alternativa en 2007, la confirmó al año siguiente y en los once años que van hasta 2017 solo lidió 40 corridas de toros. Un bagaje muy escaso para quien aspiraba a la cima del toreo, hasta que en la feria de San Isidro pasada llamó la atención con inusitada fuerza.

—“Ciertamente, es poco usual que después de 12 años de alternativa te descubran como torero, pero es lo que tiene el toro. Esta es una de las pocas profesiones en la que puedes darle la vuelta a la tortilla de manera tan rápida y contundente”.

Reconoce De Justo su responsabilidad en la situación que ha vivido antes y después de su ‘resurrección’ taurina.

—“Claro que sí; si he sido capaz de cambiar la situación en esta temporada, también habré sido el culpable de la tan larga etapa de ostracismo profesional. Y estoy convencido de que mi vocación, mi afición y mi pasión han sido los ingredientes fundamentales de la recompensa que he encontrado”.

A pesar de todo, afirma con rotundidad que nunca pensó en tirar la toalla.

—“No me lo he planteado, pero lo he pasado muy mal porque veía que era muy difícil entrar en las ferias; siempre te asaltan dudas, porque el tiempo pasa y no sabes qué va a ser de ti. Muchas veces he visto el futuro muy negro, pero nunca pensé en abandonar”.

El torero extremeño, al natural ante un toro de Victorino Martín en la pasada Feria de San Isidro.

Y surge la duda. ¿De qué puede vivir durante once años un torero que torea tan poco?

—“Del toreo, ciertamente, era muy complicado, pero siempre tuve una idea muy clara: mientras fuera torero no me dedicaría a otra actividad y que ofrecería mi tiempo, mi cuerpo y mi alma al toro. Tuve un gran apoyo de mi familia, carecía de cargas familiares y lo poco que ganaba lo administraba muy bien. Pero no ha sido fácil, no”.

Es un personaje singular Emilio de Justo. Con barba de un par de días, sereno, relajado y presto para volver en media hora a la plaza de Las Ventas, pero hoy como espectador y compañero de la terna actuante, no refleja en su semblante el esfuerzo realizado. Por el contrario, transmite la impresión de que es un privilegiado amigo del éxito, un torero maduro que ha conocido la miel durante su ya extensa trayectoria.

Pero no es así. Ha sufrido la soledad y, también, graves tropiezos, como aquella tarde aciaga, en San Isidro de 2010, cuando escuchó los fatídicos recados presidenciales a causa de un pésimo manejo de la espada, y quedó, afirma, “herido de muerte”. De la mano de un amigo, viajó a Colombia, y allí, en plazas de pueblos, recuperó la ilusión. Después, llegó Francia, donde resurgió como torero.

—“Colombia me mantuvo con vida y Francia me ofreció el reconocimiento que necesitaba”.

Y el eco taurino del país vecino cruzó los Pirineos; resurgió en febrero de este año en la plaza madrileña de Vistalegre, primero, y en Las Ventas, después, preámbulos de una temporada nueva, que le ha reconocido como torero lúcido, valiente y clásico, que responde a los más exigentes paladares taurinos.

—“Creo que, al final, deberé concluir que he tenido suerte, pero he puesto mucho de mi parte en estos dos últimos años. Me he mentalizado muy seriamente gracias a mi edad y madurez para subir a este segundo tren que la vida me ha ofrecido”.

“Nunca perdí la fe por alcanzar mi sueño. Lo veía muy difícil, lo pasaba mal, no tenía contratos, pero creía tan ciegamente en mí, cuando casi nadie lo hacía, que sabía que algún día podría lograrlo”.

En esos sueños era protagonista la puerta grande de la plaza de Madrid y el toro, sea cual fuere su procedencia, aunque ha sido la divisa de Victorino Martín la que le ha ofrecido la oportunidad del triunfo.

—“Sí, reconozco que ha sido crucial en mi carrera; tanto, que me gustaría quedar unido para siempre a la ganadería de Victorino. Y digo más: quiero ser un torero abierto a todo tipo de encastes porque creo que actitudes así son necesarias para la fiesta y me otorgaría la etiqueta de torero importante”.

Y llegó la Feria de Otoño madrileño, un serio compromiso para confirmar el definitivo cambio de rumbo. La cita era el 30 de septiembre, pero ocho días antes, el sábado 22, murió su padre y sufrió una grave cogida en Mont de Marsan.

—“Hice el paseíllo con unas sensaciones fuertes, entre un cúmulo de circunstancias muy duras. A mi padre lo echo de menos todos los días, y la cornada llegó muy a destiempo. Pero fui capaz de afrontar el contratiempo, con la fuerza suficiente para que la herida no me impidiera rematar la temporada con el broche de oro soñado”.

Emilio de Justo cierra los ojos, dice que ve las imágenes de su salida a hombros, y confiesa que es lo más bonito que le ha sucedido en su vida.

Antes de que el torero acudiera a la cita de la entrevista, aparece casualmente una frase en Twitter: “El éxito requiere de persistencia y de habilidad para no rendirse ante el fracaso”.

Cuando Emilio de Justo la lee, su reacción es inmediata: “Me siento muy identificado con ella, porque creo que es parte de mi historia”

Publicado en El País

Twitter @Twittaurino

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